Liturgia – Jueves Santo

JUEVES SANTO, feria

Misa vespertina de la Cena del Señor (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria (mientras se canta el himno «Gloria a Dios», de acuerdo con las costumbres locales, se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar hasta el «Gloria a Dios» de la Vigilia Pascual), sin Credo. Prefacio I Eucaristía, embolismos propios en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV. No se dice «Podéis ir en paz».

Leccionario: Vol. I (A)

  • Ex 12, 1-8. 11-14. Prescripciones sobre la cena pascual.
  • Sal 115. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo.
  • 1Cor 11, 23-26. Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor.
  • Jn 13, 1-5. Los amó hasta el extremo.

Antífona de entrada           Cf. Ga 6, 14
Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección, por él hemos sido salvados y liberados.

Monición de entrada y acto penitencial
En este atardecer del Jueves Santo, nos reunimos, como lo hicieron los Apóstoles, en torno a Jesús, para celebrar aquella memorable cena en la que nos dejó el mandamiento del amor fraterno, instituyó el sacramento de la Eucaristía, y dio comienzo a la participación sacramental en su único sacerdocio; poniéndonos así en camino con Cristo hacia la cruz en el gozo que nos da el saber que así podremos participar de su resurrección. Comencemos, pues, la celebración de esta Eucaristía, con la que damos comienzo al Triduo Pascual, reconociéndonos pecadores y necesitados de la misericordia de Dios, y poniéndonos en silencio ante el Señor Jesús, que derramó su Sangre para el perdón de los pecados, le pedimos humildemente que tenga piedad de nosotros.

• Tú que nos has amado hasta el extremo. Señor, ten piedad.
• Tú que has aceptado la muerte para reunirnos en la unidad. Cristo, ten piedad.
• Tú que has dado tu vida por nosotros, tus amigos. Señor, ten piedad.

 

Gloria
Gloria cantado. Mientras se canta, se tocan las campanas, para anunciar que ha comenzado el triduo pascual. Luego, se silencian hasta la Vigilia Pascual. Sería recomendable y significativo, que se siguiera con la costumbre de muchos lugares de, a partir de ahora, no tocar ningún instrumento, ni siquiera para sostener el canto.  

Oración colecta
OH, Dios,
al celebrar la Cena santísima
en la que tu Unigénito,
cuando iba a entregarse a la muerte,
confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno
y el banquete de su amor,
te pedimos alcanzar,
de tan gran misterio,
la plenitud de caridad y de vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Lavatorio de los pies
En el evangelio hemos escuchado cómo Jesús lavó los pies de los discípulos, significando así su amor y su entrega. Ahora, al repetir este gesto, recordamos que eso es lo que tenemos que hacer cada también nosotros si de verdad queremos seguir el camino de Jesús: amarnos unos a otros, como Él nos ha amado.

Oración de los fieles
Dirijamos ahora nuestras súplicas confiadas a Dios nuestro Padre, que en Cristo, sacerdote eterno, entregado por nosotros, nos ha dado la prueba más clara de su amor.

1.- Por la Iglesia, cuerpo místico de Cristo; para que guarde la unidad en la caridad que quiso para ella el Maestro. Roguemos al Señor.

2.- Por los sacerdotes; para que se sientan confirmados en su fe y en su compromiso sacerdotal de entrega incondicional al pueblo de Dios. Roguemos al Señor.

3.- Por los gobernantes de todo el mundo; para que desechando toda tentación de dominio, promuevan la paz y la justicia en beneficio de todos. Roguemos al Señor.

4.- Por los enfermos, los pobres, y todos los que sufren; para que sean acogidos y amados como Cristo nos amó y encuentren en nosotros el consuelo, la comprensión y la ayuda que esperan. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, reunidos esta tarde para celebrar la Cena del Señor; para que vivamos la urgencia del mandamiento nuevo del amor, y así seamos testigos de Cristo en el mundo. Roguemos al Señor.

Dios, Padre nuestro, que has amado tanto al mundo que has entregado a tu Hijo a la muerte por nosotros; escucha nuestras súplicas y haznos dignos herederos y comensales de su gloria en el banquete eterno. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,
participar dignamente en estos sacramentos,
pues cada vez que se celebra el memorial del sacrificio de Cristo,
se realiza la obra de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

EL SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.

V/.   Levantemos el corazón. R/.

V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, verdadero y único sacerdote,
al instituir el sacrificio de la eterna alianza
se ofreció el primero a ti como víctima de salvación,
y nos mandó perpetuar esta ofrenda en memoria suya.
Su carne, inmolada por nosotros,
es alimento que nos fortalece;
su sangre, derramada por nosotros,
es bebida que nos purifica.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,
con los tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión           Cf. 1 Cor 11, 24-25
Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, dice el Señor; haced esto, cada vez que lo bebáis, en memoria mía.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso,
alimentados en el tiempo
por la Cena de tu Hijo,
concédenos, de la misma manera,
merecer ser saciados
en el banquete eterno.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Antes de trasladar el Santísimo al “Monumento”
Siguiendo la costumbre tradicional del Jueves Santo, terminamos la celebración de la Misa de la Cena del Señor trasladando el Santísimo Sacramento al “Monumento”, el lugar preparado para su reserva para la comunión de mañana. Esta reserva nos dará, en las horas que quedan del día, la oportunidad de permanecer en oración silenciosa y contemplativa ante Él, recordando aquella larga sobremesa del Señor con los suyos después de la Última Cena, y de agradecerle su amor por nosotros.

A las (hora) de esta noche, nos reuniremos para orar ante su presencia misteriosa, en espera de celebrar mañana, a las (hora) la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, en espera de la gran celebración de la Vigilia Pascual, a la que ninguno debemos faltar.