Habéis oído que se dijo… Pero yo os digo

Tuvo que ser muy difícil para un judío aceptar que la Ley no era algo absoluto. Jesús fue contundente en esta materia. Abrió una nueva manera de relacionarnos con Dios. El Dios todopoderoso que está en los cielos y ordena y manda, deja paso al Dios “Ágape” que se identifica con cada uno de nosotros y nos invita a servirlo en los demás. A pesar de ello, muchos años después de morir Jesús, los cristianos se estaban peleando por circuncidar o no circuncidar, comer o no comer ciertos alimentos, cumplir o no el sábado, etc.   

La palabra, incluso la de la Biblia, nunca podrá ser definitiva. Esto bien entendido, es el punto de partida para comprender las Escrituras. El hombre siempre tiene que estar diciendo: habéis oído que se dijo, pero yo os digo, porque conocemos cada vez mejor la naturaleza y al ser humano. Si Jesús y los primeros cristianos hubieran tenido la misma idea de la Biblia que muchos cristianos tienen hoy, no se hubieran atrevido a rectificarla.

Cuando hablamos de “Ley de Dios”, no queremos decir que, en un momento determinado, Dios haya comunicado a un ser humano su voluntad en forma de preceptos, ni por medio de unas tablas de piedra, ni por medio de palabras. Dios no se comunica a través de signos externos, sino a través del ser. La voluntad de Dios no es algo distinto de su esencia. La voluntad de Dios está en la esencia de cada criatura.

Si fuésemos capaces de bajar hasta lo hondo del ser, descubri­ríamos allí esa voluntad de Dios; ahí me está diciendo lo que espera de mí. La voluntad de Dios no es nada añadido a mi propio ser, no me viene de fuera. Está siempre ahí pero no somos capaces de verla. Esta es la razón por la que tenemos que echar mano de lo que nos han dicho algunos hombres, que sí fueron capaces de bajar hasta el fondo de su ser y descubrir lo que Dios espera de nosotros. Lo que otros nos dicen nos debe ayudar a descubrirlo en nosotros.

Moisés supo descubrir lo que era bueno para el pueblo que estaba tratando de aglutinar, y por tanto lo que era bueno para cada uno de sus miembros. No es que Dios se le haya manifes­tado de una manera especial, es que él supo aprove­char las circunstan­cias especia­les para profundi­zar en su propio ser. La expresión de esta experiencia es voluntad de Dios, porque lo único que Él quiere de cada uno de nosotros es que seamos nosotros mismos, es decir, que lleguemos al máximo de nuestras posibilidades de ser humanos.

¿Qué significaría entonces cumplir la ley? Algo muy distinto de lo que acostumbramos a pensar. Una ley de tráfico, se puede cumplir perfectamente solo externamente, aunque estés convencido de que el «stop» está mal colocado, yo lo cumplo y consigo el objetivo de la ley, que no me la pegue con el que viene por otro lado y además, evitar una multa. En lo que llamamos Ley de Dios, las cosas no funcionan así.

Si no descubro que lo que la Ley me ordena es lo que exige mi verdadero ser; si no interiorizo ese precepto hasta que deje de ser precepto y se convierta en convencimiento total de que eso es lo mejor para mí, el cumplimiento de la ley me deja como estaba, no me enriquece ni me hace mejor. Fijaos en lo que dice Jesús en el evangelio, «si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Ellos cumplían la ley escrupulo­samente, pero externamente. Eso no les hacía mejores sino mezquinos.

Desde esta perspectiva, podemos entender lo que Jesús hizo en su tiempo con la Ley de Moisés. Si dijo que no venía a abolir la ley, sino a darle plenitud, es porque muchos le acusaron de saltársela a la torera. Jesús no fue contra la Ley, sino más allá de la Ley. Quiso decirnos que toda ley se queda siempre corta, que siempre tenemos que ir más allá de la letra, de la pura formulación, hasta descubrir el espíritu. La voluntad de Dios está más allá de cualquier formulación, por eso tenemos que seguir perfeccionándolas.

Jesús pasó, de un cumplimiento externo de leyes a un descubrimiento de las exigencias de su propio ser. Esa revolución, que intentó Jesús, está aún sin hacer. No solo no hemos avanzado nada en los dos mil años de cristianismo, sino que en cuanto pasó la primera generación de cristianos hemos ido en la dirección contraria. Todas las indicaciones del evangelio, en el sentido de vivir en el espíritu y no en la letra, han sido ignoradas.

“Habéis oído que se dijo a nuestros antepasados: no matarás, pero yo os digo: todo el que está enfadado con su hermano será procesado”. No son alternativas, es decir o una o la otra. No queda abolido el mandamiento antiguo sino elevado a niveles increíblemente más profundos. Nos enseña que una actitud interna negativa es ya un fallo contra tu propio ser, aunque no se manifieste en una acción concreta contra el hermano.

“Si cuando vas a presentar tu ofrenda, te acuerdas de que tu hermano tiene queja contra ti, deja allí tu ofrenda y vete a reconciliarte con tu hermano…” Se nos ha dicho por activa y por pasiva que lo importante era nuestra relación con Dios. Toda nuestra religiosidad, tal como se nos ha enseñado, está orientada desde esta perspectiva equivocada. El evangelio nos dice que más importante que nuestra relación con Dios es nuestra relación efectiva con los demás. Si ignoramos a los demás, nunca nos encontraremos con Dios.

No dice el texto: si tú tienes queja contra tu hermano, sino “si tu hermano tiene queja contra ti”. ¡Que difícil es que yo me detenga a examinar si mi actitud pudo defraudar al hermano! Es impresionante, si no fuera tan falseado: “deja allí tu ofrenda y vete antes a reconciliarte con tu hermano”. Las ofrendas, los sacrificios, las limosnas, las oraciones no sirven de nada si otro ser humano tiene pendiente la más mínima cuenta contigo.

Nos hemos olvidado que eliminar las leyes no puede funcionar si no suplimos esa ausencia de normas por un compromiso de vivencia interior que las supere. Las leyes solo se pueden tirar por la borda cuando la persona ha llegado a un conocimiento profundo de su propio ser. Ya no necesita apoyaturas externas para caminar hacia su verdadera meta. Recuerda: “ama y haz lo que quieras” o “el que ama ha cumplido el resto de la Ley”

Jesús descubre que la Ley no es el fin, sino un medio para llegar al fin. Hoy hemos descubierto que ni siquiera el “Dios” imaginado es el fin. El fin es el hombre concreto. Si nos hemos liberado ya de la Ley (externa), aún nos falta liberarnos de “Dios”, es decir, del Dios Señor poderoso que exige sumisión y, desde fuera, nos controla y manipula.

Meditación

Cumplir la Ley solo evita el castigo. Eso no es buena noticia.
El amor te hace humano y esa es su verdadera recompensa.
La voluntad de Dios eres tú mismo.
Si la buscas en otra parte, trabajaras en vano.
Todos los mandamientos son corsés que te impiden crecer,
porque pondrán limites a tu desarrollo interior.

Fray Marcos

II Vísperas – Domingo VI de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS

DOMINGO VI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Nos dijeron de noche
que estabas muerto,
y la fe estuvo en vela
junto a tu cuerpo

La noche entera
la pasamos queriendo
mover la piedra.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

No supieron contarlo
los centinelas:
nadie supo la hora
ni la manera.

Antes del día.
se cubrieron de gloria
tus cinco heridas.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

Si los cinco sentidos
buscan el sueño,
que la fe tenga el suyo
vivo y despierto.

La fe velando,
para verte de noche
resucitando.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Cristo, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya.

SALMO 113B: HIMNO AL DIOS VERDADERO

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y otro,
hechura de manos humanas:

Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendita a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA: 2Ts 2, 13-14

Debemos dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Señor, porque Dios os escogió como primicias para salvaros, consagrándoos con el Espíritu y dándoos fe en la verdad. Por eso os llamó por medio del Evangelio que predicamos, para que sea vuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Nuestro Señor es grande y poderoso.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

R/ Su sabiduría no tiene medida.
V/ Es grande y poderoso.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Quien cumpla y enseñe mi ley será grande en el reino de los cielos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Quien cumpla y enseñe mi ley será grande en el reino de los cielos.

PRECES

Demos gloria y honra a Cristo, que puede salvar definitivamente a los que, por medio de él, se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder a favor nuestro, y digámosle con plena confianza:

Acuérdate de tu pueblo, Señor.

Señor Jesús, Sol de justicia que ilumina nuestras vidas, al llegar al umbral de la noche, te pedimos por todos los hombres; 
— que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz, que no conoce el ocaso.

Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre,
— y santifica a tu Iglesia, para que sea siempre inmaculada y santa.

Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
— y que tú elegiste como morada de tu gloria.

Que los que están en camino tengan un viaje feliz 
— y regresen a sus hogares con salud y alegría.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge, Señor, las almas de los difuntos
— y concédeles tu perdón y la vida eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que te complaces en habitar en los rectos y sencillos de corazón, concédenos vivir por tu gracia de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Código de circulación (religiosa)

1.- Mi primera advertencia es que el texto evangélico que se nos propone el presente domingo, puede ser más o menos largo. Suprimir ciertos párrafos, es facultad que se le brinda al que proclama la Palabra de Dios. La segunda cuestión es que, leído superficialmente, puede parecer una lista detallada de delitos y su correspondiente sanción. De aquí el título que encabeza este mi mensaje. Pero no, no se trata de eso. Para entenderlo hay que tener alguna noción de la mentalidad judía, que imperaba en aquellos tiempos. De sus costumbres y sus circunstancias sociales. Trataré, mis queridos jóvenes lectores, de resumiros el mensaje, para que saquéis enseñanzas del fragmento.

Los códigos judíos de conducta eran minuciosos, y aun continúan siéndolo, en algunos grupos tenían catalogados trescientos y pico delitos, con sus correspondientes sanciones. Se trataba de actos que hoy diríamos que podían ser registrados por una cámara de video, invisibles a los ojos de la cara. Jesús quiere hablar del pecado y no pone el acento en la piel, sino en la interioridad del corazón.

2.- Supone el Señor que quien le escucha, tiene ciertos conocimientos, que tiene nociones de antropología, diríamos en lenguaje de hoy, algún estudios, aunque no sepa ni leer ni escribir, cosa propia de la época. Ha aprendido nociones de su realidad humana y está dotado de sensibilidad. Quiero decir, ahora hablo yo, que el hombre no es un simple animalito capaz de hablar un poco mejor que el loro. Conoce y recuerda. Siente atractivo o repulsión. Actúa.

Para no divagar, me fijaré en algunos párrafos. En la antigüedad, y en nuestros códigos, la maldad del adulterio se refería exclusivamente a la practica de la unión sexual en la cual, uno o los dos, eran personas casadas y el contacto era con persona que no era precisamente con quien se había establecido el vínculo matrimonial. Si se les había encontrado unidos genitalmente, había que castigarlos duramente y sin miramientos. Jesús en cambio, establece el baricentro de conducta no en la piel, sino en el corazón, en su origen, dicho de otra manera: va a los cimientos. Es suficiente que en su interior germine un deseo deshonesto, la mirada que desnuda al otro o a la otra con hambre de posesión lasciva, para que la persona quede teñida de pecado. Quien mira y desea, ya ha adulterado, dice el Señor.

3.- No es necesario causar un daño corporal, un insulto puede ser grave pecado. No podemos fijarnos en la palabra que se pronuncia, o en la que se pone en la traducción que leemos. A mi querida y admirada Juana de Arco, la que dormía en un pajar, rodeada de soldados, enfrascada como estaba en una guerra que duraba ya cien años, cuando se acerca a un castillo normando-ingles, para invitar a los que lo ocupaban a que se fueran a su tierra, oye que la insultan desde dentro con el calificativo de “p…” y llorando por la ofensa, vuelve con sus tropas y emprende valientemente la batalla sumida en el dolor espiritual. Al contrario, en el Quijote, se lee que en cierto lugar, llamar a alguien “hideputa” es un elogio. De nuevo la doctrina evangélica condena, no un sonido, sino una intención de la mente y una pasión del corazón.

Pero podría parecer que el comportamiento es pura ocurrencia. Tener razón y nada más, obrar bien según entiende cada uno, aquellos que con frecuencia dicen: yo lo veo así, o, toda la vida he hecho lo mismo, o, mal de muchos consuelo de todos… (En realidad consuelo de tontos). A estos el Señor les advierte que no ha venido a suprimir, sino a perfeccionar.

4.- El hombre en su multisecular intuición, había ido descubriendo normas y escribiendo leyes, pero no siempre había acertado. El error es siempre una posibilidad del devenir humano, de aquí que Dios había venido antiguamente a iluminar su mente, para que se sintiera seguro en su proceder. Es lo que de una manera general llamamos Código del Sinaí, o de la Alianza, o. más simplemente, los Diez Mandamientos. Ahora bien, ponerlos en práctica en un momento determinado, puede confundir por las exageraciones de unos o la laxitud de otros, llegando hasta el ridículo. A instruir sobre ello es a lo que acude el Maestro.

A diferencia de ciertas religiones que no pueden acudir a un testimonio verídico, comunicable, humano y divino al mismo tiempo, el cristiano puede interrogarse ¿qué haría Jesús si estuviera en mi lugar? Preguntarse, pedir ayuda e iluminación en su interior y exigirse ser fiel a ella. Esa es nuestra gran suerte.

(a quien se extrañe de que más de una vez me refiera a Juana de Arco, le recomiendo lea la reflexión que sobre ella hizo Benedicto XVI, el pasado 26 de enero. Por mi parte no oculto mi admiración, he visitado con piedad, entre otros, sus lugares cruciales: donde nació, Domremy la Pucelle, Reims, Saint Denis y donde fue inmolada: Rouen…)

Pedrojosé Ynaraja

Del hambre al divorcio

1.- Las lecturas –todas– que acabamos de escuchar, junto con la Jornada contra el Hambre en el Mundo que celebramos hoy, marcan, fuertemente, nuestra impronta de hoy. El comentario general es atractivo pero, sin duda, difícil y duro. Manos Unidas, benemérita y pujante institución de la Iglesia Católica nos comunica el lema de su campaña este año: “Su mañana es hoy”. Y tiene su miga la breve frase porque nos dice que no se puede esperar, que las soluciones para esa plaga inhumana que es el hambre han de ser inmediatas y que las promesas ya no valen. Hay, además, novedades funestas que rodean las causas gestores del hambre del mundo: el encarecimiento de precio de los alimentos en todo el mundo por haberse convertido las materias primas básicas en la alimentación en “comodities”, en figura especulativa, está incrementando el hambre y está socavando la paz en el mundo. Las revoluciones del mundo musulmán, y por ejemplo, en Túnez y Egipto, están provocadas por los incrementos brutales de precios en los alimentos como nunca se han visto.

2.- Puede entenderse, entonces, que si esto lo sufren países de desarrollo medio como puede ser todo el Norte de África y el Medio Oriente, habrá que pensar que ocurre en el África profunda donde el hambre es endémico. Y este primer comentario nos lleva a afirmar tajantemente que no se trata sólo de atender con envío de alimentos a los hermanos que mueren de hambre, hay atajar el problema de raíz e impedir que lo básico, lo fundamental y mínimo para la vida, se convierta en materia de especulación de los mercados. Aquí ya, tal vez, no es cuestión de alinearse con el capitalismo o el anticapitalismo, se trata de evitar –hoy, no mañana—que muchos mueran de hambre mientras que unos pocos se enriquecen mediante un juego de “futuros”, de especulación sobre precios futuros de los alimentos que, simplemente, tiene característica de crimen consentido. Seamos, pues, coherentes en profundidad. Ayudemos en lo que podamos a Manos Unidas para que cumpla su maravillosa misión, siempre más partidaria de educar que de donar por donar, pero, por supuesto, transformemos nuestro pensamiento y corazón para que evitemos los excesos especulativos que, sin duda, también nos afecta a nosotros mismos. Porque sufrimos una crisis severa originada en unas prácticas de la llama “ingeniería financiera” que hay ahogado nuestra evolución social y económica.

3.- El leccionario nos presenta un texto muy largo del evangelista Mateo con párrafos de los que se pueden prescindir en su lectura. Y ojalá que hayamos optado en nuestra asamblea eucarística por leer todo el texto. Y es que Jesús de Nazaret, siguiendo con el Sermón del Monte, nos presente enseñanza profunda y actual. Muy completa además y en la que hemos de reflexionar. Personalmente quiero referirme a dos aspectos: la vigencia del Antiguo Testamento y la fidelidad matrimonial como camino de estabilidad solidaria. Veamos: Hay muchos cristianos que, casi, detestan la narración del Antiguo Testamento. Otros no lo entienden. Y una mayoría creen que es una “servidumbre obligada” pero no muy necesaria. Y ello contrasta con la firmeza y solemnidad con que Jesús dice que no ha venido a abolir la ley y los profetas, sino a darle cumplimiento. Y que aquel que se salte uno de los preceptos menos importantes de la Ley, será ya él mismo el menos importante. Realmente, la ley de Moisés la tenemos presente todos los días. Y ahí están los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, que son la base primera de nuestro comportamiento ético y moral. Jesús ha venido a ampliar y modernizar toda esa ley, tal como ha dicho en el largo recorrido de las frases que comienzan por “se dijo por los antiguos”, Y terminan con “pero yo os digo…”

Conservamos, a su vez, el Libro Santo, la Biblia de los Setenta, versión griega de la que sirvieron los conversos gentiles del judaísmo y también los nuevos cristianos. La Ley y todas sus tildes están ahí. Todo ello no hace otra cosa que preparar la llegada de los preceptos de amor que nos comunica Jesús. Y, por supuesto, se nos muestra la condición profética de unos textos que esperaban con emoción la llegada del Mesías. Es posible que algún relato cruel del Antiguo Testamento choque con el amor y mansedumbre que muestra Jesús de Nazaret, pero ¿puede uno olvidarse, por ejemplo, del Cantar de los Cantares o del relato poético y maravilloso de la creación del mundo en el Libro del Génesis? ¿O, asimismo, del ejemplo de amistad de Dios con Moisés en el Éxodo? Y ahí está el Libro de la Sabiduría, los Proverbios o ese camino total de “oración fuerte” como son los Salmos. El Libro de Tobías es una maravilla y la ejemplaridad de Job sobrecoge. ¿No está todo ello en el subconsciente colectivo de todos los cristianos? Y es que sólo puede entenderse la revolución de Jesús de manera total contemplándola desde el Antiguo Testamento.

4.- El tema de la separación conyugal no es nuevo. Y todos debemos de tener una dureza de corazón tremenda al, en mayor o menor medida, preconizar la ruptura del vínculo en cuanto queramos. Lo del acta de repudio que no era otra cosa que un “papelito” en el que el marido confesaba públicamente que quería abandonar a su mujer, sin que hubiera causa alguna. Y nos puede parecer muy duro. Pero si observamos la actual legislación española del Divorcio Express vemos que se presenta como algo arbitrario y sin posibilidad de arreglo. Es decir, se trata de una fórmula que evita cualquier posibilidad de reconciliación. Algo se relación guarda con el libelo de divorcio de los judíos… Jesús de Nazaret es claro sobre la cuestión del divorcio y del adulterio. Su idea de que cuando alguien ya desea a una mujer está cometiendo adulterio no es una exageración. Estos hechos se gestan tras un ejercicio tórrido de deseo que, desde luego, se origina en una mirada.

La separaciones de las parejas se inscriben en una causalidad muy diversa que va desde el enfado superficial –ahí el Divorcio Express puede ser nefasto—hasta la imposibilidad objetiva de la convivencia. Esta última condición puede marcar la necesidad de una interrupción de la convivencia, incluso como mal menor. Me dicen, por otro lado, que nunca como ahora –al menos en España—la proliferación de los divorcios civiles o los abandonos del hogar sin más, han traído un aumento de las nulidades matrimoniales. La teoría de las nulidades es llegar al convencimiento claro y con fundamento que el matrimonio no ha existido nunca porque no se dieron, en su día, las causas mínimas por las que un matrimonio lo es: desde el desamor hasta el engaño no citado. Pero, en fin… Queda ahí en manos de la Iglesia la atención religiosa a los separados y separadas, divorciados y divorciadas. Asunto espinoso que, a veces, se resuelve mediante la pastoral particular dentro de la conciencia y el buen saber de muchos sacerdotes.

En las Iglesias ortodoxas, que son las que realmente más se parecen a la católica, se practica un camino de separación menos basado en el hecho judicial, en el pleito y los abogados. Suele ser un asunto de la diócesis y de la parroquia. Y personas de ambas jurisdicciones ejercen sus decisiones más pegados a las necesidades inmediatas y reales. Pero la Iglesia católica es una heredera preclara del Imperio Romano, donde el ejercicio del derecho y de todas sus técnicas de análisis, prueba y cumplimiento de lo legislado eran más que fundamentales. Y algo así le pasa a nuestra Iglesia con el derecho canónico y por eso el trámite legal es prioritario. Aunque, no obstante, es mejor que no desaparezca, pero que se simplifique.

5.- Pero más que los recursos de las leyes lo que debe mandar es el amor. Y, realmente, ocurre que quien no es capaz de limitar sus miradas o sus proyectos de deseo sexual, está poniendo las vías para destruir un amor real y verdadero. Por eso es oportuna la idea de Jesús que cuando alguien desea a otro u a otra con la mirada está poniendo las bases para destruir lo que es verdadero y muy hermoso. Creo con la máxima sinceridad que es bueno no llevar la vista loca y dislocada. Ciertamente, una mirada no hace mal a nadie, pero depende como esté el corazón de quien mira. Si tiene un corazón contaminado por la necesidad de buscar y encontrar permanentemente nuevas vías de placer, sus miradas serán el principio de una ruptura. Jesús es nuestro Maestro y todo lo que dice es útil y definitivo. Merece la pena, hoy más que nunca que contemplemos este texto de Mateo que la liturgia nos presenta en este Sexto Domingo del Tiempo Ordinario. Y que lo hagamos pausadamente y sin prejuicios surgidos del ambiente actual o de la “modernidad”.

Ángel Gómez Escorial

Comentario – Domingo VI de Tiempo Ordinario

El llamado sermón de la montaña que recoge el capítulo quinto del evangelio de Mateo es una síntesis de la más genuina sabiduría de Cristo, esa sabiduría de la que habla san Pablo como divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios para nuestra gloria. Y la gloria es eso que Dios ha preparado para los que lo aman y que no podemos siquiera imaginar. Pero los que lo aman son los que cumplen su voluntad o están en ello. Y expresión de su voluntad son sus mandamientos: unos mandamientos que pueden ser cumplidos, si se quiere.

En este marco de mandamientos (lo que se dijo/mandó a los antiguos) se desenvuelve el discurso de Jesús, que comienza con una aclaración ante posibles malentendidos: No creáis que he venido a abolir la ley y los profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Su actitud ante la ley judía (Sábado, ayunos, purificaciones rituales), sus «transgresiones» (curaciones en sábado) y permisiones (permite a sus discípulos arrancar espigas en sábado, no lavarse las manos antes de comer, saltarse la ley del ayuno, etc.), su modo novedoso y revolucionario de interpretarla… podía dar a entender erróneamente que había venido a abolir la ley, y con la ley (lo más sagrado del judaísmo) también los profetas y el judaísmo mismo en cuanto religión.

Pero no es lo que parece. Jesús afirma que no ha venido a destruir la tradición en la que ha nacido y crecido, sino a llevarla a su plenitud: no a destruir, sino a completar. Con ello declara que la ley mosaica (y natural) sigue teniendo validez, pero al mismo tiempo que es perfectible porque es imperfecta, porque consiente una plenitud, que es la que ha venido a aportar él. De este modo está ratificando la idea de que el cristianismo (la novedad aportada) es plenitud del judaísmo y que el Nuevo Testamento viene no a destruir, sino a completar el Antiguo.

Llevar a plenitud es conducir a la madurez, sacando a la luz toda la potencialidad encerrada en esa realidad, lo más genuino y auténtico de esa ley, su espíritu (el del legislador), aquello por lo que se dio, aquello por lo que sigue teniendo vigencia y sigue siendo necesaria para los hombres de todos los tiempos, los de entonces y los de ahora. Jesús perfecciona la Ley, no añadiendo una nueva ley, sino desarrollando la ya existente y descalificando la interpretación que de ella hacían, por ejemplo, los fariseos cuando se quedaban en lo accesorio (= lo externo, lo insignificante, lo meramente legal) y olvidaban lo importante (= el amor, la misericordia, la justicia), es decir, cuando filtraban el mosquito y se tragaban el camello.

Porque lo que pretende la Ley con sus mandamientos es fomentar la verdad, el amor, la misericordia, el perdón. No por eso desestima la letra. También él desea que se cumpla hasta la última letra o tilde de la Ley. Por eso, toma a la letra los mandamientos de la Ley de Dios: no matarás, no cometerás adulterio, no permitirás que tu ojo, tu mano o tu pie te escandalicen, no jurarás en falso… pero propone su modo (cristiano) de interpretarlos. Lo que Jesús añade cuando dice: pero yo os digo, es un modo de interpretar el mandamiento (no matarás): su modo, el modo cristiano. El no matarás no obliga únicamente a no atentar contra la vida humana (en cualquier estado o edad en que se encuentre) como si pudiéramos hacer con ella lo que nos viniera en gana, como si fuéramos sus dueños absolutos; obliga también a no insultar, es decir, a no herir o rebajar sus dignidad, a no deteriorarla con el afrenta, el daño, la mutilación, la agresión, a no difamarla con la ofensa, la calumnia, la maledicencia, a no despreciarla o avergonzarla, a no arruinarla física o mentalmente, a no escandalizarla o inducirla a hacer el mal, a prestarla el auxilio debido, a protegerla y cuidarla en situación de debilidad o desamparo. Esto es llevar la ley que dice no matarás a su plenitud.

Además, el precepto referido al prójimo va de tal manera ligado a la obligación religiosa de dar culto a Dios, que no es separable de ésta, que condiciona el valor de nuestra misma ofrenda cultual. Por eso, si cuando vas a poner tu ofrenda ante el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda y ve primero a reconciliarte con tu hermano. La ofrenda puede esperar; tu hermano, quizá no. Y a Dios no le agradan ciertas ofrendas: las manchadas, las que no son signo o expresión de amor y obediencia, las que no brotan de corazones reconciliados, y por no tener su fuente inspiradora en la unión con Dios y con los hermanos no pueden ser ofrendas de comunión.

Cuidar de la vida desprotegida que está al alcance de nuestros cuidados es una exigencia del mandamiento que dice: no matarás, y cuya vertiente positiva podría formularse así: la vida que no debes matar, debes cuidarla, protegerla y fomentarla. Esto es lo que nos propone Manos Unidas en su campaña anual contra el hambre. Nos recuerda que aún hay hambre en el mundo: vidas hambrientas, desnutridas, demasiado débiles para afrontar ciertas enfermedades, demasiado desprotegidas para afrontar ciertas penalidades; que aún hay vidas de niños y adultos necesitadas de nuestros cuidados; porque podemos contribuir a proporcionarles abrigo, comida, medicinas, atención médica por medio de esta asociación. Muchos pocos hacen mucho. Pongamos, pues, en la mesa de nuestro ofertorio, en unión con la ofrenda de Cristo, ese poco de que disponemos para que, sumado a otros pocos, hagan mucho. De este modo, nuestra ofrenda será más agradable a Dios. También nosotros necesitamos reconciliarnos con los desamparados del mundo, porque puede que ellos tengan realmente quejas contra nosotros, los habitantes del primer mundo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

275. Algunas veces hice esta propuesta a jóvenes que me respondieron casi con burla diciendo: “No, la verdad es que yo no voy para ese lado”. Sin embargo, años después algunos de ellos estaban en el Seminario. El Señor no puede faltar a su promesa de no dejar a la Iglesia privada de los pastores sin los cuales no podría vivir ni realizar su misión. Y si algunos sacerdotes no dan un buen testimonio, no por eso el Señor dejará de llamar. Al contrario, Él redobla la apuesta porque no deja de cuidar a su Iglesia amada.

Lectio Divina – Domingo VI de Tiempo Ordinario

 La nueva “justicia”
Así fue dicho a los antiguos; pero yo os digo…
Mateo 5,17-37

1. LECTIO

a) Oración inicial

” Habla, Señor, que tu siervo escucha.” ¡Háblanos en este momento, Señor! Queremos acoger tu Palabra, permitir que esta página del evangelio entre en nuestra vida para que ilumine y fortalezca nuestro camino, anime y transforme nuestras actitudes. Todos deseamos madurar en el camino de la escucha de tu Palabra para que nuestro corazón sea transformado.

En nosotros existe el deseo de leer y comprender esperando de tu bondad y generosidad ser guiados en la comprensión de tu Palabra. Que tu hablar a nuestro corazón no encuentre ningún obstáculo o resistencia. Que tu Palabra de vida no recorra en vano  el desierto árido de nuestra vida. Entra en el vacío de nuestro corazón con la fuerza de tu Palabra; ven a ocupar un lugar en nuestros pensamientos y sentimientos, ven a vivir en nosotros con la luz de tu Verdad.

b) Lectura del Evangelio: Mateo 5,17-37

17 «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
18 Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda.
19 Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.
20 «Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.
21 «Habéis oído que se dijo a los antepasados:  No matarás;  y aquel que mate será reo ante el tribunal.
22 Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano «imbécil», será reo ante el Sanedrín; y el que le llame «renegado», será reo de la gehenna de fuego.
23 Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
24 deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
25 Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
26 Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.
27 «Habéis oído que se dijo:  ‘No cometerás adulterio. ‘
28 Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
29 Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna.
30 Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.
31 «También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio.
32 Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.
33 «Habéis oído también que se dijo a los antepasados:  No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos.
34 Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el  Cielo , porque es  el trono de Dios,
35 ni por  la Tierra,  porque es  el escabel de sus pies;  ni por  Jerusalén , porque es  la ciudad del gran rey.
36 Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro.
37 Sea vuestro lenguaje: «Sí, sí»; «no, no»: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.

c) Momento de silencio orante

El silencio crea una atmósfera interior de intimidad y, al mismo tiempo, esponja nuestro espíritu para saborear la Palabra.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura

Mt 5-7: El contexto del “Discurso de la montaña.”

Jesús presenta a las muchedumbres que van a él para escucharlo, un discurso que sorprende por la autoridad que lo envuelve: les comunica a ellas con energía las exigencias de una vida centrada en la realidad de ser hijos de Dios y en la fraternidad con todos. Su intención es  dar pleno sentido  al precepto de la ley hebraica.

Al colocar este primer discurso de Jesús en la montaña el evangelista ha querido llevar a la mente del lector la imagen de Moisés que da la Ley en el monte Sinaí

(Ex 24,9). Esta enseñanza se lleva a cabo estando Jesús sentado, posición que recuerda la postura del rabino hebraico que interpreta la Escritura a sus discípulos. Es difícil captar la riqueza de los temas que recorren este largo discurso, tanto que algunos estudiosos prefieren llamarlo “ las palabras evangélicas de Jesús.”

Nuestro texto litúrgico va precedido de un exordio en el que se presentan las bienaventuranzas como cumplimiento de la Ley ( Mt 5,3-16). El mensaje de Jesús en este principio se centra en la felicidad en sentido bíblico, que pone al hombre en la justa relación con Dios y, en consecuencia, con la totalidad de la vida: una felicidad en relación con la  misma realidad del reino de los cielos. En una segunda parte se desarrolla el tema de la “justicia” del reino de los cielos (5,17-7,12). Al fondo de este último extenso contexto se encuentra la enseñanza de Jesús que escuchamos en la liturgia de la Palabra de este domingo ( 5,17-37).

Mt 5,17: Jesús cumplimiento de la Ley y de los Profetas

En estas primeras afirmaciones Jesús se presenta como aquel que “cumple la Ley”: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (v.17). Jesús declara que él es el cumplimiento de la Ley. El lector comprende  las consecuencias de estas palabras de este modo: sólo a través de él se puede entrar en el reino de los cielos, incluso el más pequeño de los mandamientos adquiere sentido a través de su persona. Es como decir que Jesús es la medida para entrar en el reino de los cielos: cualquiera, pequeño o grande, depende de la elección de dejarse conducir por aquel que cumple la Ley y los Profetas. De ahora en adelante, la Ley, la enseñanza de los profetas, la justicia, adquieren su verdadera profundidad salvífica a partir del vínculo con su persona.

El lector sabe que en el Antiguo Testamento estas realidades se veían como separadas y diferentes entre sí: la Ley contenía la voluntad de Dios; la justicia expresaba el compromiso humano por observar los contenidos de la voluntad de Dios presentes en la Ley; los Profetas, exégetas de la Ley, eran los testimonios del cumplimiento de la fidelidad de Dios en la historia. En la persona de Jesús estas tres realidades se unifican: encuentran en él su sentido y valor. Jesús declara abiertamente que ha venido a cumplir la Ley y los Profetas. ¿Qué quiere decir esta afirmación de Jesús? ¿Qué quiere decir “la Ley y los Profetas”? No se puede pensar que Jesús cumpla las profecías (en el sentido literal) de la Ley y de los Profetas, sino, más bien, las enseñanzas de la Ley y de los Profetas. Pero, de modo particular, ¿qué significa “abolir”, “cumplir” las enseñanzas de la Ley y de los Profetas? La respuesta se presenta en dos niveles. El primero mira hacia la enseñanza de Jesús, que no cambia los contenidos de la Ley y de los Profetas cuya función era didáctico-instructiva; en efecto, Mateo considera a los Profetas como los testimonios del mandamiento del amor ( Os 6,6// Mt 9,13; 12,7). El que Jesús lleve al cumplimiento de las enseñanzas de la Ley y de los Profetas puede significar que él  los “manifiesta en su significado”, “los lleva a su completa expresión” (U. Luz); y excluye el significado de “invalidar”, “abolir”, “no observar”, “infringir”.

El segundo nivel implica el actuar de Jesús: ¿cambia o no la misma ley? En este caso cumplir la Ley podría significar que Jesús con su comportamiento añade algo que falta o bien lo lleva a cumplimiento, perfecciona las enseñanzas de la Ley. Más concretamente: Jesús en su vida, con su obediencia al Padre, “cumple” las exigencias que nacen de la Ley y de los Profetas; en definitiva, observa completamente la Ley. Más plenamente: por medio de su muerte y resurrección Jesús ha cumplido la Ley. Pensamos que el énfasis se pone en el comportamiento de Jesús: con la obediencia y la práctica ha cumplido la Ley y los Profetas.

Mt 5,19: Jesús que enseña la voluntad del Padre es el cumplimiento de la Ley.

No se le evita al lector el uso del verbo “actuar y enseñar”: los preceptos de la Ley para “quien los observe y enseñe.” Tales aspectos recogen totalmente la imagen global de Jesús en el pensamiento de Mateo: Jesús que enseña la voluntad de Dios y el cumplimiento de la Ley es el hijo obediente del Padre (3,13-4,11). Aquí está el modelo de comportamiento que se pone ante nosotros en esta página del evangelio. Ciertamente el énfasis está en el cumplimiento de la Ley por medio de la obediencia, pero esto no excluye un cumplimiento mediante su enseñanza. No hemos de olvidar que a Mateo le es muy querida la unidad entre la práctica y la enseñanza de Jesús; es maestro en la obediencia y en la práctica. Sin embargo la prioridad la tiene la praxis como se deduce de la amonestación de guardarse de los pseudoprofetas en 7,20: “Por sus frutos los conoceréis.” Es interesante notar que Mateo utiliza este verbo cumplir, llevar a plenitud, sólo para Jesús: sólo él cumple la Ley, sólo su persona presenta las características de la plenitud. Aquí radica su autorizada exhortación, que para nosotros se convierte en un “envío”, una tarea de cumplir en plenitud la Ley: “Yo os digo…” (vv.18.20).

Mt 5,20: Jesús cumple la justicia.

Este modo de cumplir Jesús la justicia se distingue de los modos como lo entienden y viven en el judaísmo; en Jesús se presenta un nuevo estilo de justicia: «Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos” (v.20). Los escribas son los teólogos y los intérpretes oficiales de la Escritura (5,21-48), los fariseos, en cambio, son los laicos comprometidos de aquel tiempo, atados excesivamente a las prácticas de piedad (6,1-18). La justicia practicada por estos dos grupos no es suficiente, no puede servir de modelo: esta impide entrar en el reino de los cielos. Los destinatarios de esta exhortación son, en el fondo, los discípulos; es una reflexión para nosotros. Ciertamente la voluntad de Dios está relacionada con la Ley, pero es Jesús quien encarna un nuevo modo de poner en práctica la justicia. Jesús quiere una “justicia más grande”, ¿qué quiere decir esto? La de los escribas y fariseos está en relación con la justicia de los hombres; la justicia que Jesús predica, en cambio, exige una justicia más consistente, sensiblemente mayor a la practicada por el judaísmo. En qué consiste este “mayor” nuestro texto no lo esclarece de modo inmediato. Se hace necesario leer lo que sigue en la enseñanza de Jesús.

Mt 5,20: La radicalidad de la justicia predicada por Jesús.

No se trata de enfatizar de modo radical algunos mandamientos de la Ley; más bien es primordial que sea el mandamiento del amor el centro de estos mandamientos particulares. El “mayor” cuantitativo va encaminado a reforzar el aspecto cualitativo delante de Dios: el mandamiento del amor. La comunidad creyente es llamada a subordinar al mandamiento del amor, considerado como central, los numerosos mandamientos de la Ley. No hay tensión entre los preceptos particulares y el mandamiento del amor. Las instrucciones de Jesús se hacen vinculantes en la línea con las enseñanzas legales veterotestamentarias. Para Jesús no hay ninguna oposición entre las prescripciones particulares de la Ley y el mandamiento del amor: se han de considerar en una relación armoniosa porque en esta relación conjunta nos viene ofrecida la voluntad de Dios ( U. Luz).

Mt 5,23-25: ¿Cómo ha de ser la relación entre los hermanos? Después de las exigencias radicales que insisten en la invitación a seguirlo, Jesús afronta el argumento de las relaciones fraternas. No basta circunscribir todo al compromiso del acto externo de no matar: «Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás…” (v.21). Es indispensable romper esta normativa tan limitada, aunque también radical: ¡no matarás! El quinto mandamiento recomendaba el respeto a la vida (Ex 20,13; Dt 5,17). Ahora se propone una profundización o un horizonte completamente nuevo en el espíritu del decálogo. Si no se permite matar físicamente a una persona quiere decir que se permite hacerlo de otros modos: el odio, la ofensa, la maldad, el desprecio, la ira, la injuria. En la perspectiva, completamente nueva, del Discurso de la Montaña cada falta de amor hacia el prójimo conlleva la misma culpabilidad del homicidio. De hecho, la cólera, la ira, el desprecio del otro nacen de un corazón desprovisto de amor. Para Jesús no se infringe la Ley solamente matando, sino también con todas aquellas acciones que pretenden destruir o “frustrar” al otro.

Jesús no trata la cuestión de quién está equivocado o quién tiene razón sino que quien “ofende al hermano o lo calumnia públicamente no tiene ya ningún espacio delante de Dios porque es un homicida.” (Bonhoeffer, Sequela 120). De aquí la severidad que niega el valor del óbolo, del culto, de la oración y la celebración eucarística. Quien se ha separado del hermano también se ha separado de la relación con Dios. Necesita entonces una reconciliación previa con el hermano que tiene algo contra él: contra ti, no tú contra él. Se da una novedad en esta palabra, aunque no fácil de compartir. A un hermano mío que tiene “algo contra mí” le respondo yendo hacia él: “ve primero a reconciliarte”, sin  aumentar la distancia. No es sólo cuestión de querer perdonar: es urgente reconstruir las relaciones fraternas porque el bien del hermano es el bien mío. Jesús dice: “Ve primero…” En primer lugar, antes de rezar, antes de dar, antes que el otro de el primer paso, está el movimiento de mi corazón, de mi cuerpo hacia el otro. Este ir hacia el otro tiene la finalidad de recomponer el desgarro; un movimiento que tiende a la reconciliación.

b) Algunas preguntas

Para orientar la meditación y la actualización

– ¿Estás siempre, en tu vida, abierto a la llamada de Jesús a una justicia más grande? ¿Eres consciente de no estar aún en la justicia plena?

– ¿En la práctica de la justicia te confrontas con el actuar de Dios? ¿No sabes que la justicia de vivir nuevas relaciones humanas nos es dada? Una confirmación la encontramos en las palabras del apóstol Pablo: “y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe” (Fil 3,9).

– ¿La expresión de Jesús “pero yo os digo” es para nosotros un imperativo o un mandamiento teórico? ¿Somos conscientes de que la justicia siempre más grande no es otra que la continua disponibilidad a confrontarse con la existencia de Cristo, el solo justo (Lc 23,47)?

– ¿Nuestra justicia se compromete a imitar algo de la justicia de Dios, de su gratuidad, de su creatividad? Dios nos hace justos, nos libera de la parálisis del pecado; una vez hechos libres ¿transmitimos recíprocamente esta liberación, practicando una justicia que no juzga sino que nos hace siempre abiertos a los otros, que, de hecho, crea para los otros espacios de un posible retorno a una vida auténtica?

3. ORATIO

a) Salmo 119(118),1-2.4-5.17-18.33-34

El Salmo nos invita a obedecer la ley del Señor con todo el empeño personal. Esta posibilidad no es sólo una obligación exterior sino un don concedido al hombre que pone su confianza en Dios. La práctica de la justicia nueva para entrar en el reino de los cielos no puede nacer sólo de un empeño individualita sino de un diálogo familiar y constante con la Palabra de Dios.

Dichoso el que, con vida intachable,
Camina en la voluntad del Señor.
Dichoso el que, guardando sus preceptos
Lo busca con todo el corazón.
Tú promulgas tus decretos
Para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus consignas.
Haz bien a tu siervo: viviré
Y cumpliré tus palabras;
Ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu voluntad.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente;
Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón.

b) Oración final

 La Palabra que hemos escuchado y meditado se nos presenta fuerte, Señor y ha puesto en crisis nuestra actitud: “Ve primero a reconciliarte”. En primer lugar, antes de presentarnos ante el altar, antes de presentar nuestras cosas y entregarlas con amor, antes que sea el hermano quien tome la iniciativa, ayuda a nuestro corazón a realizar aquel movimiento que arregla el conflicto, el desgarro  , de este modo, recomponer la armonía perdida.

4. CONTEMPLATIO

San Juan Crisóstomo nos invita con fuerza y firmeza: “ Cuando te resistes a perdonar a tu enemigo, te ocasionas una injuria a ti no a él. Esto que estás preparando es un castigo para ti en el día del juicio.” (Discurso 2,6). Déjate transformar por el amor de Dios, para cambiar la vida, para convertirte, para volver al camino de la vida.

¡No todo vale!

Dice una conocida sentencia: “Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Ha de ser ley porque es justa”. El hombre, que anhela su propia libertad (sin más límites que la propia conciencia) está inclinado a rechazar todas aquellas normas, o mínimas pautas, que vayan en contra de esa idea: yo soy dueño de mi vida, de mi historia y de todo lo que pienso y realizo. ¿O no es así? ¿No hay una práctica rebeldía del hombre contemporáneo a todo lo que se le impone como ley?

1.- El evangelio de este domingo VI nos viene estupendamente. Frente al “todo vale” que, en cierta manera nos propaga el mundo, Jesús nos dice el “pero yo os digo”.

-Frente al aborto (porque el ser humano es dueño de su propio cuerpo), el Señor nos recuerda que –el 5º mandamiento- sigue tan vigente como lo conoció y escuchó Moisés: “¡No matarás! “Y que, la vida, viene de Dios y, sólo Dios, puede disponer de ella.

-Frente al olvido o la marginación de los más mayores (cuando la sociedad afirma que ya han cumplido), el Señor nos trae a la memoria el 4º punto de lo revelado por Dios en el Monte Sinaí “honrarás y respetarás a tus padres”.

-Frente a la opulencia (en contraste escandaloso con los países más pobres), en este día de Manos Unidas que lucha por el desarrollo de los pueblos más desfavorecidos y hambrientos, el Señor nos lleva al segundo mandamiento: “amarás al prójimo como a ti mismo”.

-Frente al intento de absolutizar leyes y normas que siendo indignas se exigen a todas las personas sin derecho a objeción de conciencia (como recientemente reclamaba el Papa Benedicto XVI), Jesús nos recuerda que, sólo Dios, es digno de ser adorado y de ser tenido como suprema ley a favor del hombre.

2.- La Palabra de Dios, sus leyes, no son ningún adorno para la humanidad. Es la constatación de un hecho real: muchos de los que creemos en el Señor no tenemos orientada suficientemente, y con fortaleza cimentada, nuestra vida en el Reino de Jesús. Dios, y es así, no es ningún adorno: si su Ley fuera cumplida muchos dramas del mundo serían superados.

3.- Jesús no quiere esclavos de su Reino. Hay un dicho que dice algo así “la letra con sangre entra”. La ley del Señor, desde el momento en que está sustentada en el amor, requiere discípulos libres (no obligados), con luz propia (no con imitaciones), con sal y picante (no derretidos o vencidos). A nadie se nos obliga a creer y, por lo tanto, cumplir la voluntad de Dios, esperar en El y en sus promesas nos lleva a la siguiente conclusión: vivir según Dios es un gran regalo. Un privilegio que el Señor nos recuerda en el evangelio que acabamos de escuchar.

Cristo que sabe cómo se está con Dios metido en el corazón, desea para nosotros lo mismo: la felicidad auténtica. ¿Y cómo se alcanza? Sirviéndole con alegría y con prontitud, con entusiasmo y con diligencia, con perfección y con humildad.

4.- Iba un peregrino camino de Compostela y, en un anochecer, mirando hacia las estrellas preguntó: “Señor; ¿qué quieres de mí? Vivo según tu Palabra y camino por tus sendas. Te busco…y no sé si acabo de encontrarte. Una voz, desde lo más profundo del silencio le contestó: “te quiero a Ti”.

Esta es la ley del Señor. Sus mandamientos están encaminados precisamente hacia ello: a un encuentro real, misterioso y personal entre Dios y el hombre.

5.- QUE NO SEA REBELDE, SEÑOR

A tu Palabra, pues ella me ilumina
me enseña los caminos hacia tu Reino
A tu presencia, pues contigo y en Ti,
encuentro la felicidad plena
la dicha verdadera y las razones para vivir
QUE NO SEA REBELDE, SEÑOR
A tus leyes, pues con ellas,

podré ser libre de verdad
sin someterme a otras, que en el mundo,
son injustas y caprichosas
QUE NO SEA REBELDE, SEÑOR
A tu voluntad, para no ser esclavo de nadie

y sirviéndote a Ti, pueda descubrirte
en mi entrega sencilla pero sincera a los demás
QUE NO SEA REBELDE, SEÑOR
A tu proyecto sobre mí,

y llevar a buen puerto
lo que, mis débiles fuerzas, me permitan
QUE NO SEA REBELDE, SEÑOR
A tus exigencias en la vía hacia la perfección

A tu corazón, para moldear el mío frío y duro
A tu llamada, para no olvidarme
de lo mucho que, hoy siempre, me amas.
Amén.

Javier Leoz

Nos hemos convertido en «nuevos fariseos»

1.- Estamos en un fin de semana muy “romántico”. Muchas asociaciones organizan cenas para celebrar el día de los enamorados. También nosotros, con Manos Unidas, estamos celebrando el amor, el de Dios por las personas, especialmente por los más pobres. Porque digo yo que no es muy “romántico” celebrar nuestro amor y no hacer nada para que las personas no sigan muriendo de hambre en pleno siglo XXI.

Y es que el amor es el motor del mundo, siempre y cuando nos lo creamos y lo pongamos en práctica. El amor es el que nos ayudará a tomar las mejores decisiones en nuestra vida, el amor de verdad, no un enamoramiento pasajero. Esa era y sigue siendo la propuesta del Evangelio, la propuesta de Jesús. Hoy seguimos escuchando a Jesús en la montaña, después del mensaje de las bienaventuranzas, después de invitarnos a ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”. Ahora Jesús actualiza los diez mandamientos, recuperando su verdadero sentido, el de servir de cauce para formar un pueblo libre y dominado por el amor. Ese era el proyecto de Dios para su pueblo, Israel.

2.- Pero los hombres hemos convertido los mandamientos en una losa en la que no se ve el amor por ninguna parte. Nos hemos convertido en “nuevos fariseos”, con leyes y normas que en lugar de ayudarnos a crecer y a vivir felices, nos alejan del proyecto de Dios de construir un mundo de hermanos, una gran familia de hijos e hijas de Dios. Jesús quiere dar cumplimiento verdadero a esa ley, quiere desvelar su verdadero significado. Todos los mandamientos están traspasados por el amor. No se trata solo de no matar, ni robar, como mucha gente dice cuando viene al confesionario. Se trata de tratar a las personas con respeto, con amor, como hermanos. Se trata de no consentir que haya gente que siga muriendo de hambre ante nuestras narices. Se trata, en el fondo, de la opción que se nos plantea en la primera lectura, una vieja opción, una lucha antigua, de toda la vida: la lucha entre el bien y el mal. “Ante ti están puestos fuego y agua –dice la primera lectura–, echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja”. ¿Cómo vencer esa lucha si no dejamos que el amor sea el motor de nuestras vidas? ¿Cómo no caer en la tentación del egoísmo, del materialismo, del tener, del poder, si hemos cubierto la ley del amor con un montón de normas “para ser buenos” que no nos ayudan a serlo? ¿Estamos justificados si hoy damos una limosna para Manos Unidas “y ya está”?

3.- Yo no sé vosotros, pero yo cada vez que leo el Evangelio descubro a un Jesús que quería quitar de en medio todas las “capas” que ocultaban el verdadero amor de Dios por todas las personas, y muchas de esas capas las encontró “entre los suyos”, entre los grupos religiosos de la época, que fueron los que propiciaron su muerte. El discurso de Jesús en la montaña (que podemos leer con calma en casa buscando el capítulo 5 del Evangelio de Mateo), es una llamada a vivir el proyecto de Dios aquí y ahora, hoy, en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestros trabajos, entre nuestros amigos y conocidos. Es importante abrir el corazón para que entre Él, para que entre el amor, para que sea el AMOR con mayúsculas el que nos ayude a optar entre el bien y el mal, como propone la Palabra de Dios, a optar entre el individualismo o la comunidad, entre el egoísmo o el compartir, entre la indiferencia o la fraternidad, entre ser “fariseos” o ser “cristianos”, seguidores de Cristo Jesús, el maestro, el servidor, el amigo de los pobres, el que nunca nos fallará.

4.- Si nuestra opción es por Jesús y su proyecto de amor, entonces podremos venir cada domingo a la Eucaristía y celebrar el amor que Dios nos tiene, sin olvidarnos de aquellos hermanos nuestros que necesitan nuestra ayuda, que pasan hambre (consecuencia de esta crisis que sufrimos, y que quizás hemos provocado por no saber elegir entre el bien y el mal), hermanos y hermanas nuestros que están cerca de nosotros, en nuestro edificio, en caritas, en la calle, durmiendo en los portales, buscando entre las basuras; y tampoco nos podemos olvidar de los que están lejos, de aquellos a los que podemos llegar con nuestras “manos unidas”, con nuestra fraternidad y nuestra solidaridad. Hoy los traemos a la Mesa común gracias a Manos Unidas. “Su mañana es hoy” dice el lema de la campaña. Hagámoslo posible. Renovemos nuestra fe en el Dios del amor que tiene un proyecto de felicidad para todas las personas, y no lo ocultemos debajo de tanto fariseísmo.

Pedro Juan Díaz

Libres para escoger

Una persona se quejaba de que, cerca de su casa, sólo había un supermercado de una cadena, y casi todos los productos eran de la marca de dicha cadena: “Así no puedes escoger lo que compras”. Los mayores seguramente recordamos aquella famosa frase publicitaria: “Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo”. Poder escoger es uno de los componentes de la libertad humana, y reclamamos esa libertad, tanto para las cosas pequeñas o cotidianas como para otros temas más importantes de nuestra vida. Si podemos, queremos escoger lo mejor, y por eso la libertad de escoger necesita criterio y discernimiento, porque la elección que hagamos va a tener unas consecuencias, que serán positivas si hemos sabido escoger bien, o negativas si no hemos sabido escoger lo correcto.

La Palabra de Dios de este domingo nos muestra que también en la vida de fe, en contra de lo que muchos creen y viven, tenemos libertad de escoger. La 1ª lectura lo expone claramente: Si quieres, guardarás sus mandatos… ante ti están fuego y agua, echa mano a lo que quieras. Dios nos deja libres, pero como buen Padre, quiere que escojamos lo mejor, y por eso nos advierte de las consecuencias: delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Unas consecuencias que Jesús indica en el Evangelio mediante una serie de ejemplos prácticos.

Ante el acomodamiento y mediocridad, afirma: Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Ante los conflictos con otras personas, Él nos dice: todo el que esté peleado con su hermano será procesado.

Ante la actitud de no tomar en serio la relación matrimonial, dice: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.

Ante la falsedad y la doblez de intención, Jesús señala: A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

Jesús nos indica que la vida de fe no queda relegada al ámbito de la propia interioridad, sino que afecta y se concreta en todas las dimensiones de nuestra vida. Somos libres para escoger el camino que Dios nos propone, o para rechazarlo, pero hemos de ser conscientes de las consecuencias de lo que decidamos. No hay que escoger irreflexivamente, ni tampoco por miedo, sino en conciencia.

Y para que nuestra elección sea verdaderamente libre y en conciencia necesitamos criterio y discernimiento. El criterio es la norma que usamos para conocer la verdad, y nuestro criterio ha de ser el de Jesucristo y su Evangelio. Y para hacer nuestro su criterio, necesitamos “momentos de silencio, de contemplación orante y de escucha de la Palabra, y la práctica sacramental” (Christus vivit 108).

Y también necesitamos seguir una adecuada formación cristiana que no consista en una mera adquisición de conocimientos, sino que nos ponga en contacto y en comunión con Jesucristo para ir formando nuestra conciencia, asumiendo sus criterios y decisiones en los Equipos de Vida.

Y desde un criterio cristiano podremos ejercer el discernimiento, que es el proceso por el que se toman decisiones importantes para poder elegir lo mejor, distinguiendo los pros y los contras de aquello que vamos a escoger.

¿En mi vida cotidiana me siento libre para escoger? ¿Pienso en las consecuencias de mi elección? ¿Y en lo referente a la fe me siento libre o coaccionado? ¿Me he preocupado de formar mi conciencia para adquirir un criterio cristiano? ¿Sé ejercer el discernimiento para que la fe ilumine mi vida?

Además de lo que afecta a nuestra vida personal, también como Iglesia debemos escoger el camino a seguir. Este fin de semana se está celebrando el Congreso nacional de Laicos «Pueblo de Dios en Salida», en el que se marcarán las líneas fundamentales para dinamizar el laicado en los próximos años en cada diócesis. De nosotros depende tener presente lo que se concluya en este Congreso e implicarnos en su desarrollo y concreción, o ignorarlo y continuar como hasta ahora. Ojalá que todos escojamos este camino de vida que el Señor nos abre, para transmitir, como Iglesia y sobre todo los laicos, una mirada de esperanza ante los desafíos que nos presenta la evolución de nuestra sociedad actual, descubriendo también los signos de la presencia de Dios que hay en el mundo de hoy.