Vísperas – Pablo Miki y compañeros

VÍSPERAS

SAN PABLO MIKI Y COMPAÑEROS, mártires

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Espíritus sublimes, ¡oh mártires gloriosos!,
felices moradores de la inmortal Sión,
rogad por los que luchan en las batallas recias,
que alcancen la victoria y eterno galardón.

¡Oh mártires gloriosos de rojas vestiduras,
que brillan con eternos fulgores ante Dios!
Con vuestro riego crezca de Cristo la semilla,
y el campo de las mieses se cubra ya en sazón. Amén.

SALMO 143: ORACIÓN POR LA VICTORIA Y LA PAZ

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienchechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

SALMO 143

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Alegraos, justos, y gozad con el Señor.
V/ Alegraos, justos, y gozad con el Señor.

R/ Aclamadlo, los de corazón sincero.
V/ Y gozad con el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Alegraos, justos, y gozad con el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y porque le amaron hasta derramar su sangre reinan con el Señor eternamente.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y porque le amaron hasta derramar su sangre reinan con el Señor eternamente.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
— Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
— Te glorificamos, Señor

Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
— Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina;
— Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
— Te glorificamos, Señor

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, fortaleza de todos los santos, que has llamado a san Pablo Miki y a sus compañeros a la vida eterna por medio de la cruz, concédenos, por su intercesión, mantener con vigor, hasta la muerte, la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves IV de Tiempo Ordinario

1) Oración

Señor: concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda, también, a todos los hombres. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Marcos 6,7-13
Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.» Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.» Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

3) Reflexión

• El Evangelio de hoy continúa el de ayer. El paso por Nazaret fue doloroso para Jesús. Fue rechazado por su misma gente (Mc 6,1-5). Lo que antes era su comunidad, ahora ha dejado de serlo. Algo cambió. A partir de este momento, como informa el Evangelio de hoy, Jesús empieza a andar por los poblados de Galilea para anunciar la Buena Nueva (Mc 6,6) y a enviar a los doce en misión. En los años 70, época en la que Marcos escribe su evangelio, las comunidades cristianas vivían una situación difícil, sin horizonte. Humanamente hablando, no había futuro para ellas. En el 64, Nerón empezó a perseguir a los cristianos. En el 65, estalló la rebelión de los judíos de Palestina contra Roma. En el 70, Jerusalén fue totalmente destruida por los romanos. Por eso, la descripción del envío de los discípulos, después del conflicto en Nazaret, era fuente de luz y de ánimo para los cristianos.
• Marcos 6,7. El objetivo de la Misión. El conflicto creció y tocó de cerca a la persona de Jesús. ¿Cómo reacciona? De dos maneras. a) Ante la cerrazón de la gente de su comunidad, Jesús deja Nazaret y empieza a recorrer los poblados de los alrededores (Mc 6,6). b) Expande la misión e intensifica el anuncio de la Buena Nueva llamando a otras personas para implicarlas en la misión. “Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos”. El objetivo de la misión es sencillo y profundo. Los discípulos participan de la misión de Jesús. No pueden ir solos, sino que deben ir de dos en dos, pues dos personas representan mejor la comunidad que una sola, y se pueden ayudar mutuamente. Reciben poder sobre los espíritus impuros, esto es, deben aliviar el sufrimiento de la gente y, a través de la purificación, deben abrir las puertas de acceso directo a Dios.
• Marcos 6,8-11. Actitudes que hay que tomar en la misión. Las recomendaciones son sencillas: “Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino:”Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.» Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.». Y ellos se fueron. Es el comienzo de una nueva etapa. Ahora ya no es sólo Jesús, sino todo el grupo va a anunciar la Buena Nueva de Dios al pueblo. Si la predicación de Jesús ya causaba conflicto, cuanto más ahora, con la predicación de todo el grupo. Si el misterio ya era grande, ahora va a ser mayor aún con la misión intensificada.
• Marcos 6,12-13. El resultado de la misión. “Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”. Anunciar la Buena Nueva, provocar la conversión o mudanza en las personas y aliviar el dolor de la gente, curando las dolencias y expulsando los males.
• El envío de los discípulos en Misión. En el tiempo de Jesús había otros movimientos de renovación. Por ejemplo, los esenios y los fariseos. Ellos también buscaban una nueva manera de vivir en comunidad y tenían a sus misioneros (Cf. Mt 23,15). Pero cuando iban en misión, iban prevenidos. Llevaban bolsa y dinero para cuidar de su propia comida. Desconfiaban de la comida de la gente porque no era siempre ritualmente “pura”. Al contrario de los otros misioneros, los discípulos y las discípulas de Jesús reciben recomendaciones diferentes que ayudan a entender los puntos fundamentales de la misión de anunciar la Buena Nueva, que reciben de Jesús y que es también nuestra misión:
a) Debían ir sin nada. No podían llevar nada, ni bolsa, ni cintura, ni bastón, ni pan, ni sandalias, ni tener dos túnicas. Esto significa que Jesús nos obliga a confiar en la hospitalidad. Pues aquel que va sin nada, va porque confía en la gente y cree que la gente va a recibirlo. Con esta actitud criticaban las leyes de exclusión, enseñadas por la religión oficial, y por medio de la nueva práctica, mostraban que tenían otros criterios de comunidad.
b) Debían comer lo que la gente les daba. No podían vivir separados con su propia comida, sino que debían sentarse con los demás, en la mesa (LC 10,8). Esto significa que, en el contacto con la gente, no debían tener miedo a perder la pureza tal como era enseñada en la época. Con esta actitud criticaban las leyes de la pureza en vigor y por medio de la nueva práctica, mostraban que tenían otro acceso a la pureza, esto es, a la intimidad con Dios.
c) Debían quedarse hospedados en la primera casa en que fueran acogidos. Debían convivir de manera estable y no andar de casa en casa. Debían trabajar como todo el mundo y vivir de lo que recibían en cambio, “pues el obrero merece su salario” (Lc 10,7). Con otras palabras, ellos debían participar de la vida y del trabajo de la gente, y la gente los acogería en su comunidad y compartiría con ellos su comida. Significa que debían confiar en el compartir.
d) Debían sanar a los enfermos, curar a los leprosos y expulsar los demonios (Lc 10,9; Mc 6,7.13; Mt 10,8). Debían ejercer la función de “defensor” (goêl) y acoger para dentro del clan, dentro de la comunidad, a los que vivían excluidos. Con esta actitud criticaban la situación de desintegración de la vida comunitaria y apuntaban hacia salidas concretas.
Estos eran los cuatro puntos básicos que debían animar la actitud de los misioneros y de las misioneras que anunciaban la Buena Nueva de Dios en nombre de Jesús: hospitalidad, comunión alrededor de la mesa, compartir con los excluidos y acogerlos. Una vez que hubiesen cumplido con esas cuatro exigencias, tenían que gritar a los cuatro vientos: “¡El Reino ha llegado!” (cf. Lc 10,1-12; 9,1-6; Mc 6,7-13; Mt 10,6-16). Pues el Reino de Dios que Jesús nos reveló no es una doctrina, ni un catecismo, ni una ley. El Reino de Dios acontece y se hace presente cuando las personas, motivadas por su fe en Jesús, deciden vivir en comunidad para, así, dar testimonio y revelar a todos que Dios es Padre y Madre y que, por consiguiente, nosotros, los seres humanos, somos hermanos y hermanas, del Reino, del amor de Dios como Padre, que nos hace a todos hermanos y hermanas.

4) Para la reflexión personal

• ¿Tú participas de la misión como discípulo o discípula de Jesús?
• ¿Cuál es el punto de la misión de los apóstoles que tiene más importancia hoy para nosotros? ¿Por qué?

5) Oración final

¡Grande es Yahvé y muy digno de alabanza!
En la ciudad de nuestro Dios
está su monte santo,
hermosa colina,
alegría de toda la tierra. (Sal 48,1-2)

La alegría del cristiano tiene su fundamento en Dios (Alegría)

Es un cielo, si le puede haber en la tierra, para quien se contenta con solo contentar a Dios y no hacer caso de contento suyo. En queriendo algo más lo perderá todo; y alma descontenta es como quien tiene gran hastío, que por bueno que sea el manjar le da en rostro, y lo que los sanos comen con gran gusto le hace asco en el estómago (Santa Teresa, Camino de perfección, 13, 7).

Nuestro Salvador ha nacido hoy; alegrémonos. No puede haber, en efecto, lugar para la tristeza, cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa. Que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos; nuestro Señor, en efecto, vencedor del pecado y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca la recompensa; regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida (San León Magno, Sermón 1, en la Natividad del Señor).

No dijo San Pablo que el reino de Dios consistía en la alegría de una manera general y absoluta, sino que precisa y específica que se trata de una alegría o gozo en el Espíritu Santo. El sabía de sobra que existe otra alegría, una alegría reprensible de la cual está escrito: El mundo se alegrará ¡Ay de vosotros, los que ahora reís, porque lloraréis! (Lc 6, 25; Jn 16, 20) (Casiano, Colaciones, 1, 14).

[…] sólo de Él, cada uno de nosotros puede decir con plena verdad, junto con san Pablo: Me amó y se entregó por mí (Ga 2, 20). De ahí debe partir vuestra alegría más profunda, de ahí ha de venir también vuestra fuerza y vuestro sostén. Si vosotros, por desgracia, debéis encontrar amarguras, padecer sufrimientos, experimentar incomprensiones y hasta caer en pecado, que rápidamente vuestro pensamiento de fe se dirija hacia Aquel que os ama siempre y que con su amor ilimitado, como de Dios, hace superar toda prueba, llena todos nuestros vacíos, perdona todo nuestro pecado y empuja con entusiasmo hacia un camino nuevamente seguro y alegre (Juan Pablo II, Disc. IIII 1980).

Al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor […]. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros subimos de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso? (San León Magno, Sermón 1, en la Natividad).

¿No hay alegría?- Piensa: hay un obstáculo entre Dios y yo. – Casi siempre acertarás. (J. Escrivá de Balaguer, Camino, 662).

Perdemos la alegría verdadera por el deleite de las cosas temporales (San Gregorio Magno, Hoy, 2 sobre los Evangelios).

Nada hay más infeliz que la felicidad de los que pecan. (San Agustín, Catena Aurea, vol 1, p 325).

Comentario – Jueves IV de Tiempo Ordinario

El envío para la misión es un acto constituyente que forma parte de la actividad mesiánica de Jesús tal como ponen de relieve los relatos evangélicos. Cristo no podía dejar que su misión se agotara con su propia existencia histórica. Por eso elige de entre sus discípulos a doce, los Doce, y les forma para el apostolado, haciendo de ellos apóstoles (de apostello = enviar) o enviados para prolongar su misión en el tiempo. A esta formación para el apostolado pertenecen ensayos como el que refiere el texto de Marcos que nos proponemos comentar. Nos dice el evangelista que, en cierta ocasión, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.

Los Doce forman ya un grupo bien definido. Son esos discípulos de Jesús que están con él de modo más o menos permanente, que suelen acompañarle a todas partes y que reciben enseñanza en privado o personalizada. En un determinado momento, cuando lo creyó oportuno, reunió a esos Doce y los fue enviando de dos en dos a una experiencia misionera. El envío hace de ellos enviados, es decir, apóstoles. Pero semejante envío iba acompañado de una autoridad, que implicaba una potestad –no hay autoridad sin potestad para su ejercicio- sobre los espíritus inmundos. Semejante autoridad no entrañaba únicamente la ejecución de ciertos exorcismos o la actuación sobre los endemoniados. Su misión no consistía sólo en esto. Tener autoridad sobre los espíritus inmundos era aplicarse a una tarea de mayor alcance, una tarea que consistía ante todo en extender el Reino de Dios debilitando el dominio de las fuerzas del mal en todas sus expresiones (enfermedad, pecado, posesión diabólica) y ganando terreno a estas fuerzas instaladas en el mundo.

Para esta misión itinerante no necesitaban más que la palabra y los descansos necesarios para reponer fuerzas. Los elementos prescindibles que nos suelen acompañar en la vida ordinaria podían convertirse en un obstáculo o en una distracción, o al menos en cosas inservibles para la misión a la que eran enviados. Por eso les encarga que prescindan de todo lo que es prescindible. Además, así aprenderán a vivir de la providencia divina, que se cuida de que a su apóstol no le falte el sustento ni el descanso necesarios. Ello explica las instrucciones que les da: Les encargó –dice el evangelio- que llevaran para el camino un bastón (el bastón del peregrino que es tan frecuente ver en las largas caminatas y peregrinaciones a pie) y nada máspero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Parece que Jesús tiene especial interés en ver a sus «misioneros» salir a la misión «despojados de todo», hasta de lo que en la vida ordinaria parece necesario, pero que en tiempos de misión resulta superfluo, como el pan del día, o los víveres almacenados en la alforja, o el dinero suelto para las compras más elementales. De lo necesario para la vida de cada día ya se ocupa el mismo Dios, que alimenta a las aves del cielo y viste con todo esplendor a los lirios del campo, y que vela por las necesidades de sus elegidos y enviados. Ya habrá quienes les procuren el pan y la casa a estos misioneros que no necesitan siquiera llevar una túnica de repuesto. Los que se dejen captar por el mensaje del Reino les repondrán de lo necesario. ¿A qué preocuparse, por tanto, de estos utensilios o de este equipaje que resta libertad para moverse con ligereza y diligencia en los asuntos propios de la misión?

Estas recomendaciones no son, sin embargo, las de un lunático insensato e inconsciente que vive en la inopia y carece del más mínimo sentido de la realidad, dado que no es capaz de advertir las necesidades del hombre en su condición terrestre. Él sabe muy bien que sus apóstoles necesitarán no sólo de bastón para el camino, sino también de casa para descansar y de pan para comer. Por eso, añade: Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Jesús les asegura, por tanto, que encontrarán casas donde reposar, casas donde serán bien acogidos, porque siempre habrá puertas que se abran y acojan a los enviados de Dios. Pues bien, les dice que aprovechen esas ofertas y permanezcan en la casa que les haya acogido, y que disfruten de la estancia y agradezcan la hospitalidad que les dispensen, y que a cambio les dejen el regalo de la paz (ese conjunto de bienes salvíficos) de la que ellos son portadores de parte de Dios.

Porque el obrero merece su salario. Y cuando un «lugar» no les reciba –que también sucederá- ni les escuche –a él tampoco lo recibieron ni escucharon en muchos lugares-, que no se extrañen, porque el miedo, la desconfianza y la ingratitud son también patrimonio humano y ellos habrán de experimentarlo en sus propias carnes; que simplemente se sacudan el polvo de los pies en señal de disconformidad o desaprobación, como si no quisieran compartir con los moradores del lugar ni siquiera el polvo del terreno que se pega a los pies de todos los que transitan por él. De esta manera pondrán de manifiesto su culpa, es decir, su desprecio, su cerrazón, su falta de apertura al don de Dios que no se hace perceptible sino a través de sus mediaciones humanas. Por eso, despreciando a sus enviados (sus mediaciones) podemos estar substrayéndonos al mismo Dios: el que a vosotros recibe a mí me recibe; el que a vosotros rechaza a mí me rechaza. Esta es la lógica de Dios, que pasa por la aceptación de sus mediaciones. Y las mediaciones, siendo humanas o mundanas, son siempre imperfectas; y hasta vulgares nos pueden parecer. Pero no por eso dejan de ser «mediaciones de Dios», es decir, cauces a través de los cuales Dios se nos comunica.

Aquellos discípulos, respondiendo al envío, salieron a predicar la conversión (al mensaje del Reino), echaban muchos demonios (dando muestras de la potestad recibida), ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban (confirmando así la eficacia de su palabra o la fuerza de la autoridad con la que habían sido investidos). Sus obras eran el mejor refrendo de la autoridad con la que Jesús les había dotado para la misión. Los enviados habían recibido del enviante su misma potestad de operar sobre la enfermedad y los demonios en bien del hombre oprimido, pero llamado a participar de los bienes mesiánicos del Reino de los cielos.

Aquella misión fue, sin embargo, un ensayo de lo que habría de consolidarse después como misión de la Iglesia, y aquel envío, un esbozo del mandato misionero posterior a la resurrección del Señor: Id por todo el mundo y proclamad el evangelio a toda la creación… La misión de la Iglesia brota de la misión de Jesús, y tiene como fin prolongar en el tiempo lo iniciado por el Cristo o dar continuidad a lo sembrado por el Mesías en nuestra tierra: contribuir al acrecentamiento del Reino de Dios.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

265. Es necesario prepararse para el matrimonio, y esto requiere educarse a sí mismo, desarrollar las mejores virtudes, sobre todo el amor, la paciencia, la capacidad de diálogo y de servicio. También implica educar la propia sexualidad, para que sea cada vez menos un instrumento para usar a los demás y cada vez más una capacidad de entregarse plenamente a una persona, de manera exclusiva y generosa.

El mejor testimonio es nuestra vida

1.- Dos Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta entraron en la choza de un anciano que vivía solo. Al limpiar la casita encontraron una lámpara de cobre muy bonita, pero llena de polvo. Cuando la limpiaron pudieron comprobar que era preciosa. Una de las Hermanas preguntó al anciano: «¿Por qué no enciende la lámpara?». «¿Para qué, respondió, si nadie viene a verme?». Las Hermanas se comprometieron a visitarle todas las semanas y siempre se encontraban la lámpara encendida. Un buen día vieron a su llegada que la lámpara estaba apagada. Se lo dijeron y el anciano, feliz y lleno de paz, contestó: «Hermanas, ya no necesito encender más lámparas, porque en mi corazón ustedes han encendido una llama más viva».

2.- Cuando Jesús nos dice en este evangelio que «alumbre así vuestra luz a los hombres» está hablando de la lámpara de nuestro corazón, que se manifiesta en las buenas obras. La luz es para el otro. Con ella se ve, se puede caminar, ocultarla no tiene sentido. ¿Qué hacemos con la luz que el amor de Dios pone en nuestro corazón? Si la guardamos para nosotros termina apagándose, es como meterla debajo de la cama. La historia de arriba puede parecer muy simple, la típica historia con final feliz; sin embargo es real como la vida misma. Cada gesto de amor de una madre, cada detalle que demuestran los voluntarios que se han trasladado al sudeste asiático, cada gesto abnegado de los jóvenes que visitan a los ancianos en las residencias, encienden el corazón de las personas y hacen que ellas sean capaces de encender a los demás. Recuerdo la imagen de Forrest Gump cuando el protagonista de la película se acerca al teniente Dan postrado en su silla de ruedas. En un principio éste le rechaza, pero después el teniente nota que por lo menos hay alguien que se preocupa por él de verdad. Y acaba recobrando la alegría de vivir. Al final de la película aparece con unas piernas ortopédicas que le permiten andar. Se ha convertido en una nueva persona. Forrest ha sido su lámpara…..

3.- La sal sirve para conservar y para dar sabor. Para ello debe dejar el salero y disolverse en los alimentos. Así debe ser el cristiano: conservar la fe que ha recibido para transmitirla a los demás, deshacerse en favor del otro, darse por entero saliendo de sí mismo. Así podrá alegrar y dar sabor a este mundo triste y soso. Debemos preguntarnos si como cristianos transmitimos optimismo y vida o más bien tristeza y malhumor, como si ser seguidor de Cristo estuviera reñido con amor a la vida. Así los que nos contemplen dirán que no merece la pena ser cristiano, sobre todo se observan nuestra forma de celebrar la Eucaristía. ¿Acaso se nota que estamos celebrando una fiesta? También debemos preguntarnos si con nuestra forma de vivir somos transformadores de la sociedad en que vivimos. En el texto de Isaías, escrito en la época del post-exilio, se expresa claramente cuál es la voluntad de Dios para este mundo: «parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que está desnudo, y no te cierres a tu propia carne». El principal problema de la humanidad es la pobreza: la miseria material de masas de indigentes y la pobreza espiritual de tantas personas miserables que no saben compartir su riqueza material. Sólo nuestro testimonio será creíble si somos consecuentes en nuestra manera de actuar para que los alejados «vean nuestras buenas obras». ¿Por qué nuestra sociedad valora la labor realizada por Cáritas y, en cambio, es crítica con ciertas formas de presentarse la Iglesia en nuestro mundo? Obremos, dice San Agustín, en su comentario a este evangelio, «de tal manera que busquemos la gloria de Dios en quienes nos vean y nos imiten, y caigamos en la cuenta de que si él no nos hubiera hecho así, nada seríamos». Porque está claro que el mejor testimonio es nuestra propia vida.

José María Martín OSA

Vosotros sois la luz del mundo

«Vosotros sois la sal de la tierra. Si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará? Para nada vale ya, sino para tirarla a la calle y que la gente la pise». «Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada en la cima de un monte no puede ocultarse. No se enciende una lámpara para ocultarla en una vasija, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los que están en casa. Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos».


Mateo 5, 13-16

PARA MEDITAR

Cuando Jesús dice que vosotros sois la Sal de tierra y la Luz del mundo se refiere a cada uno de nosotros. No habla en general, nos lo dice a cada uno de nosotros. Jesús nos llama a cada uno de nosotros por su nombre. Y no lo hace para los más valientes o echados palante…

Lo que nosotros podemos hacer como creyentes entre nuestros amigos, familias, compañeros del cole o vecinos no lo puede hacer otra persona. En el partido de fútbol de la fe no hay suplentes.

Todos jugamos en el equipo titular. Todos somos importantes y necesarios. Y Jesús cuenta con todos nosotros.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿Alguna vez has sido sal o luz para los demás? Escribe tu experiencia.
  • ¿Cómo podemos los creyentes ser luz o sal para los demás? ¿Qué espera este mundo de la Iglesia y de los cristianos?
  • Toma un compromiso para darle sal y luz a la vida de alguna persona que conozcas.

ORACIÓN

No podemos, Señor, seguir viviendo
de forma mortecina.
Es imposible tener una existencia gris,
sabiendo que Tú nos invitas a ser luz.
En este mundo nuestro,
de apagones y confl ictos,
hemos de ser luz y antorcha
que facilite el camino.
Nos invitas a iluminar otras vidas,
pues de la nuestra Tú te ocupas
cada vez que vamos a Ti
cansados y agobiados…
Tú nos descansas y sosiegas.
Tú nos recuerdas el sentido de la vida
y cuánto nos necesita el mundo.
Señor, no nos dejes hacernos insípidos, mediocres,
con una vida carente de sentido.
No nos dejes caer en esa vida loca
que nos arrastra a todos:
tener, correr, acumular, competir
Sala nuestro corazón con tu Amor.

Cristianos apagados

No podemos, Señor, seguir viviendo
de forma mortecina.
Es imposible tener una existencia gris,
sabiendo que Tú nos invitas a ser luz.
En este mundo nuestro,
de apagones y conflictos,
hemos de ser luz y antorcha
que facilite el camino.

Nos invitas a iluminar otras vidas,
pues de la nuestra Tú te ocupas
cada vez que vamos a Ti
cansados y agobiados…
Tú nos descansas y sosiegas.
Tú nos recuerdas el sentido de la vida
y cuánto nos necesita el mundo.

Señor, no nos dejes hacernos insípidos,
mediocres,
con una vida carente de sentido.
No nos dejes caer en esa vida loca
que nos arrastra a todos:
tener, correr, acumular, competir
Sala nuestro corazón con tu Amor.

Hoy nos ponemos ante Ti
para que seas el motor de nuestra vida,
para que enciendas nuestros corazones
con tu fuerza,
para que sales nuestra vida
con tu dinamismo,
para que nos renueves y fortalezcas
y después nos lances a ser luz
y sal de la tierra.

Gracias por contar con nosotros,
gracias, Señor, por hacernos
tus compañeros de tarea,
gracias por haberte hecho el encontradizo
y mantenernos a tu lado, en tu Iglesia.
Tú nos llamaste a cada uno
y nos pusiste en misión.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo V Tiempo Ordinario

• «La sal» (13) sirve para dar sabor a los alimentos y para conservarlos. Jesús, aquí, poniendo el acento en la función de la sal, remarca que «si se vuelve sosa» ya no sirve. Y lo refiere a los discípulos: lo son si están en relación con «el mundo», con su testimonio y con el anuncio del Evangelio; si pierden esto, pierden su identidad, pierden lo que les hace ser discípulos, porque el Maestro está en medio del mundo.

• Joseph Cardjin, el fundador de la JOC, mezcla esta imagen de la «sal» con otra parábola de Jesús, la de la levadura dentro de la masa (Mt 13,33). Esto ayuda a dibujar al militante como a la persona cuya identidad es estar en medio del mundo. Dice: Poned junto a vuestra sopa, ni que sea sólo a un milímetro, toda la sal que queráis: ¡la sopa no será jamás salada! Pasa lo mismo con la levadura y la masa.

• La imagen de «la luz del mundo» (14) aplicada aquí a los discípulos. Jesús se lo aplica a sí mismo, en el Evangelio según Juan (Jn 8,12); hay una identificación entre Jesús y los discípulos.

• «Una ciudad puesta en lo alto de un monte» (14) puede ser una referencia a Jerusalén que, en el Antiguo Testamento (Is 60,1- 3), es signo de la luz que viene de Dios y es llamada a transmitir esta luz a los demás pueblos. Así, aplicada a los discípulos, la imagen indica que éstos tienen que ser testimonios visibles de alguien que no son ellos mismos: y que lo tienen que ser para «la gente» (16), especialmente para aquellos que aún no conocen la luz verdadera que alumbra a todo hombre (Jn 1,6-10).

• «Una vela» (15), en la Palestina de los tiempos de Jesús, ilumina «a todos los de casa», porque las casas acostumbran a tener una sola habitación. «Un celemín» (15) es un recipiente para calcular volúmenes de sólidos y líquidos.

• La imagen de «una vela» bajo «un celemín» (15) sugiere, inmediatamente, que los dos instrumentos han perdido su utilidad. Aplicada a los discípulos, la imagen apunta al comportamiento, a la vida concreta, a la práctica cotidiana, a lo que se «ve» porque estás vivo: es esto lo que será referencia para «la gente» (16), lo que les dará «luz» o, al contrario, lo que les manifestará que su vida es tan absurda como una vela encendida y tapada.

• El testimonio de los discípulos de Jesucristo, por tanto, se realiza a través de su propia manera de vivir -«vuestras buenas obras» (16)- y en la relación de tú a tú. Es la propia experiencia de la fe la que comunica el Evangelio- la fe. Y esta «luz» hará posible que la persona que la percibe pueda descubrir la presencia de Dios en «el mundo», en la vida. «Una fe sólo se prende en otra fe», como una llama sólo se prende por otra llama. Este fue el mensaje de la encíclica Evangelii Nuntiandi (n. 46).

• El objetivo de ser «sal», de ser «luz» (y de ser «levadura») es siempre «la glorificación del Padre del cielo» (16) (también lo dice 1Pe 2, 12). El mismo Evangelio de Mateo se encarga de advertir que esto no se tiene que entender mal: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial (Mt 6, 1). La sencillez, la acción constante (el trabajo escondido, no tapado), pues, son condición de la misión evangelizadora de la Iglesia, de los discípulos de Cristo. Ésta es la «luz» que el «mundo» necesita. Y ésta es la misión que nunca recibirá los aplausos que recibe un buen espectáculo, sino que la única «recompensa» válida, la de vivir dichosos en la pobreza (Mt 5, 3-12) participando ya ahora del Reino que el Pare ofrece generosamente a todo aquel que lo quiera acoger.

Comentario al evangelio – Jueves IV de Tiempo Ordinario

El grupo de los doce apóstoles estuvo con Jesús preparándose para predicar y sanar a los enfermos. Han estado ya un tiempo largo con él viendo su modo de actuar. Ahora Jesús los anima a salir de dos en dos predicando la conversión y dando a conocer la oferta divina de salvación. Ante la duda e inseguridad deben poner toda su confianza en la cercanía del Señor y en la fuerza del mensaje que llevan. Este un punto es muy importante también hoy día, pues todo evangelizador sabe que quien da luz a la mente y cambia el corazón no es él, sino la palabra de Jesús que transmite a los hermanos.

El testimonio de pobreza, sencillez y atención a las necesidades del pueblo debe despertar entre la gente la solidaridad para ayudarse entre ellos. Donde no se manifieste esa solidaridad, hay que sacudir el polvo de las sandalias y marchar a otro lado.

Los discípulos pasan de este modo a una nueva etapa en su formación misionera. El Maestro los envía con poder para anunciar el reino de Dios, pero no para buscar comodidades o beneficios materiales.

El ir de dos en dos es signo de igualdad y apoyo mutuo. Y para que no se sientan superiores a los demás, deben llevar solamente lo estrictamente necesario.

Recordando estas palabras del evangelio de hoy, mi mente siempre vuela a los campos de Paraguay en la zona de Yhú, a las pequeñas comunidades campesinas y a los equipos de catequistas que las servían. Fueron todo un ejemplo y estímulo para nosotros los misioneros que veníamos de España. Viendo los esfuerzos que hacían aquellos hombres y mujeres para prepararse, el tiempo que empleaban para formarse y las horas que dedicaban a su pequeña comunidad por amor a Jesucristo y su evangelio, nos hacían comprender que ellos eran los verdaderos misioneros en aquellas tierras. Para mi este recuerdo es siempre un motivo para dar gracias a Dios por haber podido acompañarles durante catorce años.

Actualmente en España también se está invitando a los laicos a asumir con ilusión el servicio de evangelización en las pequeñas comunidades rurales ante la escasez de sacerdotes que puedan celebrar la eucaristía y estar cerca de la gente. En mi Diócesis de Barbastro-Monzón les llaman “Animadores de la comunidad” y están dando un ejemplo maravilloso de lo que significa estar bautizado y ser discípulo de Cristo para compartir y animar la fe de la comunidad. Animadores y catequistas se llamaban también los hombres y mujeres, adultos y jóvenes, que se comprometían para animar la fe y el servicio dentro de las comunidades del campo en Yhú, Paraguay.

El Papa Francisco no se cansa de repetir que todos los bautizados están llamados a evangelizar, no tienen que esperar a que nadie les dé permiso. Sí, deben conocer las verdades elementales de nuestra fe para proponerla adecuadamente. Pero, como él suele decir, no esperemos a saber mucha teología para hablar de Dios a los demás.

Carlos Latorre, cmf