Oración Miércoles Santo

ORACIÓN PARA LA SEMANA SANTA EN LAS COMUNIDADES Y FAMILIAS

MIÉRCOLES SANTO

Invocación inicial

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Con la actitud que reflejan estas palabras de san Pablo «Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo (…) porque él se ha hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz, (…) por eso es Señor, para gloria de Dios Padre», nos dis- ponemos a escuchar la Palabra de Dios.

Escucha de la Palabra de Dios

Evangelio Mt 26, 14-25 El Hijo del hombre se va como está escrito; pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Mateo.

Todos: Gloria a ti, Señor.

EN aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».

Él contestó:
«Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”». Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
«En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
«¿Soy yo acaso, Señor?».
Él respondió:
«El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?».
Él respondió:
«Tú lo has dicho».

Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

Se hace un momento de silencio reflexivo. Ante la escena del Evangelio que hemos proclamado, recuerda aquellas veces en las que traicionamos al Señor, intentando justificarnos: «¿Soy yo acaso, Señor?». Pidamos que esta situación que vivimos nos ayude a encontrarnos de nuevo con Él.

Oración dominical

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:

Y todos juntos dicen el Padre nuestro.

Oración final

OH, Dios que, para librarnos del poder del enemigo,
quisiste que tu Hijo soportase por nosotros el suplicio de la cruz,
concédenos a tus siervos
alcanzar la gracia de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

El guía dice, mientras todos hacen la señal de la cruz:

El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.

Todos: Amén.