Meditación – Domingo IV de Cuaresma

Hoy es Domingo IV de Cuaresma.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 9, 1-41):

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo». Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.

Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?». Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece». Pero él decía: «Soy yo». Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?». Él respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate’. Yo fui, me lavé y vi». Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?». El respondió: «No lo sé».

Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo». Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?». Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de Él, ya que te ha abierto los ojos?». Él respondió: «Que es un profeta».

No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?». Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo». Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él».

Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo». Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?». Él replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?». Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es». El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada». Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones a nosotros?». Y le echaron fuera.

Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es». Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante Él. Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos». Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?». Jesús les respondió: «Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: ‘Vemos’ vuestro pecado permanece».

Hoy, cuarto domingo de Cuaresma —llamado domingo “alegraos”— toda la liturgia nos invita a experimentar una alegría profunda, un gran gozo por la proximidad de la Pascua.

Jesús fue causa de una gran alegría para aquel ciego de nacimiento a quien otorgó la vista corporal y la luz espiritual. El ciego creyó y recibió la luz de Cristo. En cambio, aquellos fariseos, que se creían en la sabiduría y en la luz, permanecieron ciegos por su dureza de corazón y por su pecado. De hecho, «No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista» (Jn 9,18).

¡Cuán necesaria nos es la luz de Cristo para ver la realidad en su verdadera dimensión! Sin la luz de la fe seríamos prácticamente ciegos. Nosotros hemos recibido la luz de Jesucristo y hace falta que toda nuestra vida sea iluminada por esta luz. Más aun, esta luz ha de resplandecer en la santidad de la vida para que atraiga a muchos que todavía la desconocen. Todo eso supone conversión y crecimiento en la caridad. Especialmente en este tiempo de Cuaresma y en esta última etapa. San León Magno nos exhorta: «Si bien todo tiempo es bueno para ejercitarse en la virtud de la caridad, estos días de Cuaresma nos invitan a hacerlo de manera más urgente».

Sólo una cosa nos puede apartar de la luz y de la alegría que nos da Jesucristo, y esta cosa es el pecado, el querer vivir lejos de la luz del Señor. Desgraciadamente, muchos —a veces nosotros mismos— nos adentramos en este camino tenebroso y perdemos la luz y la paz. San Agustín, partiendo de su propia experiencia, afirmaba que no hay nada más infeliz que la felicidad de aquellos que pecan.

La Pascua está cerca y el Señor quiere comunicarnos toda la alegría de la Resurrección. Dispongámonos para acogerla y celebrarla. «Vete, lávate» (Jn 9,7), nos dice Jesús… ¡A lavarnos en las aguas purificadoras del sacramento de la Penitencia! Ahí encontraremos la luz y la alegría, y realizaremos la mejor preparación para la Pascua.

Rev. D. Joan Ant. MATEO i García

Martirologio 22 de marzo

ELOGIOS DEL 22 DE MARZO

Conmemoración de san Epafrodito, a quien el apóstol san Pablo llama hermano, cooperador y compañero en los combates. (s. I)

2. En Narbona, al sur de la Galia, hoy Francia, en la vía Domitia, fuera de la ciudad, sepultura de san Pablo, obispo y mártir.(s. III)

3. En Galacia, en la actual Turquía, santos Calinico y Basilisa, mártires.(s. inc.)

4. En Ankara, también en Galacia, san Basilio, presbítero y mártir, que durante todo el mandato del emperador Constancio se opuso enérgicamente a los arrianos, y después, bajo el emperador Juliano, por haber rogado públicamente a Dios que ningún cristiano se apartase de la fe, fue apresado y conducido al prefecto de la provincia y, tras numerosos tormentos, consumó su martirio. (362)

5. Conmemoración de santa Lea, viudaromana, cuyas virtudes y cuya muerte recibieron las alabanzas de san Jerónimo. (c. 383)

6. En Osimo, en el Piceno, actual región de Las Marcas, en Italia, san Bienvenido Scotivoli, obispo, que, elegido por el papa Urbano IV para esta sede, promovió la paz entre los ciudadanos y, según el espíritu de los Hermanos Menores, quiso morir sobre tierra desnuda. (1282)

7. En Londres, en Inglaterra, san Nicolás Owen, religioso de la orden de la Compañía de Jesús y mártir, que durante muchos años creó refugios para acogida de sacerdotes, a causa de lo cual, bajo el reinado de Jacobo I, fue encarcelado y cruelmente torturado en el potro hasta exhalar el espíritu, confesando gloriosamente a Cristo Señor.(1606)

8*. En Angers, en Francia, beato Francisco Chartier, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa fue guillotinado por ser sacerdote. (1794)

9. Conmemoración de san Agustín Zhao Rong, presbítero y mártir, que en la provincia de Sichuan, en China, en tiempo de persecución fue encerrado en una cárcel por su condición de cristiano, y allí encontró la muerte en un día no precisado de primavera. Su memoria se celebra el día nueve de julio. (1815)

10*. En el campo de concentración de Stutthof, cerca de Gdansk, en Polonia, beatos Mariano Górecki y Bronislao Komorowski, presbíteros y mártires, que fueron fusilados durante la ocupación militar de su patria por los seguidores de doctrinas hostiles a la religión. (1940)

– Beato Clemens August Graf von Galen (Alemania 1878-1946) Obispo de Münster (Cardenal desde 1933).

Liturgia – Domingo IV de Cuaresma

IV DOMINGO DE CUARESMA

Misa del domingo (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Sin Gloria, Credo, Prefacio propio. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. I (A)

  • 1Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a. David es ungido rey de Israel.
  • Sal 22.El Señor es mi pastor, nada me falta.
  • Ef 5, 8-14. Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará.
  • Jn 9, 1-41.Él fue, se lavó y volvió con vista.

Antífona de entrada          Cf. Is 66, 10-11
Alégrate, Jerusalén, reuníos todos los que la amáis, regocijaos los que estuvisteis tristes para que exultéis; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos. 

Monición de entrada
En nuestro itinerario cuaresmal, el Señor nos ha vuelto a convocar en el domingo para escuchar su Palabra y alimentarnos con su Pan de vida, invitándonos a alegrarnos, porque cada día está más cerca la celebración de la fiesta de Pascua.

Acto penitencial
Dispongámonos, pues, para participar dignamente en esta celebración; y como aquel ciego de nacimiento que Jesús encontró en su camino, sintamos también nosotros la cercanía de Cristo y reconozcamos la necesidad de que Él se apiade y cure nuestra ceguera interior. En silencio, pidámosle perdón por nuestros pecados.

  • Señor, ten misericordia de nosotros.
    • Porque hemos pecado contra Ti.
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia.
    • Y danos tu salvación.

No se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios, que, por tu Verbo,
realizas de modo admirable
la reconciliación del género humano,
haz que el pueblo cristiano
se apresure, con fe gozosa y entrega diligente,
a celebrar las próximas fiestas pascuales.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.
Proclamemos ahora nuestra fe en el único Dios, el Dios que nos libera del pecado y nos salva.

Oración de los fieles
Oremos ahora al Señor, nuestro Dios, que nos ha sacado de las tinieblas y nos ha llama a caminar como hijos de la luz buscando toda verdad y justicia.

1.- Por todos los que han recibido en la Iglesia la misión de anunciar la palabra de Dios y tienen el carisma de iluminar con la enseñanza de la fe y la exhortación profética. Roguemos al Señor.

2.- Por los jóvenes, esperanza del mañana; para que descubran a Jesucristo y, siguiéndole donde Él les pida, transformen nuestra sociedad. Roguemos al Señor.

3.- Por los gobernantes de todo el mundo; para que abran sus ojos a la luz del evangelio, y no tomen parte en las obras estériles de las tinieblas. Roguemos al Señor.

4.- Por los que viven en la ceguera del pecado; para que la luz de Cristo abra sus ojos a la vida que Dios nos ofrece. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros llamados a ser testimonio de la luz de Cristo; para que sepamos vivir los compromisos de nuestro bautismo en medio del mundo. Roguemos al Señor.

Dios nuestro, Padre de la luz, que conoces hasta lo más recóndito de nuestro corazón, no permitas que nos domine el poder de las tinieblas, antes bien abre nuestros ojos a la luz del Espíritu, para que podamos ver a aquel que has enviado para iluminar al mundo y creamos únicamente en Él, Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, al ofrecerte alegres
los dones de la eterna salvación,
te rogamos nos ayudes
a celebrarlos con fe verdadera
y a saber ofrecértelos de modo adecuado
por la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.Prefacio

EL CIEGO DE NACIMIENTO

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, por el misterio de la encarnación,
condujo al género humano,
peregrino en tinieblas,
al esplendor de la fe;
y a los que nacieron esclavos del pecado
los hizo renacer por el bautismo,
transformándolos en tus hijos adoptivos.

Por eso, Señor, tus criaturas del cielo y de la tierra
te adoran cantando un cántico nuevo,
y también nosotros, con todo el ejército de los ángeles,
te aclamamos por siempre diciendo:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión          Cf. Jn 9, 11. 38
El Señor untó mis ojos: fui, me lavé, vi y creí en Dios.

Oración después de la comunión
OH, Dios,
luz que alumbras a todo hombre
que viene a este mundo,
ilumina nuestros corazones con la claridad de tu gracia,
para que seamos capaces
de pensar siempre, y de amar con sinceridad,
lo que es digno y grato a tu grandeza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
D
EFIENDE, Señor, a los que te suplican,

fortalece a los débiles,
vivifica siempre con tu luz a los que caminan
en sombras de muerte,
y, libres de todo mal por tu compasión,
concédeles llegar a los bienes definitivos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 22 de marzo

SANTA CATALINA DE GÉNOVA († 1510)

Santa Catalina de Génova era de la ilustra familia de los Flisci, rivales seculares de los Adurni. Era muy frecuente en las ciudades italianas la lucha a muerte de dos familias por hacerse con el predominio de la ciudad. Hasta en Roma sucedía por hacerse con la tiara pontificia en el siglo X, el siglo oscuro del pontificado, entre los Túsculos y los Crecencios. Todavía hoy siguen las familias rivales de los mafiosos. Fue famoso el caso de Romeo y Julieta que reconciliaron a Montescos y Capuletos.

Igual sucedió en nuestro caso. Los Flisci y los Adurni llevaban siglos de lucha por el predominio de la ciudad de Génova. Cansados de sangre, buscaron la reconciliación, sacrificando para ello a Catalina. La casaron a los dieciséis años, sin vocación para el matrimonio, por conveniencias.

Fue una triste etapa de su vida. Eran dos caracteres muy diversos. Catalina Flisci era dulce, sensitiva, concentrada, piadosa. Su marido era un Adurni duro, violento, mundano, derrochador. No podían entenderse. Él se quejaba de que lo habían casado con una monja, ella de que la habían unido a un bruto. Él disfrutaba en la política, en aventuras, en malgastar la hacienda en los juegos. Ella, recluida, mitigaba su dolor con libros piadosos.

Algunos advirtieron a Catalina que ella era la responsable del desvío de su marido. Que se adornara y saliera con él y se lo ganaría. Catalina les hizo caso. Se vistió sus mejores galas y empezó a frecuentar los salones de la alta sociedad. Y como era bella, graciosa y de buen ingenio, se ganó las simpatías de todos. Y su marido estaba orgulloso de ella.

Cinco años duró esta segunda etapa de su vida, cinco años que llenarán de amargor el resto de su vida. Porque en medio de todos aquellos saraos y veladas, Catalina no era feliz. Cuando más tarde escriba el admirable Diálogo entre el cuerpo y el alma, nos abrirá los íntimos sentimientos de su corazón. Comprendía que nada de aquello podía satisfacerla, que sólo Dios podía llenar su corazón. Sentía un dolor inmenso de haber ofendido a Dios. “Yo no sé cómo no he muerto cuando he visto el mal que encierra el más ligero pecado, por muy leve que sea”, se lamenta inconsolable.

En 1474 se realiza un nuevo y radical cambio en su vida. Es la tercera etapa. Estaba en una iglesia, cuando recibió una súbita iluminación y sintió una repentina transformación, una llama de amor, que le hizo concebir un inmenso desprecio hacia su vida mundana y cortesana.

Y empezó una vida de penitencias, de oración inflamadas, de cuaresmas enteras pasadas sin probar bocado, de raptos y visiones, de una vida de íntima unión con Dios, pero no dominada ya por el temor, sino por el amor. “De todos los libros santos, habíale dicho Jesús, escoge una sola palabra: amor”. Desde ahora el corazón de Catalina le palpita tan violentamente que acabará por romperle el pecho. Su cuerpo se torna incandescente. Toda ella es un volcán que salta chispas de amor. “Más, más”, clamaba aún.

Todos quedan maravillados de aquel sagrado torbellino. Su mismo marido se torna en amante esposo, cristiano ferviente y ciudadano honrado. La vida de Catalina respira ahora más madurez, serenidad y seguridad, confianza y gozo. Afincada plenamente en Dios, todo, hasta los sufrimientos, queda asumido y transformado en amor, en gozo y serena esperanza.

Hasta el purgatorio, que ella contempló en sus visiones, será una mezcla inefable de tormento y amor, que se transforma en gozo y en jubilo, gozo que pronto se verá sublimado para ella en el paraíso.

 

Otros Santos de hoy: Pablo, Bienvenido, Basilio, Saturnino, Basilisa, Zacarías.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Domingo IV de Cuaresma

LAUDES

DOMINGO IV CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el desierto.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.

SALMO 117: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Ant. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

— Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

— Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

— Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

— Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

CÁNTICO de DANIEL: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR

Ant. Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.

SALMO 150: ALABAD AL SEÑOR

Ant. Alabad al Señor por sus obras magníficas.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor por sus obras magníficas.

LECTURA: Ne 8, 9a.10

Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis; pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

R/ Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
V/ Ten piedad de nosotros.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, Ten piedad de nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jamás se oyó decir que nadie, a no ser Cristo, el Hijo de Dios, abriera los ojos a un ciego de nacimiento.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jamás se oyó decir que nadie, a no ser Cristo, el Hijo de Dios, abriera los ojos a un ciego de nacimiento.

PRECES

Glorifiquemos a Dios, cuya bondad es infinita, y elevemos a él nuestra oración por medio de Jesucristo, que está siempre vivo para interceder a favor nuestro; digámosle:

Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor

Dios de misericordia, haz que hoy nos entreguemos generosamente a las obras de amor al prójimo,
— para que tu misericordia, a través de nosotros, llegue a todos los hombres.

Tú que en el arca salvaste a Noé de las aguas del diluvio,
— salva por el agua del bautismo a los catecúmenos.

Concédenos vivir no sólo de pan,
— sino de toda palabra que sale de tu boca.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que, con tu ayuda, venzamos toda disensión,
— y podamos gozarnos en el don de tu paz y de tu amor.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por eso, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, que reconcilias contigo a los hombres por tu Palabra hecha carne, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.