Vísperas – San Vicente

VÍSPERAS

SAN VICENTE, diácono y mártir

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos ha dado. Amén.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son mas que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLSO ALABEN AL SEÑOR

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

R/ Nos refinaste como refinan la plata.
V/ Pero nos has dado un respiro.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
Te glorificamos, Señor

Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, derrama sobre nosotros tu Espíritu, para que nuestros corazones se abrasen en el amor intenso que ayudó a san Vicente a superar los tormentos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles II de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oración de tu pueblo, y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por nuestro Señor. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 3,1-6
Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio.» Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy vamos a meditar el último de los cinco conflictos que Marcos pone al comienzo de su evangelio (Mc 2,1 a 3,6). Los cuatro conflictos anteriores fueron provocados por los adversarios de Jesús. Este último es provocado por Jesús mismo y revela la gravedad del conflicto entre él y las autoridades religiosas de su tiempo. Es un conflicto de vida y muerte. Importa notar la categoría de los adversarios que aparece en este último conflicto. Se trata de fariseos y herodianos, es decir de autoridades religiosas y civiles. Cuando Marcos escribe su evangelio en los años 70, muchos recordaron la terrible persecución de los años 60, en la que Nerón se cargó a muchas comunidades cristianas. Al oír ahora como Jesús mismo había sido amenazado de muerte y como se comportaba en medio de estos conflictos peligrosos, los cristianos encontraban valor y orientación para no desanimarse a lo largo del camino.
• Jesús en la sinagoga en día de sábado. Jesús entra en la sinagoga. Tenía costumbre de participar en las celebraciones de la multitud. Había allí un hombre con una mano atrofiada. Una persona con discapacidad física no podía participar plenamente, ya que era considerada impura. Aunque estuviera presente en la comunidad, era marginada. Debía mantenerse alejada del resto.
• La preocupación de los adversarios de Jesús. Los adversarios observan para ver si Jesús cura en día de sábado. Quieren acusarlo. El segundo mandamiento da la Ley de Dios mandaba “santificar el sábado”. Estaba prohibido trabajar en ese día (Ex 20,8-11). Los fariseos decían que curar a un enfermo era los mismo que trabajar. Por esto enseñaban: “¡Está prohibido curar en día de sábado!” Colocaban la ley por encima del bienestar de las personas. Jesús los incomodaba, porque colocaba el bienestar de las personas por encima de las normas y de las leyes. La preocupación de los fariseos y de los herodianos no era el celo por la ley, sino la voluntad de acusar y de eliminar a Jesús.
• ¡Levántate y ponte aquí en medio!. Jesús pide dos cosas al discapacitado físico: ¡Levántate y ponte aquí en medio! La palabra “levántate” es la misma que las comunidades del tiempo de Marcos usaban para decir “resucitar”. ¡El discapacitado debe “resucitar”, levantarse, ponerse en medio y ocupar su lugar en el centro de la comunidad! Los marginados, los excluidos, ¡deben ponerse en medio! No pueden ser excluidos. Deben ser incluidos y acogidos. ¡Deben estar junto con todos los demás! Jesús llamó al excluido para que se pusiera en medio.
• La pregunta de Jesús deja a los demás sin respuesta. Jesús pregunta: ¿En día de sábado está permitido hacer el bien o hacer el mal? ¿Salvar la vida o matarla? Podía haber preguntado: ”En día de sábado está permitido curar: ¿sí o no?” Y todos hubiesen respondido: “¡No está permitido!” Pero Jesús cambia la pregunta. ¡Para él, en aquel caso concreto, “curar” era lo mismo que “hacer el bien” o “salvar una vida”, y “no curar” era lo mismo que “hacer el mal” o “matar una vida”! Con su pregunta Jesús pone el dedo en la llaga. Denuncia la prohibición de curar en día de sábado como un sistema de muerte. ¡Pregunta sabia! Los adversarios se quedaron sin respuesta.
• Jesús queda indignado ante la cerrazón de los adversarios. Jesús reacciona con indignación y con tristeza ante la actitud de los fariseos y de los herodianos. Manda al hombre a que extienda la mano, y queda curada. Al curar al discapacitado, Jesús muestra que él no estaba de acuerdo con el sistema que ponía la ley por encima de la vida. En respuesta a la acción de Jesús, los fariseos y los herodianos deciden matarlo. Con esta decisión confirman que son, de hecho, defensores de un sistema de muerte. No tienen miedo a matar para defender el sistema contra Jesús que los ataca y critica en nombre de la vida.

4) Para la reflexión personal

• El discapacitado fue llamado a ponerse en el centro de la comunidad. En nuestra comunidad, los pobres y excluidos ¿tienen un lugar privilegiado?
• ¿Te has confrontado alguna vez con personas que, al igual que los herodianos y los fariseos, colocan la ley por encima del bienestar de las personas? ¿Qué sentiste en aquel momento? ¿Les diste razón o los criticaste?

5) Oración final

Pero te compadeces de todos porque todo lo puedes
y no aborreces nada de lo que hiciste;
Señor, amigo de la vida. (Sab 11,23-26)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 12, 32-33

32Y le dijo el escriba: “Bien dicho, maestro, hablas según la verdad, porque Uno es y no hay otro excepto Él; 33y amarlo con todo el corazón, todo el entendimiento, toda la fuerza y amar al prójimo como a uno mismo es mucho más importante que todos los holocaustos y sacrificios”.

12,32-33: El interlocutor de Jesús, impresionado por una respuesta profundamente inspirada en la tradición judía, elogia a Jesús (12,32a) y continúa luego repitiendo y elaborando su respuesta; la divide en dos partes, pero elimina la división entre los dos pasajes bíblicos citados. Recoge primero Dt 6,4 («Dios es uno») y añade su propio suplemento, un lugar bíblico común, con vínculos especiales con Is 45,21-22 («Y no hay ningún otro excepto Él»). El escriba funde entonces Dt 6,5 con Lv 19,18 y añade de nuevo un suplemento, esta vez una alusión a 1Sm 15,22 u Os 6,6 (la obediencia a Dios y la piedad son más importantes que los holocaustos y sacrificios). Las adiciones del escriba son especialmente iluminadoras. «Y no hay ningún otro excepto Él» (12,32) es un importante principio judío usado frecuentemente contra los cristianos, acusados de hacer a Jesús un ser igual a Dios y violar así la unidad divina proclamada en la Shemá. Al citar este principio en un contexto que sugiere la aprobación de Jesús por parte de un escriba judío, el relato marcano da a entender que la afirmación de la Shemá de la unidad divina es compatible con la veneración a Jesús. Asimismo la afirmación del escriba que el amor a Dios y al prójimo supera los sacrificios realizados en el Templo (12,33) muestra que defiende la misma idea que Jesús, quien recientemente ha interrumpido el comercio sacrificial en el Templo (11,15-17) y declarará dentro de poco que la estructura está ya superada (13,1-2).

Comentario – Miércoles II de Tiempo Ordinario

El texto evangélico nos traslada de nuevo al ámbito de las controversias de Jesús con los fariseos a propósito de la observancia del Sábado. Jesús se encuentra, como era su costumbre, en la sinagoga. Allí se encuentra también un hombre con parálisis en un brazo. ¿Qué hacía en ese lugar aquel impedido? No parece que su presencia en la sinagoga fuese casual; da la impresión más bien de que hubiese sido llevado allí por los mismos fariseos que quieren servirse de él como cebo en su intento de acusar a Jesús. Es lo que insinúa el evangelista cuando dice de ellos que estaban al acecho para ver si curaba en sábado y acusarlo. Hacen, por tanto, de aquel paralítico un medio al servicio de sus malévolas intenciones, que no son otras que encontrar un motivo de acusación contra «el maestro transgresor». Y Jesús acepta el desafío que le proponen, lanzándoles un pulso en toda regla. Dirigiéndose al paralítico le dice, como retando a sus adversarios: Levántate y ponte ahí en medio. El movimiento de Jesús es manifiesto. Acaba de aceptar el reto de quienes se han constituido en sus acusadores y buscan ocasión propicia para condenarlo.

Tras hacer del paralítico el centro de todas las miradas, Jesús les dirige una pregunta que no deja escapatoria: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? ¿Qué podían responder a esto? ¿Que en sábado no estaba permitido hacer el bien o salvar la vida de alguien? La contradicción entre la observancia sabática y la buena acción resultaba demasiado flagrante. ¿Cómo prohibir la práctica del bien en sábado? ¿Acaso el Sábado no era una ley de cuño divino? ¿Cómo podía Dios prohibir la buena actuación en el día consagrado a él?

Los fariseos tenían claro lo que no estaba permitido en sábado; no estaba permitido trabajar, ni encender fuego, ni caminar más de un determinado número de pasos, ni hacer negocios, ni traficar con dinero, ni viajar, etc. Tenían claro, por tanto, aquellas cosas de las que tenían que abstenerse (capítulo de prohibiciones) en sábado; lo que no tenían tan claro en sus planteamientos es lo que estaba permitido, más aún, lo que había que hacer en sábado. ¿Acaso la ley del descanso sabático podía convertirse en una barrera que limitase la práctica del bien? ¿Es que la buena acción puede estar condicionada por algún límite temporal o legal? ¿No es la ley la que tiene que amparar el bien? No sólo está permitido hacer lo bueno en sábado; está incluso recomendado. Hacer el bien debe ser una obligación moral para todo hombre en cualquier circunstancia de espacio y tiempo.

Pero Jesús lleva el caso hasta su extremo, pues no parece que aquel paralítico del brazo se encontrase en peligro de muerte o exigiese una cura de urgencia o una rápida intervención. En este contexto adquiere aún más relieve la actitud desafiante del maestro taumaturgo, como si Jesús quisiera cuartear su mentalidad haciéndoles ver no sólo que la ley del Sábado admite excepciones –algo que ya sabían y practicaban ellos-, sino que el código del buen obrar puede muchas veces obligar a transgredir una ley tan sagrada como ésta: ¿Qué está permitido en sábado: salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? La pregunta no dejaba alternativa. En ninguna circunstancia se debe preferir dejar morir a una persona que salvarla, si ello es posible. La vida humana es un valor supremo que debe ser custodiado por toda ley. Aquí encuentra su lugar idóneo el dicho de Jesús: el Sábado (la ley) se hizo para el hombre y no el hombre para el Sábado. En este caso lo que parecía en juego no era la vida del paralítico, sino únicamente su salud; pero Jesús parece recrearse en extremar las cosas.

Aquellos aprendices de jueces no encontraron la respuesta adecuada y prefirieron callar. ¿Cómo iban a decir que en sábado no estaba permitido hacer lo bueno? ¿Es que la ley del descanso sabático no era buena? ¿Es que observar esta ley no era bueno? Se suele decir que «el que calla otorga»; pero el silencio de los fariseos no era un asentimiento, sino sólo una falta de respuesta y, como delata su inmediata reacción, una adentramiento en el castillo de su propia obstinación. No encontraron respuesta, pero tampoco dieron su brazo a torcer. Su obstinación no les permitía reconocer que no sólo se podía hacer el bien en sábado, sino que se debía hacer el bien, siempre que se ofreciera oportunidad de ello; y la curación de un enfermo era una buena oportunidad para la práctica del bien y para honrar el Sábado.

Y llegó el momento de la actuación. Para que la cosa no quede sólo en una simple discusión doctrinal, Jesús, aunque indignado y dolido por la obstinación de sus contrincantes, se pone manos a la obra, y le dice al paralítico: Extiende el brazo. Y el brazo de este impedido quedó restablecido. La culminación del acto acabó desatando la ira contenida de sus acusadores. En cuanto salieron de la sinagoga –nos informa san Marcos- los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Enemigos tan irreconciliables como fariseos y herodianos –los unos enemigos, los otros amigos del régimen imperante- se ponen de acuerdo, porque les une un mismo propósito. Tanto para unos como para otros Jesús resulta un estorbo, alguien que pone en riesgo sus propios intereses. Pero él se había limitado a querer hacerles ver que su interpretación de la ley era insostenible, que una ley como el Sábado no podía de ninguna manera ser un impedimento para la práctica del bien o para la curación de un enfermo, que en último término la ley (toda ley) había sido diseñada para el hombre, y no el hombre para la ley. Quería, por tanto, resquebrajar esa mentalidad monolítica y rocosa que les mantenía aferrados a su concepción legalista, pero esto nunca es fácil. Tampoco lo es para nosotros. Todos disponemos de hábitos mentales que el tiempo ha ido endureciendo o esclerotizando y que resultan difíciles de remodelar.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

251. Y si fuera necesario un ejemplo contrario, recordemos el encuentro-desencuentro del Señor con el joven rico, que nos dice claramente que lo que este joven no percibió fue la mirada amorosa del Señor (cf. Mc 10,21). Se fue entristecido, después de haber seguido un buen impulso, porque no pudo sacar la vista de las muchas cosas que poseía (cf. Mt 19,22). Él se perdió la oportunidad de lo que seguramente podría haber sido una gran amistad. Y nosotros nos quedamos sin saber lo que podría haber sido para nosotros, lo que podría haber hecho para la humanidad, ese joven único al que Jesús miró con amor y le tendió la mano.

Comentario Domingo III de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús: Concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti. Haz que nos sea luz en el caminar de nuestra vida, fortaleza en la lucha diaria, nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia. AMEN.

 

Mt 4, 12-23

«12Pero habiendo escuchado [Jesús] que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. 13Y dejando Nazaret, fue a residir a Cafarnaún, junto al mar, en territorios de Zabulón y Neftalí;

14para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: 15 “¡Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! 16El pueblo que habitaba en tiniebla vio una luz grande; y a los que habitaban en paraje y som- bra de muerte una luz les amaneció”.

17Desde entonces comenzó Jesús a proclamar y decir: “Convertíos, porque el Reino de los Cielos se ha acercado”.

18Pero, caminando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, el llamado Pedro, y a su hermano Andrés, echando la red en el mar, porque eran pescadores.

19Y les dice: “Venid detrás de mí y os haré pescadores de hombres”. 20Pero ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.

21Y, yendo un poco más adelante de allí, vio a otros dos hermanos, a Santiago el de Zebedeo y a su hermano Juan, en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando sus redes; y los llamó.

22Pero ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.
23Y recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Después del episodio de las tentaciones (Mt 4,1-11), nos encontramos con este evangelio, formado por 4 pequeñas unidades textuales en las que se recogen los primeros movimientos de la misión de Jesús. Tras superar con éxito al diablo, Jesús comienza su proclamación en Galilea (4,12-16), entendida en clave de cumplimiento profético, anunciando la cercanía del Reino (4,17), llamando a los primeros discípulos como primera señal de dicha cercanía (4,18-22). Después, Mateo relata un sumario (resumen) de actividad de Jesús (4,23) con el que termina el evangelio de hoy. Tras una referencia a la fama de Jesús (4,24-25), el evangelio desarrolla largamente la enseñanza de Jesús (cap. 5-7, Sermón de la Montaña) y sus curaciones (cap. 8-9), de modo que la proclamación del evangelio (elemento central del sumario en 4,23) consiste, según Mateo relata, en enseñar y curar.

 

TEXTO

Este evangelio consta de 4 unidades:
a) vv. 12-16: la vuelta de Jesús a Galilea;
b) v. 17: el comienzo de la proclamación de Jesús; c) vv. 18-22: la llamada de los primeros discípulos; d) v. 23: el sumario de actividad de Jesús.

La primera unidad tiene dos partes: el regreso de Jesús a Galilea, por un lado, y la cita de cumplimiento de Isaías, que sirve para proponer a Jesús como luz para su pueblo. La segunda unidad comienza con una expresión (“Desde entonces”) que se repite en 16,21 (inicio del camino a Jerusalén) y recoge las primeras palabras de Jesús, protagonista del evangelio. La tercera unidad también tiene dos partes paralelas: la llamada a Simón Pedro y Andrés y, luego, la llamada a Santiago y Juan. Finalmente, la cuarta unidad recoge en un sumario (resumen) las actividades típicas de Jesús: enseñar, proclamar el evangelio y curar toda enfermedad y toda dolencia.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Ser entregado: es el destino de Juan, de Jesús y de los discípulos, unidos también por la misión. La cuestión del martirio está muy presente en el evangelio de Mateo. En estos tiempos recios ¿hasta qué punto estamos dispuestos a sufrir por causa del evangelio? Fue la marca de Jesús, de Juan y de los apóstoles: ¿admitiríamos que fuera también nuestra “marca”?

• El primer anuncio de Jesús es un imperativo: convertirse (= cambiar diametralmente de mentalidad), pero en respuesta (‘porque’) a una experiencia gozosa: la cercanía, palpable, del Reino de los cielos. La conversión se pide cuando se ha experimentado la bondad de Dios: ¿lo vivimos así? ¿lo transmitimos así?

• La llamada: Jesús parte de lo que son (pescadores) pero les lleva a ser más. Cuenta con nosotros, pero no se contenta con lo que somos, expande nuestro ser. Él va por delante, él guía, él marca el camino; los llamados vamos por detrás, le seguimos. ¿Es así en nuestras opiniones, opciones, decisiones, proyectos de vida?

• La respuesta: dejar (redes, barca, padre) y seguir, además al instante. ¿Será un toque de atención a nuestros “planes a largo plazo”, a nuestra “modorra” en el seguimiento? ¿Qué “dejamos” por seguir a Jesús? ¿Qué tendríamos que dejar?

• El plan: enseñar, proclamar el evangelio, curar toda enfermedad y toda dolencia: ¿Cómo hacer efectivo en nuestra vida cristiana ese proyecto de vida de Jesús? ¿A qué estamos llamados y urgidos hoy y aquí?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo III de Tiempo Ordinario

III Domingo del Tiempo Ordinario
26 enero 2020

Isaías 8, 23b–9, 3; Salmo 26; 1Corintios 1, 10-13. 17; Mateo 4, 12-17

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz.

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

Reflexión

¿Por qué dice el evangelio que Jesús se mudó para Cafarnaúm? (Para cumplir la profecía de Isaías. Jesús conocía las escrituras que su Padre había inspirado y Él quería cumplir su misión como Dios Padre había escrito para darle gloria a Él.) ¿Qué significa la profecía de Isaías: “Galilea de los paganos…a un pueblo que habitaba en tinieblas”? (Los paganos no creen en Dios y no tienen la luz de su amor en sus corazones.) ¿Qué significa la profecía: que una luz resplandeció? (Jesús es la luz y resplandeció llevando el mensaje del Amor de Dios a todos.) ¿Cómo es luz, Jesús? (La luz guía nuestros pasos y Jesús nos da a conocer lo que Dios quiere de nosotros, dándonos el ejemplo de cómo amar para poder llegar al Cielo; la luz nos da calor y Jesús nos da el calor del Amor de Dios en nuestro corazón para darnos felicidad y para compartirlo a todos.) ¿Por qué Jesús dice: “¡Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos!”? (Convertirse significa hacer un cambio de corazón y de vida dejando atrás lo que nos aleja de Dios. Jesús es el Rey y sus seguidores forman parte de su reino. Jesús quería que todos compartieran del Reino de los cielos y sabía que tenían que cambiar y seguirlo.)

Actividad

En la siguiente página, seguir los hilos para descubrir cuales son las acciones que deben iluminar a los demás. Una vez encontradas, encendemos esa luz dibujando la llama en la vela. Hablar de como ellos pueden ser la luz del mundo.

Oración

Jesusito, te doy gracias por ser luz en el mundo. Ayúdame a seguirte siempre y ser luz para atraer almas para el Reino del cielo y darle gloria siempre a Dios. Te quiero mucho. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Vuelta a Galilea y primeros discípulos – Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplio lo que había dicho el profeta isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del jordan, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: -convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos. Psando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simon, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: -Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zabedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

Explicación

Un día pasaba Jesús junto al lago de Galilea, y se encontró con Pedro y Andrés, y les invitó a que se fuesen con él. Ellos dejaron de pescar, pues eran pescadores, y le siguieron. Jesús entonces comenzó a predicar a la gente que se convirtiese, pues el Reino de los cielos estaba muy, muy cerca.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles II de Tiempo Ordinario

“Levántate y ponte en medio”.

El evangelista nos narra una nueva controversia de Jesús con los fariseos: el hombre de la mano paralizada. Ante esta situación Jesús le dice al hombre “levántate y ponte en medio”.

Levántate: En otros muchos relatos de curaciones se repite esta indicación de Jesús. Él tiene otra mirada sobre estas personas: son hijos de Dios necesitados que esperan ser liberados y curados. Y los hijos de Dios necesitados deben ser atendidos ya. El evangelista dice que Jesús lo curó en sábado, precisamente el día en que los judíos celebraban al Dios creador y liberador. ¿Hay otra forma mejor de honrar a Dios que salvar una vida, puesto que en su nombre siempre se debe hacer el bien? ¿No dice el primer mandamiento que hay que amar a Dios y al próximo, y que no hay mandamiento mayor que éstos?

Por eso Jesús se indigna y entristece cuando ve que a los fariseos no les importa el sufrimiento de aquel hombre de la mano paralizada y que interpretan y utilizan las normas según sus conveniencias e intereses. So capa de religiosidad ocultan sus malas intenciones de utilizar el sufrimiento ajeno para salvar la sacralidad del sábado y poder acusar a Jesús de quebrantarlo.

Ponte en medio: Para Jesús colocar a la persona vulnerable en el centro no quiere decir ponerla en el centro geográfico del lugar, sino en el centro del corazón. Con este gesto Jesús instaura una nueva sacralidad: la persona y sus necesidades. Ya no importa el día, el lugar y la hora que necesite ayuda. La persona es lo más valioso e importante de todo. Y hay que dejarlo todo –aunque sea la oración y la Misa- por ayudarle si así lo precisa. El Papa Francisco dice: la casa común de todos los hombres debe continuar levantándose sobre el respeto a la sacralidad de cada vida humana.

Con este gesto –levántate y ponte en medio- Jesús nos desafía a hacer lo mismo con nuestros hermanos necesitados. Muchas veces se echa a un lado a los que sufren: viven solos su dolor, en silencio, lejos de la vista de los demás, se les deja solos. Jesús, por el contrario, les hace sentir que están en el centro de su misericordia y compasión, que son tan importantes como los demás que no necesitan ser sanados o liberados, pues Jesús vino a buscar al que estaba perdido, la oveja descarriada, el ladrón arrepentido…

José Luis Latorre, mcf