Meditación – Sábado dentro de la Octava de Pascua

Hoy es sábado dentro de la Octava de Pascua:

La lectura de  hoy es del evangelio de Marcos (Mc 16, 9-15):

Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».

Hoy, confiando en Jesús resucitado, hemos de redescubrir el Evangelio como una “buena nueva”. El Evangelio no es una ley que nos oprime. Alguna vez hemos podido caer en la tentación de pensar que los que no son cristianos están más tranquilos que nosotros y hacen lo que quieren, mientras que nosotros tenemos que cumplir una lista de mandamientos. Es una visión de las cosas meramente superficial.

Personalmente, una de mis mayores preocupaciones es que el Evangelio se presente siempre como una buena nueva, una feliz noticia, que nos llene el corazón de alegría y consuelo.

La enseñanza de Jesús es por supuesto exigente, pero Teresa del Niño Jesús nos ayuda a percibirla realmente como una buena nueva, puesto que para ella el Evangelio no es otra cosa que la revelación de la ternura de Dios, de la misericordia de Dios con cada uno de sus hijos, y señala las leyes de la vida que llevan a la felicidad. El centro de la vida cristiana es acoger con reconocimiento la ternura y la bondad de Dios —revelación de su amor misericordioso— y dejarse transformar por dicho amor.

El itinerario espiritual tomado por santa Teresita, el “caminito”, es un auténtico camino de santidad, un camino con cabida para todos, hecho de tal manera que nadie puede desanimarse, ni los más humildes, ni los más pobres, ni los más pecadores. Teresa anticipa así el Concilio Vaticano II que afirma con seguridad que la santidad no es un camino excepcional, sino una llamada para todos los cristianos, de la que nadie debe ser excluido. Hasta el más vulnerable y miserable de los hombres puede responder a la llamada a la santidad.

Esta santidad consiste en un «camino de confianza y amor». Así, «el ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! (…). Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias» (Santa Teresa de Lisieux).

P. Jacques PHILIPPE

Martirologio 18 de abril

ELOGIOS DEL 18 DE ABRIL

1.- Si la lectura tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas se hace después de la oración conclusiva de Laudes o cualquiera de las horas menores.

El lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

2.- Si la lectura no tiene lugar dentro de la Liturgia de las Hojas, reunida la asamblea, bien en el coro, bien en capítulo o bien en la mesa, el lector comienza inmediatamente por la mención del día.*

Los elogios de los santos de cualquier día han de leerse siempre el día precedente.

*El lector hace la mención del día:

Día 18 de abril

Lectura de los elogios del día

Los elogios de los santos o beatos indicados con asterisco se leen solamente en las diócesis o en las familias religiosas a las que ha sido concedido el culto de ese santo o beato. 

1. En Melitene, ciudad de la antigua Armenia, hoy en Turquía, santos Hermógenes y Elpidio, mártires. (s. inc.)

2. En Persia, actual Irak, san Pusicio, mártir, prefecto de los artesanos del rey Sapor II, que, por haber confortado al vacilante presbítero Ananías cuando dudaba de renegar de la fe, fue herido en el cuello y murió el Sábado Santo, ocupando así un lugar insigne en el grupo de mártires sacrificados después de san Simeón. (341)

3. En Fano, en el Piceno, actualmente región de Las Marcas, en Italia, san Eusebio, obispo, que acompañó al papa san Juan I en el viaje a Constantinopla impuesto por el rey Teodorico, y al regresar le siguió también en la prisión en la que fueron encerrados. (c. 526)

4*. En Leighlin, en Irlanda, san Laisren o Molasio, abad, que difundió pacíficamente en la isla el rito romano de la celebración pascual. (638)

5. En el cenobio de Lobbes, en Hainaut, actual Bélgica, san Ursmaro, obispo y abad, que propagó la Regla de san Benito y atrajo al pueblo a la fe cristiana. (713)

6. En Constantinopla, actualmente Estambul, en Turquía, santa Antusa, virgen, que, siendo hija del emperador Constantino Coprónimo, se dedicó con gran ánimo a ayudar a los pobres, a redimir a esclavos, a reparar iglesias y a edificar monasterios, y recibió el hábito monacal de manos del obispo san Tarasio. (s. VIII ex.)

7. En la isla Egina, en Grecia, santa Atanasia, viuda, que primero vivió en soledad, y después fue también priora, destacando por sus virtudes y observancia monástica.(s. IX)

8. En la misma isla, san Juan Isauro, monje, que fue discípulo de san Gregorio Decapolita, y en tiempo del emperador León el Armenio luchó denodadamente en defensa de las santas imágenes. (d. 842)

9. En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Perfecto, presbítero y mártir, que fue encarcelado y después degollado por los sarracenos, por haber combatido la doctrina de Mahoma y confesado con firmeza su fe en Cristo. (850)

10*. En Brujas, en el territorio de Flandes, hoy Bélgica, beato Idesbaldo, abad, el cual, después de perder a su esposa, sirvió durante treinta años en la corte de los condes de Flandes y, ya en edad madura, ingresó en el monasterio de Dune, del que fue tercer abad durante doce años. (1167)

11. En Milán, en la región de Lombardía, en Italia, san Galdino, obispo, que trabajó en la restauración de la ciudad destruida por la guerra y, al finalizar un sermón contra los herejes, entregó su alma a Dios. (1176)

12*. En Montereale, en la región italiana de los Abruzos, beato Andrés, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que se dedicó a predicar por Italia y Francia. (1479)

13*. En la ciudad de Gandía, de la región de Valencia, en España, beato Andrés Hibernón, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que, de joven, fue expoliado por unos ladrones, y después cultivó admirablemente la pobreza. (1602)

14*. En Pontoise, cerca de París, en Francia, beata María de la Encarnación (Bárbara) Avrillot, madre ejemplar de familia y mujer sumamente devota, que introdujo el Carmelo en Francia, fundó cinco monasterios, y, muerto su esposo, abrazó la vida religiosa. (1618)

15*. En Angers, también en Francia, beato José Moreau, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa fue guillotinado un Viernes Santo por quienes odiaban la fe cristiana. (1794)

16*. En Siena, ciudad de Toscana, en Italia, beata Sabina Petrilli, virgen, que fundó la Congregación de Hermanas de Santa Catalina, para ayudar a las jóvenes desamparadas y pobres. (1923)

17*. En el lugar de Majdanek, cerca de Lublín, en Polonia, beato Román Archutowski, presbítero y mártir, el cual, encarcelado en tiempo de guerra por su fe cristiana, fue torturado por los soldados y, consumido por el hambre y la enfermedad, pasó a la gloria eterna. (1943)

El lector concluye diciendo:

Es preciosa a los ojos del Señor.

R./ La muerte de sus santos.

Si la lectura se hace en una hora menor se concluye ahora diciendo “Bendigamos al Señor” y su respuesta acostumbrada o con la conclusión que se encuentra más adelante.

Si la lectura se hace en Laudes o fuera de la Liturgia de las Horas se continúa como se recoge a continuación.

Lectura breve           Is 55, 6-7

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Palabra de Dios

R./ Te alabamos, Señor.

Oración

V/. Santa María y todos los santos intercedan por nosotros ante el Señor, para que obtengamos de él ayuda y salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R./ Amén.

Conclusión

V./ El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Por la misericordia de Dios las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz.

R./ Amén.

V./ Podéis ir en paz.

R./ Demos gracias a Dios.

Liturgia – Sábado dentro de la Octava de Pascua

SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA

Misa del sábado de la Octava (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Sin Credo. Prefacio Pascual I «en este día», embolismos propios en las Plegarias Eucarísticas. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV. Despedida con doble «Aleluya».

Leccionario: Vol. II

  • Hch 4, 13-21.No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído.
  • Sal 117.Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.
  • Secuencia (opcional). Ofrezcan los cristianos.
  • Mc 16, 9-15.Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Antífona de entrada           Cf. Sal 104, 43
El Señor sacó a su pueblo con alegría, a sus escogidos con gritos de triunfo. Aleluya.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, al comenzar la celebración de la Eucaristía, pidamos a Dios, nuestro Padre, que la aspersión de esta agua, bendecida en la Noche Santa (en el día santo) de Pascua, reavive en nosotros la gracia del Bautismo, por el cual fuimos sumergidos en la muerte redentora del Señor Jesús, para resucitar con Él a una vida nueva.

(Aspersión con el agua bendita, bien desde el presbiterio, o por el templo)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino.

Se dice Gloria
En este día de gozo y de gloria, recitemos el himno de alabanza, invocando a Jesucristo, nuestro mediador, sentado a la derecha del Padre.

Oración colecta
OH, Dios,
que no cesas de aumentar
con la abundancia de tu gracia
el número de los pueblos que creen en ti,
mira con amor a tus elegidos,
para que los renacidos en el bautismo
se revistan de la inmortalidad dichosa.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos a Dios, que es fuente de toda gracia y en la resurrección de Jesucristo nos ha manifestado su gran bondad.

1.- Para que la Iglesia extienda por todas partes el amor de Cristo y los hombres vivamos como hijos del mismo Padre. Roguemos al Señor.

2.- Para que nunca falten en nuestra diócesis sacerdotes que anuncien en nuestras comunidades y parroquias la Buena Noticia de la resurrección de Jesús que vive para siempre y nos salva. Roguemos al Señor.

3.- Para que las autoridades de nuestro país y de todo el mundo favorezcan y promuevan los medios que conducen al verdadero bien de los hombres. Roguemos al Señor.

4.- Para que los enfermos encuentren a su vera quien alivie el dolor de su cuerpo y quien los ayude a tener fortaleza de alma. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros sepamos corresponder al don de la fe que hemos recibido de Dios con nuestra disponibilidad para obedecerlo en todo y servirlo con nuestra vida. Roguemos al Señor.

Dios y Señor nuestro, que en la resurrección de tu Hijo nos has manifestado la fuerza de tu poder, escucha nuestras súplicas y concédenos la firmeza de la fe para que seamos constantes en tu alabanza y en el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,
alegrarnos siempre por estos misterios pascuales,
y que la actualización continua de tu obra redentora
sea para nosotros fuente de gozo incesante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual I

Antífona de comunión          Gál 3, 27
Cuantos habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Aleluya.

Oración después de la comunión
MIRA, Señor, con bondad, a tu pueblo
y, ya has querido renovarlo
con estos sacramentos de vida eterna,
concédele llegar a la incorruptible resurrección
de la carne que habrá de ser glorificada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 18 de abril

BEATA MARÍA DE LA ENCARNACIÓN, religiosa († 1618)

Se llamó en el siglo Bárbara Avrillot y fue hija de los nobles Nicolás, señor de Champalsteurs  y de María L’Huiller, muy buenos cristianos que al no tener descendencia prometieron consagrarlo al Señor si les daba fruto de su matrimonio. Éste llegó el 1 de febrero de 1566 y la consagraron al Señor y a la Virgen María vistiéndola de blanco hasta la edad de siete años. Desde esa fecha vivió interna entre las Hermanas Menores llamando la atención por su sencillez y piedad.

Cuando salió del convento a los catorce años, aunque ella hubiera querido consagrarse al Señor en la vida religiosa, sus padres la encaminaron hacia el matrimonio y a los dieciséis años se casó con el vizconde Pedro Acarie al que amó y sirvió con toda su alma como correspondía a una fidelísima esposa. El Señor les concedió seis hijos que educaron cristianamente.

Al salir del convento como interna, sus padres pusieron a su servicio a una joven, Andrea Levoiz, que era una maravilla por su gran piedad, honradez y caridad para con todos. Andrea y Bárbara, criada y señora, viven íntimamente unidas en el camino de la santidad. Se ayudan en su vida interior y ambas corren parejas hacia la meta. Andrea ayuda en la educación de los hijos de su señora y amiga, tres de los cuales se consagrarán al Señor en el mismo género de vida que lo hará su misma madre cuando se vea libre de las ataduras del mundo.

Todo parecía caminar viento en popa cuando vino a visitarle la prueba. Los enemigos de la Iglesia la atacan sin piedad. La herejía protestante se extiende cada día por Francia. El rey Enrique IV destierra al esposo de Bárbara y ella le sigue a todas partes. Es objeto de calumnias e ingratitudes pero todo lo soporta con valentía de espíritu. A todos perdona. Bárbara sostiene y ayuda a su marido en esta dura lucha. Ella misma es ayudada por su primo, el famoso cardenal Pedro de Bérulle, y por el mismo San Francisco de Sales…

Pasada la tormenta se extiende por toda Francia la noticia de las Carmelitas reformadas por Santa Teresa y se leen las maravillosas Obras de esta gran santa castellana. Es por el 1601. Bárbara lee sus obras y el Señor va obrando maravillas en su alma. Pide consejo, ora mucho y se decide. Ella va a arreglar todas las cosas para que estas santas mujeres, las hijas de Teresa de Jesús, puedan venir a fundar también a Francia. Así obtiene el permiso del Papa Clemente VIII el 13 de noviembre de 1603 por el decreto In supremo para que sea una realidad, lo que sucede el 29 de agosto de 1604 que llegaban de España las seis primeras carmelitas descalzas al frente de las cuales iba Ana de Jesús y la conversa Beata Ana de San Bartolomé. A esta primera fundación de París seguirían otras hechas también por nuestra Beata.

Mientras, Bárbara sigue entregada a sus obras de caridad, de piedad y de maceración de su cuerpo, hasta que el 1616 muere su marido sin que ella durante su enfermedad le dejara ni un instante. Fue verdaderamente un modelo de esposa y de madre.

Rotas las ataduras que la ligaban al mundo sólo ansía ya entregarse al Señor en la vida religiosa. Podía hacerlo en los conventos que ella había fundado y donde sabía que tendría muchos deudos, pero quiso elegir el más pobre y más lejano, el de Amiens, al que solicitó, con gran humildad, que la recibieran como hermana de Obediencia. Se entregó de lleno a la vida de oración, penitencia y servicio en los trabajos más humildes. Recibió muchas gracias del cielo y también hubo de sufrir no pocas incomprensiones y enfermedades que llevó con gran paz y hasta con alegría. Llena de paz y con muchos consuelos del cielo, expiró el 18 de Abril de 1618.

Otros Santos de hoy: Perfecto, Elpidio, Eleuterio, Apolonio, Antía, Corebo…

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Sábado dentro de la Octava de Pascua

LAUDES

SÁBADO DENTRO DE LA OCTAVA DE PASCUA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en sus presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Alegría!, ¡alegría!, ¡alegría!

La muerte, en huida,
ya va malherida.
Los sepulcros se quedan desiertos.
Decid a los muertos:
«¡Renace la Vida,
y la muerte ya va de vencida!»

Quien le lloró muerto
lo encontró en el huerto,
hortelano de rosas y olivos.
Decid a los vivos:
«¡Viole jardinero
quien le viera colgar del madero!»

Las puertas selladas
hoy son derribadas.
En el cielo se canta victoria.
Gritadle a la gloria
que hoy son asaltadas
por el hombre sus «muchas moradas». Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aleluya. Ha resucitado el Señor, tal como lo había anunciado. Aleluya.

LECTURA: Rm 14, 7-9

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

En lugar del responsorio breve, se dice:

Antífona. Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, pan de vida, que en el último día resucitará a los que se alimentan con su palabra y con su cuerpo, y digámosle:

Señor, danos paz y alegría.

Hijo de Dios, que, resucitado de entre los muertos, eres el príncipe de la vida,
— bendice y santifica a tus fieles y a todos los hombres.

Tú que concedes paz y alegría a todos los que creen en ti,
— danos el vivir como hijos de la luz mientras nos alegramos de tu victoria.

Aumenta la fe de tu Iglesia, peregrina en la tierra,
— para que dé al mundo testimonio de tu resurrección.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, habiendo padecido mucho, has entrado ya en la gloria del Padre,
— convierte en gozo la tristeza de los afligidos.

Con la misma confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que con la abundancia de tu gracia no cesas de aumentar el número de tus hijos, mira con amor a los que has elegido como miembros de tu Iglesia, para que, quienes han renacido por el bautismo, obtengan también la resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.