Un sacramento que debe iluminar nuestro anochecer

1.- Al anochecer de aquel día… Era de noche cuando Judas salió a traicionar a Jesús. Era de noche cuando Nicodemo fue a hablar con Jesús. Era de noche cuando José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo del Señor. Era anochecido cuando Jesús se aparece a sus discípulos juntos.

Al anochecer de aquel día, porque había anochecido en los corazones de los apóstoles por el miedo, la tristeza y sobre todo porque cuando Jesús mas los necesitaba “todos le abandonaron y huyeron”.

Al anochecer aquellos pobres hombres estaban encerrados, cabizbajos, paralizados, sin dar un paso en busca del Señor y es el Señor en el que los busca, entra, y se pone en medio de ellos, “que no es el hombre quien busca a Dios, es Dios el que anda siempre en busca del hombre.

Es el Señor el que entra, mira sus caras tristes, sondea sus corazones divididos y les ofrece su paz, la paz del perdón, la paz del olvido, la paz del reencuentro. Paz con Dios y paz consigo mismos. La paz de los hombres de buena voluntad aunque sean pecadores.

2.- Como el Padre me envió a hacer las paces entre el cielo y la tierra así os envío yo a dar a todos la paz del perdón: lo que desatéis quedará desatado. Y nace el sacramento de la penitencia, el Sacramento de la Paz. Un sacramento que debe iluminar nuestro anochecer.

¿Y por qué un sacramento instituido por Jesús como sacramento de paz, de alegría, del reencuentro, se ha convertido para muchos de nosotros en algo intranquilizador? Y a veces traba que nos separa por muchos años del reencuentro de Jesús en la Eucaristía, que nos mantiene en nuestro anochecer.

¿Por qué el Sacramento de la acogida cariñosa, de la alegría, se ha convertido en un potro, en una hoguera de la Inquisición y ha perdido toda alegre resonancia de Buena Nueva, de que Dios nos busca, olvida, perdona y nos quiere en paz?

¿Por qué los confesionarios son desagradables, cajas de resonancia de regañinas, amenazas, penitencias desproporcionadas, malos humores, caras de jueces avinagrados, donde se usa el sacacorchos o tiene uno la sensación de que le extraen una muela?

3.- Si los apóstoles se llenaron de alegría al ver al Señor, es que la confesión debería ser:

— Jesús mirando con simpatía y cariño al joven que quiere seguirle

–Jesús diciendo a la adúltera “tampoco yo te condeno”

–Jesús aprendiendo en la debilidad humana a comprender y a dar la comprensión de Dios.

–Debe ser el Señor siempre tendiendo la mano.

— El Señor cerrando los ojos a todo, con tal de no apagar la mecha que aún humea, ni cobrar la caña que ya se dobla hacia el suelo

–Debe ser que Jesús que no ha venido a juzgar al mundo, sino a dar su vida por él.

–Jesús diciendo a los apóstoles que le han abandonado y traicionado “la paz sea con vosotros”

–Debe ser el Señor llenando de alegría el corazón de los suyos al verle.

En el sacramento de la penitencia se nos comunica el Espíritu Santo, ese que Jesús exhala sobre sus discípulos para que sepan perdonar, Espíritu que es por esencia AMOR. Que como dice la secuencia del día de Pentecostés es:

–brisa en las horas de fuego

–gozo que enjuga las lágrimas

–que riega la tierra en sequía

–sana el corazón enfermo.

Y los apóstoles se llenaron de alegría al ver al Señor: Y nosotros debemos de llenarnos de alegría al reencontrarnos con el Señor en la confesión, donde Jesús vuelve a decirnos a cada uno “la paz sea contigo, la paz del olvido, la paz del perdón”.

José María Maruri, SJ