Vísperas – Jueves II de Cuaresma

VÍSPERAS

JUEVES II CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Contadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sore el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: St 4, 7-8. 10

Someteos a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos, purificaos el corazón. Humillaos ante el Señor, que él os levantará

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Aquel rico que negó las migajas de pan a Lázaro pidió luego una gota de agua.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aquel rico que negó las migajas de pan a Lázaro pidió luego una gota de agua.

PRECES

Celebremos la misericordia de Dios, que nos ilumina con la gracia del Espíritu Santo, para que nuestra vida resplandezca con obras de fe y santidad, y supliquémosle, diciendo:

Renueva, Señor, al pueblo redimido por Cristo.

Señor, fuente y autor de toda santidad, haz que los obispos, presbíteros y diáconos, al participar de la mesa eucarística, se unan más plenamente a Cristo,
— para que vean renovada la gracia que les fue conferida por la imposición de manos.

Impulsa a tus fieles para que, con santidad de vida participen activamente de la mesa de la palabra y del cuerpo de Cristo
— y vivan lo que han recibido por la fe y los sacramentos.

Concédenos, Señor, que reconozcamos la dignidad de todo hombre redimido con la sangre de tu Hijo
— y que respetemos su libertad y su conciencia.

Haz que todos los hombres sepan moderar sus deseos de bienes temporales
— y que atiendan a las necesidades de los demás.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate, Señor, de todos los que has llamado hoy a la eternidad
— y concédeles el don de la eterna bienaventuranza.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, tú has querido que el santo obispo Francisco de Sales se entregara a todos generosamente para la salvación de los hombres; concédenos, a ejemplo suyo, manifestar la dulzura de tu amor en el servicio a nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves II de Cuaresma

1) Oración inicial

Señor, tú que amas la inocencia y la devuelves a quien la ha perdido, atrae hacia ti nuestros corazones y abrásalos en el fuego de tu Espíritu, para que permanezcamos firmes en la fe y eficaces en el bien obrar. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 16,19-31

«Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico…pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y los ángeles le llevaron al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado.

Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abrahán, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.’ Pero Abrahán le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan hacerlo; ni de ahí puedan pasar hacia nosotros.’

Replicó: ‘Pues entonces, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también ellos a este lugar de tormento.’ Abrahán le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.’ Él dijo: ‘No, padre Abrahán, que si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán.’ Le contestó: ‘ Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite.’»

3) Reflexión

• Cada vez que Jesús tiene una cosa importante que comunicar, el crea una historia y cuenta una parábola. Así, a través de la reflexión sobre una realidad visible, lleva a los oyentes a descubrir los llamados invisibles de Dios, presentes en la vida. Una parábola está hecha para pensar y reflexionar. Por esto, es importante prestar atención a sus mínimos detalles. En la parábola del evangelio de hoy, aparecen tres personas: el pobre Lázaro, el rico sin nombre y el Padre Abrahán. Dentro de la parábola, Abrahán representa el pensamiento de Dios. El rico sin nombre representa la ideología dominante de la época. Lázaro representa el grito callado de los pobres del tiempo de Jesús y de todos los tiempos.

• Lucas 16,19-21: La situación del rico y del pobre. Los dos extremos de la sociedad. Por un lado, la riqueza agresiva. Por el otro, el pobre sin recursos, sin derechos, cubierto de úlceras, impuro, sin nadie que lo acoge, a no ser los cachorros que lamen sus heridas. Lo que separa a los dos es la puerta cerrada de la casa del rico. De parte del rico no hay acogida ni piedad hacia los problemas del pobre que está a su puerta. Pero el pobre tiene nombre y el rico no lo tiene. Es decir, que el pobre tiene su nombre inscrito en el libro de la vida, el rico no. El pobre se llama Lázaro. Significa Dios ayuda. A través del pobre Dios ayuda al rico y el rico podrá tener su nombre en el libro de la vida. Pero el rico no acepta ser ayudado por el pobre, pues guarda cerrada su puerta. Este inicio de la parábola que describe la situación es un espejo fiel de lo que estaba ocurriendo en el tiempo de Jesús y en el tiempo de Lucas. ¡Es el espejo de lo que acontece hoy en el mundo!

• Lucas 16,22: La mudanza que revela la verdad escondida. El pobre murió y fue llevado por los ángeles en el seno de Abrahán. Muere también el rico y es enterrado. En la parábola, el pobre muere antes del rico. Esto es un aviso para los ricos. Hasta que el pobre está a la puerta, todavía hay salvación para los ricos. Pero después de que el pobre muere, muere también el único instrumento de salvación para los ricos. Ahora, el pobre está en el seno de Abrahán. El seno de Abrahán es la fuente de vida, de donde nació el pueblo de Dios. Lázaro, el pobre, forma parte del pueblo de Abrahán, del cual era excluido cuando estaba ante la puerta del rico. El rico que piensa ser hijo de Abrahán no va a estar en el seno de Abrahán. Aquí termina la introducción de la parábola. Ahora comienza la revelación de su sentido, a través de la conversación entre el rico y el padre Abrahán.

• Lucas 16,23-26: La primera conversación. En la parábola, Jesús abre una ventana sobre el otro lado de la vida, el lado de Dios. No se trata del cielo. Se trata del lado verdadero de la vida que sólo la fe abre y que el rico sin fe no percibe. Y sólo bajo la luz de la muerte la ideología del imperio se desintegra en la cabeza del rico y aparece para él lo que es el valor real en la vida. Al lado de Dios, sin la propaganda, sin la propaganda engañadora, los papeles se cambian. El rico ve a Lázaro en el seno de Abrahán, y le pide que sea aliviado de sus sufrimientos. El rico descubre que Lázaro ¡es su único posible bienhechor! ¡Pero ahora es demasiado tarde! El rico sin nombre es pío, ya que reconoce a Abrahán y le llama Padre. Abrahán responde y le llama hijo. Esta palabra de Abrahán, en realidad, está siendo dirigida a todos los ricos vivos. En cuanto vivos, ellos tienen aún la posibilidad de volverse hijos, hijas de Abrahán, si supieran abrir la puerta a Lázaro, el pobre, el único que en nombre de Dios puede ayudarlos. La salvación para el rico no es que Lázaro le traiga una gota para refrescar su lengua, sino que él, el rico, abra al pobre la puerta cerrada y así llene el gran abismo.

• Lucas 16,27-29: La segunda conversación. El rico insiste: “Padre, te suplico: manda Lázaro para la casa de mi padre. ¡Tengo cinco hermanos!” El rico no quiere que sus hermanos lleguen al mismo lugar de tormento. Lázaro, el pobre, es el único verdadero intermediario entre Dios y los ricos. Es el único, porque sólo a los pobres los ricos pueden devolver aquello que les han y, así, restablecer la justicia perjudicada. El rico está preocupado con los hermanos. Nunca estuvo preocupado con los pobres. La respuesta de Abrahán es clara: “Tiene a Moisés y a los Profetas: ¡que los escuchen!” ¡Tienen la Biblia! El rico tenía la Biblia, la conocía de memoria. Pero nunca se dio cuenta de que la Biblia tenía algo que ver con los pobres. La llave para que el rico pudiera entender la Biblia es el pobre sentado a su puerta.

• Lucas 16,30-31: La tercera conversación “No, padre, si alguien entre los muertos les avisa de algo, ellos se van a arrepentir.” El rico reconoce que esté equivocado, pues habla de arrepentimiento, cosa que durante la vida no sintió nunca. El quiere un milagro, ¡una resurrección! Pero este tipo de resurrección no existe. La única resurrección es la de Jesús. Jesús resucitado viene hasta nosotros en la persona del pobre, de los que no tienen derechos, de los sin tierra, de los hambrientos, de los sin techo, de los que no tienen salud. En su respuesta final, Abrahán es breve y contundente: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite.” Fin de la conversación. ¡Final de la parábola!

• La llave para entender el sentido de la Biblia es el pobre Lázaro, sentado a la puerta. Dios viene a nosotros en la persona del pobre, sentado a nuestra puerta, para ayudarnos a llenar el abismo insondable que los ricos crearon. Lázaro es también Jesús, el Mesías pobre y siervo, que no fue aceptado, pero cuya muerte mudó radicalmente todas las cosas. Es la luz de la muerte del pobre que lo cambia todo. El lugar del tormento es la situación de la persona sin Dios. Por más que el rico piense tener la religión y la fe, no hay forma de que pueda estar con Dios, pues no ha abierto la puerta al pobre, como hizo Zaqueo (Lc 19,1-10).

4) Para una reflexión personal

• ¿Cuál es el tratamiento que damos a los pobres? ¿Tienen un nombre para nosotros? En las actitudes que tomo en la vida, ¿soy percibido como Lázaro o como el rico?
• Entrando en contacto con nosotros, los pobres ¿perciben algo diferente? ¿Perciben una Buena Noticia? ¿Hacia que lado se inclina mi corazón: hacia el milagro o hacia la Palabra de Dios?

5) Oración final

Feliz quien no sigue consejos de malvados
ni anda mezclado con pecadores
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la ley de Yahvé,
susurrando su ley día y noche. (Sal 1,1-2)

Generosidad y alegría (Alegría)

“Quien practique la misericordia —dice el Apóstol—, que lo haga con alegría”: esta prontitud y diligencia duplicarán el premio de tu dádiva. Pues lo que se ofrece de mala gana y por fuerza no resulta en modo alguno agradable ni hermoso (San Gregorio Nacianceno, Disert. 14 sobre amor a los pobres).

Si dieres el pan triste, el pan y el mérito perdiste (San Agustín, Comentario. sobre el salmo 48).

El mercader no se entristece gastando en las ferias lo que tiene para adquirir sus mercancías; pero tú te entristeces (hace referencia al joven rico) dando polvo a cambio de la vida eterna (San Basilio, en Catena Aurea, vol. VI, p. 313).

Comentario – Jueves II de Cuaresma

Jesús dirige la palabra a los fariseos, y lo hace en ese lenguaje parabólico al que tanto solía recurrir: Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. La escena es fácilmente representable. No es necesario conocer ni la localidad en que esto sucede, ni el nombre del rico. En cualquier lugar del mundo puede repetirse lo descrito.

Del hombre rico sólo se dice que vestía de lujo y banqueteaba a diario espléndidamente. No se le describe como hombre malvado. Tampoco se dice de él que fuera el causante de la miseria del pobre mendigo, ni que lo hubiera maltratado, injuriado, despreciado o humillado. Es simplemente un rico que vive para el disfrute de sus riquezas, envuelto en la esplendidez que le ofrecen sus propios recursos. Pero está de tal manera embargado por la suntuosidad y el boato de sus vestidos y banquetes que no tiene ojos para ver la miseria que está tan próxima a él, ni sensibilidad para compadecerse de ese mendigo harapiento y llagado que se encuentra a su puerta. Porque Lázaro no es sólo un mendigo, sino un mendigo enfermo y hambriento.

Tal suele ser la situación de esos mendigos que encontramos a diario a las puertas de nuestras casas, supermercados e iglesias. A la mendicidad suelen añadir la marginalidad, la enfermedad, el alcoholismo, la falta de higiene, la mala alimentación. Al relatar la situación del mendigo, Jesús acentúa los rasgos más dramáticos de la escena: Lázaro, cubierto de llagas, ansiaba saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba. Los comensales derrochan la comida hasta tirarla para que se la coman los perros, pero nadie repara en la presencia de aquel mendigo –tan cercano y tan invisible- para llevarle un pequeño resto de la misma. Los perros, que se acercan a lamerle las llagas, parecen mostrar más sensibilidad (resp. humanidad) que los humanos.

Pues bien, se acabó la vida –esta vida temporal- para ambos; primero para el mendigo, más propenso a la muerte que el rico; después, también para el rico, cuyas riquezas no le pueden preservar de la misma muerte que acecha al pobre. Al rico lo enterraron. De Lázaro no se dice que tuviera entierro; pero sí se dice que los ángeles le llevaron al seno de Abrahán, mientras que su ‘descuidado’ vecino fue conducido al infierno. Y estando en semejante situación, en medio de los tormentos, implora clemencia: Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.

La súplica del rico, ya muerto, pero consciente, delata que reconoce en el Lázaro elevado al seno de Abrahán al mendigo echado en su portal, pero ignorado por todos, incluido él mismo. Luego lo conocía, lo había visto, aunque no le había prestado ninguna atención. Y este es su pecado: su insensibilidad para con la miseria ajena, su carencia de misericordia para con el prójimo necesitado, un pecado de omisión. La súplica del rico revela también el cambio producido con la muerte: el que antes banqueteaba espléndidamente ahora suplica una gota de agua al que antes mendigaba las migajas de su banquete.

En su respuesta, Abrahán refuerza esta inversión: Hijo –le dice al rico torturado por las llamas-, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males; por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. En su simplicidad, la vida del más allá se presenta como el reverso de lo experimentado en el más acá: el que aquí vivió en el deleite, allí padecerá; el que aquí vivió en la aflicción, allí recibirá consuelo. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados, había profetizado Jesús. Pero hay más: entre ambos estados “post mortem”, aquel en el que está Lázaro, abrazado por el consuelo divino, y aquel en el que se encuentra el rico, torturado por las llamas y afligido por los remordimientos, hay un abismo inmenso, un abismo infranqueable para los moradores de ambos lados, de tal manera que ya no es posible alterar las cosas, ni trasladarse de un lugar a otro, porque la frontera de la muerte y la superación del límite temporal han conferido a tales estados el carácter de definitivos. Es el abismo que separa la bondad de la maldad, la compasión de la insensibilidad, la verdad de la mentira.

Pero resulta curioso que, en semejante situación de penalidad, el rico parezca recuperar o adquirir sensibilidades perdidas. Ha comprendido que su estado es irreversible, que el abismo separador no le permitirá salir de él; pero lo que no es irreversible es la situación de sus cinco hermanos que aún viven en el mundo. Por eso le pide a Abrahán que mande a Lázaro a casa de su padre para que, con su testimonio, evite que vengan también ellos a este lugar de tormento. Parece como si de repente se hubieran despertado en él sentimientos de compasión –los que no tuvo para con el mendigo apostado a su puerta- hacia sus hermanos de sangre, a quienes quiere evitarles el doloroso destino que les está reservado si no cambian de vida. No es precisamente un sentimiento diabólico, sino muy humano; tanto que resulta extraño en un condenado. Pero esto es lo que Jesús refleja en su parábola. Este sentimiento, sin embargo, no parece que pueda cambiar la situación del condenado.

La respuesta de Abrahán a la propuesta del rico ‘preocupado’ por su familia subraya los cauces ordinarios de los que Dios se sirve para comunicar su mensaje, esto es, sus advertencias, sus mandatos, sus promesas, sus planes, a los hombres: Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen. El rico cree que estas mediaciones no son suficientes para ciertas posturas humanas que necesitan de actuaciones más contundentes e irrefutables como la aparición de un muerto: si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le replica con extrema paciencia: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.

Es verdad que la aparición de un muerto, por su carácter extraordinario e inusual, crearía sensación en los testigos de la misma; pero muy pronto podría ser contrarrestada por la fuerza de los argumentos en contra: ¿Por qué no considerar que se ha tratado de una alucinación? Existen las creaciones imaginarias o fantasmagóricas, que pueden confundirse fácilmente con la realidad, pero que son irreales, pura fantasía. ¿Quién podría garantizarnos que no hemos sido engañados por este fenómeno? Bastaría, pues, emplear estos razonamientos para desactivar la presunta y aparente presencia de un muerto en medio de los vivos. También hay un abismo que separa a los vivos de los muertos de este mundo. La sentencia del patriarca sigue, pues, en pie: ahí tienen a los profetas que Dios envía para comunicar sus planes; si no les escuchan a ellos, tampoco escucharán a un muerto.

Ahí tenemos al mismo Hijo de Dios encarnado que nos ha descubierto con su palabra los misterios del más allá. Él contactó transitoriamente con sus discípulos tras haber rebasado la frontera de la muerte y haber penetrado en el más allá. En cuanto resucitado y aparecido a sus discípulos es en cierto modo ese muerto enviado para advertir a los vivos de la existencia de un más allá de consuelo o de desconsuelo. Aun así, sigue sin ser creído por muchos: por todos esos que exigen para sí una aparición del Resucitado similar a la que tuvieron sus discípulos de la primera hora o por todos aquellos que no exigen nada porque no esperan nada, y que no admitirían en ningún caso la aparición de un muerto. En cualquier caso, la parábola de Jesús nos muestra que hay más allá (de la muerte) y que este más allá depende del estilo de vida sostenido en el más acá o, para ser más precisos, de la conducta tenida con nuestros hermanos, especialmente, con esos indigentes sin techo ni hogar que encontramos con frecuencia apostados a las puertas de nuestras casas y a quienes no les abrimos estas puertas por los muchos riesgos y complicaciones que ello seguramente implica.

¿Podemos evitar que esta parábola se convierta para nosotros en un certero e insoslayable examen de conciencia? Si no es así, ¿no habremos perdido o estaremos perdiendo quizá sensibilidad en nuestra conciencia? Ello sería probablemente un alarmante síntoma de que algo importante en nosotros está muriendo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

INTRODUCCIÓN


Sucesores de los Apóstoles (Apostolorum Successores) por institución divina, los Obispos, mediante el Espíritu Santo que les ha sido conferido en la consagración episcopal, son constituidos Pastores de la Iglesia, con la tarea de enseñar, santificar y guiar, en comunión jerárquica con el Sucesor de Pedro y con los otros miembros del Colegio episcopal.

El título de Sucesores de los Apóstoles está en la raíz del ministerio pastoral del Obispo y de su misión en la Iglesia, y define bien la figura y misión del Obispo. Los Obispos, en cuanto insertos en el Colegio episcopal que sucede al Colegio apostólico, están íntimamente unidos a Jesucristo, que sigue escogiendo y enviando a sus apóstoles. El Obispo, como sucesor de los Apóstoles, en razón de la consagración episcopal y mediante la comunión jerárquica, es el principio visible y el garante de la unidad de su Iglesia particular.(1)

El libro del Apocalipsis afirma que los muros de la nueva Jerusalén “se asientan sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero” (Ap 21, 14). La Constitución Dogmática Lumen Gentium enseña que: “los Obispos han sucedido, por institución divina, a los Apóstoles como Pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia, desprecia a Cristo y a quien le envió”.(2)

Ser sucesores de los Apóstoles da a los Obispos la gracia y la responsabilidad de asegurar a la Iglesia la nota de la apostolicidad. Para que el Evangelio se conservara siempre íntegro, los Apóstoles dejaron como sucesores a los Obispos, confiándoles su propia tarea de enseñar.(3) Por eso, los Obispos, a lo largo de las generaciones, están llamados a custodiar y transmitir la Sagrada Escritura, a promover la Traditio, es decir, el anuncio del único Evangelio y de la única fe, con íntegra fidelidad a la enseñanza de los Apóstoles; al mismo tiempo, están obligados a iluminar con la luz y la fuerza del Evangelio las nuevas cuestiones que los cambios de las situaciones históricas presentan de continuo (cambios en las cuestiones culturales, sociales, económicas, científicas y tecnológicas, etc.).(4) Los Obispos, además, tienen la tarea de santificar y guiar al Pueblo de Dios cum Petro et sub Petro, continuando la labor desarrollada por sus predecesores, con dinamismo misionero.

El presente Directorio, que retoma, actualiza y completa el del 22 de febrero de 1973, ha sido elaborado por la Congregación para los Obispos con el fin de ofrecer a los “Pastores de la grey de Cristo” un instrumento útil para un ejercicio más orgánico y eficaz de su complejo y difícil ministerio pastoral en la Iglesia y en la sociedad de hoy. Quiere ayudar a los Obispos a afrontar con humilde confianza en Dios y con coherente coraje los desafíos que el momento presente –caracterizado por nuevos problemas, gran progreso y rápidos cambios–, lleva consigo en este inicio del tercer milenio.

El Directorio continúa la rica tradición que, a partir del siglo XVI, crearon muchos autores eclesiásticos, con escritos de diverso nombre, como Enchiridion, Praxis, Statuta, Ordo, Dialogi, Aphorismata, Munera, Institutiones, Officium, con el fin de proporcionar a los Obispos subsidios pastorales orgánicos para un mejor desempeño de su ministerio.

Las principales fuentes de este Directorio son el Concilio Vaticano II, los numerosos documentos y enseñanzas pontificias publicadas en estos años y el Código de Derecho Canónico promulgado en 1983.

Significativamente, el Directorio se publica tras la promulgación de la Exhortación Apostólica post-sinodal Pastores Gregis, que ha recogido las propuestas y las sugerencias de la X Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (año 2001), que tuvo por tema: “El Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo”, y que fue dedicada al ministerio episcopal. Con tal Exhortación Apostólica se ha completado la reflexión magisterial que el Santo Padre, tras los relativos Sínodos, ha hecho sobre las distintas vocaciones del Pueblo de Dios, en el ámbito de la eclesiología de comunión delineada por el Concilio Vaticano II, que tiene en el Obispo diocesano el centro impulsor y el signo visible. Por lo tanto, el Directorio, está en estrecha conexión con la Exhortación Apostólica Pastores Gregis por lo que se refiere a sus fundamentos doctrinales y pastorales. Ha sido elaborado después de una amplia consulta, teniendo en cuenta las sugerencias y los pareceres expresados por distintos Obispos diocesanos y por algunos Obispos eméritos.

El Directorio, en fin, es de naturaleza fundamentalmente pastoral y práctica, con indicaciones y directivas concretas para las actividades de los Pastores, dejando a salvo la prudente discreción de cada Obispo en su aplicación, sobre todo en consideración de las particulares condiciones de lugar, de mentalidad, de situación y de florecimiento de la fe. Evidentemente, cuanto toma de la disciplina de la Iglesia conserva el mismo valor que tiene en las propias fuentes.


1 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 23.

2 Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 20; cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 860-862.

3 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Dei Verbum, 7; Catecismo de la Iglesia Católica, 77-79.

4 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Ad Gentes, 38; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis, 8.

El cántaro

1.- Esta escena tiene todo el prosaísmo de un día vulgar, un mediodía cualquiera, y la poesía de un encuentro. Hay dos personas esenciales, Jesús y la samaritana, y un interlocutor, mudo, entre Dios y el hombre: ¡el cántaro!

–un cántaro vulgar, porque es un día mas en la vida de la samaritana y porque Dios se hace el encontradizo junto al brocal de un pozo, o de un despacho, o en la clase, o en la barra del bar, o en la cocina porque “también entre los pucheros anda Dios…”

–un cántaro rojizo, como avergonzado de las verdades que las vecinas dicen chismorreando de la samaritana, que huye de esas verdades yendo al pozo cuando no hay chismorreos, que a chismorreos nos suenan las verdades que un amigo sincero nos dice de nuestra conducta, cuando no queremos vernos sinceramente, como la samaritana.

–un cántaro vacío objeto de las iras de su ama cuando lo encuentra sin agua, porque hay que llenarlo constantemente, porque rezuma demasiado, porque no quita la sed, porque parece un secante, que no hay nada que nos satisfaga, ni cinco maridos, ni un amante, que es de la otra agua que necesitamos, agua viva que se hace fuente en el corazón, agua que solo da Dios.

–un cántaro traído y llevado con viveza por esta mujer de rompe y rasga, que se ríe del judío que le ofrece agua sin tener cubo ni cuerda, para no tener que venir a buscarla, que cuando se ve acorralada saca viejos problemas teológicos del culto a Dios, como último escape antes de abrir los ojos con sinceridad, apela al Mesías que va a venir a aclararlo todo, como si dijera “esperemos que el Mesías lo aclare todo, ¿vale?”

2.- Como anguilas nos escapamos del Señor cuando nos busca para hacernos sinceros, porque Jesús no catequizó a la samaritana para convertirla al judaísmo, la quiso samaritana y sincera consigo misma. Porque el único culto que quiere Dios es en verdad y en espíritu, no de cumplido, no de resabios teológicos, no de críticas a como dan el culto los demás, culto sincero de corazón, anhelando escuchar a Dios, así no habría misa aburrida.

3.- En fin, un cántaro olvidado junto al pozo, porque algo ha roto la monotonía de aquel vulgar día de la samaritana. Dios se ha derramado en su corazón como el agua en la esponja. Y ha sentido que pesar de todo Dios si está con ella y ya no le importan las comidillas de las vecinas y corre a su encuentro a comunicarlas su alegría.

¿No nos tropezaremos un día con Dios junto al pozo y sentiremos también nosotros que es verdad que a pesar de todo Dios está conmigo?

Y allá quedan Jesús y el cántaro junto al pozo. Cansados de tanto ir y venir. El cántaro sin ganas de que lo llenen de nuevo de agua que no quita la sed. Jesús sin apetito ninguno por la alegría de ver a aquella samaritana al fin sincera consigo misma y con Dios

La entrada de los apóstoles en escena es como la de los payasos del circo que no saben ni lo que pasa, ni de que va, porque el contacto de Dios con el corazón del hombre es demasiado secreto para que nadie de fuera lo comprenda.

José María Maruri, SJ

Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: – Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.) La samaritana le dice: – ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le contestó: – Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva. La mujer le dice: – Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados? Jesús le contesta: – El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. La mujer le dice: – Señor, dame ese agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.

Él le dice: – Anda, llama a tu marido y vuelve. La mujer le contesta: – No tengo marido. Jesús le dice: – Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad. La mujer le dice: – Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén. Jesús le dice: – Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad. La mujer le dice: – Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo. Jesús le dice: – Soy yo: el que habla contigo. En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». La mujer, entonces, dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: – Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías? Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: – Maestro, come. Él les dijo: – Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis. Los discípulos comentaban entre ellos: – ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: – Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: «Uno siembra y otro siega». Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores. En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: – Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

 Juan 4, 5-42

PARA MEDITAR

Es muy bonito ver la conversación que Jesús tiene con la mujer que va a por agua. La trata con mucha delicadeza, se acerca a la situación que está viviendo. No se enfada con ella, no la condena… La ayuda a cambiar, a que las cosas sean de otra forma, le ofrece caminos para cambiar su vida. Esa debe ser nuestra forma de ayudar a los demás.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿Has ayudado alguna vez a alguien? Cuéntanos como fue.
  • Si nosotros, los cristianos, vemos que alguien tiene un problema, ¿podemos pasar de largo o debemos hacer algo?
  • Piensa en alguien que conozcas y que crees que necesita tu ayuda y acércate a esa persona para ayudarla.

ORACIÓN

Te andamos buscando por todos los rincones,
pero te ponemos otros nombres:
orden, eficacia, salud, trabajo, bienestar,
familia, tareas del reino…
y seguimos corriendo, pero nada
nos desasosiega del todo,
porque tenemos la misma sed de felicidad que la samaritana.
Hoy quiero decidir que Tú seas mi única bebida
vivir la vida más contigo,
decirte un sí rotundo, para calmar desasosiegos
para frenar agitaciones,
para dejar que me empapes, calmes mi sed
y me pongas en contacto con ese manantial que llevo dentro,
que eres Tú, que salta dentro de mí,
provocando vida sin término.?

Cansado del camino pediste agua

Tú te metiste en la vida de una persona
pidiendo ayuda,
que es la mejor manera de caminar juntos.
Señor, que sepamos pedir

cuando estemos necesitados,
que sepamos dar cuando tengamos algo
que el otro necesita,
que estemos atentos para adivinar su carencia.

Haznos sensibles al hermano, ayúdanos,
Jesús, a compartir.

Hablaste con la samaritana, con esa empatía
que tenías con las mujeres,

y le sorprendió tu cercanía, porque siempre
se te siente cálido y cerca.

Le hablaste de un agua que calma
todas las sedes.
Sabes Tú, Señor, que tenemos sed
de tantas cosas…
Y Tú eres el agua que calma nuestra sed
de poder, de prestigio, de dinero,

de tener razón… de deseos que nos envuelven
y nos succionan la vida.

Tú sabes, Señor, que estamos buscando
satisfacer nuestras necesidades,

con compras, viajes, experiencias, aventuras,
relaciones y cosas,

pero el vacío interior sigue ahí,
en los adentros, rugiendo…
porque de lo que tenemos sed es de Ti,
Padre, de tu presencia,

de gozar de tu amor, de gastar la vida
en tus cosas.

Te andamos buscando por todos los rincones,
pero te ponemos otros nombres:
orden, eficacia, salud, trabajo, bienestar,
familia, tareas del reino…

y seguimos corriendo, pero nada
nos desasosiega del todo,
porque tenemos la misma sed de felicidad
que la samaritana.
Hoy quiero decidir que Tú seas mi única bebida
vivir la vida más contigo,
decirte un sí rotundo, para calmar desasosiegos
para frenar agitaciones,
para dejar que me empapes, calmes mi sed
y me pongas en contacto con ese manantial
que llevo dentro,

que eres Tú, que salta dentro de mí,
provocando vida sin término.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo III de Cuaresma

• La mujer que viene a buscar agua (7) es una persona con su historia concreta (17-18.29); pero aquí, además, representa al pueblo samaritano (12.20); y cuando expresa otra sed (15.25) nos re- presenta a todos los que la tenemos.

• Jesús es el caminante que se cansa y tiene sed, y que se quiere refrescar en el pozo (7). Pero aquí es, también, el representante de Israel, que pidió agua en el desierto (Ex 17,1-7); en su petición de agua está la sed de su pueblo; sed (y hambre) de escuchar la palabra de Dios (Am 8,11), sed del Dios vivo (Sal 42,2-3). Pero Jesús tiene otra sed expresada también en la cruz: “tengo sed” (Jn 19,28). Sed, ¿de qué?: sed de que la mujer y su pueblo acojan el “agua viva” (10) y a aquél que la da.

• Según Jesús, “el que beba del agua que yo le daré”, quien crea en la Palabra, vivirá eternamente; “se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna” (14) (Is 12,3). Es el Espíritu quien purifica y permite obedecer la Ley (Ez 36,25-27; Jn 7,37-39).

• Jesús invita a la samaritana a ir hasta Dios mismo, origen de todo (15). Lo mismo pasará a propósito del pan, provocando también la petición (Jn 6,32-34).

• El diálogo sobre “los maridos” (16-18) no hay que leerlo con ojos moralizadores. Existe un trasfondo bíblico: con la palabra “marido” se había designado a Dios mismo (Os 2,18): y la infidelidad al Dios de la Alianza se había expresado en términos de adulterio. También Jesús, a partir de la realidad que vive aquella mujer (no tenemos que negar el sentido literal de “los cinco maridos”), hace que ella -y el pueblo samaritano- “llame” (16) a su verdadero “Señor” y abandone a “los cinco” dioses con los que han sido infieles al Señor.

• A partir de esta interpelación, la mujer se abre al Dios verdadero (20). La respuesta de Jesús (23-24) da a entender que también los judíos tienen que abrirse al Dios verdadero, no sólo los samaritanos. El “créeme” (21) es muy significativo: Cristo es “el lugar” en el cual los “auténticos adoradores” (23), animados por el Espíritu, adorarán al Padre.

• El testimonio de la mujer (39), hará posible que muchos otros descubran que Jesús es “el Salvador del mundo (42).

Comentario al evangelio – Jueves II de Cuaresma

Decimos que no hay infierno, porque la infinita misericordia de Dios no lo permite. Pero esta parábola del hombre rico y Lázaro nos recuerda que el apego a la riqueza y la insolidaridad con el pobre es tan grande y brutal, que el infierno ya está presente en el corazón de las personas que actúan como este hombre rico. En la primera lectura hemos escuchado al profeta Jeremías: “Yo, el Señor, penetro el corazón, examino las entrañas, para pagar al hombre su conducta, lo que merecen sus obras.”

Hay en esta parábola un claro juicio sobre lo que está bien y lo que está mal en nuestra sociedad. Es un juicio muy serio ante la insensibilidad humana. Sería lamentable que el texto no tiene nada que ver con nosotros, que los malos y abusadores son los demás, porque “yo no soy como ese hombre rico, que vestía de púrpura y de lino y todos los días hacía espléndidos banquetes”. Si no soy capaz de criticarme y exigirme a mi mismo, cómo puedo criticar a otros. ¿Cómo reacciono ante las necesidades de los demás?

El reproche que se hace al rico es no saber compartir lo que tiene con los más necesitados. Y ha perdido incluso una oportunidad de conversión por no haber escuchado a Moisés y los profetas, que nos hacen continuos pedidos de solidaridad con los pobres. Su gravísimo pecado consistió en haber hecho de las riquezas su dios.

El egoísmo humano es tan cruel que pasa por encima y olvida las más mínimas relaciones de justicia.

Hoy se ha generalizado el escándalo del derroche y del despilfarro de los bienes hasta tal punto que “más de la mitad de alimentos se pierden o tiran”, como informaba “canal solidario” el pasado 23 de febrero de 2009 en esta página de ciudadredonda. ¿Cómo podemos pensar que el infierno no existe ante tan inmensa y permanente injusticia?

Ciudad Redonda