Vísperas – Santa Águeda

VÍSPERAS

SANTA ÁGUEDA, virgen y mártir

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos ha dado. Amén.

SALMO 138: DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES Y LO VE TODO

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa;
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

SALMO 138

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío,, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los dos por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

R/ Nos refinaste como refinan la plata.
V/ Pero nos has dado un respiro.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Señor Jesucristo, maestro bueno, te doy gracias porque me ayudaste a vencer los tormentos de los verdugos; haz, Señor, que llegue felizmente a la gloria imperecedera.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor Jesucristo, maestro bueno, te doy gracias porque me ayudaste a vencer los tormentos de los verdugos; haz, Señor, que llegue felizmente a la gloria imperecedera.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
Te glorificamos, Señor

Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor

Confiemos nuestras súplicas a Dios, nuestro Padre, terminando esta oración con las palabras que el Señor nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Te rogamos, Señor, que la virgen santa Águeda nos alcance tu perdón, pues ella fue agradable a tus ojos por la fortaleza que mostró en su martirio y por el mérito de su castidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles IV de Tiempo Ordinario

1) Oración

Señor: concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda, también, a todos los hombres. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Marcos 6,1-6
Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.» Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy habla de Jesús de visita a Nazaret y de como la gente de Nazaret se encierra en si misma y no lo acepta (Mc 6,1-6). El evangelio de mañana describe como Jesús se abrió al pueblo de Galilea enviando a sus discípulos en misión (Mc 6,7-13).

• Marcos 6,1-2ª: Jesús vuelve a Nazaret. “Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga”. Es bueno siempre volver a la propia patria y volver a encontrar a amigos y amigas. Después de una larga ausencia, Jesús vuelve y, como de costumbre, en el día de sábado se fue a la sinagoga para tomar parte en la reunión de la comunidad. Jesús no era el coordinador de la comunidad, sin embargo toma la palabra y empieza a enseñar. Señal de que las personas pueden participar y expresar su opinión.

• Marcos 6,2b-3: Reacción de la gente de Nazaret ante Jesús. La gente de Cafarnaún había aceptado la enseñanza de Jesús (Mc 1,22), pero a la gente de Nazaret no le gustaron las palabras de Jesús y quedó escandalizada. ¿Por qué? Jesús, el chico al que conocían desde su infancia, ¿cómo es que ahora es tan diferente? Ellos no aceptan el misterio de Dios presente en Jesús, un ser humano como todos los demás, conocido por todos. ¡Para poder hablar de Dios no podía ser igual a los demás! Como se ve, no todo le fue bien a Jesús. Las personas que hubieran tenido que ser las primeras en aceptar la Buena Nueva, son de hecho las que más dificultad tienen en aceptarla. El conflicto no era sólo con los de fuera, sino que también con sus parientes y con la gente de Nazaret. Tienen dificultad en creer en Jesús, porque no consiguen entender el misterio de Dios que envuelve a la persona de Jesús: “¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?” ¡No llegan a creer en Jesús!

• Los hermanos y las hermanas de Jesús. La expresión “hermanos de Jesús” es motivo de mucha polémica entre católicos y protestantes. Basándose en éste y en otros textos, los protestantes dicen que Jesús tuvo más hermanos y hermanas y que María ¡tuvo más hijos! Los católicos dicen que María no tuvo más hijos. ¿Qué pensar de esto? En primer lugar, las dos posiciones tanto de los católicos como de los protestantes, tienen ambas argumentos sacados de la Biblia y de la Tradición de sus respectivas Iglesias. Por esto, no conviene pelear sobre esta cuestión, ni discutirla sólo con argumentos racionales, ya que se trata de convicciones profundas, que tienen que ver con la fe y con los sentimientos de ambos grupos. El argumento que se limita a la cabeza, no consigue deshacer una convicción del corazón. ¡Irrita y aleja! Lo mismo, cuando no concuerdo con la opinión del otro, debo siempre respetarla. En segundo lugar, en vez de pelear alrededor de los textos, todos nosotros, católicos y protestantes, deberíamos unirnos para luchar en defensa de la vida, creada por Dios, vida tan desfigurada por la pobreza, por la injusticia y por la falta de fe. Deberíamos recordar otras frases de Jesús: “He venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). “Que todos sean uno, para que el mundo crea que tú, Padre, me has enviado” (Jn 17,21). “Quien no está en contra, está a favor nuestro” (Mc 10,39.40).

• Marcos 6,4-6. Reacción de Jesús ante la actitud de la gente de Nazaret. Jesús sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”. Y lo dice: “Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”. De hecho, donde no existe aceptación ni fe, la gente no puede hacer nada. Las ideas preconcebidas lo impiden. Aún queriendo, Jesús no pudo hacer nada y queda extrañado ante su falta de fe. Por eso, ante la puerta cerrada de su propia comunidad, “comenzó a recorrer los alrededores, enseñando en los poblados”. La experiencia de rechazo lleva Jesús a cambiar de práctica. Se dirige a otros poblados y, como veremos en el evangelio de mañana, implica a los discípulos en la misión dando instrucciones de cómo deben dar continuidad a la misión.

4) Para la reflexión personal

• Jesús tiene problemas con sus parientes y con su comunidad. Desde que tú empezaste a vivir mejor el evangelio, ¿ha cambiado algo en la relación con tu familia y con tus parientes?
• Jesús no pudo hacer muchos milagros en Nazaret porque faltaba fe. Y hoy, ¿encuentra fe en nosotros, en mí?

5) Oración final

¡Dichoso al que perdonan su culpa
y queda cubierto su pecado!
Dichoso el hombre a quien Yahvé
no le imputa delito,
y no hay fraude en su interior. (Sal 32,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 1-4

«131Y, al salir del Templo, le dice uno de sus discípulos: “Maestro, ¡mira qué piedras y qué construcciones!”. 2Y Jesús le dijo: “¿Ves estas grandes construcciones? No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea demolida”.

3Y, estando sentado en el monte de los Olivos frente al Templo, le preguntaban en privado Pedro y Santiago y Juan y Andrés: 4“Dinos: ¿cuándo serán esas cosas y cuál [será] la señal cuando vayan a cumplirse todas estas cosas?”.

El Templo ha proporcionado el contexto para la mayor parte de la narración de Marcos desde la entrada de Jesús en Jerusalén en 11,1-11; lo ha «observado» (11,11), «purificado» (11,15-19) y ha discutido continuamente en él (11,27-12,44). Ahora Jesús lo abandona, para no volver jamás, y pronuncia su sentencia de condenación (13,1-2), una profecía que suscita naturalmente en sus discípulos una pregunta sobre el momento de este acontecimiento (13,3-4). El pasaje se divide naturalmente en dos secciones: la amenaza contra el Templo (13,1-2) y la pregunta de los discípulos (13,3-4).

• 13,1-2: Jesús -tras poner en dificultades a los sumos sacerdotes, escribas y ancianos en sus discusiones en el Templo (11,27-12,37), después de haberlos denunciado (12,38-40) y haber ensalzado el valor trascendente de la contribución de una pobre viuda al tesoro del Templo (12,41-44)- abandona ahora el santuario para no volver nunca a él (13,1a). El evangelista desea que esta salida se entienda como un acto de juicio contra el Templo, comparable a las descripciones veterotestamentarias de la divinidad que abandona ese edificio. En Ez 10, por ejemplo, la gloria de Dios se retira del Primer Templo antes de que sea destruido. Sin embargo, la salida condenatoria del Templo por parte de Jesús contrasta con el deseo evidente de un discípulo de detenerse y admirar sus magníficos edificios. Ese discípulo expresa su reverencia ante el esplendor de las edificaciones, que ciertamente abrumaba a las gentes. La respuesta de Jesús parece compartir entusiasmo al principio («¿Ves estas grandes construcciones?»: 13,2a). Pero cambia inmediatamente y pronuncia una profecía glacial de su destrucción: «No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea demolida» (13,2b). La profecía de Jesús es probablemente histórica en lo esencial porque está atestiguada en varios estratos independientes de la tradición evangélica y de los Hechos (cf. Mc 14,58 par; Jn 2,19; Hch 6,14), que manifiestan también una cierta incomodidad con la idea de un Jesús que amenaza al Templo. Es improbable, por tanto, que la Iglesia haya fabricado esta profecía.

Pero ¿qué había hecho mal el Templo, para que Jesús tuviera que amenazarlo con la destrucción? En nuestro pasaje Jesús no formula ninguna acusación explícita contra él, pero otras perícopas marcanas ayudan a suplir este hueco. Anteriormente en el relato, la maldición de Jesús de la higuera (11,12-14), que posteriormente se marchita (11,20-21), parecía simbolizar la inminente destrucción del Templo por Dios, ya que enmarcaba significativamente la acción de Jesús de «purificar» el santuario (11,15-19). Los pecados nombrados en ese último pasaje eran una actividad comercial que profanaba el recinto sagrado (cf. 11,15-16) y una actitud militantemente etnicista que transformaba el Templo de una «casa de oración para todas las naciones» en «una guarida de bandidos». Pero la profecía de la destrucción del santuario en el contexto presente debía entenderse probablemente como un juicio contra los dirigentes de Israel, sobre todo la jerarquía del Templo, por su rechazo a Jesús, como ocurre en Lc 19,44 y comúnmente en los Padres de la Iglesia.

• 13,3-4: La salida simbólica de Jesús del Templo y la profecía de su destrucción va seguida de una tercera acción amenazante: toma asiento en el monte de los Olivos, frente a la colina del Templo, y se vuelve para mirar hacia el edificio condenado a la destrucción (13,3a). La postura sedente va asociada en los textos bíblicos tanto con la enseñanza como con el juicio, y en 12,36 en particular va unida con el juicio contra los enemigos de Jesús. La proximidad a las palabras amenazantes de 13,2 y el matiz posiblemente negativo de «en frente» (también «contra») confirman esta vinculación.

Cuando Jesús se ha sentado en su silla de juez, se acercan a él en privado Pedro y su hermano Andrés, con Santiago y su hermano Juan, los mismos cuatro personajes que Jesús había elegido para que estuvieran con él al principio de su ministerio (1,16-20). Cerca de su final, pues, el ministerio de Jesús recapitula su principio. Estos cuatro discípulos más íntimos plantean una pregunta con doble objetivo: «¿Cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal cuando vayan a cumplirse todas estas cosas?» (13,4bc). La instrucción en privado encaja bien con el tema, los secretos del tiempo final.

Entonces, ¿cuándo ocurrirán «estas cosas»? La pregunta de los discípulos es un eco de una cuestión frecuentemente planteada en la literatura apocalíptica. La respuesta ofrecida a menudo es: a) pronto, y b) cuando se vean los signos siguientes… Para Marcos, los signos que Jesús cataloga en la primera parte del capítulo (13,5-23) ya han ocurrido, y este cumplimiento proporciona la seguridad de que los signos restantes, los acontecimientos cósmicos detallados en 13,24-27, ocurrirán en poco tiempo. Hay así una progresión dentro «de las últimas cosas», y este es el objetivo del presente capítulo 13, especificar esta progresión. El siguiente pasaje describirá la primera fase, el principio de «los dolores de parto» de la nueva era.

Comentario – Miércoles IV de Tiempo Ordinario

El evangelista sitúa a Jesús en su tierra, concretamente en Nazaret, en compañía de sus discípulos. Llegado el sábado, y según costumbre, Jesús acude a la sinagoga y en ese espacio tan tradicionalmente judío enseña como cualquier rabino a partir de los textos proclamados de las Sagradas Escrituras (en este caso, textos del AT). La multitud congregada, precisa san Marcos en sintonía con otros relatos evangélicos como el de Lucas, que lo oía con asombro, se preguntaba: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas, ¿no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él. Del asombro inicial pasan casi sin solución de continuidad a la desconfianza final. Todo, porque le conocían como el carpintero o como el hijo de María.

Es este conocimiento previo y pretérito el que les impide aceptarlo en el modo en que ahora se les presentaba, como el portador de una sabiduría asombrosa y como el autor de unas acciones milagrosas. La imagen todavía reciente del Jesús «carpintero» no les permite asimilar esta otra imagen, más actual, del Jesús «maestro y profeta». Les parece imposible que ambas imágenes puedan confluir en la misma persona. Por eso desconfían de lo que ven y de lo que oyen, sobreponiéndose a su inicial asombro, como si éste fuera fruto de una alucinación o un espejismo descartable como engañoso. Jesús era para sus paisanos alguien demasiado conocido (conocido incluso en su contexto familiar) como para ser «reconocido» ahora como profeta o portador del mensaje divino. Y la desconfianza provocada por ese conocimiento «natural» o familiar acabó degenerando en una atmósfera de frialdad hasta estallar en brotes de ira descontrolada, como nos recuerda el relato de san Lucas cuando alude al hecho de que quisieron despeñarlo por un barranco.

A ello contribuyeron sin duda las palabras del mismo Jesús, echándoles en cara su incredulidad y censurando su actitud: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. Se hacía realidad histórica la sentencia joánica en el marco de la Navidad: Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. Es históricamente constatable que Jesús encontró más oposición a su mensaje y actividad mesiánica entre sus paisanos y parientes. ¿Por qué? No hay otra razón que la del conocimiento parental o de paisanaje que actuaba como barrera o prejuicio difícil de superar. Sólo esto explica que un profeta sea menos apreciado o más despreciado en su tierra o en su casa. Y es que hay conocimientos que, sin ser falsos, pueden convertirse en un verdadero obstáculo para sucesivos reconocimientos. Aceptar a Jesús, el carpintero, como profeta era reconocer la verdad completa del que hasta entonces no se había manifestado en esta condición. Y todavía habrá lugar para nuevas manifestaciones de las que serán testigos sólo algunos privilegiados –como Pedro, Santiago y Juan en el monte de la Transfiguración-. En realidad, Jesús no se manifestará plenamente como Mesías e Hijo de Dios hasta el momento de la Resurrección.

Pero, sabiendo esto, que no desprecian a un profeta más que en su tierra, fue a su tierra, quizá para confirmar esta apreciación, y se extrañó de su falta de fe. La incredulidad de sus paisanos, personas relativamente próximas, le causa extrañeza. No obstante, la razón la había enunciado él mismo. Y no pudo hacer allí ningún milagro, exceptuando la curación de algunos enfermosResulta asombroso el poder fáctico que se concede a la incredulidad. Por falta de fe, Jesús no pudo hacer allí milagros. Y parece que le pidieron hacer los milagros que había hecho en Cafarnaúm y en otros lugares; pero no lo hicieron desde la fe, sino desde la desconfianza. Y es que la desconfianza tiene el poder de desactivar las fuerzas benéficas que se ofrecen en su beneficio. La incredulidad tiene el poder de desactivar la beneficencia del mismo Dios, no su capacidad de hacer el bien, que permanece inmutable, sino su concreta activación, su ejercicio.

Pero también aquí se pueden establecer diferencias. Hay faltas de fe, como las que Jesús encontró en sus discípulos –también hombres de poca fe-, superables y no paralizantes de su actividad benéfica y milagrosa. Dada nuestra fragilidad e ignorancia humanas, a Jesús no puede extrañarle nuestra falta de fe, pero quizá sí esa obstinación farisaica, casi «sobrehumana», a negarnos a reconocerle como al que viene de parte de Dios con un mensaje de salvación acompañado de efectos saludables. Si el Hijo de Dios se ha encarnado es para que el conocimiento «humano» de Jesús nos ayude a reconocerle como tal Hijo; pero puede suceder, y de hecho sucede, que tal conocimiento se convierta en un obstáculo para el reconocimiento de su plena realidad que implica el reconocimiento de su divinidad. Pero sin este supuesto la biografía de Jesús será siempre una página de nuestra historia no del todo explicada o insuficientemente entendida. Ojalá que el Señor derribe las paredes de nuestras desconfianzas y nos abra al horizonte inabarcable de la fe.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

264. Hoy reina una cultura de lo provisorio que es una ilusión. Creer que nada puede ser definitivo es un engaño y una mentira. Muchas veces «hay quien dice que hoy el matrimonio está “pasado de moda” […]. En la cultura de lo provisional, de lo relativo, muchos predican que lo importante es “disfrutar” el momento, que no vale la pena comprometerse para toda la vida, hacer opciones definitivas […]. Yo, en cambio, les pido que sean revolucionarios, les pido que vayan contracorriente; sí, en esto les pido que se rebelen contra esta cultura de lo provisional, que, en el fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, cree que ustedes no son capaces de amar verdaderamente»[146]. Yo sí tengo confianza en ustedes, y por eso los aliento a optar por el matrimonio.


[146] Encuentro con los voluntarios de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro (28 julio 2013):Insegnamenti, 1,2 (2013), 125.

Comentario Domingo V de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús, concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti. Haz que nos sea luz en el caminar de nuestra vida, fortaleza en la lucha diaria, nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia. AMEN.

 

Mt 5, 13-16

«13Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.

14Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. 15Tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino encima del candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. 16Alumbre así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Continúa el evangelio de Mateo. Después del relato anterior, el de las bienaventuranzas generales (5,3-10) y la última dirigida a los presentes (5,11-12), ahora el texto presenta unas comparaciones muy generales (sal, luz, ciudad) que tratan de destapar un comportamiento evidente: de la sal se espera que sale; de la luz, que alumbre; de la ciudad encumbrada en un monte, que se vea. Entonces, ¿qué se espera de un discípulo de Jesús? ¡Buenas obras! Esta pequeña sección de transición, sobre todo el versículo 16b (… para que vean vuestras buenas obras …) ha sido considerada el título para la gran sección Mt 5,17-48, donde se explica en profundidad lo que son “las buenas obras”.

 

TEXTO

El texto tiene una gran unidad de significado en base a tres comparaciones de Jesús: la sal, la luz, la ciudad, que giran en torno a la misma cuestión. Además está organizado en una estructura quiástica (a-b-c-c-b-a): hombres (vv. 13.16), luz (vv. 14.16), alumbrar (vv. 15.16). La estructura marca la lección del pasaje: ¡tiene que hacerse notar entre los demás nuestro ser discípulos! La articulación interna está marcada por dos entradas iguales: Vosotros sois, en las que se utiliza el pronombre personal “vosotros”, de por sí innecesario, pero que consigue impactar al lec- tor/oyente, enfatizando su implicación con este texto y lo que dice. Así, tendríamos dos partes: v. 13, por un lado; vv. 14-16, por otro. Pero todo el pasaje desemboca en la oración final del v. 16: “Para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”, que resulta el punto álgido de este evangelio.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Sobresalen los pronombres de segunda personal plural: vosotros (vv. 14.15) de vosotros (en la traducción castellana: en adjetivo vuestro/a/as) (v. 16). Se subraya con énfasis la implicación del oyente y le compromete por completo. Pero ese “vosotros” está en relación con los versículos anteriores: “Precisamente vosotros, que sois perseguidos y calumniados, sois la sal de la tierra” (cf. 5,11-12). Son palabras de Jesús para ti. ¿Son palabras de Jesús para ti?

• La sal es un condimento necesario e insustituible. Además de condimentar, purifica y conserva. La sal no es sal para sí misma, es sal para otra cosa (el alimento). Es una metáfora del discipulado en la vida del mundo: los discípulos no existen para sí mismos, sino para la tierra. ¿Hasta qué punto soy-somos sal que condimenta, purifica y conserva la vida que nos rodea?

• La luz (cf. Mt 4,16: Jesús como luz) es también fundamental para la vida y su desarrollo. La misión de Jesús es la misión de sus discípulos: hacer presente el reinado de Dios, la salvación y el amor de Dios. Para eso vino Jesús y para eso estamos los discípulos, porque no se enciende una luz para ocultarla de inmediato. ¿De qué manera alumbro “a los de casa”, a los que me rodean?

• Alumbra-Alumbre: ¡Del indicativo al imperativo! Nuestra luz son nuestras buenas obras. El sentido de estas debe entenderse desde las bienaventuranzas que preceden a las antítesis que siguen, y que escucharemos en próximos domingos. Pero no se especifican, sino que debemos preguntarnos, mirando al propio Jesús, qué hacer y cómo actuar para realizar nuestra misión de ser sal y luz. Pocos textos hay en el NT donde el honor de Dios sea la culminación del obrar cristiano y, a la vez, sea dependiente de este obrar: ¿Qué dirían/dicen de Dios quienes tratan con nosotros? ¿Qué les hacemos decir con nuestra forma de ser creyentes hoy?

• Padre: es la primera vez en el Sermón de la Montaña en que aparece LA característica fundamental de Dios en dicho sermón y en todo el evangelio de Mateo: Dios es, antes que nada y sobre todo, Padre: ¿qué consecuencias tiene para tu experiencia personal de Dios y para tu transmisión de la fe?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo V de Tiempo Ordinario

V Domingo del Tiempo Ordinario
9 febrero 2020

Isaías 58, 7-10; Salmo 111; 1 Corintios 2, 1-5; Mateo 5, 13-16

Ustedes son la sal…y la luz del mundo.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa. Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos’’.

Reflexión

¿Qué efecto tiene la sal en la comida? (Le mejora el sabor, lo puede preservar para que no se pudra, es importante para la salud…) ¿Qué dice Jesús que pasa si la sal se vuelve insípida? (Ya no sirve; se tira a la calle.) Jesús compara los discípulos a la sal. ¿Como son ellos sal de la tierra? (Igual que la sal mejora el sabor de la comida, los apóstoles, siendo mensajeros del amor de Jesús, con sus palabras y acciones, llevan felicidad, paz, y esperanza a las personas.) Jesús también dice que los apóstoles son la luz del mundo. ¿Cómo son ellos luz? (Otras personas, viendo las buenas obras y el amor de los apóstoles, dan gloria a Dios en los Cielos y buscan a Jesús.) ¿Cómo podemos nosotros ser sal de la tierra y luz del mundo llevando felicidad y paz a otros? Compartir.

Actividad

El faro alumbra la noche para que los barcos vean donde está la costa salvándolos de un choque que los pueda hundir y perder todo. Nosotros podemos ser luz que lleva a otros a Jesús, salvando sus almas. En la siguiente página, hay un faro para colorear. Cortar alrededor del faro y la tierra y dejar los rayos de la luz para colorear en amarillo. Pegar en papel negro en forma horizontal. En la otra página hay ejemplos de niños siendo luz para otros. Cortar, colorear, y pegar en la luz del faro los dibujos. Compartan como pueden ser luz para otros. También pueden jugar: sentar a los niños en un círculo y darles una vela. Poner la siguiente canción mientras los niños pasan la vela de uno a otro. Se apaga la música y el niño que tiene la vela tiene que decir como puede ser luz para otros en el mundo.

Oración

Mi Jesús, gracias por traer Tu Luz a este mundo. Ayúdame a conocerte más e imitarte mejor para que otros puedan ver Tu luz a través de mí. Te quiero mucho. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Sal de la tierra y luz del mundo – Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: – Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaran? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Explicación

Cuando Jesús proclamó las bienaventuranzas, dijo a los que le seguían y que estaban dispuestos a cumplirlas esta felicitación tan preciosa: «Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo». Pero también les advirtió que si la sal se vuelve sosa, eso es, si dejamos a un lado las bienaventuranzas, seríamos como esa sal que no sirve para nada.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

Quinto Domingo Ordinario “A” (Mt. 5, 13-16)

NARRADOR: El sermón de las Bienaventuranzas había impactado en los oyentes de Jesús. Fue el comentario de muchos días. Algunos lo intentaron y les resultó bastante difícil de cumplir. Otros, ni lo intentaron, porque Jesús tenía unas cosas… Por cierto ¿dónde está el Maestro?

DISCÍPULO1º: Ya se acerca… Veremos de qué nos habla hoy.

DISCÍPULO2º: ¿Sabes, Jesús, que toda la semana nos hemos esforzado por cumplir las bienaventuranzas?

JESÚS: Me parece muy bien. ¿Y cómo fue la experiencia?

DISCÍPULO1º: Así, así. Por eso pensamos que podías darnos algún consejo.

JESÚS: Amigos, sólo puedo deciros que si intentáis cumplir las bienaventuranzas, seréis felices y alcanzaréis el Reino de Dios.

DISCÍPULO2º: ¿Y si se nos olvidan, como a mí casi siempre?

JESÚS: Pero vamos a ver, ¿sois amigos míos o no?

DISCÍPULOS: ¡Sí!, ¡desde luego!, ¡no lo dudes!

JESÚS: Entonces, si sois mis amigos, también sois la sal de la tierra,¿y que pasa cuando la sal se vuelve sosa?

DISCÍPULO1º: Que no sirve para nada y hay que tirarla.

JESÚS: ¿Os dais cuenta de que no podéis olvidar mis palabras? Además vosotros sois la luz que ha de iluminar al mundo. ¿Se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte?

DISCÍPULO2º: No, imposible, se ve desde todas partes.

JESÚS: ¿Y para qué encenderíais una vela?

DISCÍPULO1º: Para ver las cosas y no tropezar con ellas. Para que nos alumbre a todos.

JESÚS: Así han de alumbrar vuestras buenas obras. Además, daréis testimonio y el Padre estará muy contento de vosotros.

NARRADOR: Y Jesús despidió a la gente y les mandó a ser sus testigos y manifestar las obras de Dios.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles IV de Tiempo Ordinario

La enseñanza en parábolas y la actuación prodigiosa en torno al lago de Galilea o Genesaret culminan con el retorno de Jesús al pueblo donde se había criado. Los habitantes de Nazaret quedan asombrados de sus sabias palabras y comienzan a preguntarse quién le ha enseñado y dónde ha aprendido todas esas cosas que explica.

Era costumbre en la reunión de la sinagoga que un lector leyera el texto de la Biblia, que hoy llamamos Antiguo Testamento y otro lo explicara. En este caso es el mismo Jesús quien lo lee. ¿De qué hablaba dicho texto? Según explica S. Lucas en su evangelio le entregaron el libro del profeta Isaías y, al desenrollarlo, encontró el pasaje que el mismo Jesús leyó y que decía: “ El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar una buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la liberación a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor”.

Los habitantes de Nazaret quedan asombrados de su explicación y empiezan a preguntarse por su identidad, como si después de 30 años de vivir en medio de ellos, no supieran quién era. Y su asombro termina en escándalo e incomprensión, porque buscan la respuesta en una dirección equivocada. Creen saber todo sobre Jesús, porque conocen a sus padres y familiares y le han visto trabajar como un joven más del pueblo.

No siempre las personas son lo que parecen, pues llevan dentro de sí riquezas, que no consiguen descubrir quienes sólo se dejan llevar por las apariencias o por lo que dice la gente. No habían captado todavía el “secreto de la persona de Jesús”. Y lo que decía y hacía les resultaba escandaloso. “Jesús les decía: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe”.

Para sus vecinos Jesús no había estudiado, había crecido como un muchacho más del pueblo y, por tanto, escucharle hablar de esa manera y enseñar como un maestro les resultaba sospechoso. ¡Qué difícil es juzgar correctamente a las personas! Los prejuicios nos llevan siempre a pensar lo peor y a descalificar a quien se aparta de nuestras ideas y gustos.

En este día 5 de febrero la liturgia nos recuerda también a Santa ÁGUEDA, joven mártir muy querida y festejada sobre todo en las zonas rurales de España. Ella dio gran testimonio de fe con su martirio en la época de los emperadores romanos. Según se cuenta, aquellos hombres tan poderosos no tenían como meta hacer mártires, sino “deshacer cristianos”. Pero con Águeda no lo consiguieron.

El martirio tuvo lugar en la isla de Sicilia, en Italia. El procónsul Quinciano, representante del emperador, la increpa ásperamente:

-«Pero tú, ¿de qué raza eres?”

-“Aunque soy de familia noble y rica, mi alegría es ser sierva y esclava de Jesucristo. No puedo callar el nombre de Aquel que estoy invocando dentro de mi corazón”.

Águeda hizo honor a su nombre, que significa «buena»: ella fue en verdad buena por su identificación con Jesús fuente de todo bien y fuerza de los mártires. Han pasado los siglos, pero el pueblo cristiano no la olvida.

Carlos Latorre, cmf