1Pe 1, 3-9 (2ª Lectura – Domingo II de Pascua)

Sin haberle visto le amáis

La primera carta de Pedro es un escrito a los que viven en la “dispersión” y, sin duda, en la “persecución”. No es necesario detenernos en su “autor”, que no es necesariamente el Apóstol Pedro. Es claro que esa es la situación que viven los cristianos a los que se dirige este escrito

En un tono solemne comienza el texto que hoy sirve de IIª Lectura que proclama, ante todo, la resurrección de Jesús. Y es esa resurrección la que fundamenta la “esperanza” cristiana. No puede ser de otra forma, ya que es la resurrección el acontecimiento que hace posible vencer a la muerte y vencer toda dificultad en la vida y en la persecución de los que han aceptado a Cristo.

Por eso, la llamada a la fe, que es una confianza en el “poder” de Dios, determina lo que se nos dice en los vv. 8-9. Y de esta manera, pues, se ha pretendido enlazar con la enseñanza final del evangelio de hoy sobre Tomás y la bienaventuranza de “creer sin ver”.