Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo de Resurrección

• “El primer día de la semana”, al despuntar el alba, María Magdalena, siempre la primera, y la otra María (Marcos dice que es la madre de Santiago), que habían sido testigos de la sepultura (27,61), ahora acuden al sepulcro como una muestra de que le seguían queriendo y no podían olvidarle (motivos que hoy mueven a muchos a ir a cementerios).

• De repente, el terremoto y “el ángel del Señor” (2) -que en el Antiguo Testamento indica una intervención de Dios mismo (Gn 16,7) y que en el Nuevo Testamento aparece a menudo como mensajero de Dios (Mt 1,20.24; 2,13.19; Lc 1,11; 2,9)- son elementos característicos de las manifestaciones de Dios. También lo son la luz y el “vestido blanco” (3) y el “miedo” de los testigos (4.5.8 y 10). Con este lenguaje y estas imágenes Mateo trata de mostrar que el sepulcro vacío es reflejo de la acción de Dios que ha resucitado a Jesús de entre los muertos.

• “Como había dicho” (6) se refiere a lo que encontramos en Mateo 26,32: “cuando resucite iré por delante de vosotros a Galilea”. Es el sitio de la vida de los discípulos/as, dónde viven, trabajan… dónde han conocido Jesús y, a partir de ahora, dónde continuarán viviendo con Él y dónde le anunciarán a otras que, como ellas, serán llamadas a ser discípulas. No es casual que sean mujeres las primeras en recibir la noticia de la resurrección y el encargo de comunicarla a los discípulos. En aquella cultura el testimonio de la mujer no se consideraba válido. Por ello sorprende (y es así signo de autenticidad) este hecho que perduró en la memoria de los primeros cristianos.

• Según el conjunto de los relatos evangélicos, las mujeres (1) son las primeras que conocen (6) y anuncian (8) la resurrección de Jesús. Son testigos que el sepulcro está vacío. Pero sobre todo, son las que reciben la buena noticia de la resurrección. Y, con la buena nueva, la misión de dar este mismo anuncio a los demás discípulos. Un encargo que en esta página encontramos que les es dado por el ángel (7) y por el mismo Jesús (10).

• En el encargo que reciben las mujeres vemos que el anuncio de la resurrección debe preparar el encuentro con el Señor: “allí lo veréis”, “allí me verán” (7.10).

• Es muy significativo que el evangelista pone en labios del Resucitado la palabra “hermanos” (10) para referirse a los que el ángel llama “discípulos” (7). Esto mismo lo recojo Juan en el mismo contexto (Jn 20,17). San Pablo también usa este término (Rm 8,29). Y la carta a los Hebreos, refiriéndose a Jesús en relación a la comunidad, dice: “por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Heb 2,11). La Pascua de Jesucristo, pues, manifiesta plenamente que el Hijo de Dios es nuestro hermano, porque comparte la misma condición humana y nos ofrece de compartir con Él la vida de Dios.