Suspendida la Semana Santa con fieles en Roma

Se trata de una medida drástica, pero la situación así lo requiere. El Vaticano anunció que las celebraciones de Semana Santa con el Papa serán a puerta cerrada. Lo hizo a través de la Prefectura de la Casa Pontificia en lugar de a través de un comunicado del ministerio de información vaticana. No se entiende que una decisión de tal calibre no fuera anunciada de manera oficial por los cauces habituales por los se conocen estas decisiones, pero hace tiempo que las cuestiones comunicativas del Vaticano responden a lógicas cuanto menos curiosas. En cualquier caso, el fondo de la cuestión es lo verdaderamente importante. No se ha especificado más, pero cabe suponer que no veremos la ceremonia de Domingo de Ramos en la plaza de San Pedro, ni el Via Crucis del Viernes Santo en el Coliseo ni tampoco la celebración de la Pascua en la basílica de San Pedro. Lo que sí sabemos es que retransmitirán en directo online para todo el mundo. Con esa misma modalidad, el Santo Padre seguirá celebrando la tradicional audiencia general de los miércoles y el rezo del ángelus al menos hasta el próximo 12 de abril. El Pontífice sigue presidiendo la misa diaria en Casa Santa Marta sin la presencia de peregrinos y es posible seguirla también a través de Internet a partir de las 7 de la mañana.

 

Bendición al mundo

El domingo 15 el rezo del Ángelus volvió a dejar otra imagen particular de esas que solo podremos ver estos días. Francisco dirigió la oración mariana de nuevo desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, pero quiso salir a su ventana de siempre a bendecir a la Ciudad Eterna, a Italia y al mundo. La instantánea de un Papa bendiciendo una plaza de San Pedro absolutamente vacía da cuenta de cuán seria es esta emergencia sanitaria internacional. Durante este rezo del Ángelus, el Santo Padre quiso dar las gracias especialmente a los sacerdotes por cómo, a pesar del confinamiento, han seguido ayudando a los fieles. Sobre todo, agradeció particularmente la labor de los sacerdotes de Lombardía, la región italiana epicentro de la epidemia. En su alocución, Francisco también habló de la necesidad de redescubrir la comunión de la Iglesia, especialmente en este tiempo de cuarentena: «Unidos con Cristo, nunca estamos solos, sino que formamos un solo cuerpo del cual Él es la cabeza. Es una unión que se alimenta con la oración y también con la comunión espiritual con la Eucaristía, una práctica muy aconsejada para quienes no pueden recibir el Sacramento».

 

Oración ante el crucifijo milagroso

Ese mismo domingo, Francisco siguió pastoreando la Iglesia a través esencialmente de la oración y la comunión espiritual. No es posible en toda Italia asistir a misa o recibir los sacramentos de forma ordinaria, algo que sin duda está pesando en los sacerdotes y, qué duda cabe, sometiendo a todos los cristianos a una complicada prueba. El Papa tampoco está exento de esta situación tan triste. Durante la tarde del domingo se desplazó a dos lugares muy concretos para pedir el fin de la epidemia. Primero acudió a la basílica de Santa María la Mayor para rezar delante del icono de la Salus Populi Romani, —la salvación del pueblo de Roma—, que es la patrona de la Ciudad Eterna. Francisco siente una gran devoción por esta imagen a la que siempre reza cada vez que emprende y regresa de un viaje. A continuación, se dirigió a otra iglesia, la basílica de San Marcello al Corso, en el centro de la urbe. Esta iglesia conserva un Cristo que se considera milagroso. En 1522 fue llevado en procesión por las calles de Roma para pedir que terminara la gran peste que asoló la Ciudad Eterna. Cuentan las crónicas que a su paso por las calles de Roma la peste desaparecía. En el año 2000 el Papa Juan Pablo II se abrazó a él durante la Jornada Mundial del Perdón del Jubileo.

En estas dos etapas, el Papa Francisco pidió en sus oraciones «el fin de la pandemia». También «imploró la curación de tantos enfermos, recordó a las numerosas víctimas de estos días, y pidió que sus familiares y amigos encuentren consuelo y conforto». Además, rezó por los trabajadores sanitarios, es decir, «médicos, enfermeros y enfermeras, y quienes en estos días con su trabajo garantizan el funcionamiento de la sociedad».

 

Reforzar la atención a los pobres

En estos días en que las calles de nuestras grandes y pequeñas ciudades están vacías porque estamos en nuestras casas, la mirada se detiene con especial preocupación en aquellos que no tienen casa y que, por ende, sufren una situación de desamparo mayor. El Vaticano no se olvida de estas personas, más vulnerables todavía a la epidemia si tenemos en cuenta que normalmente no tienen acceso a la más básica atención sanitaria debido a su situación de calle.

Si bien el Vaticano ha cerrado la Limosnería Apostólica como parte de la adaptación a las medidas de control de la epidemia decretadas por el gobierno de Italia, el limosnero papal, el cardenal Konrad Krajewski, ha puesto a disposición de quien lo necesite su teléfono personal y un buzón donde poder hacer las peticiones pertinentes. El limosnero estará disponible, así como los servicios básicos para las personas pobres puestos en marcha por su oficina. Las duchas, el albergue y la distribución de alimentos siguen funcionando. Quienes están al servicio de las personas sin hogar cuentan con las necesarias medidas de seguridad y se está controlando el aforo para evitar aglomeraciones. Los voluntarios siguen prestando servicio en lugares como las estaciones de Roma y las Misioneras de la Caridad y las Hermanas de Nuestra Señora de los Dolores siguen con la distribución habitual de alimentos. También está operativo el albergue que el mismo Francisco inauguró hace unos meses en las inmediaciones de la plaza. Desde la Limosnería apostólica se ha animado a las parroquias a no tener miedo de seguir prestando sus servicios. En Roma, la diócesis ha autorizado la apertura solo de las iglesias parroquiales para ofrecer atención caritativa y el estrictamente fundamental servicio del despacho parroquial.

En medio de esta crisis, el Santo Padre no quiere que se desatienda a los más vulnerables y en las periferias de la sociedad, por eso, casi desde el mismo instante en que el gobierno italiano pidió a los ciudadanos que se quedaran en casa, él destino una importante suma a Cáritas Italiana. Así lo anunció el Vaticano el día 12 de marzo.

El Papa Francisco, a través del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, realizó una donación de 100.000 euros a este brazo caritativo de la Iglesia para una primera ayuda significativa en esta fase de emergencia con el fin de reforzar los comedores, los centros de acogida y los albergues.

 

El valor de la fraternidad en tiempos del coronavirus

Precisamente el día 11 este ministerio vaticano envió un mensaje firmado por su prefecto, el cardenal Peter Turkson, en el que recuerda que la Iglesia está muy pendiente de todas las personas enfermas por coronavirus y de los trabajadores sanitarios que lo están combatiendo. Y responde a esta situación también a través de las propias estructuras sanitarias católicas disponibles para contribuir a la erradicación de esta pandemia. El Vaticano hace un llamamiento a la solidaridad personal y colectiva. También entre países, recordando que, en esta emergencia, los países con sistemas sanitarios más fuertes han de ser solidarios si es necesario con aquellos países que lo necesiten compartiendo recursos. Por eso, el dicasterio indica que es en momentos así cuando resultan más evidentes las desigualdades que caracterizan nuestros sistemas socioeconómicos. Al mismo tiempo, el prefecto apunta a que este tiempo de crisis puede enseñarnos mucho sobre el valor de la fraternidad, «de estar unidos los unos a los otros de un modo indisoluble: un tiempo en el que el horizonte de la fe y el valor de la solidaridad nos ayude a ver al otro no como un instrumento sino como un semejante». Por último, el cardenal prefecto pide oraciones por los científicos y por el personal médico que están trabajando de sol a sol para contener la amenaza.

 

Descubrir lo que cuenta

El Papa celebró por la mañana de ese día 11 la audiencia general a puerta cerrada. Un miércoles más habló a los peregrinos de todo el mundo a través de una pantalla desde la Biblioteca del Palacio apostólico. Francisco hizo un llamamiento a la responsabilidad en medio de esta situación: «Hermanos y hermanas. Os pido que afrontéis cada situación, incluso las más difíciles, con fortaleza, responsabilidad y esperanza». Durante su catequesis de este miércoles 11 el Santo Padre continuó con su ciclo de catequesis sobre las bienaventuranzas e invitó a una reflexión especialmente apropiada para estos tiempos: «Estamos llamados a redes- cubrir qué es lo que cuenta verdaderamente, qué es lo que necesitamos realmente, qué nos hace vivir bien y, al mismo tiempo, qué es secundario y de qué podemos prescindir tranquilamente».

El día 11 de marzo, el Papa en calidad de obispo de Roma convocó una jornada de ayuno y oración en toda su diócesis con motivo de esta situación de crisis provocada por el coronavirus. El cardenal vicario de Roma, Angelo De Donatis, presidió una misa desde el santuario de la Virgen del Divino Amor a la que tienen gran devoción los romanos. El Santo Padre se unió a través de un videomensaje en el que confió la Ciudad Eterna, Italia y todo el mundo a la protección de María Madre de Dios. La diócesis de Roma dedicó los estipendios de la jornada para la emergencia sanitaria originada por la pandemia.

 

7 años de pontificado

Esta situación anormal que nos esforzamos todavía por comprender nos ha hecho pasar por alto de una forma u otra que esta semana se cumplieron 7 años de pontificado del Papa Francisco. La imagen del día 13 de marzo de este 2020 de la plaza de San Pedro vacía es la radicalmente opuesta a la de aquel 13 de marzo de 2013 en el que un enjambre de fieles y curiosos de todo el mundo se daban cita en ese mismo lugar para escuchar el nombre del nuevo Papa.

Francisco está cumpliendo con las medidas ordenadas por el gobierno italiano y ha cortado de raíz cualquier presencia pública. La única noticia que tenemos de su actividad diaria es la predicación en la misa de Casa Santa Marta. Desde que comenzaron estas medidas de aislamiento y contención, el Santo Padre ha ofrecido la misa diaria por las víctimas y afectados por esta situación, así como por el personal sanitario que la está enfrentando.

En sus homilías el Santo Padre también ha pedido oraciones por las autoridades. Lo hizo justo el día 13: «Os pido que recéis por las autoridades: deben decidir y muchas veces tomar medidas que no agradan al pueblo. Pero es por nuestro propio bien. Ymuchas veces, la autoridad se siente sola, incomprendida. Recemos por nuestros gobernantes que deben tomar decisiones sobre estas medidas: que se sientan acompañados por la oración del pueblo…».

El Papa nos invita a todos los cristianos a rezar juntos por los enfermos y por sus familiares. También por los sacerdotes y obispos, para que sepan tomar las decisiones correctas y puedan acompañar a su grey. Y nos ha ofrecido valiosos consejos como el que nos dio en la homilía del día 16: aprovechar la crisis del coronavirus para redescubrir la vida en familia. «Que el Señor les ayude a descubrir nuevos modos, nuevas expresiones de amor, de convivencia en esta nueva situación. Es una buena oportunidad para redescubrir el verdadero cariño con creatividad en la familia. Recemos por la familia, para que las relaciones en familia en este momento florezcan para bien», aseguró en su homilía.

Ángeles Conde – Revista Ecclesia