Meditación – Sábado II de Cuaresma

Hoy es sábado II de Cuaresma.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 15, 1-3.11-32):

En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola. «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.

»Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

»Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’».

Hoy vemos la misericordia, la nota distintiva de Dios Padre, en el momento en que contemplamos una Humanidad “huérfana”, porque —desmemoriada— no sabe que es hija de Dios. Cronin habla de un hijo que marchó de casa, malgastó dinero, salud, el honor de la familia… cayó en la cárcel. Poco antes de salir en libertad, escribió a su casa: si le perdonaban, que pusieran un pañuelo blanco en el manzano, tocando la vía del tren. Si lo veía, volvería a casa; si no, ya no le verían más. El día que salió, llegando, no se atrevía a mirar… ¿Habría pañuelo? «¡Abre tus ojos!… ¡mira!», le dice un compañero. Y se quedó boquiabierto: en el manzano no había un solo pañuelo blanco, sino centenares; estaba lleno de pañuelos blancos.

Nos recuerda aquel cuadro de Rembrandt en el que se ve cómo el hijo que regresa, desvalido y hambriento, es abrazado por un anciano, con dos manos diferentes: una de padre que le abraza fuerte; la otra de madre, afectuosa y dulce, le acaricia. Dios es padre y madre…

«Padre, he pecado» (cf. Lc 15,21), queremos decir también nosotros, y sentir el abrazo de Dios en el sacramento de la confesión, y participar en la fiesta de la Eucaristía: «Comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida» (Lc 15,23-24). Así, ya que «Dios nos espera —¡cada día!— como aquel padre de la parábola esperaba a su hijo pródigo» (San Josemaría), recorramos el camino con Jesús hacia el encuentro con el Padre, donde todo se aclara: «El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Concilio Vaticano II).

El protagonista es siempre el Padre. Que el desierto de la Cuaresma nos lleve a interiorizar esta llamada a participar en la misericordia divina, ya que la vida es un ir regresando al Padre.

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

Martirologio 14 de marzo

ELOGIOS DEL 14 DE MARZO

1.- Si la lectura tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas se hace después de la oración conclusiva de Laudes o cualquiera de las horas menores.

El lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

2.- Si la lectura no tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas, reunida la asamblea, bien en el coro, bien en capítulo o bien en la mesa, el lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

Los elogios de los santos de cualquier día han de leerse siempre el día precedente.

*El lector hace la mención del día:

Día 14 de marzo

Lectura de los elogios del día

Los elogios de los santos o beatos indicados con asterisco se leen solamente en las diócesis o en las familias religiosas a las que ha sido concedido el culto de ese santo o beato.

1. En Pidna, en Macedonia, san Alejandro, mártir. (c. 390)

2. En Milán, de la Liguria, san Lázaro, obispo. (s. V)

3. En Chartres, en la Galia, san Leobino, obispo. (c. 557)

4. En Quedlinburg, en Sajonia, santa Matilde, esposa fidelísima del rey Enrique I, la cual, conspicua por la humildad y la paciencia, se dedicó a aliviar a los pobres y a fundar hospitales y monasterios. (968)

5*. En la región de Fulda, en Alemania, santa Paulina, religiosa (1107)

6*. En Lieja, en la Lorena, beata Eva del Monte Cornelio, reclusa junto al cenobio de San Martín, que, junto con santa Juliana, priora del mismo cenobio, trabajó mucho para que el papa Urbano IV instituyese la fiesta del Cuerpo de Cristo. (1265)

7*. En Palermo, de Sicilia, en Italia, beato Jacobo Cusmano, presbítero, que fundó el Instituto de Misioneros Siervos y Siervas de los pobres, y se destacó por su caridad hacia los necesitados y enfermos. (1888)

8*. En Roma, junto a San Pablo, en la vía Ostiense, beato Plácido Riccardi, presbítero de la Orden de San Benito, el cual, a pesar de estar afectado por fiebres continuas, enfermedades y parálisis, abrazó incasablemente la observancia de la Regla y la oración. (1915)

El lector concluye diciendo:

Es preciosa a los ojos del Señor.

R./ La muerte de sus santos.

Si la lectura se hace en una hora menor se concluye ahora diciendo “Bendigamos al Señor” y su respuesta acostumbrada o con la conclusión que se encuentra más adelante.

Si la lectura se hace en Laudes o fuera de la Liturgia de las Horas se continúa como se recoge a continuación.

Lectura breve           Is 55, 6-7

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Palabra de Dios

R./ Te alabamos, Señor.

Oración

V/. Santa María y todos los santos intercedan por nosotros ante el Señor, para que obtengamos de él ayuda y salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R./ Amén.

Conclusión

V./ El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Por la misericordia de Dios las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz.

R./ Amén.

V./ Podéis ir en paz.

R./ Demos gracias a Dios.

Liturgia – Sábado II de Cuaresma

SÁBADO DE LA II SEMANA DE CUARESMA

Misa de la feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio Cuaresma.

Leccionario: Vol. II

  • Miq 7, 14-15. 18-20. Arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.
  • Sal 102. El Señor es compasivo y misericordioso.
  • Lc 15, 1-3. 11-32. Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.

Antífona de entrada          Sal 144, 8-9
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, con la confianza de que Dios es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, y que viene a nosotros para acogernos y alegrarnos, porque es bueno con todos y es cariñoso con todas sus criaturas, iniciemos esta celebración pidiendo perdón por todo aquello que nos aparta de Él.

  • Señor, ten misericordia de nosotros.
    • Porque hemos pecado contra Ti.
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia.
    • Y danos tu salvación.

Oración colecta
SEÑOR, Dios nuestro,
que, por medio de los sacramentos,
nos permites, ya en la tierra,
participar de los bienes del cielo,
dirígenos tú mismo en esta la vida,
para que nos lleves
hacia esa luz en la que habitas.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, a Dios Padre, que es compasivo y bueno para con todos y cariñoso con todas sus criaturas.

1.- Para que el Señor, pastor y guía de su pueblo, conduzca a su Iglesia por los caminos de la paz y la reúna en la unidad. Roguemos al Señor.

2.- Para que en la Iglesia no falten nunca celosos evangelizadores que entreguen su vida y su tiempo al anuncio de la Buena Noticia. Roguemos al Señor.

3.- Para que en todos los pueblos, gracias al testimonio de vida evangélica de los cristianos, sean conocidas la bondad y la misericordia de Dios. Roguemos al Señor.

4.- Para que los que viven alejados de Dios a causa del pecado se sientan movidos a volver a él, confiados en su perdón. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros sepamos reconocer nuestras culpas y seamos sinceros en nuestro arrepentimiento y nuestra petición de perdón. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre misericordioso, las súplicas de tus hijos que, arrepentidos de haber pecado contra ti, imploran tu perdón y confían en tu amor entrañable, no nos pagues como merecen nuestras culpas, y ten compasión de todos nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
LLEGUEN hasta nosotros, Señor,
por medio de este sacramento,
los frutos de la redención,
para que nos aparten de los excesos humanos
y nos conduzcan hacia los bienes del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma

Antífona de comunión          Cf. Lc 15, 32
Deberías alegrarte, hijo, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado.

Oración después de la comunión
SEÑOR, que la gracia recibida de tu sacramento
llegue a lo más hondo de nuestro corazón
y nos comunique su fuerza divina.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
ESTÉN abiertos, Señor, los oídos de tu misericordia
a los ruegos de los que te suplican,
y, para que les concedas lo que desean,
haz que pidan lo que a ti te agrada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 14 de marzo

SANTA MATILDE, emperatriz († 968)

Santa Matilde era hija de los condes Teodorico y Reinhilda. Su padre la había colocado desde niña en la abadía de Herford, para que se formase en el temor de Dios y en todos los conocimientos propios de una doncella de la buena sociedad. Allí adquirió una buena educación y cultura.

Enrique “el Pajarero”, duque de Sajonia, tan buen cristiano como buen cazador, era un príncipe ambicioso, con ansias de crear un reino y encontrar una princesa digna de él. Un caballero suyo entró un día en la iglesia de la abadía, y entre las monjas que cantaban vio una doncella cuya hermosura le deslumbró. Estaba arrodillada, el rostro bañado en luz ultraterrena, muy modesta, con el salterio en la mano y absorta en la oración. “Brillaba, dice puntualmente el cronista, con el fulgor nevado de las azucenas, y al mismo tiempo tenía el color encendido de las más puras rosas”.

El caballero contó al duque su descubrimiento, afirmando que en todo el mundo no había tan bella y tan linda mujer. El duque se vistió de sus mejores galas y se presentó ante la venerable abadesa, abuela paterna de Matilde, para que le hablase de la hermosa doncella, de su virtud, de su linaje, de sus cualidades. La abadesa dio cumplida satisfacción a sus deseos.

Enrique quedó arrebatado ante la modestia y belleza de Matilde. Pero la belleza fue en ella lo de menos, con ser tan excelsa. A través de aquellos encantos, que al principio deslumbraron sus ojos, vio Enrique en su alma el tesoro de la virtud más abnegada y de las más alta prudencia.

Se celebraron solemnemente los esponsales. Por ellos se convirtió Matilde, primero en duquesa de Sajonia, luego en reina y emperatriz de Germania, y madre de Otón I el Grande, restaurador del Imperio Romano.

Los hombres pueden hacer mal uso de la belleza. Pero Dios es la suprema Belleza, y puede servirse de ella para sus altos designios. Enrique se sintió atraído por la belleza de Matilde, y la virtuosa y bella Matilde tuvo sobre Enrique una influencia bienhechora.

Ella fue su mejor guía y consejero. En sus victorias, Matilde ponía el contrapeso de su dulzura y moderación; en sus pesares, ella le daba ánimos para seguir adelante. La joven princesa perfumaba toda la corte con sus virtudes y su dulzura inefable. Dedicaba mucho tiempo a la oración y su mayor consuelo era socorrer a los pobres, que la llamaban madre.

Matilde y Enrique eran un solo corazón. “En ambos, dice el biógrafo, reinaba el mismo amor a Cristo, una misma unión para el bien, una voluntad igual para la virtud, la misma compasión para los súbditos. La rivalidad y algún recelo de sus hijos le hizo sufrir, pero se arregló bien.

Un día el Papa llamó a Otón a Roma, puso en sus sienes la corona de Carlomagno y lo nombró emperador de Occidente. Matilde, cumplida su misión, volvió a la abadía, y con un breviario sobre sus rodillas, cantaba los salmos de David, lo mismo que en los años añorados de su juventud.

Volvía a ser dichosa otra vez en su querida abadía, y entre salmos e incienso, los ángeles se la llevaban al paraíso mientras entonaban el Gloria. Era el 14 de marzo del año del Señor 968, Sábado de Gloria.

 

Otros Santos de hoy: León, Eutiquio, Pedro, Afrodisio, Arnaldo.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Sábado II de Cuaresma

LAUDES

SÁBADO II CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Dame tu mano, María,
la de las toscas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel,
te saludó: «Ave, María»?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa,
a ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.
A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María. Amén.

SALMO 91: ALABANZA DEL DIOS CREADOR

Ant. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

CÁNTICO del DEUTERONOMIO: BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO

Ant. Dad gloria a nuestro Dios.

Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destilo como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como orvallo sobre el césped.

Voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a Dios nuestro.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu pobre, y te lo contará,
a tus ancianos, y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con él.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dad gloria a nuestro Dios.

SALMO 8: MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE

Ant. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

LECTURA: Is 1, 16-18

«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos —dice el Señor—. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sea rojos como escarlata, quedarán como lana.»

RESPONSORIO BREVE

R/ Él me librará de la red del cazador.
V/ Él me librará de la red del cazador.

R/ Me cubrirá con sus plumas.
V/ Él me librará

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Él me librará de la red del cazador.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.

PRECES

Demos gracias, siempre y en todo lugar, a Cristo, nuestro Salvador, y supliquémosle, diciendo:

Ayúdanos, Señor, con tu gracia.

Concédenos guardar sin mancha nuestros cuerpos,
— para que el Espíritu Santo pueda habitar en ellos.

Desde el comienzo del día acrecienta en nosotros el amor a nuestros hermanos
— y el deseo de cumplir tu voluntad durante toda la jornada.

Danos hambre del alimento que perdura y da vida eterna,
— y que tú diariamente nos proporcionas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Que tu Madre, refugio de pecadores, interceda por nosotros,
— para que obtengamos el perdón de nuestros pecados.

Con la misma confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, que, por medio de los sacramentos, nos permites participar de los bienes de tu reino ya en nuestra vida mortal, dirígenos tú mismo en el camino de la vida, para que lleguemos a alcanzar la luz en la que habitas con tus santos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.