Santoral 19 de abril

SAN LEÓN IX, papa († 1054)

Tiempos difíciles aquellos para la Iglesia. Tanto en el pueblo llano como entre los clérigos y nobles había una gran decadencia de los valores cristianos. El Señor tenía reservada para nuestro santo una misión sagrada en pro de su Esposa la Iglesia.

Nació en Alsacia el año 1002 y fue hijo de los condes de aquella comarca. Al bautizarlo le impusieron el nombre de Bruno. Estaba emparentado con los emperadores alemanes. De muy niño frecuentó la escuela episcopal de Toul llamando la atención a maestros y compañeros por su mgemo y bondad nada comunes.

La educación que recibió de los suyos, el buen ejemplo que veía en algunos maestros y la curación milagrosa que parece obtuvo de una terrible enfermedad, fueron motivos para empujarle hacia la vida eclesiástica. Una vez ordenado sacerdote fue llamado al lado del Obispo Hermann de Toul donde trabajó con todas sus fuerzas por la reforma de las costumbres especialmente entre los clérigos. Se entregó a la vez a cuidar de los más pobres y necesitados. Tanto progresó en la virtud en cuantas empresas ponía la mano, que era conocido por todos como “el buen Bruno”.

Muerto el obispo Hermann fue elegido por el pueblo y por el clero para sucederle como obispo de Toul. Se entregó de lleno a la misión y no se arredraba ante dificultad alguna. Fue con el ejemplo de su vida, sobre todo, el arma con que más trabajó para atajar tanto mal como se había ido introduciendo entre el clero. Era intransigente con los abusos y, sobre todo, era duro consigo mismo no permitiéndose a si ni a los suyos obra alguna que pudiera escandalizar. Eligió como norma de su vida aquel dicho: “Vencer el mal por medio del bien”. Se dio cuenta clara de que el futuro de la Iglesia estaba en la reforma de las grandes órdenes religiosas y que una vez reformadas éstas, no sería tarea difícil reformar al resto. Era muy grande el influjo que ellas ejercían entre el clero y el pueblo llano sin olvidar hasta los mismos príncipes. Para ello desde este año 1026—que es consagrado Obispo—hasta el 1048—que fue elevado al Pontificado—celebró varios sínodos y dictó leyes muy sabias y prudentes en esta línea.

Los Papas Clemente II y Dámaso II apenas pudieron hacer nada con la reforma que quisieron introducir porque sus pontificados fueron efímeros. Los reyes en esta época tenían un influjo casi totalitario en la designación de los Papas. Así Enrique III el Negro en diciembre de 1048 convocó la Dieta de Worms y propuso a Bruno de Toul como candidato a sucesor de la silla de San Pedro y fue gustosamente aceptado por todos. A pesar de su resistencia hubo de aceptar porque veía ser la voluntad de Dios.

Desde un principio se puso en contacto con los hombres más prestigiosos y santos de su época y los que eran más inclinados a cortar con los abusos que poco a poco se habían ido introduciendo en la Iglesia. Este fue su gran acierto, ya que ayudado de ellos, y formando a otros como sucesores suyos, pudo la Iglesia encontrar su verdadero rostro afeado especialmente durante las últimas décadas. Estos fueron los principales: San Hugo de Cluny, el arzobispo Halinard de Lyon, San Pedro Damián y sobre todo el futuro Papa Gregorio VII, el gran Hildebrando.

Luchó denodadamente contra las dos llagas que afligían a la Iglesia: la simonía y el concubinato. Hasta entonces el Papa era más bien como un cargo de honor. León IX hizo comprender a todo el mundo que el Papa era quien gobernaba y no sólo presidía. Dictó leyes muy importantes y las hizo cumplir, especialmente a los príncipes y clérigos, sobre estos dos puntos que tanta necesidad tenían de una tajante reforma.

Tampoco le faltaron pruebas y dificultades. A pesar de su gran valía fue poco lo que pudo hacer con la separación de los orientales. Fue un padre para todos. Murió el 1054 y fue muy llorado por los romanos por su gran bondad.

Otros Santos de hoy: Timón, Rufo, Expedito, Jorge, Crescencio, Vicente, Cayo…

Justo y Rafael Mª López-Melús