Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 19-20

19porque aquellos días serán de una tribulación 20 como no ha habido desde el comienzo de la creación, que creó Dios, hasta el presente y no la habrá. Y si el Señor no acortara los días, no sería salvado nadie; pero, gracias a los elegidos que eligió, acortó los días.

13,19-20: Al final del pasaje, Jesús describe una prueba aún mayor de la gracia de Dios: él acortará el tiempo de la angustia escatológica en la que vive (o muere) la comunidad marcana. El vocabulario del primer versículo es un eco, una vez más, de Daniel. En verdad, es una cita virtual de Dn 12,1b versión griega-LXX, que habla de una angustia mayor que cualquiera de las conocidas por Israel desde el principio hasta «ese día». La expresión marcana, sin embargo, contiene una variante significativa; Jesús no dice «hasta ese día», sino «hasta ahora». Este puede ser otro de esos lugares en los que Marcos abandona la apariencia de transmitir un discurso del Jesús terrenal a principios de los años 30 d.C. y permite ver a sus lectores que el cuerpo del capítulo 13 es, al menos en parte, una instrucción del Señor resucitado a una comunidad marcana que está sufriendo actualmente una gran tribulación.

El pasaje concluye con un versículo que acentúa con más fuerza aún la intensidad de este sufrimiento: será tan penoso que amenazará con borrar a todas las criaturas vivientes (13,20a). Pero, por amor a sus elegidos, no destruirá a la humanidad, sino que en cambio acortará el tiempo asignado a la tribulación del tiempo final (13,20b). Aquí se unen varias ideas diferentes, por el fuerte influjo de un conjunto de textos del Antiguo Testamento.

Primero, si Dios no hubiera decidido refrenar su juicio, toda la humanidad fallecería en la angustia escatológica. Un pasaje profético, Is 1,9, es similar a Mc 13,20a en el vocabulario y la estructura gramatical: «y si el Señor Sabaot no nos hubiera dejado una semilla, habríamos sido como Sodoma y semejantes a Gomorra». Así pues, el espectro de la destrucción de Sodoma sigue atormentando nuestro pasaje. Este pasaje de Isaías supone también buenas noticias: Dios ha dejado una semilla, ha conservado un resto y por causa de este resto salvará al pueblo de la destrucción total. El «resto» corresponde a los «elegidos» de nuestro pasaje y, en muchos pasajes, los «elegidos» son el conjunto de Israel, ciertamente. Pero algunas obras del Antiguo Testamento más tardías desarrollan la idea de que la mayoría del pueblo no ha cumplido con su vocación, de modo que es necesario que la nación sea cribada. Esta noción de resto se hace particularmente importante en los manuscritos de Qumrán, donde «los elegidos» es un nombre común para la secta.

Así pues, los versículos que concluyen nuestro pasaje utilizan el vocabulario bíblico para expresar una visión apocalíptica en dos niveles. Por un lado, las cosas parecen peores que nunca: no solo son días caracterizados por «la angustia», sino que ellos son en realidad la tribulación. Ningún tiempo de prueba ha habido tan terrible sobre la tierra desde su creación. Sin embargo, la afirmación superflua al parecer de que Dios hizo de veras este mundo («que creó Dios») insinúa también a la comunidad marcana asediada que Él no ha abandonado la creación una vez que la llamó a la existencia, tal como la angustia podría tentarlos a creer, sino que pronto la volverá a tomar en su mano con firmeza y decisión. En verdad, ya ha comenzado a hacerlo así: ha acortado los días, extremo que se repite enfáticamente dos veces. El acortamiento de la tribulación está decidido en la mente divina, en el cielo, aunque no todavía sobre la tierra; y lo que Dios se propone ocurrirá rápidamente «tanto en la tierra como en el cielo». Pero para interpretar correctamente este mensaje esperanzador, los lectores de Marcos necesitarán oídos para oír y ojos para ver, mentes no distraídas por apariciones engañosas. Contra tales engaños Marcos advertirá a sus lectores en el siguiente pasaje.