Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 13, 32

32Pero respecto a aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.

13, 32: Justamente, sin embargo, cuando el texto marcano parece dispuesto a sugerir que Jesús puede medirse con Dios, señala también una salvedad, a saber, el pasaje contrasta a Jesús con Dios de un modo que los teólogos posteriores encontraron difícil de conciliar con la creencia en la divinidad de aquel. Tan solo Dios mismo, añade Jesús, conoce el día y la hora de la llegada del eschaton; la divinidad no hace partícipes de este conocimiento a ninguno de los seres menores, incluidos los ángeles y el Hijo mismo. Los primeros exegetas se sintieron hondamente preocupados por los espinosos problemas cristológicos creados por esta declaración, y los intérpretes modernos han estado ocupados igualmente con sus ramificaciones escatológicas. Muchos sostienen que la enfática afirmación de que nadie -Jesús incluido- conoce la hora del final limita o neutraliza el elemento de inminencia encontrado en los versículos anteriores.

Ahora bien, esta línea argumental intenta proteger a Jesús de haberse equivocado acerca del momento del fin; sin embargo, este presupuesto está equivocado, ya que muchos textos judíos apocalípticos combinan la idea de que el conocimiento «de la hora» está restringido a Dios con la convicción de la inminencia de esa hora. Esta combinación -intensificar la esperanza de que el tiempo final está cerca, por un lado, y prevenir contra la desmesura apocalíptica, por otro- pone los fundamentos para el pasaje final del capítulo, que exhorta a la comunidad marcana a la incesante vigilancia escatológica.