Santoral 12 de marzo

SAN PACIANO, obispo († 391). (Su fiesta, el 9)

San Paciano nos es conocido sobre todo por sus escritos y por el testimonio de San Jerónimo quien, un año después de la muerte del santo obispo, decía: “Paciano, obispo de Barcelona, en las faldas del Pirineo, de correcta elocuencia, y tan esclarecido por su vida como por su dicción, compuso varios opúsculos, el Cervus y contra los Novacianos. Murió bajo Teodosio”. Sucedió al obispo Pretextato, durante el último tercio del siglo IV.

Añade San Jerónimo que Paciano, casado en su juventud, tuvo un hijo llamado Dextro, que ocupó altos cargos. Era de familia distinguida. Sus escritos acreditan una buena formación literaria, tanto sagrada como profana.

Sus escritos nos dan a conocer su personalidad. Se han perdido el Cervus y un tratado contra los Novacianos, citados por San Jerónimo. Nos quedan la Paraenesis, un Sermón sobre el bautismo y tres Cartas al novaciano Simproniano. Parece que escribió contra los maniqueos, pero no consta.

Estos breves escritos dan a San Paciano un lugar apreciable en la patrología del siglo IV, y además nos dan a entender la solicitud del pastor por sus ovejas, mostrándoles los buenos caminos, conduciéndolas a pastos seguros, y avisándoles de los peligros que entrañan las falsas doctrinas.

Vale la pena resumir la doctrina de sus escritos. El contenido del perdido Cervus lo conocemos por alusiones. Hay en él una celosa diatriba contra los desórdenes que se cometían en una especie de carnaval del primero de año. Para actuar más libremente y sin pudor, se disfrazaban, concretamente de cabras y ciervos, y de ahí el título del opúsculo.

El Sermón sobre el bautismo es una instrucción a los catecúmenos sobre la situación del hombre antes de recibir el bautismo. Es una clara exposición sobre la doctrina del pecado original. La victoria de Cristo, dice, se hace nuestra, porque si al nacer de Adán se hace el hombre pecador, al renacer en Cristo se hace santo. El bautismo nos da vida nueva.

Las tres Cartas a Simproniano son importantes en la teología penitencial. Simproniano se había unido al cisma de los novacianos. No admitía que la Iglesia se llamara católica ni el valor de la penitencia. Paciano le contesta en vigor. “La Iglesia es católica porque es una en todos y una sobre todos”. Y añade: “Cristiano es mi nombre, católico, mi apellido”.

En cuanto al perdón de los pecados por la penitencia, afirma: “Nunca amenazaría Dios al que no hace penitencia, si no perdonase al penitente. Pero dirás: Sólo Dios puede hacerlo. Sí, es verdad, pero lo que hace por sus sacerdotes, es potestad suya, pues los sacerdotes obran en su nombre”.

Las tres Cartas son respuesta a otras tantas que le había dirigido Simproniano. La tercera es una precisa refutación de los errores de los novacianos, que no querían admitir a reconciliación a los pecadores penitentes. “La Iglesia es, le contesta, la casa grande que muestra su riqueza en preciosos vasos de oro puro y tersa plata, pero no se avergüenza en servirse también en pobres vasos de barro, en pobres vasos de madera”.

La Paraenesis es una cálida exhortación a la penitencia pública, a la penitencia en general. Se queja el santo de los que son “tímidos después de la desvergüenza, vergonzosos después del pecado. No se avergüenzan de pecar, y se avergüenzan de confesar sus debilidades y sus pecados”.

El buen pastor podía ya descansar. Murió en la extrema ancianidad. Se había desvivido en alimentar a su rebaño y en defenderlo de los falsos pastores. Acudía tranquilo a la cita: “Pasa el gozo de tu Señor”.

 

Otros Santos de hoy: Bernardo, Pedro, Maximiliano, Teófanes, Inocencio.

Justo y Rafael Mª López-Melús