Vísperas – Martes VII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES VII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Estoy, Señor, en la ribera sola
del infinito afán. Un niño grita
entre las olas, contra el viento yermo.

A través de la nada,
van mis caminos
hacia el dolor más alto,
pidiendo asilo.

La espuma me sostiene,
y el verde frío
de las olas me lleva,
pidiendo asilo.

Hacia el amor más alto
que hay en mí mismo,
la esperanza me arrastra,
pidiendo asilo.

Gloria al Padre, y al Hijo
y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 124: EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

SALMO 130: ABANDONO CONFIADO EN LOS BRAZOS DE DIOS

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: Rm 12, 9-12

Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Invoquemos a Dios, que ha infundido la esperanza en nuestros corazones, y digámosle:

Tú eres la esperanza de tu pueblo, Señor.

Te damos gracias, Señor, porque en Cristo, tu hijo, hemos sido enriquecidos en todo:
— en el hablar y en el saber.

En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan;
— dales, pues, acierto en sus decisiones, para que te sean gratos en su pensar y obrar.

Tú que concedes a los artistas inspiraciones para plasmar la belleza que de ti procede,
— haz que con sus obras aumente el gozo y la esperanza de los hombres.

Tú que no permites que la prueba supere nuestras fuerzas,
— da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por boca de tu Hijo, nos has prometido la resurrección en el último día,
— no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo mortal.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda, seremos salvados ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes VII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno: concede a tu pueblo que la meditación asidua de tu doctrina le enseñe a cumplir de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 9,30-37
Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.» Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.» Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy presenta el segundo anuncio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Como en el primer anuncio (Mc 8,27-38), los discípulos quedan espantados y con miedo. No entienden la palabra sobre la cruz, porque no son capaces de entender ni de aceptar a un Mesías que se hace siervo de los hermanos. Ellos siguen soñando con un mesías glorioso y muestran, además de esto, una gran incoherencia. Mientras Jesús anuncia su Pasión y Muerte, ellos discuten entre sí quiénes de ellos es el mayor. Jesús quiere servir, ¡ellos sólo piensan en mandar! La ambición los lleva a auto promoverse a cuestas de Jesús. Hasta hoy, aquí y allá, el mismo deseo de autopromoción aparece en nuestras comunidades.
• Tanto en la época de Jesús, como en la época de Marcos, había la “levadura” de la ideología dominante. También hoy, la ideología de las propagandas del comercio, del consumismo, de las novelas influye profundamente en la manera de pensar y actuar de la gente. En la época de Marcos, no siempre las comunidades eran capaces de mantener una actitud crítica frente a la invasión del Imperio Romano. ¿Y hoy?
• Marcos 9,30-32: El anuncio de la Cruz. Jesús camina por Galilea, pero no quiere que la gente se entere, pues está ocupado con la formación de los discípulos y conversa con ellos sobre la Cruz. Dice que, conforme a la profecía de Isaías (Is 53,1-10), el Hijo de Hombre debía ser entregado y condenado a muerte. Esto indica que Jesús se dejaba orientar por la Biblia, tanto en la realización de su propia misión, como en la formación dada a los discípulos. El sacaba su enseñanza de las profecías. Como en el primer anuncio (Mc 8,32), los discípulos lo escuchaban, pero no entendían la palabra sobre la cruz. Pero tampoco piden aclaraciones. ¡Tienen medio de dejar trasparentar su ignorancia!
• Marcos 9,33-34: La mentalidad de competición. Al llegar a casa, Jesús pregunta: “¿De qué discutíais por el camino?” Ellos no responden. Es el silencio de quien se siente culpable, “pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor”. Jesús es buen pedagogo. No interviene inmediatamente. Sabe esperar el momento para luchar contra la influencia de la ideología en sus formandos. La mentalidad de competición y de prestigio, que caracterizaba la sociedad del Imperio Romano, se infiltraba ya en la pequeña comunidad que ¡estaba a punto de empezar! ¡Aquí aparece el contraste, la incoherencia: mientras Jesús se preocupa de ser Mesías Servo, ellos sólo piensan en ser el mayor! Jesús trata de bajar. ¡Y ellos quieren subir!
• Marcos 9,35-37: Servir, en vez de mandar. La respuesta de Jesús es un resumen del testimonio de vida que él mismo venía dando desde el comienzo: Si uno ser el primero, sea el último de todos, el siervo de todos. Pues el último no gana premio ni recompensa. Es un siervo inútil. (cf. Lc 17,10). El poder hay que usarlo no para subir y dominar, sino para bajar y servir. Este es el punto en que Jesús más insistía y del que más dio testimonio (cf. Mc 10,45; Mt 20,28; Jn 13,1-16). Enseguida, Jesús coloca a un crío en medio de ellos. Una persona que sólo piensa en subir y en dominar, no prestaría gran atención a los pequeños. ¡Pero Jesús lo invierte todo! Dice: El que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, a mí me recibe. Quien me recibe a mí, recibe a aquel que me ha enviado. El se identifica con los niños. Quien acoge a los pequeños en el nombre de Jesús, acoge a Dios mismo.
• No por el hecho de que una persona “siga a Jesús” ya es santa y renovada. En medio de los discípulos, cada vez de nuevo, la “levadura de Herodes y de los fariseos” (Mc 8,15) levantaba cabeza. En el episodio del evangelio de hoy, Jesús aparece como el maestro que forma a sus seguidores. «Seguir» era un término que formaba parte del sistema educativo de la época. Era usado para indicar la relación entre discípulo y maestro. La relación maestro-discípulo es diferente a la relación profesor-alumno. Los alumnos asisten a las explicaciones del profesor sobre una determinada materia. Los discípulos «siguen» al maestro y conviven con él, veinte y cuatro horas al día. Fue en esta «convivencia» de tres años con Jesús, que los discípulos y las discípulas recibieron su formación. El evangelio de mañana nos dará otro ejemplo muy concreto de cómo Jesús formaba a sus discípulos.

4) Para la reflexión personal

• Jesús quiere bajar y servir. Los discípulos quieren subir y dominar. ¿Yo? ¿Cuál es la motivación más profunda de mi “yo” desconocido?
• Seguir a Jesús y estar con él, veinte cuatro horas al día, y dejar que su modo di vivir se vuelva mi modo de vivir y convivir. ¿Está ocurriendo esto en mí?

5) Oración final

Acepta con agrado mis palabras,
el susurro de mi corazón,
sin tregua ante ti, Yahvé,
Roca mía, mi redentor. (Sal 19,15)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

VII. EL PRECURSOR

1.- UN NUEVO PROFETA

Mt 3, 1-4; Mt 1-6; Jn 1, 6-8; Lc 3, 7-18

Desde el seno de su madre, Juan fue inundado del Espíritu Santo para preparar la manifestación de Jesús a su pueblo. Y, mientras llegaba este momento, iba creciendo y se fortalecía en el espíritu, y habitaba en el desierto (Lc). Se preparaba para su misión en la soledad y en la oración. Mateo menciona el desierto de Judea, es decir, la parte más árida del país. Esta región montañosa se extiende al oriente de Jerusalén y desciende hacia la llanura de Jericó y la gran depresión del Jordán. No es un desierto en sentido estricto, sino una región reseca y pedregosa de difícil cultivo y, por eso, prácticamente despoblada.

Cuando inició Juan su predicación vestía de un modo austero: llevaba un vestido de pelos de camello, y un ceñidor de cuero a la cintura, y comía langostas y miel silvestre (Mc). Este ropaje era la vestimenta habitual de los moradores del desierto.

La vida pública de Jesús comienza con la misión del Bautista. Juan hablaba de Jesús como del que viene detrás de mí, ante el que no se considera digno de inclinarse para desatar la correa de sus sandalias. El es el último de los profetas del Antiguo Testamento, que anuncia y señala al Mesías ya próximo (Mt; Jn). Es el primero de los testigos de Jesús.

… Y habitaba en el desierto. Esta región no era un desierto en el sentido estricto, sino una zona reseca y pedregosa de difícil cultivo y, por eso, prácticamente despoblada.

Mateo comienza también el relato de la vida pública con un párrafo lleno de solemnidad: En aquellos días se presentó Juan el Bautista… El verbo empleado por Mateo indica una repentina e impresionante aparición.

San Lucas quiere precisar el tiempo y el espacio en que irrumpe Juan como Precursor de Cristo y se muestra muy documentado. Tuvo lugar, nos dice, en el año decimoquinto del imperio de Tiberio César[1]. Era Poncio Pilato procurador de Judea[2], y Herodes, tetrarca de Galilea…

El apóstol san Juan, en quien el Bautista produjo una impresión imborrable, se muestra respetuoso con el que fue su maestro antes de conocer a Cristo, y se refiere a él con la mayor solemnidad en el prólogo al cuarto evangelio: Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. Este evangelista lo menciona hasta siete veces. Los discursos de san Pedro y de san Pablo, recogidos en los Hechos de los Apóstoles, también mencionan el testimonio de Juan como la culminación de todas las profecías anteriores acerca del Mesías.

Jesús dirá de Juan que es el más grande entre los nacidos de mujer (Mt) y la antorcha que ardía y que alumbraba (Jn),señalando el camino a muchos. Cristo era la luz, y Juan vino para dar testimonio de la luz (Jn), para preparar el camino del Señor: el pregonero que anuncia la salvación. Por eso señala a Cristo: He aquí el Cordero de Dios, he ahí al Hijo de Dios; y ve con alegría que sus propios discípulos se vayan con Cristo. Su postura ante el Señor viene expresada por estas palabras: Es necesario que Él crezca y que yo disminuya (Jn).

La aparición de Juan es tan importante que san Lucas lo presenta con estas palabras: vino la palabra de Dios sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto.

Vino la palabra de Dios sobre… Este es el giro empleado para los grandes mensajes de los profetas más sobresalientes, Elías, Isaías, Jeremías, Ezequiel. Y Juan, por su misión, está a la cabeza de todos ellos.

Impulsado por el Espíritu Santo, Juan abandonó el desierto y bajó de la montaña para extender su predicación por el valle del Jordán. Ningún evangelista lo muestra en las ciudades ni en los pueblos. Estaba rodeado de multitudes que iban a buscarlo. Hacía mucho tiempo que no había aparecido en Israel un hombre de Dios portador de la palabra divina. Por eso fue muy grande la emoción que el pueblo experimentó al saber que un profeta, un verdadero profeta, habitaba en el desierto de Judá.

Juan, con su llamada al arrepentimiento, se situaba en la línea de los grandes profetas de Israel. ¿Qué debemos hacer?, le preguntaban las gentes. Y él respondía: Él que tenga dos túnicas que las reparta entre los que no tienen ninguna; y el que tiene qué comer que haga lo mismo (Lc). Hasta los publícanos se iban a bautizar. Entre el auditorio había fariseos y saduceos, a los que Juan dijo tremendas verdades: Raza de víboras, ¿quién os ha dicho que podréis escapar a la cólera inminente? (Mt). Y, sin embargo, estas gentes también se sentían atraídas por él.

San Lucas ve en la persona de Juan y en su predicación el cumplimiento de lo que había profetizado Isaías:

Voz del que clama en el desierto;
preparad el camino del Señor,
haced rectas sus sendas…

Estas metáforas eran elocuentemente expresivas. Cuando un personaje importante hacía su entrada en un pueblecito de la montaña, cercano al desierto, los aldeanos realizaban un trabajo importante: rehacer los senderos, rellenar los barrancos y rebajar los altozanos, enderezar los trazados sinuosos y suavizar los ásperos. En la antigua y en la nueva profecía, todas estas expresiones son simbólicas. El estado de las calzadas es figura del de los espíritus. Si el pueblo deseaba que Dios se abriera camino hasta ellos, era necesario rellenar muchos vacíos, rebajar orgullos empinados, enderezar las almas equivocadas y esponjar las endurecidas.

Y Juan buscó esta renovación interior. Por eso repetía sin cesar: haced penitencia[3]. Y añadía: el Reino de los Cielos está cerca[4]. La etapa que se inicia constituye tal cambio en la historia que exige una conversión radical en la conducta y en el pensamiento. La llegada de Cristo implica una intervención salvadora especial de Dios en favor de los hombres, pero también una exigencia de que estos se abran a la gracia divina y rectifiquen su conducta. Esta era la tarea del Bautista.

Ya en el Antiguo Testamento la conversión había constituido un tema de predicación constante de los profetas; pero ahora, con la venida de Jesucristo, esa conversión se hace urgente y del todo indispensable.


[1] Tiberio César fue el segundo emperador romano. El año decimoquinto de Tiberio se cuenta desde el 1 de octubre del año 27 al 30 de septiembre del año 28 de nuestra era, si se admite la manera de contar los años imperiales tal como estaba en uso en Antioquía y en los países sirios, de donde Lucas era originario.

[2] Poncio Pilato fue procurador, o prefecto, de Judea desde el año 2 al 3 de nuestra era. Su mandato comprendía, además, Samaria e Idumea.

[3] El texto griego literalmente traducido diría: convertíos; pero precisamente porque el acto esencial de la conversión es hacer penitencia, la Neovulgata traduce paenitentiam agite (haced penitencia), que es la traducción más honda del sentido del texto (cfr. Santos Evangelios, Eunsa, nota a Mt 3, 2).

[4] Los judíos, por reverencia al nombre de Dios, evitaban pronunciarlo y lo sustituían por otras palabras, como en este caso. Era este un concepto utilizado ya en el Antiguo Testamento y en el ambiente religioso de los judíos de aquella época, pero es particularmente frecuente en la predicación de Jesús.

La fórmula Reino de los Cielos puede expresar de modo genérico el dominio de Dios sobre las criaturas. Pero normalmente se refiere a la intervención soberana y misericordiosa de Dios en la vida de su pueblo.

Comentario – Martes VII de Tiempo Ordinario

Llegados a Cafarnaúm, Jesús preguntó a sus discípulos de qué habían discutido por el camino. Ellos le contestaron que sobre quién era el más importante. Se trata de un tema de conversación que sigue latente de manera más o menos manifiesta en nuestros coloquios, razonamientos o discursos. Valoramos las cosas (y las personas) por su importancia, y su importancia por el rango o la estimación social que se les concede. Generalmente este baremo social se establece en relación con el puesto que ocupa (poder, dirección), con el saber que se le presume (ciencia) o el sueldo que se le asigna o la capacidad adquisitiva que se le atribuye (poder económico). Y puesto que la importancia se liga al poder, no es extraño que el poder se convierta en una aspiración humana, algo por lo que se lucha y por lo que se muere (la ‘mística del poder’). Aquí se esconde una ambición que no se sacia con facilidad y que no repara en daños ni se detiene ante los límites impuestos por la libertad de los demás. La ambición tiene por vocación ‘lo desmedido’ y ‘lo desenfrenado’ y puede desarrollarse en cualquier ámbito de la convivencia humana, ya sea éste civil o eclesiástico.

Ante este panorama trazado por la ambición, Jesús reúne a los Doce, se sienta con ellos y les adoctrina: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. La vida, nos dicen los darwinianos, se presenta como el empeño de los más fuertes por prevalecer sobre los más débiles. Es la ley de la selección natural. Quizá en nuestra naturaleza haya una ley que nos impulsa a competir con los demás para prevalecer o para ser primeros. San Pablo nos habla de otra ley que gobierna nuestros miembros: la ley del pecado. Y el libro del Génesis alude a la existencia de un deseo muy poderoso que está en los comienzos de la humanidad y marca el rumbo de la historia: el deseo de ser como dioses (o como Dios). Es como si no pudiéramos evitar querer ser los primeros, como si este afán estuviese tan ligado a nuestra naturaleza que nos fuera imposible prescindir de él.

Pues bien, nos dice Jesús, el que quiera ser primero –y esta voluntad está tan extendida que parece universal: todos aspiramos a ser primeros, si nos vemos con capacidad para ello-, que sea el último de todos y el servidor de todos. Este es el paradójico camino que Jesús muestra para alcanzar la ‘primacía’, al menos a los ojos de Dios, pues para Él tienen primacía los que se han hecho últimos por voluntad propia, los que han decidido ponerse al servicio de los demás. Para tomar esta decisión también se requiere poder: poder de renuncia a ciertas formas de poder o a las ambiciones más comunes: la firme voluntad de mantenerse en ese camino de servicio. Pero el que sirve ha de tener capacidad para servir, renunciando al mismo tiempo a la tentación de servirse de los demás para los propios fines. Al servidor de todos (pensemos en una madre o un padre de familia, en el director de un colegio, en esa persona que mantiene en pie y funcionando una hacienda, una empresa, una casa) se le suele dar poca importancia mientras está cumpliendo su labor, pero cuando falta su servicio y las cosas dejan de funcionar, entonces empezamos a valorar su actividad concediéndole la importancia que merece, y ello aunque ese servidor sea el último de todos en estimación o reconocimiento.

Y para ilustrar aún más su enseñanza, Jesús acercó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado. Entre los últimos en la estimación social se encontraban sin duda los niños. Nadie, salvo sus padres, podía calificar a un niño de importante. Un niño, aun siendo objeto de todas las atenciones y cuidados por parte de la sociedad, carece de importancia social. Se le forma y se le educa para que algún día tenga relevancia social, pero en su condición de niño y receptor carece de tal relevancia. Por eso, no debe extrañar la elección de Jesús para ilustrar su enseñanza. El niño simboliza no sólo la pequeñez y el desvalimiento, sino la carencia de relevancia o peso social. En este sentido es realmente último, aunque no se le pueda calificar de servidor. «Acoger a un niño» es dar importancia, como hacen los padres con sus hijos, a lo pequeño y necesitado del cuidado de los adultos; más aún, acoger a un niño es acoger al mismo Jesús, puesto que él se identifica con el niño tanto como con el hambriento, el enfermo o el encarcelado. Y es que Jesús hace de los indigentes (los últimos) de este mundo el sacramento de su presencia. Así lo ha querido el que siendo de condición divina se hizo como un hombre cualquiera. Por eso, el que le acoge a él está acogiendo al mismo Dios, al Padre que lo envió.

La ecuación se resuelve en esta fórmula: el que acoge a un niño acoge al mismo Dios, puesto que acoge a Jesús, su enviado, que se hace presente en él. Al acoger lo menos importante –según la apreciación social- estaremos dando acogida a lo más importante ontológica y objetivamente, al Dios que está por encima de todo. Sucede que Dios, que está presente tanto en lo más pequeño –el átomo y sus partículas subatómicas- como en lo más grande –el universo de las galaxias y sus cúmulos-, estima en el ser humano el realismo de la humildad. Y no hay mejor medicina para una cura de humildad que contemplarse a sí mismo en esta tierra que habita a escala cósmica para advertir que no es más que un punto imperceptible en el espacio galáctico. No obstante, y a pesar de semejante pequeñez, Dios nos ve y nos engrandece a una proporción digna de su mirada amorosa; porque es el amor el que nos hace visibles a la mirada de Dios, de modo semejante a como un niño es importante a la mirada de sus padres. Lo que nos hace importantes y dignos de aprecio es, por consiguiente, la mirada de quienes nos aman. Y no hay mirada comparable a la mirada de Dios para apreciar los valores que se encuentran en nosotros y nos hacen realmente grandes o primeros.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

284. Este silencio no es una forma de aislamiento, porque «hay que recordar que el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas. Sólo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente […]. Así está realmente disponible para acoger un llamado que rompe sus seguridades pero que lo lleva a una vida mejor, porque no basta que todo vaya bien, que todo esté tranquilo. Dios puede estar ofreciendo algo más, y en nuestra distracción cómoda no lo reconocemos»[158].


[158] Ibíd., 172.

Recursos – Ofertorio Domingo I de Cuaresma

PRESENTACIÓN DE UNA BIBLIA

(Puede hacer esta ofrenda el presidente o la presidenta del Consejo Pastoral Parroquial o, en su defecto, un miembro de reconocido prestigio en la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo hoy la PALABRA que Tú nos has dado y que recoge este libro o reunión de libros. Y lo hago en nombre de toda la Comunidad que quiere comprometerse, y más en este tiempo de Cuaresma, a ser oyente de tu Palabra, pues es consciente de que ella es alimento de salvación y semilla de vida eterna.

PRESENTACIÓN DE UN HORÓSCOPO

(Esta ofrenda la puede hacer una de las mujeres de la comunidad. Y se puede presentar o bien un libro o sencillamente un recorte de los que publican los periódicos o revistas)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo hoy un horóscopo. Lo solemos leer como un juego, pero, bien sabes, que su consulta, así como todo lo relacionado con el mundo de lo esotérico, se ha puesto de moda en nuestra cultura. Hay personas que se dejan arrastrar por ellos y confían plenamente. De esta manera ponen, a sabiendas o no, en entredicho tu señorío. Nosotros y nosotras, al ofrecértelo hoy, queremos decirte que no tenemos más Señor que Tú y que nuestras vidas están puestas en tus manos.

PRESENTACIÓN DE UN TERMÓMETRO CLÍNICO

(Puede hacer esta ofrenda, una persona adulta de la comunidad y comprometida dentro de la misma)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, yo te traigo este termómetro clínico, que es símbolo de las atenciones y cuidados a los enfermos y a las enfermas. Con él, y en nombre de la comunidad, yo hoy te ofrezco nuestros deseos de tomarnos la “temperatura” de nuestra vida cristiana y de nuestro compromiso de seguimiento de Jesús. Así lo queremos vivir en esta Cuaresma. Ayúdanos en este empeño.

PRESENTACIÓN DE UN PROGRAMA ELECTORAL

(Lo debiera presentar alguien comprometido en la lucha política, sindical o ciudadana y, si no, cualquiera de la comunidad, con tal de que sea una persona adulta)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: A mí me corresponde, Señor, traerte hoy un programa electoral de cualquiera de nuestros partidos políticos. Lo hago con la conciencia de que es una oferta de buena voluntad, pero sabiendo que ahí no se esconde la solución de todos nuestros problemas. Ésa está en tus manos y en la colaboración de todos juntos y todas juntas, cuando hacemos tu voluntad. Y en esta Cuaresma queremos conocer tu voluntad y asumirla como el CAMINO de nuestras vidas.

PRESENTACIÓN DE UNA ROPA UN PAN Y UN VASO DE AGUA

(Pueden hacer la ofrenda dos personas distintas, mientras que una tercera aporta la palabra para esclarecer los símbolos)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, ahí tienes dos símbolos de dos estilos de vida distintos. La ropa es la señal de la preocupación que vivimos los hombres y las mujeres de hoy por el tener y el consumo. El caso es que no somos felices, a pesar de que nos empeñemos en consumir más y rodearnos de más y más cosas. Pero también te hemos traído ese pan y ese vaso de agua, símbolo del ayuno cuaresmal. El pan y el agua son tan poca cosa, que es la mejor manera de decir que la felicidad está en el ser, y no en el tener.

Al confrontar, Señor, esos dos estilos de vida, queremos, justo en el inicio de esta nueva Cuaresma, ofrecerte nuestros deseos de conversión. Ayúdanos, sin embargo, Tú, Señor, con tu felicidad, a saborear lo que es la alegría de la salvación.

Oración de los fieles – Domingo I de Cuaresma

Padre, viendo lo grande de nuestras faltas y confiando obtener una vez más tu ayuda, te presentamos estas necesidades de toda tu Iglesia. Respondemos:

CRÉANOS UN CORAZÓN PURO

1. – Por el Papa –y por su salud– para que ayudado por tu gran amor sea fiel servidor a tu Palabra. OREMOS

2. – Por los gobernantes para que atiendan a los más necesitados en cuyos rostros sufre más Jesús. OREMOS

3. – Por los desesperanzados, cansados, confundidos para que encuentren en el costado de Cristo la fuente viva de donde nace el Amor. OREMOS

4. – Por todos los enfermos y sus familiares para que unan su sufrimiento al de Cristo y así sus dolencias se vean disminuidas. OREMOS

5. – Por todos nosotros para que ante las tentaciones para desviarnos del camino, aparezca la ayuda de Cristo que venció toda tentación. OREMOS

6. – Por la paz para que reine en todo el mundo y en los corazones de todos los hombres y mujeres. OREMOS

Padre, ayudados por el ejemplo de tu hijo fortalécenos para que podamos salir victorioso ante las tentaciones del Maligno. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


Te vamos a pedir, Dios Padre, como nos enseñó Jesús, que no nos dejes caer en la tentación, ni a nosotros, presentes en esta Eucaristía, ni a todos los hombres y mujeres de la tierra.

Y respondemos:

SÁLVANOS, SEÑOR

1.- Para que la Iglesia, con el Papa y los obispos a la cabeza no caigan en la tentación del poder y del absolutismo. OREMOS

2.- Para que los gobernantes no caigan en la tentación de que les sirvan cuando ellos han de servir a su pueblo, tal como Dios les ha marcado OREMOS

3.- Por las jóvenes solteras embarazadas –y con ellas todas las mujeres encintas—para que no caigan en la tentación de romper la vida –donación de Dios—que llevan en su seno, OREMOS

4.- Por los muchachos y muchachas que sienten la llamada de Cristo, para que nadie, al modo de Pedro, les tiente a dejar su camino mejor. OREMOS

5.- Por los pobres, los enfermos, los prisioneros y los abandonados, para que jamás caigan en la tentación de creer que Dios está lejos de ellos. OREMOS

6.- Por nosotros aquí presentes en esta Eucaristía para que mantengamos el ojo avizor a las muchas tentaciones que afectan a la vida eclesial con los hermanos. OREMOS

Recibe Dios Todopoderoso las súplicas de este día que esperamos conseguir de tu amor.

Por Jesucristo Nuestro Señor

Amén.

Comentario al evangelio – Martes VII de Tiempo Ordinario

“¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros?” Así comienza hoy el texto de la carta de Santiago en la primera lectura que creo muy recomendable leer con detenimiento. “¿De qué discutíais por el camino?” pregunta Jesús a sus discípulos en el evangelio.

Sin más preámbulos un dato de nuestra realidad: Los 22 hombres más ricos del mundo tienen más riqueza que todas las mujeres de África.

De todos es conocida la situación de injusticia y desigualdad de la sociedad mundial y todos tenemos nuestro elenco de imágenes y datos más menos puestos al día sobre el alcance y lo inhumano de la realidad en que vivimos. Éste parece otro demonio o mal espíritu -como quieras llamarlo- que desde el origen parece haber tomado posesión del ser humano. Pasan las generaciones, se suceden las guerras, las masacres, los holocaustos… los armisticios, los tratados de derechos… y seguimos padeciendo de los mismos celos, rivalidades, afanes de poder, …. que nos llevan a echar mal de ojo al que tenemos cerca y a olvidar en la indiferencia al de lejos, al tiempo que excusamos la usurpación de sus bienes y derechos amparados en que quien aprieta el gatillo es otro, o acusamos de indecente la explotación laboral a la que alguna multinacional somete a sus obreros, o la insolidaridad de estados y sociedades ajenas – de las que todos tenemos un criterio claro de lo que deberían hacer.

La interpelación de Jesús es clara y nos deja sin cohartada. “¿De qué discutíais por el camino?….

¿Por qué no repasamos el camino nuestro de cada día para analizar de qué hablamos, qué codiciamos? ¿qué deseamos alcanzar, qué explicaciones damos de nuestros enfados, envidias, recelos, cuáles son nuestros consumos “explotadores” y que el planeta ya no puede sostener…? ¿por dónde se nos cuela el afán de poder y el deseo de ser más que el otro? ¿por qué no nos damos cuenta de que en el juicio sobre los otros con frecuencia expresamos el demonio que llevamos dentro?.

“Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: ….”

Otro dato: Actualmente hay 258 millones de niñas y niños sin escolarizar: uno de cada cinco. ¿Me siento capaz de abrazar a uno de ellos y descubrir el rostro de Dios? ¿Cuando tendré fuerzas suficientes para ponerme al servicio de aquellos con los que rivalizo en el camino de la vida?

Por si quieres ver más datos de la realidad:

https://www.oxfam.org/es/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla

Pepe Lillo, cmf