Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 1-4

«131Y, al salir del Templo, le dice uno de sus discípulos: “Maestro, ¡mira qué piedras y qué construcciones!”. 2Y Jesús le dijo: “¿Ves estas grandes construcciones? No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea demolida”.

3Y, estando sentado en el monte de los Olivos frente al Templo, le preguntaban en privado Pedro y Santiago y Juan y Andrés: 4“Dinos: ¿cuándo serán esas cosas y cuál [será] la señal cuando vayan a cumplirse todas estas cosas?”.

El Templo ha proporcionado el contexto para la mayor parte de la narración de Marcos desde la entrada de Jesús en Jerusalén en 11,1-11; lo ha «observado» (11,11), «purificado» (11,15-19) y ha discutido continuamente en él (11,27-12,44). Ahora Jesús lo abandona, para no volver jamás, y pronuncia su sentencia de condenación (13,1-2), una profecía que suscita naturalmente en sus discípulos una pregunta sobre el momento de este acontecimiento (13,3-4). El pasaje se divide naturalmente en dos secciones: la amenaza contra el Templo (13,1-2) y la pregunta de los discípulos (13,3-4).

• 13,1-2: Jesús -tras poner en dificultades a los sumos sacerdotes, escribas y ancianos en sus discusiones en el Templo (11,27-12,37), después de haberlos denunciado (12,38-40) y haber ensalzado el valor trascendente de la contribución de una pobre viuda al tesoro del Templo (12,41-44)- abandona ahora el santuario para no volver nunca a él (13,1a). El evangelista desea que esta salida se entienda como un acto de juicio contra el Templo, comparable a las descripciones veterotestamentarias de la divinidad que abandona ese edificio. En Ez 10, por ejemplo, la gloria de Dios se retira del Primer Templo antes de que sea destruido. Sin embargo, la salida condenatoria del Templo por parte de Jesús contrasta con el deseo evidente de un discípulo de detenerse y admirar sus magníficos edificios. Ese discípulo expresa su reverencia ante el esplendor de las edificaciones, que ciertamente abrumaba a las gentes. La respuesta de Jesús parece compartir entusiasmo al principio («¿Ves estas grandes construcciones?»: 13,2a). Pero cambia inmediatamente y pronuncia una profecía glacial de su destrucción: «No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea demolida» (13,2b). La profecía de Jesús es probablemente histórica en lo esencial porque está atestiguada en varios estratos independientes de la tradición evangélica y de los Hechos (cf. Mc 14,58 par; Jn 2,19; Hch 6,14), que manifiestan también una cierta incomodidad con la idea de un Jesús que amenaza al Templo. Es improbable, por tanto, que la Iglesia haya fabricado esta profecía.

Pero ¿qué había hecho mal el Templo, para que Jesús tuviera que amenazarlo con la destrucción? En nuestro pasaje Jesús no formula ninguna acusación explícita contra él, pero otras perícopas marcanas ayudan a suplir este hueco. Anteriormente en el relato, la maldición de Jesús de la higuera (11,12-14), que posteriormente se marchita (11,20-21), parecía simbolizar la inminente destrucción del Templo por Dios, ya que enmarcaba significativamente la acción de Jesús de «purificar» el santuario (11,15-19). Los pecados nombrados en ese último pasaje eran una actividad comercial que profanaba el recinto sagrado (cf. 11,15-16) y una actitud militantemente etnicista que transformaba el Templo de una «casa de oración para todas las naciones» en «una guarida de bandidos». Pero la profecía de la destrucción del santuario en el contexto presente debía entenderse probablemente como un juicio contra los dirigentes de Israel, sobre todo la jerarquía del Templo, por su rechazo a Jesús, como ocurre en Lc 19,44 y comúnmente en los Padres de la Iglesia.

• 13,3-4: La salida simbólica de Jesús del Templo y la profecía de su destrucción va seguida de una tercera acción amenazante: toma asiento en el monte de los Olivos, frente a la colina del Templo, y se vuelve para mirar hacia el edificio condenado a la destrucción (13,3a). La postura sedente va asociada en los textos bíblicos tanto con la enseñanza como con el juicio, y en 12,36 en particular va unida con el juicio contra los enemigos de Jesús. La proximidad a las palabras amenazantes de 13,2 y el matiz posiblemente negativo de «en frente» (también «contra») confirman esta vinculación.

Cuando Jesús se ha sentado en su silla de juez, se acercan a él en privado Pedro y su hermano Andrés, con Santiago y su hermano Juan, los mismos cuatro personajes que Jesús había elegido para que estuvieran con él al principio de su ministerio (1,16-20). Cerca de su final, pues, el ministerio de Jesús recapitula su principio. Estos cuatro discípulos más íntimos plantean una pregunta con doble objetivo: «¿Cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal cuando vayan a cumplirse todas estas cosas?» (13,4bc). La instrucción en privado encaja bien con el tema, los secretos del tiempo final.

Entonces, ¿cuándo ocurrirán «estas cosas»? La pregunta de los discípulos es un eco de una cuestión frecuentemente planteada en la literatura apocalíptica. La respuesta ofrecida a menudo es: a) pronto, y b) cuando se vean los signos siguientes… Para Marcos, los signos que Jesús cataloga en la primera parte del capítulo (13,5-23) ya han ocurrido, y este cumplimiento proporciona la seguridad de que los signos restantes, los acontecimientos cósmicos detallados en 13,24-27, ocurrirán en poco tiempo. Hay así una progresión dentro «de las últimas cosas», y este es el objetivo del presente capítulo 13, especificar esta progresión. El siguiente pasaje describirá la primera fase, el principio de «los dolores de parto» de la nueva era.