Vísperas – Martes VI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES VI de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

La noche no interrumpe
tu historia con el hombre;
la noche es tiempo
de salvación.

De noche descendía tu escala misteriosa
hasta la misma piedra donde Jacob dormía.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche celebrabas la Pascua con tu pueblo,
mientras en las tinieblas volaba e exterminio.

La noche es tiempo
de salvación.

Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche;
de noche prolongabas la voz de la promesa.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre,
de noche eran los sueños tu lengua más profunda.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, en un pesebre, nacía tu Palabra;
de noche lo anunciaron el ángel y la estrella.

La noche es tiempo
de salvación.

La noche fue testigo de Cristo en el sepulcro;
la noche vio la gloria de su resurrección.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche esperaremos tu vuelta repentina,
y encontrarás a punto la luz de nuestra lámpara.

La noche es tiempo
de salvación. Amén.

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida, 
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

SALMO 48

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: Rm 3, 23-25a

Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados, gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto.

RESPONSORIO BREVE

R/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R/ De alegría perpetua a tu derecha.
V/ En tu presencia, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

PRECES

Alabemos a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y, poniendo en él nuestra esperanza, digámosle suplicantes:

Protege a tu pueblo, Señor.

Pastor eterno, protege a nuestro obispo (…)
— y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución
— y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados
— y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los cuerpos legislativos de las naciones,
— para que en todo legislen con sabiduría y equidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre
— y admítelos en el banquete de las bodas eternas.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas, para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes VI de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor, tú que te complaces en habitar en los rectos y sencillos de corazón; concédenos vivir por tu gracia de tal manera, que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor.

 2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 8,14-21
Se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Él les hacía esta advertencia: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.» Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?» «Doce», le dicen.«Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?» Le dicen: «Siete.» Y continuó: «¿Aún no entendéis?»

3) Reflexión

• El evangelio de ayer hablaba del malentendido entre Jesús y los fariseos. El evangelio de hoy habla del malentendido entre Jesús y los discípulos y muestra como la “levadura de los fariseos y de Herodes” (religión y gobierno), se había infiltrado también en la cabeza de los discípulos hasta el punto de que no fueron capaces de acoger la Buena Nueva.
• Marcos 8,14-16: Cuidado con la levadura de los fariseos y de Herodes. Jesús advierte a los discípulos: “Guardaos de la levadura de los fariseos y de Herodes”. Pero ellos no entendían las palabras de Jesús. Piensan que habla así porque habían olvidado comprar el pan. Jesús dice una cosa y ellos entienden otra. Este desencuentro era el resultado de la influencia insidiosa de la “levadura de los fariseos” en la cabeza y en la vida de los discípulos.
• Marcos 8,17-18ª: Las preguntas de Jesús. Ante esta falta casi total de percepción en los discípulos, Jesús hace una serie de preguntas rápidas, sin esperar una respuesta. Preguntas duras que evocan cosas muy serias y revelan una total incomprensión por parte de los discípulos. Por increíble que parezca, los discípulos llegaron a un punto en que no se diferenciaban de los enemigos de Jesús. Anteriormente, Jesús se había quedado triste con la “dureza de corazón” de los fariseos y de los herodianos (Mc 3,5). Ahora, los discípulos mismos tenían un “corazón endurecido” (Mc 8,17). Anteriormente, “los de fuera” (Mc 4,11) no entendían las parábolas, porque “tenían ojos y no veían oídos y escuchaban” (Mc 4,12). Ahora, los discípulos mismos no entendían nada, porque “tienen ojos y no ven, oídos y no oyen” (Mc 8,18). Además de esto, la imagen del “corazón endurecido” evocaba la dureza del corazón de la gente del AT que siempre se desviaba del camino. Evocaba asimismo el corazón endurecido del faraón que oprimía y perseguía al pueblo (Ex 4,21; 7,13; 8,11.15.28; 9,7…). La expresión “tienen ojos y no ven, oídos y no oyen” evocaba no sólo a la gente sin fe, criticada por Isaías (Is 6,9-10), sino que también a los adoradores de los falsos dioses, de los cuales el salmo decía: “Tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen” (Sal 115,5-6).
• Marcos 18b-21: Las dos preguntas sobre el pan. Las dos preguntas finales son sobre la multiplicación de los panes: ¿Cuántos cestos recogieron la primera vez? ¡Doce! Y ¿la segunda? ¡Siete! Como los fariseos, también los discípulos, a pesar de haber colaborado activamente en la multiplicación de los panes, no llegaron a comprender su significado. Jesús termina: «¿Aún no entendéis?» La forma que Jesús tiene de lanzar estas preguntas, una después de otra, casi sin esperar respuesta, parece una ruptura. Revela un desencuentro muy grande. ¿Cuál es la causa de este desencuentro?
• La causa del desencuentro entre Jesús y los discípulos. La causa del desencuentro entre Jesús y los discípulos no fue su mala voluntad. Los discípulos no eran como los fariseos. Estos también no entendían, pero en ellos había malicia. Se servían de la religión para criticar y condenar a Jesús (Mc 2,7.16.18.24; 3,5.22-30). Los discípulos, por el contrario, eran buena gente. No tenían mala voluntad. Pues, aún siendo víctimas de la “levadura de los fariseos y de los herodianos”, no estaban interesados en defender el sistema de los fariseos y de los herodianos en contra de Jesús. Entonces, ¿cuál era la causa? La causa del desencuentro entre Jesús y los discípulos tenía que ver con la esperanza mesiánica. Había entre los judíos una gran variedad de expectativas mesiánicas. De acuerdo con las diversas interpretaciones de las profecías, había gente que esperaba a un Mesías Re (cf. Mc 15,9.32). Otros, a un Mesías Santo o Sacerdote (cf. Mc 1,24). Otros, a un Mesías Guerrillero subversivo (cf Lc 23,5; Mc 15,6; 13,6-8). Otros, a un Mesías Doctor (cf. Jn 4,25; Mc 1,22.27). Otros, a un Mesías Juez (cf. Lc 3,5-9; Mc 1,8). Otros, a un Mesías Profeta (6,4; 14,65). A lo que parece, nadie esperaba a un Mesías Siervo, anunciado por el profeta Isaías (Is 42,1; 49,3; 52,13). Ellos no daban valor a la esperanza mesiánica como servicio del pueblo de Dios a la humanidad. Cada cual, según sus propios intereses y según su clase social, esperaba al Mesías, queriendo encajarlo en su propia esperanza. Por esto, el título Mesías, dependía de las personas o de la posición social, podía significar cosas bien diferentes. ¡Había mucha confusión de ideas! Es en esta actitud de Siervo que está la llave que va a encender una luz en la oscuridad de los discípulos y que los ayudará a convertirse. Solamente aceptando al Mesías como el Siervo sufriente de Isaías, ellos serán capaces de abrir los ojos y comprender el Misterio de Dios en Jesús.

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuál es hoy la levadura de los fariseos y de Herodes para nosotros? ¿Qué significa hoy, para mí, tener el “corazón endurecido”?
• La levadura de Herodes y de los fariseos impedía a los discípulos entender la Buena Nueva. La propaganda de la televisión ¿nos impide hoy entender la Buena Nueva de Jesús?

5) Oración final

Cuando digo: «Vacila mi pie»,
tu amor, Yahvé, me sostiene;
en el colmo de mis cuitas interiores,
tus consuelos me confortan por dentro. (Sal 94,18-19)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

2.- NAZARET. LOS HERMANOS Y HERMANAS DE JESÚS

Mt 2, 23; Lc 2, 39-40; Mc 6, 3

José conocía bien las Escrituras y, como todos los judíos piadosos de su época, esperaba la llegada del Mesías. Ahora lo tenía en su propia casa. ¡Y él le enseñaba! No terminaba de acostumbrarse.

En diversas ocasiones los evangelistas nos muestran a José como un hombre inteligente que se cerciora bien antes de tomar una decisión, que saca adelante a la Sagrada Familia en situaciones difíciles… Sabía callar, y era discreto y fiel. Estaba acostumbrado a saborear en silencio el misterio de Jesús. Ningún otro hombre estuvo tan asociado a Él, a lo largo de tantos años y en una intimidad tan profunda. El enseñó a Jesús a trabajar.

En el evangelio puede verse el sustrato de la vida de Jesús en Nazaret, su mentalidad de hombre que ha trabajado, su aprecio por las manifestaciones del trabajo en el mundo… Conocía bien las faenas del campo y el oficio de los pastores: el cuidado de la viña, la unión de los sarmientos a la vid; sigue paso a paso las vicisitudes de la siembra: la simiente que cae en el camino, entre espinas, entre piedras, en buena tierra; la aparición de la cizaña; el grano que se pudre bajo tierra, el crecimiento invisible, pero cierto; la mies que blanquea cuando está lista para la siega; sabe cómo crece la mostaza y el modo de abonar una higuera. Sabe que -la Virgen y san José lo mencionarían en más de una ocasión- los primeros invitados a su nacimiento fueron pastores. Distingue el buen pastor (el que llama a cada oveja por su nombre, va a buscar a la perdida…) del malo, del mercenario, que no tiene interés por el rebaño…; otras veces se para en el que lleva a abrevar al buey o saca a la oveja caída en un barranco: Él se llama buen pastor. Muchas de estas escenas de su predicación ya las había visto en Nazaret. Tiene experiencia de los más diversos trabajos de su tiempo: cómo edificar una casa de modo que quien ponga la primera piedra pueda también colocar la última; y el mundo variado del comercio: en perlas, en vino, en paños; sabe lo que dan por un cuarto: dos gorriones; y la posibilidad de negociar con el propio dinero… En sus enseñanzas aparecen muchas ocupaciones humanas que Él pudo observar de cerca: el publicano o recaudador de impuestos, el alguacil, el juez, los militares, las plañideras, etc. También menciona distintas faenas caseras, que vería realizar a su Madre: la fabricación del pan, el barrido, el servicio doméstico, la necesidad de atender a la despensa… El público que le escuchará estaba compuesto la mayoría de las veces por gentes que trabajan y se afanan para una vida ordinaria llena de normalidad. Conoció el mundo del trabajo como alguien que lo había experimentado.

Durante estos años sin relieve externo, Jesús trabajó bien, sin chapuzas, llenando las horas. Nos es fácil ver al Señor recogiendo los instrumentos de trabajo, dejando las cosas ordenadas… Tendría Jesús el prestigio de quien realiza su tarea con perfección, pues todo lo hizo bien, también las cosas materiales.

El Señor conoció también el cansancio y la fatiga de la faena diaria, y experimentó la monotonía de los días sin relieve y sin historia aparente. Así fueron los días de Nazaret, en los que con esa tarea corriente estuvo también redimiendo al mundo[1].

Jesús no solo tuvo una familia; perteneció a la vez a un clan familiar, que aparece con cierta frecuencia en los evangelios. Tanto en hebreo como en arameo, para designar los parentescos de diferentes grados se emplea la palabra hermano. Esta palabra denota la importancia que todavía tenían la tribu y el grupo familiar. La expresión comprende a los hermanos, a los sobrinos, a los primos carnales o políticos, etc. Los hombres de un clan son todos hermanos en este sentido.

Jesús, como bien sabemos, no tuvo hermanos, hijos de José o de María. En ningún escrito del Nuevo Testamento se hace mención ni de un hijo de María ni de un hijo de José, fuera de Jesús.

Acerca de estos parientes de Jesús, san Pablo habla en su primera Carta a los Corintios de los hermanos del Señor como de un grupo de hombres respetables. En la Carta a los Gálatas, Santiago, el hermano del Señor, aparece como uno de los apóstoles. En los Hechos de los Apóstoles, san Lucas menciona también a los hermanos de Jesús y los coloca después de María, la Madre de Jesús, al lado de los apóstoles.

Esta expresión, los hermanos, se presenta como una frase ya hecha, recibida de las primeras comunidades cristianas de Palestina. Procede de la manera de hablar aramea y pasa al griego conservando su sentido original primitivo. Mateo y Lucas dicen expresamente que Jesús no tuvo hermanos mayores, y este último descarta de manera categórica que después de Él María tuviera otros hijos. Solo Él es llamado el hijo de María.

En la vida pública del Señor aparece una buena parte de sus parientes. Cuando Jesús entra en conflicto con sus compatriotas, las gentes de Nazaret dicen despectivamente: ¿No es el hermano de Santiago y de José y de Judas y de Simón? (Mc).

La madre de dos de ellos es nombrada en el Calvario, entre aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle y habían subido con Él a Jerusalén; esta mujer se llama María y es la madre de Santiago y de José (Mt; Mc). No es, como es lógico, la madre de Jesús[2].

San Lucas se refiere el domingo de resurrección a María la de Santiago (Lc) por el nombre de su hijo, que fue el más ilustre de los hermanos del Señor y del que habla frecuentemente en los Hechos de los Apóstoles como jefe de la Iglesia de Jerusalén[3].

Los otros dos hermanos, Judas y Simón, no son hijos de esta mujer; por consiguiente, son primos de Jesús por otra rama distinta. Igual ocurre con las hermanas de Jesús que aparecen en otros lugares del evangelio. Los habitantes de Nazaret se refieren a todos ellos con cierta afectación, queriendo probar así los lazos estrechos que unen al nuevo profeta con sus parientes, que no son sino campesinos o artesanos de pueblo, como lo fue Él mismo.

En sus últimos momentos en la Cruz, Jesús confiará su Madre al discípulo amado, como si se tratara de una mujer sola y sin hijos. La tradición es unánime desde los comienzos, al considerar que María no tuvo más hijos que Jesús.


[1] La consideración de la vida oculta del Señor nos habla de nuestra vida sencilla, que es también importante porque, unidas nuestras acciones a las de Jesús, tienen valor de corredención, y el alma crece día a día en amor a Dios y madurez sobrenatural. «Las obras del Amor son siempre grandes, aunque se trate de cosas pequeñas en apariencia» (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, n. 44).

[2] San Marcos la menciona indistintamente como madre de uno o del otro: María la de José la tarde del viernes santo (Mc 15, 47), María la de Santiago el domingo de resurrección (Mc 1, 1). Mateo la llama simplemente la otra María, para distinguirla de María Magdalena, junto a la cual se sienta frente al sepulcro la tarde del viernes santo (Mt 27, 1) y con la que vuelve el domingo por la mañana (Mt 28, 1).

[3] San Juan habla de cuatro mujeres en el Calvario: su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena (Jn 19, 25). Es muy posible que esta hermana de la Virgen sea la madre de Santiago y José, de la que hablan Marcos y Mateo (P. R. BERNARD, El misterio de Jesús, vol. I, p. 214). Otros autores, entre ellos Prat, piensan que en el Calvario había tres mujeres y no cuatro: la madre de Jesús; su hermana María, mujer de Cleofás; y María Magdalena (F. PRAT, Jesucristo, vol. I, p. 482). Juan no escribe su nombre quizá para no subrayar que cuatro Marías rodearon a Jesús en su agonía.

Comentario – Martes VI de Tiempo Ordinario

Nos dice san Marcos que, en cierta ocasión, Jesús les hizo esta recomendación a sus discípulos: Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes. El modo en que aquellos discípulos entienden la advertencia de su Maestro es muy reveladora, muestra a las claras su torpeza y cortedad de miras. Era evidente que Jesús no se estaba refiriendo a la levadura del pan que habían olvidado llevar en la barca. No era ésta la levadura de los fariseos.

Aplicándose al papel del paciente pedagogo, Jesús, como si se dirigiera a niños pequeños, se entretiene en recordarles las cestas de pan recogidas cuando repartió cinco panes entre cinco mil personas. La escasez de pan no era algo que le preocupara. Él podía hacer panes sin necesidad de levadura. Lo que sí le preocupaba es que sus discípulos se dejasen contagiar por la mentalidad de los fariseos o la de Herodes. Ambas eran nocivas y había que cuidarse de ese posible contagio.

Porque la hipocresía farisaica –ésta es probablemente la levadura de los fariseos frente a la cual Jesús pone en guarda a sus discípulos- es contagiosa y, como buena levadura, puede acabar fermentando la masa social en la que está inserta. Una es la hipocresía farisaica y otra la de Herodes; en ambos hay, seguramente, hipocresía, pero en los fariseos tiene un alcance más religioso (aparentan piedad, pero por dentro están llenos de podredumbre) que en Herodes, que tiene un carácter más político (aparenta honorabilidad, pero es un rey títere, que vive como lacayo del César romano). La hipocresía ayudaba a los fariseos a conservar su autoridad moral ante el pueblo y a Herodes a mantenerse en el trono y a conservar sus privilegios y dominios. Las apariencias, expresamente cultivadas, permitían a los fariseos aparecer rodeados de un halo de dignidad que no se correspondía con la verdad; les permitía aparecer a los ojos de todos como cabales cumplidores de la ley, limosneros, orantes, observantes del ayuno y el Sábado, etc. Pero en su conducta había más de apariencia de piedad que de verdadera piedad. Y así lo denuncia Jesús en multitud de ocasiones. También la majestuosidad de Herodes era una apariencia de dignidad en un hombre carente de ella.

La hipocresía sirve para cubrir u ocultar, al menos temporalmente, ruindades, fealdades, mezquindades y corruptelas humanas. Por eso es también contagiosa, como la mentira, porque se presenta como un recurso útil para alcanzar ciertos objetivos o amparar ciertos intereses. De esta levadura quiere Jesús que se guarden sus discípulos, algo que no resulta nada fácil, como no es fácil mantenerse en la verdad o permanecer verdaderos en las palabras y en las obras. Es la dificultad que supone mantenerse libres de un fermento tan poderoso y extendido. Porque también nosotros recurrimos a las apariencias para ocultar la realidad. ¡Cuántas veces adoptamos comportamientos hipócritas! ¡Cuántas veces nos vemos ocupados en la tarea de mostrar la cara más amable de nuestra vida o la imagen más aceptable de nuestra personalidad, ocultando esos rasgos de la misma que, entendemos, van a contribuir a nuestro desprestigio o difamación! La hipocresía es, realmente, contagiosa, y tenemos que guardarnos de ella si no queremos ser una víctima más de su poder fermentante. Es la recomendación de Jesús. Tened, pues, cuidado con esa levadura que no es la que fermenta el pan, sino la que se apodera del alma.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

277. Jesús camina entre nosotros como lo hacía en Galilea. Él pasa por nuestras calles, se detiene y nos mira a los ojos, sin prisa. Su llamado es atractivo, es fascinante. Pero hoy la ansiedad y la velocidad de tantos estímulos que nos bombardean hacen que no quede lugar para ese silencio interior donde se percibe la mirada de Jesús y se escucha su llamado. Mientras tanto, te llegarán muchas propuestas maquilladas, que parecen bellas e intensas, aunque con el tiempo solamente te dejarán vacío, cansado y solo. No dejes que eso te ocurra, porque el torbellino de este mundo te lleva a una carrera sin sentido, sin orientación, sin objetivos claros, y así se malograrán muchos de tus esfuerzos. Más bien busca esos espacios de calma y de silencio que te permitan reflexionar, orar, mirar mejor el mundo que te rodea, y entonces sí, con Jesús, podrás reconocer cuál es tu vocación en esta tierra.

Recursos – Ofertorio Domingo VII de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DEL SIGNO DE LA PAZ

(Hoy podría ser éste el momento adecuado para vivir la paz, como mutuo perdón y haciendo visible el perdón del mismo Dios. La oración-motivación lo realiza el presidente de la asamblea:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Padre bueno y misericordioso que te alegras ante los y las que aman y se perdonan de corazón. Hoy nos presentamos ante Ti con deseos de perdón y queriendo ser signos de ese mismo perdón. Míranos en este momento y acepta el gesto de PAZ que nos ofrecemos como signo del perdón que Tú mismo nos das.

– Daos, fraternalmente y de corazón, la paz y el perdón.

PRESENTACIÓN DE UN JUGUETE BÉLICO

(Hace la ofrenda un niño)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo este juguete que tanto nos atrae a los niños de hoy. Al ofrecértelo, quiero renunciar a él y a cuanto significa ver la vida desde la guerra y el poder del más fuerte. Ayúdame y ayuda a todos los niños y niñas, como también a los y las jóvenes y mayores, a comprender la importancia de la paz; a saber, que sólo, desde unos corazones pacificados, se puede sembrar y vivir la paz con los y las demás y en medio de la sociedad y del mundo. Y que sólo así podremos llegar a ser bienaventurados y bienaventuradas.

PRESENTACIÓN DE UN PUZZLE

(Puede hacer la presentación uno/una de los/las adolescentes)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Aquí tienes, Señor, este puzzle. Como bien sabes, es un juego de niños que, para formar una imagen, necesita mil pequeñas piezas. Yo te lo ofrezco hoy como el símbolo de nuestra disponibilidad a la colaboración y la cooperación con todos los hombres y mujeres. Que allí donde haya un problema o una necesidad de una persona, estemos nosotros y nosotras siempre dispuestos y dispuestas a colaborar con todos y todas en la búsqueda de su solución y en la construcción de tu Reino.

PRESENTACIÓN DE UNAS TIJERAS DE PODAR

(Una persona adulta presenta unas tijeras de podar)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te traigo estas tijeras de podar. Todos y todas conocemos cuál es su finalidad y cómo, matando lo superfluo, generan nueva y más vigorosa vida. También sabemos que la permanencia en tu Hijo Jesucristo nos pone en situación de poda, de morir para resucitar. Que las dificultades de la poda no nos hagan desistir de vivir en Jesucristo, de imitarle y de identificarnos con Él.

PRESENTACIÓN DE UN PAN Y UNA JARRA DE VINO

(Pueden hacer la ofrenda dos personas, y una de ellas será la que diga:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, te traemos este pan y este vino, signos del Cuerpo entregado y de la Sangre derramada de tu Hijo por nosotros y nosotras. Él los quiso unir en su última Cena, dejándonos, así, señal de que su Encarnación había de culminarse en su muerte, para que nada de lo nuestro se le escapara. Con ellos queremos unir nuestra ofrenda y la de tantas personas que en tantos lugares siguen entregándose, como Jesús mismo, en favor de los y las más débiles, en favor de los marginados y marginadas.

Oración de los fieles – Domingo VII de Tiempo Ordinario

Hoy Señor, nos pides que seamos santos como lo es tu Padre celestial. Pero sabemos que el caminar se nos hace difícil. Así te pedimos:

DANOS, SEÑOR, TU SANTIDAD.

1.- Por el Papa, los obispos, sacerdotes y laicos, para hundiendo sus raíces en tierra buena, den frutos de justicia y santidad para gloria de Dios y bien de su Iglesia.

OREMOS

2.- Por todos los países del mundo para que sea la generosidad con los demás miembros de la comunidad internacional la moneda de cambio y así construyamos un mundo donde tenga cabida el mensaje de Dios.

OREMOS

3.- Por todos nuestros enemigos para que el Señor los atienda en sus necesidades y descubran en nosotros un corazón acogedor.

OREMOS

4.- Por los enfermos de larga duración para que el Señor les asista con su paciencia y vean en esta situación su camino hacia la santidad.

OREMOS

5.- Por todos los alejados de la Iglesia, para que descubran su vocación a la santidad y retornen pronto a la casa del Padre.

OREMOS

6.- Por todos nosotros para que tengamos siempre el sustento de Dios, la Eucaristía y en su Palabra el ánimo para continuar tras las huellas de Jesús por las sendas de la santidad.

OREMOS

Padre, atiende estas necesidades que te presentamos y todas aquellas para poder continuar nuestro camino en santidad. Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor.

Amen


La llamada a la santidad está inscrita en el corazón y andamos inquietos hasta que no te encontramos. Ayúdanos Señor en esta tarea:

SEÑOR, QUE SEAMOS SANTOS.

1.- Te pedimos Señor, por la Iglesia, para que sea guía para los hombres y una verdadera escuela de santos para tu continua alabanza.

OREMOS

2.- Por la paz en el mundo, el cese de las guerras, la comunión de los pueblos y la generosidad de unos con otros.

OREMOS

3.- Por todos los que sufren a causa de la enfermedad, la falta de trabajo, el egoísmo del prójimo, para que en su angustia encuentren almas capaces de acompañarles hasta “dos millas”.

OREMOS

4.- Por las familias para que sean verdaderas escuelas de santidad.

OREMOS

5.- Por todos los que atacan a la Iglesia para que descubran a Cristo como cabeza de la misma y se unan al camino de santidad que lleva al Padre y que Jesús abrió tras su resurrección.

OREMOS

6.- Por todos nosotros para la búsqueda de la santidad sea nuestra única preocupación en la vida, pues el resto se dará por añadidura.

OREMOS

Padre, en tus manos ponemos estas plegarias, danos todo aquello que necesitamos para cumplir tu encargo y llevarlo a los demás hermanos. Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amen

Comentario al evangelio – Martes VI de Tiempo Ordinario

Yo tampoco termino de comprender. Os lo confieso. Esta lógica del Maestro es bien extraña. Como especial resulta su modo de entender las cosas, como diferente es su manera de enfocar la vida.

Vamos con la “levadura” y la (in)comprensión.

Resulta que hay una “levadura” que fermenta la masa, pero que no es levadura limpia. Levadura farisea que vive del cumplimiento, del auto-centramiento; amasada con los méritos personales, con la autoconciencia de superioridad… Levadura herodiana que vive de la pulsión del poder, para el sometimiento, para la imposición, para mantener el ‘orden’… Esas “levaduras” son peligrosas, son dañinas, pero son enormemente seductoras…

Haremos bien en acoger el aviso del Maestro: “tened cuidado, tened mucho cuidado…”

En los signos del Maestro se puede descubrir que hay otra “levadura”; la que nace del reconocimiento de la propia carencia, de la propia necesidad; la que se mete en la masa de la confianza en la novedad que trae el Reino. Esa “levadura” fermenta y multiplica el pan para todos, el que se parte y se reparte, y llega y sobra…

Es la “levadura” nueva del Reino que viene como pura gratuidad en las manos del Maestro. Es la “levadura” nueva de la bendición que desciende sobre lo poco que somos y tenemos y fermenta en fraternidad, en inclusión, en un ‘nuevo’ orden…

Aunque sea sin acabar de entender, vamos a fiarnos del Maestro, vamos a acoger la novedad que trae.

Que su “levadura” nueva fermente la masa de nuestros corazones y nos haga pan partido y repartido para los demás.

P. Juan Carlos Rodríguez, cmf