Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo IV de Cuaresma

• Jesús «ve» el problema del «hombre» y le da respuesta (6) sin que se le pida: toma la iniciativa y pasa a la acción (6-7) después de haber observado la realidad (1), de haberla reflexionado en equipo (2-5).

• Aunque no sólo parte de la realidad. También parte de un proyecto que explícita por tres veces: «que se manifiesten en él las obras de Dios» (3); «soy la luz del mundo» (5); «para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos» (39).

Esto es lo mismo que un movimiento como la JOC ha recogido de su fundador Joseph Cardijn: Dios tiene un proyecto de vida digna para cada joven trabajador/a, que es «hijo/a de Dios»; mirando la realidad vemos que los jóvenes son explotados en el trabajo, «tratados como bestias de carga», «organizados en el seno de la Iglesia pueden pasar a la acción y transformar la realidad según el proyecto de Dios». Sólo así podrán reconocer al Dios que siempre trabaja (Jn 5,17).

• El ciego, en el pasado, estaba «sentado» (8). Esta constatación de los vecinos recogida en Juan, subraya el cambio que Jesús ha provocado.

• El «hombre» se convierte en testimonio de Jesús ante los fariseos (15.17.25.27.30-33). Siempre parte de los hechos. En este ser testimonio sufre un proceso que lo lleva a proclamar su fe (38).

• Este proceso empieza obedeciendo la Palabra de Jesús, a quien no ha visto (7), pasa por el sufrimiento de las pruebas a las cuales es sometido hasta ser expulsado de la sinagoga (8-34), hasta llegar a encontrarse ante el misterio que se le manifiesta (35-38).

• La Palabra de Jesús aparece como un don clave que permite iniciar el proceso (7) y que permite la profesión de la fe (37-38).

• El texto nos invita a situarnos ante la Palabra de Jesús: ¿estaremos abiertos a su acción, como el ciego, o encerrados en lo que ya «sabemos», como los fariseos (29)? Los fariseos, con «lo que ven», no dan lugar a la iniciativa de Dios (41).

• El pecado, que Jesús había negado (2-3) en el «hombre ciego», un pobre marginado tenido por pecador, es atribuido a los fariseos (41).

• Jesús discrimina (39) porque no todo el mundo es igual, porque no todos se posicionan de la misma manera ante Dios y ante los demás. Él, como «luz del mundo» (5), provoca esta discriminación, ese»juicio» (39): su luz pone de manifiesto lo que hay en los corazones. Jesús no condena; su luz permite que todo el mundo pueda posicionarse de nuevo -nacer de nuevo-; también los fariseos… ¡si quieren! “El Evangelio en medio de la vida”.