Meditación – Sábado Santo

Hoy no meditamos un evangelio en particular, puesto que es un día que carece de liturgia. Pero, con María, la única que ha permanecido firme en la fe y en la esperanza después de la trágica muerte de su Hijo, nos preparamos, en el silencio y en la oración, para celebrar la fiesta de nuestra liberación en Cristo, que es el cumplimiento del Evangelio.

La coincidencia temporal de los acontecimientos entre la muerte y la resurrección del Señor y la fiesta judía anual de la Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto, permite comprender el sentido liberador de la cruz de Jesús, nuevo cordero pascual cuya sangre nos preserva de la muerte.

Otra coincidencia en el tiempo, menos señalada pero sin embargo muy rica en significado, es la que hay con la fiesta judía semanal del “Sabbat”. Ésta empieza el viernes por la tarde, cuando la madre de familia enciende las luces en cada casa judía, terminando el sábado por la tarde. Esto recuerda que después del trabajo de la creación, después de haber hecho el mundo de la nada, Dios descansó el séptimo día. Él ha querido que también el hombre descanse el séptimo día, en acción de gracias por la belleza de la obra del Creador, y como señal de la alianza de amor entre Dios e Israel, siendo Dios invocado en la liturgia judía del Sabbat como el esposo de Israel. El Sabbat es el día en que se invita a cada uno a acoger la paz de Dios, su “Shalom”.

De este modo, después del doloroso trabajo de la cruz, «retoque en que el hombre es forjado de nuevo» según la expresión de Catalina de Siena, Jesús entra en su descanso en el mismo momento en que se encienden las primeras luces del Sabbat: “Todo se ha cumplido” (Jn 19,3). Ahora se ha terminado la obra de la nueva creación: el hombre prisionero antaño de la nada del pecado se convierte en una nueva criatura en Cristo. Una nueva alianza entre Dios y la humanidad, que nada podrá jamás romper, acaba de ser sellada, ya que en adelante toda infidelidad puede ser lavada en la sangre y en el agua que brotan de la cruz.

La carta a los Hebreos dice: «Un descanso, el del séptimo día, queda para el pueblo de Dios» (Heb 4,9). La fe en Cristo nos da acceso a ello. Que nuestro verdadero descanso, nuestra paz profunda, no la de un solo día, sino para toda la vida, sea una total esperanza en la infinita misericordia de Dios, según la invitación del Salmo 16: «Mi carne descansará en la esperanza, pues tu no entregarás mi alma al abismo». Que con un corazón nuevo nos preparemos para celebrar en la alegría las bodas del Cordero y nos dejemos desposar plenamente por el amor de Dios manifestado en Cristo.

P. Jacques PHILIPPE

Martirologio 11 de abril

ELOGIOS DEL 11 DE ABRIL

1.- Si la lectura tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas se hace después de la oración conclusiva de Laudes o cualquiera de las horas menores.

El lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

2.- Si la lectura no tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas, reunida la asamblea, bien en el coro, bien en capítulo o bien en la mesa, el lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

Los elogios de los santos de cualquier día han de leerse siempre el día precedente.

*El lector hace la mención del día:

Día 11 de abril

Lectura de los elogios del día

Los elogios de los santos o beatos indicados con asterisco se leen solamente en las diócesis o en las familias religiosas a las que ha sido concedido el culto de ese santo o beato. 

1. Memoria de san Estanislao, obispo y mártir, que, en medio de las dificultades de su época, fue constante defensor de la humanidad y de las costumbres cristianas, rigió como buen pastor la Iglesia de Cracovia, en Polonia, ayudó a los pobres, visitó cada año a sus clérigos y, finalmente, mientras celebraba los divinos misterios, fue muerto por orden de Boleslao, rey de Polonia, a quien había reprendido severamente. (1079)

2. En Pérgamo, en la provincia romana de Asia, actual Turquía, conmemoración de san Antipas, que fue testigo fiel, como dice san Juan en el Apocalipsis, al ser martirizado por el nombre de Jesús. (s. I)

3. Conmemoración de san Felipe, obispo de Gortina, en Creta, que en tiempo de los emperadores Marco Antonio Vero y Lucio Aurelio Cómodo, tuteló enérgicamente la Iglesia que se le había encomendado frente a la violencia de los paganos y las insidias de los herejes. (c. 180)

4. En Salona, en Dalmacia, hoy Croacia, san Domnión, obispo y mártir, que, según la tradición, fue martirizado durante la persecución desencadenada bajo el emperador Diocleciano. (299)

5. Cerca de Gaza, en Palestina, san Barsanufio, anacoreta, el cual, de origen egipcio, dotado de gracias de contemplación, fue también eximio por la integridad de su vida. (540)

6. En Spoleto, población de Umbría, en la actual Italia, san Isaac, monje, oriundo de las regiones de Siria y fundador del monasterio de Monteluco, cuyas virtudes fueron recordadas el papa san Gregorio Magno. (c. 550)

7*. En Calabria, también en Italia, beato Lanuino, que fue compañero de san Bruno y sucesor suyo, insigne intérprete del espíritu del fundador en las instituciones y monasterios de la Cartuja. (1119)

8*. En Coimbra, ciudad de Portugal, beata Sancha, virgen, hija del rey Sancho I, que fundó el monasterio de Cellis de monjas cistercienses, y en él abrazó la vida regular. (1229)

9*. En Cúneo, en la región italiana del Piamonte, beato Ángel (Antonio) Carletti de Chivasso, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, insigne en la doctrina, la prudencia y caridad. (1495)

10*. En Londres, en Inglaterra, beato Jorge Gervase, presbítero de la Orden de San Benito y mártir, alumno del Colegio de los Ingleses de Douai, que en tiempo del rey Jacobo I, mientras ejercía el ministerio pastoral en su patria, fue detenido dos veces, y no dejó de confesar con constancia su fe católica hasta ser ahorcado. (1608)

11. En Lucca, en Italia, santa Gema Galgani, virgen, quien, insigne por la contemplación de la Pasión y por los dolores soportados con paciencia, a la edad de veinte años consumó su angélica vida el día de Sábado Santo. (1905)

12*. En la misma ciudad de Lucca, beata Elena Guerra, virgen, que instituyó la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo, para la enseñanza de las niñas e instruyó admirablemente a los cristianos acerca de la cooperación del Espíritu Santo en la economía de la Salvación. (1914)

13*. En el campo de concentración de Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, beato Semproniano Ducki, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que apresado en tiempo de guerra por su fidelidad a Cristo, culminó su martirio en medio de torturas. (1942)

 

El lector concluye diciendo:

Es preciosa a los ojos del Señor.

R./ La muerte de sus santos.

Si la lectura se hace en una hora menor se concluye ahora diciendo “Bendigamos al Señor” y su respuesta acostumbrada o con la conclusión que se encuentra más adelante.

Si la lectura se hace en Laudes o fuera de la Liturgia de las Horas se continúa como se recoge a continuación.

Lectura breve           Is 55, 6-7

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Palabra de Dios

R./ Te alabamos, Señor.

Oración

V/. Santa María y todos los santos intercedan por nosotros ante el Señor, para que obtengamos de él ayuda y salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R./ Amén.

Conclusión

V./ El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Por la misericordia de Dios las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz.

R./ Amén.

V./ Podéis ir en paz.

R./ Demos gracias a Dios.

Liturgia – Vigilia Pascual

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA

Misa de la Vigilia Pascual (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio I de Pascua «en esta noche» embolismos propios en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV. Despedida con doble «Aleluya».

Leccionario: Vol. I (A)

1ª • Gén 1, 1 -2, 2 Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno
• Sal 103. Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

2ª • Gén 22, 1-18. El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.
• Sal 15. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

3ª • Éx 14, 15 – 15, 1a. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco.
• Salmo Éx 15, 1-18. Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria.

4ª • Is 54, 5-14. Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador.
• Sal 29. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

5ª • Is 55, 1-11. Venid a mí y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua.
• Salmo: Is 12, 2-6. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

6ª • Bar 3, 9-15. 32 – 4, 4.Camina al resplandor del Señor.
• Sal 18. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

7ª • Ez 36, 16-17a. 18-28. Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo.

  • Rom 6, 3-11. Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.
  • Sal 117. Aleluya, aleluya, aleluya.
  • Mt 28, 1-10. Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea.

Primera parte
Lucernario en la puerta de la iglesia

Queridos hermanos: En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Si recordamos así la Pascua del Señor, escuchando su palabra y celebrando sus misterios, podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir con él en Dios.

Bendición del fuego
Oremos.
O
H Dios,
que por medio de tu Hijo
has dado a los fieles la claridad de tu luz,
santifica † este fuego nuevo
y concédenos
que la celebración de estas fiestas de Pascua
encienda en nosotros deseos tan santos
que podamos llegar con corazón limpio
a las fiestas de la eterna luz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

Bendecido el fuego nuevo, un acólito, u otro ministro, lleva el cirio pascual ante el celebrante; este, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después, traza en la parte superior de esta cruz la letra griega alfa, y debajo de la misma la letra griega omega; en los ángulos que forman los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso.

Mientras hace estos signos, dice:
1.  Cristo ayer y hoy,
Graba el trazo vertical de la cruz.
2.  principio y fin,
Graba el trazo horizontal.
3.  Alfa
Graba la letra alfa sobre el trazo vertical.
4.  y omega.
Graba la letra omega debajo del trazo vertical.
5.  Suyo es el tiempo
Graba el primer número del año en curso en el ángulo izquierdo superior de la cruz.
6.  y la eternidad.
Graba el segundo número del año en curso en el ángulo derecho superior de la cruz.
7.  A él la gloria y el poder,
Graba el tercer número del año en curso en el ángulo izquierdo inferior de la cruz.
8.  por los siglos de los siglos. Amén.
Graba el cuarto número del año en curso en el ángulo derecho inferior de la cruz.

Acabada la incisión de la cruz y de los otros signos, el sacerdote puede incrustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, mientras dice:
1.   Por sus llagas
2.   santas y gloriosas,
3.   nos proteja
4.   y nos guarde
5.   Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El sacerdote enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:
La luz de Cristo, que resucita glorioso,
disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.

Procesión

Encendido el cirio, uno de los ministros toma carbones encendidos del fuego y los pone en el incensario. El sacerdote, según costumbre, impone el incienso. El diácono, o en su ausencia otro ministro idóneo, recibe del ministro el cirio pascual y se organiza la procesión. El turiferario, con el incensario humeante, camina delante del diácono o el ministro que lleva el cirio pascual. Sigue el sacerdote con los ministros y el pueblo, llevando todos en la mano las velas apagadas. A la puerta de la iglesia, el diácono, de pie y levantando el cirio canta:

Luz del Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.

El sacerdote enciende su vela del cirio pascual.
Después, el diácono continúa hasta el centro de la iglesia y, de pie y elevando el cirio, canta de nuevo:
Luz de Cristo.

Y todos responden:
Demos gracias a Dios.

Todos encienden sus velas de la llama del cirio pascual, y avanzan.

El diácono, al llegar ante el altar, de pie y vuelto al pueblo, eleva el cirio y canta por tercera vez:
Luz de Cristo.

Y todos responden:
Demos gracias a Dios.

El diácono pone el cirio pascual sobre un candelero solemne colocado junto al ambón o en medio del presbiterio.

Y se encienden las luces de la iglesia, excepto las velas del altar.

Pregón pascual

Segunda parte:
LITURGIA DE LA PALABRA

Apagadas las velas todos se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el sacerdote hace una breve monición al pueblo con estas palabras u otras semejantes:
Queridos hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres. Mientras contemplamos la gran trayectoria de esta historia santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de la resurrección de Jesucristo.

Oraciones después de las lecturas

Después de la primera lectura: (La creación: Gén 1, 1-2, 2 ó 1, 1. 26-31a) y el salmo (103 ó 32).
Oremos.
DIOS todopoderoso y eterno,
admirable en todas tus obras,
que tus redimidos comprendan
cómo la creación del mundo,
en el comienzo de los siglos,
no fue obra de mayor grandeza
que el sacrificio de Cristo,
nuestra Pascua inmolada,
en la plenitud de los tiempos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de la segunda lectura (El sacrificio de Abrahán: Gén 22, 1-18; ó 1-2. 9a. 10-13. 15-18) y el salmo (15).
Oremos.
OH, Dios,
Padre supremo de los creyentes,
que multiplicas sobre la tierra
los hijos de tu promesa con la gracia de la adopción
y, por el Misterio pascual,
hiciste de tu siervo Abrahán el padre de todas las naciones,
como lo habías prometido,
concede a tu pueblo
responder dignamente a la gracia de tu llamada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de la tercera lectura (El paso del mar Rojo: Ex 14, 15-15, 1) y su cántico (Éx 15).
Oremos.
TAMBIÉN ahora, Señor,
vemos brillar tus antiguas maravillas,
y lo mismo que en otro tiempo manifestabas tu poder
al librar a un solo pueblo de la persecución del Faraón,
hoy aseguras la salvación de todas las naciones,
haciéndolas renacer por las aguas del bautismo;
te pedimos
que los hombres del mundo entero
lleguen a ser hijos de Abrahán
y miembros del nuevo Israel.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de la cuarta lectura (La nueva Jerusalén: Is 54, 5-14) y el salmo (29).
Oremos.
DIOS todopoderoso y eterno,
multiplica, fiel a tu palabra,
la descendencia que aseguraste a la fe de nuestros padres,
y aumenta con tu adopción los hijos de la promesa,
para que tu Iglesia vea cómo se ha cumplido ya, en gran medida,
cuanto creyeron y esperaron los patriarcas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de la quinta lectura (La salvación que se ofrece gratuitamente a todos: Is 55, 1-11) y el cántico (Is 12).
Oremos.
DIOS todopoderoso y eterno,
esperanza única del mundo,
que anunciaste por la voz de tus profetas
los misterios de los tiempos presentes,
atiende los deseos de tu pueblo,
porque ninguno de tus fieles puede progresar en la virtud
sin la inspiración de tu gracia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de la sexta lectura (La fuente de la sabiduría: Bar 3, 9-15. 31-4, 4) y el salmo (18).
Oremos.
OH, Dios,
que sin cesar haces crecer a tu Iglesia
con la convocatoria de todas las gentes,
defiende con tu constante protección
a cuantos purificas en el agua del bautismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de la séptima lectura (El corazón nuevo y el espíritu nuevo: Ez 36, 16-28) y el salmo (41-42).
Oremos.
OH, Dios, poder inmutable y luz sin ocaso,
mira con bondad el sacramento admirable de la Iglesia entera
y, en cumplimiento de tus eternos designios,
lleva a feliz término la obra de la salvación humana;
y que todo el mundo experimente y vea
cómo lo abatido se levanta,
lo viejo se renueva
y todo vuelve a su integridad original,
por el mismo Jesucristo,
de quien todo procede.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Gloria
Hemos escuchado las lecturas del Antiguo Testamento, esa larga historia que nos preparaba para la vida nueva de Jesucristo. Ahora, antes de escuchar el anuncio de esta vida nueva, cantemos la gloria de Dios, que es nuestra vida, nuestra luz, nuestro gozo; y aclamemos a su Hijo, resucitado de entre los muertos, porque Él es el Cordero de Dios, el único Santo, el único Señor, el único Altísimo.

Oración colecta
Oremos.
O
H, Dios,
que has iluminado esta noche santísima
con la gloria de la resurrección del Señor,
aviva en tu Iglesia el espíritu de la adopción filial,
para que, renovados en cuerpo y alma,
nos entreguemos plenamente a tu servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Tercera parte:
LITURGIA BAUTISMAL

Monición tras la homilía
Esta noche de la Resurrección del Señor, es la Noche de la Vida Nueva; es la Noche en la que (celebramos y) renovamos el Bautismo que, por la fuerza del Espíritu, nos hace hijos de Dios y hermanos de Jesucristo.

Dispongámonos, pues, a celebrar, en la alegría de la Pascua, el don del agua de la Vida, bendiciendo el agua bautismal y renovando las promesas bautismales, recordando que por el Bautismo, un día morimos al hombre viejo y al pecado, y fuimos incorporados a la Vida Nueva de Cristo.

Si hay bautismos:
Queridos hermanos: acompañemos unánimes con nuestra oración la esperanza de nuestros hermanos que van a la fuente de la regeneración, para que el Padre omnipotente les otorgue todo el auxilio de su misericordia.

Si se bendice la fuente, pero no hay bautismos:
Invoquemos, queridos hermanos, a Dios todopoderoso para que su gracia descienda sobre esta fuente, y cuantos en ella renazcan, sean incorporados a Cristo como hijos de adopción.

Señor, ten piedad.                                          Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.                                         Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.                                          Señor, ten piedad.
Santa María, Madre de Dios.                        Ruega por nosotros.
San Miguel.                                                   Ruega por nosotros.
Santos Ángeles de Dios.                                Rogad por nosotros.
San Juan Bautista.                                         Ruega por nosotros.
San José.                                                        Ruega por nosotros.
Santos Pedro y Pablo.                                   Rogad por nosotros.
San Andrés.                                                   Ruega por nosotros.
San Juan.                                                       Ruega por nosotros.
Santa María Magdalena.                               Ruega por nosotros.
San Esteban.                                                  Ruega por nosotros.
San Ignacio de Antioquía.                             Ruega por nosotros.
San Lorenzo.                                                 Ruega por nosotros.
Santas Perpetua y Felicidad.                         Rogad por nosotros.
Santa Inés.                                                     Ruega por nosotros.
San Gregorio.                                                Ruega por nosotros.
San Agustín.                                                  Ruega por nosotros.
San Atanasio.                                                Ruega por nosotros.
San Basilio.                                                   Ruega por nosotros.
San Martín.                                                    Ruega por nosotros.
San Benito.                                                    Ruega por nosotros.
Santos Francisco y Domingo.                       Rogad por nosotros.
San Juan María [Vianney].                            Ruega por nosotros.
Santa Catalina [de Siena].                             Ruega por nosotros.
Santa Teresa de Jesús.                                   Ruega por nosotros.
Santos y Santas de Dios.                               Rogad por nosotros.
Muéstrate propicio.                                       Líbranos, Señor.
De todo mal.                                                  Líbranos, Señor.
De todo pecado.                                             Líbranos, Señor.
De la muerte eterna.                                      Líbranos, Señor.
Por tu encarnación.                                        Líbranos, Señor.
Por tu muerte y resurrección.                        Líbranos, Señor.
Por el envío del Espíritu Santo.                     Líbranos, Señor.
Nosotros, que somos pecadores.                   Te rogamos, óyenos

Si hay bautizos:
Para que regeneres a estos elegidos con la gracia del bautismo. Te rogamos, óyenos

Si no hay bautizos:
Para que santifiques esta agua en la que renacerán tus nuevos hijos. Te rogamos, óyenos

Jesús, Hijo de Dios vivo.                               Te rogamos, óyenos
Cristo, óyenos.                                               Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos.                                        Cristo, escúchanos.

Si hay bautismos, el sacerdote dice la siguiente oración con las manos extendidas
DIOS todopoderoso y eterno,
manifiesta tu presencia
en estos sacramentos,
obra de tu amor sin medida,
y envía el espíritu de adopción
para recrear los nuevos pueblos
que alumbrará para ti la fuente bautismal;
así tu poder dará eficacia
a la humilde acción de nuestro ministerio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

Bendición del agua bautismal
OH, Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables
con tu poder invisible,
y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua
para significar la gracia del bautismo.

Oh, Dios, cuyo Espíritu, en los orígenes del mundo,
se cernía sobre las aguas,
para que ya desde entonces
concibieran el poder de santificar.

Oh, Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio
prefiguraste el nuevo nacimiento,
de modo que una misma agua, misteriosamente,
pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

Oh, Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo
a los hijos de Abrahán,
para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón
fuera imagen de la familia de los bautizados.

Oh, Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán,
fue ungido por el Espíritu Santo;
colgado en la cruz
vertió de su costado agua, junto con la sangre;
y después de su resurrección mandó a sus apóstoles:
«Id y haced discípulos de todos los pueblos,
bautizándolos
en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo»,
mira el rostro de tu Iglesia
y dígnate abrir para ella la fuente del bautismo.

Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo,
la gracia de tu Unigénito,
para que el hombre, creado a tu imagen,
lavado, por el sacramento del bautismo,
de todas las manchas de su vieja condición,
renazca, como niño, a nueva vida
por el agua y el Espíritu.

Y, metiendo, si lo cree oportuno, el cirio pascual en el agua una o tres veces, prosigue:
Te pedimos, Señor,
que el poder del Espíritu Santo,
por tu Hijo,
descienda hasta el fondo de esta fuente,

Y, teniendo el cirio en el agua, prosigue:
para que todos los sepultados con Cristo en su muerte,
por el bautismo,
resuciten a la vida con él.
Que vive y reina contigo.

Renovación de las promesas del bautismo
Acabado el rito del bautismo (y de la confirmación), o después de la bendición del agua, si no hubo bautismos, todos de pie y con las velas encendidas en sus manos, renuevan las promesas del bautismo, a no ser que se hubiera hecho junto con los que van a ser bautizados. El sacerdote se dirige a los fieles con estas o semejantes palabras:

Queridos hermanos: Por el Misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Por tanto, terminado el ejercicio de la Cuaresma, renovemos las promesas del santo bautismo, con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras, y prometimos servir fielmente a Dios en la santa Iglesia católica.

Así pues.
¿Renunciáis al pecado
para vivir en la libertad de los hijos de Dios?

Todos:
Sí, renuncio.

Sacerdote:
¿Renunciáis a todas las seducciones del mal,
para que no domine en vosotros el pecado?

Todos:
Sí, renuncio.

Sacerdote:
¿Renunciáis a Satanás, padre y príncipe del pecado?

Todos:
Sí, renuncio.

Prosigue el sacerdote:
¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra?

Todos:
Sí, creo.

Sacerdote:
¿Creéis en Jesucristo,
su Hijo único, nuestro Señor,
que nació de Santa María Virgen,
murió, fue sepultado,
resucitó de entre los muertos
y está sentado a la derecha del Padre?

Todos:
Sí, creo.

Sacerdote:
¿Creéis en el Espíritu Santo,
en la santa Iglesia católica,
en la comunión de los santos,
en el perdón de los pecados,
en la resurrección de la carne
y en la vida eterna?

Todos: 
Sí, creo.

Y concluye el sacerdote:
Que Dios todopoderoso,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo
y que nos concedió la remisión de los pecados,
nos guarde en su gracia,
en el mismo Jesucristo nuestro Señor,
para la vida eterna.

Tras la renovación de las promesas bautismales
Ahora, recordando nuestro propio Bautismo, por el que se nos incorporó a la vida de Dios, vamos (a pasar) a recibir el agua bautismal (, signándonos con la señal de la cruz), haciendo así presente la grandeza de Dios y el compromiso de vida que adquirimos en el Bautismo, cuando renacimos a la Vida Nueva de Cristo Resucitado. Considerémonos esta noche, pues, como si fuésemos bautizados de nuevo.

Ahora, todos los fieles pueden pasar por la pila bautismal y, tomando el agua bendita, se santiguan con ella; o bien, pueden ser asperjados por el sacerdote. Tras la aspersión, y ya desde la sede, tiene lugar la oración de los fieles.

Oración de los fieles
Acudamos, hermanos, a Cristo nuestro Señor, que venciendo las ataduras de la muerte, surge glorioso del sepulcro; y elevémosle fervientes plegarias por nuestra salvación y la de todos los hombres.

1.- Para que Cristo, que, con su gloriosa resurrección, ha vencido la muerte y ha destruido el pecado, haga que todos los cristianos seamos siempre fieles a las promesas del bautismo que hemos renovado en esta santa noche. Roguemos al Señor.

2.- Para que Cristo, que, con su gloriosa resurrección, ha hecho renacer a los nuevos hijos de la Iglesia, engendrándolos por el agua y el Espíritu Santo, afirme en ellos los dones que les ha concedido en esta Pascua. Roguemos al Señor.

3.- Para que Cristo, que, con su gloriosa resurrección, ha dado al mundo la vida verdadera y ha renovado toda la creación, ilumine con su Espíritu a los que ejercen autoridad en todos los países, y a los que , por no creer en su triunfo, viven sin esperanza. Roguemos al Señor.

4.- Para que Cristo, que, con su gloriosa resurrección, ha abierto las puertas de su reino a los que gemían en el abismo y ha otorgado la vida al hombre mortal, tenga compasión y misericordia de todos los que sufren. Roguemos al Señor.

5.- Para Cristo, que, con su gloriosa resurrección, anunció la alegría a las mujeres, y por medio de las mujeres a los apóstoles, y por medio de los apóstoles al mundo entero, llene de gozo y esperanza a todos los que nos hemos reunido para celebrar su triunfo pascual. Roguemos al Señor.

Al celebrar en esta noche, oh Cristo, la solemnidad de tu santa resurrección, en la que Tú mismo, como nuevo día, saliendo del sepulcro, has convertido en celestial claridad las antiguas tinieblas de la noche; te pedimos, que ya que nos has redimido con el precio de tu sangre, aceptes la oración que tu Iglesia te dirige confiada. Tú que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.

Cuarta parte:
LITURGIA EUCARÍSTICA

Antes de las presentación de las ofrendas
Llegamos ahora al momento culminante de esta Noche Santa, en el que Jesús Resucitado se va a hacer presente entre nosotros en el sacramento de la Eucaristía. Así pues, con alegría y con agradecimiento, dispongámonos a celebrar la Liturgia Eucarística de la Pascua.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor, con estas ofrendas
la oración de tu pueblo,
para que los sacramentos pascuales que inauguramos
nos hagan llegar, con tu ayuda, a la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual I: en esta noche.

Antífona de comunión          Cf. 1 Cor 5, 7-8
Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así pues, celebremos con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya.

Oración después de la comunión
DERRAMA, Señor, en nosotros
tu Espíritu de caridad,
para que hagas vivir concordes en el amor
a quienes has saciado con los sacramentos pascuales.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
QUE os bendiga Dios todopoderoso
en la solemnidad pascual que hoy celebramos
y, compasivo, os defienda de toda asechanza del pecado.
R/. Amén.

El que os ha renovado para la vida eterna,
en la resurrección de su Unigénito,
os colme con el premio de la inmortalidad.
R/. Amén.

Y quienes, terminados los días de la pasión del Señor,
habéis participado en los gozos de la fiesta de Pascua,
podáis llegar, por su gracia, con espíritu exultante
a aquellas fiestas que se celebran con alegría eterna.
R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo † y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
R/. Amén.

Despedida
Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.
Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

Santoral 11 de abril

SAN ESTANISLAO, obispo y mártir († 1079)

Hay hombres que representan a una nación porque han sabido asimilar su espíritu y lo han encarnado en su vida de cada día. Si de alguien se pudiera afirmar esto no hay duda de que de San Estanislao habría que decir que supo conocer, y, sobre todo, vivir, el temperamento y las virtudes que encarnaba su pueblo, Polonia, y que, por vivirlas y transmitirlas a los suyos, murió mártir.

Llevaban casados sus padres Wileslaw y Bogna nada menos que treinta años sin tener hijos cuando les llegó esta maravilla de criatura. Se puede imaginar la alegría que trajo Estanislao sobre aquel hogar que ya había perdido las esperanzas de sucesión. Nació en Szczepanow, cerca de Cracovia el 26 de julio de 1030. Sus padres que gozaban de muy buena reputación por su honradez y vida cristiana le educaron en las virtudes cristianas y humanas. En ellas se le veía progresar a Estanislao de día en día. Terminados sus estudios en su pueblo, fue enviado a ampliarlos a Cracovia y a París donde consiguió graduarse.

Así lo pinta uno de los mejores historiadores polacos: “Era de carácter dulce y humilde, pacífico y púdico; era muy cuidadoso de reprimir sus propias faltas antes de hacerlo con sus prójimos; era un alma que jamás mostró soberbia ni se dejó llevar por la ira; muy atento, de naturaleza afable y humano, de gran ingenio y sabiduría y dispuesto siempre a ayudar a quien necesitaba ayuda alguna. Odiaba la adulación e hipocresía, mostrándose siempre sencillo y de corazón abierto”.

Su inclinación hacia la piedad le llevó a abrazar el sacerdocio, porque estaba convencido de que era en él donde mejor podía servir al Señor. Pronto fue el sucesor del mismo Obispo de Cracovia, Lamberto, que fue quien le ordenó sacerdote unos años antes. El 2 de julio de 1071 era elevado a la sede de Cracovia y, aunque solamente la gobernó por espacio de ocho años, dejó huellas indelebles en ella y en toda la nación polaca, como ningún otro prelado antes ni después de él había hecho. Supo identificarse con los valores espirituales de Polonia y por ellos no dudó hasta derramar su sangre.

Pronto se dio cuenta el santo y valiente prelado que el rey Boleslao, que gobernaba la nación, era un hombre valiente y listo, pero que estas mismas cualidades se le habían subido a la cabeza y creía que era el dueño absoluto de los bienes y de las personas de toda la nación y podía hacer a su antojo cuanto se le apetecía. Pero le salió al paso el valiente Estanislao, y, con entereza evangélica, se opuso tenazmente a sus injustas pretensiones.

No fue empresa fácil la que le tocó al santo obispo. El rey era colérico y soberbio. Se creía el dueño y señor de todo. Cometía injusticias de todo tipo contra los pobres polacos. La inmoralidad era algo connatural con su persona. ¿Cómo atacarle? ¿Quién era él para oponerse a los deseos y obras del monarca? Estanislao se dio cuenta que era el Obispo de la capital, que era un dignatario de la corona, que sus hijos, los más humildes, eran perseguidos y humillados, que la doctrina de Jesucristo no podía tolerar tan inicuo vasallaje… Y por ello con el gran don de fortaleza que llenaba su espíritu, con gran tacto, con bondad y a la vez con fortaleza actuó. Se presentó ante el rey y le rogó que cambiase de postura, que no abusara de su poder… El rey montó en cólera. No quiso escucharle, lo tuvo como enemigo… y juró acabar con él… ¿Cómo? Estaba celebrando la Eucaristía el Obispo en la iglesia “Na Skalce” y el mismo rey entró brutalmente a la Iglesia, acompañado de su cuadrilla, y le asesinó personalmente el 1079.

El Señor vino a confirmar cuán grato le había sido la vida y el martirio de su fiel servidor, ya que sus reliquias obraron muchos milagros como ya los había obrado mientras vivía. El 1253 era elevado al honor de los altares.

 

Otros Santos de hoy: Felipe, Eustorgio, Isaac, Antipas, Gutlaco, Domnión…

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Sábado Santo

LAUDES

SÁBADO SANTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

Ant. Venid adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros murió y fue sepultado.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Jesús de María, 
Cordero santo,
pues miro vuestra sangre,
mirad mi llanto.

¿Cómo estáis de esta suerte,
decid Cordero casto,
pues, naciendo tan limpio,
de sangre estáis manchado?
La piel divina os quitan
las sacrílegas manos,
no digo de los hombres,
pues fueron mis pecados.

Bien sé, Pastor divino,
que estáis subido en alto,
para llamar con silbos
tan perdido ganado.
Ya os oigo, Pastor mío,
ya voy a vuestro pasto,
pues como vos os dais
ningún pastor se ha dado.

¡Ay de los que se visten
de sedas y brocados,
estando vos desnudo,
sólo de sangre armado!
¡Ay de aquellos que manchan
con violencia sus manos,
los que llena su boca
con injurias y agravios!

Nadie tendrá disculpa
diciendo que cerrado
halló jamás el cielo,
si el cielo va buscando.
Pues vos, con tantas puertas
en pies, mano y costado,
estáis de puro abierto
casi descuartizado.

¡Ay si los clavos vuestros
llegaran a mí tanto
que clavaran al vuestro
mi corazón ingrato!
¡Ay si vuestra corona,
al menos por un rato,
pasara a mi cabeza
y os diera algún descanso! Amén.

SALMO 63

Ant. Harán llanto como por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor.

Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:

afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.

Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.

Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.

El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Harán llanto como por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor.

CÁNTICO de ISAÍAS

Ant. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.

Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un león,
día y noche me estás acabando.

Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.

SALMO 147: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Ant. Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.

LECTURA: Os 5, 15c-6, 2

Así dice el Señor: «En su aflicción madrugarán para buscarme y dirán: “Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos venderá. En dos días nos sanará, al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él.»

En lugar del responsorio breve, se dice:

Antífona. Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre».

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro.

PRECES

Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle, diciendo:

Señor, ten piedad de nosotros.

Oh Señor, que junto a tu cruz y a tu sepulcro tuviste a tu Madre dolorosa que participó en tu aflicción,
— haz que tu pueblo sepa también participar en tu pasión.

Señor Jesús, que como grano de trigo caíste en la tierra para morir y dar con ello fruto abundante,
— haz que también nosotros sepamos morir también al pecado y vivir para Dios.

Oh Pastor de la Iglesia, que quisiste ocultarte en el sepulcro para dar la vida a los hombres,
— haz que nosotros sepamos también vivir escondidos contigo en Dios.

Nuevo Adán, que quisiste bajar al reino de la muerte, para librar a los justos que, desde el origen del mundo, estaban sepultados allí,
— haz que todos los hombres, muertos al pecado, escuchen tu voz y vivan.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cristo, Hijo de Dios vivo, que has querido que por el bautismo fuéramos sepultados contigo en la muerte,
— haz que, siguiéndote a ti, caminemos también nosotros en una vida nueva.

Ya que somos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Señor todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.