Comentario – Domingo IV de Pascua

Hoy, domingo del Buen Pastor, celebramos la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones (sacerdotales). Yo he venido para que tengan vida -decía Jesús- y la tengan abundante. Pues bien, su modo de dar esta vida que puede calificarse de abundante es dar la vida. Por eso puede presentarse como Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Y quienes pretendemos representarlo porque hemos recibido un sacramento para ejercer el ministerio pastoral (o ministerio del pastor) no podemos ser pastores del rebaño de otra manera que dando la vida. Él es nuestro ejemplar y modelo en este servicio/oficio pastoral.

Y para ser pastor (y no ladrón bandido) hay que entrar por la puerta. Para acceder a la Iglesia de Cristo como sacerdotes hay una puerta de entrada que no se puede o no se debe sortear. Es la puerta sacramental designada por la misma Iglesia: el sacramento del Orden. Rebasada esta puerta accedemos al oficio sacerdotal u oficio de pastores. Pero sólo se accede a este oficio tras un largo período de preparación intelectual, moral, espiritual. Son los años de Seminario: período de preparación y discernimiento. Sólo cuando el candidato a las Órdenes sagradas es considerado idóneo podrá acceder al orden de los presbíteros. Ésta es, pues la puerta fijada por la Iglesia. Pero esta puerta sacramental se levanta sobre esa otra puerta que es Cristo mismo (Pastor y Puerta): Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.

¿En qué sentido es Cristo puerta para ovejas y pastores? En el sentido -podríamos decir- de que sólo él puede dar el sello de pertenencia o de autenticidad a una labor, a un oficio, a una doctrina, a una predicación, a una actividad que pretenda llamarse cristiana. Sólo Cristo puede acreditar como cristiano lo que se presenta como tal. Para ser pastor oveja del rebaño de Cristo hay que pasar antes por él, es decir, por su sello sacramental, por su doctrina, por sus disposiciones o actitudes, por él (y por su Iglesia, que es su prolongación actual en el mundo). Entrar por otra parte en el oficio pastoral o en el redil es convertirse de inmediato en ladrón y bandido, alguien que busca ante todo sacar provecho de la situación, aprovecharse de las ovejas, sirviendo a sus propios intereses. Nada tiene que ver, por tanto, esta actitud con la actitud del pastor dispuesto a dar la vida por las ovejas.

El que entra por esta puerta que es Cristo será reconocido en seguida como cristiano en sus palabras, en sus gestos, en su estilo de vida. Le abrirá el guarda, esto es, la Iglesia misma o aquellos a quienes la Iglesia encomienda la misión de dar entrada; las ovejas reconocerán en su voz la voz del Buen Pastor y le seguirán porque verán en él una representación del mismo Cristo.

También él las reconocerá como miembros de su rebaño, y las irá llamando por su nombre. Les proporcionará el alimento debido, las guiará por el camino de la vida y las defenderá de peligros y acechanzas. Les advertirá de los falsos pastores (ladrones y bandidos) y de los alimentos dañinos, tóxicos o venenosos. El pastor actuará también como un buen médico de almas. Y ellas confiarán en su guía y advertencias, porque reconocerán en su voz la voz del mismo Cristo. Sólo este reconocimiento permitirá excluir o rechazar a los extraños e impostores. El pastor caminará siempre por delante de las ovejas para mostrarles el camino con sus propios pasos. Su enseñanza, como la de Pablo, será al mismo tiempo una invitación a la imitación, no un acto de tiranía o una imposición apoyada en cualquier forma de coacción.

Jesús dirá también: Yo soy el camino, la verdad y la vida, como si no hubiera más camino que él para llegar a la meta de la salvación y obtener la vida. Aquí dice algo equivalente: Yo soy la puerta, como si no hubiera más puerta para entrar en la Vida que él. Todos los que han venido antes de mí (a excepción de los que habían preparado su venida: profetas y precursor) son ladrones y bandidos, pero las ovejas no los escucharon. No los escucharon precisamente por eso, porque son ladrones y bandidos con piel de pastores, porque buscaban preferentemente su propio interés.

Quizá sea éste el gran signo que distinga al verdadero del falso pastor: que el verdadero, como Cristo, está dispuesto a dar la vida por sus ovejas. Y en este punto tendríamos que examinarnos todos los pastores. Es lo que destaca san Pedro cuando habla de Cristo como aquel que padeció su pasión por nosotros dejándonos un ejemplo (especialmente a los pastores) para que sigamos sus huellas; como aquel que subió al leño cargado con nuestros pecados; como aquel cuyas heridas nos han curado. Así es como Cristo se ha ganado el derecho de ser pastor y guardián de nuestras vidas. Esto es también lo que espera de sus pastores, los pastores de su Iglesia. Para nosotros especialmente ha dejado su ejemplo de Buen Pastor. ¡Ojalá que tengamos en cuenta este ejemplo para que sigamos sus huellas! Pues, quien entre por él se salvará. Él es la puerta que da acceso a la vida.

Pidamos hoy especialmente por los pastores de la Iglesia de Cristo y por todos los que se sienten llamados a ejercer esta misión en comunión con él y con su Iglesia.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística