Comentario al evangelio – Miércoles Santo

El lunes Isaías nos invitaba a mirar (al Siervo). El martes a poner atención (atención, amor, cuidado, enfoque, fuerzas…). Hoy nos recuerda la importancia de escuchar y hablar: para saber decir al abatido una palabra de aliento…, el Señor me abrió el oído para que escuche”. Me gusta pensar que es una manera de irnos “empapando” de lo que vivimos esta Semana. Sin dejar nada nuestro fuera, con todos los sentidos. Insistentemente. ¿Quizá porque nos cuesta entrar en la Pasión? Creo que sí. Ya sea la Pasión de Cristo, la de otros hermanos o la nuestra.

Dice Isaías que si dejamos que el Señor nos “espabile el oído cada mañana”, además de tener palabras de consuelo con quien lo necesite, reuniremos la fuerza suficiente para no echarnos atrás. Cada uno sabrá cuál es su “atrás” en este momento: ¿mantener la calma en una situación donde me están tratando injustamente?, ¿continuar con un proyecto que me aterra aún sintiendo que es mi lugar y mi momento y que Dios también lo quiere?, ¿tomar la iniciativa entre los más cercanos de casa para poner algo de alegría, esperanza, cariño mutuo… en lugar de quedarme en el sofá con “mis cosas”?

Quizá también me conmueve esta insistencia litúrgica en proponernos ayer y hoy prácticamente la misma escena, desde otra perspectiva: ayer Juan, hoy Mateo. Pero la historia es la misma: la traición, la ruptura.

Traición suena desgarrador. Me es más fácil decir que algo se rompe: la amistad, la esperanza, la honestidad, la justicia, el amor… Algo se te rompe por dentro cuando traicionas porque en el fondo siempre TE traicionas a ti un poco, ¿no?

¿De verdad crees que Judas entregó a Jesús por 30 monedas? No lo creo. Suena a excusa. ¿Por dinero? No lo creo. Cuando rompemos con algo que nos ha dado la vida, que nos ha regalado un proyecto y una ilusión y un horizonte… tiene que ser por algo mucho más profundo. Algo mucho más decisivo que el dinero se nos ha roto por dentro.

Y lo peor no es eso. Lo peor es no ser capaz de parar cuando la tristeza o la desazón interior nos avisan de que nos hemos equivocado. ¿Te imaginas que Judas hubiera cambiado ese “¿seré yo acaso, Maestro?” por un “perdóname, Maestro, y ayúdame, que no sé qué me ha pasado”…?

Siempre estamos a tiempo…

Rosa Ruiz, mc

Meditación – Miércoles Santo

Hoy es Miércoles Santo.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 26, 14-25):

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?». Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.

El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?». Él les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos’». Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.

Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará». Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?». Él respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!». Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?». Dícele: «Sí, tú lo has dicho».

Hoy, el Evangelio nos presenta tres escenas: la traición de Judas, los preparativos para celebrar la Pascua y la Cena con los Doce. 

La palabra “entregar” (“paradidōmi” en griego) se repite seis veces y sirve como nexo de unión entre esos tres momentos: (i) cuando Judas entrega a Jesús; (ii) la Pascua, que es una figura del sacrificio de la cruz, donde Jesús entrega su vida; y (iii) la Última Cena, en la cual se manifiesta la entrega de Jesús, que se cumplirá en la Cruz.

Queremos detenernos aquí en la Cena Pascual, donde Jesucristo manifiesta que su cuerpo será entregado y su sangre derramada. Sus palabras: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará» (Mt 26,20) invita a cada uno de los Doce, y de modo especial a Judas, a un examen de conciencia. Estas palabras son extensivas a todos nosotros, que también hemos sido llamados por Jesús. Son una invitación a reflexionar sobre nuestras acciones, sean buenas o malas; nuestra dignidad; plantearnos qué estamos haciendo en este momento con nuestras vidas; hacia dónde estamos yendo y cómo hemos respondido al llamado de Jesús. Debemos respondernos con sinceridad, humildad y franqueza.

Recordemos que podemos esconder nuestros pecados de otras personas, pero no podemos ocultarlos a Dios, que ve en lo secreto. Jesús, verdadero Dios y hombre, todo lo ve y lo sabe. Él conoce lo que hay en nuestro corazón y de lo que somos capaces. Nada está oculto a sus ojos. Evitemos engañarnos, y recién después de habernos sincerado con nosotros mismos es cuando debemos mirar a Cristo y preguntarle «¿Acaso soy yo?» (Mt 26,22). Tengamos presente lo que dice el Papa Francisco: «Jesús amándonos nos invita a dejarnos reconciliar con Dios y a regresar a Él para reencontrarnos con nosotros mismos».

Miremos a Jesús, escuchemos sus palabras y pidamos la gracia de entregarnos uniéndonos a su sacrificio en la Cruz.

Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE

Martirologio 8 de abril

ELOGIOS DEL 8 DE ABRIL

1.- Si la lectura tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas se hace después de la oración conclusiva de Laudes o cualquiera de las horas menores.

El lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

2.- Si la lectura no tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas, reunida la asamblea, bien en el coro, bien en capítulo o bien en la mesa, el lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

Los elogios de los santos de cualquier día han de leerse siempre el día precedente.

*El lector hace la mención del día:

Día 8 de abril

Lectura de los elogios del día

Los elogios de los santos o beatos indicados con asterisco se leen solamente en las diócesis o en las familias religiosas a las que ha sido concedido el culto de ese santo o beato. 

1. Conmemoración de san Agabo, profeta, que, según atestiguan los Hechos de los Apóstoles, movido por el Espíritu Santo anunció una gran hambre sobre toda la tierra, así como las dificultades que Pablo tuvo que soportar de los gentiles. (s. I)

2. Conmemoración de los santos Herodión, Asíncrito y Flegón, a los que el apóstol san Pablo saluda en la Carta a los Romanos. (s. I)

3. Conmemoración de san Dionisiso, obispo de Corinto, en la actual Grecia, quien, dotado de admirable conocimiento de la palabra de Dios, no sólo enseñó con la predicación a los fieles de su ciudad, sino también a los obispos de otras ciudades y provincias mediante sus cartas. (180)

4. En Antioquía de Siria, actualmente en Turquía, santos Timoteo, Diógenes, Macario y Máximo, mártires. (s. inc.)

5. En Alejandría de Egipto, san Dionisio, obispo, varón de gran erudición, que, insigne por haber confesado su fe muchas veces y admirable por la diversidad de sufrimientos y tormentos padecidos, descansó ya anciano, manteniendo siempre la fe, en tiempo de los emperadores Valeriano y Galieno. (c. 265)

6. En Como, en la región italiana de Liguria, san Amancio, obispo, que fue el tercero en la cátedra de esta Iglesia y fundó la basílica de los Apóstoles. (449)

7*. En Orvieto, en la región de Toscana, también en Italia, beato Clemente de Osimo, presbítero d ela Orden de Ermitaños de San Agustín, que dirigió y promovió la Orden con gran eficacia y adaptó sabiamente sus leyes. (1291)

8*. En Alcalá de Henares, en España, beato Julián de San Agustín, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Descalzos, que tomado por loco a causa de su exagerada penitencia, y varias veces rechazado de la vida religiosa, predicó a Cristo más con el ejemplo de su virtud que con la palabra. (1606)

9. En Namur, junto al río Mosa, en Brabante, en la actual Francia, santa Julia Billiart, virgen, que, para asegurar la educación de las jóvenes, fundó la Congregación de Hermanos de Nuestra Señora y propagó la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. (1816)

10*. En Alassio, cerca de Albenga, en la región de Liguria, en Italia, beato Augusto Czartoryski, presbítero de la Sociedad de San Francisco de Sales, cuya salud enfermiza no le impidió caminar según la llamada de Dios y mostrar eximios ejemplos de santidad. (1893)

11*. En el convento de Belmonte, cerca de Cuenca, en España, beato Domingo del Santísimo Sacramento Iturrate, presbítero de la Orden de la Santísima Trinidad, que trabajó con todas sus fuerzas para la salvación de las almas y en magnificar la gloria de la Trinidad. (1927)

 

El lector concluye diciendo:

Es preciosa a los ojos del Señor.

R./ La muerte de sus santos.

Si la lectura se hace en una hora menor se concluye ahora diciendo “Bendigamos al Señor” y su respuesta acostumbrada o con la conclusión que se encuentra más adelante.

Si la lectura se hace en Laudes o fuera de la Liturgia de las Horas se continúa como se recoge a continuación.

Lectura breve           Is 55, 6-7

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Palabra de Dios

R./ Te alabamos, Señor.

Oración

V/. Santa María y todos los santos intercedan por nosotros ante el Señor, para que obtengamos de él ayuda y salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R./ Amén.

Conclusión

V./ El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Por la misericordia de Dios las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz.

R./ Amén.

V./ Podéis ir en paz.

R./ Demos gracias a Dios.

Liturgia – Miércoles Santo

MIÉRCOLES SANTO, feria

Misa de la feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio II de la Pasión del Señor

Leccionario: Vol. II

  • Is 50, 4-9a. No escondí el rostro ante ultrajes.
  • Sal 68. Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor.
  • Mt 26, 14-25. El Hijo del hombre se va como está escrito; pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!

Antífona de entrada           Cf. Flp 2, 10. 8. 11
Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo: porque él se ha hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz; por eso es Señor, para gloria de Dios Padre. 

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy, a las puertas ya de los días santos en los que celebraremos la muerte y resurrección del Señor, pedimos también nosotros que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, porque el Señor se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz; por eso Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Reunidos ante este Jesús que camina hacia la cruz y la resurrección, reconocemos la debilidad de nuestro seguimiento, y, con humildad, le pedimos perdón por todos nuestros pecados.

• Tú que por nosotros te hiciste obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Señor, ten piedad.
• Tú que fuiste perfeccionado mediante el sufrimiento para guiarnos a la salvación. Cristo, ten piedad.
• Tú que gustaste la muerte para levar a muchos hijos a la gloria. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH , Dios que, para libramos del poder del enemigo,
quisiste que tu Hijo soportase por nosotros el suplicio de la cruz,
concédenos a tus siervos alcanzar la gracia de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo. 

Oración de los fieles
Hermanos, oremos confiadamente a Dios Padre todopoderoso, que envió a su Hijo Jesucristo al mundo para que con su pasión destruyera el pecado y la muerte, y con su resurrección nos devolviera la vida y la felicidad.

1.- Por la Iglesia; para que ayude a todos sus hijos a prepararse, con un corazón bien dispuesto, para celebrar durante estos días el misterio de la Pascua de Cristo. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales y religiosas: para que los jóvenes descubran que Jesús dio su vida por ellos y le confiesen como Dios y Salvador, entregándole toda su vida. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los pueblos del mundo, por los que Cristo se entregó a la muerte; para que se sientan movidos a buscar a Dios sinceramente y a cumplir su voluntad. Roguemos al Señor.

4.- Por los pecadores y los que han abandonado a Dios; para que el Señor, que no desprecia a los cautivos, tenga compasión de ellos y les muestre el buen camino. Roguemos al Señor.

5.- Por todos nosotros, que estamos participando del banquete del sacrificio pascual de Jesucristo; para que estemos siempre dispuestos a decir al abatido una palabra de aliento. Roguemos al Señor.

Oh Dios, cuyo Hijo denunció veladamente al que le iba a entregar en el momento en el que instituía el memorial de su entrega por amor a nosotros; escucha nuestras plegarias y concédenos celebrar la Pascua de tal modo que, siendo fieles discípulos suyos, tengamos sus mismos sentimientos y actitudes. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
RECIBE, Señor, las ofrendas que te presentamos,
y muestra la eficacia de tu poder,
para que, al celebrar sacramentalmente la pasión de tu Hijo,
consigamos sus frutos saludables.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio II de la Pasión del Señor

Antífona de comunión           Mt 20, 28
El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso,
concédenos sentir vivamente
que, por la muerte de tu Hijo en el tiempo
manifestada en estos santos misterios,
confiemos en que tú nos has dado la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo
CONCEDE, Señor, a tus fieles
recibir pronto los sacramentos pascuales
y esperar, con vivo deseo, los dones futuros,
para que, perseverando
en los santos misterios que los hicieron renacer,
se sientan impulsados por ellos hacia una nueva vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 8 de abril

SAN FRUCTUOSO DE BRAGA, monje y obispo († 665)

Las escuelas de los monjes eran palestra de ciencia y santidad. En los siglos primeros de la Iglesia tanto en Oriente como en Occidente se multiplicaron estos centros donde se forjaron hombres de recio temple que descollaron en la vida cristiana. Una de éstas fue la que dirigía el Obispo Conancio de Palencia.

Fructuoso pertenecía a una familia emparentada con algunos reyes visigóticos y su padre era un jefe del ejército. Pero a Fructuoso no era la vida militar la que le atraía. Desde muy niño dio indicios de que la vida monacal sería la que de mayor abrazaría, ya que sentía atracción, nada común a su tierna edad, a la soledad, al silencio y a la oración.

Siendo todavía muy joven renunció a sus posesiones y entregó a los pobres todo cuanto tenía para estar más libre para seguir a Jesucristo.

Pronto oyó el joven Fructuoso hablar del Obispo y pedagogo Conancio de Palencia a algunos jóvenes que se hacían lenguas elogiando su gran sabiduría y su extraordinaria santidad y por ello se encaminó hacia aquella escuela y rogó al Obispo y pedagogo Conancio que le admitiera entre sus discípulos. Pronto llamó la atención a maestro y compañeros por sus adelantos en ambas cosas: sabiduría y virtud… Pasado algún tiempo y viendo que tampoco aquel género de vida le llenaba del todo, se retiró a las soledades del Bierzo donde sus padres poseían una propiedad.

Pronto corrió la voz de la vida de austeridad y oración que llevaba Fructuoso y fueron agregándose jóvenes de aquellas comarcas o de lejanas tierras, que vagaban por aquellos contornos, y llegó a ser una familia numerosa. Todos admiraban la prudencia, la sabiduría y, sobre todo, la bondad, caridad y piedad de Fructuoso. Hasta familias enteras acudían a ponerse bajo su custodia y dirección.

En muchas ocasiones intentó alejarse de aquel género de vida porque eran ya tantos los que acudían a él que no le dejaban tiempo para entregarse a la oración, pero sus monjes se lo impedían y le obligaba a abrir nuevas fundaciones en el norte de España y Portugal, por Galicia y el Bierzo, sobre todo. Eran tantos los hombres que le seguían que hasta los reyes y jefes de aquellos contornos temían quedarse sin hombres y con el peligro de no poderse defender en caso de ser atacados por sus rivales. A todos los que intentaban seguirle Fructuoso era tajante y claro: Había que someterse a su Regla y quien no fuera capaz de observarla que abandonara el monasterio. La Regla hacía hincapié, sobre todo, en dos cosas: La vida de comunidad que era el quicio de toda su vida monacal y el profundo sentido de obediencia. En estas dos cosas nadie podía flaquear.

Fue muy amante de hacer peregrinaciones a lugares sagrados en plan penitencial y parece que entre estos lugares hasta llegó a visitar Tierra Santa. Los biógrafos cuentan las maravillas que obraba durante estos viajes y cómo la Divina Providencia le sacó siempre de las más terribles dificultades. Acudían por todas partes que pasaba a oír sus palabras y a ver los milagros y prodigios que obraba arrastrando a muchas almas al buen camino.

San Braulio, el célebre Obispo de Zaragoza y gran amigo de San Isidoro de Sevilla, le llamó a Fructuoso «Brillante faro de la espiritualidad española». Por ello le obligaron a ordenarse sacerdote y fue nombrado obispo de Dumio y después metropolitano de Braga. Siguió su misma línea de piedad, austeridad y amor a la soledad, pero entregado también al cuidado de la grey que le encomendaron. El gran renovador de la espiritualidad en el siglo VII llegó a final de sus días y murió como había vivido, santamente, y llorado por sus discípulos el 665.

 

Otros Santos de hoy: Dionisio, Gualterio, Genaro, Máxima, Macaria, Amancio, Perpetua.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Miércoles Santo

LAUDES

MIÉRCOLES SANTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza.

Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y, al golpe de los clavos y la lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanza
por tierra, mar y cielo, y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.

Tú, solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.

Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

SALMO 76: RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL

Ant. En mi angustia te busco, Señor mío, y extiendo las manos sin descanso.

Alzo mi voz a Dios gritando,
alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?

Y me digo: «¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!»
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, oh Dios,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el estruendo de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En mi angustia te busco, Señor mío, y extiendo las manos sin descanso.

CÁNTICO de SAMUEL: ALEGRÍA DE LOS HUMILDES DE DIOS

Ant. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.

No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las acciones.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó el orbe.

Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.

El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.

SALMO 96: GLORIA DEL SEÑOR, REY DE JUSTICIA

Ant. Dios ha hecho a Cristo para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.

El Señor reina, la tierra goza,
+ se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios ha hecho a Cristo para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.

LECTURA: Is 50, 5-7

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

RESPONSORIO BREVE

R/ Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
V/ Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

R/ De toda raza, lengua, pueblo y nación.
V/ Con tu sangre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. La sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.

PRECES

Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y supliquémosle, diciendo:

Señor, ten piedad de nosotros.

Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria,
— conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.

Tú que, exaltado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado,
— sana nuestras heridas.

Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida,
— haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, clavado en la cruz perdonaste al ladrón arrepentido,
— perdónanos también a nosotros, pecadores.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.