Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 30-31

 

30En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

13, 30-31: El siguiente versículo confirma esta esperanza escatológica: «todas estas cosas», la culminación escatológica incluida, tendrán lugar en esta generación. Ya que «una generación» bíblica supone aproximadamente cuarenta años, y puesto que Jesús murió a principios de los años treinta, nuestro pasaje sitúa la llegada del fin directamente dentro del lapso de tiempo del presente marcano (alrededor del 70 d.C.). Para Marcos, pues, el temporizador escatológico está haciendo tictac, y la explosión podría darse en cualquier momento.

Tal como se insiste en 13,24-25, la llegada del eschaton tendrá consecuencias radicales no solo para la vida humana sobre la tierra, sino para el universo entero, pues el destino de la humanidad está vinculado con el del cosmos; ambos dependen de la gracia y del juicio de Dios (cf. Rom 8,19-23). Por tanto, cuando llegue la ansiada consumación escatológica, no solo la maldad humana sino también «el cielo y la tierra pasarán» (13,31a), para ser sustituidos probablemente por «un nuevo cielo y una nueva tierra» (cf. Is 65,17). Las palabras de Jesús, sin embargo, permanecerán (13,31b), y así constituirán un puente entre la malvada edad presente y la por venir.

Pero las palabras de Jesús son más que esto; como indica la parábola de la semilla de mostaza, son también en un cierto sentido el instrumento para traer a la realidad esa nueva era (cf. 4,14.30-32) y la eliminación de la vieja. Las palabras de Jesús tienen así la potencia destructiva y creativa de la palabra divina puesta en boca del profeta en Jr 1,9-10. En verdad, lo que aquí se está diciendo no es solamente que las palabras de Jesús durarán más que el cielo y la tierra, sino que serán las potentes armas de Dios para la demolición y renovación del cosmos. Jesús está siendo situado en una posición análoga a la de Dios.