I Vísperas – La Anunciación del Señor

I VÍSPERAS

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR, Solemnidad

Fiesta de origen oriental, que pasó a Roma en el siglo VII.

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

 

HIMNO

Dios te salve, anunciación,
morena de maravilla,
tendrás un Hijo más bello
que los tallos de la brisa.

Mensaje de Dios te traigo.
Él te saluda, María,
pues Dios se prendó de ti,
y Dios es Dios de alegría.

Llena de gracia te llamo
porque la gracia te llena;
si más te pudiera dar,
mucha más gracia te diera.

El Señor está contigo
aún más que tú estás con Dios;
tu carne ya no es tu carne,
tu sangre ya es para dos.

Y bendita vas a ser
entre todas las mujeres,
pues, si eres madre de todos,
¿quién podría no quererte?

 

 

SALMO 112: ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Ant. Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el Espíritu del Señor.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el Espíritu del Señor.

 

SALMO 147: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Ant. El Señor Dios le dará el tronco de David, su padre, y reinará para siempre.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor Dios le dará el tronco de David, su padre, y reinará para siempre.

 

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. El que era la Palabra substancial del Padre, engendrado antes del tiempo, hoy se ha despojado de su rango haciéndose carne por nosotros.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El que era la Palabra substancial del Padre, engendrado antes del tiempo, hoy se ha despojado de su rango haciéndose carne por nosotros.

 

LECTURA: 1Jn 1, 1-2

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó.

 

RESPONSORIO BREVE

R/ Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una estrella de la casa de Jacob.
V/ Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una estrella de la casa de Jacob.

R/ La Virgen ha dado a luz al Salvador
V/ Ha salido una estrella de la casa de Jacob.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una estrella de la casa de Jacob.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, María, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, María, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra.

 

PRECES

Oremos con confianza al eterno Padre, que, por medio del ángel, anunció hoy a María nuestra salvación, y digámosle:

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros.

Tú que elegiste a la Virgen María para ser madre de tu Hijo,
— ten piedad de todos los que esperan su redención.

Tú que por boca de Gabriel anunciaste a María el gozo y la paz,
— otorga al mundo entero el gozo de la salvación y la paz verdadera.

Tú que, con la aceptación de tu esclava y con la acción del Espíritu Santo, hiciste que tu Palabra acampase entre nosotros,
— dispón nuestros corazones para que reciban a Cristo como al Virgen María lo recibió.

Tú que miras a los humildes y colmas de bienes a los hambrientos,
— da ánimo a los abatidos, socorre a los necesitados y ayuda a los moribundos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Dios, para quien nada hay imposible, el único que haces obras maravillosas,
— sálvanos, cuando resucites a los muertos en el último día.

 

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

 

ORACION

Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes IV de Cuaresma

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que las prácticas santas de esta Cuaresma dispongan el corazón de tus fieles para celebrar dignamente el misterio pascual y anunciar a todos los hombres la grandeza de tu salvación. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Juan 5,1-16
Después de esto, hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén una piscina Probática que se llama en hebreo Betzatá, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Porque el ángel del Señor se lavaba de tiempo en tiempo en la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, recobraba la salud de cualquier mal que tuviera. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres recobrar la salud?» Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo.» Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda.» Y al instante el hombre recobró la salud, tomó su camilla y se puso a andar.
Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla.» Él les respondió: «El que me ha devuelto la salud me ha dicho: Toma tu camilla y anda.» Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: Tómala y anda?» Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús lo encuentra en el Templo y le dice: «Mira, has recobrado la salud; no peques más, para que no te suceda algo peor.» El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que le había devuelto la salud. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.

3) Reflexión

• El Evangelio de hoy describe como Jesús cura a un paralítico que se quedó esperando 38 años para que alguien le ayudara a llegar al agua de la piscina para curarse. ¡Treinta y ocho años! Ante esta ausencia total de solidaridad, Jesús, ¿qué hace? No respeta la ley del sábado curando al paralítico. Hoy, al faltar gente que atiende a las personas enfermas en los países pobres, mucha gente experimenta esa misma falta de solidaridad. Viven en abandono total, sin ayuda, sin solidaridad de parte de nadie.
• Juan 5,1-2: Jesús va a Jerusalén. En ocasión de una fiesta de los judíos, Jesús va a Jerusalén. Había allí, cerca del Templo, una piscina con cinco pórticos o pasillos. En aquel tiempo, el culto en el Templo exigía el uso de mucha agua para los numerosos animales que se sacrificaban, sobre todo en las grandes fiestas. Por esto, al lado del Templo, había diversas cisternas con más de un millar de litros de agua. Y allí cerca, gracias a la abundancia de agua, había un balneario público, donde los enfermos se aglomeraban a la espera de ayuda o de curación. La arqueología informa que, en aquel mismo lugar del Templo, había otro donde los escribas enseñaban la ley a los estudiantes. Por un lado, la enseñanza de la Ley de Dios. Por otro, el abandono de los pobres. Y el agua purificaba el Templo, pero no purificaba a la gente.
• Juan 5,3-4: La situación de los enfermos. Esos enfermos se sentían atraídos por las aguas del balneario. Decían que un ángel removía las aguas y el primero que bajara después del movimiento del ángel quedaría curado. Dicho con otras palabras, los enfermos se sentían atraídos por falsas esperanzas. Pues la curación era sólo para una sola persona. ¡Como las loterías de hoy! ¡Sólo una persona gana un premio! La mayoría solamente paga y no gana nada. Y en esta situación de total abandono, allí en el balneario popular, Jesús encuentra a los enfermos.
• Juan 5,5-9: Jesús cura en el día de sábado. Bien cerca del lugar donde se enseñaba la observancia de la Ley de Dios, un paralítico se quedó por 38 años a la espera de alguien que le ayudara a bajar al agua para que se curara. Este hecho revela la absoluta falta de solidaridad y de acogida a los excluidos. El número 38 indicaba la duración de una generación (Dt 2,14). Es toda una generación que no llega a experimentar ni solidaridad, ni misericordia. La religión de la época no era capaz de revelar el rostro acogedor y misericordioso de Dios. Ante esta situación dramática, Jesús no observa la ley del sábado y se ocupa del paralítico diciendo: “¡Toma tu camilla y anda!” El hombre agarra su camilla y se va, y Jesús desaparece en medio de la multitud.
• Juan 5,10-13: Discusión del hombre curado con los judíos. Llegan inmediatamente algunos judíos y critican al hombre por cargar con su camilla en el día de sábado. El hombre no sabe responder a la pregunta de quién le ha curado. No conocía a Jesús. Esto significa que Jesús, al pasar por ese lugar de pobres y enfermos, vio a aquel hombre, percibió la situación dramática en la que se encontraba y, sin más, lo cura. No lo cura para que el hombre se convierta, ni para que crea en Dios. Lo hace, para ayudarle. Quería que el hombre pudiera experimentar un poco de amor y de solidaridad mediante su ayuda y su afecto.
• Juan 5,14-16: El reencuentro con Jesús. Al ir al Templo en medio de la multitud, Jesús encuentra a la misma persona y le dice: “¡Mira, has recobrado la salud! ¡No peques más para que no te suceda algo peor!” En aquel tiempo, la gente decía: “¡La enfermedad es el castigo de Dios! Si tiene parálisis, es señal de que Dios no está a bien contigo.” Jesús no concordaba con este modo de pensar. Al curar al hombre, estaba diciendo lo contrario: “Tu enfermedad no es un castigo de Dios. Dios está contigo.” Una vez curado, el hombre debe tratar de no pecar más, para que no le suceda algo peor. Pero ingenuamente, el hombre va a decir a los judíos que Jesús era quien le había curado. Los judíos empiezan a perseguir a Jesús porque hace cosas en el día de sábado. En el Evangelio de mañana veremos cómo sigue. 

4) Para la reflexión personal

• ¿Has tenido una experiencia semejante a la del paralítico, quedándote un tiempo sin ayuda? ¿Cómo es la situación de asistencia a los enfermos en el lugar donde tú vives? ¿Hay señales de solidaridad?
• ¿Qué nos enseña esto a nosotros? 

5) Oración final

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. (Sal 45)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

2.- LAS TENTACIONES EN SÍ MISMAS

El enemigo toma ocasión del hambre que sufre Jesús después de un ayuno tan prolongado, y le propone usar su poder en provecho propio. Había oído al Bautista predicar que Jesús era el Mesías; y también la voz del Padre en el bautismo, que le proclamaba su Hijo. Sin duda, el demonio -buen conocedor de la naturaleza humana- observaba en Él algo extraordinario, distinto a los demás hombres. Ahora le ve hambriento, y tal vez duda de si efectivamente es el Mesías esperado[1]. Muchos Padres suponen que Satanás ignoraba la dignidad mesiánica de Cristo, o al menos no estaba seguro de ella. Le incita entonces a que manifieste su poder con un portento: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes (Mt). El demonio parece mostrarse compasivo con el Señor.

Jesús responde a la invitación del demonio con unas palabras tomadas de la Escritura[2]. Moisés dijo al pueblo de Israel: (Dios) te ha alimentado con maná, que no conocías ni habían conocido tus padres, para que supieses que no solo de pan vive el hombre, pues el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahvé.

La vida del hombre no pende solamente del pan o de los alimentos, sino de Dios, que puede crear un alimento extraordinario, como el maná. Satanás invita a Jesús a que emplee su poder sobrenatural en su propio provecho, y el Señor le responde que es necesario poner la confianza en Dios, que puede proveer de muchas maneras.


[1] En este sentido, advierte san Agustín: «No creas que el diablo ha perdido su crueldad; cuando acaricia, es cuando más cuidado debemos tener» (Comentario al Evangelio de san Juan, 10, 1).

[2] Dt 8, 3

Comentario – Martes IV de Cuaresma

Todos sabemos de la importancia del agua para la vida. Es tan esencial que no se concibe vida sin agua. No es extraño, por tanto, que el agua como elemento purificador, regenerador o curativo haya desempeñado un papel tan crucial en la historia de las religiones. En todas partes y épocas históricas ha habido aguas de efecto medicinal que han atraído la atención de enfermos e impedidos en busca de salud. Uno de estos centros de aguas curativas se encontraba en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, en una piscina que recibía el nombre hebreo de “Betesda”. En torno a ella, bajo sus soportales, se concentraban multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, a la espera de una particular remoción de las aguas que proporcionaba la salud. Entre estos enfermos –refiere el evangelista poniéndonos en contexto- había uno que cargaba con su enfermedad desde hacía ya treinta y ocho años. Pues bien, Jesús se hace presente en este lugar en un tiempo en el que todavía podía pasar desapercibido en medio de esa población flotante que se acumulaba en Jerusalén con motivo de alguna fiesta judía. Este es, al parecer, el caso por el que Jesús se encuentra también en la ciudad.

Cuenta el evangelista que Jesús se dio una vuelta por ese lugar que concentraba el sufrimiento humano de tantos enfermos bajo los soportales de la piscina de Betesda, y fijándose en ese paralítico, que llevaba treinta y ocho años echado en su camilla, le dice: ¿Quieres quedar sano? Aquella pregunta tuvo que sorprender al enfermo; hasta pudo parecerle impertinente. Por supuesto que quería quedar sano. Para eso estaba allí, a la espera de una mano amiga que le ayudara a introducirse en las aguas de la piscina cuando éstas se removieran y adquirieran ese efecto medicinal tan maravilloso que a tantos atraía.

El enfermo se limitó a señalarle las dificultades que tenía esta empresa para un impedido como él. Y Jesús sin más explicaciones le dice: Levántate, toma tu camilla y echa a andar. Al levantarse, como le ordenaba la voz de este desconocido, aquel hombre pudo comprobar que la palabra de Jesús tenía tanta fuerza curativa como el agua removida de la piscina. E hizo literalmente lo que se le mandaba: se levantó –estaba restablecido-, tomó su camilla y echó a andar, suponemos que en dirección a su casa y envuelto en un halo de alegría que no le permitió siquiera reparar en el que le había proporcionado semejante beneficio. Resulta que aquel día era sábado. Y al poco de iniciar su camino, aquel camillero se encontró con un grupo de judíos observantes de la ley que le recriminaron por llevar la camilla en el día del descanso sagrado. El paralítico restablecido se limitó a reproducir las palabras que había oído a su sanador: El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar. No hacía, por tanto, otra cosa que cumplir órdenes de alguien que se había ganado una merecida autoridad ante él.

Los judíos observantes, interesados por el caso, le preguntan no quién te ha curado, sino ¿quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar? Pero el que había quedado sano no sabía quién era, y Jesús, aprovechando el barullo, se había marchado de aquel sitio. Más tarde, refiere san Juan, se encontraron de nuevo en el templo, y Jesús aprovechó el momento para darle un consejo: Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.

Resulta curiosa esta correlación que Jesús establece entre enfermedad y pecado, que no es la correlación que establecían los judíos de su tiempo. No es que él piense que la enfermedad es un castigo por un pecado cometido por el propio enfermo o por uno de sus antepasados. A propósito del ciego de nacimiento dice: No pecó ni éste ni sus padres para que naciera ciego, sino que está así para que se manifieste la gloria de Dios. Y de los infortunados judíos aplastados por la torre de Siloé, dice: No penséis que eran más pecadores que los demás habitantes de Jerusalén. Pero cuando cura al paralítico de Cafarnaúm le dice: No peques más; como si hubiera una ligación entre enfermedad y pecado; y como si “quedar sano” fuese iniciar una nueva vida en la que no haya pecado porque, de haberlo, podrían producirse cosas peores a la enfermedad padecida.

Es como si Jesús entendiese que el pecado genera males peores a los de la enfermedad más duradera e intolerable. ¿Qué puede haber peor para aquel hombre que la parálisis soportada durante tantos años? ¿Una enfermedad aún más grave? ¿La muerte, que paraliza todos los órganos vitales del ser vivo? ¿O una posible condena a la que la muerte no pone fin, sino más bien inicio? Es evidente, por otras referencias evangélicas, que Jesús tuvo presente este destino que se adentra en el más allá de la muerte y que se hace depender del estado moral del hombre en esta vida. Basta recordar en este sentido la parábola del rico “Epulón” y del pobre Lázaro. La falta de sensibilidad del rico tuvo funestas consecuencias para él en el más allá. ¿No está aquí el “suceso peor” (ese algo peor) que se cierne sobre el pecador como una amenaza posible?

Tras haber devuelto la salud al paralítico, no le dice simplemente: “ten cuidado y no hagas ninguna temeridad no vayas a quedar de nuevo tetrapléjico”, sino no peques más, no sea que te ocurra algo peor. En el pensamiento de Jesús, el pecado se vislumbra como fuente o raíz de males mayores a los representados por las enfermedades comunes que él combatió. Y es que hemos de reconocer que el pecado está en la raíz de todos esos males en los que se ha hecho presente la maldad humana –el egoísmo, el odio, la injusticia, la venganza, el desamor, la envidia, la pasión incontrolable, la traición, etc.-; y estos son los males más duros de soportar, porque al daño físico se une el daño moral que horada hasta lo más hondo el corazón humano.

Cuando los judíos se enteraron de que el agente de aquella curación había sido Jesús, el Nazareno, empezaron a acosarle porque hacía tales cosas en sábado.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

12. Pertenencia y formas de acción del Obispo en el Colegio episcopal.

El Obispo se hace miembro del Colegio episcopal en virtud de la consagración episcopal, que confiere la plenitud del sacramento del Orden y configura ontológicamente al Obispo con Jesucristo como Pastor en su Iglesia. En virtud de la consagración episcopal, el Obispo se convierte en sacramento de Cristo mismo presente y operante en su pueblo, que, mediante el ministerio episcopal, anuncia la Palabra, administra los sacramentos de la fe y guía a su Iglesia.(34) Para poder ejercitar el munus episcopal se necesita la misión canónica concedida por el Romano Pontífice. Con ella, la Cabeza del Colegio episcopal confía una porción del Pueblo de Dios o un oficio para el bien de la Iglesia universal.(35) Por tanto, las tres funciones, que constituyen el munus pastorale que el Obispo recibe en la consagración episcopal, deben ser ejercitadas en la comunión jerárquica, si bien, en razón de su diferente naturaleza y finalidad, la función de santificar se ejercita de manera distinta a las de enseñar y gobernar.(36) Estas dos últimas, en efecto, por su intrínseca naturaleza (natura sua), no pueden ser ejercitadas si no es en la comunión jerárquica, de otro modo los actos realizados no son válidos.

La colegialidad afectiva hace del Obispo un hombre que no está nunca solo, porque siempre y continuamente está con sus hermanos en el episcopado y con aquel que el Señor ha elegido como Sucesor de Pedro. La colegialidad afectiva se expresa como colegialidad efectiva en el Concilio Ecuménico o en la acción conjunta de los Obispos dispersos por el mundo, promovida por el Romano Pontífice o aceptada por él, de manera que se realice un verdadero acto colegial. El afecto colegial, que no es un simple sentimiento de solidaridad, se actúa en grados diversos y los actos que de él derivan pueden tener consecuencias jurídicas. Dicho afecto se concreta de diferentes modos, como por ejemplo, el Sínodo de los Obispos, la Visita ad limina, la inserción de los Obispos diocesanos en los Dicasterios de la Curia Romana, la colaboración misionera, los Concilios particulares, las Conferencias episcopales, el empeño ecuménico, el diálogo interreligioso.(37)


33 Cf. Codex Iuris Canonici, cân. 333 § 1.

34 Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Constituição Dogmática Lumen Gentium, 21.

35 Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Nota Explicativa Prévia, 2.

36 Cf. JOÃO PAULO II, Exortação Apostólica pós-sinodal Pastores Gregis, 8.

37 Cf. Ibidem.

Recursos – Ofertorio Domingo V de Cuaresma

PRESENTACIÓN DE UN PUÑADO DE GRANOS DE TRIGO

(Un agricultor o agricultora -si lo hubiere en la comunidad- coge del recipiente situado en la parte de atrás del lugar de la celebración un puñado de granos de trigo, que lleva con cuidado hasta depositarlo en otro nuevo recipiente que le ofrece el que preside)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Con las mismas manos con las que trabajo la tierra, te ofrezco hoy, Señor, este puñado de granos de trigo, como símbolo de la vida y de la resurrección. Tú propio Hijo lo empleó como metáfora, para enseñarnos que no hay resurrección sin muerte, ni espiga sin grano muerto en la tierra. Nosotros y nosotras hoy nos unimos a la comparación que utilizó tu Hijo, para ofrecerte nuestras vidas, que esperamos conquistar en la plenitud de tu Vida.

PRESENTACIÓN DE UNAS FLORES O UNAS PLANTAS NATURALES

(Otro miembro cualquiera de la comunidad presenta ahora unas flores o unas plantas, que han debido ser recogidas en el campo, como primicias de la nueva primavera. Dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy, con este fruto de nuestros campos, nuestra esperanza. Esta esperanza se apoya en la entrega y la muerte de Jesús, que le valió para que Tú le rescataras de sus garras para su glorificación. Por eso, nosotros y nosotras ahora te ofrecemos nuestros sufrimientos, dolores y toda nuestra vida, en la esperanza de nuestra glorificación, como hemos escuchado en el relato de la resurrección da Lázaro. No permitas que nuestros corazones se inunden de tristeza y desolación. Danos, con tu gracia, la esperanza del triunfo en tu Reino.

PRESENTACIÓN DE UN PERIÓDICO

(Lleva el periódico uno de los miembros de la comunidad, mientras otro hace la ofrenda:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, nosotros, nosotras te traemos hoy un periódico. Es el resumen de la vida de una jornada a nivel local, provincial, regional, nacional e internacional. Son pocas las noticias buenas que nos ofrece. Es más numerosa la información de signo negativo. Hay guerras, injusticias, corrupción, sucesos. Son un resumen de cómo somos los hombres y las mujeres de hoy en día. Pero son también un signo de TU PRESENCIA entre nosotros y entre nosotras, si somos capaces de agudizar nuestra vista y ver bajo la pesada realidad cómo Tú nos hablas. Señor, no permitas que se embote la sensibilidad de nuestra fe para reconocer tu presencia entre nosotros y entre nosotras.

PRESENTACIÓN DE UNA COPA

(Un miembro cualquiera de la comunidad hace esta ofrenda, consistente en una copa de cristal bien limpia. Tras dársela al Presidente, dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te ofrezco hoy, en nombre de toda la comunidad y de cada uno de nosotros y de nosotras, esta copa bien limpia, que transparenta su fondo. Con ella va nuestro deseo de ser coherentes y rechazar cuanto signifique fariseísmo o apariencias, porque así reflejaremos mejor la VIDA NUEVA del Resucitado en nuestras vidas.

PRESENTACIÓN DE UN SALERO

(Uno o una de los/las militantes de la comunidad ofrece un puñado de sal o un salero. Después dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te ofrezco hoy este salero. La sal es signo de la transformación de la realidad. Con esta ofrenda, yo te traigo mis ánimos y los de la comunidad entera, de ser agentes de cambio de cuanto nos rodea. Que, con nuestro empeño, seamos capaces de convertir el mundo en tu casa y a la humanidad en tu familia.

PRESENTACIÓN DE UN FRASCO DE COLONIA

(Sería preferible que lo ofreciera una mujer, aunque sin interpretarlo como síntoma machista)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este sencillo frasco de colonia y perfumo el lugar de nuestra celebración. Es el olor de la vida, el olor de la resurrección. Y te pido en nombre de toda la Comunidad que cada uno de nosotros y de nosotras, a través de nuestras palabras, nuestra vida y comportamiento, seamos olor y señal de la nueva vida del Resucitado.

Oración de los fieles – Domingo V de Cuaresma

Padre tu eres la Vida, tu nos la diste y sin ti no vivimos. Esa Vida que Cristo nos ganó con su resurrección que pronto celebraremos. Atiende con tu infinita Misericordia estas oraciones que tu pueblo te presenta. Respondemos:

R.- SEÑOR, QUE RESUCITEMOS CON CRISTO

1. – Por el Papa para que con tu ayuda siga siendo portavoz de la resurrección que tu Hijo nos trae.

OREMOS

2. – Por los gobernantes para que sea su principal preocupación la vida de todos los hombres y mujeres de la tierra.

OREMOS

3. – Por los que viven de espalda a Cristo, para que reciban el Espíritu de Dios y vuelvan a la Vida del evangelio.

OREMOS

4. – Por todos los enfermos, maltratados, por todos aquellos sufren para que Cristo sane sus heridas y los llene de Vida.

OREMOS

5. – Por todos luchan por la defensa de la vida y contra la cultura de la muerte.

OREMOS

6. – Por la paz en el mundo.

OREMOS

Padre escucha nuestras plegarias y haz que preparemos nuestro corazón para que resucite con Cristo a la vida eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


Señor, Dios Padre Nuestro, en tus manos ponemos nuestras necesidades y las de todos los hombres y mujeres de la tierra. Confiamos en tu poder y tu misericordia.

R.- SEÑOR DANOS VIDA.

1. – Por el Papa, Francisco, por los obispos, los sacerdotes y todos los que formamos la Iglesia; para que respondamos a la tarea encomendada por el Señor.

OREMOS

2. – Por todos; los creyentes y no creyentes, para que sepamos ser agradecidos a tantos dones como recibimos cada día del Señor.

OREMOS

3. – Para que cada uno, en el puesto que tenga asignado, se preocupe de ser luz para los hermanos con su testimonio y su vida.

OREMOS

4. -Por los que rigen las naciones; para que no miren el bien de unos pocos, sino que busquen el bien de todos, consiguiendo así una paz duradera.

OREMOS

6. – Por todos los que estamos aquí reunidos; para que nuestros hermanos no tengan que lamentarse del mal uso de la confianza que Dios en nosotros ha depositado.

OREMOS

Escucha, Señor, estas súplicas que te hacemos, y concédenos la gracia de responder lo mejor que podamos.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes IV de Cuaresma

Las lecturas de hoy nos ofrecen dos imágenes muy hermosas: el torrente de agua cada vez más abundante que mana del santuario de Dios y que a su paso todo lo transforma en vida, y la piscina de Siloé que cura a los enfermos que pueden sumergirse en ella. Dos imágenes que simbolizan la sobreabundancia de vida que procede Dios y de Jesús, el Hijo de Dios.

El Evangelio nos presenta a un paralítico que es curado treinta y ocho años después por el poder de la Palabra de Jesús y no por haber entrado en la piscina. Este hombre se curó por haber entrado en contacto con el Señor; y le curó de la parálisis y de algo peor “el pecado” que nos desconecta de Dios y de su proyecto, y es causa de otras parálisis personales: el egoísmo, el odio, el rencor, la envidia, la injusticia… que nos destruyen como personas.

Cuando Jesús sale al encuentro del paralítico se interesa primero por su voluntad “¿quieres?”. Después pronuncia su palabra poderosa que le pone en pie. Dios, en Jesús, se ha acercado a los enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, a los deseosos de sanar, de caminar, de anunciar, de cuestionar el mundo que los quiere postrados. El hecho de que Jesús ordene al paralítico curado que cargue con su camilla en sábado lo introduce en un ámbito nuevo, en el que lo importante no es saber qué trabajos puede hacer en sábado, sino liberar a las personas de todo aquello que les paraliza y les impide ser felices y vivir con dignidad y libertad. Por eso Jesús se opone con fuerza y valentía a que el pecado, las críticas o la legislación lo bloqueen en su proyecto de vida, de resurrección y salvación.

Al hombre de hoy, y de siempre, sentado en los límites de la esperanza sin poder comprometerse con la vida, desilusionado de los demás y con frecuencia también de la religión, es al que Cristo viene a buscar allí donde se encuentre, paralizado por el sufrimiento, el pecado o por las distintas circunstancias de la vida. A este hombre Jesús le pregunta sencillamente “¿Quieres curarte? Y si como el paralítico le dice “Señor, no tengo a nadie que me eche una mano”, oirá de Jesús “Levántate y echa a andar”. No son los ritos vacíos o alguna agua milagrosa la que cura, sino el poder de la Palabra de Jesús que recrea, rompe las ataduras que nos aprisionan, y sobre todo nos libera del pecado y sus consecuencias. Jesús en el corazón del hombre es “el surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”,como él mismo le dijo a la Samaritana. La presencia de Jesús transforma el corazón de las personas y las hace vivir con ilusión y esperanza. Por eso el hombre vive en plenitud cuando Dios está en él.

José Luis Latorre, cmf