Vísperas – Jueves IV de Cuaresma

VÍSPERAS

JUEVES IV CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Contadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMO 143: ORACIÓN POR LA VICTORIA Y LA PAZ

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

SALMO 143

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: St 4, 7-8.10

Someteos a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos, purificaos el corazón. Humillaos ante el Señor, que él os levantará.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dice el Señor: «Esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado».

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dice el Señor: «Esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado».

PRECES

Celebremos la misericordia de Dios, que nos ilumina con la gracia del Espíritu Santo, para que nuestra vida resplandezca con obras de fe y santidad, y supliquémosle, diciendo:

Renueva, Señor, al pueblo redimido por Cristo.

Señor, fuente y autor de toda santidad, haz que los obispos, presbíteros y diáconos, al participar de la mesa eucarística, se unan más plenamente a Cristo,
— para que vean renovada la gracia que les fue conferida por la imposición de las manos.

Impulsa a tus fieles para que, con santidad de vida, participen activamente de la mesa de la palabra y del cuerpo de Cristo
— y vivan lo que han recibido por la fe y los sacramentos.

Concédenos, Señor, que reconozcamos la dignidad de todo hombre redimido con la sangre de tu Hijo
— y que respetemos su libertad y su conciencia.

Haz que todos los hombres sepan moderar sus deseos de bienes temporales
— y que atiendan a las necesidades de los demás.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate de todos a los que has llamado hoy a la eternidad
— y concédelos el don de la eterna bienaventuranza.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Padre lleno de amor, te pedimos que, purificados por la penitencia y por la práctica de las buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar, bien dispuestos, a las fiestas de Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves IV de Cuaresma

1) Oración inicial

Padre lleno de amor, te pedimos que, purificados por la penitencia y por la práctica de las buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar, bien dispuestos, a las fiestas de Pascua. Por nuestro Señor. 

2) Lectura el Evangelio

Del Evangelio según Juan 5,31-47
Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí.
Vosotros mandasteis enviados a Juan, y él dio testimonio de la verdad. En cuanto a mí, no es de un hombre del que recibo testimonio; pero digo esto para que vosotros seáis salvos.
Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz.
Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí.
Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que él ha enviado. Vosotros investigáis las Escrituras,
ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí;
y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres.
Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre,
a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios?
No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre.
Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza.
Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creéis en sus escritos,¿cómo vais a creer en mis palabras?» 

3) Reflexión

• Juan, intérprete de Jesús. Juan es un buen intérprete de las palabras de Jesús. Un buen intérprete debe tener una doble fidelidad. Fidelidad a las palabras de aquel que habla, y fidelidad al lenguaje de aquel que escucha. En el Evangelio de Juan, las palabras de Jesús no son transmitidas materialmente al pie de la letra, sino que son traducidas y transpuestas al lenguaje de la gente de las comunidades cristianas del final del primer siglo en Asia Menor. Por este motivo, las reflexiones del Evangelio de Juan no son siempre fáciles de entender. Pues en ellas se juntan las palabras de Jesús y las palabras del evangelista que refleja el lenguaje de fe de las comunidades de Asia Menor. Por esto mismo, no basta el estudio erudito o científico de las palabras para poder captar el sentido pleno y profundo de las palabras de Jesús. Es necesario tener en nosotros también una vivencia comunitaria de la fe. El evangelio del día de hoy es un típico ejemplo de la profundidad espiritual y mística del discípulo amado.
• Iluminación mutua entre vida y fe. Aquí vale repetir lo que Juan Cassiano dijo respecto del descubrimiento del sentido pleno y profundo de los salmos: “Instruidos por aquello que sentimos, no percibimos el texto como algo que solamente oímos, sino como algo que experimentamos y tocamos con nuestras manos; no como una historia extraña e inaudita, sino como algo que damos a luz desde lo más profundo de nuestro corazón, como si fueran sentimientos que forman parte de nuestro ser. Repitámoslo: no es la lectura (estudio) lo que nos hace penetrar en el sentido de las palabras, sino la propia experiencia adquirida anteriormente en la vida de cada día” (Collationes X,11). La vida ilumina el texto, el texto ilumina la vida. Si, a veces, el texto no nos dice nada, no es por falta de estudio ni por falta de oración, sino sencillamente por falta de profundidad en nuestra vida.
• Juan 5,31-32: El valor del testimonio de Jesús. El testimonio de Jesús es verdadero, porque no se promueve a sí mismo, ni se exalta a sí mismo. “Otro es el que da testimonio de mí”, y es el Padre. Y su testimonio es verdadero y merece fe.
• Juan 5,33-36: El valor del testimonio de Juan Bautista y de las obras de Jesús. Juan Bautista también dio testimonio respecto de Jesús y lo presentó a la multitud como enviado de Dios que debía venir a este mundo (cf. Jn 1,29.33-34; 3,28-34). Por esto, por muy importante que sea el testimonio de Juan, Jesús no depende de él. El tiene un testimonio a su favor que es mayor que el testimonio de Juan, a saber, las obras que el Padre realiza por medio de él (Cf. Jn 14,10-11).
• Juan 5,37-38: El Padre da testimonio a favor de Jesús. Anteriormente, Jesús había dicho: “Quien es de Dios oye las palabras de Dios” (Jn 8,47). Los judíos que acusan a Jesús no tienen la mente abierta para Dios. Por ello, no consiguen percibir el testimonio del Padre que les llega a través de Jesús.
• Juan 5,39-41: La escritura da testimonio a favor de Jesús. Los judíos dicen tener fe en las escrituras, pero en realidad no entienden la Escritura, pues la propia Escritura habla de Jesús (cf. Jn 5,46; 12,16.41; 20,9).
• Juan 5,42-47: El Padre no juzga, pero confía el juicio al hijo. Los judíos se dicen fieles a la Escritura y a Moisés y, por ello, condenan a Jesús. En realidad, Moisés y la escritura hablan respecto de Jesús y piden creer en él. 

4) Para la reflexión personal

• La vida ilumina el texto y el texto ilumina la vida. ¿Has experimentado esto alguna vez?
• Trata de profundizar en el valor del testimonio de Jesús. 

5) Oración final

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. (Sal 144)

La alegría, consecuencia del amor y de la lucha ascética (Alegría)

Sin lucha, no se logra la victoria; sin victoria, no se alcanza la paz. Sin paz, la alegría humana será solo una alegría […] (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 82).

Mas esta fuerza tiene el amor, si es perfecto: que olvida mas nuestro contento por contentar a quien amamos. Y verdaderamente es así, que, aunque sean grandísimos trabajos, entendiendo contentamos a Dios, se nos hacen dulces (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 10).

El amor produce en el hombre la perfecta alegría. En efecto, sólo disfruta de veras el que vive en caridad. (SANTO TOMÁS Sobre la caridad, 1, C., 205).

En la tierra hasta la alegría suele parar en tristeza; pero para quien vive según Cristo, incluso las penas se truecan en gozo (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 18).

Comentario – Jueves IV de Cuaresma

El evangelista nos presenta el debate que mantuvo Jesús con los judíos a propósito de los signos de credibilidad que lo acompañaban. La predicación de Jesús era en último término un testimonio de sí mismo y de su misión en el mundo como enviado del Padre. Este testimonio podía encontrar la aceptación, más o menos entusiasta, la indiferencia o el rechazo que fácilmente podía derivar en confrontación. Los relatos evangélicos ponen de relieve la existencia de todas estas posturas en relación con su mensaje y su persona. La actitud de Jesús frente a la incredulidad –como revelan estos textos del evangelio de san Juan- no fue la de desprecio, sino la de diálogo con aquellos que se resistían a dar crédito a su testimonio. Jesús, refiriéndose a este testimonio, razona con sus adversarios: Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí y sé que es válido el testimonio que da de mí.

En el ámbito social en el que Jesús se desenvolvía, un testimonio adquiría validez jurídica sólo si era refrendado por el testimonio de otros testigos. Esto explica que Jesús, en su argumentación, intente mostrar la existencia de otros testigos que vienen a avalar su propio testimonio. Hay otro, dice, que da testimonio de mí. Pero ese otro no deja de ser un testigo invisible, su Padre Dios. Por eso recurre, seguidamente, al testimonio de Juan el Bautista, el que lo había señalado como Mesías; al testimonio de las Escrituras, que aquellos judíos leían con tanta veneración, pensando encontrar en ellas vida eterna; al testimonio de Moisés, autor parcial de esas Escrituras, que había escrito de él; al testimonio de sus obras, que eran las obras que el Padre le había concedido realizar. Y si el Padre era invisible, las obras salidas de sus manos, no lo eran; y esas obras, por su carácter sobrenatural, daban testimonio de él como enviado del Padre.

Hablando del testimonio de Juan, un testigo verídico, un testigo de la verdad, dirá: No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéisJuan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Juan era un hombre estimado por muchos judíos: alguien al que muchos vieron como una lámpara de cuya luz se podía gozar. Jesús recurre al testimonio que Juan dio de él, cuando los judíos enviaron emisarios para obtener información del Bautista acerca del Maestro de Nazaret, para facilitar la fe de sus oyentes. Pero el testimonio de Juan no deja de ser el testimonio de un hombre. Hay otro testimonio, añade Jesús, que es mayor que el de Juan.

Se trata del testimonio, ya mencionado, de las obras que el Padre le ha concedido realizar: obras milagrosas, extraordinarias, visibles, testificables; obras anunciadas proféticamente y fácilmente comprobables: Id a decirle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los leprosos quedan limpios, y a los pobres se les anuncia la buena noticia. Estas obras maravillosas daban testimonio del poder que Dios le había concedido para llevarlas a cabo. Siendo un testigo invisible, el Padre Dios da testimonio de Cristo, su enviado, en las obras que éste realiza en cuanto enviado de Dios. Es esta convicción la que le lleva a decir: Nunca habéis escuchado su voz –como Moisés-, ni visto su semblante –el rostro de Dios permanece invisible a los ojos humanos-, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. No creer al enviado de Dios es no prestar atención ni dar crédito a su palabra. No creer en Jesús equivale a no creer en Dios, dado que él es su Palabra encarnada.

Los judíos con los que Jesús polemiza apreciaban y estudiaban las Escrituras sagradas. Buscaban en ellas vida más allá de esta vida, vida eterna. Pues bien, les dice Jesús: ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! Las Escrituras son un testimonio permanente a favor de Jesús y de su mesianismo. Para advertirlo basta con leerlas con detenimiento y profundidad, aplicando la clave interpretativa que él mismo nos ofrece o proyectando la luz que nos viene de él.

Este es el momento en que Jesús aprovecha para echarles en cara su dureza de corazón o su ceguera: os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros; yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése sí lo recibiréisvosotros aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios. No es inusual que el prestigio o renombre adquirido por algunas personas confiera una gran autoridad a sus opiniones, aunque éstas no estén en absoluto fundadas; pero la autoridad conquistada acaba imponiéndonos tales opiniones como verdades incuestionables. A veces hablan en nombre propio, no en nombre de una tradición científica, ni en nombre de una ciencia probada. Tales opiniones personales son multitudinariamente recibidas por la autoridad que les confiere el nombre de quien las expresa. Pero puede que no tengan poco que ver con aquella investigación con la que se han ganado ese renombre. Hay actos sociales que revisten de brillo (resp. gloria) la intervención de ciertas personas. Es la gloria humana que nos damos unos a otros; y entre tanta vanagloria, puede que se haya perdido la búsqueda de la gloria que viene de Dios. Cuando no se busca la gloria de Dios, es decir, dar gloria a Dios con nuestras obras, se acaba buscando la gloria de los hombres, esto es, recibir gloria –aprobación, aplausos, parabienes, premios, etc.- de los hombres.

Pero no soy yo –dice Jesús- el que os va a acusar ante el Padre (de nuevo la comparecencia del juicio de Dios), hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanzaSi creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras? El mismo Moisés, cuya autoridad era indiscutible para aquellos judíos, será quien les acuse por no haber creído a aquel de quien él ha dado testimonio en sus escritos. Jesús se remite, por tanto, al mismo Moisés como testigo en su favor. Bastaría con dar fe a los escritos de Moisés para dar fe a sus palabras.

Estos son los testigos invocados por Jesús: uno, contemporáneo y precursor, Juan el Bautista, con sus palabras; otro, antiguo, Moisés, con sus escritos sagrados; y el principal de todos, su Padre Dios, con las obras que le ha concedido realizar. Jesús quiere que nos fijemos en tales testimonios para reafirmar nuestra fe en él. Para nosotros estos testimonios se reducen a uno, al testimonio de Dios plasmado en las Sagradas Escrituras, que son también las que atestiguan el valor y la fuerza de esas obras que tanto impresionaron a sus contemporáneos. Sólo el asombro suscitado por estas obras mantendrá viva y fresca nuestra fe en Jesús como Hijo de Dios.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

14. Colaboración con la Sede Apostólica.

Como consecuencia de su consagración episcopal, de la comunión jerárquica y de su pertenencia al Colegio episcopal, y como signo de unión con Jesucristo, el Obispo tenga muy en cuenta y alimente cordialmente la comunión de caridad y de obediencia con el Romano Pontífice, haciendo propias sus intenciones, iniciativas y alegrías, acreciendo también en los fieles los mismos sentimientos filiales.

El Obispo cumpla fielmente las disposiciones de la Santa Sede y de los varios Dicasterios de la Curia Romana, que ayudan al Romano Pontífice en su misión de servicio a las Iglesias particulares y a sus Pastores. Procure, además, que los documentos de la Santa Sede lleguen capilarmente a conocimiento de los sacerdotes y, según los casos, de todo el pueblo, ilustrando oportunamente el contenido para hacerlo accesible a todos.

Para dar actuación del modo más apropiado a cada documento, además de las eventuales indicaciones presentes en el mismo, el Obispo deberá estudiar su peculiar naturaleza (magisterial, dispositiva, orientativa, etc.) y el contenido pastoral; tratándose de leyes y de otras disposiciones normativas, es necesaria una especial atención para asegurar la inmediata observancia desde el momento de su entrada en vigor, eventualmente mediante oportunas normas diocesanas de aplicación. Si se trata de documentos de otro género, por ejemplo de orientación general, el Obispo mismo deberá valorar con prudencia el mejor modo de proceder, en función del bien pastoral de su grey.

Relaciones con el Legado Pontificio. Éste representa al Romano Pontífice ante las Iglesias particulares y ante los Estados.(42) Su misión no se sobrepone a la función de los Obispos ni la obstaculiza o substituye, sino que la favorece de muchas maneras y la sostiene con fraternos consejos. Por lo tanto, el Obispo se empeñe en mantener con el Representante Pontificio relaciones caracterizadas por sentimientos fraternos y de recíproca confianza, tanto a nivel personal como de Conferencia Episcopal, y utilice sus oficios para transmitir informaciones a la Sede Apostólica y para solicitar las medidas canónicas que a ésta competen.

Como forma específica de colaboración con el ministerio del Romano Pontífice, el Obispo, junto con los demás Pastores de la provincia eclesiástica o de la Conferencia Episcopal o también personalmente, señale a la Sede Apostólica aquellos presbíteros que juzga idóneos para el episcopado. Al llevar a cabo la exploración previa sobre posibles candidatos, el Obispo podrá consultar singularmente personas informadas, pero nunca consentirá que se haga una consulta colectiva, en cuanto que pondría en peligro el secreto prescrito por la ley canónica – necesario cuando se trata del buen nombre de las personas – y condicionaría la libertad del Romano Pontífice en la elección del más idóneo.(43)

“Por razón del vínculo de unidad y de caridad y conforme a las posibilidades de su diócesis, los Obispos contribuyan a que la Sede Apostólica disponga de los medios que, según las distintas circunstancias, necesita para el debido servicio a la Iglesia universal”.(44) El Obispo no descuide tampoco la particular colecta denominada Óbolo de San Pedro, destinada a hacer posible que la Iglesia de Roma pueda cumplir válidamente su oficio de presidencia en la caridad universal. Cuando las posibilidades de la diócesis lo permitan y se le pidan sacerdotes idóneos y preparados, el Obispo los ponga a disposición de la Santa Sede ad tempus o de manera ilimitada.


42 Cf. Codex Iuris Canonici, cân. 363 § 1 e PAULO VI, Motu proprio Sollicitudo Omnium Ecclesiarum.

43 Cf. Codex Iuris Canonici, cân. 377 §§ 2-3 ; CONSELHO PARA OS ASSUNTOS PÚBLICOS DA IGREJA, Decreto Episcoporum delectum, 1, 2.

44 Cf. Codex Iuris Canonici, cân. 1271.

¡Lázaro, sal fuera!

1.- El lunes pasado, a mediodía, bajaba yo por la calle de la Montera(**). Iba a bendecir la casa de unos amigos, cuando me encontré de frente a dos empleadas del amor, que al verme vestido de negro clerical se santiguaron instintivamente, no eran españolas, aquello era quitarse encima un maleficio, era alejar de sí al grajo negro. A me hizo reír pero también me hizo pensar.

A pesar de todas las reformas, de todos los acercamientos, para el pueblo, en medio del que no vivimos, seguimos siendo el cuervo. El ciprés del cementerio. La campana que toca a agonía y a muerte.

Los que hacemos resonar la caja de los truenos del pecado, la muerte y el infierno. Los de los NOES de los mandamientos. Los tenebrosos confesionarios. Los de los responsos y los funerales. La sombra oscura que cae sobre la felicidad y la alegría. La muerte de la vida.

La religión sigue siendo sombría y negativa. Sigue siendo más NO que SÍ. Y muchísima culpa tenemos nosotros, lo curas, y una tradición de siglos.

2.- Y es que muchas veces tenemos olvidado que la Buena Nueva que anuncia el Señor no es la muerte sino la VIDA, aun en medio de su pasión y muerte. La Palabra de Dios de la liturgia de hoy está llena de esa Buena Nueva de VIDA: yo os infundiré mi espíritu y viviréis, el que resucitó a Jesús, resucitará a vuestros cuerpos” “Yo soy la resurrección y la vida” “Lázaro sal fuera” Es una verdadera explosión de vida

Y esto es una constante en todo el evangelio. Jesús es el Verbo de la Vida. Ha venido a dar Vida y Vida abundante. El que come de su carne tiene en vida eterna. .Su cuerpo será entregado para la vida del mundo. Él nos dará un agua que saltará hasta la vida eterna.

Jesús llora tres veces por su cariño hacia a sus amigos, pero llora también porque no está conforme con que su amigo Lázaro, tras él tantos amigos suyos, acaben en un montón de cenizas y huesos regados por las lágrimas de sus familiares. No está conforme porque no es verdad, porque Él es la Vida, y su Padre es la Vida, y su mensaje a los hombres es de VIDA.

Yo creo que Jesús llora también porque íbamos a poner un capuchón negro a la vida y a rodear de cipreses la vida y a amortajar la vida y meterla en un sepulcro donde poco a poco se muere y huele mal.

Y por eso resucita a Lázaro como símbolo de lo que nos viene a traer: Vida y Vida abundante.

3.- Por eso nuestra vida cristiana no puede seguir dando la impresión de obscura y triste. Tiene que estar llena de lo que es la VIDA, que es luz, alegría, amistad cariño, buen humor, esperanza.

VIDA es todo lo contrario a pasotismo, a inmovilismo, a agua estancada y verdosa, a desilusión a tristeza sin esperanza, a lágrimas rabiosas.

VIDA es arrastrar, no ser arrastrado. Es luchar, no rendición incondicional. Es tener ánimos y dar ánimos. Es cara distendida, no crispada y alargada por una macilenta seriedad.

4.- Como Jesús le dijo a Lázaro: “sal fuera” de la muerte a la vida, también nos dice a nosotros:

–sal afuera de la oscuridad, de un concepto negativo de un cristianismo plagado de NOES a la luz de seguir a Cristo por amistad

–sal afuera del sentirte atado por la mortaja a la libertad de los hijos de Dios que proceden por amor.

–sal afuera del hedor que produce todo estancamiento y pasotismo a vivir enérgicamente entregado a servir a los demás.

–sal afuera de la sacristía a la calle. De tener encerrado tu cristianismo en la Iglesia a llevarlo con orgullo donde trabajas y vives.

La llamada de Jesús es eficaz por eso nuestra enfermedad, la de cada uno de nosotros, que nos anquilosa y paraliza y no nos deja vivir nuestro cristianismo con garbo y alegría, esa enfermedad no será de muerte sino para que en ella, en su curación se muestre el poder y el amor del Señor Jesús, como lo fue de Lázaro.

(**) La calle de la Montera es una vía del centro histórico de Madrid, muy cercana a la Puerta del Sol, donde muchas prostitutas, en su mayoría, extranjeras, ejercen su oficio a cualquier hora del día o de la noche.

José Maria Maruri, SJ

Yo soy la resurrección y la vida

Había un enfermo, Lázaro, de Betania, el pueblecito de María y de su hermana Marta. María era la que ungió con perfume al Señor y le enjugó los pies con sus cabellos; su hermano estaba enfermo. Las hermanas mandaron a decir al Señor: «Tu amigo está enfermo». Jesús, al enterarse, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, sino para que resplandezca la gloria de Dios y la gloria del hijo de Dios». Jesús era muy amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro. Y aunque supo que estaba enfermo, se entretuvo aún dos días donde estaba. Sólo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?». Jesús contestó: «¿No tiene doce horas el día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque le falta la luz». Dijo esto, y añadió: «Lázaro, nuestro amigo, duerme; pero voy a despertarlo». Los discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se recuperará». Pero Jesús hablaba de su muerte, y ellos creyeron que hablaba del reposo del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Vamos a verlo». Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a sus compañeros: «Vamos también nosotros a morir con él». 

A su llegada, Jesús se encontró con que hacía cuatro días que Lázaro estaba muerto. Betania distaba de Jerusalén unos tres kilómetros, y muchos judíos habían ido a casa de Marta y María para consolarlas. Así que oyó Marta que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras que María se quedó en casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero yo sé que Dios te concederá todo lo que le pidas». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta le respondió: «Sé que resucitará cuando la resurrección, el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Le contestó: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el mesías, el hijo de Dios que tenía que venir al mundo».

Dicho esto, fue a llamar a María, su hermana, y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama». Ella, así que lo oyó, se levantó rápidamente y salió al encuentro de Jesús. Jesús aún no había entrado en el pueblo; estaba todavía en el sitio donde lo había encontrado Marta. Los judíos que estaban en casa de María y la consolaban, al verla levantarse y salir tan aprisa, la siguieron, creyendo que iba al sepulcro a llorar. Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies, diciendo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Jesús, al verla llorar y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se estremeció y, profundamente emocionado, dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?». Le contestaron: «Ven a verlo, Señor». Jesús se echó a llorar, por lo que los judíos decían: «Mirad cuánto lo quería». Pero algunos dijeron: «Éste, que abrió los ojos al ciego, ¿no pudo impedir que Lázaro muriese?» Jesús se estremeció profundamente otra vez al llegar al sepulcro, que era una cueva con una gran piedra puesta en la entrada. Jesús dijo: «Quitad la piedra». Marta, la hermana del difunto, le dijo: «Señor, ya huele, pues lleva cuatro días». Jesús le respondió: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo bien sabía que siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó muy fuerte: «¡Lázaro, sal fuera!». Y el muerto salió atado de pies y manos con vendas, y envuelta la cara en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar». Muchos de los judíos que habían venido a casa de María y vieron lo que hizo creyeron en él.

Juan 11, 1-45

PARA MEDITAR

En estos días hay muchas personas sufriendo por una pandemia que estamos viviendo. Y todos estamos poniendo nuestro granito de arena para que esto acabe pronto. Con lo que todos hacemos para no contagiarnos y para no contagiar a los demás estamos regalando vida, que es una de los grandes regalos que nos da Dios..

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Estos días estamos viviendo situaciones difíciles. Pero vamos a recordar alguna situación de esperanza que hayamos vivido.
  • ¿Qué es para los cristianos la esperanza? ¿Cómo podemos transmitir los cristianos la esperanza unos a otros?
  • Esta semana vamos a orar por las noches por todas las personas que lo están pasando mal..

ORACIÓN

Tú, Señor, eres bálsamo para nuestras heridas,
resurrección para nuestras muertes,

salud para nuestras enfermedades,
consuelo para nuestros desamores,
aceptación para nuestros fracasos.
Tú potencias nuestra parte de Marta y de María,
nuestra capacidad activa tanto
como la contemplativa.

Tú eres vida para nuestras muertes

Tú también lloras la muerte de un amigo,
también te duelen las dificultades de la vida.
Tú sabes mucho de malos momentos

y de la fuerza del cariño para suavizarlos.
Y sabes también cómo nos venimos abajo ante las contrariedades

y ante las situaciones que no entendemos.
Necesitamos tener el control sobre las cosas,
los acontecimientos y las personas,

y el sentirnos tan vulnerables
nos desasosiega, nos desespera.

Dices que si tuviéramos fe nada nos sería imposible,
pero la muerte no la podemos entender,
nos sobrepasa,

nos separa de los nuestros.
Queremos creer que detrás de toda situación dolorosa hay vida,

que nos encontraremos después,
en la casa del Padre,
que somos finitos y, por tanto,
debemos ir separándonos unos de otros

y que Tú nos ayudarás a superar el dolor de la distancia.

A Marta y María no les devolverías
a su hermano, exactamente,
pero sí el consuelo, el ánimo y la vitalidad personal.
Eso es lo que tenemos que saber dejar que hagas en nosotros,
cada vez que vivimos una muerte,
un dolor, una dificultad aparentemente insoportable.
Contigo la vida es mucho más llevadera.
Tú cercanía nos pone en contacto con todos los recursos personales

y saca lo mejor de unos y otros,
pone en circulación
el cariño que nos facilita la vida,
que nos hace poder con lo casi imposible.

Tú, Señor, eres bálsamo para nuestras heridas,
resurrección para nuestras muertes,
salud para nuestras enfermedades,
consuelo para nuestros desamores, aceptación para nuestros fracasos.

Tú potencias nuestra parte de Marta y de María,
nuestra capacidad activa tanto

como la contemplativa.
Tú nos enseñas a ser amigos, compañeros,
a humanizar y consolar.
Pon palabras en nuestra boca para compartir alegrías y penas,
para expresar el amor contigo y como Tú.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo V de Cuaresma

• En este signo Jesús toma la iniciativa (7) y se compromete (8). Y en la reflexión que hace sobre este compromiso, con la imagen de la luz (9-10), invita a los discípulos a superar la reticencia a seguirlo y a tomar el mismo compromiso (16).

• Un dato curioso: todos los personajes salen de su lugar (7.19.20.29.31.44).

•  Marta expresa su confianza en Jesús (21-22) y, al final, su fe (27); María, en cambio, está hundida por el peso del dolor, sólo ve la muerte, la pérdida (29ss). María representa la fe del pueblo de Israel; Marta representa el paso a la fe en Cristo. La profesión de fe de Marta expresa quién es Jesús para ella: el enviado de Dios, el Hijo (27); no es sólo alguien que tiene relación con Dios sino Dios mismo.

• El creyente está destinado a la vida que no acaba (25-26). Pero la vida eterna no es sólo para después de la muerte: por Jesús (por el Bautismo) el creyente es, desde ahora, un viviente, ya tiene el germen de la vida eterna.

• Las menciones a los sentimientos de Jesús (33.35.38) expresan que Jesús se encontró enfrentado a la realidad no sólo de la muerte de Lázaro sino también de la suya propia: esto le provoca un combate interior. Su llanto, al mismo tiempo que es el del hombre que tiene que aceptar la prueba, es el de Dios ante la muerte de los que ama, de la humanidad que ha creado.

• Jesús, ¿podía haber evitado la muerte de Lázaro? (37). En cualquier caso, Jesús no rehúye la suya (7), afronta la vida y la muerte comprometiéndose con la humanidad (1,14).

• La fe en Él es la condición para “ver” la gloria de Dios (40 y 25-27).

• Jesús siempre está con el Padre (41- 42). La oración que hace tiene que ver con su hora, con su turbación ante la propia muerte (16,23ss).

•  La glorificación de Jesús se realiza por la unión con Él de todos los que creen que es el Hijo (42). Esto es lo que significa el bautismo.

•  La losa y las vendas anticipan la resurrección de Jesús. Pero en el caso de Jesús, Él mismo se habrá desatado y las habrá dejado por siempre (20,5-7).

• Jesús deja que Lázaro siga su propio camino (44). Lázaro es libre. Y nosotros nos quedamos con Jesús, que camina hacia su muerte-resurrección.

Comentario al evangelio – Jueves IV de Cuaresma

Vivimos en un ambiente bastante indiferente; ambiente en el cual Dios parece no existir ni contar para nada; ambiente en que el camino señalado por el mismo Dios no parece interesar mucho a una gran mayoría, prefieren otras cosas más interesantes e importantes –el becerro de oro-. La fe prácticamente está en descrédito. Grandes sectores de bautizados viven como si Dios ya no les dijera nada y han dejado de practicar sus enseñanzas. Son cristianos de nombre, pero no de hecho. Hoy hay mucha gente que tal vez no entienda nuestro lenguaje sobre la fe e incluso tal vez la puede llegar a malinterpretar, pero se quedan cuestionados por las obras de amor de muchos cristianos.

El evangelio de hoy nos ha narrado una disputa de Jesús con los judíos. También Jesús se sintió incomprendido, rechazado y atacado; no comprendían sus palabras. Por eso él apela a las obras que hace, pues ellas hablan de quién es Él y quién le envía. Las obras son irrefutables y las personas de recta intención las entienden y comprenden.

Para vivir una vida auténtica y profundamente religiosa se necesita haber tenido la experiencia de “sentirse dependiente de Dios”, unidos a Él con un vínculo indisoluble, como el hijo se siente unido con sus padres. Cuando uno se siente profundamente hijo de Dios brotan en él actitudes espirituales y prácticas que caracterizan la vida de la persona y la diferencian de los demás. El creyente, por ejemplo, en la prueba no abandona a Dios como si fuera la causa del mal, sino que se vuelve más hacia Él con una insistencia invencible como Moisés que intercedió por su pueblo cuando esté se construyó el becerro de oro ofendiendo gravemente al Señor. Por otra parte el creyente adulto en la fe siente como prueba personal las pruebas de sus hermanos próximos o lejanos; ora por todos y es un intercesor universal dispuesto a cargar con las debilidades de los demás y sufrir para que los otros sean aliviados, como hizo Moisés por su pueblo, y sobre todo Jesús el inocente muerto como pecador por nosotros, injustos.

La existencia de un Dios que es Amor no se demuestra más que dejando transparentar que vive en los corazones de quienes le acogen; Jesús será creído cuando los que creemos en Él vivamos con autenticidad sus enseñanzas: “vosotros sois mis discípulos si hacéis lo que Yo os mando”. Ante personas que entregan su vida a los más débiles, que no acusan sino que suplican y perdonan a quienes les ofenden, suele surgir la pregunta: ¿por qué actúan así? Y es que las obras tienen un valor incuestionable e irrefutable; ante una persona de bien no cabe más que la admiración y la imitación. Como dice Jesús “si no me creéis a Mí, creed a las obras que hago”. Hoy más que nunca el testimonio coherente de los cristianos cambiará el mundo y lo hará un poco más humano.

José Luis Latorre, cmf