Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo II de Pascua

• Los discípulos están reunidos en un mismo lugar (19 y 26), expresión de que son comunidad eclesial; como también lo será el “primer día de la semana”, el domingo (las dos apariciones se producen en ese día), el día en que nos reunimos a celebrar que el Resucitado está entre nosotros. La importancia de la reunión la vemos en el hecho de que Tomás, cuando no está (24), se pierde lo que sucede.

• El “miedo a los judíos” (19) lo habíamos encontrado en pasajes como el del ciego de nacimiento (Jn 9,22).

• A pesar del “encierro” (19), el Resucitado toma la iniciativa y se hace presente en medio de los discípulos.

•  En esta iniciativa, Jesús da la paz (19), su paz, no la del mundo, tal como lo había anunciado (Jn 14,27).

• Mostrar “las manos y el costado” (20), que son los sitios con las marcas de la muerte en cruz, es una manera de incidir en que el Resucitado es el mismo que el Crucificado.

• La expresión “como el Padre” (21) o, en otros lugares, “como yo he hecho con vosotros” (Jn 13,15), señala lo que tiene que ser la vida del discípulo: dejarse modelar según Jesús, tal como lo ha hecho Él según el Padre.

• Lo que define a Jesús es la misión. También sus discípulos serán definidos por la misión que él les da (21) (Jn 17,18).

• La Iglesia reunida, la paz, la misión… todo empieza en la Pascua. Será el don del Espíritu lo que lo activará. El “soplo” de Jesús sobre los discípulos expresa que su resurrección da paso a una nueva creación: “El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló un aliento de vida y el hombre se convirtió en ser vivo (Gn 2,7). Jesús había pedido al Padre que diera el “Defensor” a los discípulos (Jn 14,16), es decir, el que ha sido llamado a auxiliar, acompañar y ayudar, pero también a aconsejar y consolar e interceder. Es el Espíritu Santo. Con él llegan el recuerdo y el conocimiento (Jn 14, 26) que marcan el comienzo de la fe (Jn 7, 39). El Espíritu es, en Juan, un maestro que ilumina. Y es quien da al creyente su identidad propia de testigo de Jesús (Jn 15, 26-27). Podemos decir que el Espíritu es el verdadero autor del Evangelio, porque de Él viene el recuerdo de lo que Jesús dijo y la comprensión de este recuerdo.

• Las palabras de Jesús sobre el perdón (23) nos recuerdan las que recoge Mateo dirigidas a Pedro (Mt 16,19) y a toda la comunidad (Mt 18,18). Palabras en las que atar y desatar significan admitir y excluir en la comunidad. El Resucitado deja este don precioso en manos de la comunidad de los discípulos, portadora de la nueva vida al mundo.

• La bienaventuranza (29) dirigida por el Resucitado a los creyentes que no hemos conocido el Jesús histórico, da sentido al Evangelio y al hecho de evangelizar: dar testimonio a los que no han visto a Jesús para que puedan abrirse a la fe. Los que reciben el Evangelio son “dichosos” (29) porque la fe les permite “ver” lo que antes jamás habían visto. Éste es el “ver-juzgar” de la revisión de vida que lleva a “actuar”.

• Los versículos 30-31 expresan la finalidad del libro.