II Vísperas – Anunciación del Señor

II VÍSPERAS

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR, Solemnidad

Fiesta de origen oriental, que pasó a Roma en el siglo VII.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Dios te salve, anunciación,
morena de maravilla,
tendrás un Hijo más bello
que los tallos de la brisa.

Mensaje de Dios te traigo.
Él te saluda, María,
pues Dios se prendó de ti,
y Dios es Dios de alegría.

Llena de gracia te llamo
porque la gracia te llena;
si más te pudiera dar,
mucha más gracia te diera.

El Señor está contigo
aún más que tú estás con Dios;
tu carne ya no es tu carne,
tu sangre ya es para dos.

Y bendita vas a ser
entre todas las mujeres,
pues, si eres madre de todos,
¿quién podría no quererte?

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. El ángel el Señor anunció a María, y concibió por obra del Espíritu Santo.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El ángel el Señor anunció a María, y concibió por obra del Espíritu Santo.

SALMO 129: DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR

Ant. No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz, y se llamará Hijo del Altísimo.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela a la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela a la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz, y se llamará Hijo del Altísimo.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

LECTURA: 1Jn 1, 1-2

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, y os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.
V/ La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

R/ La Palabra en principio estaba junto a Dios.
V/ Y acampó entre nosotros.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El ángel Gabriel habló a María, diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres».

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El ángel Gabriel habló a María, diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres».

PRECES

Oremos con confianza al eterno Padre, que, por medio del ángel, anunció hoy a María nuestra salvación, y digámosle:

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros.

Tú que elegiste a la Virgen María para ser madre de tu Hijo,
— ten piedad de todos los que esperan su redención.

Tú que por boca de Gabriel anunciaste a María el gozo y la paz,
— otorga al mundo entero el gozo de la salvación y la paz verdadera.

Tú que, con la aceptación de tu esclava y con la acción del Espíritu Santo, hiciste que la palabra acampase entre nosotros.
— dispón nuestros corazones para que reciban a Cristo como la Virgen María lo recibió.

Tú que miras a los humildes y colmas de bienes a los hambrientos,
— da ánimos a los abatidos, socorre a los necesitados y ayuda a los moribundos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Dios, para quien nada hay imposible, el único que haces obras maravillosas,
— sálvanos, cuando resucites a los muertos en el último día.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Anunciación del Señor

La alianza de Dios con el hombre
El sí de María y nuestro sí
Lucas 1,26-38

1. Oración inicial

Padre misericordioso, envíame también a mí, en este tiempo de oración y de escucha de tu Palabra, tu ángel santo, para yo pueda recibir el anuncio de la salvación y, abriendo el corazón, pueda ofrecer mi sí al Amor. Envía sobre mí, te ruego, tu Espíritu Santo, como sombra que me cubra, como potencia que me llene. Hasta ahora, oh Padre, yo no quiero decirte otra cosa que mi sí; decirte: “He aquí, que estoy aquí por ti. Haz de mí lo que quieras. “Amén.

2. Lectura

a) Para colocar el pasaje en su contexto:

El pasaje de la anunciación nos conduce del templo, espacio sagrado por excelencia, a la casa, a la intimidad del encuentro personal de Dios con su criatura; nos conduce dentro de nosotros mismos, al profundo de nuestro ser y de nuestra historia, allá donde Dios puede llegar y tocarnos. El anuncio del nacimiento de Juan el Bautista había abierto el seno estéril de Isabel, deshaciendo la absoluta impotencia del hombre y transformándola en capacidad de obrar junto con Dios. El anuncio del nacimiento de Jesús, por el contrario, llama a la puerta del seno fructífero de la “Llena de Gracia” y espera respuesta: es Dios que espera nuestro sí, para poder obrar todo.

b) Para ayudar en la lectura del pasaje:

vv.26-27: Estos dos primeros versículos nos colocan en el tiempo y el espacio sagrados del acontecimiento que meditamos y que reviven en nosotros: estamos en el sexto mes de la concepción de Juan Bautista y estamos en Nazaret, ciudad de Galilea, territorio de los alejados e impuros.. Aquí ha bajado Dios para hablarle a una virgen, para hablar a nuestro corazón.

Nos vienen presentados los personajes de este acontecimiento maravilloso: Gabriel, el enviado de Dios, una joven mujer de nombre María y su esposo José, de la casa real de David. También nosotros somos acogidos a esta presencia, estamos llamados a entrar en el misterio.

vv.28-29: Son las primerísimas frases del diálogo de Dios con su criatura. Pocas palabras, apenas un suspiro, pero palabras omnipotentes, que turban el corazón, que ponen profundamente en discusión la vida, los planes, las esperanzas humanas. El ángel anuncia el gozo, la gracia y la presencia de Dios; María queda turbada y se pregunta de dónde le pueda venir a ella todo esto. ¿De dónde un gozo tal? ¿Cómo una gracia tan grande que puede cambiar incluso el ser?

vv.30-33: Estos son los versículos centrales del pasaje: y la explosión del anuncio, la manifestación del don de Dios, de su omnipotencia en la vida del hombre. Gabriel. el fuerte, habla de Jesús: el rey eterno, el Salvador, el Dios hecho niño, el Omnipotente humilde. Habla de María, de su seno, de su vida que ha sido elegida para dar entrada y acogida a Dios en este mundo y en cualquier otra vida. Dios comienza, ya aquí, a hacerse vecino, a llamar. Está en pie, espera, junto a la puerta del corazón de María; pero también aquí, en nuestra casa, junto a nuestro corazón….

v.34: María ante la propuesta de Dios, se deja manejar por una completa disposición; revela su corazón, sus deseos. Sabe que para Dios lo imposible es realizable, no tiene la mínima duda, no endurece su corazón ni su mente, no hace cálculos; quiere solamente disponerse plenamente, abrirse, dejarse alcanzar de aquel toque humanamente imposible, pero ya escrito, ya realizado en Dios. Pone delante de Él, con un gesto de purísima pobreza, su virginidad, su no conocer varón; es una entrega plena, absoluta, desbordante de fe y abandono. Es la premisa del sí.

vv. 35-37: Dios, humildísimo responde; la omnipotencia se inclina sobre la fragilidad de esta mujer, que somos cada uno de nosotros. El diálogo continúa, la alianza crece y se refuerza. Dios revela el cómo, habla del Espíritu Santo, de su sombra fecundante, que no viola, no rompe, sino conserva intacta. Habla de la experiencia humana de Isabel, revela otro imposible convertido en posible; casi una garantía, una seguridad. Y después, la última palabra, ante la cual es necesario escoger: decir sí o decir no; creer o dudar, entregarse o endurecerse, abrir la puerta o cerrarla. “Nada es imposible para Dios”

v.38: Este último versículo parece encerrar el infinito. María dice su “He aquí” se abre, se ofrece a Dios y se realiza el encuentro, la unión por siempre. Dios entra en el hombre y el hombre se convierte en lugar de Dios: son las Bodas más sublimes que se puedan jamás realizar en esta tierra. Y sin embargo el evangelio se cierra con una palabra casi triste, dura: María queda sola, el ángel se va. Queda, sin embargo, el sí pronunciado por María a Dios y su Presencia; queda la verdadera Vida.

c) El texto:

Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, porque no hay nada imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue.

3. Un momento de silencio orante

He leído y escuchado las palabras del evangelio. Estoy en silencio…Dios está aquí, a la puerta, y pide asilo, precisamente a mí, a mi pobre vida….

4. Algunas preguntas

a) El anuncio de Dios, su ángel, entra en mi vida, ante mí y me habla. ¿Estoy preparado para recibirlo, para dejarle espacio, para escucharlo con atención?

b) Enseguida recibo un anuncio desconcertante; Dios me habla de gozo, de gracia, de presencia. Precisamente las cosas que yo estoy buscando desde hace tanto tiempo, de siempre. ¿Quién me podrá hacer verdaderamente feliz?¿Quiero fiarme de su felicidad, de su presencia?

c) Ha bastado un poco, apenas un movimiento del corazón, del ser; Él ya se ha dado cuenta. Ya me está llenando de luz y amor. Me dice: “Has encontrado gracia a mis ojos”. ¿Agrado yo a Dios? ¿Él me encuentra amable? Sí, así es. ¿Por qué no lo hemos querido creer antes?¿Por qué no lo he escuchado?

d) El Señor Jesús quiere venir a este mundo también a través de mí; quiere acercarse a mis hermanos a través de los senderos de mi vida, de mi ser. ¿Podré estropearle la entrada?¿Podré rechazarlo, tenerlo lejano?¿Podré borrarlo de mi historia de mi vida?

5. Una clave de lectura

Algunas palabras importantes y fuertes que resuenan en este pasaje del evangelio

¡Alégrate!

Verdaderamente es extraño este saludo de Dios a su criatura; parece inexplicable y quizás sin sentido. Y sin embargo, ya desde siglos resonaba en las páginas de las divinas Escrituras y, por consiguiente, en los labios del pueblo hebreo. ¡Gózate, alégrate, exulta! Muchas veces los profetas habían repetido este soplo del respiro de Dios, habían gritado este silencioso latido de su corazón por su pueblo, su resto. Lo leo en Joel: “No temas, tierra, sino goza y alégrate, porque el Señor ha hecho cosas grandes….”(2,21-23); en Sofonías: “Gózate, hija de Sion, exulta, Israel, y alégrate con todo el corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha revocado tu condena” (3,4); en Zacarías: “Gózate, exulta hija de Sion porque, he aquí, que yo vengo a morar en medio de ti, oráculo del Señor” (2,14). Lo leo y lo vuelvo a escuchar, hoy, pronunciado también sobre mi corazón, sobre mi vida; también a mí se me anuncia un gozo, una felicidad nueva, nunca antes vivida. Descubro las grandes cosas que el Señor ha hecho por mí; experimento la liberación que viene de su perdón, yo no estoy ya condenado, sino agraciado, para siempre; vivo la experiencia de la presencia del Señor junto a mí, en mí. Sí, Él ha venido a habitar entre nosotros; Él está de nuevo plantando su tienda en la tierra de mi corazón, de mi existencia. Señor, como dice el salmo, Tú te gozas con tus criaturas (Sal 104, 31) y también yo me gozo en ti; mi gozo está en ti (Sal 104, 34).

El Señor está contigo

Estas palabras tan simples, tan luminosas, dicha por el ángel a María, encierra una fuerza omnipotente; me doy cuenta que bastaría, por sí sola, a salvarme la vida, a levantarme de cualquier caída o fallo, de cualquier error. El hecho de que Él, mi Señor, está conmigo, me sostiene en vida, me vuelve animoso, me da confianza para continuar existiendo. Si yo existo, es porque Él está conmigo. Quizás pueda valer para mí la experiencia que la Escritura cuenta de Isaac, al cual le sucedió la cosa más bella que se puede desear a un hombre que cree en Dios y lo ama; un día se le acerca a él Abimelech con sus hombres, diciéndole; “Hemos visto que el Señor está contigo” (Gén 26, 28) y pidiendo que se hicieran amigos, que se hiciera un pacto. Quisiera que también de mí se dijera la misma cosa; quisiera poder manifestar que el Señor verdaderamente está en mí, dentro de mi vida, en mis deseos, mis afectos, mis gustos y acciones; quisiera que otros pudieran encontrarlo por mi mediación. Quizás, por esto, es necesario que yo absorba su presencia, que lo coma y lo beba.

Me voy a la escuela de la Escritura, leo y vuelvo a leer algunos pasajes en la que la voz del Señor me repite esta verdad y, mientras Él me habla, me voy cambiando, me siento más habitado. ”Permanece en este país y yo estaré contigo y te bendeciré” (Gén 26,3). “Después el Señor comunicó sus órdenes a Josué , hijo de Nun, y le dijo: “Sé fuerte y ten ánimo, porque tu introducirás a los Israelitas en el país que he jurado darles, y yo estaré contigo” (Dt 31,23). ”Lucharán contra ti pero no prevalecerán, porque yo estaré contigo para salvarte y liberarte” (Jer 15,20). “El ángel del Señor aparece a Gedeón y le dice: “¡El Señor es contigo, hombre fuerte y valeroso!” (Jue 6,12). “En aquella noche se le apareció el Señor y le dijo: Yo soy el Dios de Abrahán tu padre, no temas porque yo estoy contigo. Te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor a Abrahán, mi siervo” (Gén 26,24). “He aquí que yo estoy contigo y te protegeré a donde quieras que vayas; luego te haré regresar a este país, porque no te abandonaré sin hacer todo lo que te he dicho” (Gén 28,15) “No temas porque yo estoy contigo; no te descarríes, porque yo soy tu Dios. Te hago fuerte y acudo en tu ayuda y te sostengo con la diestra victoriosa” (Is 41,10)

No temas

La Biblia se encuentra rebosante de este anuncio lleno de ternura; casi como un río de misericordia esta palabra recorre todos los libros sagrados, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Es el Padre que repite a sus hijos que no tengan miedo, porque Él está con ellos, no los abandona, no los olvida, no los deja en poder del enemigo. Es como si fuese una declaración de amor, de corazón a corazón, y llega hasta nosotros. Abrahán ha oído esta palabra y después de él su hijo Isaac, después los patriarcas, Moisés, Josué, David, Salomón y con ellos, Jeremías y todos los profetas. Ninguno está excluido de este abrazo de salvación que el Padre ofrece a sus hijos, también a los más alejados, los más rebeldes. María sabe escuchar profundamente esta palabra y se la cree con fe plena, con absoluto abandono; Ella escucha y cree, acoge y vive también para nosotros. Ella es la mujer fuerte y animosa que se abre a la llegada del Señor, dejando caer todos los miedos, las incredulidades, las negativas. Ella repite este anuncio de Dios dentro de nuestra vida y nos invita a creer con Ella.

Has encontrado gracia

“Señor, si he encontrado gracia a tus ojos…”. Esta es la plegaria que sale más veces del corazón de hombres y mujeres que buscan refugio en el Señor; de ellos habla la Escritura, los encontramos en las encrucijadas de nuestras calles, cuando no sabemos bien a donde ir, cuando nos sentimos golpeados por la soledad o la tentación, cuando vivimos los abandonos, las traiciones, las desconfianzas que pesan sobre nuestra existencia. Cuando no tenemos a nadie y no logramos ni siquiera encontrarnos a nosotros mismo, entonces también nosotros, como ellos, nos ponemos a rezar repitiendo aquellas palabras: “Señor, si he encontrado gracias a tus ojos…”. ¡Cuantas veces quizás las hemos repetido, también solo, en silencio! Pero hoy aquí, en este pasaje evangélico tan sencillo, se nos adelantaron, hemos estado escuchando con anterioridad; ya no necesitamos suplicar, porque ya hemos encontrado todo aquello que estábamos siempre buscando y mucho más. Hemos recibido gratuitamente, hemos sido colmados y ahora rebosamos.

Para Dios nada hay imposible

Hemos llegado casi al final de este recorrido fortísimo de gracia y de liberación; acaba de alcanzarme ahora una palabra que me sacude en lo más profundo. Mi fe está puesta al retortero; el Señor me prueba, me sondea, pone a prueba mi corazón. Lo que el ángel afirma aquí, delante de María, había sido ya proclamado muchas veces en el Antiguo Testamento; ahora alcanza la plenitud, ahora todos los imposibles se realizan; Dios se hace hombre; el Señor se convierte en amigo; el lejano está muy cerca. Y yo, también yo, pequeño y pobre, me hago partícipe de esta inmensidad de gracia; se me dice que también en mi vida lo imposible se convierte en posible. Sólo debo creer, sólo dar mi consentimiento. Pero esto significa dejarse sacudir por la potencia de Dios; entregarme a Él: que me cambia, me libera, me renueva. Nada de esto es imposible. Sí, yo puedo renacer hoy, en este momento, por gracia de su palabra que me ha hablado, que me ha alcanzado hasta el punto más profundo del corazón. Busco y transcribo los pasos de la Escrituras que me repiten esta verdad. Y mientras escribo, mientras las leo y las pronuncio despacio, masticando cada palabra, lo que ellas dicen se realizan en mí… Génesis 18,14; Job 42,2; Jeremías 32, 17; Jeremías 32, 27; Zacarías 8,6; Mateo 19,26; Lucas 18,27.

Heme aquí

Y ahora no puedo huir, ni evitar la conclusión. Sabía desde el principio que precisamente aquí, dentro de esta palabra, tan pequeña sin embargo, tan llena, tan definitiva, Dios me estaba aguardando. La cita del amor, de la alianza entre Él y yo se había señalado precisamente en esta palabra, apenas un suspiro de su voz. Permanezco aturdido por la riqueza de presencia que siento en este ¡“Heme aquí”!; no debo esforzarme mucho para recordar las innumerables veces que Dios mismo la ha pronunciado primero, la ha repetido. Él es el “Heme aquí” hecho persona, hecho fidelidad absoluta, insustituible. Debería ponerme solamente bajo su onda, sólo encontrar su impronta en los polvos de mi pobreza, de mi desierto; debería sólo acoger su amor infinito que no ha cesado jamás de buscarme, de estar junto a mi, de caminar conmigo, donde quiera que yo he ido. El “Heme aquí” está ya dicho y vivido, es ya verdad. ¡Cuántos, antes que yo y cuántos también hoy, junto a mi! No, no estoy solo. Hago una vez más silencio, me coloco una vez más a la escucha, antes de responder… “¡Heme aquí, heme aquí!” (Is 65,1) repite Dios; “Heme aquí, soy la sierva del Señor”, responde María; “Heme aquí, que yo vengo para hacer tu voluntad” (Sal 39,8) dice Cristo.

6. Un momento de oración: Salmo 138

Estribillo: Padre, en tus manos encomiendo mi vida

Tú me escrutas, Yahvé, y me conoces;
sabes cuándo me siento y me levanto,
mi pensamiento percibes desde lejos;
de camino o acostado, tú lo adviertes,
familiares te son todas mis sendas.
Aún no llega la palabra a mi lengua,
y tú, Yahvé, la conoces por entero;
me rodeas por detrás y por delante,
tienes puesta tu mano sobre mí.
Maravilla de ciencia que me supera,
tan alta que no puedo alcanzarla.
¿Adónde iré lejos de tu espíritu,
adónde podré huir de tu presencia?
Si subo hasta el cielo, allí estás tú,
si me acuesto en el Seol, allí estás.

Porque tú has formado mis riñones,
me has tejido en el vientre de mi madre;
te doy gracias por tantas maravillas:
prodigio soy, prodigios tus obras.
¡Qué arduos me resultan tus pensamientos,
oh Dios, qué incontable es su suma!
Si los cuento, son más que la arena;
al terminar, todavía estoy contigo.
Sondéame, oh Dios, conoce mi corazón,
examíname, conoce mis desvelos.
Que mi camino no acabe mal,
guíame por el camino eterno.

7. Oración final

Padre mío, tu has bajado hasta mí, me has tocado el corazón, me has hablado, prometiéndome gozo, presencia, salvación. En la gracia del Espíritu Santo, que me ha cubierto con su sombra, también yo junto a María, he podido decirte mi sí, el “Heme aquí” de mi vida por ti. Ahora no me queda nada más que la fuerza de tu promesa, tu verdad: “Concebirás y darás a la luz Jesús”. Señor, aquí tienes el seno abierto de mi vida, de mi ser, de todo lo que soy. Pongo todo en tu corazón. Tú, entra, ven, desciende te ruego a fecundarme, hazme generadora de Cristo en este mundo. El amor que yo recibo de ti, en medida desbordante, encuentre su plenitud y su verdad cuando alcance a los hermanos y hermanas que tú pones en mi camino. Nuestro encuentro, oh Padre, sea abierto, sea don para todos; sea Jesús, el Salvador. Amén.

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 24-27

24Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol será oscurecido y la luna no dará su luz, 25y las estrellas estarán del cielo cayendo, y los poderes que [están] en los cielos serán tambaleados.
26Y entonces verán al Hijo del Hombre venir entre nubes con mucho poder y gloria.
27Y entonces enviará a los ángeles y congregará a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el final de la tierra hasta el final del cielo”».

• Esta declaración conduce a la sección culminante del capítulo, en la cual Jesús profetiza la desintegración del universo y el retorno del Hijo del Hombre en gloria. La perícopa se divide nítidamente en dos mitades de igual extensión: 13,24-25, que describe las catástrofes cósmicas que preceden al advenimiento del Hijo del Hombre, y 13,26-27, que describen el advenimiento en sí.

• 13,24-25: En el pasaje anterior, Jesús había hablado de mesías y profetas falsos que obrarían «signos y prodigios» engañosos, pensados para extraviar a los elegidos haciéndoles creer que el mesías había llegado. Jesús se dispone ahora a mencionar los signos verdaderos y se pregunta qué es lo que presagia la llegada del Hijo del Hombre: el oscurecimiento del sol y de la luna, la caída de las estrellas, y la sacudida de los poderes celestiales (cf. Jl 2,30-31, que califica como «prodigios» el oscurecimiento del sol y de la luna). El pasaje comienza con una frase llena de resonancias bíblicas, «Pero en aquellos días», que ya en el AT puede referirse a un acontecimiento escatológico que sirve de señal (cf. por ejemplo, Jr 31,29; 33,15-16; Jl 2,29; 3,1; Zac 8,23). Las palabras que siguen, «después de aquella tribulación» (13,24a), confirman el matiz escatológico. Los acontecimientos posteriores a la tribulación comienzan con una catástrofe cósmica descrita por un pastiche de profecías escatológicas del AT: Am 5,20 había hablado ya «del día del Señor» como de un tiempo de oscuridad; en algunos pasajes proféticos posteriores esta descripción metafórica es interpretada literalmente, como un oscurecimiento del sol, la luna y las estrellas (cf., por ejemplo, Is 13,10; 24,21.23; 34,4; Ez 32,7-8; Jl 2,10.31; 3,15).

Así pues, Jesús parece utilizar tradiciones apocalípticas conocidas sobre el derrumbamiento del cosmos, pero las reconfigura de manera original. El tema del «castigo de las naciones», por ejemplo, está ausente de nuestro pasaje y en verdad de todo este discurso escatológico; la única mención de las naciones está en 13,10, donde aparecen como objeto de misión más que de condenación. Esta inversión puede reflejar un interés peculiar del Jesús histórico, pero es probablemente también un reflejo de la situación marcana, en la que el mensaje cristiano ha sido rechazado por los judíos, pero abrazado por los gentiles. La profecía de Jesús comienza con una referencia al oscurecimiento del sol y de la luna (13,24). Este hecho devuelve el universo a la situación anterior al cuarto día de la creación (Gn 1,14-19). Hay también pruebas internas en el evangelio para apoyar la idea de esta reversión al caos primordial, ya que 13,19 habla de una tribulación tan grande como jamás hubo «desde el principio de la creación». Esta tipología «tiempo del principio // tiempo del final» continúa posiblemente en la descripción, en 13,25, de las estrellas que caen del cielo y la sacudida de las «potencias» celestiales, ya que las estrellas fueron también creadas en el cuarto día y el relato del Génesis enfatiza su ordenado emplazamiento en la «firme estructura» del cielo para servir como signos «de las estaciones, de los días y los años». Ahora, consecuentemente, cuando tiembla el firme edificio celeste, las estrellas caen y se disuelve el universo de espacio-tiempo estructurado por las estaciones, los días y los años.

Sin embargo, nuestro pasaje no describe solamente una reversión al caos, sino que insinúa también la victoria sobre él. En el AT y en fuentes judías y cristianas, el oscurecimiento escatológico del sol, la luna y las estrellas se conciben a menudo como el acontecimiento culminante de la batalla cósmica entre Dios y las fuerzas de mal. Esto es así porque se considera a los cuerpos celestes como animados; la expulsión del cielo de Satán y de los demonios, por ejemplo, es comparada a la caída de las estrellas y se designa a los malvados espíritus cósmicos como «potencias» vinculadas a los cuerpos celestes, e imaginados como residentes «en los lugares celestiales». En Marcos mismo, la idea de potencias/poderes (dynamis y vocablos emparentados) está vinculada a la lucha entre Dios y Jesús, por una parte, y Satán y los demonios, por otra (cf. 3,23-27; 5,3; 9,22-23.28-29).

Si ahora leemos que los poderes celestiales se tambalean, y en el siguiente versículo aparece que el Hijo del Hombre llega entre nubes «con gran poder», está claro que el motivo del temblor tiene su correlato en el miedo de los demonios, y que la yuxtaposición de los dos usos de dynamis sugiere que un poder sobrenatural está desplazando al otro.

• 13,26-27: Teniendo en cuenta este contexto de batalla cósmica y la conexión gramatical entre la última frase de 13,25 y el principio de 13,26, tiene sentido entender que el sujeto implícito de «verán» sean las potestades celestes que se tambalearán: los que verán en primer lugar al Hijo del Hombre que llega entre nubes serán los poderes celestes personificados a través de cuyo reino hará él su descenso triunfal. Este descenso se describe utilizando imágenes tomadas de Dn 7,13-14, pero el sentido del movimiento queda invertido: en vez de ascender entre nubes hacia Dios, el Hijo del Hombre vendrá entre nubes del cielo a la tierra. Su llegada «entre nubes» es significativa, ya que las nubes acompañan frecuentemente a las teofanías (cf., por ejemplo, Dt 33,26; 2Sm 22,12; Sal 68,4 [67,35 LXX]; Ez 1,4), y en Dn 7 el acompañamiento de las nubes sugiere que «uno como un Hijo del Hombre» es una figura divina. El advenimiento entre nubes, por tanto, es uno de los varios modos por los que en Marcos el Hijo del Hombre que vuelve es como Dios. El «poder» y la «gloria» son también atributos divinos, y el matiz de resplandor de estos últimos contrasta vistosamente con el telón de fondo oscuro de 13,24-25.

La reunión de los que han sido elegidos por Jesús, con la que concluye el pasaje (13,27), está relacionada tanto con el estricto contexto marcano como con numerosas concepciones bíblicas de un modo amplio. Por una parte, esta reunión acaba con el maligno propósito de los falsos cristos y profetas, que han hecho todo lo posible por extraviar a los elegidos (13,22). Por otra, la frase sobre la «reunión» de los elegidos aporta la noción bíblica de que el pueblo disperso va finalmente a ser reunido desde los cuatro puntos cardinales (cf., por ejemplo, Dt 30,4; Is 43,5-6; Zac 2,6). Pero Jesús modifica un tanto el guión bíblico al describirse a sí mismo, y no a Dios, como la figura que efectuará esta reunión, y es su advenimiento -y no el de Dios- el que irá acompañado por el oscurecimiento de las luminarias celestes. Así pues, aunque Jesús se distinguirá dentro de poco «del Padre» por su carencia de conocimiento exacto sobre el horario escatológico (13,32), nuestro pasaje establece que cuando se trata del conocimiento de la naturaleza del tiempo final, del eschaton, Jesús está sumamente bien informado, y que él compartirá muchos de los atributos divinos cuando vuelva en la parusía.

El guión escatológico que Jesús ha estado revelando desde 13,5 ha sido ya totalmente desvelado; «todas estas cosas» sobre las que los discípulos preguntaron en 13,4 han sido ya reveladas. En el siguiente pasaje, por tanto, Jesús puede volver a la cuestión original de cuándo ocurrirán «todas estas cosas».

Comentario – La Anunciación del Señor

Celebramos la Anunciación del Señor. Anunciar al Señor que viene a este mundo en carne mortal es anunciar un nacimiento humano. Esto es lo que da a entender Isaías cuando, en perspectiva profética, habla de esa señal que le es dada por Dios a Acaz sin que éste la pida siquiera. La señal de la presencia del Enmanuel (el Dios-con-nosotros) en medio de nosotros será su nacimiento virginal o nacimiento de una virgen que, tras quedar en cinta, lo dará a luz. Esto mismo es lo que le anuncia el ángel Gabriel a María, esa mujer de Judea desposada con un hombre de la estirpe de David, desposada, pero virgen y, al parecer, con el propósito de permanecer virgen. En este sentido cabe interpretar la objeción de María a la propuesta del ángel que le anuncia su maternidad: ¿Cómo será eso, pues no conozco (ni tengo intención de conocer) varón? Habrá concepción y nacimiento, viene a decirle el ángel, pero no será necesario que renuncie a la virginidad, puesto que el concebido y nacido como Hijo del Altísimo será fruto de la acción del Espíritu Santo en ella: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra.

Semejante concepción es posible porque para Dios nada es imposible: ni la fecundidad de una mujer estéril y anciana como Isabel, que ya está de seis meses, ni la maternidad de una virgen como María. ¿Cómo va a ser imposible para el que ha sacado la naturaleza de la nada (su Creador) sacar vida de la esterilidad temporal o definitiva de esa misma naturaleza o del estado virginal de la misma? A Dios ni le es imposible hacer madre a una mujer estéril, ni a una mujer virgen. De ambos estados Dios puede sacar fecundidad. La afirmación evangélica es tan rotunda e incuestionable que a María, una mujer tan llena de fe y de gracia, no le queda sino reconocer esta realidad, viéndose a sí misma como esclava del Señor, dispuesta en todo momento a aceptar su plan y a colaborar con él: Hágase en mí según tu palabra.

Lo que se anuncia en la Anunciación es, pues, una concepción y un nacimiento: el nacimiento del Enmanuel (según Isaías) y del Hijo del Altísimo (según san Lucas); pero el Enmanuel y el Hijo del Altísimo son el mismo, son el hijo de María Virgen, el concebido y dado a luz por ella sin concurso de varón, aquel a quien se le pondrá por nombre Jesús. Anunciar el nacimiento de Jesús es anunciar la venida en carne del Enmanuel, el Dios-con-nosotros; por tanto, anunciar la encarnación del Encarnado, esto es, del que no teniendo cuerpo, recibe un cuerpo que le ha sido preparado durante el tiempo de su gestación, por supuesto un cuerpo con alma, puesto que se trata de un cuerpo humano y viviente. La anunciación anuncia, por consiguiente, la encarnación del Hijo de Dios, algo que acontece por la vía del nacimiento humano, que no por ser virginal deja de ser humano.

Éste fue el modo en que Cristo (o el Enmanuel) entró en el mundo –como nos hace saber la carta a los Hebreos– para formar parte de él: recibiendo el cuerpo que le había sido preparado para llevar a cabo del mejor modo posible su misión; recibiendo el cuerpo para ofrendarlo en lugar de esos sacrificios y ofrendas que Dios no aceptaba, más aún, que había terminado por aborrecer. Pero ese cuerpo lo recibe de una mujer virgen (porque el mismo Dios así lo ha querido), y lo recibe naciendo de esta mujer. He aquí el misterio central de la fe cristiana, el misterio que distingue el cristianismo de cualquier otra religión, el misterio del Dios que entra en el mundo recibiendo un cuerpo para formar parte de él. Con este cuerpo podrá decir lo que está escrito en el libro: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad. Tal será la voluntad que le lleve –como indica Hebreos– a inmolarse (oblación) en el cuerpo recibido convirtiéndose en víctima expiatoria agradable a Dios.

Éste es el núcleo de la obra de la redención llevada a cabo por el Redentor. Todos los que tienen protagonismo en esta obra, empezando por el mismo Redentor, son conscientes de estar aquí, en este mundo y tiempo concretos, para hacer la voluntad de ese Dios que lo planifica todo con vistas a la salvación de todos; porque si Cristo, al entrar en el mundo, dice: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad, la mujer que propicia esta entrada con su maternidad dice también: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Nosotros, destinatarios al tiempo que colaboradores de esta salvación, no podemos decir otra cosa que lo que hemos oído de sus protagonistas principales. Se trata de secundar la voluntad salvífica de ese Dios que no persigue otra cosa que nuestro bien. Con este fin nos ha enviado a su Hijo como Enmanuel y como corpóreo, sirviéndose para ello de una mujer virgen, María, la llena de gracia y la bendita entre las mujeres. Tal es el misterio de la encarnación que hoy rememoramos. También a nosotros se nos ha dado un cuerpo (con alma) para entregarlo por la propia salvación y por la del mundo entero.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

Capítulo II

La solicitud del Obispo por la Iglesia universal
y la colaboración entre los Obispos

“Todos los Obispos, en cuanto miembros del Colegio episcopal
y legítimos sucesores de los Apóstoles por institución y mandato de Cristo,
han de extender su preocupación a toda la Iglesia” (Pastores Gregis
, 55).


I. La solicitud del Obispo por la Iglesia Universal

13. Colaboración para el bien de la Iglesia universal.

En virtud de su pertenencia al Colegio episcopal, el Obispo se muestra solícito por todas las Iglesias y está unido a los otros miembros del Colegio mediante la fraternidad episcopal y el estrecho vínculo que une a los Obispos con la Cabeza del Colegio; esto exige que cada Obispo colabore con el Romano Pontífice, Cabeza del Colegio episcopal, a quien, por el oficio primacial sobre toda la Iglesia, se le confía la tarea de llevar la luz del Evangelio a todos los pueblos.

En primer lugar, el Obispo deberá ser efectivamente signo y promotor de unidad en la Iglesia particular, que él representa en el seno de la Iglesia universal. Deberá mostrar solicitud por toda la Iglesia, que aun cuando no se ejercite individualmente sobre unos fieles concretos con la potestad de jurisdicción, contribuye al bien de todo el Pueblo de Dios. Por este motivo, el Obispo deberá “promover y defender la unidad de la fe y la disciplina común de toda la Iglesia”,(38) contribuyendo al Magisterio ordinario de la Iglesia y a la adecuada aplicación de la disciplina canónica universal, educando a los propios fieles al sentido de la Iglesia universal y colaborando en la promoción de toda actividad común en la Iglesia. El Obispo no deberá olvidar jamás el principio pastoral según el cual, rigiendo bien la propia Iglesia particular, contribuye al bien de todo el Pueblo de Dios, que es el cuerpo de las Iglesias.

Además de la principal forma institucional de colaboración del Obispo al bien de toda la Iglesia en la participación en el Concilio Ecuménico, en el que se ejercita de forma solemne y universal la potestad del Colegio episcopal, dicha colaboración se realiza también en el ejercicio de la suprema y universal potestad mediante la acción conjunta con los otros Obispos, si el Romano Pontífice la promueve como tal o la recibe libremente.(39) Todo Obispo tiene el derecho y el deber de asistir y colaborar activamente en esta o la otra acción colegial con la oración, el estudio y el propio voto.

El Sínodo de los Obispos ofrece una preciosa ayuda consultiva a la función primacial del Sucesor de Pedro, además de reforzar los vínculos de unión entre los miembros del Colegio episcopal.(40) Si se le llama a participar personalmente, el Obispo cumplirá con celo el encargo, mirando por la gloria de Dios y por el bien de la Iglesia. Estos mismos sentimientos deben guiarlo al dar su parecer sobre las cuestiones propuestas a la reflexión sinodal o cuando se trata de elegir en el seno de la propia Conferencia Episcopal Obispos empeñados en el ministerio u Obispos eméritos que, por conocimiento y experiencia en la materia, pueden representarlo en el Sínodo.

La misma solicitud por la Iglesia universal empujará al Obispo a presentar al Papa consejos, observaciones y sugerencias, a señalar peligros para la Iglesia, ocasiones para iniciativas u otras indicaciones útiles: de ese modo, presta un inestimable servicio al ministerio primacial y una segura contribución a la eficacia del gobierno universal. Cuando se le pide un parecer sobre cuestiones morales o se le requiere para colaborar en la preparación de documentos de alcance universal – especialmente si desempeña el oficio de miembro o consultor de algún Dicasterio de la Curia Romana – el Obispo responde con franqueza, después de un serio estudio y meditación de la materia coram Domino.(41) Si se le pide desempeñar un encargo en beneficio de toda la Iglesia, el Obispo hará lo posible para aceptarlo y lo cumplirá con diligencia.

Consciente de su responsabilidad por la unidad de la Iglesia y teniendo presente con cuánta facilidad cualquier declaración llega hoy a conocimiento de amplios estratos de la opinión pública, se guarde el Obispo de poner en discusión aspectos doctrinales del magisterio auténtico o disciplinares, para no dañar la autoridad de la Iglesia y la suya propia; si tiene cuestiones que plantear respecto a dichos aspectos doctrinales o disciplinares, recurra más bien a los canales ordinarios de comunicación con la Sede Apostólica y con los otros Obispos.


38 Conc. Ecum. Vat. II, Constituição Dogmática Lumen Gentium, 23.

39 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Constituição Dogmática Lumen Gentium, 22; Codex Iuris Canonici, cân. 337.

40 Cf. JOÃO PAULO II, Exortação Apostólica pós-sinodal Pastores Gregis, 58.

41 Cf. JOÃO PAULO II, Constituição Apostólica Pastor Bonus, arts 7 ; 8 ; 26.

Comentario Domingo V de Cuaresma

Oración preparatoria

Señor Jesús: Tú eres la resurrección y la vida. Dinos a menudo como a Lázaro: levántate, vive, no te quedes bajo la losa, ni a media vida. Gracias porque nos concedes creer y confiar en Ti. Gracias a Ti no hay ni enfermedad ni muerte que se resista a tu amor poderoso; no hay debilidad nuestra que se resista al poder de tu palabra de vida; no hay nada que hagamos que sea inútil, ni infecundo, ni absurdo; Desde Ti, nos ponemos en pie cada día. Desde Ti, nuestra debilidad se hace fuerte. Desde Ti, nuestro cansancio se hace de nuevo aliento de vida. Desde Ti, nuestro corazón herido se siente perdonado y sanado para la vida.

 

Jn 11, 1-45

«1Pero había un enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de Marta, su hermana. 2Pero María era la que había ungido al Señor con perfume y secado sus pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. 3Así que las hermanas enviaron a él a decir: “Señor, aquel a quien quieres está enfermo”. 4Pero al oírlo, Jesús dijo: “Esta enfermedad no es de muerte, sino para la gloria de Dios, para que sea glorificado el Hijo de Dios por ella”.

5Pero Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6Así que cuando oyó que estaba enfermo, entonces permaneció dos días más en el lugar donde estaba. 7Al cabo de ellos, dice a los discípulos: “Vayamos a Judea de nuevo”. 8Le dicen los discípulos: “Rabbí, con que hace poco los judíos buscaban apedrearte, ¿y de nuevo vuelves allí?”.

9Respondió Jesús: “¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10pero si uno anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él”. 11Dijo esto y añadió: “Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle”. 12Así que le dijeron los discípulos: “Señor, si duerme, será salvado”. 13Pero Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos pensaron que hablaba del descanso del sueño. 14Así que entonces Jesús les dijo con franqueza: “Lázaro ha muerto, 15y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos a él”. 16Así que dijo Tomás, llamado el Mellizo, a los condiscípulos: “Vayamos también nosotros para que muramos con él”.

17Así que habiendo llegado Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18Pero Betania estaba cerca de Jerusalén, como a unos quince estadios [3 kms.], 19pero muchos judíos habían venido junto a Marta y María, para que fuesen consoladas por su hermano.

20Así que cuando Marta oyó que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María se quedó en casa. 21Así que dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22Pero incluso ahora sé que todo cuanto pidas a Dios, Dios te lo dará”.

23Le dice Jesús: “Tu hermano resucitará”. 24Le dice Marta: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día”. 25Le dijo Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque muera, vivirá; 26y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?”. 27Le dice: “Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que viene al mundo”. 28Y dicho esto, fue y llamó a María, su hermana, y le dijo al oído: “El Maestro está ahí y te llama”. 29Pero cuando lo oyó, se levantó rápidamente y fue hacia él.

30Pero Jesús todavía no había llegado al pueblo, sino que estaba aún en el lugar donde lo había encontrado Marta. 31Así que los judíos que estaban con ella en la casa y que la consolaban, al ver a María que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para que llorara allí. 32Así que cuando María llegó donde estaba Jesús, al verlo, cayó a sus pies diciéndole: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”.

33Así que Jesús, cuando la vio llorando y llorando también los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó 34y dijo: “¿Dónde lo habéis puesto?”. Le dicen: “Señor, ven y verás”. 35Jesús derramó lágrimas. 36Así que decían los judíos: “¡Mirad cómo le quería!”. 37Pero algunos de ellos dijeron: “Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que este no muriera?”.

38Así que Jesús, conmoviéndose de nuevo en su interior, va al sepulcro. Pero era una cueva y tenía puesta encima una losa. 39Dice Jesús: “Quitad la losa”. Le dice Marta, la hermana del muerto: “Señor, ya huele, porque es el cuarto día”. 40Le dice Jesús: “¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios?”. 41Así que quitaron la losa. Pero Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado; 42pero yo sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has 43 enviado”. Y dicho esto, gritó con fuerte voz: “¡Lázaro, ven afuera!”.

44Salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Les dice Jesús: “Desatadlo y dejadle andar”.

45Así que muchos de los judíos que habían venido donde María, viendo lo que había hecho, creyeron en él».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

En el umbral de la Pascua, el relato de la resurrección de Lázaro es como un anticipo de la resurrección de Jesús. Resucitando a Lázaro, Jesús se revela como nuestra Resurrección y nuestra Vida, y nos revela que la última palabra sobre la realidad no la tienen la muerte ni el mal, sino el Padre que, por amor y fidelidad, nos resucitará a nosotros como resucitó a su Hijo Jesús. Este evangelio es el corazón de la sección quinta del evangelio, dedicada a la fiesta de la Dedicación (10,22-11,54). Esta sección comienza con el enésimo desencuentro de Jesús con los judíos (un “personaje” narrativo del evangelio de Juan) a cuenta de su identidad como Mesías e Hijo de Dios (10,22-40). En la parte central encontramos este largo episodio de la resurrección de Lázaro (11,1-44). Y la sección culmina con la decisión de matar a Jesús por parte de los sumos sacerdotes y fariseos (11,45-54).

 

TEXTO

El texto se compone de 5 partes:

1) vv. 1-6: Presentación de la situación: Lázaro está enfermo y sus hermanas, Marta y María mandan llamar a Jesús.

2) vv. 7-16: La conversación de Jesús con sus discípulos, en la que Juan utiliza otra vez el recurso del equívoco.

3) vv. 17-27: La llegada de Jesús y su encuentro con Marta.

4) vv. 28-37: El encuentro de Jesús con la otra hermana, María.

5) vv. 38-45: Jesús resucita a Lázaro: este signo suscita la fe de muchos judíos.

El texto se articula en torno al tema de la gloria de Dios (vv. 4 y 40), manifestada en Jesús por medio de la resurrección de Lázaro. El segundo tema decisivo del relato es la fe: creer en Jesús. En la parte central (vv. 17-27) se encuentra la afirmación esencial del relato: YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA (v. 25).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Atención a los personajes del relato:

1) Lázaro: El amigo de Jesús y sus discípulos (v. 11) era especialmente querido por el Señor, como insiste el texto (vv. 3.5.36). Cuando Jesús llega a Betania, hacía cuatro días que Lázaro había muerto. El texto lo señala dos veces (vv. 17.39) para insistir en que estaba definitivamente muerto, según la consideración judía de que la muerte era definitiva a partir del cuarto día, cuando la corrupción del cuerpo empezaba a borrar los rasgos del difunto.

Al final, Lázaro sale del sepulcro “atado de pies y manos”, como símbolo del poder del mal y de la muerte, que atenaza y paraliza. ¿Sientes que hay alguna losa sobre tu vida cuyo peso parece superior a tus fuerzas? ¿Necesitas ser sacado de algún sepulcro o liberado de algunas ataduras?

2) María: Está en el centro de los tres hermanos; es el personaje más conocido, debido al gesto que hizo con Jesús, narrado en Jn 12,1ss. Destaca el lugar de María: siempre “a los pies” de Jesús, escuchando su Palabra (Lc 10,39), postrándose ante Él (Jn 11,32), o ungiendo sus pies con perfume (Jn 12,1ss). María dirige a Jesús el mismo reproche que Marta, pero su primer gesto es la reverencia amorosa (se postra ante Jesús).

3) Marta: Sale hacia Jesús cuando se entera de que está cerca pero sus primeras palabras son una queja y un reproche: “Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. En el diálogo con Jesús, este sondea la profundidad de su fe. Marta cree en la resurrección en el último día, como los fariseos. Al principio, su fe no es aún una fe viva en Jesús como aquel que puede resucitar y dar vida, porque Él mismo es la Vida. Después de la solemne afirmación de Jesús en el v. 25, sí. ¿Alguna vez, como Marta y María, has reprochado a Dios su ausencia? ¿Alguna vez le has dicho: “¿dónde estás?”, “¿dónde te escondes?” o “¿por qué tardas?”? Como María, ¿qué gesto de amor a Dios podrías hacer hoy? Como Marta, ¿cómo confiesas tu fe en Jesús, Vida nuestra?

4) Jesús: Se revela, en este evangelio, profundamente humano y divino. Su revelación solemne es: “Yo soy la resurrección”. En el evangelio de Juan, Jesús utiliza muchas veces la expresión “yo soy” para indicar que comparte la misma divinidad de Dios (su nombre en el AT es “Yo soy el que soy”). Jesús se revela: “Yo soy el buen pastor”, “Yo soy la puerta”, “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el agua viva”, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, “Yo soy la vid”. La resurrección de Lázaro es un relato que quiere transmitirnos esta verdad: El Señor Jesús es el Señor de la Vida y nos resucitará. Junto a esto, Jesús se muestra entrañablemente humano: Jesús amaba profundamente a sus amigos, siente el dolor de la pérdida y llora la muerte de sus seres queridos. Otro aspecto importante es que Jesús reza antes de resucitar a Lázaro. El signo de la resurrección de Lázaro, como los demás signos del evangelio, tienen esta finalidad: “para que creáis” (Jn 11,15.42). ¿Crees en la resurrección de los muertos? ¿Crees en Jesús, Vida y Resurrección nuestra? Contempla a Jesús, profundamente conmovido por el sufrimiento de los otros: ¿Te dejas afectar así por el dolor ajeno? ¿Buscas hacer algo para “desatar” a “los lázaros” que encuentras en tu camino? ¿Eres consciente de que todo lo que haces lo hace Dios en ti? ¿Rezas para recordar que trabajas unido al Padre, como Jesús?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo V de Cuaresma

V Domingo de Cuaresma

29 marzo 2020

Ezequiel 37, 12-14; Salmo 129; Romanos 8, 8-11; Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45

Marta y María

En aquel tiempo, Marta y María, las dos hermanas de Lázaro, le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”. Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Jesús se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?” Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”. Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Reflexión

Jesús tenía mucho afecto por tres hermanos: Lázaro, María y Marta que vivían en Betania: una aldea situada a 3 Km de Jerusalén. A pesar de que avisan a Jesús que su gran amigo Lázaro estaba muy enfermo, Jesús se quedó en el lugar donde estaba unos días más. ¿Por qué Jesús no fue de inmediato a ver a su amigo Lázaro? Jesús tenía un propósito; quería enseñarles que Él es Dios con su gran poder hasta de resucitar a los muertos. Cuando Jesús regresa a casa de Lázaro, ya estaba muerto. ¿Qué le dicen las hermanas de Lázaro (Marta y María) a Jesús? Estaban muy tristes y se lamentaban al saber que, si hubiese llegado un poco antes, su hermano no hubiese muerto. Ellos tenían mucha Fe y Confianza en Jesús. Él les dice: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.” Jesús hace un milagro a la vista de todos, y muestra la Gloria de Dios, levantando a Lázaro de la muerte. Esto sirvió para que muchos judíos creyeran en Jesús. Todos los que creen en Jesús como Salvador y Señor también tendrán vida eterna y resucitaran en los últimos tiempos.

Actividad

Colorea el dibujo alusivo a este evangelio y encuentra las palabras en la sopa de letras.

Oración

Señor, quédate conmigo siempre, ayúdame a creer ciegamente en ti, en tus palabras y obras, para poder gozar de la Gloria de Dios.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Resurrección de Lázaro – Juan 11, 1-45

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús, diciendo: – Señor tu amigo está enfermo. Jesús al oirlo dijo: – Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedo todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: -Vamos otra vez a Judea. Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: – Señor si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: – Tu hermano resucitará. Marta respondió: Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le dice:; – Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella le contestó: – Si, Señor: yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Jesús muy conmovido preguntó: -¿Dónde lo habéis enterrado? Le contestaron: – Señor, ven a verlo. Jesús se echo a llorar. Los judios comentaban:- ¡Cómo lo quería! Pero algunos dijeron: -Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste? Jesús sollozando de nuevo, llegó a la tumba (Era una cavidad cubierta con una losa.) Dijo Jesús: – Quitad la losa Marta, la hermana del muerto, le dijo: -Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días. Jesús le dijo: – ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la losa, Jesús, levantando los ojos a lo alto dijo: – Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado. Y dicho esto, gritó con voz potente: -Lázaro, ven afuera. El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: -Desatadlo y dejadlo andar. Y muchos judíos que habían venido a casa de María al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Explicación

Hoy vemos como gracias a Jesús se da la victoria de la vida sobre la muerte. Jesús recibe el recado de que su amigo Lázaro está enfermo y dos días después va a verlo, pero cuando llegó ya había muerto hacia cuatro días. Jesús, que lo quería mucho fue llorando, con Marta la hermana de Lázaro hasta la tumba. Entonces oro al Padre dándole gracias y después grito: ¡Lázaro ven afuera! Y Lázaro resucitó.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA – “A” (Jn 11, 1-45)

NARRADOR: En aquel tiempo las hermanas Marta y María le mandaron a Jesús diciendo: Tu amigo Lázaro está muy enfermo.

JESÚS: Esta enfermedad no acabará con la muerte. Servirá para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

NARRADOR: Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro, pero se quedó todavía dos días en donde estaba, terminando lo que tenía que hacer. Sólo después se encaminó hacia Judea. Y les dijo a los discípulos:

JESÚS: Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo.

DISCÍPULO: Señor, si duerme, se salvará, se pondrá bien.

JESÚS: Lázaro ha muerto. Ahora vamos a su casa, y me alegro que me acompañéis, para que veáis el poder de Dios y creáis.

NARRADOR: Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba cuatro días enterrado.

MARÍA: ¡Maestro, Maestro! ¿Cómo no has venido antes?

MARTA: Si hubieras estado aquí, ahora estaría vivo, no le habrías dejado que muriera. Pero yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

JESÚS: Tu hermano resucitará.

MARTA: Sé que resucitará en la resurrección del último día.

JESÚS: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?

MARTA: Sí, Señor. Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. El que tenía que venir al mundo.

JESÚS: ¿Dónde le habéis enterrado?

MARÍA: Aquí cerca. Ven a verlo.

NARRADOR: Jesús se echó a llorar, y la gente comentaba: ¡cómo le quería! Otros murmuraban: ¿no podía haber impedido que muriera éste? Jesús sollozando llegó a la tumba y dijo:

JESÚS: ¡Quitad la losa!

MARTA: Señor, huele mal. Lleva ahí cuatro días.

JESÚS: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?

NARRADOR: Los judíos se dispusieron a quitar la losa. Jesús, ante el pueblo, levantó los brazos al Cielo en oración:

JESÚS: Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que Tú me escuchas siempre, pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que Tú me has enviado.

NARRADOR: Y dicho esto, gritó con voz potente:

JESÚS: ¡Lázaro…! ¡Sal fuera!

NARRADOR: El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.

JESÚS: Desatadlo y dejadle andar.

NARRADOR: Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él.
 

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – La Anunciación del Señor

Hoy celebramos la Solemnidad de la Anunciación del Señor dentro de la Cuaresma, tiempo de preparación para celebrar y vivir la Pascua, la Solemnidad de las solemnidades.

En la Anunciación María está en el centro de la escena, ella es la protagonista más eminente, y a la vez es el modelo para el discípulo de Jesús. María es la mujer que escuchó el mensaje del ángel, dialogó con él, discernió en su corazón y decidió generosamente hacer la voluntad de Dios. Ella puso su vida al servició de Dios para que se pudieran realizar los planes de salvación de la humanidad. Ella permitió que el Espíritu Santo fecundara sus entrañas y así el Hijo de Dios asumiera nuestra carne para redimirla del pecado.

María es la primera y verdadera discípula de Jesús, y el modelo para todo discípulo que quiera seguir a Jesús. Ella brilla en la comunidad creyente como el ejemplo más claro de santidad y fidelidad a Dios.

El discípulo de Jesús debe hacer como María: escuchar la voz del Maestro en lo profundo de su corazón sin ambigüedades, discernir con claridad y sinceridad el querer de Jesús en su vida, permitir que el Espíritu Santo se haga fecundo en su vida, ofrecerse como siervo y cumplir el querer de Jesús. De esta forma el discípulo hace de su vida riesgo, abandono de seguridades, entrega generosa, apertura sin límites y crecimiento insospechado bajo la acción del Espíritu Santo.

Dios en un momento determinado de la Historia de la Salvación pidió la colaboración de María para realizar su proyecto. Hoy también sigue necesitando de nosotros, los discípulos de Jesús, para encarnarse en el mundo y darse a conocer a los hombres. María aceptó de corazón la voluntad de Dios y el Hijo de Dios se hizo hombre; nosotros aceptando la voluntad de Dios en nuestras vidas le permitimos que siga actuando en el mundo y que su Proyecto se vaya realizando en la humanidad. María tuvo la misión de ser la Madre de Jesús; nosotros tenemos la misión de hacer presente el Mensaje del Señor entre nuestros compatriotas y más allá de nuestras fronteras. Como María somos discípulos-misioneros: lo que recibimos los damos; lo que aprendemos lo comunicamos; lo que vivimos lo damos a conocer, pues todo es gracia de Dios para nosotros y para los demás. Un discípulo de Jesús no puede ser egoísta y guardarse los dones y cualidades recibidos solo para sí mismo. María fue cubierta por el Espíritu Santo, los discípulos de Jesús también hemos recibido esa fuerza de lo alto que nos llena de coraje y valentía para dar testimonio de nuestra fe, y como María también cada uno hemos escuchado “no temas, yo estoy contigo”.

Es la hora de los laicos, es el momento del protagonismo del Pueblo fiel de Dios. El Espíritu sopla con fuerza y llama a todos los bautizados a tomar parte en la tarea de la nueva evangelización; y es tan ingente y urgente la evangelización que no podemos dejar atrás a ningún bautizado. En esta tarea todos somos importantes y todos podemos aportar nuestro granito de arena, aunque estemos jubilados o enfermos. Quizá más de uno necesita un empujón para empezar y lanzarse. Cuaresma, tiempo de conversión, ¿no será para alguno esta la conversión que le pide el Señor?

José Luis Latorre,cmf