II Vísperas – San José, esposo de la Virgen María

II VÍSPERAS

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA, Solemnidad

Fiesta de gran tradición en los calendarios litúrgicos

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Porque fue varón justo,
le amó el Señor,
y dio el ciento por uno
su labor.

Humilde magisterio
bajó el que Dios aprende:
¡Que diga, si lo entiende,
quien sepa de misterio!
Si Dios es cautiverio
se queda en aprendiz,
¡aprende aquí la casa de David!

Sencillo, sin historia,
de espalda a los laureles,
escalas los niveles
más altos de la gloria.
¡Qué asombroso, hacer memoria,
y hallarle a tu ascensión
tu hogar, tu oficio y Dios con razón!

Y, pues que el mundo entero
te mira y se pregunta,
di tú como se junta
ser santo y carpintero,
la gloria y el madero,
la gracia y el afán,
tener propicio a Dios y escaso el pan.

SALMO 14

Ant. Los padres de Jesús lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y práctica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los padres de Jesús lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

SALMO 111

Ant. Le dijo su madre a Jesús: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

.Ant. Le dijo su madre a Jesús: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

LECTURA: Col 3, 23-24

Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor.

RESPONSORIO BREVE

R/ El justo germinará como una azucena.
V/ El justo germinará como una azucena.

R/ Y florecerá eternamente ante el Señor.
V/ Como una azucena.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El justo germinará como una azucena.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se pensaba que era hijo de José.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se pensaba que era hijo de José.

PRECES

Invoquemos a Dios, el Padre de quien toma nombre toda familia en el cielo y la tierra, diciéndole:

Padre nuestro, que estás en los cielos, escúchanos.

Padre santo, que revelaste al Justo José el misterio de Cristo, mantenido en secreto durante siglos eternos,
— haz que conozcamos mejor a tu Hijo, Dios y hombre.

Padre celestial, que alimentas a las aves del cielo y engalanas la hierba del campo,
— da a todos los hombres el pan de cada día y el pan espiritual.

Padre santo, que nos reconciliaste contigo por medio de Cristo,
— guárdanos en tu nombre, para que todos seamos uno.

Creador de todas las cosas, que nos has encomendado tu obra,
— haz que, por la intercesión de san José, recorramos nuestro camino tratando de complacerte.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede propicio a los moribundos y difuntos, por medio de tu Hijo, con María, su madre y san José,
— alcanzar tu misericordia.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José, haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – San José

José, esposo de María,
la Madre de Jesús
 Mateo 1,16.18-21.24a

1. LECTIO

a) Oración inicial:

Espíritu que aleteas sobre las aguas,
calma en nosotros las disonancias,
los flujos inquietos, el rumor de las palabras,
los torbellinos de vanidad
y haz surgir en el silencio
la Palabra que nos recrea.

Espíritu que en un suspiro susurras
en nuestro espíritu el nombre del Padre,
ven a reunir todos nuestros deseos,
hazlos crecer en un haz de luz
que sea la respuesta a tu luz,
la Palabra del Nuevo Día.

Espíritu de Dios, savia de amor
del árbol inmenso sobre el que nos injertamos,
que todos nuestros hermanos
nos acompañen como un don,
en el gran Cuerpo donde madura
la Palabra de comunión.

(Fr. Pierre-Yves de Taizé)

b) Lectura del Evangelio: Mateo 1,16-24

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abrahán hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

El origen de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros». Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

c) Un momento de silencio:

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

El pasaje del evangelio de hoy se toma del primer capítulo de Mateo que forma parte de la sección referente a la concepción, nacimiento e infancia de Jesús. El centro de todo el relato es la persona de Jesús a la que se suman todos los sucesos y las personas mencionadas en la narración.. Se debe tener presente que el Evangelio revela una teología de la historia de Jesús, por eso, al acercarnos a la Palabra de Dios debemos recoger el mensaje escondido bajo los velos de la historia sin perdernos, como sabiamente nos avisa San Pablo, “en las cuestiones tontas”, guardándonos “de las genealogías, de las cuestiones y de las discusiones en torno a la ley, porque son cosas inútiles y vanas”. (Tm 3:9)

Efectivamente, este texto se conecta a la genealogía de Jesús, que Mateo compone con el intento de subrayar la sucesión dinástica de Jesús, el salvador de su pueblo (Mt 1:21). A Jesús le son otorgados todos los derechos hereditarios de la estirpe davídica, de “José, hijo de David” (Mt 1:20; Lc 2:4-5) su padre legal. Para el mundo bíblico y hebraico la paternidad legal bastaba para conferir todos los derechos de la estirpe en cuestión (cf.: la ley del levirato y de la adopción Dt 25:5 ss) Por esto, después del comienzo de la genealogía, a Jesús se le designa como “Cristo hijo de David” (Mt 1:1), esto es, el ungido del Señor hijo de David, con el cual se cumplirán todas las promesas de Dios a David su siervo (2Sam 7:1-16; 2Cr 7:18; 2 Cr 21:7; S 89:30). Por esto Mateo añade al relato de la genealogía y de la concepción de Jesús la profecía de Isaías: “Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había sido dicho por el Señor por medio del profeta: He aquí, que la virgen concebirá y parirá un hijo que será llamado Emmanuel, que significa Dios con nosotros” (Mt 1:21-23 + Is 7:14).

Deteniéndonos, por decirlo así, en la realidad espiritual de la adopción, podemos referirnos al hecho de que el pueblo elegido posee “la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas” porque “ellos son Israelitas y poseen la adopción de hijos” (Rm 9:4). Pero también nosotros, el nuevo pueblo de Dios en Cristo, recibimos la adopción de hijos porque “cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a aquéllos que estaban bajo la ley, para que recibiésemos la adopción de hijos” (Mt 1.21), porque Él es el “Dios con nosotros” (Mt 1:23) que nos hace hijos adoptivos de Dios.

Jesús nace de “María desposada con José” Mt 1:18a) que “se halló en cinta por obra del Espíritu Santo” (Mt 1:18b). Mateo no nos cuenta el relato de la anunciación como lo hace Lucas (Lc 1, 26-38), pero estructura la narración desde el punto de vista de la experiencia de José el hombre justo. La Biblia nos revela que Dios ama a sus justos. Pensamos en Noé “hombre justo e íntegro entre sus contemporáneos” (Gén 6:9). O en Joás que “hizo lo que era recto a los ojos del Señor” (2Re 12:3).

Una idea constante en la Biblia es el “sueño” como lugar privilegiado donde Dios da a conocer sus proyectos y planes, y algunas veces revela el futuro. Bien conocido son los sueños de Jacob en Betel (Gén 28: 10ss) y los de José su hijo, como también los del coopero y repostero prisioneros en Egipto con él, (Gén 37:5ss; Gén 40:5ss) y los sueños del Faraón que revelaron los futuros años de prosperidad y carestía (Gén 41:1ss).

A José se le aparece “en sueños un ángel del Señor” (Mt 1.20) para revelarle el plan de Dios. En los evangelios de la infancia aparece a menudo el ángel del Señor como mensajero celestial (Mt 1:20.24; 2:13.19; Lc 1:11; 2:9) y también en otras ocasiones esta figura aparece para tranquilizar, revelar el proyecto de Dios, curar, liberar de la esclavitud (cf.: Mt 28:2; Jn 5:4; Act 5:19; 8:26; 12: 7.23). Muchas son las referencias al ángel del Señor también en el Antiguo Testamento, donde originariamente representaba al mismo Señor que cuida y protege a su pueblo siempre acompañándolo de cerca (cf.: Gén 16:7–16; 22:12; 24:7; Éx 3:2; Tb 5:4).

b) Preguntas para orientar la meditación y actualización:

• ¿Qué cosa te ha llamado más la atención en este pasaje evangélico?
• En la clave de lectura hemos ofrecido bastante espacio para algunos términos: adopción, ángel, sueño, justo). ¿Qué sentimientos y pensamientos suscitan en tu corazón? ¿Qué importancia puede tener para tu camino de madurez espiritual?
• ¿Qué piensa que pudiera ser el mensaje central del pasaje evangélico?

3. ORATIO

a) Salmo 92

Es bueno dar gracias a Yahvé,
cantar en tu honor, Altísimo,
publicar tu amor por la mañana
y tu fidelidad por las noches,
con el arpa de diez cuerdas y la lira,
acompañadas del rasgueo de la cítara.
Pues con tus hechos, Yahvé, me alegras,
ante las obras de tus manos grito:
«¡Qué grandes son tus obras, Yahvé,
y qué hondos tus pensamientos!»

El hombre estúpido no entiende,
el insensato no lo comprende.
Aunque broten como hierba los malvados
o florezcan todos los malhechores,
acabarán destruidos para siempre;
¡pero tú eres eternamente excelso!

Mira cómo perecen tus enemigos,
se dispersan todos los malhechores.
Pero me dotas de la fuerza del búfalo,
aceite nuevo derramas sobre mí;
veré la derrota del que me acecha,
escucharé la caída de los malvados.

El justo florece como la palma,
crece como un cedro del Líbano.
Plantados en la Casa de Yahvé,
florecen en los atrios de nuestro Dios.
Todavía en la vejez producen fruto,
siguen llenos de frescura y lozanía,
para anunciar lo recto que es Yahvé:
«Roca mía, en quien no hay falsedad».

b) Momentos dedicados al silencio orante

4. CONTEMPLATIO

La contemplación cristiana del sueño de Dios, del plan que Dios realiza para la historia de la humanidad no produce alienación sino que nos tiene vigilantes y activas las conciencias y nos estimula para afrontar con valor y abnegación las responsabilidades que la vida nos depara.

Alegría y filiación divina (Alegría)

[…] si confiáis en la divina Providencia, si os abandonáis en sus brazos omnipotentes, nunca os faltarán los medios para servir a Dios, a la Iglesia Santa, a las almas, sin descuidar ninguno de vuestros deberes; y gozaréis además de una alegría y de una paz que mundus dare non potest (cfr. Jn 14, 27), que la posesión de todos los bienes terrenos no puede dar (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 117).

Comentario – San José

El evangelio caracteriza a san José, el esposo de María, como hombre justo (δίκαιος) en el sentido más íntegro de la palabra, justo y bueno. Y demostró realmente con su actuación ser un hombre justo y bueno a la vez. A san José le fueron confiados grandes misterios, como a la Iglesia, como al sacerdote dentro de la Iglesia. ¿Cómo no ver en él un “don de Dios” para el mundo? Y los primeros en percibir esto fueron sin duda María, su mujer, y el “hijo” que le fue confiado. Porque María, la madre de Jesús, estaba desposada con él, aunque todavía no habían empezado a vivir juntos; en ese intervalo de tiempo que podía prolongarse alrededor de seis meses o un año, entre los desposorios y la conducción a la propia casa y cohabitación, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

Pero ¿quién podía probar esto, que era debido a la acción del Espíritu Santo? José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. El esposo o prometido percibe los síntomas de maternidad de su mujer durante ese período anterior a la cohabitación. En semejante situación podía considerarse traicionado y tomar la opción de denunciarla o repudiarla públicamente con el riesgo que esto entrañaba para la vida de esa mujer, que pasaba a ser adúltera, convirtiéndose a consecuencia de ello en rea de muerte; pues la ley del Levítico, que mandaba apedrear a las adúlteras, seguía vigente como revela el posterior encuentro de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio. José no toma esta decisión, sino otra, más bondadosa, que busca salvaguardar la vida de su mujer. Decide repudiarla en secreto, o lo que es lo mismo, no acudir a por ella para llevarla a su propia casa. En semejante estado no podía aceptarla como legítima esposa; pero tampoco quiere ponerla en trance de muerte. El hecho (la no acogida) podía ser interpretado de diferente manera, hasta hacer recaer la culpabilidad incluso sobre sí mismo y su posible irresponsabilidad. En esta resolución tomada, aunque no llevada a término, ve el evangelista la bondad y la justicia de José para con su mujer.

Pero Dios, que rige los designios de la historia, haciendo de ella historia de salvación, interviene para corregir el rumbo de los acontecimientos. A José se le aparece en sueños un ángel que le dice: José, no tengas repara en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. Cuando José se despertó, hizo de inmediato lo mandado por el ángel. Pero “hacer lo mandado” en este caso tenía mucho mérito. Se trataba de dar crédito a un mensaje ‘increíble’, que además le había llegado por un cauce –un sueño- poco fiable. Su tradición conocía “madres-estériles” o mujeres estériles que habían acabado siendo madres; pero no “madres-vírgenes”, es decir, madres que hubieran permanecido vírgenes en su maternidad. A pesar de todo, José hizo lo mandado porque creyó en el poder de Dios. ¿Si había sido capaz de transformar a mujeres estériles en madres, por qué no a una virgen? La fe es la base de todas estas empresas o encargos de Dios que implican el cumplimiento de una misión a la que es esencial la obediencia. Así sucedió con Abrahán, y después con Moisés, y con María y José. Así sucede también con cualquier vocacionado. Sin fe no puede emprenderse un camino de obediencia; sin fe tampoco hay esperanza para perseverar en la tarea.

José fue un don de Dios para María, su mujer, y el hijo de ésta. Cualquier persona (un padre, una madre, un hijo, un amigo, un compañero de trabajo) puede ser un don de Dios para todos aquellos para quienes es padre, madre, hijo, amigo: alguien que Dios les ha dado para su provecho personal, para su gozo y su sustento, para su crecimiento, para su bien. Y si cualquier persona puede ser don de Dios para sus beneficiarios, con mayor razón podrá serlo el sacerdote, puesto por Dios en su Iglesia para distribuir sus dones, los dones salvíficos. Si apreciamos estos dones (el don de su palabra, el de la eucaristía, el del perdón, el de la vida de hijos de Dios, el de la esperanza cristiana), apreciaremos a aquel por cuyo medio nos llegan, al sacerdote como “don de Dios”. Os ruego una pequeña oración por nuestros sacerdotes y por los que se preparan para el sacerdocio en nuestros seminarios. ¡Ojalá que seamos don de Dios para el mundo, incluso para ese mundo que no nos reconoce como tales!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

7. La Iglesia comunión y misión.

A la vez la Iglesia es comunión. Las imágenes de la Iglesia y las notas esenciales que la definen revelan que en su dimensión más íntima es un misterio de comunión, sobre todo con la Trinidad, porque, como enseña el Concilio Vaticano II, “los fieles, unidos al Obispo, tienen acceso a Dios Padre por medio del Hijo, Verbo encarnado, muerto y glorificado, en la efusión del Espíritu Santo, y entran en comunión con la Santísima Trinidad”.(20) La comunión está en el corazón de la conciencia que la Iglesia tiene de sí(21) y es el lazo que la manifiesta como realidad humana, como comunidad de los Santos y como cuerpo de Iglesias; la comunión, en efecto, expresa también la realidad de la Iglesia particular.

La comunión eclesial es comunión de vida, de caridad y de verdad(22) y, en cuanto lazo del hombre con Dios, funda una nueva relación entre los hombres mismos y manifiesta la naturaleza sacramental de la Iglesia. La Iglesia es “la casa y la escuela de la comunión”(23) que se edifica en torno a la Eucaristía, sacramento de la comunión eclesial, donde “participando realmente del cuerpo del Señor, somos elevados a la comunión con Él y entre nosotros”;(24) al mismo tiempo, la Eucaristía es la epifanía de la Iglesia, donde se manifiesta su carácter trinitario.

La Iglesia tiene la misión de anunciar y propagar el Reino de Dios hasta los extremos confines de la tierra, para que todos los hombres crean en Cristo y consigan así la vida eterna.(25) Por tanto, “la misión propia que Cristo ha confiado a su Iglesia, no es de orden político, económico o social: el fin, en efecto, que le ha fijado es de orden religioso. Y sin embargo, precisamente de esta misión religiosa brotan tareas, luz y fuerzas que pueden contribuir a construir y consolidar la comunidad de los hombres según la Ley divina”.(26)


20 Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Unitatis Redintegratio, 15.

21 Cf. Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de los Estados Unidos de América, 16 de septiembre de 1987.

22 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 9.

23 Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Novo Millennio Ineunte, 43.

24 Conc. Ecum. Vat. II, Constitución Sacrosanctum Concilium, 47; cf. Constitución dogmática Lumen Gentium, 3; 7; 11; Decreto Unitatis Redintegratio, 2; Juan Pablo II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia.

25 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Christus Dominus, 6; Decreto Ad Gentes, 5-8; 20-22; 36-41.

26 Conc. Ecum. Vat. II, Constitución pastoral Gaudium et Spes, 42.

Creo, Señor

1.- Las lecturas de los domingos de Cuaresma del Ciclo A tienen un marcado carácter bautismal. Se trata de catequesis sobre el Bautismo y la necesidad de la fe para seguir a Jesús. Como ocurrió el domingo pasado con la samaritana, el ciego de nacimiento nos representa a todos. ¿Quién de nosotros no está ciego? Somos ciegos cuando andamos perdidos en las tinieblas del pecado, cuando nos cerramos a los demás, cuando nos fijamos en las apariencias sin darnos cuenta, como afirma el Principito, que sólo se ve bien con el corazón

2.- No hay peor ciego que el que no quiere ver, dice el refrán. Sólo podemos salir de la oscuridad si reconocemos nuestra ceguera y acudimos a Cristo, “luz del mundo”. Este es el mensaje del evangelio del ciego de nacimiento. El autor sagrado parte del principio de que nuestra vida es un camino. Para caminar necesitamos en primer lugar ver por dónde queremos ir, necesitamos reponer nuestras fuerzas para caminar, necesitamos un guía -el Buen Pastor que me conduce hacia fuentes tranquilas-, necesitamos agua que calme nuestra sed. Jesús es “el camino la verdad y la vida” que nos conduce al Padre. El es la luz del mundo, el pan de vida, el Buen Pastor, el agua viva.

3.- Igual que en los sacramentos, en el relato de la curación del ciego aparecen símbolos y mediaciones como la saliva, el barro, la piscina, la ayuda de los demás. El barro es el reconocimiento de nuestra falta, la saliva la fuerza curativa, la piscina la Iglesia, sacramento universal de salvación, la ayuda que recibe es la Palabra de Jesús. Quien devuelve la vista al ciego no es el agua, es su fe en Jesús.

4.- Los que arrojaron al ciego de la sinagoga continuaron en su ceguera, como se observa por el reproche que hacen a Jesús por haber curado en sábado. Jesús no quiere sólo que veamos, sino también que seamos luz para los demás, que iluminados por la fe demos testimonio de ella.

“Vosotros sois la luz del mundo”. Que a través de nuestras buenas obras los demás descubran a Jesús, luz verdadera que ha venido a este mundo. Digamos con el ciego de nacimiento “Creo, Señor”.

José María Martín OSA

Fue, se lavó y volvió con vista

De camino, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús respondió: «Ni éste ni sus padres. Nació ciego para que resplandezca en él el poder de Dios. Debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día. Cuando viene la noche nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en tierra e hizo lodo con la saliva, le untó con ello los ojos y le dijo: «Ve a lavarte en la piscina de Siloé» (que signifi ca enviado). Fue, se lavó y volvió con vista. Entonces los vecinos y los que solían verlo pidiendo limosna decían: «¿No es éste el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «Es éste». Y otros: «No, es uno que se le parece». Pero él decía: «Soy yo». Y le preguntaban: «Pues, ¿cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó con ello los ojos y me dijo: Ve a lavarte a Siloé. Fui, me lavé y vi». Y le preguntaron: «¿Dónde está ése?». Contestó: «No lo sé».

Llevaron a los fariseos al que antes había sido ciego, pues era sábado el día en que Jesús había hecho lodo y abierto sus ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había obtenido la vista. Él les dijo: «Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo». Algunos fariseos dijeron: «Ése no puede ser un hombre de Dios, pues no guarda el sábado». Otros decían: «¿Cómo puede hacer tales milagros un hombre pecador?». Estaban divididos. Preguntaron de nuevo al ciego: «A ti te ha abierto los ojos: ¿qué piensas de él?». Él contestó: «Que es un profeta». Los judíos no podían creer que hubiera sido ciego y ahora viese, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, del que decís que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Los padres contestaron: «Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo ve ahora, no lo sabemos; ignoramos quién abrió sus ojos. Preguntádselo a él; ya es mayor y os puede responder».

Sus padres hablaron así por miedo a los judíos, que habían decidido expulsar de la sinagoga al que reconociera que Jesús era el mesías. Por eso los padres dijeron: «Ya es mayor y os puede responder; preguntádselo a él». Llamaron otra vez al que había sido ciego, y le dijeron: «Di la verdad ante Dios; nosotros sabemos que este hombre es pecador». Él respondió: «No sé si es pecador o no; sólo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntaron: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?». Respondió: «Ya os lo he dicho y no me habéis hecho caso. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?». Ellos le insultaron diciendo: «Tú eres su discípulo; nosotros lo somos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero de éste no sabemos ni de dónde es». Él les contestó: «Es curioso: Vosotros no sabéis ni de dónde es, y él me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que le es fi el y hace su voluntad. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si él no fuera de Dios, no podría hacer nada». Le respondieron: «Todo tú eres pecado desde que naciste, y ¿nos enseñas a nosotros?». Y lo expulsaron de la sinagoga.

Jesús oyó que lo habían expulsado; fue a buscarlo y le dijo: «¿Tú crees en el hijo del Hombre?». Él le respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo; es el que habla contigo». Respondió: «Creo, Señor». Y se puso de rodillas ante él. Jesús dijo: «Yo he venido a este mundo para que los que no ven vean, y los que ven se queden ciegos». Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él le preguntaron: «¿Somos también nosotros ciegos?». Jesús les dijo: «Si fueseis ciegos, no tendríais culpa; pero como decís que veis, seguís en pecado».

Juan 9, 1-41

PARA MEDITAR

Jesús dice qe ha venido a este mundo para que los que no ven vean. Creemos a veces que lo sabemos todo, que nos damos cuenta de todos, pero luego nos quedamos sorprendidos por muchas cosas que suceden, La mejor forma de ver es mirar como mira Jesús a las personas, con humildad, mirando en su corazón.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Escribe alguna situación de tu vida en el que estabas ciego y nos has visto lo que estaba pasando.
  • ¿Cómo nos ayuda Jesús a ver las cosas que nos pasan?
  • Toma un compromiso sencillo para no ser una persona que va sin mirar lo que pasa en el mundo.

ORACIÓN

Danos mirada de hermanos, danos ojos
de niño que se sorprende,
haznos ver, como las madres, con cariño
y ternura,
danos vista de lince para detectar
la necesidad del hermano,
y cierra nuestros ojos para descansar en Ti,
al caer la tarde,
sabiendo que Tú estás más interesado aún
en cada uno que nosotros mismos.
Danos ojos enamorados de Ti,
que contagien tu amor a quien aún esté ciego.

Estamos en tinieblas

Encendemos mil luces, pilotos, farolas, focos,
carteles luminosos;

vamos al oculista y tenemos todos bien
controlada la visión.

Iluminamos nuestras casas, tiendas, recintos,
templos… todo rebosa luz,
pero estamos tan ciegos como el del Evangelio,
no conseguimos ver.

Tú, Jesús, pasaste a su lado y te fijaste en él.
Saliste a su encuentro.

Haz hoy lo mismo con cada uno de nosotros
para que sepamos ver aquello que es necesario
ver con el corazón.

Limpia nuestros ojos de ver lo negativo,
de ver lo que no tiene remedio,

de ver con mirada juzgadora, con exigencia,
con intolerancia.

Limpia nuestros ojos de ver la vida sólo desde
nuestro lado,

en vez de saber verla desde el lado del otro,
que se ve diferente.

Te compadeciste del ciego, porque Tú
has venido para sanarnos,
para no dejarnos más tiempo en tinieblas
y por que no necesitan médico los sanos
sino los enfermos.

Nuestro mundo está oscuro, Jesús, y necesita
que nos abras los ojos:

para que no veamos las guerras como algo
normal que ocurre siempre,

para que no nos acostumbremos al que vive
a nuestro lado y nos necesita,

para que abramos los ojos ante los diferentes,
los inmigrantes, los que sufren,

para después de mirarles, abrirles el corazón
y tenderles la mano.

Danos mirada de hermanos, danos ojos
de niño que se sorprende,

haznos ver, como las madres, con cariño
y ternura,
danos vista de lince para detectar
la necesidad del hermano,
y cierra nuestros ojos para descansar en Ti,
al caer la tarde,

sabiendo que Tú estás más interesado aún
en cada uno que nosotros mismos.
Danos ojos enamorados de Ti, que contagien
tu amor a quien aún esté ciego.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo IV de Cuaresma

• Jesús “ve” el problema del “hombre” y le da respuesta (6) sin que se le pida: toma la iniciativa y pasa a la acción (6-7) después de haber observado la realidad (1), de haberla reflexionado en equipo (2-5).

• Aunque no sólo parte de la realidad. También parte de un proyecto que explícita por tres veces: “que se manifiesten en él las obras de Dios” (3); “soy la luz del mundo” (5); “para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos” (39).

Esto es lo mismo que un movimiento como la JOC ha recogido de su fundador Joseph Cardijn: Dios tiene un proyecto de vida digna para cada joven trabajador/a, que es “hijo/a de Dios”; mirando la realidad vemos que los jóvenes son explotados en el trabajo, “tratados como bestias de carga”, “organizados en el seno de la Iglesia pueden pasar a la acción y transformar la realidad según el proyecto de Dios”. Sólo así podrán reconocer al Dios que siempre trabaja (Jn 5,17).

• El ciego, en el pasado, estaba “sentado” (8). Esta constatación de los vecinos recogida en Juan, subraya el cambio que Jesús ha provocado.

• El “hombre” se convierte en testimonio de Jesús ante los fariseos (15.17.25.27.30-33). Siempre parte de los hechos. En este ser testimonio sufre un proceso que lo lleva a proclamar su fe (38).

• Este proceso empieza obedeciendo la Palabra de Jesús, a quien no ha visto (7), pasa por el sufrimiento de las pruebas a las cuales es sometido hasta ser expulsado de la sinagoga (8-34), hasta llegar a encontrarse ante el misterio que se le manifiesta (35-38).

• La Palabra de Jesús aparece como un don clave que permite iniciar el proceso (7) y que permite la profesión de la fe (37-38).

• El texto nos invita a situarnos ante la Palabra de Jesús: ¿estaremos abiertos a su acción, como el ciego, o encerrados en lo que ya “sabemos”, como los fariseos (29)? Los fariseos, con “lo que ven”, no dan lugar a la iniciativa de Dios (41).

• El pecado, que Jesús había negado (2-3) en el “hombre ciego”, un pobre marginado tenido por pecador, es atribuido a los fariseos (41).

• Jesús discrimina (39) porque no todo el mundo es igual, porque no todos se posicionan de la misma manera ante Dios y ante los demás. Él, como “luz del mundo” (5), provoca esta discriminación, ese”juicio” (39): su luz pone de manifiesto lo que hay en los corazones. Jesús no condena; su luz permite que todo el mundo pueda posicionarse de nuevo -nacer de nuevo-; también los fariseos… ¡si quieren! “El Evangelio en medio de la vida”.

Comentario al evangelio – San José

Todos tenemos un gran aprecio por la Eucaristía, y nos emociona la lectura de las narraciones de la Última Cena. Pero quizá nunca nos hemos detenido a pensar que Jesús, en buena medida, no hizo sino lo que había visto hacer a San José en el hogar de Nazaret. La cena pascual judía era una celebración de carácter doméstico, no del templo ni de la sinagoga, presidida por el padre de familia.

José tuvo la incomparable vocación de acompañar a Jesús en su formación como judío creyente, quizá enseñarle algunos salmos, llevarle a la sinagoga, recordarle los momentos clave de la historia religiosa del Pueblo. En otra época se tuvo más devoción a San José: se celebraban “siete domingos” en su honor, y, en muchos lugares, su fiesta –casi siempre en cuaresma- era el día del “cumplimiento pascual”. Pero tal vez fue una devoción más apoyada en leyendas discutibles que en datos consistentes. Mucho de aquello ha caído, y tenía que caer. Ciertamente es escasa la información que tenemos sobre José. No sabemos si era anciano o joven, si silencioso o parlanchín (se le ha tenido por lo primero a causa simplemente de nuestra ignorancia de palabras suyas).

Pero el evangelio, principalmente el de Mateo, nos transmite unos datos de gran interés teológico-espiritual. José es llamado “justo” y se le dice que no tenga “temor” en llevarse a María como esposa. Ese temor no puede ser sino la reverencia ante lo divino que sabe que habita en ella. Muy probablemente la traducción correcta sea: “no tengas temor… porque la criatura de que es portadora venga del Espíritu Santo” (aunque no se nos diga cómo llegó a saberlo). Para él, convivir con María será vivir en el templo; y él sabe que no es sacerdote, que no está habilitado para tal familiaridad. Este es el respeto, el “temor” religioso que practica José.

En su conjunto, la narración evangélica que hemos oído es la invitación a José a que no se asuste de vivir permanentemente en un ámbito sagrado, él, que es un hombre “justo”, es decir, “respetuoso de Dios”. Se le encarga incluso que realice funciones de padre con el hijo de Yahvé, que no es su hijo biológico, como es la de “imponerle el nombre”, que le custodie y acompañe en su minoría de edad… Es un hermoso relato de vocación.

Y todo culmina con la aceptación por parte de José, con la afirmación de su obediencia hacia lo que Dios espera de él. Al final del relato podría afirmarse de nuevo que era “justo”, y que, con todo el “estremecimiento” que ello le causara, dejó que Dios le condujese por caminos insospechados. Se nos invita a todos a vivir esa misma fe, al sobrecogimiento de quien se encuentra con lo sobrenatural, y a transmitir a otros esos mismos dones de que disfrutamos. E igualmente a confiar en Dios cuando nos parezca que nos propone algo superior a nuestras capacidades.

Severiano Blanco, cmf