Vísperas – San Ildefonso

VÍSPERAS

SAN ILDEFONSO, obispo

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que, por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que hiciste a san Ildefonso insigne defensor de la virginidad de María, concede a los que creemos en este privilegio de la Madre de tu Hijo sentirnos amparados por su poderosa y materna intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves II de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oración de tu pueblo, y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por nuestro Señor. Amen. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 3,7-12
Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran. 

3) Reflexión

• La conclusión a la que se llega, al final de estos cinco conflictos (Mc 2,1 a 3,6), es que la Buena Nueva de Dios tal y como era anunciada por Jesús, decía exactamente lo contrario de la enseñanza de las autoridades religiosas de la época. Por esto, al final del último conflicto, se prevé que Jesús no va a tener una vida fácil y será combatido. La muerte aparece en el horizonte. Decidirán matarle (Mc 3,6). Sin una conversión sincera no es posible comprender la Buena Nueva.
• Un resumen de la acción evangelizadora de Jesús. Los versos del evangelio de hoy (Mc 3,7-12) son un resumen de la actividad de Jesús y acentúan un enorme contraste. Un poco antes, en Mc 2,1 hasta 3,6, se habla sólo de conflictos, inclusive del conflicto de vida y muerte entre Jesús y las autoridades civiles y religiosas de la Galilea (Mc 3,1-6). Y aquí en el resumen, parece lo contrario: un movimiento popular inmenso, mayor que el movimiento de Juan Bautista, porque llegaba gente no sólo de Galilea, sino también de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de Tiro y de Sidón para encontrarse con Jesús (Mc 3,7-12). Todos quieren verle y tocarle. Es tanta gente y hasta Jesús queda preocupado. Corre el peligro de ser aplastado por la gente. Por eso, pide a los discípulos que tengan a disposición una barca para que la multitud no lo aplastara. Y desde la barca hablaba a la multitud. Eran sobre todo excluidos y marginados que venían a él para que los sanara de sus males: los enfermos y los poseídos. Estos que no eran acogidos en la convivencia social de la sociedad de la época, son ahora acogidos por Jesús. He aquí el contraste: por un lado el liderazgo religioso y civil que decide matar a Jesús (Mc 3,6); por el otro un movimiento popular inmenso que busca en Jesús la salvación. ¿Quién ganará?
• Los espíritus impuros y Jesús. La insistencia de Marcos en la expulsión de los demonios es muy grande. El primer milagro de Jesús es la expulsión de un demonio (Mc 1,25). El primer impacto que Jesús causa en la gente es por causa de la expulsión de los demonios (Mc 1,27). Una de las principales causas del enfrentamiento de Jesús con los escribas es la expulsión de los demonios (Mc 3,22). El primer poder que los apóstoles van a recibir cuando son enviados en misión, es el poder de expulsar los demonios (Mc 6,7). La primera señal que acompaña el anuncio de la resurrección es la expulsión de los demonios (Mc 16,17). ¿Qué significa expulsar los demonios en el evangelio de Marcos?
• En el tiempo de Marcos, el miedo a los demonios iba en aumento. Algunas religiones, en vez de liberar a la gente, alimentaban el miedo y la angustia. Uno de los objetivos de la Buena Nueva de Jesús era ayudar a la gente a que se liberara de este miedo. La llegada del Reino de Dios significó la llegada de un poder más fuerte. Jesús es “el hombre más fuerte” que llegó para someter a Satanás, el poder del mal, y sustraer de sus garras a la humanidad presa del miedo (Mc 3,27). Por esto, Marcos insiste tanto, en la victoria de Jesús sobre el poder del mal, sobre el demonio, sobre Satanás, sobre el pecado y sobre la muerte. Desde el principio hasta el fin, con palabras casi iguales, repite el mismo mensaje: “¡Jesús expulsaba a los demonios!” (Mc 1,26.27.34.39; 3,11-12.15.22.30; 5,1-20; 6,7.13; 7,25-29; 9,25-27.38; 16,9.17). ¡Parece como un refrán! Hoy, en vez de usar siempre las mismas palabras preferimos usar palabras diferentes. Diríamos: “¡El poder del mal, Satanás, que infundió miedo entre la gente, Jesús lo venció, lo dominó, lo sometió, lo destronó, lo derribó, lo echó, lo eliminó, lo exterminó, lo aniquiló, lo abatió, lo destruyó y lo mató!” Lo que Marcos quiere decirnos es lo siguiente: “A los cristianos está prohibido tener miedo a Satanás!” Después de que Jesús resucitó, es una manía y falta de fe hacer referencia a todas horas a Satanás, como si él tuviera algún poder sobre nosotros. Insistir en el peligro de los demonios para llamar a la gente a que vaya a las iglesias, es desconocer la Buena Nueva del Reino. ¡Es falta de fe en la resurrección de Jesús! 

4) Para una reflexión personal

¿Cómo vives tu fe en la resurrección de Jesús? ¿Te ayuda a vencer el miedo?
• Expulsión de los demonios. ¿Cómo haces para neutralizar ese poder en tu vida? 

5) Oración final

¡En ti gocen y se alegren
todos los que te buscan!
¡Digan sin cesar: «Grande es Yahvé»
los que ansían tu victoria! (Sal 40,17)

Alegría (Alegría)

Una persona alegre obra el bien,
gusta de las cosas buenas y agrada a Dios.
En cambio, el triste siempre obra el mal.

(Pastor de Hermas, Mand. 10, 1)

En cierta ocasión, el Señor se dirigió a sus discípulos y les dijo: Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen (Mt 13, 16). Les llama dichosos, felices y les da el motivo de su felicidad: no ciertamente porque sean ricos y poderosos, o sean invulnerables al dolor, a la enfermedad y a las dificultades, sino porque sus ojos ven y sus oídos oyen lo que tantos hombres esperaron anteriormente. Son dichosos, exclusivamente, porque están abiertos a la fe, a Cristo. La alegría -escribe Santo Tomás- es el primero efecto del amor y, por tanto, de la entrega (Suma Teológica, 2-2, q. 28, a. 4). Se podrá decir que hay tantas clases de alegría como clases de amor: la alegría de quien ama una buena comida es bien distinta de la que goza quien acaba de enamorarse. La alegría de amar a dios no puede compararse con ninguna otra. El cristiano debe estar siempre alegre porque la esencia de su vida consiste en amar a Dios.

La alegría verdadera es la que todos aquellos que se encontraron con Dios en las situaciones y circunstancias más diversas de la vida y supieron ser consecuentes. ¿Por qué no le habéis prendido?, preguntó el jefe de la guardia del templo a aquellos que posiblemente se buscaron un serio contratiempo al desobedecer. Es que jamás hombre alguno -dijeron- habló nunca como este hombre (Jn 7, 46); o la dicha de Pedro en el Tabor: Señor bueno es quedarse aquí (Mc 9, 5); o el inmenso gozo de los Magos al encontrar de nuevo la estrella que les conducía hasta Jesús Niño (cfr. Mt 2, 10); o la alegría satisfecha del anciano Simeón: Ahora, Señor, ya puedes llevarte a tu siervo de este mundo, porque mis ojos han visto la salvación (Lc 2, 29-30); o el gozo de aquellos dos que caminaban hacia Emaús y llevaban en el alma un profundo desaliento (cfr. Lc 24, 13-35). San Pablo, precisamente en el momento en que relata los padecimientos que está sufriendo por causa de la fe, declara abiertamente: estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en medio de todas nuestras tribulaciones (Cfr. 2Co 7, 4)… Y entre todas, la alegría de María: Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu está transportado de alegría en Dios, salvador mío (Lc 1, 46-37). En los relatos de la Resurrección se percibe una alegría especial, que llevarán los Apóstoles siempre en su alma, a pesar de las dificultades y persecuciones. Es el cumplimiento de la promesa que les hiciera el Señor en la última Cena: Y Yo os daré una alegría que nadie os podrá quitar (Jn 16, 22).

Cada vez que se aparece el Señor a sus discípulos en los días siguientes a la Resurrección, los Evangelistas nos han dejado la misma constancia: los Apóstoles se alegraron viendo al Señor (cfr. Jn 20, 20). Su alegría no depende del estado de ánimo, ni de la salud, ni de ninguna otra causa humana, sino de haber visto al Señor, de haber estado con Él. Lo mismo ocurre en la Anunciación de la Virgen: el Ángel le dice a María: Alégrate, llena de gracia, y enseguida le da el motivo: porque el Señor está contigo (cfr. Lc 2, 28). Es la cercanía d eDios el motivo de aquella alegría profunda, de aquel gozo incomparable. La alegría cristiana es de una naturaleza especial. Es capaz de subsistir en medio de todas las pruebas, incluso en los momentos más oscuros. Puede elevarse siempre sobre la hora presente por difícil que esta pueda ser o parecer. Y deberá ser el estado del alma normal para un cristiano. Con la alegría, el cristiano hace mucho bien a su alrededor, pues esa alegría lleva a Dios. Dar alegría a los demás será frecuentemente una de las mayores muestras de caridad, el tesoro más valioso que puede dar a quienes le rodean. Muchas personas pueden encontrar a Dios en la alegría del cristiano.

Comentario – Jueves II de Tiempo Ordinario

El escenario de la actuación de Jesús sigue siendo Cafarnaúm. Marcos refiere que Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, pero no lograron el aislamiento pretendido. Una muchedumbre de Galilea lo siguió. Estas alusiones a las multitudes ponen de manifiesto la notoriedad o el prestigio alcanzados por el Maestro. Y eran sobre todo las cosas que hacía –más que las que decía- las que reunían a estas multitudes a su alrededor: gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania y de las cercanías de Tiro y Sidón, regiones y ciudades no muy distantes, pero apartadas del lugar de sus intervenciones. Jesús se ve obligado a tomar precauciones ante el empuje del gentío y manda a sus discípulos que le tengan preparada una lancha, no para escapar, sino para actuar desde ella, como plataforma de actuación.

El evangelista quiere dar razón de la avalancha de la gente, a pesar de ser un lugar abierto, aunque con la frontera del agua del lago: como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. La gente lo buscaba con ansiedad, especialmente los enfermos y los que sufrían cualquier tipo de dolencia, porque del contacto con él procedía una fuerza curativa de efecto inmediato. No es extraño que con estos antecedentes todo el mundo de le eche encima para tocarlo. Buscaban en el contacto con Jesús esa medicina milagrosa que todo lo curaba.

Y en semejante situación entran en escena los espíritus inmundos. Entre los muchos enfermos que se le acercaban estaban los endemoniados. Al menos así eran percibidos, como poseídos del demonio. Y estos también se postraban ante el sanador y gritaban, seguramente por conocerle mejor: Tú eres el Hijo de Dios. Se trata de una proclamación de fe puesta en boca de un endemoniado, pero como procediendo del poseedor y no del poseído, es decir, del mismo espíritu inmundo. Es la fe de los demonios, que se ha convertido en tema monográfico de algún escrito actual. Ante la confesión pública de estos espíritus Jesús reacciona mandándoles callar, prohibiéndoles severamente que lo diesen a conocer. ¿Por qué esta prohibición? ¿Porque no quería la profesión de fe de un demonio aunque fuese exacta en sus términos? ¿Por el llamado «secreto mesiánico», es decir, porque Jesús quería evitar a toda costa que se difundiese esta denominación que podría dar lugar a equívocos pseudoreligiosos o políticos y forzar la intervención de las autoridades para mantener el orden?

Lo cierto es que Jesús, hasta su entrada triunfal en Jerusalén en las vísperas de su Pascua, huye de este género de proclamaciones que se prestaban a interpretaciones triunfalistas que podían degenerar en tumultos y reivindicaciones populares de tipo nacionalista. Ya llegará el día en que él mismo confiese: Tú lo has dicho: yo soy el Hijo de Dios o yo soy rey. Pero lo hará desde su condición de esclavo o en un contexto de sometimiento o de arrestamiento, como Cordero manso llevado al matadero. En ese contexto habrá que entender su mesianismo para no confundir nuestra confesión de fe con la de Satanás o con la de Pedro cuando opinaba como Satanás: Apártate de mi vista, Satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios.

La profesión de fe de los demonios es, pues, literalmente exacta; pero totalmente disconforme con la voluntad de Dios, que tenía otros planes para su Hijo. Tengamos, por consiguiente, esto en cuenta. Para que nuestra profesión de fe sea ortodoxa, no sólo ha de ser recta (=correcta) en sus términos, sino también en su concepción. El mesianismo de Jesús fue un mesianismo vivido y sustentado sobre la consigna del amor –ese amor que le llevó a la cruz-. La fe en él no puede separarse de este concepto, ni de esta información que impone la caridad. Los demonios creen y, sin embargo, tiemblan, porque no creen desde el amor.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

251. Y si fuera necesario un ejemplo contrario, recordemos el encuentro-desencuentro del Señor con el joven rico, que nos dice claramente que lo que este joven no percibió fue la mirada amorosa del Señor (cf. Mc 10,21). Se fue entristecido, después de haber seguido un buen impulso, porque no pudo sacar la vista de las muchas cosas que poseía (cf. Mt 19,22). Él se perdió la oportunidad de lo que seguramente podría haber sido una gran amistad. Y nosotros nos quedamos sin saber lo que podría haber sido para nosotros, lo que podría haber hecho para la humanidad, ese joven único al que Jesús miró con amor y le tendió la mano.

«Mirados por Cristo y llamados por él uno a uno»

1.- Tal vez, la escena nos lleve a una viaja casa romana y a un patio, donde dos hombres hablan. Uno mayor, aunque fornido de cuerpo, el otro mucho más joven es un soldado romano. El joven ha preguntado al judío Pedro: “Qué es ser cristiano”. Y el pescador no sabe expresar lo que su corazón lleva dentro, desde aquella primera mirada de Jesús, cuando le dijo: “sígueme”. ¿Qué ha sido su vida desde el encuentro con Jesús en Galilea? Pues seguir a Cristo. Y eso es una buena definición de su vida cristiana. Seguir a Jesús por amor. Esta hubiera podido ser una declaración dogmática del primer Papa, hablando del significado de ser cristiano.

Cuando no había aún templos cristianos, ni mandamientos eclesiales, ni libros de bautismos, ni libros de teología moral, cuando prácticamente los sacramentos que mantenían la vida cristiana eran el bautismo y la eucaristía, cuando el mismo Credo se reducía a creer en el amor del Padre que entrega al Hijo por nosotros a la muerte y lo resucita y con Él resucitamos todos, ¿qué señal de pertenencia a la Iglesia se podía dar cuando esa Iglesia apenas tenía corporeidad?

Aquellos cristianos sabían poca teología, y ningún derecho canónico, pero guardaban en sus corazones aquella luz nacida en ellos a la mirada que cada uno había recibido en Galilea cuando Jesús les llamó personalmente: “ven y sígueme”

2.- Jesús sigue mirando a cada uno y diciendo “sígueme”: para los menos puede significar el abandono de la familia y de cuanto tienen para seguir a Jesús en la vida sacerdotal o religiosa, pero para la gran mayoría es llamada al seguimiento en la vida cristiana.

¿Sentimos esta íntima llamada de Jesús? ¿Está nuestra vida transida de esa mirada personal de Jesús a mí? ¿O hemos hecho de nuestra vida cristiana un compartimiento estanco que no influye en mi vida ordinaria? ¿Un cumplir unos cuantos actos de culto, un admitir más o menos una lista de dogmas en un Credo, y otra lista de preceptos negativos con un gran NO delante de todos ellos?

Si nuestra vida cristiana es así, nuestra vida religiosa es un funeral de tercera en el que el enterrado es nuestro propio cristianismo.

3.- Ser cristiano es “seguir a Jesús”. No es imitarle en los pelos y barba largos, o en llevar sandalias o túnica o lucir una camiseta con un gran “I Love Jesús”, detrás. Ser cristiano es un gran Sí a Dios y a los hermanos.

— es amar lo que Jesús amó.

— es dar importancia a lo Él la dio.

— es mirar a los hombres como Él los miró.

–es acercarse al pobre y al necesitado como Él lo hizo.

–es confiar en el Padre hasta más allá de la muerte como Él confió.

–es decir un Sí lleno de esperanza a la vida y a la humanidad como Jesús hizo.

Podemos caer en algunos de esos NO, pero por favor que esa caída no os obsesione de forma que todo lo positivo de la vida cristiana quede absorbido por ese NO en que caímos.

Ser Cristiano es dejar que la mirada de Jesús transforme nuestro corazón y así nos revistamos interiormente de los mismos sentimientos de Jesús hacia el Padre Dios y hacia nuestros hermanos.

Que esta Eucaristía en la que estamos participando haga en nosotros esa transformación interior que nos haga de verdad cristianos, “mirados por Cristo y llamados por Él uno a uno”.

José María Maruri, SJ

Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaía

Cuando oyó que Juan estaba en la cárcel, Jesús se retiró a Galilea. Dejó Nazaret, y se fue a vivir a Cafarnaún, en la ribera del lago, en los términos de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliese lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; el pueblo que yace en las tinieblas ha visto gran luz, y para los que yacen en la región tenebrosa de la muerte ha brillado una luz. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el reino de Dios está cerca».
Paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hombres: Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano, echando la red en el lago, pues eran pescadores. Y les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Ellos, al instante, dejaron las redes y lo siguieron. Fue más adelante y vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano, en la barca con su padre Zebedeo, remendando las redes; y los llamó. Ellos, al instante, dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, predicando el evangelio del reino y curando todas las enfermedades y dolencias del pueblo.

Juan 1, 29-34

PARA MEDITAR

Jesús llama, siempre llama. Y nos llama a todos, a todas las personas. No somos mejores porque podamos pensar que Dios nos ha llamado a nosotros. Tenemos una responsabilidad, no un privilegio.

Somos como los demás, ni mejores ni peores. Y hemos decidido responder a la llamada de Jesús. Ahora somos pescadores de hombres. Tenemos la tarea de llamar a otros como Jesús nos ha llamado a nosotros. Y llamarles en nombre del Señor.

Tarea muy chula esta de ser pescador, pero que no nos hace mejores que los demás. No olvidemos nunca esto.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Piensa en una situación de tu vida en la creas que hayas sido “pescador de personas” para la causa de Jesús.
  • ¿Por qué somos pescadores? ¿Qué quiere decir esto?
  • Escribe un compromiso para que seas un gran pescador como Jesús nos propone.

ORACIÓN

Te pedimos, Señor Jesús,
que tus seguidores no andemos divididos
y que cuantos te reconocemos como el Hijo amado del Padre
vivamos la fraternidad y la unidad.
Señor, Jesús,
que los cristianos sepamos superar
esas divisiones históricas
que arrastramos y que un día, no lejano, podamos compartir
la misma Eucaristía.
Perdona, Señor Jesús,
todo lo que hacemos que va
contra la unidad.
Perdona, Señor Jesús, nuestras divisiones,
nuestros individualismos,
nuestras faltas de diálogo.
Haz, Señor Jesús,
que las palabras de Pablo:
“poneos de acuerdo y no andéis divididos”
sean objetivo permanente de trabajo
para cada uno de nosotros.

Convertíos, que mi Reino está cerca

Conviértenos a Ti, Señor,
para que abandonemos el rumbo que nos despista,
para que sigamos seguros el camino elegido,
para abandonar la vida mediocre y rutinaria,
para que nuestro corazón sienta tu presencia,
para que nos dejemos dinamizar por Ti.

Conviértenos a Ti, Señor,
para que tu entusiasmo revitalice
nuestra existencia,
para que nos queremos a nuestros mismos
como Tú nos quieres,
para salir al encuentro del otro,
con corazón de hermano,
para dolernos con los demás,
como si fuéramos nosotros mismos,
para regalar nuestro trabajo al mundo,
para hacerlo mejor,
para instaurar un tipo de comunicación
profunda y cálida.

Conviértenos a Ti, Señor,
para saber ser buenos compañeros
del camino de la vida,
para poder con la enfermedad,
la dificultad y la lucha,
para aliviar la vida de los otros
y para compartir el peso de su carga,
para saber acompañar la enfermedad
y suavizársela,
para provocar encuentros
en nuestras conversaciones.

Conviértenos a Ti, Señor,
para trabajar por la justicia y construir tu Reino,
para que tengamos un corazón pobre,
libre de las cosas,
para salir al encuentro de los solos, los tristes,
los desencantados,
para que iluminemos otras existencias
y otros caminos,
para que cures nuestras dolencias y debilidades,
para inundarnos de tolerancia
y entender del todo al otro,
para que nuestra vida esté fortalecida con tu Espíritu.

Conviértenos a Ti, Señor,
para que te encontremos.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo III de Tiempo Ordinario

• Encarcelado Juan Bautista, hace que Jesús tome un nuevo rumbo. Jesús, que había salido de Nazaret hacia el Jordán, vuelve a su región de Galilea, de la que no saldrá –según San Mateo – hasta que decida subir a Jerusalén (19,1) donde vivirá la última semana de su vida.

• Jesús retoma otro rumbo al de Juan Bautista, no desde el desierto, sino en medio de la sociedad. No se instala en Nazaret, sino en Cafarnaún (capital judía de Galilea), situada en la orilla del mar de Tiberíades, en el territorio de las tribus antiguas de Zabulón y Neftalí. Aquí, en casa de Pedro, hará el centro irradiante de su predicación y de su obra.

• Jesús anuncia que Dios, el Señor «de los cielos» y de la tierra, ha empezado a instaurar su «reino» en medio del mundo (17). La presencia de Dios es visible en la persona de Jesús, en sus palabras y en sus acciones – «curando»- (23), y en los que se reúnen a su alrededor respondiendo a su llamada como pueblo.

• Esta presencia del «Reino» (17) pide «conversión» (17). Pero la pide a todos, no sólo a los «paganos». Porque la «conversión» es un cambio de actitud, de vida. La «conversión» no se reduce a cambiar un dios por otro en el aspecto cultual sino a adorar a Dios con la vida, a adorarlo en los demás. Invitación a volverse sinceramente hacia Dios y a acogerlo en los otros.

• Son “pescadores”, unos están en la tarea-acción de pescar; otros preparando las cosas… los llama para confiarles otra tarea-misión (“pescadores de hombres”), misión universal (cf Ez 43,8ss). Dos grupos sociales dentro del ambiente judío: el primero, representado por Simón y Andrés, sin patronímico y con nombres griegos (en acción); el segundo, por Santiago y Juan, nombres hebreos, sometidos al padre y deseosos de actividad (poniendo a punto las redes). Abandonan todo y se constituyen en grupo (el grupo de discípulos). Con ellos se inicia una nueva familia espiritual, una fraternidad… En lo sucesivo no deberán reconocer más que al Padre del cielo (6,9; 23,9).

• «Venid y seguidme» (19) es, propiamente, ‘venid detrás de mí’. Es decir, ‘sed mis discípulos’. La respuesta a la llamada, la «conversión», pasa por ponerse en movimiento, pasa por «dejar» (20.22) una vida y empezar otra. Es una verdadera transformación, un crecimiento desde la propia realidad: «pescar» de otra manera (19).

• Esta llamada de Jesús siempre es personal: es a Simón, a Andrés, a Santiago, a Juan… (18-22).

• Y es una llamada del Maestro a los discípulos (19, 21). Esto es sorprendente: lo normal era que los discípulos eligieran a su maestro. Lo que aprenderán de Él, pues, lo reciben gratuitamente. Así ellos, como apóstoles (=militantes), cuando hagan la llamada a otros en nombre de Jesús, darán gratuitamente lo mismo que han recibido.

Comentario al evangelio – Jueves II de Tiempo Ordinario

Una multitud sedienta

El evangelista nos presenta a Jesús entre una multitud de gente de muchos lugares diferentes que han venido a verle, escucharle, tocarle… En el fondo hay un deseo de conocer a este personaje que está en boca de todos. Es una multitud sedienta de Jesús. Las multitudes son volubles –hoy desean una cosa y mañana la contraria-, pero Jesús no renuncia a evangelizarlas y anunciarlas el Reino de Dios. Entre esa multitud hay un gran grupo de enfermos que buscan en Él la curación y el poder vivir dignamente.

Con esta escena el evangelista parece decirnos que es toda la humanidad –multitud- la que necesita luz y salvación. Y es en Jesús donde puede encontrarla. Él la ofrece a todos con su cercanía amorosa, su palabra iluminadora y su gesto liberador. “Él es el camino, la verdad y la vida”, dice San Juan. Y Él ha venido para salvar al mundo, no para condenarlo. Él ha venido a este mundo “lleno de gracia y de verdad”. “En Él está la plenitud de la salvación”. “Él es el Redentor del hombre” (S. Juan Pablo II). La humanidad no tiene otro camino de salvación que Jesús; no hay otro Salvador ni Liberador. Él es el único que puede sanarnos de todo mal. Y Él es el único que nos ofrece la salvación definitiva y plena.

Nosotros, los cristianos, estamos inmersos en una humanidad sedienta de Dios y necesitada de sanación física y espiritual. ¿Con qué ojos la miramos? ¿Tenemos el mismo sentimiento de compasión que Jesús sentía por la multitud que le buscaba? ¿Nos preguntamos también cómo hacer presente a Jesús a través de nuestras personas? ¿O por el contrario decimos “no se puede hacer nada”, “es muy difícil hablar de Jesús hoy pues te miran como un bicho raro”? ¿No sería mejor hacer lo que dice San Pablo “vence al mal con el bien”?, es decir primero mirar la realidad con los ojos de Jesús y luego actuar como hizo Él intentando llevar esperanza y optimismo, porque Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Es muy importante hoy el testimonio y el talante de los cristianos. “Los cristianos somos como el alma en el cuerpo”, decía la carta a Diogneto del siglo II. El alma da vida al cuerpo, lo mueve, lo empuja, lo ilusiona por algo, lo empuja hacia adelante, evita que sea inoperante y se muera. Pues igual los cristianos en el mundo. Ese es nuestro papel no otro.

José Luis Latorre, mcf