Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 28-29

«28“Pero de la higuera, aprended la parábola: cuando ya su ramaje se hace tierno y echa hojas, sabéis que la cosecha está cerca; 29de la misma forma también vosotros, cuando veáis que estas cosas suceden, sabed que está cerca, a las puertas.

En el pasaje anterior Jesús había profetizado que el tiempo de la gran tribulación -los momentos en los que la comunidad marcana se encontraba entonces viviendo- sería seguido por el derrumbamiento del cosmos y la vuelta del Hijo del Hombre en gloria. Esta profecía, sin embargo, deja abierta la cuestión de cuándo ocurrirán esos acontecimientos culminantes, y precisamente este es el rompecabezas al que se enfrenta el texto presente. Parece estar compuesto de unidades independientes, algunas de las cuales no encajan bien entre sí. El pasaje está dividido en tres partes: la parábola de la higuera y su interpretación (13, 28-29), los dichos acerca de que todo pasará (13, 30-31), y la conclusión que advierte de que nadie conoce la hora (13, 32).

13, 28-29: La penúltima sección del discurso escatológico comienza con una parábola sobre una higuera, un símbolo utilizado anteriormente en el evangelio en una parábola acerca del destino escatológico de Israel (11, 12-14.20-21). A diferencia de la mayoría de los árboles que crecen en Israel, la higuera es de hoja caduca, y pierde su follaje en el invierno, que brota de nuevo a finales de la primavera. Los agricultores antiguos conocían muy bien estos procesos y podrían predecir fácilmente cuánto tiempo se necesitaría para que la fruta se desarrollase y quedara lista para la cosecha.

La idea clave es que el eschaton es inminente, al igual que en una higuera los brotes son un signo de que la cosecha, una metáfora usual en el AT para el fin, está al alcance de la mano (13, 28b). Luego, Jesús la interpreta a sus discípulos: cuando sus seguidores vean «estas cosas» -las tribulaciones descritas en 13, 14-23, por las que está pasando en estos momentos la comunidad marcana- sabrán que el Hijo del Hombre, o la cosecha, está cerca, a las puertas mismas. La comunidad marcana sabe que una parte de los signos predichos han pasado ya porque sus miembros han experimentado «estas cosas»: la guerra judía, la persecución de los cristianos vinculada con la guerra, la huida de Judea, y una angustia como nunca antes había existido. Pero al situar estos sufrimientos cerca del punto final del trance escatológico, la parábola los relativiza: no son la realidad última, sino solo un intermedio que pasará rápidamente. Lo que tales sufrimientos muestran, de hecho, no es que los poderes del mal hayan triunfado -como podría estar tentada a pensar la apurada comunidad marcana-, sino que «es el momento en el que el Altísimo está a punto de visitar el mundo» (4Esd. 9, 2).