Vísperas – Jueves I de Cuaresma

VÍSPERAS

JUEVES I DE CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Contadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMO 29: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«no vacilaré jamás»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi lengua sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

SALMO 31: ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: St 4, 7-8.10

Someteos a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos, purificaos el corazón. Humillaos ante el Señor, que él os levantará.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.

PRECES

Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio el mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros, y digámosle:

Acrecienta, Señor, la caridad de tu Iglesia.

Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros hermanos
— y a servirte en cada uno de ellos.

Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para tus verdugos,
— concédenos amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen.

Señor, que la participación en el misterio de tu cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el amor, la fortaleza y la confianza,
— y dé vigor a los débiles, consuelo a los tristes, esperanza a los agonizantes.

Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste al ciego de nacimiento que pudiera ver la luz,
— ilumina a nuestros catecúmenos por el sacramento del agua y de la palabra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede la plenitud de tu amor a los difuntos
— y haz que un día nos contemos entre tus elegidos.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, la gracia de conocer y practicar siempre el bien, y, pues sin ti no podemos ni siquiera existir, haz que vivamos siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves I de Cuaresma

1) Oración

Puesto que sin ti nada podemos, concédenos, Señor, luz para distinguir siempre el bien y valor para ponerlo en práctica, a fin de que podamos vivir según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo…

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 7,7-12

Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!

Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy cita una parte del Sermón del Monte, la Nueva Ley de Dios que nos ha sido revelada por Jesús. El Sermón del Monte tiene la siguiente estructura:

a) Mateo 5,1-16: La puerta de entrada: las bienaventuranzas (Mt 5,1-10) y la misión de los discípulos: ser la sal de la tierra y la luz del mundo (Mt 5,12-16).

b) Mateo 5,17 a 6,18: La nueva relación con Dios: La nueva justicia (Mt 5,17-48) que no busca méritos en la práctica de la limosna, de la oración y del ayuno (Mt 6,1-18).

c) Mateo 6,19-34: La nueva relación con los bienes de la tierra: no acumular (Mt 6,19-21), no mirar el mundo con una de mirada sufriente (Mt 6,22-23), no servir a Dios y al dinero (Mt 6,24), no preocuparse por la comida y la bebida (Mt 6,23-34).

d) Mateo 7,1-23: La nueva relación con las personas: no ver la brizna en el ojo del hermano (Mt 7,1-5); no tirar perlas a los puercos (Mt 7,6); el evangelio de hoy: no tener miedo a pedir cosas a Dios (Mt 7,7-11); y la Regla de Oro (Mt 7,12); escoger el camino difícil y estrecho (Mt 7,13-14), tener cuidado con los falsos profetas (Mt 7,15-20).

e) Mateo 7,21-29: Conclusión; no sólo hablar, sino practicar (Mt 7,21-23); la comunidad construida sobre este fundamento quedará bien firme en la tempestad (Mt 7,24-27). El resultado de estas palabras es una nueva conciencia ante los escribas y los doctores (Mt 7,28-29).

• Mateo 7,7-8: Las tres recomendaciones de Jesús. Tres recomendaciones: pedir, buscar y llamar a la puerta: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.” En general se pide algo a alguien. La respuesta depende tanto de la persona como de la insistencia del pedido. Buscar se hace orientándose hacia un criterio. Cuanto mejor sea el criterio, tanto mejor será la certeza de encontrar lo que se busca. Llamar a la puerta se hace con la esperanza de que alguien esté al otro lado de la casa. Jesús completa la recomendación ofreciendo la certeza de la respuesta: Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. Esto significa que cuando pedimos a Dios, El atiende nuestra petición. Cuando buscamos a Dios, El se deja encontrar (Is 55,6). Cuando llamamos a la puerta de la casa de Dios, El atenderá.

• Mateo 7,9-11: La pregunta de Jesús a la gente. “¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? ” Hablando a los padres y las madres de familia, les pide que hagan referencia a la vida de cada día. Entrelíneas, en las preguntas se adivina la respuesta de la gente que grita: “¡No!” Pues nadie da una piedra al hijo que pide un pan. No existe un padre o una madre que dé una serpiente al hijo o a la hija que le pide un pez: “Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!” Jesús nos llama malos para acentuar la certeza de ser atendidos por Dios cuando le pedimos algo. Pues si nosotros, que no somos santos ni santas, sabemos dar cosas buenas a los hijos, cuánto más el Padre del cielo. Esta comparación tiene como objetivo sacarnos dudas respecto del resultado de la oración dirigida a Dios con confianza. ¡Dios nos atenderá! Lucas añade que Dios nos dará al Espíritu Santo (Lc 11,13)

• Mateo 7,12: A La Regla de Oro. “Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.” Este es el resumen de todo el Antiguo Testamento, de la Ley y de los profetas. Es el resumen de todo lo que Dios nos tiene que decir, el resumen de toda la enseñanza de Jesús. Esta Regla de Oro no se encuentra sólo en la enseñanza de Jesús, sino también, de una manera o de otra, en todas las religiones. Responde al sentimiento más profundo y más universal del ser humano.

4) Para la reflexión personal

• Pedir, buscar, llamar a la puerta: ¿cómo rezas tú y cómo conversas con Dios?
• ¿Cómo vives la Regla de Oro?

5) Oración final

Te doy gracias Señor por tu amor y tu verdad,
pues tu promesa supera a tu renombre.
El día en que grité, me escuchaste,
aumentaste mi vigor interior. (Sal 138,2-3)

Comentario – Jueves I Cuaresma

Las palabras de Jesús que recoge el evangelio de Mateo invitan a la esperanza, esto es, a esperar la donación de lo pedido, el hallazgo de lo buscado, la apertura de la puerta que se llama, la cosecha de lo sembrado, y así podríamos continuar ad infinitumPedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Estas pautas podrían valer para toda acción de petición, de búsqueda o de llamada, cosas que deben hacerse con la confianza de obtener el resultado deseado; porque hasta en el ámbito de la experiencia humana uno que pide acaba recibiendo, aunque sólo haya podido lograrlo después de muchos intentos; lo mismo sucede con la búsqueda o con las llamadas. Pero también cabe pensar que alguien se pase la vida buscando algo y no lo encuentre; aun así, puede haber encontrado otras cosas, quizá no buscadas, en el trayecto.

Jesús presenta como destinatario de nuestras peticiones, búsquedas y llamadas al mismo Dios. Es a Él a quien nos dirigimos con nuestra petición, esperando obtener respuesta. La petición esconde una búsqueda y supone una llamada a la puerta de aquel a quien nos acercamos con la súplica. No hemos salido, pues, del ámbito de la oración. Y un padre (o una madre) es el principal destinatario de las peticiones de sus hijos, sobre todo si estos son pequeños –y necesitados- y el padre está capacitado para responder a sus necesidades. Pues bien, Dios, que es nuestro Padre del cielo, vela por nosotros, sus hijos, que somos –y aun siendo- habitantes de la tierra. Jesús recurre a una comparación muy socorrida. Si Dios es Padre (nuestro), habrá de comportarse con sus hijos al menos como lo hace de ordinario un padre digno de tal nombre: Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden? La imagen ilustra bien el tema. ¿A qué padre le hemos visto nosotros dar a su hijo una piedra en lugar del trozo de pan que le pide?

Es verdad que hay comportamientos paternos indignos de su condición, que pueden hacer mucho daño a sus hijos. Pero lo normal no es que el padre busque expresamente perjudicar a su hijo, a no ser que se hayan roto del todo los vínculos naturales que les unen. Hasta los malos padres (padres irresponsables, malévolos, viciosos) saben dar cosas buenas –al menos en la intención- a sus hijos. Si esto es así, ¿qué podemos pensar y esperar del Padre del cielo, el Padre perfecto, el que es pura bondad, el que nos entregó a su Unigénito por nuestra salvación? ¿Nos va a dar una piedra si le pedimos pan o una serpiente si le pedimos pescado? Imposible. Es Padre, nuestro Padre, y es bueno, sin el más mínimo flujo de maldad. ¿Cómo entender entonces que no nos dé el pan, o la salud, o la belleza, o el bienestar, o la libertad, o la gracia que le hemos pedido, si se la hemos pedido y seguimos sin disfrutarla? Normalmente nosotros, cuando pedimos algo a Dios, no le pedimos el pan o la salud que ya tenemos, sino lo que no tenemos –porque lo hemos perdido o porque no lo tuvimos nunca- y echamos en falta.

El hombre, en su indigencia congénita, siempre echa en falta algo: salud, fuerza, vigor, juventud, agilidad, inteligencia, vida. En este mundo cambiante y temporal nunca se puede tener la satisfacción completa. Eso significa que siempre estaremos en condición mendicante. En último término, desearíamos que Dios nos librara de todos los males, o de todo lo que percibimos como mal porque nos priva de un bien, sea este material o de otro tipo; desearíamos que Dios transformara en este mismo instante nuestra tierra en cielo o nuestra vida temporal en vida eterna; pero esto sería precipitar las cosas, interrumpir el ritmo de crecimiento o de maduración que han de tener las vidas según el plan creador y salvífico de Dios. Tenemos que ver las cosas no sólo desde nuestra perspectiva temporal e inmediata, sacando la consecuencia de que Dios no nos puede o no nos quiere conceder lo que le pedimos (porque no nos quita la miseria que arrastramos), sino desde la perspectiva de Dios, que mira desde la eternidad y atrae hacia la eternidad, que mira nuestro bien definitivo para cuya consecución suelen hacer falta los males temporales del mismo modo que para acceder a la vida eterna hace falta pasar por la muerte. ¿Por qué estos trances o tránsitos tan amargos?

La respuesta última e incuestionable sólo la tiene Dios y no nos ha sido plenamente revelada; pero algo podemos adivinar. Somos progresivos; estamos sujetos al tiempo y al espacio; tenemos un cuerpo sometido a las leyes del crecimiento y del envejecimiento; existe el pecado y el mal como consecuencia del pecado; ignoramos lo que más nos conviene en orden al fin último; desconocemos qué es lo mejor para nosotros en un determinado momento de nuestra vida (si perder el avión, o haber llegado a tiempo de tomarlo); puede que lo percibido como una piedra, sea un pan sumamente nutritivo o saludable. Es verdad que Dios no siempre responde a nuestros deseos, pero esto no significa que no se comporte como Padre (que no sea bueno) con nosotros o que no nos quiera, o que no nos dé lo que realmente necesitamos. Diréis: aquí hay muchas conjeturas y tanteos de ciego. Tocamos de lleno los dominios del misterio. Pero Jesús nos asegura que Dios es nuestro Padre del cielo, en el que no cabe asomo de maldad ni de impotencia, y que nuestras peticiones dirigidas a Él serán acogidas en su entrañable misericordia. Con esto nos basta. Démosle fe.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

293. La segunda sensibilidad o atención es discernidora. Se trata de pescar el punto justo en el que se discierne la gracia o la tentación. Porque a veces las cosas que se nos cruzan por la imaginación son sólo tentaciones que nos apartan de nuestro verdadero camino. Aquí necesito preguntarme qué me está diciendo exactamente esa persona, qué me quiere decir, qué desea que comprenda de lo que le pasa. Son preguntas que ayudan a entender dónde se encadenan los argumentos que mueven al otro y a sentir el peso y el ritmo de sus afectos influenciados por esta lógica. Esta escucha se orienta a discernir las palabras salvadoras del buen Espíritu, que nos propone la verdad del Señor, pero también las trampas del mal espíritu –sus falacias y sus seducciones–. Hay que tener la valentía, el cariño y la delicadeza necesarios para ayudar al otro a reconocer la verdad y los engaños o excusas.

“Escuchadlo”

1.- Dios hace a Abram una petición y dos promesas. La petición: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre”. Históricamente, podemos ver en esta frase una explicación del paso del nomadismo al sedentarismo. Todo cambio, no cabe duda, supone esfuerzo, desarraigo y miedo a una nueva realidad. Personalmente, no le sería fácil a Abram aceptar esta indicación del Señor. Mesopotamia era tierra rica fértil y generosa. Pero Abram acepta el reto, nada pregunta y nada responde, y se pone en camino…

Subraya este texto la confianza del patriarca que “marchó, como le había dicho el Señor”. Hoy debo preguntarme, ¿mi confianza en Dios es tal que estoy dispuesto a salir de mí mismo, de mi tierra, de mis seguridades, para ponerme en camino guiado por Dios? Las dos promesas son los dones que Dios concede a aquél que en El ha confiado: una tierra y una descendencia (un gran pueblo). Ahora ya no se llamará Abram, sino Abrahán, “padre de multitudes”.

2.- En el patriarca Abrahán y en todo aquel que toma parte en los duros trabajos del Evangelio la gracia de Dios se desborda a raudales. Ante las dificultades que pueden surgir por ser coherentes en el seguimiento del camino que Cristo nos traza, tenemos la seguridad de que nunca nos va a faltar la ayuda del Señor, nuestro auxilio y escudo (salmo). Una segunda pregunta he de plantearme, ¿siento en mí la gracia que Dios me regala gratuitamente, soy capaz de agradecer todo lo que de El he recibido? Todo lo que tenemos es gracia, todo es don…

3.- La transfiguración en los sinópticos está relacionada estrechamente con la Pascua, el triunfo de Jesús sobre la muerte. Pero para llegar a la luz hay que pasar por la cruz. La pasión es el paso previo a la resurrección. También el pueblo de Israel tuvo que realizar ese “paso” de la esclavitud a la libertad. La teofanía de la transfiguración presenta una serie de elementos simbólicos que evocan la experiencia del Éxodo: el lugar de la revelación de Dios (montaña), su presencia en medio del pueblo (nube), la mediación de la Ley (Moisés) y los Profetas (Elías). Haremos tres chozas, sugiere Pedro, porque allí se estaba muy bien. Pero se oye una voz: “Este es mi Hijo, escuchadle”. Quizá lo que nos ocurre muchas veces a nosotros es que no estamos dispuestos a escuchar su Palabra; quizá por eso vivimos una fe desencarnada de la realidad y nos cuesta tanto unir fe y vida. Es la gran asignatura pendiente del cristiano.

Meditando este texto, en el Sermón 78, San Agustín nos dice: “Desciende, Pedro. Querías descansar en la montaña, pero desciende, predica la palabra, insta oportuna e importunamente, arguye, exhorta, increpa con toda longanimidad y doctrina. Trabaja, suda, sufre algunos tormentos para poseer en la caridad, por el candor y belleza de las buenas obras, lo simbolizado en las blancas vestiduras del Señor”. Tercera pregunta que me planteo: ¿Cómo vivo mi fe, soy coherente, soy capaz de dar razón de mi fe?

José María Martín OSA

Su rostro resplandecía como el sol

Seis días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó a un monte alto a solas. Y se transfi guró ante ellos. Su rostro brilló como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. Y se le aparecieron Moisés y Elías hablando con él. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, qué bien se está aquí. Si quieres, hago aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Aún estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió, y una voz desde la nube dijo: «Éste es mi hijo amado, mi predilecto, escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, aterrados de miedo. Jesús se acercó, los tocó y les dijo: «Levantaos y no tengáis miedo». Alzaron ellos sus ojos y no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Y mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie esta visión hasta que el hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos». 
Mateo 17, 1-9

PARA MEDITAR

Jesús subió a un monte para hablar con su Padre, es decir, buscó un momento especial para comunicarse con él. Nosotros debemos pensar como buscamos los momentos para hablar con Dios, para contarle como va nuestra vida y para que el nos acompañe y nos muestre el camino que debemos seguir.

Pero fi jaros que Jesús se lleva con ellos a Pedro, Santiago y Juan y ellos están tan bien en ese monte que quieren quedarse allí. Pero Jesús les dice que no, que hay que bajar de ese monte para ir a la realidad, a donde están las cosas de cada día. También nosotros debemos aprender de esto que nos dice Jesús: debemos estar en las cosas en las que están el resto de las personas, compartiendo sus problemas y sus alegrías.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿De qué forma hablas y escuchas a Dios, nuestro Padre? Escribe de manera sencilla los momentos en la semana en los que hablas con Dios.
  • ¿Por qué debemos los cristianos hablar con Dios? ¿Y por qué debemos escuchar lo que Dios nos dice?
  • Toma un compromiso sencillo para que esta semana hables y escuches un poco mejor a Dios.

ORACIÓN

Subiste con tus amigos a una montaña alta
y apartada,
nosotros tenemos que proponernos buscar
el lugar y el momento adecuado.
Cuando estamos contigo a solas,
cuando hacemos silencio,
cuando nos ponemos a tu escucha
nos ocurre lo mismo que a Pedro,
a Santiago y a Juan,
que nos cambias del todo, sentimos
que nuestra vida se transfi gura
porque Tú nos pones en contacto
con lo mejor de nosotros mismos,
Tú nos descansas del trajín cotidiano,
nos impulsas a perdonar,
nos reconcilias con nosotros mismos,
nos haces los protagonistas de nuestra historia
y nos llenas de tu amor.
Así, de esa manera, podemos con todo
y la vida contigo se vuelve una fi esta.
¿Cómo no le vamos a contar a todos
este secreto que nos llena de gozo?

La oración nos sana

A tus amigos, Señor, les ocurrió lo mismo
que nos sucede a nosotros cuando oramos.
Siempre que pasamos un rato contigo
comentamos lo bien que nos dejas,
cuánto nos sanas por dentro,
cómo nos energizas la vida…
Después viene el trajín de cada día
y no volvemos a acordarnos,
te olvidamos enseguida, te traspapelamos
en los agobios, en el trabajo,
mientras seguimos recordando nostálgicos,
¡qué bien se estaba contigo!

Nos organizamos la vida dejando para Ti
las sobras del reloj.
Vivimos agitados, nos ocupan mil cosas
y para un rato que tenemos de descanso…
la tele te gana la partida; una película nos distrae,
un libro nos reclama,
tenemos pendiente una llamada,
podría hacer una comida, una chapuza o cualquier cosa.
Y sentarnos a tu lado, hablar un poco contigo
lo vamos dejando,
aunque estamos convencidos
del bien que nos hace,
de lo que nos descansas, nos animas,
nos dinamizas y nos habitas.

Subiste con tus amigos a una montaña alta
y apartada,
nosotros tenemos que proponernos buscar
el lugar y el momento adecuado.

Cuando estamos contigo a solas,
cuando hacemos silencio,
cuando nos ponemos a tu escucha
nos ocurre lo mismo que a Pedro,
a Santiago y a Juan,
que nos cambias del todo, sentimos
que nuestra vida se transfigura
porque Tú nos pones en contacto
con lo mejor de nosotros mismos,
Tú nos descansas del trajín cotidiano,
nos impulsas a perdonar,
nos reconcilias con nosotros mismos,
nos haces los protagonistas de nuestra historia
y nos llenas de tu amor.
Así, de esa manera, podemos con todo
y la vida contigo se vuelve una fiesta.
¿Cómo no le vamos a contar a todos
este secreto que nos llena de gozo?

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo II de Cuaresma

• Este pasaje de la transfiguración de Jesús tiene mucho que ver con su Resurrección. Aparecen diversos elementos que pertenecen a la fe en el Resucitado: “la luz” (2); Pedro llama “Señor” (4) a Jesús; Jesús es señalado como “mi Hijo, el amado” por Dios (5), los discípulos “cayeron de bruces, llenos de espanto” (6), como en las apariciones del Resucitado.

• Como Marcos y Lucas, Mateo sitúa esta escena después que Jesús, por primera vez (Mt 16,21), anuncie su pasión, muerte y resurrección. Los Evangelios siempre unen la muerte y la resurrección. Son dos realidades que no se pueden entender separadamente.

• Situada aquí, esta escena es una anticipación de la gloria de la Pascua (9), cuando se revelará del todo quién es Jesús. Una anticipación, un signo que, en este momento en que empezamos el camino a Jerusalén, fortalece la confianza de los Apóstoles, les da fuerza para emprender el camino de la cruz que se acerca.

• “Pedro, Santiago y Juan” (1) son testigos de algunos de los hechos más importantes de la vida de Jesús. Representan a la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, que recibe, a través de ellos, la declaración fundamental de la fe: “Jesús es el Hijo de Dios” (5).

• Sin embargo, aquí, los tres discípulos, en pleno proceso de descubrimiento, ponen a Jesús, Moisés y Elías al mismo nivel – “tres chozas” (4)-. La “voz desde la nube” (5) corrige esta percepción: Jesús “es mi Hijo” (5), a Él, por encima de todo, es a quien habrá que “escuchar” (5). Él actualiza y trae la plenitud a la Ley y los Profetas (Mt 5,17), de manera que ahora es la Palabra de Dios, vida para la Iglesia. A través de Moisés, con la Ley, y de los Profetas, representados por Elías. Dios se había manifestado anteriormente. Ahora se manifiesta en Jesús, el “Hijo” (5).

• La fuerza que vendrá de la experiencia pascual -anticipada en la transfiguración- permitirá a los discípulos “bajar” de la montaña (9); ya no será necesario quedarse allí arriba (4). La vida, por dura que pueda ser (cruz, muerte…), será vivida en otra perspectiva: la resurrección de Cristo lo transfigura todo: el pecado, la injusticia, la muerte… no tendrán la última palabra sobre la vida de nadie.

Comentario al evangelio – Jueves I de Cuaresma

Ester es una joven hebrea, esposa del rey de Persia. Ella se da cuenta que por las intrigas en el palacio real viene decretado el exterminio de todos los hebreos deportados al reino de Persia. La reina decide ahora exponerse al peligro y afrontar a su esposo para interceder en favor de su pueblo. Antes de presentarse a él, en la angustia, invoca al Señor, acompañando la oración con penitencia.

La reina reconoce que el verdadero Rey es Dios y profesa que Él es el único que la puede salvar. Al invocar su ayuda presenta su propia soledad. Es sorprendente ver en este relato el contraste entre la grandeza y trascendencia de Dios con la pequeñez e impotencia de esta joven. Sin embargo, el texto nos muestra que esa aparente lejanía se convierte en cercanía. En su súplica Ester reconoce, por una parte, las promesas de Dios hechas a sus padres y por otra reconoce el pecado de su pueblo. La lección que podemos sacar de este texto es la de saber orar con confianza en los momentos de dificultad, saber profesar nuestra fe cuando todo se ve mal y en gran oscuridad.

Jesús en el evangelio nos enseña a orar con confianza perseverante. Por la experiencia que tiene de Dios nos revela cómo es el corazón de su Padre. Dios es nuestro Padre y nos ama con un amor gratuito, inmenso, desbordante. Quizás no nos creemos del todo este amor, probablemente lo repetimos y lo decimos seguido, pero puede ser que nos neguemos a experimentarlo en nuestra vida. Este tiempo de Cuaresma como camino de preparación a la Pascua es un momento oportuno para cultivar esta experiencia. Para tomárnosla en serio. Jesús nos invita hoy a entrar en comunión viva con el Padre, es una experiencia que nos puede cambiar interiormente: pedir, buscar, llamar, no permanecer sin esperanza. El Padre de Jesús, fuente inagotable de bondad «dará cosas buenas a los que le pide».

Edgardo Guzmán CMF