Vísperas – Martes II de Cuaresma

VÍSPERAS

MARTES II de CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida, 
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

SALMO 48

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
“Ponderan lo bien que lo pasas”,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: St 2, 14.17.18b

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? La fe, si no tiene obras, por sí sola está muerta. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Todos vosotros sois hermanos; no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo; no os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, Cristo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todos vosotros sois hermanos; no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo; no os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, Cristo.

PRECES

Oremos a Jesús, el Señor, que, levantado en la cruz, atrae a todos hacia él, y digámosle:

Atrae, Señor, a todos los hombres hacia ti.

Señor, que la luz con que resplandece el misterio de la cruz atraiga a todos los hombres,
— para que te reconozcan como camino, verdad y vida.

Da tu agua viva a todos los sedientos de verdad,
— para que su sed quede eternamente saciada.

Ilumina a los científicos y a los artistas,
— para que el progreso sea también camino de salvación.

Mueve los corazones de los que se apartaron de ti a causa del pecado o del escándalo,
— para que se conviertan a ti y permanezcan en tu amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Admite en tu reino a todos los difuntos,
— para que se alegren eternamente con la Virgen María y con todos los santos.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, vela con amor continuo sobre tu Iglesia, y, pues sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protege a tu Iglesia en el peligro y mantenla en el camino de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes II de Cuaresma

1) Oración inicial

Señor, vela con amor continuo sobre tu Iglesia; y pues sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protege a tu Iglesia en el peligro y mantenla en el camino de la salvación. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 23,1-12

Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; ensanchan las filacterias y alargan las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.

«Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Instructores’, porque uno solo es vuestro Instructor: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy trae una crítica de Jesús en contra de los escribas y de los fariseos de su tiempo. Al comienzo de la actividad misionera de Jesús, los doctores de Jerusalén habían ido hasta Galilea para observarlo (Mc 3,22; 7,1). Incomodados por la predicación de Jesús, habían esparcido la calumnia según la cual era un endemoniado (Mc 3,22). A lo largo de tres años la popularidad de Jesús fue creciendo. Creció también el conflicto entre él y las autoridades religiosas. La raíz de este conflicto estaba en la manera en que ellos se pusieron ante Dios. Los fariseos buscaban su seguridad no tanto en el amor de Dios para con él, sino más bien en la observancia rigurosa de la Ley. Confrontado con esta mentalidad, Jesús acentúa la práctica del amor que relativiza la observancia de la ley y le da su verdadero sentido.

• Mateo 23,1-3: La raíz de la critica: “Ellos dicen, pero no hacen”. Jesús reconoce la autoridad de los escribas y fariseos. Ellos ocupan la cátedra de Moisés y enseñan la ley de Dios, pero ellos mismos no observan lo que enseñan. De ahí la advertencia a la gente: “Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.” ¡Es una crítica que arrasa! Enseguida, como en un espejo, Jesús hace ver algunos aspectos de incoherencia de las autoridades religiosas.

• Mateo 23,4-7: Mirarse en el espejo para hacer una revisión de vida. Jesús llama la atención de los discípulos sobre el comportamiento incoherente de algunos doctores de la ley. Al meditar estas incoherencias, conviene pensar no en los fariseos y en los escribas de aquel pasado lejano, sino más bien en nosotros mismos y en nuestras incoherencias: atar cargas pesadas y echarlas a las espaldas de la gente, pero ni con el dedo queremos moverlas. Todas nuestras obras las hacemos para ser vistos por los hombres; queremos el primer puesto en lugares destacados y que la gente nos llame ‘doctor’. ¡A los escribas les gustaba entrar en las casas de las viudas y hacer largas preces en cambio de dinero! (Mc 12,40)

• Mateo 23,8-10: Ustedes todos son hermanos. Jesús manda tener la actitud contraria. En vez de usar la religión y la comunidad como medio de autopromoción para parecer más importante ante los demás, pide que no se use el título de Maestro, Padre o Guía, pues uno sólo es el guía: Cristo; sólo Dios en el cielo es Padre, y Jesús es el maestro. Todos los demás somos hermanos. Esta es la base de la fraternidad que nace de la certeza de que Dios es nuestro Padre.

• Mateo 23,11-12: El resumen final: el mayor es el menor. Esta frase final es lo que caracteriza tanto la enseñanza como el comportamiento de Jesús: “El más grande de ustedes, será servidor de ustedes. Quien se exalta será humillado, y quien se humilla será exaltado” (cf. Mc 10,43; Lc 14,11; 18,14).

4) Para la reflexión personal

• ¿Qué es lo que Jesús criticó en los doctores de la Ley, y en qué los elogió? ¿Qué es lo que él critica en mí y qué elogiaría en mí?

• ¿Te has mirado al espejo?

5) Oración final

“Me honra quien sacrifica dándome gracias,
al que es recto le haré ver la salvación de Dios.” (Sal 50,23)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

3.- JESÚS ES BAUTIZADO

Mt 3, 13-17; Mc 1, 9-11; Lc 3, 21-22

Juan, con su vida austera y su predicación, mantenía al pueblo en suspenso, y provocaba una expectación llena de fervor. Los judíos estaban a la espera de grandes acontecimientos religiosos, y la misión de Juan presagiaba, en efecto, sucesos extraordinarios. Sus palabras daban un nuevo aliento a la esperanza mesiánica y muchos se preguntaban en su interior si él mismo no sería el Cristo. Pero Juan decía: Yo no soy el Cristo (Jn), y añadía: Yo os bautizo con agua; pero viene quien es más fuerte que yo, al que no soy digno de desatar la correa de sus sandalias: él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego (Lc).

Esta declaración, envuelta en cierto misterio, estaba penetrada de una profunda humildad. Con una comparación sencilla se colocaba en el sitio que le correspondía: el que viene —dice— es un gran señor, y los grandes señores tienen siervos para quitarles las sandalias cuando llegan de un largo camino. Yo soy tan poca cosa a su lado que ni siquiera soy digno de servirle de criado. En comparación de él, yo no existo, venía a declarar[1].

Juan no presentaba directamente al Señor, pero lo tenía, sin duda, en el corazón. Al declarar que él no era el Cristo empleaba la misma discreción, y por los mismos motivos que mostrará Jesús para decir que Él sí es el Cristo.

El evangelio no nos dice si hubo algún encuentro anterior entre Jesús y Juan. Los años de juventud de ambos fueron muy diversos, y no parece por los textos —habitaba en el desierto (Lc); yo no le conocía (Jn)— que se hubieran visto antes de estos sucesos.

Toda la vida del Precursor culmina con el bautismo de Jesús. Un día se presentó el Señor entre la multitud. Venía de Galilea para ser bautizado por Juan (Mt), aunque Él no lo necesitaba, pues tenía la plenitud de la gracia.

Cuando Juan vio venir a Jesús sabía que era Él, el Mesías tanto tiempo esperado. Quizá no conocía la divinidad del Señor y su íntima y eminente relación con Dios Padre. Esto le será revelado de modo parcial. Aparentemente, Jesús iba, como los demás, a escuchar su palabra y recibir su bautismo. Lo solicita con modestia, pero el Bautista se negó, diciendo: Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿cómo vienes tú a mí? Y Jesús le replicó: Déjame ahora, así es como debemos nosotros cumplir toda justicia (Mt), es decir, todo lo establecido por Dios Padre. «El significado pleno del bautismo de Jesús, que comporta cumplir toda justicia, se manifiesta en la cruz: su bautismo es la aceptación de la muerte por los pecados del mundo. Estas palabras pueden considerarse como un anticipo de las que pronunciará Jesús en Getsemaní: no se haga mi voluntad, sino la tuya»[2].

Déjame ahora… Estas son las primeras palabras que conocemos de Jesús en su vida pública; están en la misma línea de aquellas que dirigió a sus padres cuando le encontraron en el Templo. A lo largo de los tres años de predicación repetirá de modos diversos que Él ha venido a cumplir la voluntad del Padre.

Y el Señor recibió el bautismo de manos de Juan. Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua (Mt) y se recogió interiormente: estaba en oración, nos indica expresamente san Lucas[3]. Y entonces, mientras dialogaba con su Padre del Cielo, tuvo lugar la manifestación del misterio de la Santísima Trinidad[4]. Esta escena, junto a la de la Transfiguración, es una de las más bellas de la vida del Señor. Y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Una voz del Cielo atestiguó: Este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido (Mt).

Literalmente ha de leerse: Este es el Hijo mío, el amado. Y el Amado, precedido del artículo y unido a la expresión el Hijo, normalmente en la Escritura se refiere al hijo único. Con toda propiedad y fuerza se declara aquí que Jesús es el Hijo de Dios, el Unigénito, Hijo en un sentido distinto a los demás hombres. Por esa filiación poseía la plenitud del Espíritu Santo. Este nuevo descendimiento significa que la Tercera Persona de la Trinidad comenzaba su acción por medio del Mesías. Muchos textos del Antiguo Testamento anunciaban esta especialísima manifestación del Espíritu Santo.

El Señor no necesitaba ser bautizado, como tampoco precisaba de la circuncisión, a la que, sin embargo, también se sometió. El evangelista indica la razón: era la voluntad de su Padre que se sometiese a la Ley, como Él mismo enseñará más tarde.

Los cielos abiertos son el primer elemento de la teofanía; si se abren sobre el nuevo profeta, es un signo de su unión en la intimidad de Dios. A este primer elemento se agregan los otros dos: el vuelo de la paloma, símbolo del Espíritu, y la voz del Padre que sale de lo más profundo.

El testimonio del Precursor, a partir de este momento, será más completo y más apremiante. Ved al Cordero de Dios —escribirá Juan—, ved al Elegido.

Cuando el Bautista comprendió cómo le había sido mostrado el Cristo, pensó quizá que debía él retirarse para dejarle el lugar. Pero Jesús desapareció tan súbitamente como había aparecido, y durante más de un mes, el tiempo que permaneció en ayuno y en oración en el desierto, nadie lo vio, ni probablemente nadie sabía dónde estaba. Juan comprendió que debía continuar su misión.

Jesús quiso comenzar su vida pública a partir del movimiento religioso iniciado por su Precursor. Es tan importante este momento que Pedro exigirá haber acompañado a Jesús desde el Bautismo de Juan para cubrir la vacante dejada por Judas en el Colegio de los Doce (Hch).

Tenía Jesús al comenzar como unos treinta años. Después del Bautismo[5], regresó del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto (Lc).


[1] Juan tenía plena conciencia de su misión de ser el precursor de alguien más grande que él: es humilde, sabe cuál es su sitio y no intenta ocupar otro. No busca su propia gloria, sino la del Señor.

Se desprenderá de los que le siguen, para que vayan a Jesús. La humildad estaba en la base de toda su personalidad apostólica.

Todo apostolado es, en cierto modo, semejante a la misión del Bautista: preparar el terreno para que Cristo penetre con facilidad en las almas. «En el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret, Unigénito del Padre, que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para siempre con nosotros… Catequizar es… descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios…» (cfr. Catecismo, n. 426).

[2] BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret I, pp. 40-41.

[3] Cfr. Lc 3, 21.

[4] El misterio de la Santísima Trinidad es el centro infinitamente trascendente de la vida de los hombres, de la historia y de la creación entera. Nada realiza nuestra Madre la Iglesia sin invocar previamente a la Trinidad Beatísima. Pero es en el Santo Sacrificio del Altar donde especialmente son invocadas las tres divinas Personas.

[5] Los Padres griegos, desde el siglo II, colocan unánimemente el día del Bautismo del Señor el día 13 de enero. También la Iglesia occidental celebraba en el mismo día este acontecimiento ya desde tiempos remotos (ahora se conmemora el primer domingo después de Epifanía). Los datos que conocemos por los evangelios parecen confirmar de alguna manera esta tradición. Efectivamente, entre el bautismo de Cristo y la primera Pascua en el mes de abril hay que suponer por lo menos dos meses de distancia. Cristo, inmediatamente después del bautismo, se retiró al desierto, donde permaneció durante cuarenta días. Desde allí volvió a las orillas del Jordán, donde el Bautista seguía predicando (Jn). Después de unos ocho días tuvieron lugar las bodas de Caná de Galilea (Jn). Vino después a Cafarnaún, donde no permaneció un largo espacio de tiempo, según nos indica san Juan. Y desde allí subió a Jerusalén a celebrar la Pascua. El bautismo, por lo tanto, debió de tener lugar en los primeros días de enero.

Comentario – Martes II de Cuaresma

Jesús se dirige a la gente y a sus discípulos, pero les habla de terceras personas, preveniéndoles frente al proceder de quienes se han constituido a sí mismos en guías espirituales del pueblo: En la cátedra de Moisés –les dice- se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. La cátedra de Moisés es la sede magisterial más importante del pueblo de Israel. Moisés es el dirigente por excelencia del pueblo judío, el que lideró la liberación de la esclavitud de Egipto, dando a estos esclavos semitas rango de pueblo independiente y libre. La cátedra de Moisés es el máximo exponente de la dirección espiritual del pueblo. Pues bien, en esa cátedra se han sentado los letrados, o especialistas en las Escrituras sagradas, y los fariseos o ‘piadosos’ cumplidores de la Ley mosaica. Ellos eran los que habían asumido la dirección espiritual del pueblo judío.

Ante tales dirigentes Jesús adopta una actitud muy crítica: haced lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen. La crítica sigue teniendo actualidad y alcanza a cuantos ocupan alguna cátedra o puesto de dirección (obispos, sacerdotes, etc.) en medio del pueblo. Por eso no podemos eximirnos de ella como si no fuera con nosotros. Jesús no censura su doctrina o magisterio, aunque en otras ocasiones lo haga, sino su falta de coherencia entre lo que dicen (o predican) y lo que hacen (o practican). Haréis bien en cumplir lo que os digan, viene a decirles, pero no en hacer lo que ellos hacen. Atended, pues, a sus directrices, porque son válidas y buenas, pero no a su conducta, porque dista mucho de lo que enseñan que debe hacerse.

No obstante… ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. “Liar fardos pesados e insoportables para cargarlos sobre los hombros de la gente” es una actividad que forma parte de la enseñanza y de la dirección moral. Luego la crítica alcanza al magisterio práctico de los dirigentes judíos. Imponen una legislación moral opresiva e insoportable, y la cargan sobre los hombros de la gente, que tienen que soportarla hasta límites inhumanos; pero ellos no ayudan a llevar la carga, no mueven un solo dedo para empujar. Por tanto, ni aligeran la carga, ni ayudan a llevarla. Jesús pone de relieve la opresión sentida por el pueblo de la moral farisaica.

Mientras tanto, ellos se dedican a alargar las filacterias y a ensanchar las franjas del manto, acrecentando así la apariencia de piedad, a ocupar primeros asientos en los banquetes públicos o privados y los asientos de honor en las sinagogas. La crítica subraya que disfrutan con este trato de honor, porque se les ha pegado la vanidad hasta no poder desprenderse de ella. Lo que buscan en los banquetes y en las sinagogas lo trasladan incluso a la calle; porque también en la calle gustan de las reverencias y de los reconocimientosque la gente los llame «maestros».

Los rasgos con que Jesús describe el comportamiento de los fariseos resultan tan familiares que no dejan de provocar estremecimiento al que mantiene despierta su sensibilidad. Porque hoy seguimos tan interesados y ocupados en franjas del manto (o en indumentarias), en asientos de honor y en reconocimientos como entonces. Ante determinados espectáculos eclesiales podemos tener la impresión de lo difícil –casi imposible- que nos resulta prescindir de ciertas apariencias y vanidades; porque siempre encontraremos razones (de dignidad, de culto, de sacralidad, de distinción) para justificarlas, y ello aun manteniendo el empeño por substraer semejante comportamiento de ese virus de la vanidad a cuyo influjo es tan raro escapar. Pero los fariseos, como nosotros, también tenían sus razones.

Y porque este proceder es tan universal, Jesús se dirige ahora a sus discípulos proponiéndoles un cambio de actitud o de modelo. Ellos acabarán siendo también guías y dirigentes del pueblo cristiano. Por eso les conviene tener en cuenta estas recomendaciones: Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, CristoEl primero entre vosotros será vuestro servidor. ¿No es, sin embargo, la pretensión de Jesús una utopía imposible de realizar? ¿Cómo no dejarse llamar “maestro” ejerciendo una función magisterial? ¿O “padre”, ejerciendo un oficio paternal?

La solución a este dilema la ofrece el mismo Jesús al señalar que hay un maestro del que brota todo el magisterio eclesial, lo mismo que un padre del que nace toda paternidad. En relación con este Maestro, todos somos discípulos y hermanos, hasta los que ejercen el magisterio en la Iglesia. Pero no siempre se mantiene esta perspectiva y asumimos posturas que pierden de vista la humilde sumisión al magisterio supremo de Cristo. Cuantas veces los que ocupamos ciertas cátedras o púlpitos nos hemos constituido en maestros de todo, incluso de esas materias que no eran de nuestra competencia, como si dispusiéramos de un saber infalible. Sucede también que por el hecho de considerarnos “representantes” de Cristo, podemos exigir de los demás un tratamiento (o un respeto reverencial) que no se lo concedemos a ningún otro.

Pero tendríamos que tener muy presente estas sentencias evangélicas: uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos –algo que incluye a todos los cristianos; también a la jerarquía-; uno solo es vuestro Padre, el del cielo; uno solo es vuestro Señor, Cristo. ¡Cómo tendríamos que grabar a fuego en nuestra alma cristiana esta frase: el primero entre vosotros será vuestro servidor! Y para ser esto hay que evitar esos vicios de la conducta farisaica que tan de manifiesto puso Jesús en su crítica y que siguen afectando en mayor o menor medida a cuantos hoy ocupamos sedes, cátedras o púlpitos en su Iglesia. Sólo sintiéndonos ‘indignos’ servidores podremos escapar a ese círculo de fuego hecho de apariencias, vanas aspiraciones, reconocimientos fatuos, glorias efímeras.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

298. Pero para acompañar a otros en este camino, primero necesitas tener el hábito de recorrerlo tú mismo. María lo hizo, afrontando sus preguntas y sus propias dificultades cuando era muy joven. Que ella renueve tu juventud con la fuerza de su plegaria y te acompañe siempre con su presencia de Madre.

Recursos – Ofertorio Domingo III de Cuaresma

PRESENTACIÓN Y ASPERSIÓN CON EL AGUA BENDITA

(Concluida la homilía, los padres del último bautizado, si es posible con su hijo o hija, van hasta el fondo del lugar de la celebración y cogen el calderillo o el recipiente que contiene el agua ya bendecida y lo llevan al presbiterio, donde se lo dan al que preside, y dicen:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, nosotros te traemos hoy el agua que Tú nos has dado. La usamos para el aseo personal y para cuidar nuestros campos y nuestras plantas. Ella nos refresca y nos regala vida. Pero ella es, sobre todo, la fuente de nuestra nueva vida, por el Bautismo. Nos perdonó nuestro pecado, nos llenó el corazón de tu gracia, nos incorporó a la vida del Resucitado y nos sumó a tu Iglesia.

Hoy te pedimos, Señor, que renueves esta comunidad y actualices en cada uno de nosotros y en cada una de nosotras la gracia bautismal. Pero te pedimos, también, que nos haga vivir la gracia de la igualdad, para que seamos conscientes de nuestra participación y corresponsabilidad en las tareas y actividades de tu Iglesia.

(Finalizada su intervención y ofrenda, el que preside, toma de sus manos el calderillo o recipiente con el agua bendita, coge el acetre, se signa él en la frente y realiza la aspersión sobre la comunidad)

PRESENTACIÓN DE LA CONCHA BAUTISMAL

(Cualquier miembro adulto puede realizar esta ofrenda, después dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy esta concha que ha sido utilizada para el bautismo de muchos de nosotros y de nosotras. Con ella queremos simbolizar cómo, por tu gracia y la donación del Espíritu, Tú mismo nos has incorporado a la comunidad, a tu familia sobre la tierra, para que seamos signos de tu Reino. Que podamos vivir en cada momento de acuerdo a la dignidad a la que nos has llamado.

PRESENTACIÓN DE LAS VELAS

(Dos jóvenes de la comunidad llevan las velas que, situadas sobre la mesa del altar, van a iluminar a la comunidad. Uno de ellos o una de ellas es quien hace la ofrenda)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, nosotros te hemos traído estas dos velas que van a iluminar nuestra asamblea, como el símbolo de la fe que profesamos cada uno de nosotros, cada una de nosotras en tu Hijo Jesucristo. Realmente la has encendido en cada uno de nosotros y en cada una de nosotras como don de tu Espíritu y es un regalo que nos has dado generosamente. Nosotros y nosotras hoy, además de agradecértelo, queremos empeñar en él nuestras personas, pues, por la fe en Jesucristo, reconocemos que nuestras personas y nuestras vidas tienen el sentido que sin ella carecerían.

PRESENTACIÓN DE UNA PERSONA EN SILLA DE RUEDAS

(Hace esta ofrenda alguien que trabaje en pastoral de la salud o acompañe y cuide a algún enfermo o alguna enferma)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo quiero ofrecerte, Señor, dos cosas al mismo tiempo: el dolor de esta persona a la que cuido y el talante de mis cuidados. Las dos experiencias, Señor, son la religión que Tú quieres: asumir el sufrimiento y el mal, y saber que el mejor holocausto que te podemos ofrecer es una vida de entrega a los y a las demás. Te pido que unas nuestras experiencias a las de tu Hijo en la Cruz y que las purifiques para que sean cada vez más semejantes a las suyas.

PRESENTACIÓN DE UNOS CARTELES (o diapositivas) DE MÁRTIRES DE HOY

(Se presentan unos carteles o unas diapositivas que reflejan la realidad de nuestro mundo: la pobreza, el hambre, la droga…; y otros carteles o diapositivas de personas o líderes ¿actuales? que han luchado y luchan a favor de la justicia y de la paz)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, sobre la mesa del altar, te ponemos las esclavitudes y luchas de la humanidad, hoy: la pobreza, el hambre, la droga…; y, también, la lucha constante y generosa de tantos hombres y mujeres para su erradicación y desaparición. Te pedimos que unas su ofrenda a la de tu Hijo Jesucristo, el único sacrificio que te es agradable; acéptala como hiciste con la muerte de Jesús. Y, también, llena nuestros corazones de deseos de libertad y comprométenos en su lucha; arrebátanos nuestros conformismos y comodidades; anímanos y danos tu gracia para convertirnos realmente y dar frutos concretos de tu amor.

PRESENTACIÓN DE UNA ONG

(No como algo único y exclusivo, sino como “UNA” de ellas; las demás las iremos presentando a lo largo del año, en diversos domingos y fiestas. Se trata de presentar un folleto o proyecto que presente las acciones de esta ONG)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, queremos ofrecerte hoy toda la acción humanitaria de tantos grupos, comprometidos a favor de las personas más débiles de nuestra sociedad y cultura. Te la presentamos por medio de la acción de este grupo (………….). Acéptala, Señor, porque -se sientan creyentes o no- tu Reino se hace realidad en su compromiso. Y a nosotros y a nosotras, haznos también cada día más sensibles y comprometidos y comprometidas con los más necesitados y necesitadas, especialmente en este camino cuaresmal.

Oración de los fieles – Domingo III de Cuaresma

Seguimos adelante en nuestra andadura cuaresmal, y el pueblo muestra ante Ti las necesidades que tiene en su camino. Oremos diciendo:

SEÑOR, LÍBRANOS DE LA SED DEL CAMINO

1. – Por el Papa, peregrino infatigable por todo el mundo, para que con tu ayuda, siga con ese mismo afán repartiendo el agua viva que mana del Evangelio.

OREMOS

2. – Por los gobernantes y los políticos para que se dejen guiar por la fuerza y la sabiduría que viene de Dios.

OREMOS

3. – Por los viven lejos de tu lado y no han descubierto la fuente de la vida eterna, para que como la samaritana abran sus ojos ante esa agua que calma la sed para siempre.

OREMOS

4. – Por todas las tierras que padecen sequía y por aquellos agricultores que no podrán recoger fruto, para que no pasen necesidad y sientan la ayuda de los demás.

OREMOS

5. – Por los que tienen sed de justicia, para que sus problemas se vean pronto solventados.

OREMOS

6. – Por todos nosotros que paso a paso, nos encaminamos al drama de tu cruz, haz que bebiendo del agua eterna, cojamos fuerzas para poder tomar la nuestra y seguirte.

OREMOS

7. – Por la paz en un mundo sediento de ella.

OREMOS

Señor, la sed de esta vida nos lleva a pedirte esa agua que quita la sed, atiéndenos y concédenos lo que confiados te pedimos. Por Jesucristo Nuestro Señor

Amen.


Pedimos al Padre su misericordia ante tantas necesidades como tiene el género humano, pues sabemos el Señor no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva. Y respondemos:

APIÁDATE DE NOSOTROS SEÑOR.

1. – Para que Dios conceda a su Iglesia la fuerza necesaria para vencer tantas tentaciones como se le presentan en este momento de la historia, y tenga coraje para enfrentarse a ellas con dignidad.

OREMOS

2. – Por el Papa, los obispos, los sacerdotes; para que en esta cuaresma no escatimen esfuerzos y ofrezcan a todos los hombres la profundidad del evangelio.

OREMOS

3. – Para que el Señor nos conceda la paz, la justicia, la libertad y el amor a todos los que poblamos el mundo.

OREMOS

4. – Para que Dios infunda valor a los que están participando de la pasión de Cristo por enfermedad, pobreza, humillación o cualquier carencia humana.

OREMOS

5. – Para que el Señor dé fortaleza a los que vacilan en la fe y caminan sin esperanza.

OREMOS

6. – Por las familias que sufren por falta de trabajo o desunión, para que encuentren en nosotros la ayuda y la paz que necesitan.

OREMOS

7. – Por nosotros llamados a dar testimonio con nuestra vida de lo que significa ser cristianos.

OREMOS

Dios de bondad, escucha nuestras súplicas que esperamos alcanzar por medio de la pasión de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes II de Cuaresma

Cuando se redactó este evangelio existía una fuerte polémica entre la comunidad de los cristianos y el grupo de los fariseos. Esto hizo que aparecieran en el texto unos avisos que van más allá de las circunstancias históricas. Estos avisos nos vienen también hoy como anillo al dedo. La autocrítica siempre es un desafío; sin querer queriendo solemos dejar en el tintero lo que más nos molesta.

Así podemos preguntarnos también ahora:

  • Los letrados y los fariseos no hacen lo que dicen, ¿y nosotros?
  • Cargan fardos pesados a la espalda de los demás, ¿y nosotros?
  • Todo lo hacen para llamar la atención y que los alaben, ¿y nosotros?
  • Les gusta ocupar los primeros puestos, ¿y nosotros?
  • Usan los títulos de maestro y padre para estar por encima de los demás, ¿y nosotros?
  • Dice el salmo: ¿Por qué recitas mis preceptos… y te echas a la espalda mis mandatos?

Para acercarnos a Dios en esta Cuaresma el profeta nos ha dicho en la primera lectura: “aprended a obrar bien, buscad la justicia, defended al oprimido, sed abogados del huérfano, defensores de la viuda”. Aquí está el camino que nos lleva hasta la verdad de Dios.

“El que sirve y ayuda a los pobres nunca se equivoca en el camino de Dios”, decía con mucha convicción una anciana que ha vivido los duros años de la emigración, cuando los españoles tenían que salir hacia Europa para buscar un futuro. Aquí vivió en carne propia la palabra de Jesús “no sólo de pan vive el hombre”. Su gran corazón y su caridad cristiana le hizo descubrir y ayudar a muchos compatriotas metidos en graves problemas de salud y de abandono.

Ciudad Redonda