Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 12, 32-33

32Y le dijo el escriba: “Bien dicho, maestro, hablas según la verdad, porque Uno es y no hay otro excepto Él; 33y amarlo con todo el corazón, todo el entendimiento, toda la fuerza y amar al prójimo como a uno mismo es mucho más importante que todos los holocaustos y sacrificios”.

12,32-33: El interlocutor de Jesús, impresionado por una respuesta profundamente inspirada en la tradición judía, elogia a Jesús (12,32a) y continúa luego repitiendo y elaborando su respuesta; la divide en dos partes, pero elimina la división entre los dos pasajes bíblicos citados. Recoge primero Dt 6,4 («Dios es uno») y añade su propio suplemento, un lugar bíblico común, con vínculos especiales con Is 45,21-22 («Y no hay ningún otro excepto Él»). El escriba funde entonces Dt 6,5 con Lv 19,18 y añade de nuevo un suplemento, esta vez una alusión a 1Sm 15,22 u Os 6,6 (la obediencia a Dios y la piedad son más importantes que los holocaustos y sacrificios). Las adiciones del escriba son especialmente iluminadoras. «Y no hay ningún otro excepto Él» (12,32) es un importante principio judío usado frecuentemente contra los cristianos, acusados de hacer a Jesús un ser igual a Dios y violar así la unidad divina proclamada en la Shemá. Al citar este principio en un contexto que sugiere la aprobación de Jesús por parte de un escriba judío, el relato marcano da a entender que la afirmación de la Shemá de la unidad divina es compatible con la veneración a Jesús. Asimismo la afirmación del escriba que el amor a Dios y al prójimo supera los sacrificios realizados en el Templo (12,33) muestra que defiende la misma idea que Jesús, quien recientemente ha interrumpido el comercio sacrificial en el Templo (11,15-17) y declarará dentro de poco que la estructura está ya superada (13,1-2).

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