Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”

Capítulo III

Espiritualidad y Formación permanente del Obispo

“Ejercítate en la piedad… Procura, en cambio, ser modelo para los fieles en la palabra,
en el comportamiento
, en la caridad, en la fe, en la pureza…
No descuides el carisma que hay en ti… Vela por ti mismo y por la enseñanza;
persevera en esta disposición
(1 Tm 4, 7.12.16).

I. Jesucristo fuente de la Espiritualidad del Obispo

33. Jesucristo fuente de la espiritualidad del Obispo.

Con la consagración episcopal el Obispo recibe una especial efusión del Espíritu Santo que lo configura de manera especial a Cristo, Cabeza y Pastor. El mismo Señor, “maestro bueno” (Mt 19, 6), “sumo sacerdote” (Hb 7, 26), “buen Pastor que ofrece la vida por las ovejas” (Jn10, 11) ha impreso su rostro humano y divino, su semejanza, su poder y su virtud en el Obispo.(102) Él es la única y permanente fuente de la espiritualidad del Obispo. Por tanto, el Obispo, santificado en el Sacramento con el don del Espíritu Santo, es llamado a responder a la gracia recibida mediante la imposición de las manos, santificándose y uniformando su vida personal a Cristo en el ejercicio del ministerio apostólico. La configuración a Cristo permitirá al Obispo corresponder con todo su ser al Espíritu Santo, para armonizar en sí los aspectos de miembro de la Iglesia y, a la vez, de Cabeza y Pastor del pueblo cristiano, de hermano y de padre, de discípulo de Cristo y de maestro de la fe, de hijo de la Iglesia y, en cierto sentido, de padre de la misma, siendo ministro de la regeneración sobrenatural de los cristianos.

El Obispo tendrá siempre presente que su santidad personal no queda nunca a un nivel solo subjetivo, sino que en su eficacia redunda en bien de quienes han sido confiados a su cuidado pastoral. El Obispo debe ser alma contemplativa además de hombre de acción, de manera que su apostolado sea un contemplata aliis tradere. El Obispo, bien convencido de que a nada sirve la acción si falta el estar con Cristo, debe ser un enamorado del Señor. No olvidará, además, que el ejercicio del ministerio episcopal, para ser creíble, necesita de la autoridad moral que, conferida por la santidad de vida, sostiene el ejercicio de la potestad jurídica.(103)


102 Cf. Pablo VI, Homilía en Bogotá, 22 de agosto de 1968.

103 Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Gregis, 11.