Hemos visto al Señor

OBSERVACIONES PREVIAS

  • Los ecos de la Pascua aún resuenan en nuestro corazón. No solo resuenan sino que están presentes, actualizándose constantemente, durante estos cincuenta días de celebraciones pascuales, porque “cerradas las iglesias, hay una capilla en cada casa”.
  • Ser compañeros de Jesús (compañero = el que come el pan con otro) es vivir con él la vida-pasión-muerte y resurrección: no hay otro camino para el que quiere ser compañero del Señor. ¡A seguir caminando y luchando para hacer posible la VIDA!
  • “Jesús, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo pasó haciendo el bien (Hch 10, 38). También nosotros ungidos en nuestro bautismo… Pero ungidos para ser portadores de vida, de alegría, de esperanza. Y más en estos tiempos de pandemia.

     

PARA REFLEXIONAR

La Pascua: para vivir una vida nueva

“A los ocho días”. “El primer día de la semana”. Estas referencias del Evangelio nos ayudan a entender el domingo como el día de la resurrección, como el día de la reunión de la comunidad cristiana, una comunidad resucitada que vive a la luz de la Pascua.

Hoy se nos señala el ideal de vida de toda comunidad cristiana y el estilo que debe marcar la vida de cada uno de nosotros como testigos del Resucitado.

Escuchar la enseñanza de los apóstoles, como medio de formación en la vida cristiana. Vivir la comunión fraterna, expresada exteriormente en la comunión de bienes y la fracción del pan, que hace referencia a la celebración de la Eucaristía. Y la oración, tanto los momentos de oración personal, como los momentos comunitarios. La Pascua es el tiempo para reforzar estos ideales.

El trabajo, ayuda para el encuentro con el Resucitado

La Iglesia reconoce y valora el testimonio de muchos cristianos que anuncian la resurrección en el mundo del trabajo, contribuyendo a crear unas condiciones laborales que respeten la dignidad de cada persona. El Señor Jesús, también fue un trabajador y, en el trabajo, descubrió el proyecto del Padre. Convendría tener presente esta circunstancia que está en la base y condiciona nuestras vidas.

Hoy hemos leído: “Día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando”. Nuestro trabajo como medio de hacer posible el encuentro con el Resucitado. Dios se nos da a conocer en medio de nuestras ocupaciones, de nuestro confinamiento. Donde están los cristianos evangelizando a través del desempeño de una profesión (sanitarios, enfermeros, servicios públicos, empleados…), allí también está Jesús Resucitado y la Iglesia “abriendo puertas” y dejando entrar el aire fresco del Espíritu, incluso, en las presentes circunstancias.

La confesión de Tomás

No todos los apóstoles siguieron el mismo proceso en su experiencia del Resucitado. Es más podríamos decir para cada uno preparó el Señor un modo de encuentro. El de Tomás fue un encuentro peleado, luchado, contrastado… “Si no veo no creo”. En la oración y en la comunión con los otros discípulos fue capaz de reconocer al Señor, fue capaz de “ver” las heridas de las manos, de los pies y del costado. Y eso le hizo creyente para siempre. Que la realidad de estos días nos ayude a encontrarnos con el Señor Resucitado.

PARA COMPROMETERSE

Los pies sobre los que caminamos como comunidad cristiana: formación, comunión, eucaristía y oración. He aquí la medida de nuestra implicación en la Pascua.

Donde están los cristianos dando testimonio a través del desempeño de una profesión (sanitarios, enfermeros, servicios públicos, empleados…) allí también está Jesús Resucitado y la Iglesia “abriendo puertas” y dejando entrar el aire fresco del Espíritu. ¡Cómo cuesta hoy decirlo y reconocerlo!

¡No tengáis miedo! Que demos testimonio con nuestra vida de la alegría de Cristo Resucitado. Nunca la muerte tendrá la última palabra. Y eso, también hay que afirmarlo en los duros momentos que estamos viviendo.

PARA REZAR

Siento, Señor, que hoy me preguntas con cariño:
¿Por qué crees?, ¿por qué intentas seguir mis caminos?

Porque me quieres, Señor,
quieres que mi fe no sea una rutina;
porque me quieres, Señor,
quieres que mi fe sea una aceptación incondicional de tu estilo de vida;
porque me quieres, Señor,

quieres que mi fe me renueve por dentro
y me haga cada día más libre.

Jesús resucitado,
que sienta la hondura de tu paz,
como prueba de que estás vivo en mí;
que sienta el entusiasmo de tu alegría
como prueba de que estás vivo en mí;

que sienta la urgencia de colaborar contigo,
como prueba de que estás vivo en mí;

que sienta la fuerza de tu Espíritu
como prueba de que estás vivo en mí.

Jesús resucitado, tú eres la respuesta a los interrogantes de mi vida.
Hazme portavoz de paz y esperanza,
también en estos tiempos de pandemia,
con las puertas y ventanas de mi alma bien abiertas

al dolor de la gente y al vacío de los que se nos han ido.

¡Señor mío y Dios mío!

Isidro Lozano