Vísperas – Viernes II de Cuaresma

VÍSPERAS

VIERNES II CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando y sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA: St 5, 16.19-20

Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Aunque buscaban echar mano a Jesús, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aunque buscaban echar mano a Jesús, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

PRECES

Adoremos al Salvador de los hombres, que, muriendo, destruyó nuestra muerte y, resucitando, restauró la vida, y digámosle humildemente:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión,
— para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
— para que podamos confortar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos confortas.

Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
— para que se manifiesten en ellos los frutos de tu salvación.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz,
— enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
— y a nosotros danos un día parte en su felicidad.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos a las fiestas de Pascua limpios de pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes II de Cuaresma

1) Oración

Por medio de nuestras privaciones cuaresmales, purifícanos, Señor todopoderoso, a fin de que podamos llegar con un espíritu nuevo a las próximas fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo…

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 21,33-43.45-46

Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: `A mi hijo le respetarán.’ Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia.’ Y, agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras:
La piedra que los constructores desecharon,
en piedra angular se ha convertido;
fue el Señor quien hizo esto
y es maravilloso a nuestros ojos?

Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

3) Reflexión

• El texto del evangelio de hoy forma parte de un conjunto más amplio que engloba Mateo 21,23-46. Los jefes de los sacerdotes y de los ancianos habían preguntado a Jesús con qué autoridad hacía las cosas (Mt 21,23). Ellos se consideraban los dueños de todo y pensaban que nadie podía decir nada sin su permiso. La respuesta de Jesús consta de tres partes: 1) El mismo plantea una pregunta y quiere saber de ellos si Juan Bautista era del cielo o de la tierra (Mt 21,24-27). 2) Cuenta la parábola de dos hijos (Mt 21,28-32). 3) Cuenta la parábola de la viña (Mt 21,33-46) que es el evangelio de hoy.

• Mateo 21,33-40: La parábola de la viña. Jesús empieza así:

“Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre”. La parábola es un bonito resumen de la historia de Israel, sacado del profeta (Is 5,1-7). Jesús se dirige a los jefes de los sacerdotes, a los ancianos (Mt 21,23) y a los fariseos (Mt 21,45) y da una respuesta a la pregunta que ellos habían hecho sobre el origen de su autoridad (Mt 21,23). Por medio de esta parábola, Jesús aclara varias cosas sobre el origen de su autoridad: es el hijo, el heredero. (b) Denuncia el abuso de la autoridad de los viñadores, esto es, de los sacerdotes y ancianos que no cuidan del pueblo de Dios. (c) Defiende la autoridad de los profetas, enviados por Dios, pero masacrados por los sacerdotes y ancianos. (4) Desenmascara a las autoridades que manipulan la religión y matan al hijo, porque no quieren perder la fuente de renta que consiguieron acumular para sí, a lo largo de los siglos.

• Mateo 21,41: La sentencia dada por ellos mismos. Al final de la parábola, Jesús pregunta: “Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?” Ellos no se dieron cuenta de que la parábola estaba hablando de ellos mismos. Por esto, por la respuesta dada, decretaron su propia condena: “Dícenle: A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.”

Varias veces Jesús usa ese mismo método. Lleva a la persona a que diga la verdad sobre si misma sin que se dé cuenta de que se está condenando a si misma. Por ejemplo, en el caso del fariseo que condena a la mujer considerándola una pecadora (Lucas 7,42-43) y en el caso de la parábola de los dos hijos Mt 21,28-32).

• Mateo 21,42-46: La sentencia dada por ellos mismo es confirmada por su mismo comportamiento. Por medio de la aclaración de Jesús, los sacerdotes, los ancianos y los fariseos entendieron que la parábola hablaba de ellos mismos, pero no se convirtieron. ¡Por el contrario! Mantuvieron su proyecto de matar a Jesús. Rechazaron la “piedra fundamental”. Pero no tuvieron el valor de hacerlo abiertamente, porque temían a la gente.

• Los varios grupos de poder en el tiempo de Jesús. En el evangelio de hoy aparecen algunos de los grupos que, en aquel tiempo, ejercían el poder sobre el pueblo: sacerdotes, ancianos y fariseos. Sigue aquí una breve información sobre el poder da cada uno de estos grupos y de otros:

a) Sacerdotes: Eran los encargados del culto en el Templo. La gente llevaba el diezmo y los otros impuestos y ofertas para pagar sus promesas. El sumo sacerdote ocupaba un lugar muy importante en la vida de la nación, sobre todo después del exilio. Era escogido o nominado entre las tres o cuatro familias aristócratas, que detenían más poder y más riqueza.

b) Ancianos o Jefes del pueblo: Eran los líderes locales en las diversas aldeas y ciudades. Su origen venía de los jefes de las tribús antiguas.

c) Saduceos: Eran la elite laica aristocrática de la sociedad. Muchos de ellos eran ricos comerciantes o latifundistas. Desde el punto de vista religioso eran conservadores. No aceptaban las mudanzas defendidas por los fariseos, como por ejemplo, la fe en la resurrección y en la existencia de los ángeles.

d) Fariseo: Fariseo significa: separado. Ellos luchaban para que, a través de la observancia de la ley de pureza, ¡la gente llegara a ser puro, separado y santo como lo exigían la Ley y la Tradición! Por causa del testimonio ejemplar de su vida dentro de las normas de la época, ellos tenían una lideranza moral muy grande en las aldeas de Galilea.

e) Escribas o doctores de la ley: Eran los encargados de la enseñanza. Dedicaban su vida al estudio de la Ley de Dios y enseñaban a la gente cómo hacer para observar en todo la Ley de Dios. No todos los escribas eran de la misma línea. Algunos estaban unidos a los fariseos, otros a los saduceos.

4) Para la reflexión personal

• ¿Te has sentido alguna vez controlado/a, indebidamente, en casa, en el trabajo, en la iglesia? ¿Cuál ha sido tu reacción? ¿Cómo la de Jesús?
• Si Jesús hoy volviera y contara la misma parábola, ¿cómo reaccionaría yo?

5) Oración final

Señor, como se alzan sobre la tierra los cielos,
igual de grande es su amor con sus adeptos;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros crímenes. (Sal 103,11-12)

Comentario – Viernes II de Cuaresma

Jesús continúa con su relato parabólico. Esta vez de dirige a la multitud de los judíos, pero no pierde de vista a los “dirigentes” del pueblo, a los sumos sacerdotes, que se encuentran también presentes. Les habla de un propietario que plantó una viña en su terreno, la acondicionó, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para que les entregaran los frutos que le correspondían –el 50 o el 30 por ciento de la cosecha- como propietario de la viña. Pero los labradores reaccionaron de manera violenta apaleando, matando y apedreando a aquellos emisarios. Seguidamente, el dueño les envió a otros criados, porque se creía con derecho a percibir su parte establecida por contrato. Pero con los nuevos criados hicieron lo mismo. Por último, aquel propietario decidió enviarles como emisario a su propio hijo, pensando que a éste le respetarían. Pero no fue así. Aquellos labradores sin escrúpulos, al ver al hijo, pensaron: lo matamos y nos quedamos con la herencia. Y así lo hicieron.

La pregunta que queda latiendo es: Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Los oyentes de la parábola son llamados a intervenir en la acción y le contestan: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos. Probablemente los que dieron esta respuesta eran esos “sumos sacerdotes” que se encontraban entre la multitud. Pero no cayeron en la cuenta de que, en su respuesta, estaban dictando sentencia contra sí mismos; porque Jesús les estaba significando en esos labradores malvados que, con tal de apropiarse de la cosecha que no era suya, estaban dispuesto a cometer todo tipo de atrocidades, a asesinar incluso a los mensajeros del dueño que venían reclamando el fruto preceptivo.

Y es que Jesús estaba describiendo en su parábola la historia del pueblo de Israel, la viña del Señor que le había sido entregada, a modo de arriendo, por Dios a sus dirigentes para que le devolvieran los frutos pertinentes. Dios había implicado a ciertas personas, sus profetas, en esta tarea de reclamación, pero estos habían sido ignorados, despreciados e incluso asesinados. Finalmente envió a su propio Hijo, el relator de la parábola, que, al tiempo del relato, no había sido aún apresado, empujado fuera de la viña y asesinado, pero que lo sería, tal como quedaba plasmado en la misma narración. Su propio desenlace vital formaba parte de esta historia de infidelidad e injusticia escrita por aquellos a quienes les había sido encomendada la viña del Señor, el pueblo elegido.

Cuando oyeron la ‘moraleja’ o conclusión del relato, aquellos sumos sacerdotes y fariseos comprendieron que hablaba de ellos; por eso creció su indignación contra él e intentaron echarle mano, pero no lo hicieron porque temían a esa multitud enfervorizada que le rodeaba y le tenía por profeta. Jesús había dicho: Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los cielos y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos. La “viña del Señor” ya no es simplemente el pueblo elegido, sino la comunidad mesiánica, el Reino de los cielos, que se había dado en arriendo a los que tenían por misión trabajar y cultivar los frutos latentes en esa viña plantada por él mismo. Esos arrendatarios, siendo simples administradores de unos bienes ajenos, han pretendido ilegítimamente hacerle con la propiedad de los mismos para manejarlos a su libre albedrío, adquiriendo sobre ellos un dominio soberano y, por tanto, arrebatándoselos a su dueño y Señor.

Este es quizá el primer pecado de aquellos labradores (=sumos sacerdotes): pretender usurpar a Dios el dominio absoluto que le corresponde en cuanto dueño de su pueblo, de su ley, de sus designios, de sus bienes; para llevar a cabo estos planes se han visto obligados a matar a los enviados de Dios que se han presentado a ellos reclamando los frutos que el Dueño pedía como suyos. Entre esos enviados estará también su propio Hijo, llegado en un último envío para reclamar lo mismo que habían reclamado los profetas anteriores a él: los frutos que Dios espera obtener de lo sembrado por él mismo en la historia de este pueblo que es el suyo, el escogido como aliado. Dado que harán oídos sordos a la reclamación de Dios por medio de su Hijo, silenciando finalmente su voz y arrancándolo de la tierra de los vivos, les será quitado sin ningún miramiento ese Reino que les había sido entregado en cuanto pueblo elegido, para serle dado a otro pueblo y a otros dirigentes que produzcan sus frutos a su tiempo. ¿No hay aquí una profecía del traspaso del Reino al nuevo pueblo de la alianza, al pueblo salido del costado de Cristo?

Pero la historia no ha acabado. Lo mismo que les fue arrebatado al pueblo judío y a sus dirigentes, les puede ser arrebatado de nuevo al pueblo cristiano porque sigue sin dar el fruto que Dios espera de él. Y el pueblo es en gran medida lo que han hecho sus dirigentes de él. De ahí el importante papel de la jerarquía de la Iglesia en la conformación y fructificación de esa Iglesia (resp. pueblo) a cuya cabeza está. Dios nos ha entregado ahora su viña, los bienes del Reino (su palabra, su ley, sus sacramentos, sus consejos, su evangelio, su Espíritu, sus dones salvíficos), para hacerla fructificar con nuestro trabajo. Si pasa el tiempo, llegan los tiempos de la recolección, silenciamos la voz de sus profetas, que Él sigue enviando tras la muerte y resurrección de su Hijo, y seguimos sin dar el fruto esperado, puede que a nosotros se nos quite también el Reino de Dios no sólo como campo de trabajo, sino también como recompensa.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

Capítulo I

LA IDENTIDAD Y LA MISIÓN DEL OBISPO
EN EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA


“Yo soy el buen Pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí
(Jn 10, 14).

“La muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras,
que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero
(Ap 21, 14).

I. El Obispo en el Misterio de Cristo

1. Identidad y misión del Obispo.

El Obispo, al reflexionar sobre sí mismo y sobre sus funciones, debe tener presente como centro que describe su identidad y su misión el misterio de Cristo y las características que el Señor Jesús quiso para su Iglesia, “pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.(5) En efecto, a la luz del misterio de Cristo, Pastor y Obispo de las almas (cf. 1 P 2, 25), el Obispo comprenderá cada vez más profundamente el misterio de la Iglesia, en la que la gracia de la consagración episcopal lo ha puesto como maestro, sacerdote y Pastor para guiarla con su misma potestad.

Vicario(6) del “gran Pastor de las ovejas” (Hb 13, 20), el Obispo debe manifestar con su vida y ministerio episcopal la paternidad de Dios; la bondad, la solicitud, la misericordia, la dulzura y la autoridad moral de Cristo, que ha venido para dar la vida y para hacer de todos los hombres una sola familia, reconciliada en el amor del Padre; la perenne vitalidad del Espíritu Santo, que anima la Iglesia y la sostiene en la humana debilidad. Esta índole trinitaria del ser y del obrar del Obispo tiene su raíz en la misma vida de Cristo, que fue toda trinitaria. Él es el Hijo eterno y unigénito del Padre, desde siempre en su seno (cf. Jn 1, 18), y el ungido con Espíritu Santo, enviado al mundo (cf. Mt 11, 27; Jn 15, 26; 16, 13-14).(7)


5 Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 4.

6 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 27.

7 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis, 7.

La misa del domingo

DAME A BEBER EL AGUA DE LA VIDA
DOMINGO III DE CUARESMA – A

15 de marzo de 2020

Éxodo 17,3-7; Romanos 5,1-2.5-8 y Juan 4,5-42

OBSERVACIONES PREVIAS

Haciendo los caminos de la vida estamos caminando por la Cuaresma hacia la Pascua. De una manera parecida al pueblo de Israel, a lo largo de su ‘historia de salvación’ hacemos memoria evocando figuras de caminantes. Esta memoria de Israel es una pauta admirable para guiar también hoy al nuevo pueblo de Dios.

  • Los dos primeros domingos de Cuaresma nos han introducido en la historia de la salvación guiados por las figuras de Adán y de Abraham.
  • En este tercer domingo aparece Moisés y en el cuarto, el rey David.
  • Los dos últimos domingos nos presentan a los profetas: Jeremías e Isaías.

De una manera parecida, el texto del evangelio nos llevó del desierto de la tentación al monte del Señor transfigurado. En los próximos domingos la catequesis evangélica se apoya en tres metáforas importantes para el ser humano: la del agua, la de la luz y la de la vida.

Este domingo se centra en el símbolo, en la metáfora del agua.

PARA REFLEXIONAR

Dame de beber

La petición de Jesús a la samaritana: “Dame de beber”, expresa la pasión de Dios por todo ser humano y anuncia el don del “agua que brota hasta la vida eterna”. Se trata del don del Espíritu, que hace de los cristianos “adoradores verdaderos, capaces de orar al Padre en espíritu y en verdad”. ¡Solo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Solo esta agua, que nos da el Hijo, sacia nuestra sed, “hasta que encontremos descanso en Dios”.

Un diálogo lleno de contrastes

El agua es el punto de partida para un encuentro, en el tiempo, que tiene lugar junto al pozo de Jacob. El presente de la salvación hace referencia al pasado, ya que la esperanza se apoya en el tiempo. Fijado el momento, se camina, desde los prejuicios, al descubrimiento de las personas. El conflicto entre judíos y samaritanos dificulta el encuentro, pero Jesús, como siempre, da el primer paso: “Soy yo, el que habla contigo”.

Luego se inicia el camino de las carencias habituales a la necesidad fundamental. El diálogo es posible cuando se confiesa la propia pobreza. Jesús manifiesta tener sed, y la samaritana pide el agua de que carece. Ambos terminan bebiendo el agua de salvación.

Finalmente, se nos interpela a los cristianos de hoy. La mujer samaritana vive en la periferia de la fe, en los márgenes de la moralidad y en la duda existencial. Pero los títulos que va dando a Jesús señalan que va subiendo los escalones en su fe. Mientras tanto, los discípulos permanecen anclados en el título de “maestro”.

Evangelización y fe

Tras descubrir al Señor, la samaritana lo anuncia a sus vecinos. La reacción de estos es muy digna de tener en cuenta: “Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es el Salvador”.

Evidentemente, aquí el mensaje es más importante que el mensajero. La fe verdadera no se apoya en el carisma del predicador: “Nosotros mismos lo hemos oído”, sino que la fe nace de la escucha fiel de un mensaje transmitido a través de una larga cadena de la que nosotros formamos parte. Porque “sabemos que él es el Salvador”; y, en Juan, “sabemos” equivale con frecuencia a “creemos”.

PARA COMPROMETERSE

Es hora de tomarse en serio nuestra fe, como la “samaritana” que acudía a buscar agua al pozo de Jacob:

  • Se nos exige aceptar a las personas como son para hacer posible el cambio.
  • La fe como un proceso: la samaritana va dando pasos hacia el reconocimiento del Salvador, mientras los discípulos se quedan en “maestro”. Este descubrimiento se transforma en anuncio: la samaritana comunica lo vivido a sus vecinos.
  • “Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos” (L. Bloy). Y podríamos decir también que “hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo” (Papa Francisco, en uno de sus mensajes de Cuaresma).

PARA REZAR

Caminante soy, Señor, siempre en búsqueda
por los caminos de la vida.
Cansado y abatido muchas veces,
hago mi camino entre pruebas, llantos y alegrías,
en búsqueda de un pozo de agua nueva y cristalina.
Y esta búsqueda eterna crea en mí una sed insaciable.

Como la samaritana, he dado contigo sin darme cuenta, harto de babear aguas superficiales y sucias,
y me has llevado, sin darme cuenta, al manantial de la vida.

¡Cuánto tiempo anduve buscándote,
cuánto tiempo perdido en una noche sin aurora!
Y tú, mi Dios, nada de preguntas inquisitorias,
aceptas mi camino, extiendes el mantel de la amistad
y me abres tu casa para que pueda descansar junto a ti. Hoy podría reconocer tu presencia
en medio de la selva o en la infinita soledad del desierto. Porque no te conocía, pero, ahora, ya no puedo vivir sin ti, ¡Señor mío y Dios mío!

Isidro Lozano

La misa del domingo: misa con niños

DOMINGO III de CUARESMA (A)
“Agua de Vida”

15 de marzo de 2020

(El evangelio de hoy y los de los dos próximos domingos eran una preparación inmediata para quienes iban a recibir el bautismo en la Vigilia Pascual: el agua (la samaritana); la luz (el ciego de nacimiento); la vida resucitada (Lázaro). Por lo tanto, se puede dar una cierta unidad a las celebraciones de los tres últimos domingos de Cuaresma.

• Un signo para la celebración: Un recipiente digno con agua. Se puede bendecir o estar ya bendecida.

• Una canción para la celebración: “El agua del Señor” (Kairoi). Para resaltar las palabras del Evangelio: “El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed”).

1.- MOTIVACIÓN

Amigos: Siempre hemos tomado el agua como un elemento que da vida a la naturaleza y a las personas. Jesús nos invitará hoy a experimentar “el agua que da Vida”. No te quedes sin participar. Merece la pena entrar en esta celebración que nos acerca más a las personas y a Jesús. Amigos, vamos a celebrar. Comenzamos cantando.

2.- CANTO DE ENTRADA

3.- SALUDO DEL SACERDOTE

4.- PETICIÓN DE PERDÓN (Hoy se puede cantar éste u otro canto de perdón después de que lo hubiera motivado el sacerdote)

Vengo ante ti, mi Señor,
reconociendo mi culpa,

con la fe puesta en tu amor,
que Tú me das como a un hijo.
Te abro mi corazón,
y te ofrezco mi miseria,

despojado de mis cosas,
quiero llenarme de Ti.

Que tu Espíritu, Señor,
abrase todo mi ser,
hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera,
hazme dócil a tu voz,
transforma mi vida entera.

5.- PRIMERA LECTURA (Éxodo 17, 3-7)
Monición: En esta Lectura que vamos a escuchar se explica cómo el agua que Dios da quita la sed y también la sequía del corazón. Lectura del Libro del Éxodo:

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
– ¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
Clamó Moisés al Señor y dijo:
– ¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.
Respondió el Señor a Moisés:
– Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.
Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

Palabra de Dios

5.- SALMO RESPONSORIAL: “Escucharemos tu voz, Señor”
(Se puede recitar el salmo del día, propuesto en el Leccionario, o cantar una canción apropiada).

6.- EVANGELIO (Juan 4, 5-42) “Si conocieras el don de Dios…”

NARRADOR: Lectura del santo evangelio según san Juan. En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dice:

JESÚS: Dame de beber.

NARRADOR: Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dijo:

SAMARITANA: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?

NARRADOR: Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:

JESÚS: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.

SAMARITANA: Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?

JESUS: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

SAMARITANA: Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.

JESÚS: Créeme, mujer: se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.

NARRADOR: Entonces le dijo la samaritana

SAMARITANA: Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.

NARRADOR: Y Jesús se dio a conocer diciendo

JESÚS: Soy yo, el que habla contigo

NARRADOR: Palabra del Señor.

7.- COMENTARIO

  • El pueblo sediento en el desierto.
  • Dios les da el agua que quita la sed material, pero también les ayuda a “llegar hasta Él”.
  • La sed de la samaritana.
  • La sed de tantas personas de hoy, tantos niños y niñas que “tienen muchas cosas”, pero tienen “sed”.
  • Jesús ayuda a la samaritana a entender que no sólo se trata de quitar la sed material.
  • Él es el agua que da Vida.
  • Los cristianos lo expresamos con el agua del bautismo.

8.- ORACION DE FIELES. PETICIONES

  1. Para que todos los que formamos la Iglesia seamos capaces de llegar hasta la fuente de agua viva, Jesucristo. Roguemos al Señor.
  2. Para que demos a todos el ejemplo de ser personas felices, que viven la vida cristiana y saben ayudar a la gente. Roguemos al Señor.
  3. Para que nadie pase “sed” y hambre en el mundo. Roguemos al Señor.
  4. Para que haya medios sanitarios y la ciencia pueda vencer esta epidemia que sufre la sociedad. Roguemos al Señor.

9.- CANTO EN EL OFERTORIO

El agua del Señor
sanó mi enfermedad,
el agua del Señor Jesús (bis).

El que quiera y tenga sed,
que venga y beba gratis.
El que quiera y tenga sed,
beba el agua de la vida.

El que beba de esta agua jamás tendrá sed.
El que beba de esta agua jamás tendrá sed.

10.- PARA LA VIDA

(Se inculca el compromiso para la semana: “Recordar quién es el Agua que da Vida”).

Iñaki Lete, sdb

Cántaro en Sicar

Cántaro roto
en mil trozos
por los golpes recibidos,
merecidos o fortuitos,
en el juego de la vida…

O por olvidos,
descuidos,
bravatas,
tormentas,
o desvaríos…

O por mi género,
mi cultura,
mi país de origen,
mi pobreza económica,
mi fe o mis ideas libres…

O por manipulaciones
de quienes se erigen en señores,
que me secaron por dentro y fuera
y me dejaron con sed de agua
que no sacian los pozos de mi tierra.

Eso es lo que soy en este momento,
cántaro roto en mil trozos:
samaritana, marginada,
atrapada en los limbos
creados por quienes se creen intérpretes y dueños…

Pero espero, Señor,
que vuelvas a fundirme con tu fuego
y hagas de mí, otra vez, con tu aliento y rocío,
tus manos y tus sueños,
un cántaro de esperanzas y proyectos lleno.

Dame de tu agua viva
para saciar mi sed,
la que me reseca por dentro y fuera;
y lléname hasta desbordar
para que otros puedan florecer.

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes II de Cuaresma

¿Qué nos puede decir hoy a nosotros esta parábola de la viña? Esta dura parábola nació como expresión del agudo conflicto al que había llegado Jesús con los dirigentes de su pueblo. Es como si Jesús viera cercana su muerte hacia la cual lo llevaba la violencia que se apoderó del corazón de los dirigentes de su pueblo. La oferta de Jesús de una sociedad fraterna, solidaria, igualitaria chocaba con los intereses del sistema.

¿Qué ha sucedido? Los líderes de Israel no han cultivado la viña, preparándola para el Mesías. Se han apropiado del pueblo y deciden la muerte de Jesús porque les arrebata el control sobre la gente sencilla. El heredero es asesinado fuera de la viña, como Jesús a las afueras de Jerusalén.

Esta parábola tiene una gran importancia en el conjunto del evangelio. Mateo ha subrayado que al principio la buena noticia se dirige sólo a Israel, para comunicarle que ha llegado el momento de anunciar la salvación a todas las naciones. Pero como el pueblo de la Promesa rechaza esa invitación, Jesús congregará en torno a los doce Apóstoles un nuevo Israel que dé frutos mejores y anuncie a todos los pueblos la salvación.

Hasta aquí podríamos pensar que se trata de una situación que nos desborda, que la parábola es para juzgar aquella época antigua y a sus dirigentes religiosos.

También hoy nos puede acechar la tentación del exclusivismo: la viña es mía.

La historia de José traicionado y vendido por sus hermanos nos hace abrir los ojos de nuestra reflexión: ¿Qué significa para nosotros la palabra fraternidad?, ¿qué apertura tenemos hacia personas de distinta cultura? ¿También nosotros pensamos que los emigrantes que vienen a nuestro país se apoderan de lo que nosotros necesitamos para vivir?

Amigo lector, amiga lectora, buscamos juntos la voluntad de Dios. A través de la Palabra Jesús ilumina nuestra mente y llena nuestro corazón de su Espíritu para que seamos capaces de colaborar en la construcción de una sociedad diferente que prepare la llegada de su Reino.

Ciudad Redonda