Vísperas – Miércoles II de Cuaresma

VÍSPERAS

MIÉRCOLES II CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones.
¡No me des coronas, Señor, de grandeza!

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas las glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!

No pido el laurel que nimba el talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!

Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que tú predestinas.
Sólo tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas! Amén.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son mas que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLSO ALABEN AL SEÑOR

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: Flp 2, 12b-15a

Seguid actuando vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor. Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Entregarán al Hijo del hombre a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Entregarán al Hijo del hombre a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.

PRECES

Demos gracias a Dios Padre, que estableció en la sangre de Cristo una alianza nueva y eterna con su pueblo y la renueva en el sacramento del altar, y supliquémosle, diciendo:

Bendice, Señor, a tu pueblo.

Dirige, Señor, por los caminos de tu voluntad, el sentir de los pueblos y la mente de sus gobernantes,
— para que procuren con empeño el bien común.

Aumenta el fervor de aquellos que, habiéndolo dejado todo siguieron a Cristo,
— para que manifiesten con su testimonio la vida de la Iglesia.

Tú que creaste a todos los hombres a imagen tuya,
— haz que sintamos horror de las injusticias y desigualdades entre los hombres.

Llama a tu amistad y a tu verdad a los que viven alejados de ti,
— y a nosotros enséñanos cómo podemos ayudarlos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Admite a los difuntos en tu gloria,
— para que te alaben eternamente

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, guarda a tu familia en el camino del bien que tú le señalaste, y haz que, protegida por tu mano en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles II de Cuaresma

1) Oración inicial

Señor, guarda a tu familia en el camino del bien que tú le señalaste; y haz que, protegida por tu mano, en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 20,17-28
Cuando iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?» Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino.» Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Dícenle: «Sí, podemos.» Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre.»
Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.» 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy habla de tres puntos: el tercer anuncio de la pasión (Mt 20,17-19), la petición de la madre de los hijos de Zebedeo (Mt 20,20-23) y la discusión de los discípulos que quieren el primer puesto (Mt 20,24-28).
• Mateo 20,17-19: El tercero anuncio de la pasión. Están de camino hacia Jerusalén. Jesús los precede. Sabe que le matarán. El profeta Isaías lo había ya anunciado (Is 50,4-6; 53,1-10). Por esto, su muerte no es el fruto de un plan ya preestablecido, sino que es consecuencia de un compromiso asumido con la misión recibida del Padre junto con los excluidos de su tiempo. Por esto, Jesús alerta a los discípulos sobre la tortura y la muerte que encontrarán en Jerusalén. Pues el discípulo ha de seguir al maestro, aunque fuera para sufrir con él. Los discípulos están asustados y le acompañan con miedo. No entienden lo que está ocurriendo (cf. Lc 18,34). El sufrimiento no concuerda con la idea que ellos tienen del mesías (cf. Mt 16,21-23).
• Mateo 20,20-21: La petición de la madre que pide el primer puesto para los hijos. Los discípulos no sólo no entienden el alcance del mensaje de Jesús, sino que continúan con sus ambiciones personales. Jesús insistía en el servicio y en la entrega, y ellos seguían con sus ambiciones personales y pedían los primeros puestos en el Reino. La madre de Santiago y de Juan, llevando consigo los dos hijos, llega cerca de Jesús y pide un lugar en la gloria del Reino para sus hijos, uno a la derecha y el otro a la izquierda de Jesús. Los dos no entendieron la propuesta de Jesús. Estaban preocupados solamente con sus propios intereses. Señal de que la ideología dominante de la época había penetrado profundamente en la mentalidad de los discípulos. A pesar de la convivencia de varios años con Jesús, no habían renovado su manera de ver las cosas. Miraban hacia Jesús con una mirada antigua. Querían una recompensa por el hecho de seguir a Jesús. Las mismas tensiones existían en las comunidades en el tiempo de Mateo y existen hoy en nuestras comunidades.
• Mateo 20,22-23: La respuesta de Jesús. Jesús reacciona con firmeza: “¡Ustedes no saben lo que están pidiendo!” Y pregunta si son capaces de beber el cáliz que él, Jesús, va a beber, y se están dispuestos a recibir el bautismo que él va a recibir. Es el cáliz del sufrimiento, el bautismo de sangre. Jesús quiere saber si ellos, en vez del lugar de primer plano, aceptan entregar su vida hasta la muerte. Los dos contestan: “¡Podemos!” Parece una respuesta de boca hacia fuera, pues pocos días después, abandonarán a Jesús y lo dejarán sólo en la hora del sufrimiento (Mc 14,50). Ellos no tienen mucha conciencia crítica, ni perciben la realidad personal. Cuanto al lugar de primer plano en el Reino al lado de Jesús, aquel que lo da es el Padre. Lo que Jesús tiene que ofrecer es el cáliz y el bautismo, el sufrimiento y la cruz.
• Mateo 20,24-27: Entre ustedes no sea así. Jesús habla, de nuevo, sobre el ejercicio del poder (cf. Mc 9,33-35). En aquel tiempo, los que detenían el poder no prestaban atención a la gente. Actuaban conforme a lo que oían (cf. Mc 6,27-28). El imperio romano controlaba el mundo y lo mantenía sometido por la fuerza de las armas y así, a través tributos, impuestos y tasas, lograba concentrar la riqueza de la gente en manos de pocos allí en Roma. La sociedad estaba caracterizada por el ejercicio represivo y abusivo del poder. Jesús tiene otra propuesta. Dice: “¡Entre vosotros no debe ser así! Quien quiere ser el mayor, sea el servidor de todos.” Enseña en contra de los privilegios y las rivalidades. Quiere mudar el sistema e insiste en el servicio como remedio contra la ambición personal.
• Mateo 20,28: El resumen de la vida de Jesús. Jesús define su misión y su vida: “¡No he venido para ser servido, sino para servir!” Vino a dar su vida en rescate de muchos. El es el Mesías siervo, anunciado por el profeta Isaías (cf. Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12). Aprendió de su madre, que dijo: “¡He aquí la esclava del Señor!”(Lc 1,38). Propuesta totalmente nueva para la sociedad de aquel tiempo. 

4) Para la reflexión personal

• Santiago y Juan piden favores, Jesús promete sufrimiento. Yo, ¿qué le pido al Señor en la oración? ¿Cómo acepto el sufrimiento y los dolores que acontecen en mi vida?
• Jesús dice: “¡Entre ustedes no sea así!” Mi forma de vivir en comunidad, ¿concuerda con este consejo de Jesús? 

5) Oración final

Sácame de la red que me han tendido,
pues tú eres mi refugio;
en tus manos abandono mi vida
y me libras, Yahvé, Dios fiel. (Sal 31,5-6)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 19-20

19porque aquellos días serán de una tribulación 20 como no ha habido desde el comienzo de la creación, que creó Dios, hasta el presente y no la habrá. Y si el Señor no acortara los días, no sería salvado nadie; pero, gracias a los elegidos que eligió, acortó los días.

13,19-20: Al final del pasaje, Jesús describe una prueba aún mayor de la gracia de Dios: él acortará el tiempo de la angustia escatológica en la que vive (o muere) la comunidad marcana. El vocabulario del primer versículo es un eco, una vez más, de Daniel. En verdad, es una cita virtual de Dn 12,1b versión griega-LXX, que habla de una angustia mayor que cualquiera de las conocidas por Israel desde el principio hasta «ese día». La expresión marcana, sin embargo, contiene una variante significativa; Jesús no dice «hasta ese día», sino «hasta ahora». Este puede ser otro de esos lugares en los que Marcos abandona la apariencia de transmitir un discurso del Jesús terrenal a principios de los años 30 d.C. y permite ver a sus lectores que el cuerpo del capítulo 13 es, al menos en parte, una instrucción del Señor resucitado a una comunidad marcana que está sufriendo actualmente una gran tribulación.

El pasaje concluye con un versículo que acentúa con más fuerza aún la intensidad de este sufrimiento: será tan penoso que amenazará con borrar a todas las criaturas vivientes (13,20a). Pero, por amor a sus elegidos, no destruirá a la humanidad, sino que en cambio acortará el tiempo asignado a la tribulación del tiempo final (13,20b). Aquí se unen varias ideas diferentes, por el fuerte influjo de un conjunto de textos del Antiguo Testamento.

Primero, si Dios no hubiera decidido refrenar su juicio, toda la humanidad fallecería en la angustia escatológica. Un pasaje profético, Is 1,9, es similar a Mc 13,20a en el vocabulario y la estructura gramatical: «y si el Señor Sabaot no nos hubiera dejado una semilla, habríamos sido como Sodoma y semejantes a Gomorra». Así pues, el espectro de la destrucción de Sodoma sigue atormentando nuestro pasaje. Este pasaje de Isaías supone también buenas noticias: Dios ha dejado una semilla, ha conservado un resto y por causa de este resto salvará al pueblo de la destrucción total. El «resto» corresponde a los «elegidos» de nuestro pasaje y, en muchos pasajes, los «elegidos» son el conjunto de Israel, ciertamente. Pero algunas obras del Antiguo Testamento más tardías desarrollan la idea de que la mayoría del pueblo no ha cumplido con su vocación, de modo que es necesario que la nación sea cribada. Esta noción de resto se hace particularmente importante en los manuscritos de Qumrán, donde «los elegidos» es un nombre común para la secta.

Así pues, los versículos que concluyen nuestro pasaje utilizan el vocabulario bíblico para expresar una visión apocalíptica en dos niveles. Por un lado, las cosas parecen peores que nunca: no solo son días caracterizados por «la angustia», sino que ellos son en realidad la tribulación. Ningún tiempo de prueba ha habido tan terrible sobre la tierra desde su creación. Sin embargo, la afirmación superflua al parecer de que Dios hizo de veras este mundo («que creó Dios») insinúa también a la comunidad marcana asediada que Él no ha abandonado la creación una vez que la llamó a la existencia, tal como la angustia podría tentarlos a creer, sino que pronto la volverá a tomar en su mano con firmeza y decisión. En verdad, ya ha comenzado a hacerlo así: ha acortado los días, extremo que se repite enfáticamente dos veces. El acortamiento de la tribulación está decidido en la mente divina, en el cielo, aunque no todavía sobre la tierra; y lo que Dios se propone ocurrirá rápidamente «tanto en la tierra como en el cielo». Pero para interpretar correctamente este mensaje esperanzador, los lectores de Marcos necesitarán oídos para oír y ojos para ver, mentes no distraídas por apariciones engañosas. Contra tales engaños Marcos advertirá a sus lectores en el siguiente pasaje.

Comentario – Miércoles II de Cuaresma

En su trayecto hacia Jerusalén, Jesús hace partícipes a los Doce de los acontecimientos que se avecinan: el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes, será condenado a muerte y ejecutado por medio de paganos que lo llevarán a la cruz; y al tercer día resucitará. Es un recuento anticipado del kerigma o anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. En este contexto se acerca la madre de los Zebedeos con sus hijos –Santiago y Juan- para hacerle una petición: Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Al parecer, deseaba buenos puestos para sus hijos. Pero Jesús, que ve la ambición que esconde esta petición, les dice: No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Le responden: Lo somos. Y él añade: Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.

A juicio de Jesús, aquella petición estaba muy desorientada. Él acababa de anunciarles su muerte próxima y ellos siguen pensando en un reino terreno, similar a los reinos humanos, en los que el poder se reparte en función de las preferencias del mandatario supremo. Pero el Reino de Cristo es de otro estilo e implica compartir destino mortal con él, beber el cáliz de amargura que le va a ser entregado. Ser capaces de beber este cáliz es ser capaces de martirio. A la pregunta sobre esta capacidad martirial, ellos responden, no sabemos con qué grado de conciencia: lo somos. Pero ¿lo eran realmente? Jesús les anticipa que en su momento lo beberán, porque conocerán el martirio, como él. Pero el puesto a ocupar en el Reino no es cosa suya, sino de su Padre.

Ante la petición de los Zebedeos, cargada de ambición humana, Jesús parece significar que el acceso a su Reino pasa por la participación en su destino sufriente –el cáliz que se le dará a beber es siempre el cáliz de la Pasión y Muerte anunciadas-, es decir, por el martirio. Su Reino es esencialmente un reino de mártires, al menos potenciales, es decir, de personas dispuestas a dar la vida por su causa. Por eso, la actitud que los Zebedeos muestran en su petición es tan diametralmente opuesta a la actitud que debería tener todo aquel que desee compartir reino con Cristo. De hecho, aquella petición provocó de inmediato la indignación de sus compañeros (los otros diez), que vieron en ella una actuación poco lícita, por no decir poco limpia. También ellos rivalizan con los dos hermanos en ambiciones.

Estando así las cosas, Jesús les reúne para adoctrinarles: Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos. Son muchos los casos de tiranía y de opresión por parte de reyes y emperadores que ofrece la historia en su recorrido por el tiempo. Pero estos no deben ser nunca modelo de conducta para ellos y sus gobiernos. Entre ellos no deben regir los criterios que rigen en el mundo. El que quiera ser realmente grande –que es lo que querían los Zebedeos y los que rivalizan con ellos; quizá “lo que queremos todos”- que sea vuestro servidor.

Aquí, la grandeza se mide por la capacidad de servicio. San Pablo dirá: el más grande es el amor. Y el amor es servicial. La grandeza de una persona se mide por su capacidad de entrega al servicio de los demás (=procurando su bien) en el amor. La donación en el amor presente en una persona es la que le hace grande, porque lo más grande es el amor. Por eso es también lo que más engrandece. Siempre nos resultará difícil conciliar los miembros de esa extraña ecuación: la primacía y la esclavitud; ser primero y ser esclavo; porque el esclavo, en toda sociedad, ha sido siempre el último en dignidad, en consideración social; tan último que se le ha equiparado a un animal doméstico o a una mercancía que se puede tasar, comprar y vender. La comparación resulta extrema, pero iluminadora. A los ojos de Dios, la primacía la tienen no los esclavos forzados a serlo, pero sí los que por amor están dispuestos a servir a sus hermanos hasta el punto de prestarles un servicio de esclavos, es decir, de quienes no pueden reclamar derechos porque no los tienen.

Jesús dice más: él ha venido para dar su vida en rescate por muchos. En su servicio no nos ha dado simplemente ciertas prestaciones sociales sin exigir nada a cambio –el trabajo de un esclavo que no reclama ningún derecho-, sino su propia vida como rescate. Este es el precio de la redención y la densidad de su servicio. Por eso, Dios le otorga la primacía: el Nombre sobre todo nombre; el homenaje de la genuflexión de toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo; y el señorío sobre toda criatura para la gloria de Dios Padre. Pues bien, esa primacía podrá ser participada por todo aquel que decida, como él, dar la vida en rescate (=en bien) por los demás. Esta es la grandeza que distingue a los santos y a los mártires, la grandeza del amor, que nos ofrece la oportunidad de ocupar los puestos reservados por el Padre en el Reino de los cielos. Lo demás es ambición vana y fugaz.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Y al final… un deseo

299. Queridos jóvenes, seré feliz viéndolos correr más rápido que los lentos y temerosos. Corran «atraídos por ese Rostro tan amado, que adoramos en la Sagrada Eucaristía y reconocemos en la carne del hermano sufriente. El Espíritu Santo los empuje en esta carrera hacia adelante. La Iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones, su fe. ¡Nos hacen falta! Y cuando lleguen donde nosotros todavía no hemos llegado, tengan paciencia para esperarnos»[164].

Loreto, junto al Santuario de la Santa Casa, 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor, del año 2019, séptimo de pontificado


[164] Encuentro y oración con jóvenes italianos en el Circo Máximo de Roma (11 agosto 2018): L’Osservatore Romano (13-14 agosto 2018), p. 6.

Comentario Domingo III de Cuaresma

Oración preparatoria

Señor Jesús suscita en nuestros corazones una profunda sed del agua viva que eres Tú: calma y sacia nuestra sed. Haz que nos desengañemos de toda otra agua que no sacia el corazón humano. Despierta en cada uno de nosotros lo mejor que anida en lo más hondo de nosotros, como en la samaritana. Amén.

 

Jn 4, 5-42

«5Así que va Jesús a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que dio 6Jacob a su hijo José. Pero allí estaba el pozo de Jacob. Así que Jesús, cansado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. 7Viene una mujer de Samaria a sacar agua.

8Jesús le dice: “Dame de beber”. (Porque sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida). Así que le dice la mujer samaritana: 9“¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, siendo una mujer samaritana?”. (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

10Jesús respondió y le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ‘dame de beber’, tú le pedirías a él y te daría agua viva”.

11Le dice [la mujer]: “Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es hondo, así que ¿de dónde tienes el agua viva?; 12¿acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?”.

13Jesús respondió y le dijo: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed; 14pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré se convertirá para él en fuente de agua brotando para vida eterna”.

15Dice a él la mujer: “Señor, dame esa agua, para que no tenga más sed, y no tenga que venir aquí a sacarla”.

16Le dice: “Vete, llama a tu marido y vuelve acá”. 17Respondió la mujer y le dijo: “No tengo marido”. Le dice Jesús: “Bien has dicho ‘No tengo marido’. 18Porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”.

19Le dice la mujer: “Señor, veo que tú eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el sitio donde se debe adorar”.

21Jesús le dice: “Créeme, mujer, que viene la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación es de los judíos. 23Pero viene la hora, y ya es ahora, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. 24Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y verdad”.

25Le dice la mujer: “Sé que viene el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga aquel, nos lo desvelará todo”. 26Jesús le dice: “Yo soy, el que habla contigo”.

27Y en esto vinieron sus discípulos y se sorprendían de que hablaba con una mujer. Ahora bien, nadie dijo: “¿Qué buscas?” o “¿Qué hablas con ella?”.

28Así que la mujer dejó su cántaro y corrió a la ciudad y dice a la gente: 29“Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?”.

30Salieron de la ciudad e iban hacia él. 31Mientras tanto, los discípulos le rogaban diciendo: “Rabbí, come”. 32Pero él les dijo: “Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis”.

33Así que los discípulos se decían unos a otros: “¿Le habrá traído alguno de comer?”.

34Les dice Jesús: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. 35¿No decís vosotros: Cuatro meses más y viene la siega? He aquí que os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que están blancos para la siega. Ya 36el segador recibe el salario y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador se alegre igual que el segador. 37Porque en esto es verdadero el dicho de que uno es el sembrador y otro el segador; 38yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga”.

39Pero muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer testimoniando: “Me ha dicho todo lo que he hecho”. 40Así que cuando fueron a él los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. 41Y muchos más creyeron por su palabra, 42y decían a la mujer: “Ya no creemos por tu palabra, porque no- sotros mismos hemos oído y sabemos que este es verdaderamente el Salvador del mundo”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Cambiamos al evangelio de Juan. Jesús había realizado su primer signo en la boda de Caná (Jn 2,1-12) y, ya en Jerusalén, realiza otro signo: la llamada “purificación del templo” (2,13- 22). Después viene la entrevista con Nicodemo (3,1-21) y el último testimonio sobre Jesús que hace Juan Bautista (3,22-36). Precisamente en el evangelio de hoy se retoman varios temas presentes en dicho testimonio (el Cristo, la vida eterna). Después de este episodio con la samaritana, Jesús llegará a Galilea, donde realizará el segundo signo: la curación del hijo de un funcionario real (4,43-54).

 

TEXTO

El episodio puede estructurarse en 2 grandes secciones con tres partes cada una. Las dos secciones terminan con una afirmación central de Jesús (“Yo soy [el Cristo]: el que habla contigo”, v. 26) y sobre Jesús (“Este es verdaderamente el Salvador del mundo”, v. 42). La primera sección se compone de una introducción narrativa (vv. 5-6); una primera conversación con la mujer acerca del agua/agua viva (vv. 7-15) y una segunda conversación que va magistralmente profundizando hasta desembocar en la identidad de Jesús (vv. 16-26). La segunda sección comienza también con una introducción (vv. 27-30); una primera conversación de Jesús con sus discípulos a cuenta de la comida (vv. 31-38) y la reacción de muchos samaritanos de Sicar creyendo en Jesús (vv. 39-42).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El episodio sucede en una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a un pozo. Samaria sugiere, entonces, un lugar hostil. Los judíos y los samaritanos no se trataban, después de una larga historia de desencuentros y enfrentamientos (cf. en Lc 9,51-56 un ejemplo de hostilidad). La imagen de un hombre junto al pozo recuerda relatos bíblicos de encuentros amorosos: Eliezer, siervo de Abrahán, encuentra a Rebeca, futura esposa de Isaac, junto a un pozo (Gn 24,11ss); Jacob se enamora de Raquel junto a un pozo (Gn 29); Moisés conoce a Séfora junto a un pozo (Ex 2,15). Por eso, la indicación de la hora (una hora intempestiva para una mujer decente) rompe ese imaginario. Jesús se va a encontrar con una mujer sin nombre, personaje que puede representar a cada uno de los/las discípulos/as con los que Jesús se encuentra aprovechando la situación de carencia y necesidad.

¿Te resulta fácil identificarte con estas figuras? ¿Cuáles son tus búsquedas y deseos más profundos? ¿De qué tienes sed? ¿Qué te falta en la vida para ser feliz? Date cuenta de cuáles son los “maridos” en los que a veces pones tu seguridad y tu felicidad: la salud, la prosperidad económica, el éxito profesional, la buena fama… Confróntate con Jesús: Él es el Agua Viva y da el Agua del Espíritu Santo. ¿Con qué manantiales calma Dios la sed de tu vida? ¿Qué oasis, ríos, fuentes, pozos… ha puesto en tus desiertos? Jesús dice que su alimento es hacer la voluntad del Padre y llevar a cabo su obra. ¿Con qué “manjares” alimentas tu vida y tu fe? ¿Qué lecturas, conversaciones, “ritos”, hábitos, costumbres, relaciones…? ¿Qué espacios de oración dejas para que el Señor te dé de beber y te alimente?

• Un elemento característico del evangelio de Juan es el uso del equívoco: Jesús usa un concepto que tiene a la vez un significado natural y otro espiritual o figurado. Sus interlocutores entienden el significado exclusivamente en el sentido natural o literal, mientras que Jesús piensa también en el espiritual o figurado: el agua viva (vv. 10-15), el alimento (vv. 31-34).

• Atención a los personajes principales y secundarios de la escena:

a) Jesús: Aparentemente es un hombre normal, pero se trata de un judío muy “extraño”, pues le dirige la palabra a una mujer samaritana y puede que buscona. Dice un tratado rabínico sobre el trato con las mujeres: “Un hombre se procura tanto mal cuanto más tiempo pasa hablando con la mujer, se aleja de la palabra de la ley y su destino es la gehenna” (Abot 15). Pero Jesús no hace ningún caso de principios y/o normas que marginen y excluyan a otros. Jesús hace de esos “lugares de abajo” un lugar privilegiado para manifestar su salvación.

b) La mujer samaritana: su vida está marcada por la carencia, la rutina infecunda, la insatisfacción existencial. Esta mujer representa a todo el que es incapaz de saciar su sed de vida sin encontrar lo que pide su corazón. Muchos profetas utilizan la imagen de una es- posa que se prostituye para representar al pueblo infiel a Dios (cf. Os 1-2; Ez 16,15ss; Jr 3…). La referencia a los cinco maridos es una alusión a las cinco ermitas de los dioses paganos que se mencionan en 2Re 17,24-41.

c) Los samaritanos de Sicar: Creen en Jesús por el anuncio de la mujer. Pero no se conforman con una fe “recibida”, “heredada”, “externa”. La hacen suya cuando ellos mismos co- nocen a Jesús y le oyen (vv. 39-41). Fijémonos en el proceso que sigue su fe: el testimonio de alguien —> la fe desde lo escuchado —>la personalización de la fe —> la confesión: es un itinerario catecumenal.

d) Los discípulos entran en escena en los vv. 27-38. Tienen en común con la samaritana que no entienden el lenguaje de Jesús ni entran en su modo de pensar.

• Notemos el proceso que va haciendo la samaritana: pasa de sus búsquedas más superficiales a las más profundas; del agua material al agua viva; de la percepción de Jesús como un “judío”, un simple “hombre”, al reconocimiento de Jesús Profeta y Mesías-Cristo. Su fe sorprendida la arrastra a dejar el cántaro (“cisternas agrietadas que no retienen el agua”, cf. Jer 2), y a anunciar lo que ha visto y oído. Su fe contagia de fe a sus paisanos,quienes terminan confesando: “Este es verdaderamente el Salvador del mundo”. ¿Crees que Jesús es el Salvador del mundo y tu Salvador, como confesaron los samaritanos? ¿Sientes la urgencia amorosa de anunciarlo así a los demás?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo III de Cuaresma

III Domingo de Cuaresma
15 marzo 2020

Éxodo 17, 3-7; Salmo 94; Romanos 5, 1-2.5-8; Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía. Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”. La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: . La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla. Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”. La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”. Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban

que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el Salvador del mundo”.

Reflexión
¿Por qué la samaritana pregunta que, como Jesús, un judío, le pide agua a ella? (Los judíos y los samaritanos no se llevaban bien por diferencias en creencias religiosas incluyendo donde adoraban a Dios: los judíos adoraban a Dios en el templo de Jerusalén y los samaritanos lo adoraban en un monte en Samaria.) ¿Por qué Jesús no le importa que ella es samaritana? (Jesús ama a todo el mundo igual.) Jesús le contesta que si ella conociera el don de Dios y quien Él es, le pidiera de beber a Él, y Él le diera agua viva. ¿Qué le dice Jesús del agua que El da? (El que bebe el agua que Jesús da, nunca más tendrá sed; se convertirá en un manantial capaz de dar la vida eterna.) ¿Qué significa esto? (El agua que habla Jesús es su espíritu en nuestros corazones que nos lleva a amar a Dios y al prójimo y así llegar al Cielo.) Jesús admite que Él es el Mesías y ella se convierte.

 

Actividad

En la siguiente página, cortar y pegar en corazón grande rojo. Cortar y pegar paloma en otro lado del corazón arriba. Hablar de que el agua significa el Espíritu Santo en nuestro corazón. (El agua nos limpia; igual, el Espíritu Santo nos purifica. El agua nos mantiene vivos; el Espíritu Santo nos da la vida de Dios en nuestro corazón inspirándonos a amar a Dios y al prójimo. Amando llegamos al Cielo.) Compartir de como ellos pueden llevar el amor a otros. Escribir en otro lado del corazón.

 

Oración

Jesús, manda tu Espíritu Santo y llena mi corazón con Tu amor y paz. Ayúdame a llevar este amor al mundo. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Diálogo con la Samaritana – Juan 4, 5-42

En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: – Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le dice: -¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: -Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de beber, le pedirías tú, y el te daría agua viva. La mujer le dice: -Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados? Jesús le contesta: – El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. La mujer le dice: -Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén. Jesús le dice: – Créeme mujer, se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad. La mujer le dice: -Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga el nos lo dirá todo. Jesús le dice: – Soy yo: el que habla contigo. En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él. Así cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: -Ya no creemos por lo que tu dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

Explicación

De siglos venía la enemistad entre los judíos y los samaritanos; por eso, cuando vieron a Jesús hablando con una samaritana se extrañaron mucho. Pero Jesús, al hablar con la samaritana, les enseño que para amar y adorar a nuestro Padre Dios, no hace falta ni se requiere un templo especial, porque Dios es espíritu, y es menester que le adoremos en espíritu y verdad, esto es. Desde el fondo de nuestro corazón.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

TERCER DOMINGO DE CUARESMA – “A”(Jn. 4, 5-42)

NARRADOR: En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era el mediodía, sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
Llega una mujer Samaritana a sacar agua y, al ver a Jesús, se queda quieta (los judíos y los samaritanos no se hablan) con el cántaro en la mano.

JESÚS: Mujer, dame de beber.

SAMARITANA: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy Samaritana?

JESÚS: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva.

SAMARITANA: Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva? ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él, sus hijos y sus ganados?

JESÚS: El que bebe de esta agua vuelve atener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca jamás tendrá sed: El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

SAMARITANA: Señor, dame de esa agua: Así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.

JESÚS: Anda llama a tu marido y vuelve.

SAMARITANA: ¿Pero… si yo no tengo marido!

JESÚS: Tienes razón al decir que no tienes marido. Has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido.

SAMARITANA: Señor, veo que eres un Profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.

JESÚS: Créeme, mujer. Se acerca la hora en que ni en este monte, ni en Jerusalén daréis culto a Dios.

SAMARITANA: Es que…

JESÚS: Vosotros dais culto a uno que no conocéis, nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero, adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así.

SAMARITANA: Porque Dios es Espíritu, ¿verdad?

JESÚS: Y los que dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.

SAMARITANA: Sé que ha venir el Mesías, el Cristo. Cuando venga Él no lo dirá todo.

JESÚS: Yo soy: el que habla contigo.

NARRADOR: En esto llegaron los discípulos y se extrañaban de que estuviese hablando con una mujer, aunque ninguno le preguntó de qué hablaban.
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: Venid a ver a u hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será acaso el Mesías? Y salieron del pueblo adonde estaba Él.

DISCÍPULO: Maestro, come…

JESÚS: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

DISCÍPULO: ¿Qué quieres decir, Maestro? ¿Puedes aclarárnoslo con algún ejemplo?

JESÚS: ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la siega? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos. Ya están dorados para la siega. El segador ya está recibiendo el salario y almacenando fruto para la vida eterna; y así se alegran lo mismo sembrador que segador.

DISCÍPULO: Maestro, por eso tiene razón el proverbio que dice: uno siembra y otro siega.

JESÚS: En efecto. Yo os enviaré a segar lo que no habíais sudado… otros sudaron y vosotros recogisteis el fruto de sus sudores.

NARRADOR: En aquel pueblo muchos creyeron en él, por el testimonio de la mujer.

SAMARITANO: Maestro, queremos escucharte. Quédate con nosotros.

NARRADOR: Jesús se quedó dos días. Creyeron muchos más por su predicación, y todos proclamaban:

SAMARITANO: Creemos que eres el Mesías, el Salvador del mundo.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles II de Cuaresma

La liturgia selecciona los textos bíblicos que leemos cada día en la celebración de la Eucaristía con la intención de que pongamos nuestra atención en los aspectos fundamentales de nuestra fe. Son textos que en este camino cuaresmal nos ayudan a entender y vivir mejor el Misterio de la Pascua.

En ese contexto de la Pasión y Muerte del Señor hay que entender la escena de los hermanos Zebedeo que buscan privilegios en el seguimiento de Jesús. La meta del cristiano es servir y dar la vida siendo el último, como hizo su Maestro y Señor.

Estamos ante el tercer anuncio de la Pasión. Desde aquí el evangelio queda totalmente orientado hacia la Pascua de Jesús y su victoria sobre la muerte.

Este anuncio introduce la enseñanza de Jesús acerca del servicio. La actitud de Jesús caminando hacia Jerusalén para entregar su vida contrasta con el egoísmo de los dos hermanos que buscan los puestos de honor. Los demás discípulos sienten envidia ante la petición, por eso se enfadan. No han entendido aún lo que quiere decirles Jesús con su servicio a los más pequeños y su entrega hasta la cruz.

Uno se queda admirado de la actualidad de la palabra de Dios. Si lo miramos bien, a todos los niveles de la sociedad y de la vida de las personas por más religiosas y creyentes que seamos, nos acecha un deseo mal disimulado de ser más que los demás y de que los demás se pongan a nuestro servicio.

Ciudad Redonda