La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

2.- LAS TENTACIONES EN SÍ MISMAS

El enemigo toma ocasión del hambre que sufre Jesús después de un ayuno tan prolongado, y le propone usar su poder en provecho propio. Había oído al Bautista predicar que Jesús era el Mesías; y también la voz del Padre en el bautismo, que le proclamaba su Hijo. Sin duda, el demonio -buen conocedor de la naturaleza humana- observaba en Él algo extraordinario, distinto a los demás hombres. Ahora le ve hambriento, y tal vez duda de si efectivamente es el Mesías esperado[1]. Muchos Padres suponen que Satanás ignoraba la dignidad mesiánica de Cristo, o al menos no estaba seguro de ella. Le incita entonces a que manifieste su poder con un portento: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes (Mt). El demonio parece mostrarse compasivo con el Señor.

Jesús responde a la invitación del demonio con unas palabras tomadas de la Escritura[2]. Moisés dijo al pueblo de Israel: (Dios) te ha alimentado con maná, que no conocías ni habían conocido tus padres, para que supieses que no solo de pan vive el hombre, pues el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahvé.

La vida del hombre no pende solamente del pan o de los alimentos, sino de Dios, que puede crear un alimento extraordinario, como el maná. Satanás invita a Jesús a que emplee su poder sobrenatural en su propio provecho, y el Señor le responde que es necesario poner la confianza en Dios, que puede proveer de muchas maneras.


[1] En este sentido, advierte san Agustín: «No creas que el diablo ha perdido su crueldad; cuando acaricia, es cuando más cuidado debemos tener» (Comentario al Evangelio de san Juan, 10, 1).

[2] Dt 8, 3