Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo de Ramos

• Betfagé (1) se encontraba probablemente en la vertiente occidental de monte de los Olivos, frente a Jerusalén, la ciudad símbolo de la presencia de Dios en medio del pueblo.

• Jesús toma la iniciativa en procurarse cabalgadura y entrar en la ciudad. Sólo Mateo añade con insistencia al pollino y la borrica. Lo que se explica por la cita profética que añade Mateo, y no trae ni Marcos ni Lucas: “Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila”. Es un texto de Zac 9,9-10, en el que Mateo ha dejado solo “humilde”, y ha omitido los adjetivos “justo, victorioso”, y el v.10, de carácter más bélico: “Destruiré los carros de Efraín y los caballos en Jerusalén, destruirá los arcos de guerra y dictará paz a las naciones…” Mateo, que ha leído ese oráculo mesiánico, concentra su atención en lo esencial: el rey llega con rasgos de “humildad” y se presenta lleno de dulzura. La borrica se opone al caballo que, en la Biblia, es siempre la montura guerrera. El Mesías viene a Jerusalén no como el Señor de la guerra y conquistador; viene como portador de la Salvación y la Paz, sin carros, caballos ni armas.

• A Jesús lo reconocen como Rey, un Rey que trae la Paz, según la simbología bíblica (Zac 9,9; Is 62,11). Mateo habla de una multitud enardecida: el entusiasmo se trasluce en los gestos (extienden mantos, ramas de árboles, gritan, lo aclaman como rey de Israel, heredero del trono de David y en quien se cumple la promesa hecha por el profeta Natán (2Sm7, 12-16) y en la anunciación (Lc 1,32-33). Mateo ha identificado a Jesús como Rey lleno de ternura-dulzura por medio de Zacarías, y ahora lo hace como el soberano nacido de la estirpe de David (el guerrero).

• La palabra “¡Hosanna,…!” (9) era originariamente una petición de ayuda: «¡sálvanos!» (Sal 118,25s). Más tarde se convirtió en una aclamación mesiánica, que es el sentido que tiene aquí.

• Toda la escena, con “una multitud” aclamando (8-9) recuerda la coronación de un Rey (1Re 1,38-40).

• Que “toda la ciudad preguntaba alborotada” (10) ya lo había predicho Mateo en las escenas del nacimiento (Mt 2,3). Ante Jesús nadie queda indiferente, todo el mundo se posiciona: unos para acogerlo y otros para rechazarlo. Se preguntan por la identidad de Jesús, y la multitud lo identifica con el profeta anunciado, el segundo Moisés (Dt 18,15.18); así, no se espera ruptura sino continuidad con las instituciones judías… Así, si leemos lo que le ocurre a Jesús en Jerusalén, vemos que más tarde este mismo pueblo pide la muerte de Jesús.

• La gente se ha posicionado… Esto se ha ido viendo a lo largo de todo el camino hasta Jerusalén. Pero la toma de postura definitiva será la de cada uno, también nosotros, ante su Muerte y Resurrección. Quienes hoy vivimos la Eucaristía (y sabemos que en ella viene Jesús) deberíamos salir luego a la calle y, sin dejarnos instrumentalizar, deberíamos ejercer el señorío sobre las cosas con dulzura y mansedumbre (al servicio del Reino de Dios).