Vísperas – Viernes IV de Cuaresma

VÍSPERAS

VIERNES IV CUARESMA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 144: HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS

Ant. Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandezas acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

SALMO 144

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA: St 5, 16. 19-20

Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

R/ Sáname, porque he pecado contra ti.
V/ Señor, ten misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Yo dije: Señor, ten misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Nadie pudo echar mano a Jesús, porque todavía no había llegado su hora.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nadie pudo echar mano a Jesús, porque todavía no había llegado su hora.

PRECES

Adoremos al Salvador de los hombres, que, muriendo, destruyó nuestra muerte y, resucitando, restauró la vida, y digámosle humildemente:

Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre

Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión,
— para que consigamos la gloria de la resurrección.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos,
— para que podamos confortar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos confortas.

Haz que tus fieles participen de tu pasión mediante los sufrimientos de su vida,
— para que se manifiesten en ellos los frutos de tu salvación.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz,
— enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener paciencia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso,
— y a nosotros danos un día parte en su felicidad.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que en nuestra fragilidad nos ayudas con medios abundantes, concédenos recibir con alegría la salvación que nos otorgas y manifestarla en nuestra propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes IV de Cuaresma

1) Oración inicial

Señor, tú que en nuestra fragilidad nos ayudas con medios abundantes, concédenos recibir con alegría la salvación que nos otorgas y manifestarla en nuestra propia vida. Por nuestro Señor. 

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Juan 7,1-2.10.25-30
Después de esto, Jesús andaba por Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Pero se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Pero después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces él también subió no manifiestamente, sino de incógnito. Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que este es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es.» Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta;
sino que es veraz el que me ha enviado; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco,
porque vengo de él y él es el que me ha enviado.» Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora. 

3) Reflexión

• A lo largo de los capítulos que van del 1 al 12 del Evangelio de Juan va aconteciendo la progresiva revelación que Jesús hace de sí mismo a los discípulos y a la gente. Al mismo tiempo y en la misma proporción, va creciendo la cerrazón y la oposición de las autoridades contra Jesús hasta el punto de decidir la condena y la muerte de Jesús (Jn 11,45-54). El capítulo 7, que meditamos en el evangelio de hoy, es una especie de parada en medio del camino. Ya hace prever como será el desenlace final.

• Juan 7,1-2.10: Jesús decide ir a la fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén. La geografía de la vida de Jesús en el evangelio de Juan es diferente de la geografía en los otros tres evangelios. Es más completa. Conforme con los otros evangelios, Jesús fue apenas una única vez en Jerusalén, cuando fue detenido y le llevaron a la muerte. Según el evangelio de Juan, Jesús fue por lo menos dos o tres veces a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Por eso sabemos que la vida pública de Jesús duró alrededor de tres años. El evangelio de hoy informa de que Jesús se dirigió más de una vez a Jerusalén, pero no públicamente. Fue a escondidas, pues en Judea, los judíos querían matarle.

• Tanto aquí en el capítulo 7 como en otros capítulos, Juan habla de “judíos”, y de “vosotros los judíos”, como si él y Jesús no fuesen judíos. Esta manera de hablar refleja la situación de la trágica ruptura que tiene lugar al final del primer siglo entre los judíos (Sinagoga) y los cristianos (Ecclesia). A lo largo de los siglos, esta manera de hablar del evangelio de Juan contribuyó a acrecentar el anti-semitismo. Hoy, es muy importante tomar distancia de esta polémica para no alimentar el antisemitismo. No podemos olvidar nunca que Jesús es judío. Nació judío, vivió como judío y murió como judío. Toda su formación viene de la religión y de la cultura de los judíos.

• Juan 7,25-27: Dudas de los habitantes de Jerusalén respecto de Jesús. Jesús está en Jerusalén y habla públicamente a las personas que quieren oírle. La gente queda confundida. Sabe que quieren matar a Jesús y que él anda suelto ante la mirada de todos. ¿Estarían reconociendo las autoridades que él es el Mesías? Pero ¿cómo es que Jesús puede ser el mesías? Todos saben que él viene de Nazaret, pero del mesías, nadie sabe el origen.

• Juan 7,28-29: Aclaración de parte de Jesús. Jesús habla de su origen. “Sabéis de dónde soy”. Pero lo que la gente no sabe es la vocación y la misión que Jesús recibió de Dios. No vino por voluntad propia, sino como todo profeta vino para obedecer a una vocación, que es el secreto de su vida. “Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que es veraz el que me ha enviado; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado.”

• Juan 7,30: Porque todavía no había llegado su hora. Querían tomar a Jesús, pero nadie le pone la mano encima “porque todavía no había llegado su hora”. En el evangelio de Juan quien determina la hora y el rumbo de los acontecimientos no son los que detienen el poder, sino que es Jesús mismo. Es él quien determina la hora (cf. Jn 2,4; 4,23; 8,20; 12.23.27; 13,1; 17,1). Y en la cruz, Jesús es quien determina hasta la hora de su muerte (Jn 19,29-30). 

4) Para la reflexión personal

• ¿Cómo vivo mi relación con los judíos? ¿He descubierto alguna vez un poco de antisemitismo dentro de mí? ¿He conseguido eliminarlo?
• Como en el tiempo de Jesús, también hoy hay muchas ideas y opiniones sobre las cosas de la fe. ¿Cómo actúo? ¿Me agarro a las ideas antiguas y me encierro en ellas, o procuro entender el porqué de las novedades? 

5) Oración final

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo librará el Señor. (Sal 33)

Comentario – Viernes IV de Cuaresma

San Juan nos hace saber que Jesús había vuelto a Galilea, porque en Judea (Jerusalén y alrededores) su vida corría peligro. Los judíos habían puesto precio a su cabeza. La fiesta de los Campamentos era una de esas fiestas judías que concentraba a mucha gente, venida de todas partes, en Jerusalén. Los parientes de Jesús habían subido a la fiesta desde Galilea. Jesús subió también, pero lo hizo de incógnito, no mostrándose de manera pública, sino privadamente. Es evidente que no quería precipitar las cosas. A pesar de todo, su presencia no pasó del todo desapercibida; hubo quienes lo reconocieron. Y al verle, se preguntaban: ¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene. No, los jefes no se habían convencido de que Jesús fuera el Mesías; era simplemente que estaban esperando el momento oportuno para actuar. Al parecer, el Mesías profetizado no podía tener unos orígenes conocidos; de Jesús sí conocían sus orígenes; por eso les resultaba difícil establecer su identificación mesiánica.

Precisamente en su enseñanza Jesús alude al tema de sus orígenes, tratando de dar respuesta a este interrogante que se formulaban muchos. Ya ha dejado de esconderse y ha comenzado a hablar públicamente en los aledaños del templo, desafiando a esas autoridades a las que venía enfrentándose desde hacía algún tiempo. Decía: A mí me conocéis y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no le conocéis; yo lo conozco porque procedo de él y él me ha enviado. Sus palabras tenían un claro destinatario. Iban dirigidas a esas autoridades que no querían reconocerle como enviado de Dios o como Mesías, manifestando de este modo su desconocimiento del mismo Dios. Jesús se sabe enviado por el que es veraz, el Dios verdadero; por tanto, alguien que no viene, ni habla, ni obra por cuenta propia, sino por cuenta de quien lo envía; por cuenta de ese Dios a quien los judíos dicen conocer, pero que no conocen, porque de conocerlo habrían reconocido también a su enviado. En realidad, sólo quien procede de Él puede conocerlo; y Jesús procede de él, puesto que es su enviado.

Pretender conocer a Dios sin mediaciones, por lo que uno es capaz de percibir, es exponerse fácilmente al error, a formarse una idea muy equivocada o muy distante del mismo. La idea de Dios forjada en la filosofía ha sido múltiple y variada: desde un dios monoteísta, pasando por un politeísmo de dioses, hasta un dios panteísta, identificado con las fuerzas ocultas de la naturaleza. Ni siquiera la idea monoteísta de Dios es suficiente. Yahvéh, el Dios de la alianza sinaítica, no es todavía el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo revelado en Jesucristo. Sólo el que procede de Él puede dárnoslo a conocer sin mezcla de error. Por eso necesitamos de la mediación y de la revelación de Jesús. Por eso no podemos despreciar sus palabras, si es que queremos conocer realmente la verdad de Dios. Él, en su presencia humana, es el portador de esa verdad, a la que hemos de estar muy atentos si queremos vivir en ella.

Una declaración como ésta provocó de inmediato la indignación de aquellos judíos que intentaron agarrarlo; pero nadie pudo echarle mano porque no había llegado su hora. Y es que su hora no era la de los judíos que habían decretado su muerte, sino la suya y la de su Padre. Su muerte tenía que llegar, pero no cuando la decidiesen sus perseguidores, sino cuando la decidiese el Dios que rige los designios de la historia. Jesús, en un acto supremo de obediencia, se limitaría a ajustar su voluntad (y su reloj) a esa voluntad paterna que incorpora a sus planes de salvación las fuerzas volubles y contingentes de las voluntades humanas. Por eso su hora no deja de ser la hora (designada) de Dios, aunque su inmediata configuración o fabricación dependa de la confluencia de causas (o voluntades, como la de Judas, los miembros del Sanedrín, Pilato, Herodes, el pueblo vociferante, el pueblo indiferente, los soldados) humanas. Pero su hora pasó a ser nuestra hora por efecto de su glorificación, que está exigiendo de nosotros una respuesta de fe o de reconocimiento de su revelación.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

15. La visita ad limina”.(45)

Según la disciplina canónica, el Obispo diocesano realiza cada cinco años la antigua tradición de la visita ad limina, para honrar los sepulcros de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y encontrar al sucesor de Pedro, el Obispo de Roma.

La visita, en sus diferentes momentos litúrgicos, pastorales y de fraterno intercambio, tiene un preciso significado para el Obispo: acrecentar su sentido de responsabilidad como Sucesor de los Apóstoles y fortalecer su comunión con el Sucesor de Pedro. La visita, además, constituye un momento importante para la vida de la misma Iglesia particular, la cual, por medio del propio representante, consolida los vínculos de fe, de comunión y de disciplina que la unen a la Iglesia de Roma y al entero cuerpo eclesial.(46)

Los encuentros fraternos con el Romano Pontífice y con sus más estrechos colaboradores de la Curia Romana ofrecen al Obispo una ocasión privilegiada no sólo para hacer presente la situación de la propia diócesis y sus expectativas, sino también para tener mayores informaciones sobre las esperanzas, alegrías y dificultades de la Iglesia universal, y para recibir oportunos consejos y directivas sobre los problemas de la propia grey. Dicha visitarepresenta un momento fundamental también para el Sucesor de Pedro que recibe a los Pastores de las Iglesias particulares para tratar con ellos las cuestiones que se refieren a su misión eclesial. La visita ad limina es así expresión de la solicitud pastoral de toda la Iglesia.(47)

Por tales motivos, es necesaria una diligente preparación. Con suficiente anticipación (no menos de seis meses, si es posible), el Obispo se preocupará de enviar a la Santa Sede la Relación sobre el estado de la Diócesis, para cuya redacción dispone del relativo Formulariopreparado por la competente Congregación para los Obispos. Dicha Relación deberá ofrecer al Romano Pontífice y a los Dicasterios romanos una información de primera mano – verdadera, sintética y precisa – que es de gran utilidad para el ejercicio del ministerio petrino. Además, la Relación ofrece al Obispo un medio idóneo para examinar el estado de su Iglesia y para programar el trabajo pastoral: por eso, conviene que para su elaboración el Obispo se valga de la ayuda de sus más estrechos colaboradores en la función episcopal, si bien su aportación personal es indispensable, sobre todo en los aspectos que miran más de cerca a su actividad, para dar una visión de conjunto del trabajo pastoral.

La praxis actual es que las visitas se realicen por lo regular por Conferencias Episcopales, o divididas en varios grupos si son demasiado numerosas, evidenciando así la unión colegial entre los Obispos. Aunque varios momentos tienen lugar en grupo – visitas a las tumbas de los Apóstoles, discurso del Papa, reunión con los Dicasterios de la Curia Romana –, es siempre el Obispo singular quien presenta la relación y cumple la visita en nombre de su Iglesia, encontrando personalmente al Sucesor de Pedro, y teniendo siempre el derecho y el deber de comunicarse directamente con él y con sus colaboradores sobre todas las cuestiones que tienen que ver con su ministerio diocesano.


45 Cf. Codex Iuris Canonici, cân. 400 ; CONGREGAÇÃO PARA OS BISPOS, Directório para a Visita ad limina; JOÃO PAULO II, Exortação Apostólica pós-sinodal Pastores Gregis, 57.

46 Cf. CONGREGAÇÃO PARA OS BISPOS, Directório para a Visita ad limina, Preâmbulo, I e IV.

47 Cf. JOÃO PAULO II, Constituição Apostólica Pastor Bonus, Adnexum I, 3-4.

La misa del domingo

V Domingo de Cuaresma

29 de marzo de 2020

Llevamos dos semanas de reclusión con lo que ello conlleva. Todos nos vemos un poco más tristes y desconcertados a la vez que las noticias del exterior van haciendo mella en “los adentros” de cada uno. Es inevitable también la pregunta sobre Dios en esta circunstancia. Algunas personas vuelven a la pregunta después de mucho tiempo viajando por la superficie de la vida. ¿Será el miedo, la duda, la necesidad de dar sentido? Ahí está en todo este mejunje la “última frontera”, que dirían los filósofos; la cuestión sobre la finitud y la muerte. En definitiva, es ésta la única cuestión para los humanos, pues arrastra todas las demás.

El evangelio de la resurrección de Lázaro, que nos propone Juan, plantea la misma pregunta. La diferencia es que la responde desde la esperanza definitiva en Jesús.

Te ofrezco un comentario al evangelio de hoy, sabiendo que es una lectura personal sobre el texto, y que no será proclamado en asamblea.

Señor, tu amigo está enfermo

El evangelio comienza cuando las hermanas de Lázaro avisan a Jesús de la enfermedad grave de su amigo. Aunque lo amaba, aún permanece dos días sin acudir, como esperando el desenlace fatal pues según expresa: “esta enfermedad servirá para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Nos causa sorpresa la demora, y la reconocemos en nosotros muchas veces, cuando nos parece que Dios no responde a nuestra súplica, al menos como nos gustaría. Parece que demora su presencia consoladora o curativa. ¿Por qué hace esto Dios? No lo sabemos. Pero está claro que de todo lo que hace o consiente, saca vida y esperanza. ¿Reconoces en esta espera dilatada en medio de la enfermedad algún brote de vida? ¿Has recuperado tal vez algo olvidado hace tiempo? (silencio, resistencia, colaboración, amabilidad en el trato…)

Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto

Esta frase de Marta, resume la esperanza del creyente. Si Dios está, no hay mal que pueda con nosotros. Y añade algo más: “aun ahora sé que lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”.

Jesús es el único mediador ante Dios, y todo nos lo concede a través de Él. No nos concede todo cuanto deseamos, pero todo lo que nos concede lo hace en su nombre. Nuestra fe es, pues, cristocéntrica. Es decir, tiene a Cristo en el centro. Jesús no es un personaje más; del que podamos prescindir. A Jesús le necesitamos para todo: para crecer en esperanza, para orar, para ir al corazón de Dios, para ir al encuentro de los hermanos. Sin Jesús, no hay fe cristiana. Los que somos educadores en la fe deberíamos examinar hasta cuándo posponemos el hablar de Jesús, el enseñar a invocarlo y a llevarlo al corazón de nuestros destinatarios.

Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios

En el diálogo que sigue, Marta va a ir confesando su fe “in crescendo”. Primero dice que cree en la resurrección en el último día. Luego, Jesús la lleva a centrar la confesión en su propia persona “Yo soy la resurrección y la vida: ¿crees esto?”. Por eso, ella afirma: “Yo creo que tú eres el Mesías, el hijo de Dios”. Esto es lo decisivo, aunque lo fe es gradual. Poco a poco nos vamos dando cuenta en nuestra vida creyente que toda gracia y don de Dios viene de Jesucristo.

Estamos en el tiempo de preparación para la Pascua. Se nos pide fuerza para renovar nuestras promesas bautismales. ¿Nos animamos a hacerlo? Si celebras la eucaristía, lo puedes hacer dentro de un momento. Si no, recita el credo de manera personal sintiéndote unido a toda la Iglesia.

Lázaro, ven afuera

Estamos en el desenlace del pasaje; pero fíjate que el signo de resucitar a Lázaro, es la consecuencia de todo lo anterior. No es un “milagrito” de Jesús, es la puesta en acto del poder de Dios, que da vida a los muertos. Y esto es lo que va a suceder ahora.

Si Jesús es el rostro de Dios, conviene no perder de vista, que Dios tiene sentimientos y llora por cada uno de nosotros: “Mirad cómo le quería”, dicen los vecinos al ver llorar a Jesús. Y este amor es el que rompe el mal del mundo, el pecado y la muerte. Por eso, en el signo supremo de su Muerte, Dios nos lo va a decir todavía más clarito para que no haya duda ni confusión. Las palabras de Jesús suenan a exorcismo: “Lázaro, sal afuera”; y la naturaleza se estremece y renace la vida a la voz de quien es la Palabra.

Ser creyente no es saberse todas las respuestas; aquí no hay privilegios. Ser creyente en el Dios de Jesús es saberse acompañado. El lenguaje bíblico ha expresado durante siglos la confianza en Dios, en medio de avatares catastróficos (guerras, destrucción, deportación…). Y Dios, siempre en el más acá, cuando se cerraba el horizonte del “más allá”. Y viceversa, Dios en el “más allá” cuando el corazón creyente le atisbaba tan cercano que parecía eterno y para siempre.

Os invito a mirar con esperanza el presente, pues Jesús es la vida que sana el mundo.

Txetxu Villota, sdb

La misa del domingo: misa con niños

DOMINGO V de CUARESMA (A)
“Lázaro, el amigo”

29 de marzo de 2020

(Ante todo, hay que situar esta celebración, y el modo como se vaya a usar, en el contexto de la situación social que estamos viviendo. Ojalá aporte un poco de esperanza.

El evangelio de hoy se sitúa dentro de la catequesis de preparación al bautismo: el agua (la samaritana); la luz (el ciego de nacimiento); la vida resucitada (Lázaro). Por lo tanto, se puede dar una cierta unidad a las celebraciones de los tres últimos domingos de Cuaresma.

  • Convendría transmitir en la celebración cómo Jesús tiene “un corazón que se conmueve” ante la muerte de su amigo. Por lo tanto, comprende nuestros sufrimientos. Y el sufrimiento actual.
  • Un signo para la celebración: Una planta con flor. Puede ser un pequeño tiesto con una planta que tenga flor. Si es difícil tener una planta natural, en esta ocasión se puede usar unas flores de tela o artificial. Simboliza la alegría de la vida que brota, que se manifiesta en la viveza de la flor.
  • Una canción para la celebración: “La sal y la luz” (Brotes de Olivo). Se puede cantar después de la Primera Lectura o en la Acción de Gracias).

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1. MOTIVACIÓN

Amigos: Sed bienvenidos a la celebración. Aunque ya falta poco para la fiesta de Pascua, la Iglesia nos anima a seguir todavía en una actitud de mejora. La Palabra de Dios, que nos ha ido acompañando durante la Cuaresma, nos ha presentado a Jesús como “el agua que da la vida” y “la luz para nuestra vida”. Vamos a celebrar la eucaristía trayendo ante Jesús la situación de dolor que estamos viviendo. Él nos comprende. No nos dejará solos. Amigos, vamos a celebrar. Vamos a participar.

2. CANTO y PROCESIÓN de ENTRADA

3. SALUDO DEL SACERDOTE

4. PETICIÓN DE PERDÓN: Canto “Arrepentido” (Iñaki Lete, sdb), u otro canto de perdón. Se puede cantar o leer las frases, contestando juntos.

Arrepentido de vivir sin sentido
recorriendo caminos alejados de ti.
Arrepentido de esos días vacíos,

de ese tiempo perdido que pasó ante mí.

Perdónanos, Señor, perdónanos (bis).

Arrepentido de olvidar ilusiones
de enterrar ideales que nacieron en mí.
Arrepentido de negar la sonrisa

y no dar una ayuda al que está junto a mí.

Perdónanos, Señor, perdónanos (bis).

5. PRIMERA LECTURA (Ezequiel 37, 12-14)
Monición: Jesús, el Señor, ama la vida y nos saca de la muerte. Así lo dice en esta lectura del Antiguo Testamento.

Lectura del Libro del profeta Ezequiel

Esto dice el Señor:
Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os traeré a la tierra de Israel. Así sabréis que soy el Señor.

Os infundiré mi espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra, y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.

Palabra de Dios.

6. CANTO: “La sal y la luz” (Brotes de Olivo). Se canta o recita a modo de salmo.

El que me sigue en la vida sal de la tierra será,
mas si la sal se adultera, los hombres la pisarán.

Que sea mi vida la sal. Que sea mi vida la luz.
Sal que sala, luz que brilla.
Sal y fuego es Jesús.

Sois como la luz del mundo, que a la ciudad alumbra,
ésta se pone en la cima donde el monte se encumbra.

Que brille así vuestra luz ante los hombres del mundo, que palpen las buenas obras de lo externo a lo profundo.

7. EVANGELIO (Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45). “Lázaro, sal fuera”.

Lectura del santo evangelio según San Juan

NARRADOR: En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron un recado a Jesús para que supiera que su amigo estaba muy enfermo. Al enterarse dijo Jesús:

JESÚS: Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

NARRADOR: Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:

JESÚS: Vamos otra vez a Judea.

NARRADOR: Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

MARTA: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

JESÚS: Tu hermano resucitará.

NARRADOR: Marta respondió:

MARTA: Sé que resucitará en la resurrección del último día.

NARRADOR: Jesús le dijo:

JESÚS: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?

NARRADOR: Marta le contestó:

MARTA: Si, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

NARRADOR: Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó:

JESÚS: ¿Dónde lo habéis enterrado?

NARRADOR: Le contestaron:

VECINO: Señor, ven a verlo.

NARRADOR: Jesús se echó a llorar y los judíos comentaban:

VECINO: ¡Cómo lo quería!

NARRADOR: Pero algunos se preguntaban si uno que había abierto los ojos a un ciego no podía haber impedido que muriera su amigo. Entonces Jesús, sollozando de nuevo, llegó al sepulcro y dijo:

JESÚS: Quitad la losa.

NARRADOR: Entonces le dijo Marta.

MARTA: Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.

JESÚS: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

NARRADOR: Entonces quitaron la losa y Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

JESÚS: Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.

NARRADOR: Y con fuerte voz dijo:

JESÚS: Lázaro, ven afuera.

NARRADOR: El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.

JESÚS: Desatadlo y dejadlo andar.

NARRADOR: Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor.

8. COMENTARIO

  • Lázaro resucitado, imagen de la resurrección de Jesús.
  • Jesús da la vida.
  • ¿Qué te dice esta planta con flor a la luz del evangelio que hemos leído?
  • El símbolo de la planta con flor, que toma fuerza de la tierra.
  • Nosotros, desde Jesús, desde su fuerza y su persona, podremos “dar vida” a todo lo que nos rodea.

9. ORACION DE FIELES. PETICIONES

  1. Para que la nueva vida de Dios llegue a todos los que están alejados de Él. Roguemos al Señor.
  2. Para que seamos seguidores de Jesús y que demos vida e ilusión a nuestras familias y a la gente con la que nos encontramos. Roguemos al Señor.
  3. Para que el Señor esté cerca de los que más sufren en estos momentos. Roguemos al Señor.
  4. Para que el Señor dé fuerza a los médicos y personal sanitario y a todas las personas que se entregan a ayudarnos en estos días. Roguemos al Señor.

10. ACCIÓN DE GRACIAS

(Como gesto relacionado con la vida y con la planta en flor, un niño o niña podría tomar la planta o las flores y acercarlas ante el altar o la imagen de la Virgen, como señal de petición de ayuda).

11. PARA LA VIDA

(Ayudar, Animar, dar un poco de alegría a tu alrededor).

Iñaki Lete, sdb

¡Lázaro, sal fuera!

Desde que Tú lo dijiste
con voz potente y firme,
qué pocos se han atrevido
a repetirlo –a pesar de ser creyentes-
en las múltiples ocasiones
que la vida nos ofrece.
Por eso, esta sociedad
corrompe e hiede
y está llena de muerte.

¡Lázaro, sal fuera!
Es tu palabra y buena nueva.

Dejemos de envolvernos ya
en mortajas y falsedades.
Que la verdad resplandezca;
que la sensatez y la confianza
hagan su tarea en nuestra tierra..
Respiremos tranquilos
al ver que los fantasma
ni pesan ni toman cuerpo
y que los nudos se desatan.

¡Lázaro, sal fuera!
Es tu palabra y buena nueva.

Lo nuestro es despertar
a quienes han sido dormidos
por sus hermanos y ciudadanos
y condenados a no ser nada
-a no tener historia ni lugar-
y dejarles andar en libertad
por donde andamos nosotros,
con la misma dignidad.
¡Lo nuestro es quitar losas y mortajas!

¡Lázaro, sal fuera!
Es tu palabra y buena nueva.

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes IV de Cuaresma

¿Realmente conocemos a Jesús? Sus contemporáneos pensaban que lo conocían porque sabían de qué pueblo provenía, cuál era su familia, lo que hacía y decía. Hoy también a través de la ciencia histórica podemos conocer bastante de aquel profeta de Nazaret. ¿Pero es suficiente la ciencia para conocer verdaderamente a Jesús, el profundo misterio de su persona? Necesitamos ir más allá de una primera mirada y de nuestros esquemas mentales. Necesitamos que los ojos de la fe nos lo descubran.

San Pablo VI el 29 de noviembre de 1970 nos hizo esta confesión de quién era Jesucristo para él: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Tú eres el revelador de Dios invisible, el primogénito de toda criatura, el fundamento de todo. Tú eres el Maestro de la humanidad. Tú eres el Redentor: naciste, moriste y resucitaste por nosotros. Tú eres el centro de la historia y del mundo. Tú eres quien nos conoce y nos ama. Tú eres el compañero y amigo de nuestra vida. Tú eres el hombre del dolor y de la esperanza. Tú eres aquel que debe venir y que un día será nuestro juez y, así esperamos, nuestra felicidad. Nunca acabaría de hablar de ti. Tú eres luz y verdad, más aún tú eres “el camino, la verdad y la vida”…

Tú eres el principio y el fin: el alfa y la omega. Tú eres el rey del nuevo mundo. Tú eres el secreto de la historia. Tú eres la clave de nuestro destino. Tú eres el mediador; el puente entre la tierra y el cielo. Tú eres por antonomasia el Hijo del hombre, porque eres el Hijo de Dios, eterno, infinito.

Tú eres nuestro Salvador. Tú eres nuestro mayor bienhechor. Tú eres nuestro libertador. Tú eres necesario para que seamos dignos y auténticos en el orden temporal y hombres salvados y elevados al orden sobrenatural”.

Amigo lector: Si hoy Jesús te preguntase: ¿y tú qué dices de Mí? ¿Qué responderías? ¿Te animarías a decir públicamente quién es Jesús y qué supone en tu vida práctica esa confesión de Jesús? Puede ocurrir que hayas leído muchos libros y hayas escuchado muchas charlas, y Jesús sea todavía un desconocido para ti. A Jesús se le va conociendo cuando uno entra en contacto con Él en la oración, en la vivencia de los sacramentos y en la meditación y contemplación de su Palabra. Es ahí donde Jesús se te revela quién es de verdad.

Conocer a Jesús implica seguirlo, y vivir como Él vivió. No podemos decir unas cosas de Jesús y luego hacer otras. Tenemos que ser coherentes y ser capaces de tomar decisiones radicales si es preciso en circunstancias normales y especiales. Un cristiano hoy puede experimentar lo que dice la 1ª lectura: “acechemos al justo (pues) es un reproche contra nuestros criterios, su sola presencia nos resulta insoportable… lo condenaremos a muerte ignominiosa”, es decir sentirnos despreciados, marginados y criticados. Si esto nos ocurre, ¿cómo reaccionamos y actuamos? No nos olvidemos: seguimos a un crucificado que resucitó.

José Luis Latorre, cmf