Vísperas – Viernes I de Cuaresma

VÍSPERAS

VIERNES I DE CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 40: ORACIÓN DE UN ENFERMO

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

SALMO 45: DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: St 5, 16. 19-20

Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si, cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si, cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

PRECES

Oremos a Jesús, el Señor, que santificó por su propia sangre al pueblo, y digámosle:

Compadécete, Señor, de tu pueblo

Redentor nuestro, por tu pasión, concede a tus fieles la fuerza necesaria para mortificar sus cuerpos, ayúdalos en su lucha contra el mal y fortalece su esperanza,
— para que se dispongan a celebrar santamente tu resurrección.

Haz que los cristianos cumplan con su misión profética anunciando al mundo tu Evangelio;
— y dando testimonio de el por su fe, esperanza y caridad.

Conforta, Señor, a los que están tristes,
— y danos a nosotros el deseo de consolar a nuestros hermanos.

Haz que tus fieles aprendan a participar en tu pasión con sus propios sufrimientos,
— para que sus vidas manifiesten tu salvación a los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que eres autor de la vida, acuérdate de los difuntos
— y dales parte en tu gloriosa resurrección.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Que tu pueblo, Señor, como preparación a las fiestas de Pascua, se entregue a las penitencias cuaresmales, y que nuestra austeridad comunitaria sirva para la renovación espiritual de tus fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes I de Cuaresma

1) Oración inicial

Que tu pueblo, Señor, como preparación a las fiestas de Pascua se entregue a las penitencias cuaresmales, y que nuestra austeridad comunitaria sirva para la renovación espiritual de tus fieles. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 5,20-26

Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano ‘imbécil’, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame ‘renegado’, será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

3) Reflexión

• El texto del evangelio de hoy forma parte de una unidad mayor de Mt 5,20 a Mt 5,48. En esta Mateo muestra como Jesús interpreta y explica la Ley de Dios. Por cinco veces repite la frase: ” Habéis oído que se dijo a los antepasados” (Mt 5,21. 27.33.38.43). Un poco antes había dicho: “No piensen que he venido a acabar con la Ley y los Profetas. No he venido a acabar, sino a darles pleno cumplimiento” (Mt 5,17). La actitud de Jesús ante la ley es, al mismo tiempo, de ruptura y de continuidad. Rompe con las interpretaciones erradas, pero mantienen firme el objetivo que la ley quiere alcanzar: la práctica de justicia mayor es el Amor.

• Mateo 5,20: La justicia mayor que la justicia de los fariseos. Este primer versículo da la llave general de todo lo que sigue en el conjunto de Mt 5,20-48. La palabra Justicia no aparece ni una vez en Marcos, y siete veces en el Evangelio de Mateo (Mt 3,15; 5,6.10.20; 6,1.33; 21,32). Esto tiene que ver con la situación de las comunidades para las cuales Mateo escribe. El ideal religioso de los judíos de la época era “ser justo ante Dios”. Los fariseos enseñaban: “¡La persona alcanza la justicia ante Dios cuando llega a observar todas las normas de la ley en todos sus detalles!” Esta enseñanza engendraba una opresión legalista y traía mucha angustia para las personas, pues era muy difícil que alguien observara todas las normas (cf. Rom 7,21-24). Por esto, Mateo recoge las palabras de Jesús sobre la justicia, mostrando que tiene que superar la justicia de los fariseos (Mt 5,20). Para Jesús, la justicia no viene de lo que yo hago por Dios observando la ley, sino más de lo que Dios hace por mí, acogiéndome como hijo o hija. El nuevo ideal que Jesús propone es éste: “Ser perfecto como el Padre del cielo es perfecto” (Mt 5,48). Esto quiere decir: yo seré justo ante Dios, cuando procuro acoger y perdonar a las personas como Dios me acoge y me perdona, a pesar de mis defectos y pecados.

• Por medio de cinco ejemplos bien concretos, Jesús mostrará cómo hacer para alcanzar esta justicia mayor que supera la justicia de los escribas y de los fariseos. Como veremos, el evangelio de hoy trae el primer ejemplo relacionado con la nueva interpretación del quinto mandamiento: ¡No matarás! Jesús va a revelar lo que Dios quería cuando entregó este mandamiento a Moisés.

• Mateo 5,21-22: La ley dice “¡No matarás!” (Ex 20,13) Para observar plenamente este quinto mandamiento no basta evitar el asesinato. Es preciso arrancar de dentro de sí todo aquello que de una manera o de otra puede llevar al asesinato, como por ejemplo, rabia, odio, deseo de venganza, explotación, insulto, etc.

• Mateo 5,23-24: El culto perfecto que Dios quiere. Para poder ser aceptado por Dios y estar unidos a él, es preciso estar reconciliado con el hermano, con la hermana. Antes de la destrucción del Templo, en el año 70, cuando los judíos cristianos participaban en las romerías a Jerusalén para hacer sus ofrendas al altar y pagar sus promesas, ellos se acordaban siempre de esta frase de Jesús. En los años 80, en el momento en que Mateo escribe, el Templo o el Altar no existían ya. Habían sido destruidos por los romanos. La comunidad y la celebración comunitaria, pasan a ser el Templo y el Altar de Dios.

• Mateo 5,25-26: Reconciliar. Uno de los puntos en que el Evangelio de Mateo más insiste es la reconciliación. Esto muestra que, en las comunidades de aquella época, había muchas tensiones entre grupos radicales con tendencias diferentes y hasta opuestas. Nadie quería ceder ante el otro. No había diálogo. Mateo ilumina esta situación con palabras de Jesús sobre la reconciliación que piden acogida y comprensión. Pues el único pecado que Dios no consigue perdonar es nuestra falta de perdón hacia los otros (Mt 6,14). Por esto, procure la reconciliación, antes que sea demasiado tarde.

4) Para la reflexión personal

• ¡Hoy son muchas las personas que gritan “Justicia!” ¿Qué sentido tiene para mí la justicia evangélica?
• ¿Cómo me comporto delante de los que no me aceptan como soy? ¿Cómo se ha comportado Jesús delante los que no lo han aceptado?

5) Oración final

Desde lo hondo a ti grito, Yahvé:
¡Señor, escucha mi clamor!
¡Estén atentos tus oídos
a la voz de mis súplicas! (Sal 130,1-2)

Comentario – Viernes I de Cuaresma

En cierta ocasión, nos refiere Mateo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Por el tenor de la pregunta, parece que Jesús tiene la intención de sondear la opinión pública que se han forjado sus contemporáneos de su persona. Ellos contestan lo que han oído entre la gente: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. La opinión generalizada es que se trata de un profeta que actualiza o reproduce la misión de antiguos profetas, de profetas de fama contrastada. Pero Jesús quiere ir más lejos; desea conocer su propia opinión. Ellos han estado más cerca de él; le han acompañado en sus correrías apostólicas; han sido testigos de sus actuaciones milagrosas; han observado el asombro que provocaba su enseñanza; tienen, por tanto, un conocimiento más acendrado, al menos más inmediato y próximo, de él. ¿Quién decís, vosotros, que soy yo? Porque algo tendrán que decir; porque tendrán una opinión formada, que no tiene por qué ser la de la gente del entorno.

Leyendo el texto, da la impresión de que aquella pregunta les dejó sorprendidos, como si no tuvieran una respuesta a mano. Jesús ciertamente era su Maestro. Ellos lo habían dejado todo para seguirle. Podían equipararle, como los demás, a uno de los grandes profetas de la antigüedad. Tal vez pensasen incluso que él era el Mesías anunciado y esperado. Pero ¿tenían una idea clara de lo que esto significaba? Lo cierto es que el único que tomó la palabra fue Simón Pedro, que dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Por lo que le responde después Jesús, podemos deducir que Pedro no era del todo consciente del alcance de sus palabras, pues le habían sido reveladas de lo alto: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo! Si no se lo ha revelado nadie de carne y hueso, tampoco lo ha deducido de su propia observación. Podía tener una idea vaga de haber encontrado al Mesías anunciado; pero difícilmente podía identificar al Ungido de Dios con el Hijo de Dios vivo. Y eso a pesar de haber oído con frecuencia a Jesús referirse a su Padre del cielo. Lo seguro es que Jesús ve en la confesión de fe de Pedro una revelación del Padre. Ello, además de otras razones, le permite darle un puesto singular entre sus discípulos: Tú eres Pedro –tal es el nombre de la vocación o de la elección-, y sobre esta piedra –que eres tú- edificaré mi Iglesia.

Para desempeñar esta función de cimiento dispondrá de las llaves del Reino de los cielos y podrá atar y desatar en la tierra, quedando sellada su actuación en el cielo. De este modo la Iglesia de Cristo se convierte en Iglesia petrina: una Iglesia que se levanta también sobre la fe de Pedro. Para cumplir su singular misión, necesitará de la potestad de abrir y cerrar (el poder de las llaves), de atar y desatar (el poder de absolver y de retener, de excomulgar y de reconciliar), es decir, la potestad de gobierno, no en solitario, porque no dejará de formar parte del colegio apostólico, pero sí en singular, como miembro preeminente de ese colegio, como “Papa”. A esa función primacial corresponde la vigilancia sobre el depósito doctrinal para que no se falsee ni se deforme, la salvaguarda de la unidad en la Iglesia, la defensa de toda la grey frente a las posibles y reales agresiones, el cuidado pastoral del rebaño a él encomendado: apacienta a mis ovejas.

En estos días en que estamos a la espera de que se haga realidad la renuncia al pontificado de Benedicto XVI y se nombre un nuevo sucesor de Pedro, las palabras del evangelio resultan muy oportunas. Pedro ha de tener sucesor porque Jesús ha querido a Pedro como “piedra” de su Iglesia. A la Iglesia de Cristo no debe faltarle nunca esta piedra que sustenta el edificio. El primado de Pedro se convierte así en un elemento esencial de esta construcción (= institución) querida expresamente por Cristo para prolongar su misión en el mundo. Apreciemos en todo su valor este elemento de la estructura eclesial y recemos en estos días tanto por el Papa que nos deja como por el que nos será dado en poco tiempo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

294. La tercera sensibilidad o atención se inclina a escuchar los impulsos que el otro experimenta “hacia adelante”. Es la escucha profunda de “hacia dónde quiere ir verdaderamente el otro”. Más allá de lo que siente y piensa en el presente y de lo que ha hecho en el pasado, la atención se orienta hacia lo que quisiera ser. A veces esto implica que la persona no mire tanto lo que le gusta, sus deseos superficiales, sino lo que más agrada al Señor, su proyecto para la propia vida que se expresa en una inclinación del corazón, más allá de la cáscara de los gustos y sentimientos. Esta escucha es atención a la intención última, que es la que en definitiva decide la vida, porque existe Alguien como Jesús que entiende y valora esta intención última del corazón. Por eso Él está siempre dispuesto a ayudar a cada uno para que la reconozca, y para ello le basta que alguien le diga: “¡Señor, sálvame! ¡Ten misericordia de mí!”.

La misa del domingo

DOMINGO II de CUARESMA (A)
8 de marzo de 2020

Subir al monte…

Jesús subió al monte con tres apóstoles, Pedro, Santiago y Juan, para orar.

En nuestra vida, parar, tomar perspectiva, vivir desde Dios es imprescindible para cuidar que nuestra vida siga siendo sal y luz para los demás, para vivir desde Dios.

En el trato de amistad con Dios, Él va transformando nuestro corazón, recuperando su imagen en nosotros.

Transfigurarse

Jesús va camino de Jerusalén. Sabe qué le espera allí. La transfiguración puede ser como un alto en el camino, un adelanto de lo que Jesús es: el Hijo de Dios.

Pero también nos revela lo que somos nosotros, hijos en el Hijo. Somos los hijos amados de Dios siempre. Vivir infelices, sin amor, llenos de oscuridades es no reconocer nuestra identidad más profunda: Dios nos ha creado para vivir plenos, transfigurados, felices.

Ojalá que Dios nos conceda transfigurarnos a imagen de su Hijo para que a nuestra vez podamos transfigurar el mundo según los valores del Reino.

Echarse al monte

A veces tenemos la tentación de huir al monte, bajarnos de la vida, desertar de la realidad que cada uno vivimos…

Se está tan bien aquí, que podemos hacer tres tiendas y quedarnos para siempre…

Sin embargo, es la realidad que cada uno vivimos el campo que Dios nos tiene preparados. No hay otro.

Nuestros ojos y nuestro corazón transfigurados miran la vida como el espacio donde Dios nos espera.

Es bajando a la arena de la vida, luchando en las circunstancias de cada día, dando la vida por el Reino, donde reconocemos a Jesús como Hijo de Dios.

Sergio Huerta, sdb

La misa del domingo: misa con niños

DOMINGO II de CUARESMA (A)
“Vestidos de luz”

8 de marzo de 2020

(En el evangelio de hoy Jesús se nos va a presentar “transfigurado”, es decir, mejorada su figura, más luminosa. Es un hecho que, de alguna manera, prepara la Pascua a la que llegaremos después de la Cuaresma.

  • Un signo para la celebración: Un alba limpia, bien colocada en el respaldo de una silla, para significar la presencia de Jesús transfigurado. Signo también de nuestra nueva vida en Él.
  • Se puede hacer hoy también “Procesión de Entrada”, llevando, de manera significativa, el Leccionario.
  • Una canción para la celebración: “Bendigamos al Señor” (Kairoi). Para resaltar las palabras del Evangelio: “Éste es mi Hijo amado, escuchadle”.

1. MOTIVACIÓN

Amigos: “No tengáis miedo” se nos va a decir hoy en el evangelio. Estamos recorriendo el tiempo de Cuaresma y puede que nos haya venido una duda: ¿seré yo capaz de seguir más de cerca de Jesús? Ánimo. La celebración de hoy nos ayudará a caminar juntos hacia la Pascua. Vamos a celebrar. Vamos a participar. Comenzamos.

2. CANTO DE ENTRADA (Se podría cantar también aquí el canto propuesto para la “Acción de Gracias”, u otro canto apropiado).

3. SALUDO DEL SACERDOTE

4. PETICIÓN DE PERDÓN

  • Por las veces que nos desanimamos y no seguimos a Jesús. Señor, ten piedad.
  • Por las veces que no ayudamos a nadie y sólo pensamos en nosotros mismos. Cristo, ten piedad.
  • Por las veces que no vemos a Jesús “transfigurado” en las circunstancias de la vida. Señor, ten piedad.

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4. PRIMERA LECTURA (Génesis 12, 1-4a) Lectura del Libro del Génesis:

En aquellos días, el Señor dijo a Abrahán:
– Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran

pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre y será una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán

todas las familias del mundo.
Abrahán marchó, como le había dicho el Señor.

Palabra de Dios

5. SALMO RESPONSORIAL: “Tu rostro buscaré, Señor”

Tu rostro buscaré, Señor,
tú eres nuestro auxilio,
en ti confiamos

y seguiremos tus pasos.

Tu rostro buscaré, Señor.

Muéstranos cómo es tu gloria,
muéstranos cómo eres bueno y misericordioso,
haznos ver tu rostro,

que se fija en el pequeño y humilde de corazón.

Tu rostro buscaré, Señor.

 

6. EVANGELIO (Mateo 17, 1-9) “Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía”

NARRADOR
Lectura del santo evangelio según san Mateo. En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

PEDRO
Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

NARRADOR
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:

PADRE
Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.

NARRADOR
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y les dijo:

JESUS
Levantaos, no temáis.

NARRADOR
Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les dijo:

JESÚS
No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

NARRADOR
Palabra del Señor.

7. COMENTARIO

  • ¿Cómo estás llevando este tiempo de Cuaresma? ¿Habéis hecho alguna actividad especial en el Colegio o en la Catequesis?
  • ¿Qué te ha llamado la atención de la lectura de hoy? ¿La habías escuchado alguna otra vez?
  • Jesús “transfigurado”, con más luz, resplandeciente…Imagen de lo que iba a ser la resurrección.
  • Les hace experimentar esto a sus discípulos para que sean capaces de “saber llevar” el dolor y la cruz que van a contemplar en el Maestro.
  • ¿Cómo haremos para vestirnos con unos vestidos “blancos como la luz”?

8. PETICIONES

  1. Por el Papa, por los Obispos que han tomado nuevos cargos en la Conferencia Episcopal Española, para que nos ayuden a encontrar al verdadero Jesús. Roguemos al Señor.
  2. Para que “no tengamos miedo” de ser testigos de Jesús. Roguemos al Señor.
  3. Por los laicos comprometidos en la evangelización, catequesis, cáritas y otras acciones de Iglesia. Roguemos al Señor.
  4. Por nuestros padres y amigos, para que Jesús les ayude en sus necesidades. Roguemos al Señor.

9. CANTO COMO ACCIÓN DE GRACIAS. “Bendigamos al Señor” (Kairoi). (Expresa la “elección” del Hijo, el Señor Jesús. Texto del evangelio. Refleja nuestra misma situación de “llamados”. Se puede cantar, escuchar o recitar)

Bendigamos al Señor,
Dios de toda la creación,
por habernos regalado su amor,
su bondad y su perdón

y su gran fidelidad
por los siglos de los siglos durarán.

El Espíritu de Dios hoy está sobre mí,
Él es quien me ha ungido para proclamar
la Buena Nueva a los más pobres,
la gracia de su salvación (bis).

Enviados con poder
y en el nombre de Jesús,
a sanar a los enfermos el dolor,
a los ciegos la visión,
a los pobres la verdad
y a los presos y oprimidos libertad.

El Espíritu de Dios…

10. PARA LA VIDA

(Se inculca el compromiso para la semana: Vestirse de blanco, de manera figurada, para expresar la vida de Jesús en nosotros).

Iñaki Lete, sdb

¡Dejarnos transfigurar!

Transfiguración significa “cambio de figura, de aspecto”. La Cuaresma es eso, tiempo para la transformación. Como nos dice el papa Francisco: en la Transfiguración, Cristo nos deja echar “un vistazo al cielo”. No estamos llamados a acomodarnos a este mundo, todo y todos seremos transfigurados en un mundo distinto y ya eterno. Esto no significa que nos crucemos de brazos mientras llega este acontecimiento. Francisco asegura que el camino de eso que falta pasa por eso que está. Debemos escrutar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario. Cristo quiere que le ayudemos a cambiar este mundo pasando por la transfiguración personal. Sin nuestro cambio personal, no habrá cambio social. Dice el Evangelio: sus vestidos y su rostro se volvieron resplandecientes al igual que nuestras vidas pueden cambiar para convertirnos en luz de este mundo, en nuestra realidad cercana. Fijémonos en tres claves de la Cuaresma:

1.- Jesús se los llevó a orar. En mi trato cercano con Cristo, con su Palabra, experimento la necesidad de cambiar mi egoísmo en generosidad, mi soberbia en humildad…

2.- Tener visión de eternidad en todo lo que vivo. Ese es el fin de mi sufrimiento, de mi purificación personal.

3.- Peligro del acomodamiento, de buscar seguridades. ¡Qué pronto se adelanta Pedro a ofrecer tres tiendas! Y qué rápido hace desvanecer Jesús la visión. El cristiano no debe buscar “sentirse bien”, se trata de dar la vida como Él la dio unos días después.

María Ángela Cantueso Muñoz

Comentario al evangelio – Viernes I de Cuaresma

La vivencia de la Cuaresma va acompañada de algunas obras: la oración, el ayuno y la limosna. Uno de los riesgos que podemos tener es de quedarnos con el cumplimiento superficial de dichas prácticas, sin ir al sentido profundo de los gestos y símbolos de nuestra fe cristiana. Las lecturas de este día nos ayudan adentrarnos en el espíritu propio de la Cuaresma que apunta a una conversión sincera.

Ezequiel en la primera lectura nos recuerda que la redención de nuestros pecados pasa por la práctica del derecho y de la justicia. En ese sentido la profecía de Ezequiel nos ayuda también a captar que son nuestras malas acciones las que nos llevan a la muerte. El mal que hacemos y las injusticias que cometemos es lo que nos condena a nosotros mismos. Las prácticas cuaresmales vividas desde una clave existencial nos deben ayudar a una auténtica conversión del corazón. Aquella que nos lleva a vencer nuestro egoísmo para abrirnos a los demás. De ahí, que la práctica del derecho y de la justicia es lo que nos redima.

En esa misma perspectiva Jesús en el Evangelio pide a sus discípulos que su justicia sea mayor que la de los escribas y fariseos. Que se quedaban solo con el cumplimiento y la observancia de la ley. El apelo de Jesús es exigente, pero nos abre un horizonte nuevo porque nos libera. En la línea de la tradición profética pide a sus seguidores una auténtica práctica religiosa la que pasa por la experiencia del amor a los hermanos. La conversión que reclama el Evangelio no es solo un cambio en el sentido moral, es ante todo cambiar la forma en la cual nos ubicamos en la vida.

Edgardo Guzmán CMF