Martirologio 11 de marzo

ELOGIOS DEL 11 DE MARZO

En Esmirna de Asia, en la actual Turquía,san Pionio, presbítero y mártir, el cual, según la tradición, fue encarcelado por haber hecho una apología de la fe cristiana ante el pueblo. Allí, en prisión, con sus exhortaciones animó a muchos hermanos a soportar el martirio y, después de sufrir varios tormentos, por medio del fuego alcanzó la muerte por Cristo. (c. 250)

2. En Laodicea, en Siria, santos Trófimo y Talo, mártires, que en la persecución desencadenada bajo el emperador Diocleciano, después de muchos y crueles tormentos consiguieron la corona de la gloria. (s. IV)

3*. En Escocia, san Constantino, rey, discípulo de san Columba y mártir. (s. VI)

4. En Jerusalén, san Sofronio, obispo, que tuvo como maestro y amigo a Juan Mosco, con quien visitó diversos lugares monásticos. Fue elegido, a la muerte de Modesto, para la sede de la Ciudad Santa, y en ella, cuando cayó en manos de los sarracenos, defendió valientemente la fe y la seguridad del pueblo. (639)

5*. En la región de Hainaut, en Neustria, actualmente Francia, san Vidiciano, obispo de Cambrai y Arras, que invitó al rey Teodorico III a expiar con la penitencia el crimen que cometió con la muerte de san Leodegario. (c. 712)

6. En la ciudad de Milán, en Italia, sepultura de san Benito, obispo.(725)

7. En el monasterio de Tallaght, en Hibernia, hoy Irlanda,san Oengo, de sobrenombre “Cúldeo”, monje, que compuso el catálogo de los santos de aquel país. (c. 824)

8. En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Eulogio, presbítero y mártir, cuya memoria en España se celebra el nueve de enero.

9*. En el lugar de Cupramontana, en el Piceno, actual región italiana de Las Marcas, beato Juan Bautista Righi de Fabriano, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores. (1539)

10*. En York, en Inglaterra, beato Tomás Atkinson, presbítero y mártir, que en tiempo del rey Jacobo I fue martirizado por ser sacerdote. (1616)

11*. En Clonnel, en Irlanda, beato Juan Kearney, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, el cual, condenado a la pena capital en Inglaterra por ejercer el sacerdocio, con la huida evitó la sentencia, pero después, al regresar a la patria, bajo el régimen de Oliverio Cromwell fue acusado nuevamente de ser sacerdote y ajusticiado en la horca. (1653)

12. En la ciudad de Hung Yên, en Tonquín, actual Vietnam, santo Domingo Câm, presbítero y mártir, que durante muchos años, a escondidas y con peligro de la vida, ejerció el ministerio, pero finalmente, abrazando la cruz del Señor que con firmeza había rechazado pisotear, fue condenado a muerte por el emperador Tu Duc. (1859)

13. En el lugar de Sai-Nam-Hte, en Corea, santos mártires Marcos Chong Ui-bae, catequista, y Alejo U Se-yong, que a causa de su fe cristiana, fueron sometidos por sus mismos familiares a insultos y azotes. (1866)

Meditación – Miércoles II de Cuaresma

Hoy es miércoles II de Cuaresma.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 20, 17-28):

En aquel tiempo, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?». Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre».

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Hoy, la Iglesia —inspirada por el Espíritu Santo— nos propone en este tiempo de Cuaresma un texto en el que Jesús plantea a sus discípulos —y, por lo tanto, también a nosotros— un cambio de mentalidad. Jesús hoy voltea las visiones humanas y terrenales de sus discípulos y les abre un nuevo horizonte de comprensión sobre cuál ha de ser el estilo de vida de sus seguidores.

Nuestras inclinaciones naturales nos mueven al deseo de dominar las cosas y a las personas, mandar y dar órdenes, que se haga lo que a nosotros nos gusta, que la gente nos reconozca un status, una posición. Pues bien, el camino que Jesús nos propone es el opuesto: «El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo» (Mt 20,26-27). “Servidor”, “esclavo”: ¡no podemos quedarnos en el enunciado de las palabras!; las hemos escuchado cientos de veces, hemos de ser capaces de entrar en contacto con la realidad que significan, y confrontar dicha realidad con nuestras actitudes y comportamientos.

El Concilio Vaticano II ha afirmado que «el hombre adquiere su plenitud a través del servicio y la entrega a los demás». En este caso, nos parece que damos la vida, cuando realmente la estamos encontrando. El hombre que no vive para servir no sirve para vivir. Y en esta actitud, nuestro modelo es el mismo Cristo —el hombre plenamente hombre— pues «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28).

Ser servidor, ser esclavo, tal y como nos lo pide Jesús es imposible para nosotros. Queda fuera del alcance de nuestra pobre voluntad: hemos de implorar, esperar y desear intensamente que se nos concedan esos dones. La Cuaresma y sus prácticas cuaresmales —ayuno, limosna y oración— nos recuerdan que para recibir esos dones nos debemos disponer adecuadamente.

Rev. D. Francesc JORDANA i Soler

Liturgia – Miércoles II de Cuaresma

MIÉRCOLES DE LA II SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa de la feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Cuaresma.

Leccionario: Vol. II

  • Jer 18, 18-20. Venga, vamos a hablar mal de él.
  • Sal 30. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
  • Mt 20, 17-28. Lo condenarán a muerte.

Antífona de entrada           Cf. Sal 37, 22-23
No me abandones, Señor, Dios mío, no te quedes lejos; ven a socorrerme, Señor mío, mi fuerza y salvación.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, comencemos la celebración de la Eucaristía pidiendo al Señor Dios nuestro que no nos abandone, que no se quede lejos y venga deprisa a socorrernos. Hagámoslo suplicando el perdón por nuestros pecados.

  • Señor, ten misericordia de nosotros.
    • Porque hemos pecado contra Ti.
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia.
    • Y danos tu salvación.

Oración colecta
SEÑOR, guarda a tu familia
instruida en las buenas obras
y, confortada en sus necesidades temporales,
condúcela propicio hacia los bienes eternos.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Elevemos, hermanos, nuestras súplicas confiadas a Dios Padre, en cuyas manos están nuestros azares.

1.- Para que Dios proteja a su Iglesia de sus enemigos, y la guarde de todos los que quieran perjudicarla. Roguemos al Señor.

2.- Para que aquellos a los que Jesucristo llama a su seguimiento, lo dejen todo lo sigan con radicalidad. Roguemos al Señor.

3.- Para que los gobernantes de todo el mundo trabajen con empeño y rectitud por la paz y el bienestar de todos. Roguemos al Señor.

4.- Para que todos los que sufren por cualquier causa, tengan la fuerza para asociar su dolor al misterio de la cruz de Cristo. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos y cada uno de nosotros, siendo servidores de los demás, llevemos a todos la buena noticia de la salvación. Roguemos al Señor.

Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, escucha las súplicas de los que has redimido con la sangre de tu Hijo; y haz que, libres de nuestras angustias, sepamos entregar toda nuestra vida al servicio de los hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
MIRA con bondad, Señor,
la ofrenda que te presentamos,
y por este santo intercambio
líbranos de las ataduras de nuestros pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma

Antífona de comunión          Mt 20, 28
El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos.

Oración después de la comunión
SEÑOR, Dios nuestro,
te pedimos que se convierta
en causa de salvación eterna
lo que quisiste fuera para nosotros
prenda de inmortalidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
CONCEDE a tus siervos, Señor,
la abundancia de tu protección y gracia,
dales salud de alma y cuerpo,
concédeles plenitud de amor fraterno
y haz que sean siempre fieles en su entrega a ti.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 11 de marzo

SANTOS VICENTE Y RAMIRO, mártires (siglo VI)

Jesús había prevenido a sus discípulos que nunca faltarían en la Iglesia la persecución: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Si fuerais del mundo, el mundo no os odiaría. Pero, como no sois del mundo, el mundo os perseguirá”. Así se ha cumplido siempre. Después de las persecuciones romanas, los herejes persiguieron a los católicos.

En el siglo VI dominaban en Galicia los suevos, que se habían inficionado de la herejía arriana. San Vicente era abad del monasterio de San Clodio, en la ciudad de León, y acérrimo defensor de la divinidad de Jesucristo. Éste era el punto cardinal de la reñida controversia entre católicos y arrianos. Reunieron un conciliábulo los herejes en la ciudad y citaron a Vicente con el ánimo de obligarle a abrazar la herejía. El abad se presentó, pero después de proclamar su fe y atacar la herejía, afirmó que no creía en otra fe que en la definida en el concilio de Nicea, y por ella estaba dispuesto a derramar su sangre, si fuera necesario.

Irritados los arrianos que no esperaban tanta valentía, descargaron contra él todo su furor y violencia, lo azotaron horriblemente y lo encerraron en un hediondo calabozo. Vicente, como ya les sucedió a los apóstoles y a tantos mártires, se sentía dichoso de sufrir por Jesucristo.

Lo sacaron del calabozo para ver si después de los tormentos cedía y se adhería al arrianismo. Pero al ver aquella invencible fortaleza, lo condenaron a muerte, que se ejecutaría a la puerta del monasterio, para que vieran los monjes lo que a ellos les esperaba si seguían aquella conducta. Así lo cumplieron puntualmente sus verdugos. El santo abad murió confesando valientemente su fe en la divinidad de Jesucristo.

No había quedado satisfecha la sed de sangre de aquellos herejes, sino que resolvieron acabar con todos los monjes del monasterio de San Clodio. Ramiro había quedado como superior del monasterio y estaba dispuesto a seguir los pasos de su santo abad. Pero no sabía la disposición de los demás monjes. Había notado diversas actitudes y estaba preocupado.

Ramiro, en tan críticas circunstancias, les habló de una doble posibilidad. Los que se sintieran fuertes, habían de prepararse para el martirio, los pusilánimes podían retirarse a las montañas.

Pero yo os ruego, les dijo, que no perdáis la corona que se nos presenta ni os prive de la visita del Señor respeto alguno del mundo. no os acobarde, hermanos, el furor de los herejes, ni os aterren las crueldades que ejecutan con los defensores de la divinidad de Jesucristo, puesto que está con nosotros el mismo Señor, que nos eligió para combatir contra los enemigos de la fe católica, para que, triunfando de ellos con su divina asistencia, reinemos por todas las eternidades en las moradas del Señor.

Se retiraron los demás monjes a las montañas de Galicia, y Ramiro con doce intrépidos religiosos se pusieron en oración, dispuestos a dar la vida por su fe en Jesucristo. No se hicieron esperar los herejes. Bien armados y con sed de sangre y llenos de violencia, se presentaron en el monasterio. Los monjes se pusieron a cantar con fervor el símbolo niceno, poniendo especial fervor y entusiasmo en las palabras que afirman la divinidad de Jesucristo. El Señor les fortalecía interiormente a todos ellos.

Esto exasperó más aún a los arrianos. Arremetieron furiosos contra ellos y los mataron a cuchilladas. Así, rezando y cantando, marcharon jubilosos al paraíso a recoger la gloriosa corona del martirio.

 

Otros Santos de hoy: Eutimio, Cándido, Benito, Fermín, Constantino, Pedro.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Miércoles II de Cuaresma

LAUDES

MIÉRCOLES II CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Llorando los pecados
tu pueblo está, Señor.
Vuélvenos tu mirada
y danos el perdón.

Seguiremos tus pasos,
camino de la cruz,
subiendo hasta la cumbre
de la Pascua de luz.

La Cuaresma es combate;
las armas: oración, 
limosnas y vigilias
por el reino de Dios.

«Convertid vuestra vida,
volved a vuestro Dios,
y volveré a vosotros»,
esto dice el Señor.

Tus palabras de vida
nos llevan hacia ti,
los días cuaresmales
nos las hacen sentir. Amén.

SALMO 76: RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL

Ant. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?

Alzo mi voz a Dios gritando,
alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?

Y me digo: «¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!»
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, oh Dios,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el estruendo de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ant. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?

CÁNTICO de SAMUEL: ALEGRÍA DE LOS HUMILDES DE DIOS

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.

No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las acciones.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó el orbe.

Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.

El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

SALMO 96: GLORIA DEL SEÑOR, REY DE JUSTICIA

Ant. El Señor reina, la tierra goza. +

El Señor reina, la tierra goza,
+ se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor reina, la tierra goza.

LECTURA: Dt 7, 6-8-9

El Señor, tu Dios te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones.

RESPONSORIO BREVE

R/ Él me librará de la red del cazador.
V/ Él me librará de la red del cazador.

R/ Me cubrirá con sus plumas.
V/ Él me librará

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

PRECES

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que por la acción de su Espíritu purifica nuestros corazones y los llena de su amor, y digámosle:

Danos, Señor, tu Espíritu Santo.

Concédenos, Señor, el espíritu de fe y de acción de gracias,
— para recibir siempre con gozo lo bueno y soportar con paciencia lo adverso.

Haz que busquemos la caridad no únicamente en los acontecimientos importantes,
— sino, constantemente, en la vida ordinaria.

Concédenos observar el ayuno que te agrada
— compartiendo nuestro pan con los hambrientos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Danos llevar en nuestros cuerpos la muerte de tu Hijo,
— tú que nos has vivificado en su cuerpo.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, guarda a tu familia en el camino del bien que tú le señalaste, y haz que, protegida por tu mano en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.