Vísperas – Miércoles I de Cuaresma

VÍSPERAS

MIÉRCOLES I DE CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones.
¡No me des coronas, Señor, de grandeza!

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!

No pido el laurel que nimba el talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!

Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que tú predestinas.
Sólo tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas! Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? +

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: Flp 2, 12b-15a

Seguid actuando vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor. Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Como Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Como Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.

PRECES

Alabemos a Dios todopoderoso y providente, que conoce todas nuestras necesidades pero quiere ante todo que busquemos su reino; supliquémosle, pues, diciendo:

Venga a nosotros, Señor, tu reino y su justicia

Padre santo, que nos diste a Cristo como pastor de nuestras vidas, ayuda a los pastores y a los pueblos a ellos confiados, para que no falte nunca al rebaño la solicitud de sus pastores
— ni falte a los pastores la obediencia de su rebaño.

Mueve a los cristianos para que, con amor fraternal, se interesen por los enfermos
— y que socorran en ellos a tu Hijo.

Haz que entren a formar parte de tu Iglesia los que aún no creen en el Evangelio,
— y que, con sus buenas obras, la hagan crecer en el amor.

A nosotros, pecadores, concédenos tu perdón
— y la reconciliación con tu Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A los que murieron, concédeles resucitar a la vida eterna
— y morar eternamente contigo.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, mira complacido a tu pueblo que desea entregarse a ti con una vida santa; y a los que dominan su cuerpo con la penitencia transfórmales interiormente mediante el fruto de las buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles I de Cuaresma

1) Oración inicial

Señor, mira complacido a tu pueblo que desees entregarse a ti con una vida santa; y a los que dominan su cuerpo con la penitencia trasfórmales interiormente mediante el fruto de las buenas obras. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 11,29-32

Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide un signo, pero no se le dará otro signo que el signo de Jonás. Porque así como Jonás fue signo para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.»

3) Reflexión

• Estamos en tiempo de cuaresma. La liturgia privilegia los textos que pueden ayudarnos a convertirnos y a mudar vida. Aquello que más ayuda en la conversión son los hechos de la historia del pueblo de Dios. En el Evangelio de hoy, Jesús habla de dos episodios del pasado: el episodio de Jonás y el de la reina de Sabá, y los transforma en espejo para que la gente descubra en ellos el llamado de Dios a la conversión.

• Lucas 11,29: La generación mala que pide una señal. Jesús llama ‘mala’ la generación, porque no cree en Jesús y vive pidiendo señales que puedan legitimar a Jesús como enviado de Dios. Jesús no quiere dar una señal, pues, en el fondo, si ellos piden una señal, es porque no quieren creer. La única señal que se dará es la señal de Jonás.

• Lucas 11,30: La Señal de Jonás. La señal de Jonás tiene dos aspectos. El primero es lo que afirma el texto de Lucas en el evangelio de hoy. Jonás fue una señal para la gente de Nínive a través da su predicación. Al oír a Jonás, el pueblo se convirtió. Así, la predicación estaba siendo una señal para su gente, pero el pueblo no daba señales de conversión. El otro aspecto es lo que afirma el evangelio de Mateo, hablando del mismo episodio: “Porque si tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de la ballena, también tres días y tres noches estará este Hombre en el seno de la tierra” (Mt 12,40). Cuando Jonás fue escupido sobre la playa, fue a anunciar la palabra de Dios a la gente de Nínive. Asimismo, después de la muerte y de la resurrección en el tercer día, la Buena Nueva será anunciada al pueblo de Judea.

• Lucas 11,31: La Reina de Sabá. Enseguida, Jesús evoca la historia de la Reina de Sabá que vino de lejos para ver a Salomón y aprender de su sabiduría (cf. 1Rs 10,1-10). Y por dos veces Jesús afirma: “Y aquí está alguien mayor que Salomón”. “Y aquí está aquel que es mayor que Jonás”.

• Un aspecto muy importante que está por detrás de esta discusión entre Jesús y los líderes de su gente es la manera diferente como él, Jesús, y sus adversarios se sitúan ante Dios. El libro de Jonás es una parábola que critica la mentalidad de aquellos que querían a Dios sólo para los judíos. En la historia de Jonás, los paganos se convirtieron ante la predicación de Jonás y Dios los acogió en su bondad y no destruyó la ciudad. Cuando vio que Dios acoge al pueblo de Nínive y no destruyó la ciudad, “Jonás sintió un disgusto enorme. Irritado, rezó al Señor en estos términos: “¡Ah! ¡Yahvé! ¡Ya me lo decía yo cuando estaba en mi tierra! Por algo me adelanté a huir a Tarsis; porque sé que eres un Dios compasivo y clemente, paciente y misericordioso, que te arrepientes de las amenazas. Pues, bien, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir” (Jonás 4,1-3). Por esto, Jonás, era una señal para los judíos del tiempo de Jesús y continúa siendo una señal también para nosotros, los cristianos. Pues, imperceptiblemente, como en Jonás aparece también en nosotros una mentalidad según la cual nosotros los cristianos tenemos una especie de monopolio de Dios y que todos los demás deben volverse cristianos. Esto sería proselitismo. Jesús no pide que todos sean cristianos. Pide que todos sean discípulos (Mt 28,19), esto es, sean personas que como él, irradien y anuncien la Buena Nueva del amor de Dios para todos los pueblos alrededor (Mc 16,15).

4) Para la reflexión personal

• Cuaresma, tiempo de conversión. ¿Qué debe cambiar en la imagen que tengo de Dios? ¿Soy como Jonás o como Jesús?
• Mi fe ¿en qué está basada? ¿En señales o en la palabra de Jesús?

5) Oración final

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme;
no me rechaces lejos de tu rostro,
no retires de mí tu santo espíritu. (Sal 51,12-13)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 14-18

«14“Y cuando veáis ‘la abominación de la desolación’ erigida donde no debe -el que lee, que entienda-, entonces los de Judea huyan a las montañas, 15el que [esté] sobre su azotea no baje ni entre a tomar nada de su casa, 16y el que [esté] en el campo, no vuelva atrás a tomar su manto.
17 ¡Ay de las embarazadas y de las lactantes en aquellos días!

18Pero rezad para que no suceda durante una tormenta;

Hasta este punto del capítulo 13, Jesús ha aconsejado la vigilancia (13,5.9a), la confianza dependiente de Dios (13,11) y la resistencia paciente al sufrimiento (13,13b) como armas excelentes en la primera etapa de la batalla escatológica. Ahora, sin embargo, indica que la misteriosa «abominación de la desolación» es la señal que exigirá una mayor actividad en la segunda fase.

El pasaje se divide en dos partes: 13,14-18, que es sobre todo parenética, y 13,19-20, que es profética. La última sirve de fundamento a la primera (cf. el «porque» en 13,19).

13,14-18: Hasta este momento del capítulo 13, las advertencias de Jesús sobre la angustia futura han sido generales, pero claras: habrá guerras, rumores de guerras, terremotos, hambres y persecución por parte de miembros de familia y de las autoridades. En 13,14, sin embargo, la advertencia se hace de repente más concreta y oscura: surgirá «la abominación de la desolación» y será la señal para una salida general de los cristianos de Judea. Pero ¿qué es esta «abominación»? La expresión está tomada del libro de Daniel, donde se describe la profanación del Templo en tiempos de Antíoco Epífanes en 168 a.C. Marcos lo reinterpreta para referirse a un acontecimiento del siglo I, quizás la ocupación del Templo y el nombramiento por los celotas en el invierno de 67-68 d.C. de un sumo sacerdote no apto para el cargo. Marcos subraya su reinterpretación de esta crucial profecía bíblica añadiendo una llamada de atención: «quien lea entienda» (13,14b).

La revelación de «la abominación» -continúa diciendo Jesús- es una señal para la huida de la comunidad cristiana a las montañas (13,14c), probablemente una referencia a la fuga de la iglesia de Jerusalén a Pella en Transjordania durante las etapas tempranas de la guerra. Esta huida a las montañas, así como «la abominación de la desolación», siguen un modelo bíblico, desde que el sobrino de Abrahán, Lot y su familia fueron advertidos para que escaparan desde Sodoma a las colinas cuando esta recibió la amenaza del castigo divino (cf. Gn 19,17). Así, Jesús vincula implícitamente a Jerusalén con el arquetipo de la ciudad gentil y perversa, y no es esta la única inversión bíblica, irónica, en nuestro pasaje.

La exhortación a dirigirse a los montes (13,14c) va seguida de instrucciones más explícitas sobre la prisa necesaria (13,15-16): no se debe volver a casa para hacer algunos paquetes (13,15), ni volverse siquiera para recoger un manto dejado en el campo (13,16). Lo que se describe, pues, es una evacuación de emergencia, como la que resulta necesaria cuando la gente se enfrenta a un ejército que avanza rápidamente. Las exhortaciones en 13,15-16 evocan también la historia bíblica de Lot, ya que la prescripción de Jesús de que nadie se vuelva recuerda el modo como la esposa de Lot no hizo caso a una advertencia similar, con consecuencias desastrosas (cf. Gn 19,17.26). Sin embargo, la huida a la carrera campo a través es más difícil para algunas personas que para otras, y el siguiente versículo selecciona dos grupos relacionados que la encontrarían particularmente difícil: mujeres embarazadas y madres lactantes (13,17). El «ay» en Mc 13,17 puede, pues, conservar un recuerdo de un aspecto particularmente doloroso de la huida de los cristianos de Judea: madres jóvenes que quedaron atrás necesariamente o, si iban con sus hijos, sufrirían enfermedades y muerte a lo largo del camino.

Al igual que el ay sobre las madres lactantes y mujeres embarazadas, la prescripción final del pasaje, «suplicad para que no pase durante una tormenta» (13,18), puede reflejar la situación marcana; el evangelista y otros judeocristianos de Jerusalén abandonaron probablemente la ciudad antes de la primavera de 68 d.C., cuando los romanos tensaron la soga y las fuertes lluvias hicieron la fuga a través del Jordán difícil o imposible. Así pues, la comunidad marcana pudo haber considerado su historia reciente y la huida propiciada a tiempo como signos de que, a pesar de la intensidad de la tribulación que experimentaba, la presencia salvadora de Dios estaba aún con ellos.

Comentario – Miércoles I de Cuaresma

Jesús no sólo tuvo éxitos en su vida; también se encontró con la resistencia y la hostilidad, que fue la que le llevó finalmente a la cruz. Es lo que pone de manifiesto el pasaje evangélico de san Lucas, que sitúa a Jesús, como en tantas otras ocasiones rodeado de gente que le busca, que le venera, que le aclama. Pero es en esa situación triunfal en la que Jesús denuncia la “la perversidad” de su generación, una malicia que se describe en términos de incredulidad o de resistencia a creer en él. Decía: Esta generación es una generación perversa. ¿En qué radica su perversidad? Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

La actividad mesiánica de Jesús estaba colmada de signos. Sus numerosas curaciones milagrosas fueron vistas por muchos de sus contemporáneos como signos de la presencia de un gran profeta en medio de su pueblo. Pero no todos apreciaron en estas acciones extraordinarias signos de la actuación de un enviado de Dios, sino más bien signos demoníacos o acciones llevadas a cabo en estrecha alianza con el diablo. Las interpretaciones eran totalmente antagónicas, pero coincidían en una cosa: eran efectos en los que se revelaban fuerzas sobrenaturales. Había quienes seguían pidiendo un signo, quizá más espectacular y convincente, un signo al que nadie pudiera oponer argumentos. Pero Jesús se niega a satisfacer estas exigencias “diabólicas” que, a sus ojos, no son sino tentaciones, la reproducción de las tentaciones del desierto: Si eres Hijo de Diosdi a esta piedra que se convierta en pantírate desde el alero del templo, demuestra que lo eres realmente ofreciendo una prueba irrefutable.

La incredulidad es muy dura en sus reivindicaciones; siempre reclama signos, y signos más incuestionables. Ninguno de los signos que se le ofrecen es suficiente; siempre pide más. Es el orgullo del hombre que se resiste a doblegar su voluntad y su inteligencia a una autoridad superior. Pero la imagen reivindicante de un ser tan pequeño como el hombre exigiendo pruebas a su Creador puede resultar hasta ridícula. Y sin embargo, no es infrecuente encontrarnos a un hombre plantado ante Dios en actitud desafiante y exigente. Es como si la vasija se dirigiera al alfarero reclamando una mejor hechura: “¿Por qué me has hecho así?”

Decía que Jesús se negó a satisfacer estas exigencias: no se les dará –les dice- más signo que el signo de Jonás entre los habitantes de Nínive. ¿De qué fue signo Jonás para los habitantes de aquella gran ciudad? Simplemente de la presencia en medio de ellos de un enviado de Dios que les hablaba con su palabra de una manera convincente. Se trata sólo del poder de convicción de una palabra en boca de un profeta que predica desde su propia experiencia exhortando a la conversión. De Jonás no se dice que hiciera milagros; pero su predicación convenció y convirtió a los habitantes de Nínive, que se vistieron de saco y de sayal e hicieron penitencia. Jesús, aunque es más que Jonás, no pide otro crédito que el que tuvo Jonás entre los destinatarios de su misión. Jesús, de nuevo, encuentra más resistencia a su mensaje entre los judíos de su generación que entre los paganos de cualquier época, como aquellos ninivitas que se convirtieron con la predicación de Jonás. Es esta incredulidad culpable la que le lleva a calificar de perversa a su generación; puesto que se trata de una incredulidad que, en el día del juicio, merecerá condena hasta de los habitantes de Nínive que se alzarán y harán que los condenen.

Pidamos al Señor que nos libre de esta dureza de corazón que acaba por hacernos resistentes a todo antibiótico divino, a todo signo, a toda llamada a la conversión.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Comentario – Sábado V de Cuaresma

San Juan sitúa a Jesús en Betania, localidad cercana a Jerusalén, y estando ya muy próxima la Pascua judía. El evangelista nos informa que muchos judíos que habían acudido a casa de María, la hermana de Lázaro, al ver lo que había hecho Jesús con éste, rescatándolo del sepulcro y devolviéndole la vida, creyeron en él. Éste hecho de la resurrección de Lázaro era un signo demasiado evidente del poder de Jesús sobre la muerte que se había adueñado de un ser vivo; signo, por tanto, de su poder vivificante, un poder equivalente al creador.

Jesús había sido acusado de “hacerse Dios” siendo un simple hombre; pero con tales acciones demostraba tener el poder de Dios. Si no me creéis a mí –había dicho también-, creed al menos las obras que yo hago. En razón de esta obra extraordinaria –la resurrección de un muerto que llevaba cuatro días enterrado-, muchos judíos creyeron en él. Otros, sin embargo, amigos de los fariseos, acudieron a estos para contarles lo sucedido. E inmediatamente se pusieron en movimiento. Convocaron el sanedrín y se pusieron a deliberar: Este hombre hace muchos milagros –dan por hecho, por tanto, que hay obras extraordinarias-. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación. Su temor parecen ponerlo en la intervención de los romanos, que acabarían destruyendo el templo y la nación, a consecuencia de la nueva fe en Jesús y del movimiento generado por sus acciones ‘mesiánicas’. Lo que temen en realidad es quedar privados de su autoridad y poder religiosos ante el gran empuje representado por este rabino heterodoxo que era para ellos Jesús de Nazaret, cuya fuerza de persuasión resultaba imparable. Este era su miedo: si le dejamos seguir, todos creerán en él. El que era sumo sacerdote aquel año, Caifás, dijo alarmado: Vosotros no entendéis ni palabra: no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y no que perezca la nación entera.

San Juan entiende que en estas palabras había una profecía, pues Dios también se sirve de los indignos para anunciar cosas que tendrán cumplimiento en el futuro. Y Caifás, aún indigno, no dejaba de ser sumo sacerdote. Seguramente que el purpurado no veía más allá de un corto horizonte histórico, presagiando un próximo desastre nacional del pueblo judío si no cortaban de raíz el vertiginoso movimiento iniciado por Jesús. El sumo sacerdote expone la ‘conveniencia’ de una muerte, la del Maestro de Nazaret, por la ‘salud nacional’. Y aquí se encerraba la profecía. Se estaba anunciando que Jesús habría de morir por la nacióny no sólo por la nación –como había declarado Caifás-, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Su muerte será una muerte por para: por o en lugar de la nación (para que la nación no sea destruida) y para reunir a los hijos de Dios (los futuros creyentes) dispersos por todas las naciones. La congregación de los hijos era un propósito divino muy antiguo como puede apreciarse en textos como el del profeta Ezequiel: Esto dice el Señor Dios: Voy a recoger a los israelitas de las naciones a las que marcharon; voy a congregarlos de todas partes… Los haré un solo pueblo en su tierra… Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios (17, 21-24). La muerte de Jesús habría de tener un profundo alcance y una honda significación. Será una muerte vicaria y benéfica para muchos: para todos los congregados por la fe en el nuevo pueblo de Dios. Jesús morirá en lugar de los pecadores para la salud de los creyentes que se congregarán en torno a él. En el momento mismo en que se dicta sentencia de muerte contra él, ésta adquiere ya trazas de muerte redentora, con un poder de convocación inimaginable.

Y como aquel mismo día las autoridades judías habían tomado la firme decisión de darle muerte, Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a una pequeña localidad de la región vecina y poco poblada, llamada Efraín. Allí pasaba el tiempo en compañía de sus discípulos y a la espera de los tiempos de la consumación. Porque Jesús no se había retirado para morir sin sobresaltos y olvidado de todos en su camastro y a una edad longeva. Jesús se había retirado de la escena pública sólo momentáneamente, esperando el momento propicio para su reaparición, que habría de coincidir con la próxima Pascua, y más en concreto con el sacrificio del Cordero Pascual, haciendo realidad las palabras, también proféticas, de Juan el Bautista: He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Esperar el momento propicio era esperar a la hora marcada por el Padre para el sacrificio.

Pero la hora del sacrificio era también la hora de la consumación de la misión y la hora de la plena manifestación del amor o de la entrega: Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su propio Hijo. Jesús se estaba preparando, y quizá también preparando a sus discípulos, para la hora suprema del martirio. Toda su vida había sido un testimonio del amor de Dios por el hombre, y llegaba el momento de sellar este testimonio con la propia sangre. El momento de la rúbrica o del sello es siempre el momento solemne en el que se refrenda el compromiso o el acuerdo. Si ese sello se plasma con la propia sangre, y con toda la sangre, entonces el compromiso es máximo y el testimonio insuperable. Así rubricó Jesús su testimonio mesiánico.

Los judíos que habían subido a Jerusalén antes de la Pascua para purificarse, se preguntaban si Jesús, el sentenciado a muerte, acudiría a la fiesta a pesar de la sentencia dictada contra él. ¿Cómo no iba a acudir a su fiesta, a su Pascua, a la Pascua en la que él mismo sería Cordero pascual y Sacerdote oferente? Todos los datos históricos nos hablan de que Jesús fue muy consciente de lo que le esperaba en Jerusalén. Por eso acudirá a la fiesta y lo preparará todo con detalle. Es su hora suprema. Ha venido para esto, llega a decir. Aquí se completará su misión. Pero esta misión completada en él y por él, tendrá que completarse aún en cada uno de los hijos de Dios congregados de la dispersión, es decir, en cada uno de nosotros.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

292. La primera sensibilidad o atención es a la persona. Se trata de escuchar al otro que se nos está dando él mismo en sus palabras. El signo de esta escucha es el tiempo que le dedico al otro. No es cuestión de cantidad sino de que el otro sienta que mi tiempo es suyo: el que él necesita para expresarme lo que quiera. Él debe sentir que lo escucho incondicionalmente, sin ofenderme, sin escandalizarme, sin molestarme, sin cansarme. Esta escucha es la que el Señor ejercita cuando se pone a caminar al lado de los discípulos de Emaús y los acompaña largo rato por un camino que iba en dirección opuesta a la dirección correcta (cf. Lc 24,13-35). Cuando Jesús hace ademán de seguir adelante porque ellos han llegado a su casa, ahí comprenden que les había regalado su tiempo, y entonces le regalan el suyo, brindándole hospedaje. Esta escucha atenta y desinteresada indica el valor que tiene la otra persona para nosotros, más allá de sus ideas y de sus elecciones de vida.

Comentario Domingo II de Cuaresma

Oración preparatoria

Oh Dios Padre: con tu Hijo Jesús subimos al monte, subimos a ti a orar, escuchar tu Palabra sobre Él, conocer tu camino sobre cada uno de nosotros. Concédenos ver, como los tres discípulos, que Jesús es único por tu resplandor divino que lo transfigura; descubrir a Jesús como camino hacia Ti y hacia los demás a través de la Palabra de Moisés, de los profetas y de los evangelios; fiarnos de Él cuando “bajamos del monte”, de estar Contigo, y nos pide que le sigamos en los gozos y dificultades de la vida diaria.

 

Mt 17, 1-9

«1Y seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y los sube a una montaña alta apartada.

2Y fue transfigurado delante de ellos y alumbraba su rostro como el sol pero sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

3Y he aquí que se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
4Pero respondiendo Pedro dijo a Jesús: “Señor, es bueno estar nosotros aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti y una para Moisés y una para Elías”.

5Aún estando hablando él, he aquí que una nube luminosa los cubrió, y he aquí una voz desde la nube diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido. Escuchadlo”.

6Y al oírla, los discípulos cayeron de bruces y tuvieron mucho miedo.

7Y se acercó Jesús y, tocándolos, dijo: “Levantaos* y no tengáis miedo”.

8Pero, al alzar sus ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.

9Y al bajar de la montaña, Jesús les mandó diciendo: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre sea resucitado* de entre los muertos”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

En Mt 16,21 encontramos un corte especial, como en 4,17, que marca una etapa decisiva en el evangelio de Mateo: “Desde entonces comenzó Jesús a…”. Si en 4,17, Jesús comenzaba a proclamar el evangelio, en 16,21 Jesús comienza a manifestar a los discípulos su destino de pasión, muerte y resurrección. Es el primero de los tres grandes anuncios de su destino. Como la reacción de Pedro es equivocada (cf. 16,22-23), Jesús alecciona a los discípulos sobre las condiciones para seguirle (cf. 16,24-28). Inmediatamente después viene nuestro texto. Tras él, una curación de Jesús que no la podían hacer los discípulos (17,14-21) y el segundo anuncio de la pasión, muerte y resurrección (17,22-23).

El sentido de este relato tiene que ver, pues, con el anuncio de la pasión (y el rechazo que provoca en los discípulos), de modo que el evangelista adelanta a este momento una imagen de la resurrección: el episodio de la transfiguración.

 

TEXTO

El texto evangélico recoge la primera parte de una perícopa más amplia, que llega hasta el v. 13. Al ser una primera parte “entera”, tiene una estructura muy bien diseñada. Es una estructura concéntrica, con elementos extremos relacionados básicamente en antítesis que “rodean” una afirmación central. Así, se corresponden la subida a la montaña (v. 1) y la bajada de la montaña (v. 9); el Jesús transfigurado en compañía de Moisés y Elías (vv. 2-3) y el Jesús solo, sin ellos (vv. 7-8); la intervención de Pedro (v. 4) y la reacción de los discípulos (v. 6). El centro lo forma la voz de Dios (v. 5), cosa que no ocurre en Mc y Lc, que está al final de sus relatos. Mateo hace de la audición, no de la visión como en Mc o Lc, la causa de la reacción de los discípulos. La perícopa retoma muchos elementos de Mt 16,13-23 (la confesión de fe de Pedro y el primer anuncio de la pasión) y se relaciona también profundamente con la historia de la pasión y la pascua relatadas por Mateo. Texto clave, pues, del evangelio mateano.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Es muy importante para comprender bien el relato la indicación temporal del comienzo: “Seis días después”. ¿Seis días después de qué? Pues de la confesión de Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Pero, justo después, Jesús se pone a decir cómo es ese mesianismo: no uno que triunfa mediante la fuerza o el poder, sino un mesianismo de servicio y de entrega hasta el extremo; el Mesías debe padecer mucho, morir y resucitar al tercer día. Seis días después del primer anuncio de la pasión, y después de estas palabras de Jesús: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. La Transfiguración tiene el sentido de adelantar la resurrección para que no nos asuste el proyecto completo de Jesús, para que no nos eche atrás en nuestro compromiso cristiano el sufrimiento por causa del Reino, para animarnos decididamente a dicho compromiso.

• Si el domingo pasado, el escenario principal era el desierto, hoy es una montaña alta, que también aparecía en la tercera tentación. Es un lugar de encuentro privilegiado con Dios (cf. Moisés en el Sinaí, Ex 24,12ss; Elías en el Horeb, 1Re 19,8ss). En Mateo hay además otra resonancia: el monte alto al que Satanás llevó a Jesús en las tentaciones (Mt 4,8). El episodio de hoy es una respuesta divina a aquel. De la misma manera que en aquel monte Jesús eligió la obediencia filial al Padre, aquí la voz del Padre lo va a proclamar su Hijo amado. Jesús, nuestro modelo y Señor.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo II de Cuaresma

Domingo II de Cuaresma
8 marzo 2020

Génesis 12, 1-4a; Salmo 32; 2Timoteo 1, 8b-10; Mateo 17, 1-9

La Transfiguración

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús. Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

Reflexión

Antes de entrar a Jerusalén, cuando iba Jesús a su pasión y muerte, subió a un monte elevado. Allí se transformó su rostro y vestiduras y resplandecía con una luz blanca como del Cielo. Se aparecieron conversando con él Moisés y Elías del Antiguo Testamento. ¿Cómo se sentirían los tres apóstoles cuando vieron eso? (sorprendidos, maravillados…) ¿Por qué era importante Moisés? (Moisés liberó los Israelitas de la esclavitud de Egipto y los guió a la tierra prometida igual que Jesús, con su pasión y muerte, nos libera de nuestros pecados abriendo las puertas del Cielo, nuestra tierra prometida. ¿Por qué era importante Elías? Él representa los profetas del Antiguo testamento que pedían conversión y fidelidad a Dios en preparación para la venida del Mesías. La presencia de Moisés y Elías indica que Jesús es el Mesías, la plenitud de las promesas de Dios en el Antiguo Testamento. ¿Por qué Dios les habla? (Quiere confirmar que Jesús es su hijo, el Prometido, y hay que escucharlo) ¿Cómo esta visión ayudaría a los apóstoles cuando tendrían que sufrir la pasión y muerte de Jesús? (Sabrían que es la voluntad de Dios) ¿Qué esperanza nos da para el futuro? (En el Cielo, nos espera una gloria resplandeciente.) ¿Por qué Pedro quiere quedarse en el monte? (Se siente feliz en la gloria de Dios.)

 

Actividad

Jugar teléfono con palabras del evangelio (ejemplo: “Este es mi hijo amado; escúchenlo.”) Un niño empieza susurrando una frase en el oído de otro niño y ese lo repita susurrando a otra. Después que todos han oído la frase, el último lo dice en voz alta a ver cómo ha cambiado.

 

Oración

Señor, ayúdame a escuchar y seguir a Jesús siempre. Ayúdame a siempre tener esperanza de la felicidad en el cielo, aunque tenga dificultades y tristezas en este mundo. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

La Transfiguración – Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: -Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle. Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: -Levantaos, no temáis. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

Explicación

Un día Jesús compartió con sus amigos un secreto los llevó a una montaña alta y se lleno de luz, mientras hablaba con Moisés y Elías y una voz decía: “Este es mi Hijo amado. Escuchadle”. Esto ocurrió para darles ánimos, de tal modo que cuando le vieran morir en la cruz no perdieran la esperanza del todo y recordaran lo que pasó en ese monte, cuando él se les apareció revestido de luz.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA – CICLO “A” (Mt. 17, 1-9)

NARRADOR: En aquel tiempo Jesús se encontraba rodeado de sus discípulos y de mucha gente que había venido de todas las aldeas y lugares vecinos a escucharle. Después que les hubo instruido, Jesús se levantó.

JESÚS: ¡Pedro, Santiago, Juan, venid conmigo!

PEDRO: ¿Qué quieres, Maestro? ¿Dónde tenemos que ir?

JESÚS: Pienso que es un buen día para subir al monte Tabor.

JUAN: ¡Estupendo! El panorama desde allí resulta impresionante.

SANTIAGO: ¡Vamos ya! Hace tiempo que no subo al Tabor.

NARRADOR: Cuando llegaron a la cima, Jesús se transfiguró delante de ellos. Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Entonces aparecieron Moisés y Elías que comenzaron a hablar con él. Los discípulos no entendían nada de lo que hablaban.

JUAN: Señor… ¡Qué hermoso es estar aquí!

SANTIAGO: Es verdad, Jesús. Ahora vemos lo importante que eres.

PEDRO: Maestro, si quieres haremos tres chozas: Una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

NARRADOR: Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra. Y una voz desde la nube decía:

VOZ: Este es mi Hijo amado, el escogido. ¡Escuchadlo!

NARRADOR: Al oírlo, los discípulos miraron a todos lados y no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

JESÚS: Levantaos. No tengáis miedo. Vámonos ya junto a todos. Es hora de regresar.

NARRADOR: Los discípulos no acertaban a entender lo sucedido. Y pensaban en la cara de incredulidad que pondrían sus compañeros, cuando les contaran lo que había pasado. ¡Se van a quedar de piedra!

JESÚS: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández