I Vísperas – San José, esposo de la Virgen María

I VÍSPERAS

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA, Solemnidad

Fiesta de gran tradición en los calendarios litúrgicos

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Porque fue varón justo,
le amó el Señor,
y dio el ciento por uno
su labor.

Humilde magisterio
bajó el que Dios aprende:
¡Que diga, si lo entiende,
quien sepa de misterio!
Si Dios es cautiverio
se queda en aprendiz,
¡aprende aquí la casa de David!

Sencillo, sin historia,
de espalda a los laureles,
escalas los niveles
más altos de la gloria.
¡Qué asombroso, hacer memoria,
y hallarle a tu ascensión
tu hogar, tu oficio y Dios con razón!

Y, pues que el mundo entero
te mira y se pregunta,
di tú como se junta
ser santo y carpintero,
la gloria y el madero,
la gracia y el afán,
tener propicio a Dios y escaso el pan.

SALMO 112: ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Ant. Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

SALMO 145

Ant. El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuando hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. María, la madre de Jesús, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. María, la madre de Jesús, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

LECTURA: Col 3, 23-24

Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid al Señor.

RESPONSORIO BREVE

R/ El justo germinará como una azucena.
V/ El justo germinará como una azucena.

R/ Y florecerá eternamente ante el Señor.
V/ Como una azucena.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El justo germinará como una azucena.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.

PRECES

Invoquemos a Dios, el Padre de quien toma nombre toda familia en el cielo y la tierra, diciéndole:

Padre nuestro, que estás en los cielos, escúchanos.

Padre santo, que revelaste al justo José el misterio de Cristo, mantenido en secreto durante siglos eternos,
— haz que conozcamos mejor a tu Hijo, Dios y hombre.

Padre celestial, que alimentas a las aves del cielo y engalanas la hierba del campo,
— da a todos los hombres el pan de cada día y el pan espiritual.

Creador de todas las cosas, que nos has encomendado tu obra,
— concede a los trabajadores disfrutar dignamente del fruto de su trabajo.

Dios de toda justicia, que quieres que los hombres sean santos,
— haz que, por la intercesión de san José, recorramos nuestro camino tratando de complacerte.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede propicio a los moribundos y difuntos, por medio de tu Hijo, con María, su madre, y san José,
— alcanzar tu misericordia.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José, haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles III de Cuaresma

1) Oración inicial

Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias y perseveremos unidos en la plegaria. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 5,17-19

«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.»

3) Reflexión

• El Evangelio de hoy (Mt 5,17-19) enseña como observar la ley de Dios de manera que su práctica muestre en qué consiste el pleno cumplimiento de la ley (Mt 5,17-19). Mateo escribe para ayudar las comunidades de judíos convertidos a superar las críticas de los hermanos de raza que los acusaban diciendo: “Ustedes son infieles a la Ley de Moisés”. Jesús mismo había sido acusado de infidelidad a la ley de Dios. Mateo trae la respuesta esclarecedora de Jesús a los que lo acusaban. Así nos da una luz para ayudar las comunidades a resolver su problema.

• Usando imágenes de la vida cotidiana, con palabras sencillas y directas, Jesús había dicho que la misión de la comunidad, su razón de ser, es ser sal y luz. Había dado algunos consejos respecto de cada una de las imágenes. A continuación vienen los tres breves versículos del Evangelio de hoy.

• Mateo 5,17-18: Ni una tilde de la ley dejará de ser vigente. Había varias tendencias en las comunidades de los primeros cristianos. Unas pensaban que no era necesario observar las leyes del Antiguo Testamento, pues es la fe en Jesús lo que nos salva y no la observancia de la Ley (Rm 3,21-26). Otros aceptaban a Jesús como Mesías, pero no aceptaban la libertad del Espíritu con que algunas comunidades vivían la presencia de Jesús resucitado. Pensaban que ellos, siendo judíos, debían continuar observando las leyes del AT (Hec 15,1.5). Había además cristianos que vivían tan plenamente en la libertad del Espíritu, que habían dejado de mirar la vida de Jesús de Nazaret o el AT y que llegaban a decir: “¡Anatema Jesús!” (1Cor 12,3). Ante estas tensiones, Mateo procura un equilibrio más allá de los dos extremos. La comunidad ha de ser un espacio, donde este equilibrio pueda ser alcanzado y vivido. La respuesta dada por Jesús a los que lo criticaban seguía bien actual para las comunidades: “¡No he venido a abolir la ley, sino a darle pleno cumplimiento!”. Las comunidades no podían estar contra la Ley, ni podían encerrarse en la observancia de la ley. Al igual que Jesús, debían dar un paso y mostrar, en la práctica, cuál es el objetivo que la ley quiere alcanzar en la vida de las personas, a saber, en la práctica perfecta del amor.

• Mateo 5,17-18: Ni una tilde de la ley dejará de ser vigente Y a los que querían deshacerse de toda la ley, Mateo recuerda otra palabra de Jesús: “Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos”. La gran inquietud del Evangelio de Mateo es mostrar que el AT, Jesús de Nazaret y la vida en el Espíritu Santo, no pueden separarse. Los tres forman parte del mismo y único proyecto de Dios y nos comunican la certeza central de la fe: el Dios de Abrahán y Sara está presente en medio de las comunidades por la fe en Jesús de Nazaret que nos manda su Espíritu.

4) Para la reflexión personal

• ¿Cómo veo y vivo la ley de Dios: cómo horizonte de libertad creciente o cómo imposición que delimita mi libertad?
• Y ¿qué podemos hacer hoy para los hermanos y las hermanas que consideran toda esta discusión como superada y sin actualidad? ¿Qué podemos aprender de ellos?

5) Oración final

¡Celebra a Yahvé, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!,
que refuerza los cerrojos de tus puertas
y bendice en tu interior a tus hijos. (Sal 147,12-13)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 21-23

21Y entonces, si alguien os dijera: ‘Mirad, aquí [está] el Cristo; mirad, allí’, no lo creáis;

22porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y darán signos y prodigios para extraviar, si fuera posible, a los elegidos.

23Pero vosotros mirad, os he predicho todas las cosas.

En el pasaje anterior Jesús advirtió sobre un futuro periodo de tribulación más catastrófico que cualquier otro que la tierra hubiera experimentado. Sin embargo, señaló también que estas angustias serían paradójicamente un signo bueno, ya que indicarían que Dios estaba a punto de salvar a su pueblo elegido terminando su aflicción; según 13,27 lo hará enviando a Jesús para reunir a los elegidos en su reinado. Nuestro pasaje, sin embargo, advierte de que este tipo de esperanza escatológica puede ser engañosa: el tiempo final producirá también falsos mesías y profetas quienes, en vez de congregar al pueblo de Dios, lo pervertirán con signos engañosos.

Como el pasaje anterior, este alterna la profecía (13,21ab.22) con la exhortación (13,21c.23).

• 13,21-23: En este tiempo de penalidades, Jesús predice que surgirán falsos mesías y falsos profetas. La naturaleza insustancial de las esperanzas suscitadas por estas figuras queda ya sugerida por el hecho de que la primera referencia a ellas menciona meros rumores de su advenimiento («Si alguien os dijera…») y por el cambiante lugar de su supuesta aparición («Mirad, aquí… mirad, allá»). Hay así un paralelo al comienzo del discurso escatológico, en el que Jesús hablaba de rumores (13,7) y de que habría embaucadores que pretenderían ser él (13,6). Sin embargo, hay también una progresión: si los embaucadores en 13,6 afirmaban ser Jesús, reconociendo así implícitamente su supremacía, los embaucadores presentes afirman ser por derecho propio el mesías o un profeta. Además, si los embaucadores anteriores engañaban simplemente a «muchos», estos estarán cerca de engatusar a todos (13,22).

Estos «cristos y profetas falsos» engañan a la gente mediante «signos y prodigios», una expresión del AT especialmente vinculada a Moisés, pero un «signo» o un «prodigio» tiene una valencia negativa en el pasaje clásico sobre «el falso profeta»: Dt 13,1-3.

Para Marcos, tales mesías y profetas falsos eran un signo del tiempo final. Irónicamente, pues, una parte de la respuesta a la pregunta de los discípulos en 13,4 sobre los «signos» del final es que cristos y profetas falsos realizarían «signos y prodigios» que engañarían a los elegidos. Puesto que se esperaba que el final fuera un tiempo de sufrimiento sin precedentes, también se suponía que podría ser de un engaño sin par. Las palabras clave de nuestro pasaje («profetas falsos», «signos», «pervierten», «elegidos») aparecen una y otra vez en la literatura apocalíptica judía y cristiana. Aunque Marcos no sea tan explícito como otros textos apocalípticos sobre la dimensión demoníaca en la actividad engañosa de los falsos mesías y profetas, comparte probablemente esta idea con ellos. La voz pasiva de egerthésontai (literalmente, «serán levantados» = «surgirán») es probablemente una expresión con doble sentido. Por una parte, su vinculación con la oración final «para extraviar… a los elegidos» (Mc 13,22) sugiere que los cristos y profetas falsos no son actores autónomos, sino agentes «del padre de la mentira» (cf. Jn 8,44), «que engaña al mundo entero» (Ap 12,9), es decir, el Diablo. Por otra parte, sin embargo, egerthésontai funciona como un «pasivo divino» que supone que el actor último es Dios y asegura a la comunidad marcana que incluso el engaño que asalta a algunos de sus miembros no significa que se han escapado de la mano de Dios.

La frase «si fuera posible», que aparece más tarde en el mismo versículo (13,22b), refuerza el mensaje de la superintendencia divina. En el contexto global de Marcos, esta frase presagia 14,35, donde Jesús pregunta «si es posible» que pase de él ese cáliz.

La mención de los «elegidos» de Dios al final de 13,22 conduce al versículo conclusivo del pasaje, en el que se acentúa el sujeto de la frase: «Pero vosotros mirad» (13,23a). Este hincapié ayuda a causar la impresión de que los cuatro discípulos a los que Jesús se dirige, así como los lectores marcanos en general, están entre la élite: «Mirad y prestad atención a lo que ha sido dicho en los versículos 14-20 (y 22) sobre los elegidos». El mensaje, pues, es de doble filo: prestad atención, porque vuestro estado como elegidos de Dios no os aparta del reino de la oposición demoníaca (cf. 8,17-18; 1Cor 10,12). Al mismo tiempo, sin embargo, levantad vuestras cabezas, porque sois los elegidos de Dios, y podéis descansar seguros de que Él, en última instancia, os liberará de ese reinado engañoso.

Comentario – Miércoles III de Cuaresma

Jesús había tenido actitudes transgresoras ante determinadas leyes como la del descanso sabático o las relativas a la pureza ritual o al ayuno. Tampoco evitó contactos “peligrosos” con publicanos y pecadores o con paganos como el centurión de Cafarnaúm. De hecho fue acusado por letrados y fariseos de falta de respeto a la tradición de los mayores y de expresa inobservancia de la ley judaica. Además, había contrapuesto “lo dicho a los antiguos” a “lo dicho por él”. No es extraño, por tanto, que le presentasen como un reformista intolerable del judaísmo o como alguien que había venido a destruir la Ley. Pero la Ley era sagrada para un judío.

Las palabras de Jesús en este pasaje evangélico suenan a autodefensa; al mismo tiempo quieren ser una explicación de su actitud ante la Ley destinada a sus discípulos, también judíos: No creáis que he venido a abolir la Ley o los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Se declara, pues, plenificador de la Ley, no destructor de la misma: aquel que ha venido a llevar a su perfección tanto la Ley (=Pentateuco) como los Profetas. Aquí hay una labor que consiste en conducir a su perfección algo (ley, profetas, revelación) que es imperfecto o sacar a la luz toda la potencia o virtualidad que se esconde en un mandamiento. Jesucristo no es un marcionita que reniegue de su tradición, del Antiguo Testamento; pero entiende que con él llega la plenitud de la revelación que tiene sus fases y sus intensidades. Por eso puede decir: habéis oído que se dijo… pero yo os digohabéis oído que se dijo: no cometerás adulteriopero yo os digo: aquel que mira a una mujer deseándola en su interior ya ha cometido adulterio con ella.

En este pasaje no observamos ninguna anulación o rebajación del precepto; sino más bien una radicalización del mismo, puesto que es llevado hasta el interior de la persona, hasta el ámbito de sus intenciones, pensamientos y deseos. Es como sacar del mandamiento toda su virtualidad, o toda su verdad. Para no cometer adulterio no basta con no llevar a cabo una acción adulterina; es necesario abstenerse del pensamiento y del deseo del mismo. Aquí hay evidentemente una radicalización de la ley. Lo mismo sucede con el antiguo mandamiento del “amor al prójimo”, que Jesús lleva hasta el “amor al enemigo” que debe ser apreciado también como prójimo, es decir, que debemos incluir en la categoría de “prójimo”.

También aquí hay un llevar a plenitud el concepto de prójimo. Dar o llevar a plenitud es, sin duda, poner al descubierto toda su verdad: la verdad del judaísmo, la verdad del Antiguo Testamento, la verdad de la revelación, la verdad de la Ley, la verdad de los profetas, la verdad de los mandamientos de la Ley de Dios, la verdad del Sábado, la verdad de la pureza interior, la verdad del ayuno y las observancias cuaresmales, la verdad del corazón del hombre. Y cuando Jesús se muestra contrario a ciertas tradiciones y observancias (legales) judías -ciertos modos de practicar el Sábado, la pureza ritual o el ayuno-, lo hace para rescatar la verdad de las mismas recubierta por las hipocresías y falsas justificaciones construidas por los hombres para aparecer como justos.

Jesucristo declara, por tanto, no haber venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles plenitud. Y añade para subrayar más esta aseveración: Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. Se trata de una afirmación que revaloriza enormemente la ley, dándole una consistencia y un rango divinos: antes pasarán el cielo y la tierra que la ley. Además, no dejará de cumplirse hasta en sus últimos detalles. Jesús le confiere un rango similar al que tiene la Escritura sagrada, de la cual no se puede tocar –a riesgo de profanar- ni una letra, ni una tilde. Y prosigue: El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos.

Entre los preceptos de la Ley, los hay más y menos importantes. Pues bien, Jesús parece mostrar aprecio incluso por los de menor importancia, pues quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos. Y tiene su explicación: el amor también repara en los detalles y tiene muy en cuenta las cuestiones menores; porque en el amor hay delicadeza y la delicadeza presta atención a esos detalles tan presentes en las relaciones humanas sostenidas por la savia del amor. La obediencia amorosa también se aplica a las acciones menos notorias, más escondidas. Es un obsequio del entendimiento y una adhesión de la voluntad a una autoridad reconocida como tal a cuyo criterio y orientación uno está dispuesto a someter su vida hasta en las cuestiones más nimias e intranscendentes. También aquí hay delicadeza y deseo de no disgustar o de no ofender. Sí, también los preceptos menos importantes tienen su importancia para el que ama a Aquel de quien proceden y para el que reconoce en ellos una expresión más de su bondad. El cumplimiento (amoroso) de tales preceptos engrandece de tal manera al que los cumple que le hará grande en el Reino de los cielos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

6. La Iglesia Sacramento de salvación.

La Iglesia es sacramento de salvación en cuanto que, por medio de su visibilidad, Cristo está presente entre los hombres y continúa su misión, donando a los fieles su Espíritu Santo. El cuerpo de la Iglesia se distingue de todas las sociedades humanas; en efecto, ella no se sostiene sobre las capacidades personales de sus miembros, sino sobre su íntima unión con Cristo, de quien recibe y comunica a los hombres la vida y la energía. La Iglesia no sólo significa la íntima unión con Dios y la unidad de todo el género humano, sino que es su signo eficaz y, por ello, sacramento de salvación.(19)


19 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 1.

Comentario Domingo IV de Cuaresma

Oración preparatoria

Somos ciegos, Señor. Nos cuesta reconocer nuestra propia realidad, la realidad de los demás, hallar nuestro camino en la vida.

Abre los ojos de nuestro corazón para conocerte como luz de todo corazón y de toda vida; para saber que nos quieres abiertos a la verdad de tu amor, a las personas que nos rodean, al misterio que nos habita por dentro, y muéstranos lo que hay de verdad y de mentira, de autenticidad y de falsedad en nuestro corazón, para que andemos en tu verdad y en tu amor.

 

Jn 9, 1-41

«1Y, al pasar, [Jesús] vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos diciendo: “Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”. 3Respondió Jesús: “Ni él pecó ni sus padres; sino que es para que sean manifestadas las obras de Dios en él. 4Es necesario que nosotros hagamos las obras del que me ha enviado mientras es de día; viene la noche, cuando nadie puede hacer. 5Mientras esté en el mundo, soy luz del mundo”. 6Dicho esto, escupió en tierra e hizo barro con la saliva, y le untó el barro en los ojos 7y le dijo: “Vete a lavarte en la piscina de Siloé (que quiere decir ‘Enviado’)’. Así que fue y se lavó, y volvió viendo. 8Así que los vecinos y los que lo veían antes, pues era mendigo, decían: “¿No es este el que se sentaba para mendigar?”. 9Unos decían que era él; otros decían: “No, sino que es uno parecido”. Él decía: “Soy yo”. 10Así que le decían: “¿Cómo te han sido abiertos los ojos?”. 11Respondió él: “El hombre llamado Jesús hizo barro y me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate’. Así que fui y después de haberme lavado vi”.

12Y le dijeron: “¿Dónde está ese?”. Dice: “No sé”. 13Lo llevan a los fariseos al que era ciego. 14Pero era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. 15Así que, de nuevo, le preguntaron también los fariseos cómo había vuelto a ver. Pero él les dijo: “Me puso barro sobre los ojos y me lavé y veo”. 16Así que algunos fariseos decían: “Este hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros decían: “¿Cómo puede un hombre pecador hacer semejantes signos?”. Y había disensión entre ellos.

17Así que le dicen de nuevo al ciego: “Tú, ¿qué dices de él, que te ha abierto los ojos?”. Pero él dijo: “Es un profeta”.

18Así que no creyeron los judíos que aquel, que era ciego, había vuelto a ver, hasta que llamaron a sus padres del que había vuelto a ver 19y les preguntaron: “¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Así que cómo ahora ve?”.

20Así que respondieron sus padres y dijeron: “Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. 21Pero cómo ve ahora, no sabemos, ni quién le abrió sus ojos, nosotros no sabemos. Preguntadle, edad tiene; él hablará de sí mismo”. 22Sus padres decían esto porque tenían miedo a los judíos, porque los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le confesaba como Cristo, quedaba excluido de la sinagoga. 23Por eso sus padres dijeron: “Edad tiene, preguntádselo a él”.

24Así que llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador”. 25Así que él respondió: “Si es pecador, no sé; solo sé una cosa, que siendo ciego ahora veo”. 26Así que le dijeron: “¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?”. 27Les respondió: “Os lo he dicho ya, y no habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo de nuevo? ¿Acaso queréis también vosotros haceros discípulos suyos?”. 28Y le llenaron de injurias y dijeron: “Tú eres discípulo de ese; pero nosotros somos discípulos de Moisés. 29Nosotros sabemos que a Moisés le ha hablado Dios, pero ese no sabemos de dónde es”.

30El hombre respondió y les dijo: “Eso es lo extraño: que vosotros no sabéis de dónde es y que me abrió los ojos. 31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas si uno es religioso y hace su voluntad, a ese le escucha. 32Jamás se ha escuchado que alguno haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33Si este no fuera de Dios, no podría hacer nada”. 34Respondieron y le dijeron: “Tú has nacido todo entero en pecados ¿y tú nos ense- ñas?”. Y le echaron fuera.

35Oyó Jesús que le habían echado fuera y, encontrándolo, dijo: “¿Tú crees en el Hijo del hom- bre?”. 36Él respondió y dijo: “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?”. 37Jesús le dijo: “Lo has visto: el que está hablando contigo, ese es”. 38Pero él dijo: “Creo, Señor”. Y se postró ante él.

39Y dijo Jesús: “Para un juicio yo vine a este mundo; para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos”.

40Oyeron esto algunos fariseos que estaban con él y le dijeron: “¿Es que también nosotros somos ciegos?”.

41Jesús les dijo: “Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero como ahora decís ‘vemos’, vuestro pecado permanece”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Desde el capítulo 7 comienza una nueva sección del evangelio de Juan con motivo de la fiesta de las Tiendas. Jesús sube de nuevo a Jerusalén y ofrece diversas enseñanzas, sobre todo relacionadas con el Cristo (7,1-53). Después viene el breve episodio del encuentro de Jesús con la mujer adúltera, de claro sabor sinóptico (8,1-11); una larga controversia con los fariseos a cuenta del testimonio que da Jesús de sí mismo (8,12-30) y otra más, áspera y amarga, con los “judíos que habían creído en él” (¡!) (8,31-59). Está en juego el reconocimiento de la identidad de Jesús. Y, con el signo del ciego de nacimiento curado, dicha identidad se hace más diáfana. Es el largo y profundo evangelio de hoy (9,1-41). Después llegará el discurso del buen pastor (10,1-21) que pone fin a la sección.

 

TEXTO

El evangelio de hoy es un cuidado relato en siete momentos, que va progresando en cada uno de ellos hacia el reconocimiento de Jesús como mesías y el desenmascaramiento del pecado de los fariseos. Es el ciego de nacimiento el que marca, con sus palabras, dicho progreso temático del texto. Del “no sé” (v. 12), pasa al “es un profeta” (v. 16), después al “si este no fuera de Dios, no podría hacer nada” (v. 33), y finalmente al “creo, Señor” (v. 38). El tema del “pecado” abre y cierra la composición (vv. 2-3 y 41). Hilos conductores del relato son el tema del “preguntar” y el tema del “saber/no saber”.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Primer momento (vv. 1-7): Jesús ve en el ciego, no a un pecador castigado por Dios, como los discípulos, ni a un mendigo, como los vecinos, sino a una persona necesitada de salvación. Jesús centra su atención en las necesidades de las personas y las ve como oportunidad para que se manifieste la salvación de Dios. Jesús se sabe enviado a salvar. E incluye a sus discípulos en la tarea de “curar cegueras” y hacer las obras del Padre. En la curación hay dos elementos importantes: el barro que Jesús hace con su saliva y con tierra, y el agua de la piscina del Enviado. El barro recuerda la creación de Adán (Gn 2,7). Cuando Jesús cura al ciego, recrea su vida. Y luego le envía a lavarse en “el Enviado”, es decir, a sumergirse en Jesús, que es el enviado del Padre. El relato del ciego puede enten- derse como una catequesis bautismal. En el bautismo recibimos la Luz y la nueva Vida de hijos de Dios.

• Segundo momento (vv. 8-12): Los vecinos, como los discípulos, tampoco saben ver como ve Jesús. También están “ciegos”. El interrogatorio de los vecinos hace que el ciego nos diga lo que, al comienzo, piensa sobre Jesús: es un simple hombre. No sabe dónde vive.

La fe es un proceso. Nadie comienza teniendo una fe plena. La fe la va dando Dios poco a poco.

• Tercer momento (vv. 13-17): Entran en escena los fariseos. Su gran preocupación no es la salvación de las personas, sino la observancia de la ley. Son incapaces de alegrarse de que alguien que estaba enfermo desde su nacimiento ahora pueda tener una vida diferente. Ahora el ciego confiesa a Jesús como profeta. Esa confesión ya la había hecho la samaritana (Jn 4,19).

• Cuarto momento (vv. 18-23):Los padres del ciego tienen miedo de confesar a Jesús como Mesías. No son los únicos: José de Arimatea (Jn 19,38). En el trasfondo de esto se encuentra la situación de expulsión de la sinagoga que sufrieron los judeocristianos del s. I.

• Quinto momento (vv. 24-34): La nueva discusión del ciego con los fariseos termina con su expulsión de la sinagoga, una institución religiosa que se revela en Juan como caduca, vacía e incapaz de dar vida. Los fariseos se obstinan en su falsa idea de Dios y en su arrogancia religiosa (“nosotros sabemos”, “nosotros somos discípulos de Abrahán”; cf. Jn 8,39). El ciego, en cambio, no habla de teorías ni de teologías; habla desde la vida: solo sabe que antes era ciego y ahora ve. Y eso tan bueno es imposible que lo haya hecho un pecador. Así que confiesa indirectamente: Jesús es (viene) de Dios.

• Sexto momento (vv. 35-38): El ciego se encuentra cara a cara con Jesús, lo confiesa abiertamente (“Creo, Señor”) y lo adora. Hemos podido contemplar la evolución del ciego hacia la fe, hasta llegar a la confesión plena de Jesús, expresada en siete títulos: el hombre (v. 11); Jesús (v. 11); profeta (v. 17); Cristo (v. 22); Hijo del hombre (v. 35); Revelador (“el que habla contigo”, v. 37); y Señor (v. 38).

• Séptimo momento (vv. 39-41): El juicio de Jesús pone de manifiesto que la verdadera ceguera es la de aquellos que creen ver pero rechazan la luz. Su juicio está “en que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (Jn 3,19). La obstinación en su incredulidad es su ceguera y su pecado.

• ¿Te sientes, como el ciego, necesitado de luz y de salvación? ¿Cuándo? ¿En qué circunstancias? ¿Compartes, de algún modo, la ceguera de los discípulos (llenos de prejuicios religiosos), de los vecinos (superficiales en su modo de mirar), de los padres (miedosos para confesar a Jesús), de los fariseos (duros de corazón e incapaces de sentir misericordia)?

• ¿Cómo es tu mirada sobre los que te rodean y sobre el mundo? ¿Positiva, esperanzada, solidaria, compasiva…? ¿Cómo es tu fe? ¿Sientes que va creciendo? ¿Sientes que tu relación con Jesús es cada vez más íntima? Si se presenta la ocasión, ¿confiesas abiertamente tu fe?

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo IV de Cuaresma

IV Domingo de Cuaresma
22 marzo 2020

1 Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a; Salmo 22; Efesios 5, 8-14; Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

Jesús cura a un ciego.

En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista. Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera. Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.

Reflexión
¿Qué pensaba la gente sobre una persona que había nacido ciega? Se pensaba que un ciego era un gran pecador desde su nacimiento, o que había nacido ciego por los pecados de sus padres. Este evangelio habla de que Jesús, se conmueve al ver a un ciego mendigando, y toma la iniciativa de sanarlo. Siente misericordia de él, unta lodo en los ojos del ciego y le pide que vaya a lavarse a la piscina de Siloé. ¿Por qué lo envía a esta piscina? Siloé significa “enviado”. Esta piscina era alimentada con el agua que se enviaba desde un manantial llamado Gihón. Así como Jesús era el Hijo enviado por el Padre para mostrar al mundo las obras de Dios, este ciego era el enviado ahora por El Hijo a lavarse en el Siloé para que experimentara una de esas obras maravillosas. Más tarde, El ciego fue llevado ante los fariseos (hombres hipócritas que sólo se interesaban en el cumplimiento de la Ley de Dios). ¿Qué actitud tuvieron los fariseos ante este milagro? Lejos de alegrarse, estaban molestos porque Jesús había sanado al ciego un día sábado. Pensaban que era un pecado, aún si era el ayudar al necesitado. Luego le preguntaron que quién era el que le había sanado y el ciego respondió, que era un profeta. Y fue expulsado del Templo. Luego, cuando Jesús lo encuentra, lo recibe y le invita a que crea en el Hijo de Dios. Cuando el ciego se muestra dispuesto a estar a su lado, Jesús se revela a Si mismo diciendo “pues le has visto, y el que habla contigo, ése es”. Con estas palabras de Jesús, el hombre se postró y le adoró.

Actividad

Colorea la siguiente página relacionada con este evangelio y completa el crucigrama.

Oración

Jesús, Tú eres la Luz del mundo, eres quien nos da la visión para que a través de Ti y la fe, alcancemos la salvación.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Curación del ciego de nacimiento – Juan 9, 1-41

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Jesús escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: -Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). El fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: -¿No es ése el que se sentaba a pedir? Unos decían: – El mismo Otros decían: No es él, pero se le parece. El respondía: -Soy yo. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado el día que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos.) También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. El les contestó: -Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los fariseos comentaban: -Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado. Otros replicaban: -¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: -Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos? El contestó: -Que es un profeta Le replicaron: -Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros? Y lo expulsaron. Oyo Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: -¿Crees tú en el Hijo del hombre? El contestó: – ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: -Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es. El dijo: -Creo, Señor. Y se postró ante él.

Explicación

En una ocasión Jesús se topó con un ciego de nacimiento. Jesús hizo barro se lo untó en los ojos y le mandó lavarse. El fue y volvió viendo. También en nuestro bautismo nos lavaron los ojos del alma para poder ver a Jesús y para creer en él. Por el bautismo tenemos la luz que nos ilumina en nuestro camino.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – “A”(Jn. 9, 1-41)

NARRADOR: En aquel tiempo, al pasar Jesús vio un hombre ciego de nacimiento, que pedía limosna.

CIEGO: ¡Una limosna para este pobre ciego de nacimiento! ¡Por piedad, una limosna!

DISCÍPULO: Maestro ¿quién pecó, éste o sus padres para que naciera ciego?

JESÚS: Ni pecó éste ni sus padres. Es ciego para que todos sepan que to soy la luz del mundo.

NARRADOR: Jesús llega hasta el ciego, se inclina, escupió en la tierra, hizo barro y se lo puso en los ojos.

JESÚS: Amigo, ve a lavarte a la piscina de Siloé.

DISCÍPULO: Maestro ¿en quién confía el ciego para obedecerte? ¿En ti o en la medicina?

JESÚS: Ha confiado en mí, eso le curará. Vámonos, que nos esperan.

NARRADOR: El ciego fue, se lavó y volvió con vista.

CIEGO: ¡Veo…! ¡Veo…! ¡Veo…! ¡Veo…!

NARRADOR: Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

VECINO: ¿Es ése el que se sentaba a pedir? Se le parece mucho.

CIEGO: ¡Sí, sí, sí… soy yo!

VECINO: ¿Y cómo es que ahora ves?

CIEGO: Ese hombre al que llaman Jesús, hizo barro, me lo puso en los ojos, dijo que fuera a Siloé a lavarme, me lavé, y ya veo.

VECINO: ¿Dónde está él?

CIEGO: No lo sé.

NARRADOR: Los vecinos llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.

VECINO: Sacerdotes, Fariseos, hoy es sábado y un tal Jesús ha curado a este ciego de nacimiento.

SACERDOTE: ¿Cómo ha sucedido?

CIEGO: Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.

SACERDOTE: Si viniera de Dios guardaría el sábado. Todo el que diga que Jesús es el Mesías, será expulsado de la sinagoga ¿Y tú, ciego, que piensas de él?

CIEGO: Seguro que es un Profeta.

NARRADOR: El enfado de los sacerdotes iba a más. Veían que más y más gente creían en Él

SACERDOTE: Éste nos toma el pelo. ¡Llamad a sus padres!

PADRES: Sabemos que es nuestros hijo, y que nació ciego… Pero no sabemos quién le ha curado y por qué. Preguntádselo a él. ¡Ya es mayorcito!

SACERDOTE: Tú, ¡contesta! ¿Por qué ves ahora? Confiesa que Jesús es un pecador.

CIEGO: Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé que era ciego y ahora veo.

SACERDOTE: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

CIEGO: Os lo he dicho ya. ¿Es que queréis ser discípulos suyos?

SACERDOTE: ¡Eso lo serás tú! Nosotros somos discípulos de Moisés. A Moisés le habló Dios. Pero éste… ¿de dónde viene?

CIEGO: Vosotros decís que Dios no escucha a los malos, sino a los buenos. Si Jesús no viniera de Dios… ¡No podría hacer milagros!

SACERDOTE: Te crees muy listo, y estás lleno de pecado. ¡Fuera de la Sinagoga, fuera! ¡Ya no eres judío!

NARRADOR: Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

JESÚS: ¡Oye, escucha! ¿Crees en el Hijo del Hombre?

CIEGO: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?

JESÚS: Lo estás viendo. Es el que habla contigo.

CIEGO: Creo, Señor.

JESÚS: Para un juicio he venido yo al mundo: para que los que no ven, vean y los que ven, se queden ciegos.

SACERDOTE: ¿También nosotros estamos ciegos?

JESÚS: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís que veis, vuestro pecado sigue ahí.

PALABRA DEL SEÑOR
 

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles III de Cuaresma

Cuando Israel regresa del exilio babilónico, se encuentra con que su tierra está en buena medida habitada por paganos, como lo estaba cuando sus antepasados llegaron de Egipto. Y las advertencias supuestamente del tiempo del Éxodo sirven igual para la nueva situación: El Deuteronomio exhorta a no contaminarse con la idolatría del nuevo lugar geográfico, a no sucumbir al riesgo de una excesiva acomodación, hoy diríamos “inculturación”, que a veces es un ponerse a la moda o identificarse acríticamente con el nuevo medio sociológico. Esto sucedió frecuentemente en la Europa de los años 50-60: el desplazamiento desde los pueblos a las grandes ciudades industriales, o a otros países con mejores perspectivas económicas; ¡cuántos hasta entonces practicantes dejaron rápidamente de serlo! Pensaron que era preciso “modernizarse”, sin molestarse en distinguir valores y contravalores. Tal vez la religiosidad vivida hasta entonces, que tan rápida y fácilmente se esfumó, era más de barniz que de convicciones profundas. Eso la catequesis actual, tanto de niños como de adultos, debiera tenerlo en cuenta; y cada uno debemos también preguntarnos hasta dónde cala en nosotros lo religioso.

En España, y quizá en algunos otros países, se ha dado posteriormente otra acomodación acrítica, la de la política: “¿cómo voy a seguir yendo a la Iglesia si me he afiliado a tal partido, y hasta me he presentado para concejal?” Es muy oportuna la advertencia bíblica: “cuidado con olvidar los sucesos que vieron tus ojos”.

Jesús desconcertó a muchos de sus contemporáneos (eso explica su final). Algunos le vieron “demasiado de manga ancha” en lo referente al descanso sabático, o en la interpretación de otras prescripciones legales, algunas un tanto ridículas: estaba permitido arrancar espigas en sábado, pero no desgranarlas… Jesús fue crítico con tales minucias, pero no fue un esnobista frívolo: miró hacia el fondo de las cosas, no a la superficie, y subrayó lo que podía responder a la Alianza y lo que no. Sus innovaciones mostraban su búsqueda apasionada de la voluntad del Padre en profundidad. No se inquietó por lo “novedoso” ni por lo “desfasado”, sino por lo auténtico. A algunos superficiales les pareció un ácrata; no percibieron a tiempo que pretendía purificar, además de los miembros físicos, los sentimientos del corazón y enderezar hasta las intenciones que pueden enturbiar una mirada.

Para Jesús ningún detalle era despreciable; no le iba lo de brocha gorda o trazo grueso, sino el pincel fino, el detalle que perfecciona la obra de arte, hasta “el mandamiento más pequeño”, hasta “la última tilde de la ley”. Lo que estaba en juego era el respeto a Dios y la perfección humana, y en esos campos nada da lo mismo.

Severiano Blanco, cmf