Vísperas – Jueves III de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES III DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos:

Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:

La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.

SALMO 131: PROMESAS A LA CASA DE DAVID

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

SALMO 113

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: 1P 3, 8-9

Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor nos alimentó con flor de harina.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

R/ Nos sació con miel silvestre.
V/ Con flor de harina.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo, diciendo:

Señor, refugio nuestro, escúchanos.

Bendito seas, Señor que nos has llamado a tu santa Iglesia;
— consérvanos siempre en ella.

Tú que has encomendado al papa la preocupación por todas las Iglesias,
— concédele una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad solícita.

Da a los pecadores la conversión, a los que caen, fortaleza,
— y concede a todos la penitencia y la salvación.

Tú que quisiste habitar en un país extranjero,
— acuérdate de los que viven lejos de su familia y de su patria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A todos los difuntos que esperan en ti,
— concédeles el descanso eterno.

Acudamos ahora a nuestro Padre celestial, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por la fragilidad de la condición humana, hemos cometido en este día. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves III de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno: ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo. Amen.
2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 4,21-25
Les decía también: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
Les decía también: «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.»
3) Reflexión

• La lámpara que ilumina. En aquel tiempo no había suministro eléctrico. Imaginemos lo que sigue. La familia está en casa. Empieza a oscurecer. El padre se levanta, enciende una lámpara y la coloca debajo de una caja o de una cama. ¿Qué dirán los demás? Gritarán: “¡Padre! ¡Ponla encima de la mesa!” Esta es la historia que Jesús cuenta. No explica. Apenas dice: Quien tenga oídos para oír, que oiga. La Palabra de Dios es la lámpara que debe ser encendida en la oscuridad de la noche. Si se queda dentro del libro de la Biblia, cerrado, es como la lámpara puesta debajo de una caja o de una cama. Cuando enlaza con la vida y es vivida en comunidad, entonces está colocada encima de la mesa e ¡ilumina!
• Prestar atención a los preconceptos. Jesús pide a los discípulos que tomen conciencia de los preconceptos con que escuchan la enseñanza que él ofrece. Deben prestar atención a las ideas con que miran a Jesús. Si el color de los ojos es verde, todo parece verde. Si fuera azul, todo parecería azul. Si la idea con la que miro a Jesús está equivocada, todo lo que pienso sobre Jesús estará amenazado de error. Si pienso que el Mesías, ha de ser un rey glorioso, no voy a entender nada de lo que Jesús enseña y lo voy a entender todo de manera equivocada.
• Parábolas: una nueva manera de enseñar y de hablar sobre Dios. La forma que Jesús tenía de enseñar era, sobre todo, por medio de parábolas. Tenía una capacidad muy grande de encontrar imágenes bien sencillas para comparar las cosas de Dios con las cosas de la vida que la gente conocía y experimentaba en su lucha diaria para la supervivencia. Esto supone dos cosas: estar dentro de las cosas de la vida, y estar dentro de las cosas del Reino de Dios.
• La enseñanza de Jesús era diversa de la enseñanza de los escribas. Era una Buena Nueva para los pobres, porque Jesús revelaba un nuevo rostro de Dios, en el que el pueblo se reconocía y se alegraba. “Padre yo te alabo porque has escondido estas cosas a sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños. ¡Sí, Padre, así te pareció bien! (Mt 11,25-28)”.
4) Para la reflexión personal

• Palabra de Dios, lámpara que ilumina. ¿Qué lugar ocupa la Biblia en mi vida? ¿Qué luz recibo de ella?
• ¿Cuál es la imagen de Jesús que está en mí? ¿Quién es Jesús para mí y quién soy yo para Jesús?
5) Oración final

Gustad y ved lo bueno que es Yahvé,
dichoso el hombre que se acoge a él. (Sal 34,9)

Citas de la Sagrada Escritura (Alegría)

Son para mí tus palabras el gozo y la alegría de mi corazón (Jr 15, 6).

Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor. Dijo María: Mi alma engrandece al Señor y exulta de júbilo mi espíritu en Dios, mi Salvador (Lc 1, 46-47).

Díjoles el ángel: No temáis, os traigo un a buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías Señor, en la ciudad de David (Lc 2, 10-11).

Abraham, vuestro padre, se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró (Jn 8, 56).

Pero no os alegréis de que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en los cielos (Lc 10, 20).

En el cielo será mayor la alegría por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de penitencia (Lc 15, 7).

Era preciso hacer fiesta y alegrarse, porque éste tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado (Lc 15, 32).

De nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría Jn 16, 22).

Les llevó hasta cerca de Betania, y levantando sus manos les bendijo, y mientras los bendecía se alejaba de ellos y era llevado al cielo. Ellos se postraron ante Él y se volvieron a Jerusalén con gran gozo (Lc 24, 50-52).

Ellos se fueron contentos de la presencia del sanedrín, porque habían sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús (Hch 5, 41).

Tengo mucha confianza con vosotros; tengo en vosotros grande motivo de gloria, estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones (2Co 7, 4).

Luego oí como una voz de una gran multitud, y como una voz de muchas aguas, y como una voz de potentes truenos, que decía: «¡Aleluya!» Porque el Señor, Nuestro Dios omnipotente, ha establecido su reino (Ap 19, 6).

Comentario – Jueves III de Tiempo Ordinario

El pasaje del evangelio de san Marcos que tenemos a la vista parece recoger a modo de espigas algunos dichos tomados de los discursos de Jesús sin aparente conexión interna. Decía él: ¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? La pregunta dirigida a la muchedumbre congregada tiene el valor de una pregunta retórica. No busca otra cosa que el asentimiento a lo que se propone. Evidentemente el candil no se enciende para meterlo debajo de un celemín o debajo de la cama. ¿Qué función haría en semejante situación? El candil se enciende para ponerlo en el candelero, pues fue pensado para iluminar el espacio en el que se sitúa. Y si nació con esta función, no tiene sentido meterlo debajo de la cama. Así no podría cumplir su cometido. El predicador entiende que las cosas se hacen o se conciben para algo, con una finalidad; y el candil, como portador de la llama, se hizo para iluminar. No tiene otro fin que éste. Y para cumplir este fin tiene que ser puesto en alto y liberado de todas las barreras y opacidades que le impidan derramar su haz de luz en todas las direcciones.

La referencia a la luz es constante en el discurso de Jesús. Él se proclama a sí mismo como luz del mundo, un mundo que yace envuelto en tinieblas; y señala a sus seguidores, que habrán de ser enviados a ese mismo mundo necesitado de iluminación, como luz del mundo y sal de la tierra. Quiere, por tanto, que tomen conciencia de esta realidad: también ellos son luz; y su función en el mundo es esparcir esa luz, iluminar con su palabra y con su vida. Pero no deben olvidar que la luz que ellos son es una luz recibida. Aquí no hay pretensiones de ser más que nadie; simplemente de repartir lo que ellos mismos han recibido: la luz del que es luz del mundo por ser haber salido de Dios como Hijo y como Verbo. En las pretensiones de Jesús no hay sino manifestación de la verdad luminosa de su envío, y en las nuestras, la necesidad de responder al mandato misionero de Jesús o de ser correa de transmisión de la luz recibida del mismo. Y el que ha sido dotado de esta fuente luminosa no puede dejar de transmitir la luz en cualquiera de sus manifestaciones o testimonios, lo mismo que el que ha sido equipado con la luz de la razón no puede dejar de iluminar con sus razonamientos y enseñanzas.

Marcos sigue espigando dichos de Jesús: Si se esconde algo es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El maestro de esta sentencia parece suponer que las cosas no se esconden para que permanezcan escondidas sine die, sino para que algún día, en tiempo propicio, se descubran. Aunque no todo lo que se hace a ocultas es para que salga a la luz (algunos preferirían que ciertas acciones ocultas y vergonzantes no vieran nunca la luz), lo cierto es que lo oculto o lo sumergido tarde o temprano sale a flote y queda al descubierto; y si permanece oculto durante el tiempo de la historia, siempre quedará el juicio de Dios ante cuya mirada no pueden ocultarse ni los más íntimos pensamientos, mucho menos las acciones que quieren mantenerse ocultas a los ojos de cualquier testigo.

Precisamente la luz tiene por objeto poner al descubierto lo que ocultan las tinieblas y, por tanto, traer a la evidencia la verdad de las cosas. Este es también el carácter más definitorio de la verdad, la aletheia, poner al descubierto lo que permanecía oculto, sacar a la luz lo escondido. Porque el ser tiende por sí mismo a manifestarse, pero nunca acaba de desvelarse del todo, siempre conserva un núcleo o un fondo nunca enteramente desvelado. Es el enigma de la realidad de que han hablado filósofos como Zubiri; porque la realidad es manifiesta –toda realidad tiene su apariencia-, pero también enigmática. En la medida en que se indaga y se penetra, las cosas nos van descubriendo su realidad, pero no sale a la luz todo lo que esconden, quizá porque su fundamento, estando en ellas mismas, está más allá. Sólo a la mirada del Creador puede estar patente el todo de la realidad. Sólo él, por tanto, puede conocer la verdad de las cosas en su integridad.

Había dicho también este maestro de sentencias: La medida que uséis, la usarán con vosotros, y con creces. Es la justa correspondencia a las medidas empleadas para pesar y sopesar los méritos ajenos; porque medida hay en nuestros juicios sobre la estatura intelectual o moral de una persona, en nuestros juicios sobre la valía personal, las intenciones o los esfuerzos del prójimo. Examinemos nuestras medidas. Puede que sean mezquinas, poco benévolas, desconsideradas, injustas o carentes de misericordia. Pues bien, tengamos en cuenta que, en conformidad con el dictamen de Jesús, seremos medidos con la misma medida empleada por nosotros. Sucede que muchas veces en nuestra conducta habitual olvidamos esto y nos vemos sorprendidos por las varas de medir que otros han empleado para tasar nuestras acciones.

Pero siempre hay que preguntarse: ¿Qué medida hemos usado nosotros para evaluar las acciones de los demás, su altura intelectual y moral, sus trabajos y proyectos? Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Ya lo que tenemos, lo tenemos porque nos ha sido dado, pero se nos dará más si somos capaces de multiplicar lo que ya tenemos; pues tales posesiones son multiplicables. Se nos han dado talentos productivos, es decir, susceptibles de incremento. No hemos recibido unos talentos para enterrarlos, si por enterrar entendemos inutilizar; los hemos recibido para incrementarlos, dándoles productividad. Al que se limita a enterrar su talento le será quitado hasta el talento que se le dio. Esto no es tan difícil de entender. Basta con contemplar un órgano atrofiado por falta de uso; basta con contemplar la pérdida de masa muscular en una persona que ha dejado de usar las piernas por razón de una larga enfermedad. El músculo que no se ejercita se atrofia. Ésta ley que impera en la naturaleza corpórea rige también para cuanto hemos recibido de Dios para nuestro crecimiento y desarrollo personal. Si no ejercemos las facultades y las virtudes que nos han sido dadas podemos acabar perdiéndolas por falta de ejercicio.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

258. Este “ser para los demás” en la vida de cada joven, normalmente está relacionado con dos cuestiones básicas: la formación de una nueva familia y el trabajo. Las diversas encuestas que se han hecho a los jóvenes confirman una y otra vez que estos son los dos grandes temas que los preocupan e ilusionan. Ambos deben ser objeto de un especial discernimiento. Detengámonos brevemente en ellos.

En el candelero

1.- Coinciden en este domingo dos celebraciones: la propia del domingo y la de la Presentación del Señor, que es la que celebramos, por ser fiesta del Señor. En esta fiesta, tradicionalmente conocida como “la candelaria”, vemos en el evangelio como los padres de Jesús van a presentarle a Dios en el Templo de Jerusalén, tal y como marcaba la ley, 40 días después de su nacimiento (si hacéis cuentas desde el 25 de diciembre, se cumplen hoy). Jesús es el primogénito y es consagrado al Señor. Lo mejor de cada casa, de cada cosecha, de cada animal es dado al Señor en acción de gracias. Siempre lo mejor, no lo que sobra. Y para “rescatarlo”, ofrecen lo que prescribía la Ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”. Es la ofrenda de los pobres, que José y María hacen por su Hijo.

2.- En el Templo, se encuentran con dos personas llenas de Dios. Simeón era un hombre justo y piadoso y “el Espíritu Santo estaba con él”. Ese Espíritu le hizo reconocer, en aquel Niño, al Mesías. Lo cogió en brazos y bendijo a Dios: “mis ojos han visto a tu Salvador”. Y dice de ese Niño que va a ser una gran luz para todas las naciones, para creyentes y no creyentes. Pero también que será un “signo de contradicción”, y eso provocará dolor, en primer lugar, para su madre, que escucha atenta sus palabras. La otra persona es Ana, una profetisa, que se dedicaba a hablar de Dios y a darle culto. Era viuda muchos años y había consagrado su vida a Dios, con sus ayunos y oraciones. Aquella profetisa, al ver al Niño, “se puso a dar gloria a Dios y a hablar del Niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén”.

3.- Dios hizo un gran regalo a aquellas personas: descubrirle a Él mismo en aquel Niño, y llenar de esperanza y alegría sus vidas para siempre. Nosotros podemos también descubrir un regalo de Dios en los niños que nace. Son suyos, son un regalo, son una gracia y, al mismo tiempo, una responsabilidad. Por eso (hoy) se los presentamos, se los “devolvemos”, los ponemos en sus manos de Padre para que crezcan y sean fuertes y estén llenos de sabiduría y gocen del favor de Dios, como aquel Niño Jesús, acompañados de sus padres y de sus padrinos. Han recibido el Bautismo, todos lo hemos recibido, y con él, el Espíritu Santo, la fuerza de Dios para vivir como hijos suyos.

4.- Jesús nos invita a estar “en el candelero” de la vida, dando luz. Así somos los cristianos, como la luz, no para escondernos, sino para iluminar. Para eso recibimos el Bautismo y los demás sacramentos. Y la luz se pone “en el candelero”, en los lugares donde hace falta iluminar. Ahí estamos llamados a estar los cristianos, no recogidos en las sacristías, sino alumbrando el mundo, que necesita de nuestra luz. “En los candeleros” de la vida seremos la luz de Jesús para todos.

5.- Damos gracias a Dios por todo ello en esta celebración, especialmente por todos los niños y niñas que han recibido el Bautismo en esta comunidad parroquial durante el pasado año 2013, y pedimos que nos haga a todos nosotros más conscientes de nuestra responsabilidad de bautizados, llamados a ser luz para todas las personas, especialmente para los más pequeños. Por eso, ahora, renovaremos la fe de nuestro bautismo con las velas encendidas.

Pedro Juan Díaz

Mis ojos han visto a tu Salvador

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: -«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

José y María estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: -«Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Lucas 2, 22-40

PARA MEDITAR

Hoy en la Iglesia celebramos la fi esta de la Presentación del Señor, cuando María y José llevan a Jesús a Jerusalén siendo todavía un niño. Y vemos como hay personas que ya se dan cuenta que Jesús es el Mesías, el hijo de Dios. Nosotros, los cristianos, sabemos quién es Jesús, pero ¿vivimos como seguidores de Jesús?.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿En qué momento del día o de la semana está Jesús más presente en tu vida?
  • ¿Cómo podemos colaborar los cristianos con Jesús para que su mensaje esté más presente en este mundo?
  • Toma un compromiso esta semana para hacer presente a Jesús en tu vida un ratito durante todos los días de esta semana.

ORACIÓN

Ese es tu único interés, María,
sólo quieres presentarnos
a tu Hijo,
que disfrutemos viviendo junto a Él,
como Tú lo hiciste en tu vida.
Todos te conocemos
y muchos te olvidamos.
Fuiste amiga de niñez y juventud,
pero luego te quedaste a un lado,
porque el importarte es Él,
porque lo tuyo es decirnos:
Haced lo que Él os diga.
Tú, María,
Madre de Dios,
Madre de todos los humanos,
ayúdanos a ser sencillos como Tú, confi ados y alegres.
Haznos hermanos unos de otros
y contágianos la comunicación profunda con Dios,
que ese es el secreto
de la felicidad completa.

Que nuestros ojos vean al Salvador

Ese es tu único interés, María,
solo quieres presentarnos
a tu Hijo,
que disfrutemos viviendo junto a Él,
como Tú lo hiciste en tu vida.

Todos te conocemos
y muchos te olvidamos.
Fuiste amiga de niñez y  juventud,
pero luego te quedaste a un lado,
porque el importante es Él,
porque lo tuyo es decirnos:
Haced lo que Él os diga.

Tú permitiste que se cumpliera
en Ti toda la Escritura,
y nos invitas a vivir de esa manera,
fiándonos de Dios,
dejando que sea Él quien tome
las riendas de nuestra historia.

Tú, María,
Madre de Dios,
Madre de todos los humanos,
ayúdanos a ser sencillos como Tú,
confiados y alegres.
Haznos hermanos unos de otros
y contágianos la comunicación
profunda con Dios,
que ese es el secreto
de la felicidad completa.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Presentación del Señor

• La «purificación» y la presentación de Jesús (22): según la ley, la mujer que había tenido un hijo varón debía ir al templo cuarenta días después del parto para someterse al rito de la purificación (Lv 12,1-8). Pero no era necesario que fuera con el hijo. Lucas confunde «la purificación» de la madre y otro rito: el ofrecimiento del niño al Señor. Quizá es una confusión intencionada: poner a Jesús en relación con el templo desde el principio del evangelio, ya que el templo era el centro de la vida religiosa de Israel e Israel no se entendía a sí mismo sin el templo. No hay que olvidar que Lucas presenta el ministerio de Jesús como una subida a Jerusalén, donde será rechazado por la mayoría del pueblo de Israel -al cual él nunca rechazará-, morirá y resucitará. Así será el nuevo templo, para judíos y no judíos.

• Lo que se dice que tenían que ofrecer los padres Jesús (24) es la ofrenda que presentaban las familias sin recursos (Lv 12,8).

• Simeón «aguardaba el Consuelo de Israel» (25), es decir, esperaba la llegada del Mesías. El tema del consuelo recuerda Is 40,1: Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios. Jesús es, para Simeón, «el Mesías del Señor» (26). Como lo será para los discípulos (Lc 9,20).

• El cántico de Simeón (29-32) recuerda, sin citas textuales, varios pasajes bíblicos:

* El «irse en paz» (29) actualiza la alianza que Dios establece con Abrahán: Tú te reunirás en paz con tus antepasados y te enterrarán muy anciano (Gn 15,15). Dicho de otro modo: en Jesús la alianza llega a su cumplimiento.

* El v. 30 actualiza el mismo pasaje de Isaías citado antes: Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor… Se revelará la gloria del Señor y la verán todos los hombres juntos: ha hablado la boca del Señor (Is 40,3-5).

* También, y muy importante: la referencia a «todos los pueblos» (31) para los que el Señor preparaba al «Salvador» (30), es el reconocimiento de lo que estaba anunciado en Is 52,10: El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios. Ésta es la primera vez que, en los escritos de Lucas, se dice que Jesús trae una salvación destinada a todos los hombres -podemos ver el libro de los Hechos de los Apóstoles, del mismo autor que el Evangelio de Lucas (Hch 15,14;28-28)-.

* El v. 32 también recoge a Isaías: luz para alumbrara las naciones (Is 42,6; 29,6). Lucas, autor también de los Hechos de los Apóstoles, utiliza esta misma expresión en Hch 13,47.

* Y la «gloria de tu pueblo, Israel» actualiza Is 45,25 y 46,13.

• Lo que añade Simeón (34-35) anuncia que Jesús y su Evangelio siempre provoca un juicio. La alegría de la Buena Nueva tiene el contrapeso de la tristeza porque no todos creerán. Jesús hallará oposición y conocerá el rechazo de una parte de Israel (Hch 13,26- 28). En este sentido, la «espada» (35) no tiene nada que ver con ciertas imágenes devocionales que representan a María al pie de la cruz con una espada clavada en el corazón. Se trata de una espada que discriminará, que distinguirá. También María, como israelita que es, tendrá que posicionarse ante Jesús, que trae la luz a todos los pueblos, no sólo a Israel.

Comentario al evangelio – Jueves III de Tiempo Ordinario

Los recuerdos de Jesús, de sus hechos y palabras, no se transmitieron inicialmente como una biografía estructurada y compacta, sino en anécdotas sueltas y dichos aislados, que se mencionaban o repetían cuando venían a cuento, cuando podían iluminar situaciones comunitarias concretas. Más tarde la catequesis eclesial, y luego los evangelistas escritores, fueron creando conjuntos temáticos más o menos unitarios: colecciones de parábolas, de milagros, de dichos de sabiduría popular, incluso “discursos” aparentemente homogéneos, como el sermón del monte. Pero Jesús no había sido un catedrático, sino un maestro popular y espontáneo. En sus supuestos “discursos” percibimos que cada frase es autónoma, “suelta”, inteligible sin el contexto.

Hoy nos encontramos con tres de esos dichos de Jesús apenas ensamblados entre sí. Quizá alguno de ellos ya estaba en uso, como refrán popular; pero Jesús lo “recrea” o actualiza, o le da un sentido nuevo. Cada uno de ellos se merece su propia reflexión.

a.- Ser luz. Los seguidores de Jesús han sido iluminados con el conocimiento de este Maestro del todo singular, con su anuncio esperanzado del Reino que Dios quiere establecer, reino de justicia y de felicidad. Los que lo han recibido deben sentir la necesidad de comunicarlo, de llamar a sus familias, vecinos, amigos… para que los feliciten por haber aprendido a contemplar la vida con ojos nuevos. No pueden ocultarse [hay quien cree que el dicho, en su origen, era un reproche a las autoridades religiosas judías por no haber guiado correctamente al pueblo; también serviría como advertencia a los pastores del nuevo Pueblo de Dios].

b.- No condenar. Existe en el hombre un curioso instinto justiciero, tendencia a “medir” a los demás, y, llegado el caso, a condenarlos. Jesús fue modelo de comprensión, misericordia; fuel el primero en practicar lo de “el amor todo lo excusa” (1Co 13,7). A la adúltera le dijo: “tampoco yo te condeno”. Él intentó profundizar el antiguo precepto de “no matarás”, indicando que hay “otras formas” de matar: menospreciar, insultar, estar enemistado, condenar. Los discípulos de Jesús percibirán dónde está el mal, para evitarlo, rechazarlo. Pero nunca conocerán a fondo el interior de quien lo comete; por lo cual se abstendrán de juzgar, de “medir” negativamente, para que Dios no los “mida” así a ellos. En la carta de Santiago se nos expresa esto en una frase graciosa: “la misericordia (del hombre) se ríe del juicio (de Dios)” (Sant 2,13).

c.- Quitar lo que no se tiene. Seguramente era ya un refrán popular, en sí mismo absurdo, con juego de palabras e hipérbole oriental. No sabemos en qué situación lo usó Jesús, lo cual dificulta nuestra comprensión; pero algo podemos intuir. Hay existencias centradas y existencias despistadas; están los que han aceptado la luz del Reino de Dios y los que, escépticos ante la palabra de Jesús, se han quedado a distancia (lo veíamos anteayer). El tesoro de los primeros aumentará desmesuradamente (ellos entienden las parábolas), mientras que la suerte de “los de fuera”, ¡que quizá se tenían por sabios!, es caminar sin luz, con una carencia cadavez mayor, hacia el sinsentido de la nada.

 

Severiano Blanco cmf