Santoral 24 de febrero

SAN PRETEXTATO, obispo y mártir (†586)

Sabemos pocas noticias de él, sobre todo de su juventud. Lo hallamos ya siendo un santo obispo en la segunda mitad del siglo VI, en la ciudad de Rouen, en Francia. Aquí estaba entregado del todo al cuidado de aquellas almas que le habían encomendado para guiarlas hacia la Patria… Era sumamente bueno y si en algo se pasaba era en que a todos escuchaba y a todos quería dar gusto. La afabilidad fue siempre su nota dominante.

Chilperico, rey de Neustria, tuvo un hijo y le rogó que fuera él el padrino de bautismo, a quien puso por nombre Meroveo. Le amó siempre con un gran afecto y tanto como pueda amar la más tierna madre a su hijo. Quedó viuda la bella Brunequilda, casada con su tío Sigiberto y Meroveo pidió al Obispo Pretextato que la uniera en matrimonio. Brunequilda era la reina de Austrasia. Quizá no debía haberlo hecho porque parece que esto era entonces contra los cánones, pero, llevado de una debilidad por su ahijado, lo hizo. Ésta sería la causa de todos sus infortunios y durísimas pruebas que le esperaban. Todo fue efecto de su gran corazón.

El rey Chilperico, y, sobre todo, la terrible Fredegunda, su segunda esposa, odiaban a muerte al joven Meroveo y no tardaron hasta enviarle al destierro. El pobre desterrado no tuvo otra ayuda que la del Obispo Pretextato que lo defendió cuanto pudo. El rey y la reina se levantaron violentamente contra el santo obispo y tramaron cuantas intrigas malévolas pudieron contra él. El rey lo acusó los Obispos al encontrarle en su misma casa algunas alhajas y pertenencias de la reina Brunequilda que había dejado para su custodia antes de salir de Rouen. Esto bastó para decir que estaba en unión con los desterrados para sublevarse contra su rey y contra su patria. El rey convocó urgentemente a los Obispos que en París deliberararon contra este Obispo de Rouen. Chilperico, sin que nadie le preguntase, tomó en primer lugar la palabra y, delante de todos los obispos, levantó la voz acusando de varias cosas al pobre Pretextato.

El rey se había preocupado ya antes de comprar a varios esbirros con tal de que acusasen en falso, calumnias contra el santo obispo y así lo hicieron. Al oír tales acusaciones unos obispos creyeron al rey, y otros juzgaban que todo aquello era una patraña inventada por el mismo monarca para denigrar a Pretextato. Por fin tomó la palabra el obispo acusado y dijo: “Pido perdón por todas mis faltas que son muchas, pero en honor a la verdad y a la fe que profeso debo afirmar públicamente que no es verdad cuanto el rey está diciendo. Yo no he comprado a nadie ni he protegido la impiedad…”.

Viendo el rey que no salía fácilmente con la suya quiso cambiar de táctica y mandó a dos de los prelados más adictos a él para que le dijeran al obispo que se juzgara culpable ante los demás obispos y que ellos pedirían clemencia al rey a su favor. Y así lo hizo el inocente e ingenuo Pretextato en una nueva reunión de todos los Obispos: “Señor rey, he pecado contra las leyes y contra vos, soy merecedor de todos los castigos que deseéis imponerme:”. Eso es lo que esperaba Cilperico quien exclamó lleno de alegría satánica: “¿Lo habéis visto? ¿Oís al criminal confesando voluntariamente su execrable atentado? ¿Qué os parece?”

Uno de los obispos le dijo: “Si así es, no puedes ya convivir entre nosotros. Debes ser desterrado y depuesto de tu cargo”. Otros intentaron defenderle, pero fue desterrado y sufrió bárbaramente durante siete años… Por fin volvió a su sede pero continuó la impía Fredegunda —pues Chilperico ya había muerto— haciéndole cuanto mal pudo y tratando de volverle a calumniar, pues no podía soportar que Pretextato continuase amando a Meroveo… Mientras rezaba un día ante el altar, se le acercó un esbirro pagado por la reina y le hirió a muerte con una espada. Aún pudo Pretextato acercarse al altar y tomar la Sagrada Forma… mientras con firme entereza anunciaba a la reina las penas que le esperaban. Expiró el año 586.

 

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Justo y Rafael Mª López-Melús