Vísperas – Martes IV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES IV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Atardece, anochece, el alma cesa
de agitarse en el mundo
como una mariposa sacudida.

La sombra fugitiva ya se esconde.
Un temblor vagabundo
en la penumbra deja su fatiga.

Y rezamos, muy juntos,
hacia dentro de un gozo sostenido,
Señor, por tu profundo
ser insomne que existe y nos cimienta.

Señor, gracias, que es tuyo
el universo aún; y cada hombre
hijo es, aunque errabundo,
al final de la tarde, fatigado,
se marche hacia lo oscuro
de sí mismo; Señor, te damos gracias
por este ocaso último.

Por este rezo súbito. Amén.

SALMO 136: JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los cauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirnos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

SALMO 137: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre:

por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: Col 3, 16

La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R/ De alegría perpetua a tu derecha
V/ En tu presencia, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:

Señor, escúchanos.

Cristo, fortaleza nuestra, que nos has llamado a la luz de tu verdad,
— concede a todos tus fieles fidelidad y constancia.

Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer,
— y que sus decisiones vayan encaminadas a la consecución de la paz.

Tú que, con cinco panes, saciaste a la multitud,
— enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los hambrientos.

Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden sólo del bienestar de su nación,
— sino que piensen también en los otros pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cuando vengas aquel día, para que en tus santos se manifieste tu gloria,
— da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y la vida feliz.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús y oremos al Padre, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Puestos en oración ante ti, Señor, imploramos tu clemencia y te pedimos que los sentimientos de nuestro corazón concuerden siempre con las palabras de nuestra boca. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes IV de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor: concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda, también, a todos los hombres. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 5,21-43
Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.» Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.
Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.» Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ¿Quién me ha tocado?’» Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»
Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» Jesús, que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.» Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él. Pero él, después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy vamos a meditar sobre dos milagros de Jesús a favor de dos mujeres. El primero, a favor de una mujer considerada impura por causa de una hemorragia que le duraba desde hacía doce años. El otro milagro, a favor de una niña de doce años, que acababa de morir. Según la mentalidad de la época, cualquier persona que tocara la sangre o el cadáver era considerada impura. ¡Sangre y muerte eran factores de exclusión! Por esto, aquellas dos mujeres eran personas marginadas, excluidas de la participación en comunidad.
• El punto de partida. Jesús llega en barca. La multitud se reúne a su alrededor. Jairo, el jefe de la sinagoga, le pide por su hija que se está muriendo. Jesús va con él y la multitud lo acompaña, apretándole por todos los lados. Este es el punto de partida de las dos curaciones que siguen: la curación de la mujer y la resurrección de la niña de doce años.
• La situación de la mujer. ¡Doce años de hemorragia! Por esto, vivía excluida, pues en aquel tiempo, la sangre volvía impura a la persona, y quien la tocara quedaba impuro/a también. Marcos informa que la mujer había gastado todos sus haberes con los médicos. En vez de estar mejor, estaba peor. ¡Situación sin solución!
• La actitud de la mujer. Oyó hablar de Jesús. Nació una nueva esperanza. Se dijo a sí misma: “Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.” El catecismo de la época mandaba decir: “Si se toca su ropa, se quedará impuro”. ¡La mujer piensa exactamente lo contrario! Señal que las mujeres no concordaban con todo lo que las autoridades religiosas enseñaban. La mujer se puso en medio de la multitud y, de forma desapercibida, tocó Jesús, pues todo el mundo lo apretaba y lo tocaba. En ese mismo instante ella sintió en el cuerpo que había sido curada.
• La reacción de Jesús y de los discípulos. Jesús se había dado cuenta que una fuerza había salido de él y preguntó: “¿Quién me ha tocado?” Los discípulos reaccionaron: “Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ¿Quién me ha tocado?” Aquí aparece el desencuentro entre Jesús y sus discípulos. Jesús tenía una sensibilidad que no era percibida por los discípulos. Estos reaccionan como todo el mundo y no entienden la reacción diferente de Jesús. Pero Jesús no presta atención y sigue indagando.
• La cura por la fe. La mujer percibió que había sido descubierta. Fue un momento difícil y peligroso. Pues, según la creencia de la época, una persona impura que, como aquella mujer, se metía en medio de una multitud, contaminaba a todo el mundo a través del toque. Y hacía que todos se volvieran impuros ante Dios (Lev 15,19-30). Por esto, como castigo, podría ser apedreada. Pero la mujer tuvo el valor de asumir lo que hacía. “Atemorizada y temblorosa” cayó a los pies de Jesús y contó toda su verdad. Jesús dice la palabra final: “Hija, tu fe te ha salvado e te ha salvado; ¡vete en paz y queda curada de tu enfermedad!” (a) “Hija”, con esta palabra Jesús acoge a la mujer en la nueva familia, en la comunidad, que se formaba a su alrededor. (b) Aquello que ella pensaba aconteció de hecho. (c) Jesús reconoce que sin la fe de aquella mujer, él no hubiera podido hacer el milagro.
• La noticia de la muerte de la niña. En este momento el personal de la casa de Jairo informa que la niña había muerto. No hacía falta ya molestarle a Jesús. Para ellos, la muerte era la gran barrera. ¡Jesús no conseguirá ir más allá de la muerte! Jesús escucha, mira hacia Jairo y aplica lo que acababa de presenciar, a saber que la fe es capaz de realizar lo que persona cree. Y dice: “No temas. ¡Solamente ten fe!”
• En casa de Jairo. Jesús solo permite a tres discípulos el que vayan con él. Viendo el alboroto de los que lloran por la muerte de la niña, dice: “La niña no ha muerto. ¡Está dormida!” La gente se rió. La gente sabe distinguir cuando una persona está dormida o cuando está muerta. Es la risa de Abrahán y de Sara, es decir, de los que no consiguen creer que para Dios nada es imposible (Gén 17,17; 18,12-14; Lc 1,37). También para ellos, la muerte era una barrera que nadie podía superar. Las palabras de Jesús tienen un significado más profundo. La situación de las comunidades perseguidas del tiempo de Marcos parecía una situación de muerte. Ellas tenían que oír: “¡No es muerte! ¡Ustedes están dormidos! ¡Despiértense!” Jesús no da importancia a la risa y entra en la habitación donde está la niña, solamente él, los tres discípulos y los padres de la niña.
• La resurrección de la niña. Jesús toma la niña por la mano y dice: “Talitá kum!” Ella se levanta. ¡Gran alboroto! Jesús conserva la calma y pide que le den de comer. Las dos mujeres son curadas. ¡Una tenía doce años, la otra llevaba doce años teniendo hemorragia y doce años padeciendo exclusión! A los doce años comienza la exclusión de la muchacha, pues empieza la menstruación, ¡empieza a morir! Jesús tiene un poder mayor y la resucita: “¡Levántate!”

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha gustado o el que más te ha llamado la atención? ¿Por qué?
• Una mujer fue curada e reintegrada en la convivencia de la comunidad. Una muchacha fue levantada de su lecho de muerte. ¿Qué nos enseña esta acción de Jesús para nuestra vida en familia y en comunidad, hoy?

5) Oración final

Tú inspiras mi alabanza en plena asamblea,
cumpliré mis votos ante sus fieles.
Los pobres comerán, hartos quedarán,
los que buscan a Yahvé lo alabarán:
«¡Viva por siempre vuestro corazón!». (Sal 22,26-27)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

3.- LA MUERTE DE LOS INOCENTES. LA VUELTA DE EGIPTO

Mt 8, 16-22

Herodes esperaba a los Magos, quizá con curiosidad y también con cierta preocupación por las noticias del nacimiento del que habían llamado rey de los judíos. No debía de estar muy lejos la Sagrada Familia cuando le dijeron que aquellos orientales se habían marchado con su pequeño séquito y que la casa donde había vivido el Niño estaba vacía. Herodes contaba con buenos informadores en todas partes. Y cuando recibió estas noticias se sintió burlado y en ridículo, y seirritó en extremo. Este estado de cólera y las medidas que tomó a continuación se explican bien si se tiene en cuenta que Herodes sufrió manía persecutoria, viendo siempre competidores de su realeza. Ha pasado a la historia en buena parte por su crueldad.

Entonces, probablemente al día siguiente de la noche en que la Sagrada Familia emprendió la huida, mandó matar a todos los niños que había en Belén y toda su comarca, de dos años para abajo, con arreglo al tiempo que cuidadosamente había averiguado de los Magos. Quería asegurarse así de que eliminaba al Niño.

Belén era un pueblo pequeño que apenas llegaría a los dos mil habitantes, contando los caseríos de los alrededores. Teniendo en cuenta el número de nacimientos en una población así, la mortalidad infantil -que en aquellos tiempos era muy alta- y que la mitad aproximadamente son niñas, se ha calculado que el número de los niños asesinados debió de estar entre los veinte y los treinta[1].

El dolor, y mucho más el de los inocentes, no tiene fácil explicación. Estos niños apenas se enteraron de su sacrificio; en el Cielo conocerían enseguida que habían muerto en lugar del Mesías y la gloria que les esperaba. Para los padres el dolor sería más largo. Pero más tarde comprenderían cómo Dios había estado en deuda con ellos y cómo ahora les pagaba con creces.

La noticia de la muerte de aquellos pequeños debió de llegar pronto a la colonia judía de Egipto donde se encontraba la Sagrada Familia, pues eran muchos los mercaderes que partiendo de Jerusalén hacían aquellos recorridos. María y José se conmovieron ante tanta barbarie. Nadie se explicaba aquella nueva locura de Herodes. Ellos sí sabían que el rey buscaba la muerte de su Hijo.

Herodes murió en su palacio de invierno de Jericó, en la primavera del año 750 de la fundación de Roma. Su cuerpo fue llevado a Belén y sepultado solemnemente cerca de la fortaleza-palacio llamada Heroclium[2].

José levantó una vez más su hogar y tuvo la intención de dirigirse a Judea, a Belén, de donde partieron para Egipto[3]. Pero por el camino debió de enterarse del carácter del nuevo gobernante de Judea. De hecho, Arquelao era un hombre despótico como su padre, y fue mal recibido por el pueblo.

José llevaba un tesoro demasiado valioso para exponerlo a cualquier peligro, y temió ir allá. Mientras reflexionaba dónde sería más conveniente para Jesús instalarse -siempre es Jesús lo que motiva las decisiones de su vida-, fue de nuevo avisado en sueños y marchó a la región de Galilea, a Nazaret, el pueblo pequeño y desconocido donde había tenido lugar la Anunciación. Volvía de nuevo al lugar donde conocía a todos y todos le conocían a él.

Allí, en Galilea, gobernaba Herodes Antipas, con muchos errores, pero era menos sanguinario que su padre. Es de notar que Nazaret distaba solamente unos cinco kilómetros de Séforis, donde tenía su corte el rey Antipas, hasta que se trasladó a Tiberíades en el año 18. Fueron, pues, vecinos durante un buen número de años.

Y a Nazaret se dirigió José, con un ánimo que rondaba entre la inquietud por la seguridad de Jesús y la alegría de hallarse de nuevo en tierra conocida. Allí encontró antiguos amigos y parientes. Sin duda le harían preguntas de no fácil respuesta: de dónde venía, qué había pasado en todo ese tiempo… Reanudó amistades y pronto se adaptó a una nueva tierra, la suya, y vivió con Jesús y María unos años de felicidad y de paz hasta su muerte.


[1] En ocasiones se ha hablado de centenares, incluso de miles. Se ha llegado a dar la cifra de 144.000, identificando a los inocentes con los que preceden al Cordero mencionados en el Apocalipsis (Ap 7, 9). La cifra, como es lógico, es mucho más pequeña.

[2] FLAVIO JOSEFO, Antigüedades judías, XVIII, VI, 5.

[3] Entonces, reinando ya Arquelao, José recibió un nuevo aviso del ángel: Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel; pues han muerto ya los que atentaban contra la vida del niño (Mt 2, 20). Parece probable que la Sagrada Familia permaneciera en Egipto unos dos años y algunos meses.

Comentario – Martes IV de Tiempo Ordinario

El evangelista nos presenta de nuevo a Jesús a la orilla del lago y rodeado de mucha gente. Entre sus congregantes no había sólo miembros del pueblo llano. En este caso encontramos también a un jefe de sinagoga. Porque necesitados los hay entre los pobres, pero también entre los ricos y altos dignatarios. Jairo tenía una hija, una niña de doce años, que estaba no sólo enferma, sino moribunda, en las últimas. Así se lo hace saber su padre a Jesús entre sollozos y ruegos insistentes: Mi niña –le dice- está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.

En la petición del padre angustiado no hay exigencias –sólo hay súplica-, pero sí una profunda convicción: si pones tus manos sobre ella se curará y vivirá. Jairo entiende que las manos del Maestro de Nazaret disponen de una fuerza sanadora inusual. Todas las noticias que le llegan de él, el gentío que le rodea y ansía tocarle, le han llevado a esta conclusión: Jesús dispone de una medicina que no tienen los médicos, de un poder de curación que no tiene nadie. Por eso acude a él confiado en poder obtener su favor; por eso insiste sabiendo que sus ruegos serán escuchados. Porque Jesús no sólo es poderoso; también es compasivo. Y la verdad es que no le hizo esperar. Inmediatamente se fue con él, aunque no sin la gente, que continuaba apretujándose en torno a él.

En semejante situación se le aproxima una mujer también enferma, una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía años –doce años, concreta el evangelista-. También ella tiene información de Jesús y de su milagroso poder curativo. Por eso se le acerca sigilosamente, entre la gente, con la intención de tocarle, porque piensa que con sólo tocarle el vestido se curaría. Con esta simplicidad piensan los sencillos y los imperiosamente necesitados. Tal es su estado de desesperación que se agarran al más mínimo ribete de esperanza. Y al alcanzar su objetivo, siente que ha cesado la fuente de sus hemorragias, se siente curada. Y cuando Jesús, en medio de los apretujones, pregunta por el que lo ha tocado, aquella mujer agraciada se le acerca asustada y temblorosa, como delatada en su atrevimiento, como si hubiera preferido mantener en secreto lo sucedido, y le confiesa todo: su «intrépida» acción y su oculta intención. Pero Jesús no muestra extrañeza ni le echa en cara nada; al contrario, alaba su fe, como si fuera ésta y no él la que le ha curado. En realidad le había curado él con su poder –de él había salido la fuerza curativa-, pero no sin la fe que impulsó a aquella mujer hasta las proximidades de su sanador buscando el contacto milagroso.

Entre tanto, llega la noticia de que la niña moribunda acaba de fallecer. Llegada la muerte, parece que ya no tiene sentido solicitar la intervención del Maestro que cura a los enfermos –no que resucita a los muertos-. Tu hija se ha muerto –le dicen al jefe de la sinagoga-. ¿Para qué molestar más al maestro? Pero Jesús no se arredra ante la noticia de la muerte y le dice al padre de la niña: No temasbasta que tengas fe. El evangelio no refiere cómo encajó aquel padre la noticia de su hija, ni cómo reaccionó a las palabras tranquilizadoras de Jesús. Probablemente el silencio sea el reflejo histórico de lo que realmente sucedió. ¿Qué podía decir aquel padre destrozado? Sólo le quedaba confiar y esperar. Y las palabras de Jesús invitaban a la esperanza. Todo podía suceder.

Cuando llegaron a la casa, Jesús se encuentra con el llanto y las lamentaciones de los familiares y amigos y de manera incomprensible les dice: La niña no está muerta, está dormida. Aquello provocó la burla de todos los que le oyeron. Pero él, refiere el evangelista, los echó fuera a todos y con el padre, la madre y los acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y la dijo: Contigo hablo, niña, levántate. Y la niña difunta se puso en pie de inmediato y echó a andar. El impacto tuvo que ser brutal. Se quedaron viendo visiones, dice el evangelio. Y no era para menos. Desde entonces tuvieron que pensar que a este sanador no se le resistía ni siquiera la muerte. Por tanto, que su poder era ilimitado. No extraña que quisieran proclamarlo rey o caudillo o jefe de la nación. Tampoco extraña que la gente se multiplicase en su entorno y desease tocarle con verdadera ansiedad. Quizá esto mismo explique también que Jesús les insistiese en mantenerlo oculto sin conseguir demasiado, sin éxito alguno. Y es que la magnitud del hecho era tal que no podía quedar en secreto.

Tanto la curación de la hemorroísa como la reanimación de la hija de Jairo son fenómenos que pusieron de manifiesto el poder de Jesús, un poder envuelto en discreción, pero imposible de ocultar, un poder notorio que le atrajo las simpatías de la gente, pero también la animadversión de los adversarios o de quienes vieron en él un peligro para el statu quo político-religioso. Esto explica la creciente oposición que encontraría su actividad y mensaje por parte de las autoridades rectoras del momento. Esto explica en último término la cruz, aunque ésta tenga una causa ulterior. Pero no cabe duda de que estos signos de poder alimentaban la fe de sus seguidores. La fe en la noticia de tales acciones les llevaba a él, y en él, en su actividad benéfica, esta fe encontraba su refrendo. La noticia de la curación despertaba la fe y la fe provocaba la curación; la curación experimentada, finalmente, refrendaba la fe y la hacía crecer. Es la circularidad de la fe y el signo de credibilidad. Ambas cosas se necesitan para que resplandezca el poder del Señor en la conciencia del hombre o para que el hombre tome conciencia de ese poder que no es sino el poder de Dios: poder creador, poder sanador, poder recreador. No hay diferencia substancial entre uno y otro. Al que lo ha creado todo de la nada, le es posible cualquier transformación en ese todo creado. Lo que hizo Jesús, según todos los relatos evangélicos, fue sólo una muestra de ese poder en el que podemos confiar, puesto que se trata del poder de nuestro Hacedor.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

263. Es verdad que estas dificultades que sufren en su familia de origen llevan a muchos jóvenes a preguntarse si vale la pena formar una nueva familia, ser fieles, ser generosos. Quiero decirles que sí, que vale la pena apostar por la familia y que en ella encontrarán los mejores estímulos para madurar y las más bellas alegrías para compartir. No dejen que les roben el amor en serio. No dejen que los engañen esos que les proponen una vida de desenfreno individualista que finalmente lleva al aislamiento y a la peor soledad.

Recursos – Ofertorio – Domingo V de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UNA LÁMPARA ENCENDIDA

(Hace la ofrenda una persona adulta de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, esta candela encendida, símbolo de tu Hijo Resucitado, que reunió en torno a su luz a los primeros cristianos y cristianas en comunidades vivas. Te ofrecemos, en primer lugar, nuestros deseos de vivir y compartir seriamente en nuestra comunidad y también, en segundo lugar, nuestras ganas de salir de ella para hacerte presente entre los hombres y las mujeres de nuestro entorno, a través de nuestra palabra y nuestra vida. Para todo ello, danos, Señor, tu gracia y fortaleza.

PRESENTACIÓN DE UN RECIPIENTE LLENO DE SAL

(Esta ofrenda la puede hacer un/a militante de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo, y lo hago en nombre personal, de todos los militantes y de la propia comunidad, este recipiente lleno de sal, como símbolo de nuestra presencia evangelizadora y transformadora del mundo. Igual que tantos hombres y mujeres evangelizadores a través de los tiempos, nosotros y nosotras queremos ser presencia misionera en este mundo, a pesar de las muchas dificultades con las que nos encontramos. Danos, sin embargo, tu gracia, porque sin ella nuestra sal se vuelve insípida.

PRESENTACIÓN DE UN VASO CON ACEITE

(Con este vaso de aceite y presentado por un miembro del grupo de Cáritas parroquial o una persona que se ocupe de atender las necesidades de los otros, lo que queremos expresar es la responsabilidad de transformar el mundo a través del amor)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo hoy este vaso con aceite. Es símbolo de nuestro compromiso por curar las heridas de este mundo, víctima y distorsionado por el egoísmo de los hombres y de las mujeres. Queremos, Señor, que allí donde hay una necesidad, estemos tus discípulos y discípulas, para luchar por hacer de este mundo y de las personas, un reflejo de tu misma vida y de la Buena Nueva, que anuncia tu Hijo amado.

PRESENTACIÓN DE UNA OFRENDA DEL TERCER MUNDO

(La puede hacer un/una joven o, de existir en la comunidad, un miembro de alguna ONG. Bien pudiera presentarse el CARTEL de la Campaña contra el Hambre que hoy se celebra)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: A mí me corresponde, Señor, traerte uno de los sufrimientos que rompe tu corazón de Padre, pues implica a una buena parte de la humanidad. Te ofrezco el hambre, la miseria y el subdesarrollo del Tercer Mundo. También te traigo las semillas de la esperanza de tantas y tantas personas del Primer Mundo, que son sensibles con los problemas de los más pobres del mundo. Que no muera ningún justo más sin sentido, que no se te escapen sus lágrimas y sus lamentos. Que crezcan los y las que se comprometen en el cambio de la sociedad y del mundo.

PRESENTACIÓN DE UN LIBRO O MÉTODO DE CATEQUESIS

(Hoy queremos simbolizar el compartir la MISIÓN del mismo Jesús en este gesto de ofrecer un método o libro que sirve para la catequesis de la comunidad. Obviamente, lo debe presentar un o una catequista)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy, y en respuesta a la misión de Jesús, que la comparte con nosotros y nosotras, este texto de nuestra catequesis de la comunidad. Es el método que seguimos para incorporar a los más pequeños y pequeñas (a los y las jóvenes o a los adultos y adultas) a la experiencia del encuentro con tu Hijo Jesucristo y con la Buena Nueva del Evangelio. Sin embargo, con él queremos expresar el compromiso evangelizador de la comunidad y el de cada uno y cada una de los y las catequistas que, como yo, nos esforzamos no sólo por transmitir unos conocimientos sobre Jesús, sino también nuestra vivencia de la fe.

Oración de los fieles – Domingo V de Tiempo Ordinario

Señor, llamamos a tu puerta sabiendo que sólo tú puedes aliviar nuestros problemas, los ponemos en tus manos diciendo:

ATIENDE NUESTRAS SÚPLICAS

1. – Padre guía a los pastores de tu pueblo para que sigan siendo luz para todos los que con ansia te buscan. OREMOS

2. – Padre ayúdanos a compartir nuestro pan con el hambriento para que tu luz brille dentro de nosotros. OREMOS

3. – Padre fortalece el corazón de aquellos que sufren infundiendo en ellos confianza y seguridad en tus promesas. OREMOS

4. – Padre hazte presente en todos aquellos que difunden tu Palabra y todos aquellos que se afanan por hacerla vida para que esa semilla crezca fuerte en su interior. OREMOS

5. – Padre cuida y alienta el amor en las familias para que la armonía brille en esas iglesias domésticas. OREMOS

6.- Padre te encomendamos a las naciones afectadas por cataclismos y desgracias naturales y, muy especialmente, por los países afectados por el maremoto, para que la justicia y el amor les ayuden a resolver todos los problemas. OREMOS

7. – Padre envía la paz a todos los corazones y haz que nos veamos unos a otros como verdaderos hermanos. OREMOS

Dios Padre acoge estas plegarias y ante la inminente llegada de la cuaresma acrecienta en nosotros la necesidad de tu presencia y la acogida de tu Palabra, te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén


Oremos a Dios Padre que es luz y amor y pidámosle por la felicidad de todos los hombres y mujeres de la tierra. Respondemos

DANOS, PADRE, TU LUZ

1.- Por el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos para que iluminen con su caridad un mundo oscuro por el desamor y el pecado. OREMOS

2.- Por todos los laicos comprometidos, que sean sal del mundo y ayuden a que todos los hermanos nos amemos. OREMOS

3.- Por los gobernantes de todas las naciones, para que su gestión, traiga la paz, la fraternidad y el justo reparto de las riquezas. OREMOS

4.- Por todas las naciones afectadas por cataclismos y desgracias naturales y, muy especialmente por los afectados por el maremoto, para que la justicia y el amor ayuden a resolver todos los problemas. OREMOS

5.- Por los enfermos, de alma y cuerpo, por los pobres, los marginados, los presos y los tristes, para que reciban el aliento del Espíritu Santo y nuestra ayuda moral y material. OREMOS

6.- Por nosotros, presentes en esta Eucaristía, para que recibamos la gracia que Dios nos ofrece y seamos capaces de ser sal y luz de un mundo que sufre. OREMOS

Escucha Padre de bondad, las súplicas que con fe te dirigimos. Por Jesucristo Nuestro Señor

Amen.

Comentario al evangelio – Martes IV de Tiempo Ordinario

Ayer leíamos en el evangelio que los gerasenos pedían a Jesús que saliera de su territorio porque muchos cerdos se habían perdido, aunque un pobre hombre se curó y volvió a su sano juicio. Sí, Jesús hizo un milagro, pero también hubo pérdidas materiales para los dueños de aquellos animales. En el evangelio de hoy leemos que el jefe de la sinagoga, Jairo, le suplica a Jesús que entre en su casa. Y con Jesús entran todas las bendiciones, incluida una imposible para los humanos: la vida nueva para su hijita muerta.

San Marcos en el evangelio nos cuenta lo que pasó: Jesús la tomó de la mano y le dijo: “Talitha kumi, es decir: Niña, a ti te digo, levántate” . La fe del papá, Jairo, unida al amor de Jesús por la vida de aquella niña, dan paso al milagro humanamente inexplicable. Con toda razón se dice que Jesús aparece como el único médico capaz de otorgar al ser humano su genuina dignidad, la vida verdadera y la paz para el cuerpo y para el alma. Resucitando a la hija de Jairo, el poder de Jesús se hace todavía más palpable, porque es capaz de comunicar la vida incluso a quien yace en la muerte.

El otro milagro es la sanación de una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años. Esa enfermedad la hacía legalmente marginada por la impureza de la sangre. Y es que la ley de los judíos en el Antiguo Testamento atribuía a las hemorragias tanto de la menstruación como por enfermedad una maldad totalmente involuntaria. Según esa ley la mujer quedaba impura y herida en lo más profundo de su ser. Jesús se deja tocar por ella, es decir, se hace solidario con su dolor y afirma delante de todos que la fe de aquella mujer ha sido una medicina tan eficaz, que ha sanado su cuerpo y su alma.

Ambos prodigios revelan el poder de Jesús y resaltan el valor de la fe sencilla de una mujer y de un padre desesperado, pero confiado en el poder de Jesús. Ambos se convierten hoy en modelos de fe para todo cristiano. Una fe que no se rinde ante ninguna enfermedad o desgracia.

Otra riqueza de la palabra de Dios en este día la encontramos en la primera lectura que habla del rey David y de la rebelión de su hijo Absalón.

Como su padre David está ya viejo, el hijo está impaciente por ocupar el trono y se levanta contra él. La inexperiencia hace que el joven caiga asesinado en el enfrentamiento de las tropas. Uno del bando del rey corre a contarle a David las últimas novedades:

“El rey le preguntó: «¿Está bien mi hijo Absalón?»

Respondió el etíope: «¡Acaben como él los enemigos de vuestra majestad y cuantos se rebelen contra ti!». Entonces el rey se estremeció, subió al mirador de encima de la puerta y se echó a llorar, diciendo mientras subía: «¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! iHijo mío, Absalón! ¡Ojalá hubiera muerto yo en vez de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!».

Es el ejemplo de un auténtico padre que prefiere él la muerte antes que la de su hijo por más injurias que le haya hecho y maldades que haya cometido.

Carlos Latorre,cmf